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martes, 5 de enero de 2016

La manifestación del Señor

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

◙ Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)

◙ Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán
◙ Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.
◙ La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera.

La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente. A diferencia de Europa, el 6 de enero tanto en Egipto como en Arabia se celebraba el solsticio, festejando al sol victorioso con evocaciones míticas muy antiguas. Epifanio explica que los paganos celebraban el solsticio invernal y el aumento de la luz a los trece días de haberse dado este cambio; nos dice además que los paganos hacían una fiesta significativa y suntuosa en el templo de Coré. Cosme de Jerusalén cuenta que los paganos celebraban una fiesta mucho antes que los cristianos con ritos nocturnos en los que gritaban: "la virgen ha dado a luz, la luz crece".

Entre los años 120 y 140 AD los gnósticos trataron de cristianizar estos festejos celebrando el bautismo de Jesús. Siguiendo la creencia gnóstica, los cristianos de Basílides celebraban la Encarnación del Verbo en la humanidad de Jesús cuando fue bautizado. Epifanio trata de darles un sentido cristiano al decir que Cristo demuestra así ser la verdadera luz y los cristianos celebran su nacimiento.

Hasta el siglo IV la Iglesia comenzó a celebrar en este día la Epifanía del Señor. Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es decir, la santa luz.

Esta fiesta nacida en Oriente ya se celebraba en la Galia a mediados del s IV donde se encuentran vestigios de haber sido una gran fiesta para el año 361 AD. La celebración de esta fiesta es ligeramente posterior a la de Navidad.


Los Reyes Magos

Mientras en Oriente la Epifanía es la fiesta de la Encarnación, en Occidente se celebra con esta fiesta la revelación de Jesús al mundo pagano, la verdadera Epifanía. La celebración gira en torno a la adoración a la que fue sujeto el Niño Jesús por parte de los tres Reyes Magos (Mt 2 1-12) como símbolo del reconocimiento del mundo pagano de que Cristo es el salvador de toda la humanidad.

De acuerdo a la tradición de la Iglesia del siglo I, se relaciona a estos magos como hombres poderosos y sabios, posiblemente reyes de naciones al oriente del Mediterráneo, hombres que por su cultura y espiritualidad cultivaban su conocimiento de hombre y de la naturaleza esforzándose especialmente por mantener un contacto con Dios. Del pasaje bíblico sabemos que son magos, que vinieron de Oriente y que como regalo trajeron incienso, oro y mirra; de la tradición de los primeros siglos se nos dice que fueron tres reyes sabios: Melchor, Gaspar y Baltazar. Hasta el año de 474 AD sus restos estuvieron en Constantinopla, la capital cristiana más importante en Oriente; luego fueron trasladados a la catedral de Milán (Italia) y en 1164 fueron trasladados a la ciudad de Colonia (Alemania), donde permanecen hasta nuestros días.

El hacer regalos a los niños el día 6 de enero corresponde a la conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús y hacerle regalos tomando en cuenta que "lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis" (Mt. 25, 40); a los niños haciéndoles vivir hermosa y delicadamente la fantasía del acontecimiento y a los mayores como muestra de amor y fe a Cristo recién nacido.

(fuente: aciprensa.com)

viernes, 25 de diciembre de 2015

"Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios..."

Lectura del Santo Evangelio según San Juan
(Jn. 1,1-18)
Gloria a ti, Señor.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


Palabra del Señor. 
Gloria a ti, Señor Jesús.












Hemos leído el prólogo de San Juan, un antiguo himno cristológico perteneciente a la comunidad joánica que en el cuarto evangelio cumple la función de obertura porque anuncia los temas que luego el evangelista va a desarrollar en veintiún capítulos.

Este prólogo es toda una confesión de fe, a modo de villancico navideño, una poesía adaptada por San Juan introduciendo matices para resaltar con mucha fuerza quién es Jesús, el Cristo, el Mesías.

Los temas que señalan los dieciocho versículos del capítulo primero son los siguientes:

• El llamar a Jesús “logos” o “palabra”. Un concepto muy difundido a finales del siglo I. El judaísmo lo atribuía a la ley y a la sabiduría. Aplicado a Jesús, ley y sabiduría de Dios, convierte a este en una imagen inteligible de Dios para el hombre. “Nadie ha visto jamás a Dios, el Hijo único, Dios, que está al lado del Padre, lo ha explicado”.
• La palabra es creadora, da la existencia a las cosas. Y con respecto a los hombres da vida y luz. Aquí se entabla una batalla que marca la historia de la humanidad, la lucha entre la luz y las tinieblas.
• La acogida de la Palabra crea una nueva relación entre Dios y el hombre, una relación de filiación. Para eso hay que nacer de Dios, no viene por la carne ni la sangre. Este nuevo ser supera todo al igual que la gracia supera la ley y Cristo supera a Moisés.
• Juan acentúa la preexistencia de la Palabra, antes de la creación del mundo, aunque acontece en la historia, en un momento histórico concreto, así Juan introduce lo relativo a Juan Bautista, testigo cualificado de Cristo, aclarando la posible sobrevaloración que podía haber sobre él.
En definitiva la Palabra asume nuestra naturaleza y esta fue el vehículo para la entrada de Dios en nuestra historia donde se manifiesta y podemos experimentarlo como gracia, verdadera luz y vida.

En este año sacerdotal y mirando los escritos de un gran sacerdote, maestro de santos, San Juan de Ávila, reflexionaba sobre el misterio de la encarnación como un descenso para un ascenso. Es decir, Dios se encarna para que nosotros seamos dioses por participación. Así lo expresaba en el sermón 65:

“¿Dios no se hizo hombre para que se hagan los hombres Dios por participación?”

Al hacerse la Palabra carne lo que desea es cumplir el designio del Padre, comunicarnos la vida divina.

San Juan de Ávila es tajante en una de sus cartas cuando dice: “¿Qué es, diré sino que el hombre con Dios es como Dios y el hombre sin Dios es grandísimo tonto o loco?” (Carta 2)

El primer abajamiento de este proceso de ascenso, de subida, es la encarnación y el segundo abajamiento será la cruz. Cruz anunciada en Juan por el rechazo de las tinieblas del que es luz.

Escribe San Juan de Ávila en otra carta (carta 12): “¿Qué te daremos Señor, por tantas mercedes, sino conocer entrañablemente que por ti tenemos y valemos y somos agradables a Dios y darte gracias y alabanzas porque un tal como tú por unos como nosotros te ofreciste a padecer tantos trabajos?”.

Si amor tuvo Dios al crearnos a su imagen y semejanza, más amor demostró al hacerse uno de nosotros para limpiar esa imagen y recrearnos en una vida nueva.

En otra carta dice a este respecto: “¿Quién nunca oyó amor como éste, que amando uno a otro, se tornase él?” (Carta 67)

El Verbo se hace carne y entra en comunión con nosotros, ahora el Verbo se hace pan, alimento para que nosotros entremos en comunión con él.

La Palabra hecha Pan de Vida para que podamos tener una comunión personal. Carne para la vida del mundo. Porque rechazar la recepción de la carne y de la sangre de Cristo es negar su encarnación (carne) y su muerte (sangre). Quien como su carne y su sangre tiene vida eterna (salvación).

