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domingo, 16 de diciembre de 2007

Kaká: un ejemplo de coherencia de vida

Ricardo Izecson Dos Santos Leite, conocido mundialmente como "Kaká", nació un 22 de abril de 1982 en la Ciudad de Brasilia, Brasil y es actualmente el mejor jugador de fútbol del mundo. Kaká es un apodo comúnmente usado en Brasil en las personas llamadas "Ricardo".

En el año 2001 inició su carrera profesional a los 18 años en el poderoso São Paulo FC de Brasil, en donde ganó un Supercampeonato de la Liga Paulista en 2002. Sus destacadas actuaciones hicieron que los principales clubes de Europa se fijaran en él y fue el AC Milan de Italia el que finalmente logró incorporarlo a sus filas en 2003.

Precisamente en el Milan pudo conquistar una Liga Italiana y una Supercopa de Italia en 2004, dos Supercopas de Europa en 2003 y 2007, una Liga de Campeones de Europa y un Camperonato Mundial de Clubes en 2007.

Forma parte de la Selección Brasileña de Fútbol desde 2002, integró el plantel que se consagró Campeón en el Mundial de Corea y Japón en 2002. Después lideró a su Selección para la obtención de la Copa América en 2004 y la Copa de Confederaciones en 2005 (en ambas finales, Brasil derrotó a Argentina) .

Kaká es un jugador de gran técnica, de una personalidad ganadora, muy correcto en su comportamiento dentro del campo de juego y, por ende, muy respetado en todo el ambiente del deporte en general. La FIFA, máximo ente del fútbol mundial, lo consagró como el mejor jugador del mundo durante 2007 y la prestigiosa Revista France Football, luego de encuestar a los mejores jugadores y directores técnicos de Europa lo premió con el Balón de Oro como el mejor jugador del Viejo Continente en este año, superando al portugués Cristiano Ronaldo (Manchester Utd., Inglaterra) y al argentino Lionel Messi (Barcelona FC, España). La firma Adidas lo tiene contratado como uno de sus principales deportistas que lucen su indumentaria deportiva.

Más allá de todos los logros internacionales, más allá del masivo reconocimiento en todo el mundo, más allá de la gran fortuna que está construyendo con sus suculentos contratos que tiene en el Milan y con distintas empresas, Kaká es un jugador de perfil bajo, de gran y ejemplar humildad: reniega de autoproclamarse el mejor del mundo y prefiere elogiar a muchos colegas.

Kaká: un joven muy jugado por Cristo

Kaká es miembro de la Iglesia Evangélica. A contrapartida de un ambiente en donde entre las super estrellas del deporte super profesionalizado sobreabunda la vanidad, en donde muchos sucumben ante las tentaciones mundanas, es llamativo y hasta conmovedor como Kaká toma distancia de todo y de todos y habla de Jesús.

Luego de convertir algún gol o festejar algún título obtenido, sea con la Selección de Brasil o con el Milan, Kaká muestra a las cámaras fotográficas y a las de televisión su infaltable remera con la leyenda "I belong to Jesus" (la traducción de la frase es "yo pertenezco a Jesús"), mostrando al mundo un mensaje de su incondicional amor a Jesucristo. Por ejemplo, fue impresionante cuando con el Milan AC salió Campeón Europeo, mientras todos sus compañeros festejaban el título, Kaká no dudó en arrodillarse y rezar en medio del campo de juego agradeciendo a Dios el triunfo.

Luego de tres años de noviazgo, contrajo matrimonio en una Iglesia Evangélica de San Pablo (Brasil) en diciembre de 2005 con Caroline, brasileña como él. Causó mucho revuelo en el ambiente futbolístico (y hasta fue ridiculizado) cuando dijo en una entrevista que él y su novia querían llegar vírgenes al matrimonio. Lo argumentó diciendo que para ellos dos la opción por la castidad está en sintonía con el mensaje de Cristo y consideraban que es lo mejor para sus vidas; declaró que "elegimos llegar vírgenes al matrimonio porque en la Biblia se enseña que el verdadero amor en pareja se encuentra en la Noche de Bodas".

Aún así, admite que vivir la castidad es muy difícil en este mundo, más aún en un ambiente en donde los futbolistas que ganan fortunas como él son muy tentados por las fiestas, distintos tipos de excesos y son acosados por muchas mujeres de gran belleza física. Al respecto, declaró: "Evité ir a fiestas en discotecas, solo asistí a fiestas organizadas por el Milan AC siempre en compañía de mi mujer. Mis compañeros siempre me miraban sorprendidos por mi estilo de vida, como si vieran a un bicho raro".

