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viernes, 10 de agosto de 2012

El secreto de la escucha

Una investigación ha llegado a determinar que la persona común escucha durante 17 segundos antes de interrumpir y tomar la palabra. Esta práctica puede ser calificada como escucha egocéntrica, y no favorece una conversación constructiva. En cambio, la verdadera escucha genera un clima positivo, que estimula a tu interlocutor a escuchar lo que tú quieres decirle.

El encanto irresistible de Don Bosco provenía también de su capacidad de escuchar. Por eso, gozaba de la confianza de todo aquel con quien se encontraba.



Catorce Sencillos Consejos

- Escucha con los ojos: Presta atención exclusiva a la persona con la que estás hablando: apaga el televisor, cierra el libro o la revista que estabas leyendo y míralo a los ojos. Ese contacto visual significa: “Lo que estás diciendo es importante para mí”.

- Escucha con la boca: Mantén la boca cerrada por cinco minutos, al menos. Si te apresuras a expresar tu pensamiento, estarás demostrando que no escuchas con empatía. Mientras tu interlocutor habla, tu tarea es escuchar. Porque tu objetivo es comprender aquello que tu interlocutor guarda en su mente y en su corazón. ¨Señor, que no busque tanto ser comprendido, como comprender¨, decía san Francisco de Asís.

- Escucha con el cuello: Cuando asientes con la cabeza, dices: “Trato de comprender lo que me dices. Estoy contigo”.

- Escucha con las manos: No juegues con un bolígrafo, con un papelito arrugado o con el control remoto de la TV. Que tus manos estén quietas o apoyadas en las rodillas; no las juntes detrás de la nuca; no las levantes hacia el techo, como si estuvieras aburrido.

- Escucha con la columna vertebral: Mientras el otro habla, inclínate cada tanto hacia él, en vez de quedarte rígido. Ese movimiento del cuerpo comunica este mensaje: “Tienes toda mi atención”.

- Escucha con los pies: Quédate quieto. Mientras tu interlocutor habla, no salgas de la habitación, salvo que ocurra una emergencia. Si sucede algo inesperado, dile a quien habla contigo el motivo de tu alejamiento. Por ejemplo: Apago el gas en la cocina y vuelvo enseguida.

- Escucha los sentimientos, y no solo los hechos. Si te limitas a escuchar lo que tu interlocutor dice y a responder a las palabras que has escuchado, ignorando los sentimientos que ellas expresan, el otro no se sentirá comprendido.

- Trata de ver la situación desde el punto de vista del otro, mientras lo escuchas. Intenta comprender la interpretación de los hechos que él ha elaborado y los sentimientos que han provocado en su interior aquello que ha sucedido. Esto resulta difícil, porque todos somos por naturaleza un poco egocéntricos. Pero es esencial para adquirir la capacidad de escuchar con empatía.

- Supera la tentación de expresar tu punto de vista antes de que tu interlocutor se sienta comprendido. No le digas que no tiene una visión correcta de los hechos, o que no ha llegado a comprender tus intenciones, o que no tiene derecho a sentirse herido o desilusionado. Solo cuando se sienta comprendido, estará disponibles para escuchar tu opinión.

- Haz preguntas adecuadas para intentar comprender mejor las ideas de tu interlocutor. Entonces, tú piensas que ... ¿Entendí bien?¨. Y cuando responda a tu pregunta, haz un gesto afirmativo con la cabeza. No ataques a tu interlocutor, aunque no estés de acuerdo con lo que ha dicho.

- Intenta comprender mejor sus emociones con la ayuda de preguntas oportunas. Diciendo, por ejemplo: ¨Me parece que este asunto te ha desilusionado... ¿Es así? Entonces él podrá responder afirmativamente; e, incluso, podría añadir: ¨¿Desilusionado? ¡Me siento herido, enojado, frustrado!¨.

- Haz un resumen de lo que has comprendido, después que tu interlocutor haya expresado sus pensamientos y sentimientos: ¨Entiendo que te sientes herido y airado porque consideras que yo te desilusioné al obrar de ese modo. ¿Es correcta mi interpretación?¨.

- El estimulo y el apoyo son los pasos más importantes de la escucha. Expresa verbalmente tu apoyo en referencia a todo lo que has escuchado. Puedes comenzar diciendo así: “Mientras te escuchaba, he podido comprender lo herido que te sientes y lo enojado que estás conmigo. Si yo estuviera en tu lugar, pienso que sentiría lo mismo que tú estás sintiendo ahora” (y esto será verdad, si has intentado considerar la situación desde el punto de vista de tu interlocutor). Manifestando tu apoyo a los pensamientos y sentimientos de quien dialoga contigo, no te presentas como un enemigo, sino como un socio comprensivo.

- Pregunta si puedes manifestar tu punto de vista. Ahora que has escuchado a tu interlocutor y has comprendido sus pensamientos y sus sentimientos, puedes pedir la autorización para expresar tu opinión. Si tu interlocutor está dispuesto a escucharte, -normalmente, quien se ha sentido comprendido, lo está- podrás exponer tu punto de vista en relación a lo que hiciste y a las motivaciones que te llevaron a adoptar ese comportamiento.

escrito por Bruno Ferrero 
(fuente: www.boletinsalesiano.info)

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