La vida que se promete a quien recibe la Eucaristía es unión permanente con el que porta la vida. Es la forma de participar de Dios, de entrar en el circuito de Dios que se abaja para elevarnos:

“El Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por él. Así también el que me coma vivirá por mi” (Jn 6,57)

A modo de conclusión:

• Contemplando a Cristo, Verbo encarnado, Verbo entregado y sacrificado. Nos urge entender y vivir nuestra existencia sacerdotal como vida entregada, como ofrecimiento de nuestra propia persona para la vida del mundo. Es la Eucaristía que celebramos diariamente la raíz de nuestra caridad pastoral, el lugar privilegiado de nuestro ministerio y de nuestra vida espiritual.
• Somos mediadores entre Dios y los hombres y aunque el ejercicio del ministerio sacerdotal, especialmente la celebración de los sacramentos, recibe la eficacia salvífica de la acción misma de Jesucristo hace falta también la implicación personal. Nosotros somos portadores de la luz que es Cristo, pero no podemos ser lámparas apagadas, o con tanta pantalla que dejemos pasar poca luz a los demás. Correríamos el peligro de ejercer el ministerio dignamente pero vacío, caer en un funcionariado sacramental.
• En el Verbo Eucaristía es donde nosotros podemos alcanzar la unidad perfecta de vida, el origen y fundamento de nuestro ministerio, de nuestra vocación. Porque sin la intimidad con Dios se pierde toda la hondura y significado que estamos llamados a tener en nuestra vida personal y en la vida de nuestras comunidades.

De la contemplación del Verbo que se hace carne en esta próxima Navidad, de la contemplación del Verbo que se hace alimento, en la Eucaristía de cada día. De la contemplación del Verbo que permanece presente entre nosotros en el Sagrario, en la Custodia, en cada hermano que llama a las puertas de mi vida, broten en nosotros, hermanos sacerdotes actitudes de gratuidad, de donación, de ardiente caridad y de contemplación, adoración y glorificación de nuestro Dios.

Termino con un texto de San Juan de Ávila que nos viene muy bien a nosotros, sacerdotes:

¡Y tanto deseo tienes de verme y abrazarme, que estando en el cielo con los que tan bien te saben servir y amar, vienes a este que sabe muy bien ofenderte y muy mal servirte! ¡Que no te puedes Señor hallar sin mí! ¡Que mi amor te trae! ¡Oh, bendito seas que siendo quien eres, pusiste tu amor en un tal como yo! ¡Y que vengas aquí con tu Real Presencia y te pongas en mis manos, como quien dice: “Yo morí por ti una vez y vengo para ti para que sepas que no estoy arrepentido de ello, mas se me has de menester, moriré por ti otra vez”! (Carta 6)

No dejes de venir a nosotros Señor,
No dejes de sostener nuestras vidas.

escrito por Mariano Cabeza Peralta
Promotor del culto eucarístico en la diócesis de Jaén. 
(fuente: diocesisdejaen.es)

jueves, 24 de diciembre de 2015

La ternura está en pañales: Navidad es Jesús

Con gran alegría compartimos la Campaña “Navidad es Jesús”, una iniciativa de Radio María Argentina que busca resignificar el sentido de la Navidad, despertando en los corazones el deseo profundo de encontrarse con el Niño Jesús.

Este año la campaña está inspirada en el texto bíblico de Lucas 2,11: “Hoy les ha nacido un Salvador”. En esta línea, el Papa Francisco nos dice que la Navidad es contemplar la visita de Dios a su pueblo, esta consolación sólo puede ser vivida y transmitida desde la ternura y la esperanza.

Desde la Campaña te proponemos hacer que nazca todos los días el Salvador con gestos sencillos, llenos de afectuosidad, amabilidad, capacidad de escucha, de comprensión y de cercanía, en apertura del corazón, de la mente y de nuestros propios recursos humanos y materiales.

A esta propuesta se sumó con su dibujo el historietista Santiago González Riga, conocido popularmente como “Chanti”. Entre sus diferentes publicaciones se destaca “Mayor y Menor”, con gran tirada en diarios de todo el país.

“La ternura está en pañales” y es tiempo de nacer a la ternura, crecer en la ternura, porque es Dios que nace y nos invita a nacer en el Amor.

Descargá la tarjeta de Navidad haciendo click aquí


Chanti y la ternura de la Navidad

La campaña “Navidad es Jesús” se llevó a cabo por octavo año consecutivo en todo el país. Tiene por objetivo volver a poner como centro a Jesús, como eje y motor de la festividad, resignificando el sentido de la Navidad como tal. El mensaje se centró en la ternura de Dios que nos ama con predilección y nos invita a ser tiernos con nuestros hermanos, desde gestos tan sencillos como concretos. La cita bíblica que nos acompañó fue la de Lucas 2, 11: “Hoy les ha nacido un Salvador”.

A esta propuesta se sumó con su dibujo el historietista Santiago González Riga, conocido popularmente como “Chanti”. Entre sus diferentes publicaciones se destaca “Mayor y Menor”, con gran tirada en diarios de todo el país. A él le preguntamos sobre esta iniciativa y la propuesta tan particular…

-¿Cómo vivís, sentís el transmitir vida y valores con tus dibujos?
– Pienso que ese es mi objetivo final, la razón de ser de mi trabajo. Más allá de producir una sonrisa con el humor y entretener con las historietas, está el deber del comunicador. Porque los historietistas somos eso: comunicadores visuales. Entonces pienso mucho lo que estoy transmitiendo a través de mis dibujos. Y es una alegría inmensa sentir que transmitís eso que pensabas, esa cuota extra que va más allá del primer impacto que es el del humor, la ternura o la simpatía por los personajes.

– ¿Qué es lo que te inspira cuando creas los dibujos y pensas los mensajes que querés transmitir?
– Depende de qué historietas, pero siempre hay detrás un mensaje muy humano. De valores humanos. Me gusta que el lector se sienta interpelado y que además de esa sonrisa, le quede una idea dando vuelta. Porque además de producir una sonrisa, los humoristas somos graficadores de ideas, e ilustradores de la realidad. Y esas ideas vienen de la vida que va viviendo uno mismo. Y eso lo hace genuino.

– De lo que recibís del público ¿qué es lo que más destacas, qué es significativo para vos?
– Uf, muchas cosas. Desde gente que guardó el dibujo porque le gustó una idea o se sintió identificada, hasta aquellos que usan las historietas para ayudar a otros, en terapias o en clases. Me llama muchisimo la atención la llegada que puede tener una historieta o un dibujo. También me mata cómo la reciben los chicos. Porque son el público más genuino y espontáneo que hay. Así que me encanta cuando me envían un dibujo, o me quieren contar algo de la misma historieta o de cosas que ellos vivieron donde se vieron reflejados. Y quizás lo más fuerte es cuando te dicen que aprendieron a leer con las historietas, eso es más de lo que hubiera esperado como autor. Y no te digo, cuando una mamá te escribe porque su hijo tiene algún problema, como autismo, y la historieta es su conexión a la realidad y a la sociedad. Me han pasado casos de los más inesperados, como aquella vez que una mujer le llevaba las revistas a su hermano preso, porque cada vez que leía las historietas recordaba a sus hijos.

– ¿Qué significa para vos la Navidad?
– Desde chicos que festejábamos la Navidad con su significado auténtico, que es la llegada de Jesús. Como éramos muchos hermanos, mi papá nos preparaba para que hiciéramos un pesebre viviente hogareño. Nunca nos hablaron de Papá Noel, por lo que siempre estuvo presente el niño Jesús quien era el que nos traía los regalos. Por eso, la Navidad para mí es un momento de recambio interior, de volver a nacer interiormente y proyectarnos en la persona que queremos ser. Es como una nueva oportunidad que nos da el Señor para comenzar todo de nuevo.

– ¿Cómo viviste la propuesta de sumarte a la campaña “Navidad es Jesús”?
– Me gustó mucho porque, como dije en la pregunta anterior, para mí siempre fue ese el significado de la Navidad. Y en mis imágenes de la Navidad, de la sagrada familia en el pesebre, siempre trató de rescatar la sencillez, la humildad, el trabajo, la generosidad y el dedicarse al otro, como lo haría cualquier familia, cualquier persona que ama a los suyos. Siempre me interesó acercar el mensaje divino a la tierra y elevar el trabajo de la gente al cielo. Porque creo que Dios se hizo hombre para estar más cerca el hombre, no para perderse entre altares y nubes.