Respecto a su proyecto de vida, dijo: "Siempre he pensado en el matrimonio. Con Caroline estuvimos de novios durante tres años: uno estuvimos juntos en Brasil y otros dos en donde ella siguió viviendo en Brasil y yo en Italia. Soy un chico normal. No fue fácil llegar al matrimonio sin haber estado nunca con una mujer. Con Caroline, nos besábamos y había deseo, pero siempre nos hemos contenido. Si hoy nuestra vida es así de hermosa, creo que es porque hemos sabido esperar".

La otra sorpresa que se generó en el mundo fue que Kaká anunció su ferviente deseo de ser pastor evangélico una vez que abandone la práctica profesional del fútbol. "Me gustaría mucho ser pastor. Es un recorrido de mucho empeño; hay que estudiar teología, seguir un curso, profundizar en las enseñanzas de la Biblia. Un pastor evangélico lee la Biblia y trasmite sus preceptos", ha comentado Kaká, en entrevista que publica la edición italiana de la revista GQ. "Ese es el deber de un buen pastor, actualizar las enseñanzas de la Biblia al difícil mundo de hoy".
Si bien Kaká es una persona que no comparte nuestra fe, no deja de ser un gran ejemplo inclusive para todos los que pertenecemos a la Iglesia Católica. Los católicos debemos imitar de este gran futbolista que no oculta el amor a Dios en el lugar en que se encuentre, lo hace con mucha valentía y no se deja condicionar por el "quedirán", incluso en ambientes tan despojados de Dios como en donde hay tanta soberbia, tanto egocentrismo, tanto hedonismo.

Siempre entre las personalidades famosas de este mundo (artistas, políticos, deportistas) tenemos malos ejemplos de sobra. Por eso creemos oportuno realzar la personalidad de un cristiano ejemplar como Kaká, el mejor futbolista del mundo: un grande de verdad que da cátedra de humildad y de amor a Jesús.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Jesús: Hijo de Dios... Hijo del Hombre

Los seguidores de Jesús se preguntaron a menudo sobre quién era en realidad aquél hombre por quien lo habían abandonado todo y a quien habían estado siguiendo por Galilea y alrededores durante unos años. Los Evangelios reflejan los ecos de esa pregunta sobre la identidad de Jesús en diversos pasajes, de los que podemos extraer que, durante su predicación, unos lo consideraban como un profeta, otros como Juan Bautista resucitado, otros como el Mesías.

La muerte en la cruz de Jesús suponía, en una primera percepción, el radical fracaso de todas aquellas expectativas; por eso los apóstoles abandonaron a Jesús y huyeron. Sin embargo, pocos días después de la muerte en la cruz, los seguidores de Jesús hallaron el sepulcro vacío y, a continuación, tuvieron diversos encuentros con el Resucitado. A la luz de la Resurrección la pregunta sobre la identidad de Jesús tuvo que plantearse de nuevo; la respuesta a esa pregunta será una larga lista de títulos: Mesías (Cristo), profeta, hijo del hombre, siervo de Dios, Señor, Salvador, Hijo de Dios... No existe título que sea suficiente para expresar quién es Jesús. Pero, con el tiempo, uno de esos títulos se fue imponiendo a los demás: Jesús es el Hijo de Dios.

En la Biblia Jesús es nombrado de distintas maneras: unas de ellas es "Hijo de Dios", en otras oportunidades como "Hijo del Hombre". Precisamente Él mismo en varios pasajes se llama "Hijo del Hombre".

La verdad sobre Jesucristo es un profundo misterio que se nos ha revelado. Ninguna palabra o título por si solo puede abarcar el misterio y por eso las Sagradas Escrituras usan muchos títulos para Jesucristo.

Hijo de Dios: Se refiera a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se hizo hombre para entregar su vida por nuestra salvación. Se refiere a Jesucristo, quien es el verdadero hijo natural de Dios. Así lo testifica El Padre en el bautismo de Jesús (Cf. Lc 3,22) y lo dice San Pablo (Cf. Hebreos 1,1-2). Este título enfatiza la divinidad de Jesús. Es cierto que todos los bautizados somos hijos de Dios pero solo Jesús es Hijo por naturaleza. Nosotros lo somos por adopción.