– A través del mensaje de la Navidad, estás presente en miles de hogares argentinos ¿qué mensaje quisieras dejarles?
– Soy más de dar algún mensaje con mis dibujos, más que escrito. Pero rescataré algo de lo que dije anteriormente: “La Navidad es una buena oportunidad que tenemos para ser mejores, para renacer en el amor y ser mejores personas. Por eso, me parece muy importante que lo urgente: el apuro, los nervios, las compras, el cansancio y el stress, no nos gane y sepamos disfrutarlo en familia o con amigos. Es preferible una mesa vacía pero un corazón lleno, que una mesa llena y un corazón vacío. Disfrutemos el estar juntos”.

(fuente: www.radiomaria.org.ar)

Y nació de María Virgen

Dogma que enseña que la Bienaventurada Madre de Jesucristo era virgen antes, durante, y después de la concepción y nacimiento de su divino Hijo.


I. El Nacimiento Virginal en la Teología Católica

Concilios y Credos

La virginidad de Nuestra Señora fue definida bajo anatema en el tercer canon del Concilio de Letrán celebrado en tiempos del Papa Martín I, en el año 649. El Credo Niceno-Constantinopolitano, como se reza en la Misa, expresa la creencia en Cristo, quien “ por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen”; el Credo Apostólico profesa que Jesucristo “fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen”; la forma más antigua del mismo credo usa la expresión “nacido del Espíritu Santo y de la Virgen María”. Estas profesiones muestran:

Que el cuerpo de Jesucristo no fue enviado del Cielo, ni tomado de la tierra como lo fue el de Adán, sino que su materia fue suministrada por María; que María cooperó en la formación del cuerpo de Cristo como cualquier otra madre coopera en la formación del cuerpo de su hijo, pues de otro modo no podría decirse que Cristo haya nacido de María como no puede decirse que Eva naciera de Adán; que el embrión en cuyo desarrollo y crecimiento (hasta convertirse) en el niño Jesús, cooperó María, fue fecundado no por una acción humana, sino por el poder divino atribuido al Espíritu Santo; que el influjo sobrenatural del Espíritu Santo se extendió al nacimiento de Jesucristo, no meramente preservando la integridad de María, sino también causando el nacimiento de Cristo o generación externa para reflejar su nacimiento eterno del Padre de forma que,”la Luz de Luz” procediera del vientre de su madre como una luz se derrama sobre el mundo; que el “poder del Altísimo” pasaba a través de las barreras de la naturaleza sin dañarlas; que el “cuerpo de la Palabra” formado por el Espíritu Santo penetraba otro cuerpo a la manera de los espíritus.

Padres de la Iglesia

La virginidad perpetua de Nuestra Señora fue enseñada y propuesta a nuestra fe no solamente por los concilios y credos, sino también por los primeros Padres. Las palabras del profeta Isaías (7,14) son entendidas en este sentido por:

S. Ireneo (III, 21;ver Eusebio, H.E., V, viii), Orígenes (Adv. Cels., I, 35), Tertuliano (Adv. Marcion., III, 13; Adv. Judæos, IX), S. Justino (Dial. con. Tryph., 84), S. Juan Crisóstomo (Hom. v in Matth., n. 3; in Isa., VII, n. 5); S. Epifanio (Hær., xxviii, n. 7), Eusebio (Demonstrat. ev., VIII, i), Rufino (Lib. fid., 43), S. Basilio (in Isa., vii, 14; Hom. in S. Generat. Christi, n. 4, si San Basilio fue el autor de estos dos pasajes), S. Jerónimo y Teodoreto (in Isa., vii, 14), S. Isidoro (Adv. Judæos, I, x, n. 3), S. Ildefonso (De perpetua virginit. s. Mariæ, iii).

San Jerónimo dedica todo su tratado contra Helvidio a la virginidad perpetua de Nuestra Señora (ver especialmente números 4, 13, 18)

La doctrina contraria es calificada de:

"locura y blasfemia” por Gennadio (De dogm. eccl., lxix), "locura” por Orígenes (in Luc., h, vii), "sacrilegio" por San Ambrosio (De instit. virg., V, xxxv), "impiedad y ataque del ateísmo” por Filostorgio (VI, 2), "perfidia” por San Beda (hom. v, and xxii), "cúmulo de blasfemias” por el autor de Prædestin. (i, 84), "perfidia de los judíos" por el Papa Siricio (ep. ix, 3), "herejía" por San Agustín (De Hær. h., lvi).

San Epifanio probablemente supera a todos los demás en sus invectivas contra los oponentes a la virginidad de Nuestra Señora (Hær., lxxviii, 1, 11, 23).

Sagrada Escritura

No puede haber duda respecto a la enseñanza de la Iglesia ni respecto a la existencia de una primitiva tradición cristiana que mantiene la virginidad perpetua de Nuestra Señora y consiguientemente el nacimiento virginal de Jesucristo. El misterio de la concepción virginal es además enseñado por el tercer Evangelio y confirmado por el primero. Según San Lucas (1, 34-35), “María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.” La relación (sexual) con el hombre se excluyó en la concepción de Nuestro Señor. Según San Mateo, a San José, cuando estaba perplejo por el embarazo de María, le dijo el ángel: “No temas tomar contigo a María tu esposa, porque lo concebido en ella viene del Espíritu Santo” (1, 20).


II. Fuentes de esta Doctrina

¿De dónde procede la información de los evangelistas? Por lo que sabemos sólo dos seres creados fueron testigos de la anunciación, el ángel y la Santísima Virgen. Más tarde el ángel informó a San José acerca del misterio. No sabemos si Isabel, aunque “llena del Espíritu Santo”, supo toda la verdad sobrenaturalmente, pero podemos suponer que María confió el secreto tanto a su amiga como a su esposo, completando así la revelación parcial recibida por ambos.

Entre estos datos y el relato de los evangelistas hay una brecha que no puede llenarse con ninguna pista expresa proporcionada ni por la Escritura ni por la tradición. Si comparamos la narración del primer Evangelio con la del tercero, encontramos que San Mateo puede haber sacado su información de lo conocido por San José, independientemente de cualquier información proporcionada por María. El primer Evangelio meramente afirma (1, 18): “Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.” San José pudo proporcionar esos datos, bien por conocimiento propio, bien por las palabras del ángel: “lo concebido en ella viene del Espíritu Santo.” La narración de San Lucas, por otro lado, debe remontarse al testimonio de Nuestra Señora, salvo que estemos dispuestos a admitir innecesariamente otra revelación independiente. El propio evangelista señala a María como la fuente de su relato de la infancia de Jesús, cuando dice que María guardaba todas estas palabras en su corazón (2, 19,51). Zahn [1] no duda en decir que María es señalada por estas expresiones como la transmisora de las tradiciones en Lucas 1y 2

A. ¿Cómo obtuvo San Lucas su relato de la Santísima Virgen? Se ha supuesto por algunos que recibió su información de la propia María. En la Edad Media es llamado a veces “capellán de María” [2]; J. Nirsch[3] llama a San Lucas el evangelista de la Madre de Dios, creyendo que escribió la historia de la infancia (escuchada) de su boca y corazón. Aparte está el testimonio implícito del evangelista, quien nos asegura dos veces que María había guardado todas estas palabras en su corazón. Pero esto no hace precisa una comunicación oral inmediata de la historia de la infancia por parte de María, meramente muestra que María es la fuente última del relato. Si San Lucas hubiera recibido la historia de la infancia de la Santísima Virgen en forma de comunicación oral, su presentación en el tercer Evangelio mostraría naturalmente la forma y estilo de su autor griego. Como cuestión de hecho la historia de la infancia de Jesús tal como se encuentra en el tercer Evangelio (1, 5 a 2, 52) revela en su contenido, su lenguaje, y estilo una fuente judeocristiana. Todo el pasaje se lee como un capítulo del Primer Libro de los Macabeos; las costumbre judías, y las leyes, y las peculiaridades se introducen sin explicación ulterior, el “Magnificat”, el “Benedictus”, y el “Nunc dimittis” están llenos de ideas nacionales judías. En cuanto al estilo y lenguaje de la historia de la infancia, ambos son tan completamente semíticos que el pasaje debe ser retraducido al hebreo o arameo para ser debidamente apreciado. Debemos concluir, entonces, que la fuente inmediata de San Lucas para la historia de la infancia no fue oral, sino escrita.