Hijo del Hombre: es el título usado con más frecuencia en el Nuevo Testamento para referirse a Jesucristo (82 veces). Todas menos una (Hechos 7, 56) en los Evangelios. Se trata de un título mesiánico que aparece en el Antiguo Testamente en Daniel 7, 2-14. A la luz del Nuevo Testamento comprendemos que este título identifica la trascendencia celestial del Salvador y al mismo tiempo enfatiza su humanidad. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús usó frecuentemente este título para referirse a sí mismo. Los Santos Padres comentan que al Jesús usar este título manifiesta su humildad y también es una referencia a si mismo como el Hombre Nuevo, el Nuevo Adán.

El Evangelio de Marcos comienza anunciando la buena noticia de que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. El apóstol Pablo puede resumir todo su mensaje en la fórmula “Evangelio de Dios sobre su Hijo”. La pretensión sobre la filiación divina de Jesús pasa a ser lo específicamente cristiano. Los distintos concilios van a reflexionar sobre la idea de la filiación divina. El resultado final, tras los concilios de Nicea y Constantinopla, se va a expresar en la profesión de fe cristiana con la siguiente fórmula: “Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros y nuestra salvación bajó del cielo”.

En los comienzos de este nuevo siglo, si somos verdaderamente católicos, estamos comprometidos a proclamar y extender la Buena Noticia: Dios se hizo uno de nosotros para vencer la muerte y restaurar la naturaleza humana que quedó contaminada por el pecado original.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Oración por las Familias


SEÑOR,
HAZ QUE NUESTRO HOGAR
SEA FIEL REFLEJO DE LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET,
MODELO IDEAL DE TODA FAMILIA CRISTIANA.
ILUMÍNALA CON LA LUZ DE TU SANTO ESPÍRITU
PARA QUE SE MANTENGA SIEMPRE
EN LA VERDAD Y EN EL AMOR
DESPIERTA EN EL ALMA DE LOS JOVENES
UNA CONCIENCIA RECTA Y UNA VOLUNTAD LIBRE
PARA QUE SEAN EL SOSTEN DE LAS FAMILIAS VENIDERAS
HAZ QUE EL AMOR, REFORZADO POR LA GRACIA
DEL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO, SE MANIFIESTE
MÁS FUERTE QUE CUALQUIER DEBILIDAD O CRISIS
QUE PUEDAN PADECER NUESTRAS FAMILIAS

Haz de nuestras familias el hogar de tu amor,
que no haya ofensas porque Tú nos das comprensión,que no haya amargura,
porque Tú nos das alegría,que no haya egoísmo
porque Tú nos das generosidad,que no haya rencor,
porque Tú nos das perdón,que no haya abandono,
porque Tú nos das el cariño.

Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día de mayor entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre enriquecidos en el amor.
Haz, Señor, de nuestras vidas que uniste, una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos lo que Tú anhelas, ayúdanos a educarlos en la fe y la virtud.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro, nos sorprenda unidos para siempre.

POR CRISTO, NUESTRO SEÑOR, CAMINO, VERDAD, Y VIDA,
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

AMÉN

¿Jesús nació un 25 de diciembre?

Durante mucho tiempo (siglos, a decir verdad) se suscitó la polémica respecto al momento exacto en que Jesús nació entre nosotros. Se originaron apasionadas discusiones para determinar un día para la celebración de la Navidad, en donde varios estudiosos llegaron a proponer distintos días.

Lo cierto que es que en los tiempos de Jesús, como en los primeros siglos que le siguieron, la fecha de nacimiento de las personas era algo sin ninguna importancia. Sin ir más lejos, en los Evangelios no se hace mención alguna al día de nacimiento del Mesías, ni siquiera la época del año en podría haber ocurrido.

Recién sobre el Siglo II, los cristianos de Oriente empezaron a celebrar el nacimiento de Jesús fijando la fecha en los primeros días de enero.

El Sol tuvo una gran importancia para los cultos primitivos. La religión persa, de fuerte arraigo en aquella región, inclusive en la Roma Imperial, tenía como principal dios a Mitra, soberano del sol. según la tradición persa, el dios Mitra había nacido el 25 de diciembre y se hacían festejos populosos. Los cristianos de aquellos tiempos vieron oportuna esa fecha para celebrar el "cumpleaños" de Jesucristo.

A fines del siglo IV, San Juan Crisóstomo la implantó en Antioquía y, de allí paso a Constantinopla. A mediados del siglo V se celebraba ya en Jerusalén y por el año 430 en Alejandría desde donde se extendió a otras Iglesias orientales. No obstante, las Iglesias llamadas Ortodoxas, nunca adoptaron absolutamente la fecha del 25 de diciembre y muchas volvieron al 6 de enero, sobre todo luego del cisma del 1059 en que se separaron de Roma.

Es muy probable que Jesús no haya nacido ni un 25 de diciembre ni los primeros días. ¿Por qué? Los pastores (como los que concurrieron a rendir homenaje al Recién Nacido) solo cuidaban sus rebaños durante la primavera y diciembre, en aquellas tierras, es pleno invierno.

Sea como sea, el día exacto del natalicio de Jesús es un dato verdaderamente menor. Lo esencial es celebrar que el mismo Dios, siendo infinitamente Todopoderoso, se hizo hombre, frágil, tomó la débil condición humana para darnos un nuevo sentido para nuestra vida venciendo la muerta y abriendo las puertas de la Vida Eterna en Dios.

Falleció Víctor Sueiro, El Cronista de la Esperanza

Ayer 13 de diciembre, Manuel Víctor Carlos Sueiro falleció a los 64 años de edad, en la Ciudad de Buenos Aires en el Sanatorio Otamendi luego de habérsele efectuado unos estudios sobre un cáncer de páncreas que padecía. Su corazón venía manteniendo una dura lucha con la muerte desde hacen 17 años y ya había resistido 15 cateterismos y 11 angiosplastías, cifra record en toda Latinoamérica.

Casado desde hacen 35 años con Rosita Costas con quien son padres de Rocío de 29 años, inició su vasta trayectoria en los medios de comunicación cuando a la temprana edad de 17 años empezó a trabajar en el desaparecido Diario El Mundo. Trabajó durante muchos años en televisión, viajó por el mundo entrevistando a grandes personalidades, asimismo condujo ciclos exitosos de radio.

Pero el quiebre en su carrera se dio cuando en junio de 1990, tuvo un ataque cardíaco que le provocó una muerte clínica durante unos 40 segundos, lapso en el cual según sus propias palabras, experimentó el paso de esta vida hacia otra vida en donde aseguró infinidad de veces haber transitado por un oscuro túnel hacia una luz que lo llenaba de paz.

Fue ahí que decidió abandonar su gran carrera como periodista y animador para dedicarse con mucha pasión a la investigación de experiencias de otras personas similares a la que le tocó vivir, que plasmó en su exitoso libro "Más allá de la vida". De ahí en más, se avocó a ahondar en los misterios de la vida misma, buscando rastros de la presencia de Dios en la cotidianidad de muchas personas a las cuales entrevistó personalmente, con el objetivo de transmitir un mensaje esperanzador a los lectores de sus obras.

Surgió entonces una nueva faceta en su vida: la de escritor. Al citado libro, le siguieron “Más allá de la vida 2”, “La gran esperanza” (1991), “Poderes” (1992), “Curas sanadores” (1993), “El ángel, un amigo del alma” (1994), “Año 2000”, “Las profecías” (1995), “Historias asombrosas” (1997), “La Virgen, milagros y secretos” (1999), “Líbranos del mal” (2000), “Milagros más que nunca” (2001), “No tengan miedo” (2002), "La Gran Esperanza", "Poderes" y "Crónica Loca".

Con un modo de escribir directo, desenfadado y con toques de humor se convirtuió en uno de los escritores más leídos de la Argentina en los últimos 15 años. En sus libros, relata diálogos desopilantes y jugosos con su ángel de la guarda, a quien él mismo llamó "Mariano"; de esos diálogos, Sueiro decía más de una vez que no sabía si eran producto de su propia imaginación o si eran reales.

Autodeclarado ferviente católico y devoto de la Virgen María, Sueiro fue un férreo defensor de su amada Iglesia Católica Apostólica Romana sin dejar de reconocer (y de lamentar) las miserias humanas de quienes la integramos. Sus libros tenían una redacción amena, despejoda de vuelo litarario para simplificar la interpretación y habló sobre Dios, maría, los ángeles, los demonios, la vida después de la muerte.

El lector de sus libros puede dar crédito o no a lo que Sueiro escribió. No son pocos los que miran de reojo la labor de Víctor Sueiro, ya que así como despertó adhesiones, también despertó rechazos e indiferencias de propios y extraño por tratar sobre lo sobrenatural. Tuvo la valentía de escribir seriamente sobre milagros que le suceden a gente común (y que efectivamente existen).