B. Es apenas probable que María escribiera ella misma la historia de la infancia como fue supuesto por A. Plummer [4]; es más creíble que el evangelista utilizara una memoria escrita por un cristiano judío, posiblemente un sacerdote judío converso (cf. Hechos 6, 7) quizá incluso un miembro o amigo de la familia de Zacarías[5]. Pero, cualquiera que pueda ser la fuente inmediata del relato de San Lucas, el evangelista sabía que había “investigado diligentemente todo desde los orígenes”, según el testimonio de aquellos “que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra” (Lucas 1, 2).

Respecto al lenguaje original de la fuente de San Lucas, debemos convenir con el juicio de Lagarde [6] de que los dos primeros capítulos de San Lucas presentan una coloración hebrea más que griega o aramea. No han faltado escritores que hayan intentado probar que la fuente escrita de San Lucas para sus dos primeros capítulos estaba compuesta en hebreo[7]. Pero estas pruebas no son convincentes; los hebraísmos de San Lucas pueden tener su origen en una fuente aramea, o incluso en un original griego compuesto en el lenguaje de los Setenta . Aun así, considerando que el arameo era el lenguaje generalmente hablado en Palestina en esa época, debemos concluir que el secreto de Nuestra Señora fue originalmente escrito en arameo, aunque debe haber sido traducido al griego antes de que San Lucas lo utilizara [8]. Como el griego de Lucas 2,41-52 es más idiomático que el lenguaje de Lucas 1, 4-2, 40, se ha inferido que la fuente escrita del evangelista llegaba sólo hasta 2,40; pero como en 2, 51 se repiten expresiones que se encuentran en 2,19, puede deducirse con seguridad que ambos pasajes fueron tomados de la misma fuente.

El evangelista refunde la fuente de la historia de la infancia antes de incorporarla a su Evangelio; pues la utilización de palabras y expresiones en Lucas 1 y 2 coincide con los capítulos siguientes [9]. Harnack [10] y Dalman [11] sugieren que San Lucas puede ser el autor original de sus dos primeros capítulos, adoptando el lenguaje y estilo de los Setenta; pero Vogel [12] y Zahn [13] mantienen que tal proeza literaria sería imposible para un escritor grecoparlante. Lo antedicho explica por qué es completamente imposible reconstruir la fuente original de San Lucas; el intento de Resch [14] de reconstruir el Evangelio original de la infancia o la fuente de los dos primeros capítulos del primer y tercer Evangelio y la base del prólogo del cuarto, es un fracaso, a pesar de su ingeniosidad. Conrady [15] creía que había encontrado la fuente común de la historia canónica de la infancia en el denominado “Protoevangelio de Santiago”, el cual, según él , fue escrito en hebreo por un judío egipcio hacia el año 120, fue poco después traducido al griego; debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el texto griego no es una traducción, sino el original, y una mera recopilación de los Evangelios canónicos. Por tanto, todo lo que podemos decir acerca de la fuente de San Lucas para su historia de la infancia de Jesús se reduce a la escasa información de que debe haber sido una traducción griega de un documento arameo basado, en última instancia, en el testimonio de Nuestra Señora.


III. El Nacimiento Virginal en la Teología Moderna

Al adherirse la teología moderna al principio del desarrollo histórico, y negar la posibilidad de cualquier intervención milagrosa en el curso de la historia, no puede consiguientemente admitir la realidad histórica del nacimiento virginal. Según las opiniones modernas, Jesús era realmente el hijo de José y María y fue dotado por una posteridad admirativa del halo de la divinidad; la historia de su nacimiento virginal concordaba con los mitos referentes a los nacimientos extraordinarios de los héroes de otras naciones [16]; el texto original de los Evangelios no decía nada del nacimiento virginal [17]. Sin insistir en la arbitrariedad de los presupuestos filosóficos implícitos en la posición de la teología moderna, revisaremos brevemente su actitud crítica hacia el texto de los Evangelios y sus intentos de acabar con la tradición cristiana primitiva relativa al nacimiento virginal de Cristo.

A. Integridad del texto evangélico

Wellhausen [18] afirmaba que el texto original del tercer Evangelio comenzaba con nuestro actual tercer capítulo, siendo los dos primeros capítulos una adición posterior. Pero Harnack parece haber previsto esta teoría antes de que fuera propuesta por Wellhausen; pues mostró que los dos capítulos en cuestión pertenecían al autor del tercer Evangelio y de los Hechos [19]. Holtzmann [20] considera a Lucas 1, 34-35 como una añadidura posterior; Hillman [21] cree que las palabras hos enouizeto de Lucas 3, 23 deben ser consideradas a la misma luz. Weinel [22] cree que la supresión de las palabras epei andra ou ginosko de Lucas 1, 34 deja el tercer Evangelio sin prueba consistente del nacimiento virginal; Harnack no sólo está de acuerdo con las omisiones de Holtzmann y Hillman, sino que borra también la palabra parthenos de Lucas 1, 27 [23]. Otros partidarios de la teología moderna son más bien escépticos respecto a la solidez de estas teorías de crítica textual; Hilgenfeld [24], Clement [25], y Gunkel [26] rechazan sin reserva los argumentos de Harnack. Bardenhewer [27] los considera uno a uno y los encuentra deficientes.

A la luz de los argumentos sobre el carácter genuino de los trozos del tercer Evangelio rechazados por los críticos arriba mencionados, es difícil comprender cómo pueden ser omitidos por cualquiera que estudie sin prejuicios el texto sagrado. Se encuentran en todos los manuscritos, traducciones, y citas cristianas primitivas, en todas las ediciones impresas—en resumen, en todos los documentos considerados por los críticos como testimonios de confianza sobre la autenticidad de un texto. Además, en la narración de San Lucas, cada versículo es como un eslabón en una cadena, de manera que ningún versículo puede ser eliminado como una interpolación sin destruir el conjunto. Más aún, los versículos 34 y 35 son en la historia de Lucas lo que la piedra angular es en un arco, lo que un diamante es en su engaste; el texto del Evangelio sin estos dos versículos se parecería a un arco inacabado, a una montura desprovista de sus piedras preciosas [28].

Finalmente, el relato de Lucas que nos dejan los críticos no está de acuerdo con el resto de la narración del evangelista. Según los críticos, los versículos 26-33 y 36-38 relatan la promesa del nacimiento del Mesías, el hijo de José y María, igual que los versículos inmediatamente precedentes relatan la promesa del nacimiento del precursor, el hijo de Zacarías e Isabel. Pero hay una gran diferencia: la historia del precursor está llena de milagros – como la repentina mudez de Zacarías, la maravillosa concepción de Juan—mientras que el relato de la concepción de Cristo no ofrece nada extraordinario, en un caso el ángel es enviado al padre del niño, Zacarías, mientras que en el otro el ángel se aparece a María; en un caso se dice que Isabel concibió “días después”, mientras que no se añade nada sobre la concepción de María [29]. El texto tradicional completo del Evangelio explica estas diferencias, pero el texto mutilado críticamente las deja sin explicar.

Los partidarios de la teología moderna creían tener un fundamento sólido para negar el nacimiento virginal en el Codex Syrus Sinaiticus descubierto por Mrs. Lewis y Mrs Gibson en 1892, más exactamente investigado en 1893, publicado en 1894, y suplementado en 1896. Según este códice, Mateo, 1, 16 dice:”José quien desposó a María la Virgen, engendró a Jesús que es llamado Cristo”. Aun así, el traductor siríaco no puede haber ignorado el nacimiento virginal ¿Por qué dejó la expresión “la virgen” en el contexto inmediato? ¿Cómo interpretaba los versículos 18, 20 y 25, si no sabía nada del nacimiento virginal? De ahí que, o el texto siríaco ha sido ligeramente alterado por un transcriptor (sólo tendría que haber cambiado una letra) o el traductor interpretó la palabra “engendró” como una paternidad convencional, no carnal, un significado que tiene en los versículos 8 y 12.

B. Fuente no histórica del Nacimiento Virginal

Los que se oponen a la realidad histórica del nacimiento virginal admiten que bien los evangelistas o bien los interpoladores de los Evangelios tomaron su material de una tradición cristiana primitiva, pero se esfuerzan en demostrar que esta tradición no tiene fundamento sólido. Hacia el año 153 San Justino (Apol., I, xxi) decía a sus lectores paganos que el nacimiento virginal de Jesucristo no debía parecerles increíble, puesto que muchos de los más estimados escritores paganos hablaban de un gran número de hijos de Zeus. Hacia el año 178 el filósofo platónico Celso ridiculizó el nacimiento virginal de Cristo, comparándolo con los mitos griegos de Dánae, Melanipa, y Antíope; Orígenes (c. Cels. I, xxxvii) respondió que Celso escribía más como un bufón que como un filósofo. Pero los teólogos modernos de nuevo hacen proceder el nacimiento virginal de Nuestro Señor de fuentes no históricas, aunque sus teorías no son concordantes.

La teoría del origen pagano

Un primer grupo de autores recurren a la mitología pagana para explicar la tradición cristiana referente al nacimiento virginal de Jesús. Usener [30] arguye que los primeros gentiles cristianos deben haber atribuido a Cristo lo que sus antepasados paganos habían atribuido a sus héroes paganos; de ahí que la filiación divina de Cristo sea un producto del pensamiento religioso de los gentiles cristianos. Hillmann [31] y Holtzmann [32] están sustancialmente de acuerdo con la teoría de Usener. Conrady [33] encontró en la Virgen María una imitación cristiana de la diosa egipcia Isis, madre de Horus; pero Holtzmann [34] declara que él no puede seguir esta “osada construcción sin un sentimiento de temor y vértigo” y Usener [35] teme que su amigo Conrady se mueva por una senda escarpada. Soltau [36] intenta transferir a Jesús el origen sobrenatural de Augusto, pero Lobstein [37] teme que el intento de Soltau pueda desacreditar a la propia ciencia, y Kreyher [38] refuta la teoría con más extensión.

Por qué los cristianos recientemente convertidos del paganismo habrían vuelto a sus supersticiones paganas en su concepción de las doctrinas cristianas? ¿Cómo podía triunfar el resultado del pensamiento pagano entre los judíos cristianos sin dejar apenas un vestigio de oposición por parte de los judíos cristianos? ¿Cómo pudo llevarse a cabo esta importación entre la cristiandad judía en una época lo bastante temprana como para producir fuentes judeocristianas de las que o los evangelistas o los interpoladores de los Evangelios extrajeran su material? ¿Por qué los parientes de los padres de Cristo no protestaron contra las nuevas opiniones relativas al origen de Cristo?

Aparte, el principal argumento en el que descansa la importación del nacimiento virginal de los mitos paganos al cristianismo es falaz, por decir lo menos. Su premisa mayor supone que fenómenos similares no meramente pueden, sino deben, surgir de similares causas; su premisa menor afirma que el nacimiento virginal de Cristo y las filiaciones divinas míticas del mundo pagano son fenómenos similares, una afirmación falsa según las apariencias.

La teoría del origen judío (Isaías 7,14)

Un segundo grupo de autores hacen proceder la tradición primitiva cristiana del nacimiento virginal de la influencia judía cristiana. Harnack [39] es de la opinión que el nacimiento virginal se originó a partir de Isaías 7,14; Lobstein [40] añade las “tradiciones poéticas que rodeaban los nacimientos de Isaac, Sansón, y Samuel” como otra fuente de la creencia en el nacimiento virginal. La teología moderna no admite que Isaías 7,14, contenga una profecía real verificada en el nacimiento virginal de Cristo; por tanto, debe mantener que San Mateo malinterpretó el pasaje cuando dijo: "Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”, etc.(1:22-23).¿Cómo explican Harnack y Lobstein tal error de interpretación por parte del evangelista? No hay indicios de que los judíos contemporáneos de San Mateo interpretaran las palabras del profeta en este sentido. Hillmann [41] prueba que la creencia en el nacimiento virginal no se contiene en el Antiguo Testamento, y por tanto no puede haber sido tomado de él. Dalman [42] mantiene que el pueblo judío nunca esperó un nacimiento sin padre del Mesías, y que no hay vestigios de una interpretación judía de Isaías 7, 14 en tal sentido.

Aquellos que hacen proceder el nacimiento virginal de Isaías 7,14, deben mantener que un error accidental de interpretación del profeta por parte del evangelista reemplazó a la verdad histórica entre los primeros cristianos a pesar del mejor conocimiento y el testimonio de los discípulos y parientes de Jesús. Zahn [43] llama a tal suposición “completamente fantástica"; Usener [44] declara el intento de hacer de Isaías 7,14 el origen del nacimiento virginal, en vez de su promesa, una inversión del orden natural. Aunque la exégesis católica se esfuerza en encontrar en el Antiguo Testamento indicaciones proféticas del nacimiento virginal, aun así admite que los judíos cristianos llegaron a una total comprensión de Isaías 7,14 sólo por medio de su cumplimiento [45].

La teoría sincrética

Hay una tercera teoría que se esfuerza en explicar la prevalencia de la doctrina del nacimiento virginal entre los primeros judíos cristianos. Gunkel [46] admite que la idea del nacimiento virginal es una idea pagana, totalmente extraña a la concepción judía de Dios; pero también admite que esta idea no podía haber triunfado entre los primeros judíos cristianos a través de la influencia pagana. De ahí que crea que la idea habría triunfado entre los judíos en la época precristiana, de forma que el judaísmo que afluía directamente en la primitiva cristiandad había recibido una cierta cantidad de sincretismo. Hilgenfeld [47] intenta hacer proceder la enseñanza cristiana del nacimiento virginal ni del paganismo clásico ni del puro judaísmo, sino del desprecio esenio por el matrimonio. Las teorías de ambos, Gunkel y Hilgenfeld, se basan en combinaciones sin fundamento más que en evidencias históricas. Ningún autor presenta prueba histórica alguna de sus afirmaciones. Gunkel, de hecho, incidentalmente llama la atención sobre las ideas parsis, sobre la leyenda de Buda, y sobre las fábulas romanas y griegas. Pero los romanos y los griegos no ejercieron una influencia tan notable sobre el judaísmo precristiano; y que la leyenda de Buda llegara tan lejos como a Palestina no puede ser mantenido seriamente por Gunkel [48]. Incluso Harnack [49] considera la teoría de que la idea del nacimiento virginal penetrara entre los judíos por medio de la influencia parsi, como una suposición improbable.