En 2003 recibió una distinción fuera de lo común: el premio "Juntos Educar", que otorga el Arzobispado de Buenos Aires a una docena de personas por año, desde el 2000. Este honor es conferido a quienes, con su trabajo, colaboran con la educación y la cultura, esencialmente si lo hacen desde la esperanza y el amor al prójimo.
Se fue Víctor Sueiro. Pero su obra trascenderá su existencia física. Su mensaje de esperanza también.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El Árbol de Navidad: ¿Qué significa?

Cuando uno piensa en la Navidad, una de las primeras imágenes que vienen a la mente, además del Pesebre, es el Árbol de Navidad. En muchas familias, represente un alegre ritual poder armarlo, ir sumando nuevos adornos hasta embellecerlo más y más a medida que los años pasan. No faltan los adornos, las guirnaldas, las lucesitas, la estrella puesta en la punta y, sobre todo en los hogares cristianos, el pesebre al pie de árbol.

Se instalado la costumbre de que el árbol de Navidad "se debe" armar el día 08 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Esta costumbre no es mala en si misma, pero no tiene su fundamento bíblico. Más convendría armar el pesebre como signo de espera del nacimiento de Jesús el domingo que da comienzo el tiempo de Adviento.

Un poco de historia

Tiene sus orígenes en la antigua creencia germana de que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol (lo que explica la costumbre de poner a los árboles luces). Era también símbolo de la vida, por no perder en invierno su verde follaje cuando casi toda la naturaleza parece muerta. En algunas casas en los países nórdicos durante el invierto se cortaban algunas ramas y se le decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno.

El árbol en sí tiene varios significados religiosos ya que ha sido utilizado como símbolo de la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hasta el cielo; por eso en muchas religiones, sobre todo en las orientales, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad y de la divinidad con el hombre. Las tribus nórdicas europeas y americanas algunos grupos como los druidas, tenían árboles sagrados alrededor de los cuales se reunían para ritualmente entrar en comunión con Dios.

Se cuenta que un misionero inglés en Alemania, en el siglo VII, comprendiendo que era imposible arrancar de raíz esta tradición pagana, la adoptó dándole un sentido cristiano, haciendo que el árbol adornado fuera también un símbolo del nacimiento de Cristo. Algunos otros hablan que Martín Lutero fue quien introdujo esta costumbre al adornar con manzanas un árbol para tratar de explicar los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo.

Los primeros documentos que nos hablan de la costumbre de colocar en Navidad árboles de abeto o de pino en las casas son del s. XVII y menciona a la región de Alsacia, tierra que se encuentra como Alemania y Francia. En los países nórdicos, en el s XVI, se empiezan a reunir las familias en torno a un árbol de Navidad. El día 24 los niños eran llevados a pasear o de día de campo, mientras los adultos colocaban y decoraban con dulces y juguetes el árbol; a su regreso los niños eran sorprendidos con el árbol y así daba inicio la celebración de la fiesta de Navidad. Esta costumbre cobra fuerza y se extiende como moda cuando la Reina Victoria de Inglaterra para celebrar la Navidad hace colocar un árbol en el palacio decorándolo con velitas que hacen relucir una serie de bellos y finos adornos.

Significado del Árbol de Navidad


Para los hombres los árboles tienen un significado muy especial. en todas la culturas encontramos que el árbol tiene cierto significado antropológico, místico y poético. Se le tiene cierta reverencia por los beneficios que aporta al hombre. Para algunas culturas el árbol tiene un significado místico ya que representa el medio la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hasta el cielo; por eso en muchas religiones, sobre todo en las orientales, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad y de la divinidad con el hombre. Es muy común el que los árboles estén relacionados con la fecundidad, el crecimiento, la sabiduría y la longevidad.

Dios se ha valido de la forma en que los hombres ven a los árboles para dar a conocer su plan de salvación particularmente cuando se trata del misterio de la encarnación del hijo de Dios para salvar al hombre. En primer lugar se asocia al árbol de Navidad con el árbol de la vida, que lucía en medio en medio del Jardín del Edén y después de la caída desaparece; la fruta y las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que el hombre tenía cuando vivía en el Paraíso en completa amistad Dios. Por el nacimiento de Cristo, los hombres renacen y tienen acceso a la plenitud de la vida. El árbol de Navidad representa el haber recobrado dichos dones gracias al sacrificio de Jesucristo.