NOTAS

[1] "Einleitung in das Neue Testament", 2ª ed., II, 406, Leipzig, 1900
[2] cf. Du Cange, "Gloss. med. et inf. latinitatis", s.v. "Capellani"; ed. L. Favre
[3] "Das Grab der heiligen Jungfrau Maria", 51, Mainz, 1896
[4] "A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel of St. Luke" en "The International Critical Commentary", Edinburgh, 1896, p. 7
[5] cf. Blass, "Evangelium secundum Lucam", xxiii, Leipzig, 1897
[6] "Mitteilungen", III, 345, Göttingen, 1889
[7] cf. Gunkel, "Zum religions-geschichtl. Verständnis des Neuen Testaments", pp. 67 sq., Göttingen, 1903
[8] cf. Bardenhewer, "Maria Verkündigung" in "Biblische Studien", X, v, pp. 32 s., Freiburg, 1905
[9] cf. Feine, "Eine vorkanonische Ueberlieferung des Lukas in Evangelium und Apostelgeschichte", Gotha, 1891, p. 19; Zimmermann, "Theol. Stud. und Krit.", 1903, 250 ss.
[10] Sitzungsber. der Berliner Akad., 1900, pp. 547 ss.
[11] "Die Worte Jesu", I, 31 sq., Leipzig, 1898
[12] "Zur Charakteristik des Lukas nach Sprache und Stil", Leipzig, 1897, p. 33
[13] Einleitung, 2nd ed., ii, 406
[14] "Das Kindheitesevangelium nach Lukas und Matthäus" en "Texte und Untersuchungen zur Gesch. der altchristl. Literatur", X, v, 319, Leipzig, 1897
[15] "Die Quelle der kanonischen Kindheitsgeschichte Jesus", Göttingen, 1900
[16] Gunkel, "Zum religionsgesch. Verst. des N.T.", p, 65, Göttingen, 1903
[17] Usener, "Geburt und Kindheit Christi" in "Zeitschrift für die neutest. Wissenschaft", IV, 1903, 8
[18] "Das Evangelium Lukä", Berlin, 1904 [19] Sitzungsberichte der Kgl. preuss. Akad. der Wissenschaften zu Berlin, 1900, 547
[20] "Handkommentar züm Neuen Testament", I, 31 s., Freiburg, 1889
[21] "Die Kindheitsgeschichte Jesu nach Lukas kritisch untersucht" in "Jahrb. für protest. Theol.", XVII, 225 ss., 1891
[22] "Die Auslegung des apostolischen Bekenntnisses von F. Kattenbusch und die neut. Forschung" en "Zeitschrift für d. n. t. Wissensch.", II, 37 ss., 1901; cf. Kattenbusch, "Das apostolische Symbol", II, 621, Leipzig, 1897-1900
[23] Zeitschrift für d. n. t. Wissensch., 53 ss., 1901
[24] "Die Geburt Jesu aus der Jungfrau in dem Lukasevangelium" in "Zeitschr. für wissenschaftl. Theologie", XLIV, 313 ss., 1901 [25] Theol. Literaturzeitung, 1902, 299
[26] op. cit., p. 68
[27] "Maria Verkündigung", pp. 8-12, Freiburg, 1905
[28] cf. Feine, "Eine vorkanonische Ueberlieferung", 39, Gotha, 1891
[29] Bardenhewer, op. cit., 13 ss.; Gunkel, op. cit., 68
[30] "Religionsgeschichtl. Untersuchungen", I, 69 ss., Bonn, 1899; "Geburt und Kindheit Christi" en "Zeitschrift für d. n. t. Wissensch.", IV, 1903, 15 sqq.
[31] Jahrb. f. protest. Theol., XVII, 1891, 231 ss.
[32] "Lehrb. d. n. t. Theol.", I, 413 ss., Freiburg, 1897
[33] "Die Quelle der kanonisch. Kindheitsgesch. Jesus", Göttingen, 1900, 278 ss.
[34] Theol. Literaturzeit., 1901, p. 136
[35] Zeitschr. f. d. n. t. Wissensch., 1903, p. 8
[36] "Die Geburtsgeschichte Jesu Christi", Leipzig, 1902, p. 24
[37] Theol. Literaturzeitung, 1902, p. 523
[38] "Die jungfräuliche Geburt des Herrn", Gutersloh, 1904
[39] "Lehrb. d. Dogmengesch.", 3rd ed., I, 95 s., Freiburg, 1894
[40] "Die Lehre von der übernatürlichen Geburt Christi", 2ª ed., 28-31, Freiburg, 1896
[41] "Jahrb. f. protest. Theol.", 1891, XVII, 233 ss., 1891
[42] Die Worte Jesu, I, Leipzig, 1898, 226
[43] "Das Evangelium des Matthäus ausgelegt", 2ª ed., Leipziig, 1905, pp. 83 sq.
[44] "Religionsgesch. Untersuch.", I, Bonn, 1889, 75
[45] Bardenhewer op. cit., 23; cf. Flunk, Zeitschrift f. kathol. Theol.", XXVIII, 1904, 663
[46] op. cit., 65 ss.
[47] "Zeitschr. f. wissensch. Theol.", 1900, XLIII, 271; 1901, XLIV, 235
[48] cf. Oldenberg, "Theol. Literaturzeit.", 1905, 65 s.
[49] "Dogmengesch.", 3ª ed., Freiburg, 1894, 96

Aparte de las obras citadas en el curso de este artículo, podemos llamar la atención sobre los tratados dogmáticos acerca del origen sobrenatural de la Humanidad de Cristo por medio del Espíritu Santo de la Virgen María especialmente: WILHELM Y SCANNELL, Manual of Catholic Theology, II (Londres y Nueva York, 1898), 105 ss.; 208 ss.; HUNTER, Outlines of Dogmatic Theology, II (Nueva York, 1896), 567 ss.; también sobre los principales comentarios de Mateo 1 y 2 ; Lucas 1 y 2. Entre los escritos protestantes podemos mencionar la traducción de LOBSTEIN, The Virgin Birth of Christ (Londres, 1903); BRIGGS, Criticism and the Dogma of the Virgin Birth in North Am. Rev. (Junio, 1906); ALLEN en Interpreter (Febr., 1905), 115 ss.; (Oct., 1905), 52 ss.; CARR en Expository Times, XVIII, 522, 1907; USENER, sub voce Nativity en Encyclo. Bibl., III, 3852; CHEYNE, Bible Problems (1905), 89 ss.; CARPENTER, Bible in the Nineteenth Century (1903), 491 ss.; RANDOLPH, The Virgin Birth of Our Lord (1903). A.J. MAAS Transcrito por Douglas J. Potter Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen Maria
Traducido por Francisco Vázquez

(fuente: ec.aciprensa.com)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Quién es Santa Claus o Papá Noel?

La leyenda de Santa Claus deriva directamente de las que desde muy antiguo han adornado la figura de San Nicolás de Bari (ca. 280-ca. 350), obispo de Myra y santo que, según la tradición, entregó todos sus bienes a los pobres para hacerse monje y obispo, distinguiéndose siempre por su generosidad hacia los niños.

En la Edad Media, la leyenda de San Nicolás arraigó de forma extraordinaria en Europa, particularmente en Italia (a la ciudad italiana de Bari fueron trasladados sus restos en el 1087), y también en países germánicos como los estados alemanes y holandeses. Particularmente en Holanda adquirió notable relieve su figura, al extremo de que se convirtió en patrón de los marineros holandeses y de la ciudad de Amsterdam. Cuando los holandeses colonizaron Nueva Amsterdam (la actual isla de Manhattan), erigieron una imagen de San Nicolás, e hicieron todo lo posible para mantener su culto y sus tradiciones en el Nuevo Mundo.

La devoción de los inmigrantes holandeses por San Nicolás era tan profunda y al mismo tiempo tan pintoresca y llamativa que, en 1809, el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859) trazó un cuadro muy vivo y satírico de ellas (y de otras costumbres holandesas) en un libro titulado Knickerbocker's History of New York (La historia de Nueva York según Knickerbocker). En el libro de Irving, San Nicolás era despojado de sus atributos obispales y convertido en un hombre mayor, grueso, generoso y sonriente, vestido con sombrero de alas, calzón y pipa holandesa. Tras llegar a Nueva York a bordo de un barco holandés, se dedicaba a arrojar regalos por las chimeneas, que sobrevolaba gracias a un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso. El hecho de que Washington Irving denominase a este personaje "guardián de Nueva York" hizo que su popularidad se desbordase y contagiase a los norteamericanos de origen inglés, que comenzaron también a celebrar su fiesta cada 6 de diciembre, y que convirtieron el "Sinterklaas" o "Sinter Klaas" holandés en el "Santa Claus" norteamericano.

Pocos años después de la publicación del libro de Irving, la figura de Santa Claus había adquirido tal popularidad en la costa este de los Estados Unidos que, en 1823, un poema anónimo titulado A Visit of St. Nicholas ('Una visita de San Nicolás'), publicado en el periódico Sentinel ('El Centinela') de Nueva York, encontró una acogida sensacional y contribuyó enormemente a la evolución de los rasgos típicos del personaje. Aunque publicado sin nombre de autor, el poema había sido escrito por un oscuro profesor de teología, Clement Moore, que lo dedicó a sus numerosos hijos y nunca previó que un familiar suyo lo enviaría a un periódico Hasta el año 1862, ya octogenario, no reconocería Moore su autoría. En el poema, San Nicolás aparecía sobre un trineo tirado por renos y adornado de sonoras campanillas. Su estatura se hizo más baja y gruesa, y adquirió algunos rasgos próximos a la representación tradicional de los gnomos (que precisamente también algunas viejas leyendas germánicas consideraban recompensadores o castigadores tradicionales de los niños). Los zuecos holandeses en que los niños esperaban que depositase sus dones se convirtieron en anchos calcetines. Finalmente, Moore desplazó la llegada del simpático personaje del 6 de diciembre típico de la tradición holandesa, al 25 de ese mes, lo que influyó grandemente en el progresivo traslado de la fiesta de los regalos al día de la Navidad.

El proceso de popularización del personaje siguió en aumento. El 6 de diciembre de 1835, Washington Irving y otros amigos suyos crearon una sociedad literaria dedicada a San Nicolás, que tuvo su sede en la propia casa de Irving. En las reuniones, era obligado fumar en pipa y observar numerosas costumbres holandesas. Ello indica hasta qué extremo habían aceptado esta tradición holandesa los norteamericanos descendientes de otros grupos inmigrantes.

El otro gran contribuyente a la representación típica de San Nicolás en el siglo XIX fue un inmigrante alemán llamado Thomas Nast. Nacido en Landau (Alemania) en 1840, se estableció con su familia en Nueva York desde que era un niño, y alcanzó gran prestigio como dibujante y periodista. En 1863, Nast publicó en el periódico Harper's Weekly su primer dibujo de Santa Claus, cuya iconografía había variado hasta entonces, fluctuando desde las representaciones de hombrecillo bajito y rechoncho hasta las de anciano alto y corpulento. El dibujo de Nast lo presentaba con figura próxima a la de un gnomo, en el momento de entrar por una chimenea. Sus dibujos de los años siguientes (siguió realizándolos para el mismo periódico hasta el año 1886) fueron transformando sustancialmente la imagen de Santa Claus, que ganó en estatura, adquirió una barriga muy prominente, mandíbula muy ancha, y se rodeó de elementos como el ancho cinturón, el abeto, el muérdago y el acebo. Aunque fue representado varias veces como viajero desde el Polo Norte, su voluntariosa aceptación de las tareas del hogar y sus simpáticos diálogos con padres y niños le convirtieron en una figura todavía más próxima y entrañable. Cuando las técnicas de reproducción industrial hicieron posible la incorporación de colores a los dibujos publicados en la prensa, Nast pintó su abrigo de un color rojo muy intenso. No se sabe si fue él el primero en hacerlo, o si fue el impresor de Boston Louis Prang, quien ya en 1886 publicaba postales navideñas en que aparecía Santa Claus con su característico vestido rojo. La posibilidad de hacer grandes tiradas de tarjetas de felicitación popularizó aún más la figura de este personaje, que numerosas tiendas y negocios comenzaron por entonces a usar para fines publicitarios. Llegó incluso a ser habitual que, durante las celebraciones navideñas, los adultos se vistieran como él y saliesen a las calles y tiendas a obsequiar a los niños y hacer propaganda de todo tipo de productos. Entre 1873 y 1940 se publicó la revista infantil St. Nicholas, que alcanzó una enorme difusión.

La segunda mitad del siglo XIX fue trascendental en el proceso de consolidación y difusión de la figura de Santa Claus. Por un lado, quedaron fijados (aunque todavía no definitivamente) sus rasgos y atributos más típicos. Por otra, se profundizó en el proceso de progresiva laicización del personaje. Efectivamente, Santa Claus dejó de ser una figura típicamente religiosa, asociada a creencias específicas de determinados grupos credenciales, y se convirtió más bien en un emblema cultural, celebrado por personas de credos y costumbres diferentes, que aceptaban como suyos sus abiertos y generales mensajes de paz, solidaridad y prosperidad. Además, dejó de ser un personaje asociado específicamente a la sociedad norteamericana de origen holandés, y se convirtió en patrón de todos los niños norteamericanos, sin distinción de orígenes geográficos y culturales. Prueba de ello fue que, por aquella época, hizo también su viaje de vuelta a Europa, donde influyó extraordinariamente en la revitalización de las figuras del "Father Christmas" o "Padre Navidad" británico, o del "Père Noël" o "Papá Noel" francés, que adoptaron muchos de sus rasgos y atributos típicos.

El último momento de inflexión importante en la evolución iconográfica de Santa Claus tuvo lugar con la campaña publicitaria de la empresa de bebidas Coca-Cola, en la Navidad de 1930. Como cartel anunciador de su campaña navideña, la empresa publicó una imagen de Santa Claus escuchando peticiones de niños en un centro comercial. Aunque la campaña tuvo éxito, los dirigentes de la empresa pidieron al pintor de Chicago (pero de origen sueco) Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. El artista, que tomó como primer modelo a un vendedor jubilado llamado Lou Prentice, hizo que perdiera su aspecto de gnomo y ganase en realismo. Santa Claus se hizo más alto, grueso, de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros y amables, y vestido de color rojo con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. El personaje estrenó su nueva imagen, con gran éxito, en la campaña de Coca-Cola de 1931, y el pintor siguió haciendo retoques en los años siguientes. Muy pronto se incorporó a sí mismo como modelo del personaje, y a sus hijos y nietos como modelos de los niños que aparecían en los cuadros y postales. Los dibujos y cuadros que Sundblom pintó entre 1931 y 1966 fueron reproducidos en todas las campañas navideñas que Coca-Cola realizó en el mundo, y tras la muerte del pintor en 1976, su obra ha seguido difundiéndose constantemente.

Por el cauce de las postales, cuentos, cómics, películas, etc. norteamericanas, la oronda figura de Santa Claus sigue ganando popularidad en todo el mundo, y hoy puede decirse que constituye la advocación más universal y conocida, y también la más laica y comercial, de todas las derivadas del San Nicolás de Bari que desde el siglo IV se ha considerado tradicional protector de los niños.

Thomas Nast's Christmas Drawings for the Human Race (Nueva York, 1890).
WEISER, Francis X. Handbook of Christian Feasts and Customs (Nueva York, 1958).
RODRÍGUEZ, Pepe, Mitos y ritos de la Navidad: origen y significado de las celebraciones navideñas. (Barcelona, 1997).
J. M. Pedrosa.
(fuente: aciprensa.com)

¿Qué se hizo de la cuna del Niño Jesús?

La “Sagrada Cuna”, aunque muchos podrían pensar que se encuentra en Belén, en realidad se encuentra en la actualidad en Roma, en la Basílica de Santa María la Mayor, y aquí contamos su historia que data de los años del Concilio de Éfeso en el 431.

La basílica dedicada a Santa María es un “santuario”, que puede considerarse como la “catedral” de la catequesis mariana primitiva y medieval. Quien entra en ella se encuentra arropado por huellas marianas que están ahí desde tiempos paleo-cristianos y también desde los inicios del segundo milenio.

La construcción y dedicación de la basílica de Santa Maria Mayor tuvo lugar a partir y como fruto del concilio de Éfeso (431), celebrado bajo el pontificado de Celestino I (422-432).

Su sucesor, el Papa Sixto III (432-440), que dedicó el templo a la “Virgen”, había sido enviado por el papa Celestino al concilio, siendo todavía diácono.