Los adornos del árbol y las luces que se encienden representan el nuevo estado paradisiaco que el amor de Cristo nos prepara. En la Biblia, el árbol aparece como un símbolo de la Vida, árbol que Dios coloca en medio del Paraíso como fuente de la inmortalidad (Gen 2, 9,3,22). Pero el árbol puede también simbolizar la falsa sabiduría, la soberbia y la muerte cuando el hombre se aparta de Dios (Gen 2, 16-ss) seducido por la apariencia engañosa de este árbol y comiendo su fruto (gen 3, 2-6).

Pero Cristo vino no únicamente a los hombres, vino como cabeza de una nueva creación, renovando todo lo que estaba caído. La presencia de Cristo responde al anhelo de la creación para ser liberada de la esclavitud y de la destrucción; mientras tanto se queja y sufre, tal como una mujer en sus dolores de parto tal como nos lo describe San Pablo en la epístola a los Romanos. Por eso el árbol de Navidad representa esa naturaleza restaurada y engalanada para recibir a su redentor; el árbol perennemente verde quiere saludar en nombre de la naturaleza renovada a su Señor "Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo" (salmo 5).

El árbol de Navidad también representa ese árbol que nace y que con el tiempo madurará en un gran árbol del cual saldrá la cruz que tal como nos recuerda la liturgia del Viernes Santo: "Cruz amable y redentora, árbol noble y espléndido , ningún árbol fue tan rico ni en frutos ni en flor". Podemos decir que de alguna manera el árbol de Navidad nos recuerda la redención. Las luces representan la luz de Cristo en nuestra vida. y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta representa a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.

martes, 11 de diciembre de 2007

La Corona de Adviento: más que un adorno navideño

La corona de Adviento es un lindo souvenir que vemos en las mesas navideñas o en algún rincón visible de la casa. Sus interpretaciones pueden varias, siempre que nos recuerden como se va acercando el momento sublime en que Dios se hace humano, frágil y habita entre nosotros.


En muchas casas vemos que antes de Navidad ponen como centro de mesa una corona con velas. Además de ser un elemento decorativo, esta corona anuncia que la Navidad está cerca y debemos prepararnos.


La costumbre es de origen pagano, esta corona representaba el ruego al sol para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los cristianos, para prepararnos a la venida de nuestra LUZ y VIDA, la Natividad del Señor, aprovechamos esta "Corona de adviento" como medio para esperar a Cristo y rogarle infunda en nuestras almas su luz.

Los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: Juan 8,12: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.». La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: Mateo 5,14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte."En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento: Aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.


El círculo es una figura geométrica perfecta que no tiene ni principio ni fin. La corona de adviento tiene forma de círculo para recordarnos que Dios no tiene principio ni fin, reflejando su unidad y eternidad. Nos ayuda también a pensar en los miles de años de espera desde Adán hasta Cristo y en la segunda y definitiva venida; nos concientiza que de Dios venimos y a Él vamos a regresar.


El follaje verde perenne (que puede ser de ramas de pino, oyamel o hiedra) representan que Cristo está vivo entre nosotros, además su verde color nos recuerda la vida de gracia, el crecimiento espiritual y la esperanza que debemos cultivar durante el Adviento.


Las cuatro velas representan los cuatro domingos de Adviento. Las tres primeras que se encienden son de color morado para recordarnos el espíritu de vigilia, penitencia y sacrificio que debemos tener par prepararnos a la llegada de Cristo. La última es de color rosa o blanco y manifiesta la alegría de que el nacimiento del Señor está muy cerca. El día de Navidad las velas moradas son substituidas otras de color rojo que simboliza el espíritu festivo de la reunión familiar. En algunos todas las velas se substituyen por velas rojas y en el centro se coloca una vela blanca o cirio simbolizando a Cristo como centro de todo cuanto existe.


La luz de las velas simboliza la luz de Cristo que desde pequeños buscamos y que nos permite ver, tanto el mundo como nuestro interior. Cuatro domingos antes de la Navidad se prende la primera vela. Cada domingo se enciende una vela más. El hecho de irlas prendiendo poco a poco nos recuerda como conforme se acerca la luz las tinieblas se van disipando, de la misma forma que conforme se acerca la llegada de Jesucristo que es luz para nuestra vida se debe ir esfumando el reinado del pecado sobre la tierra. La luz de la vela blanca o del cirio que se enciende durante la Noche Buena nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo. El brillo de la luz de esa vela blanca en Navidad nos recuerda como en la plenitud de los tiempos se cumple el “ADVIENTO DEL SEÑOR”
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