El concilio de Calcedonia (451) determinó posteriormente con más exactitud la terminología: en Cristo hay una sola persona (divina) en dos naturalezas (la divina y la humana).

En el contexto cultural histórico, la mentalidad helenística encontraba dificultad en aceptar la encarnación de la divinidad, salvando armónicamente humanidad y divinidad.

En Antioquía y Constantinopla se subrayaba la humanidad. En Alejandría (Egipto), la divinidad (espiritualidad). En Roma se prestaba más atención a la virginidad y maternidad de María.

Éfeso y Calcedonia muestran a María madre de la única persona divina del Verbo encarnado, con su doble naturaleza, divina y humana.

Con el tiempo, la basílica fue cambiando el nombre, al principio se la llamaba Santa María del Pesebre, como nos muestran los indicios históricos y literarios donde se da a entender que el Papa Sixto III (432-440) instituyó en la primitiva basílica o junto a ella una especie de “gruta de la Natividad” del Señor, para celebrar la memoria del misterio de Belén.

Pero este “pesebre” no era una representación plástica del nacimiento del Señor por medio de figuras, puesto que esta plasticidad tiene lugar a partir del siglo XIII en tiempo de san Francisco de Asís.

Propiamente era un “oratorio” con altar propio y con algunos signos que hacían referencia a Belén, aun prescindiendo de la llegada de las reliquias de Belén.

En la biografía del Papa Sergio II (844-847) se habla de camera Praesepis, que el Papa hizo decorar y que estaba contigua a la basílica de la “Madre de Dios”, llamada también “Mayor”.

En relación con el título de “Liberiana”, la basílica tiene también, desde antiguo, el título de Santa Maria de las Nieves (ad nives), según una “leyenda” o “tradición” multisecular: “Me construirás una Iglesia en el lugar donde mañana encuentres nieve fresca”.

El prodigio al que la tradición atribuye el origen de Santa María la Mayor tiene lugar la noche anterior al clamoroso descubrimiento. Imaginen una nevada en Roma, a principios de agosto, pleno verano, hoy podría ser una broma del “clima-ficción”. Y no sería muy distinto en la Roma del fin del imperio.

Pero es lo que la Virgen comunica en sueños, al mismo tiempo, la noche del 4 de agosto del año 358 al Papa Liberio y a un tal Juan, patricio de la Urbe: una Iglesia donde mañana haya nieve fresca.

El patricio Juan la mañana del 5 corre donde el Papa para comunicarle la increíble visión nocturna y poco después la confirmación del milagro: la colina del Esquilino amanece blanca por una nevada de agosto.

En 1590, la llamada capilla “sixtina” suplantó a la capilla del Pesebre. El Papa Sixto V encomendó la construcción de esta capilla al arquitecto Domenico Fontana.

En la cripta, bajo el tabernáculo, se colocó el pesebre de Arnolfo de Cambio que fue construido en 1198-1216 por orden de Inocencio III y debido a la desaparición en el siglo XVI de algunas figuras del pesebre primitivo. Fontana hizo transportar (1589) en bloque el Pesebre de Arnolfo de Cambio, desmantelando la antigua capilla del Pesebre.

La capilla “sixtina” (de Sixto V) tuvo como objetivo custodiar el Santísimo Sacramento y, en la cripta debajo del altar, las reliquias del Pesebre. Pesebre y Eucaristía, están, pues, relacionados.

El tabernáculo es monumental y reproduce la maqueta de la misma capilla. En el altar también quedan reproducidas algunas escenas de la Navidad.


Las reliquias de la Sagrada Cuna

Las reliquias o restos de la Cuna tienen especial valor mariano, por el hecho de ser “memoria” de la actuación virginal y materna de María: “Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2,7).

Las madres palestinas solían poner al niño en una cuna de barro cocido (por supuesto, con la ropita necesaria), que podía apoyarse sobre un caballete (en forma de aspa) o simplemente colocarse en el suelo o en otro lugar.

De un objeto o “pesebre” semejante, habla Orígenes (año 248). “En Belén se muestra la gruta donde nació Jesús y el pesebre donde fue envuelto en pañales”.

San Jerónimo, que se encontraba en Belén desde el año 386, en una homilia detalla que el pesebre había sido de arcilla, pero que luego fue cambiado por uno de plata.

El santo se lamenta del cambio, pero también reconoce y agradece la devoción de los fieles, aunque él preferia el pesebre anterior, de arcilla.

En Belén, desde el siglo V, la “cuna”, de oro y plata, quedaba iluminada con lámparas. Los peregrinos tomaban tierra y polvo de la gruta como reliquias. Con el tiempo, en vez de tierra, también traían pedazos de madera.

Algunos tienen la hipótesis de que las reliquias de la cuna fueran enviadas por san Sofronio de Jerusalén, al Papa Teodoro I (642-649), de origen oriental, a consecuencia de las dificultades originadas por la invasión musulmana. Precisamente es en tiempos del Papa Teodoro, cuando la basílica se llama Sancta Maria ad Praesepe.

Como ya dijimos antes, el Papa Sixto V hizo colocar las reliquias de la Cuna bajo el altar de la capilla “sixtina”, construida con este objetivo.

En 1606, la Reina de España Margarita de Austria, ofreció un relicario de plata, que desapareció en los disturbios de 1797. Se encargó un nuevo relicario a modo de urna oval, de cristal y plata dorada parcialmente, a Giuseppe Valadier (1762-1839); era una oferta de la duquesa española Manuela de Villahermosa.

En esa urna, que es la actual, hay bajorrelieves del Pesebre, la adoración de los Magos, la Fuga a Egipto, la última cena. Sobre la urna, un niño Jesús, de oro puro, que bendice. Dos querubines, cada uno con un vaso de cristal, que custodia algunas reliquias (supuestamente, heno del pesebre y un fragmento del velo de María).

La restauración se inauguró en 1864 y allí se trasladó la reliquia de la Cuna. Después de la muerte de Pío IX, el Papa León XIII quiso erigir en el hipogeo una estatua orante de su predecesor, que había definido la Inmaculada en 1854.

Actualmente en la urna de la Cuna se conservan cinco listones de madera, en posición horizontal (uno de los listones no es auténtico). Con cuatro listones se puede montar un caballete para sostener una “cuna” de barro cocido, que era usual entre las mamás de Palestina, como hemos indicado más arriba.

La devoción a la Cuna es multisecular y manifiesta el deseo de imitar la humildad de Jesucristo y expresarle el propio amor, como en el caso de los santos más relacionados con esta devoción: san Carlos Borromeo, san Ignacio de Loyola, santa Brígida y san Cayetano de Thienne, entre tantos otros.

También es importante constatar la piedad o devoción, la veneración a la imagen de la Virgen llamada de “San Lucas” y, más recientemente, Salus Populi Romani. Una devoción tan querida por san Juan Pablo II y Papa Francisco a la que dedicaremos un artículo especial, contando esta antigua tradición tan querida por el pueblo romano.

(fuente: aleteia.org)

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Quieres reconciliación? Empieza ahora

Es muy sencillo: piensa en aquellas personas a las que has afectado y a las que no has podido perdonar...

¿Cuál es la mejor manera de vivir la Navidad? En Paz.

Jesús quiere que recibas su Paz y la transmitas al mundo entero.

Viene el Príncipe de la Paz y debemos ser portadores de esa Paz sobrenatural.

¿Cómo hacerlo? Es muy sencillo. Piensa en aquellas personas a las que has afectado y a las que no has podido perdonar.

Yo lo hice. Y he decidido perdonar y pedir perdón. Aquellos a los que he causado molestias voy a sorprenderlos. Haré algo extraordinario. Les pediré que me perdonen y si de alguna manera puedo reparar el daño causado, lo haré.

Este es el mejor momento para la reconciliación.

(fuente: aleteia.org)

viernes, 18 de diciembre de 2015

Adviento en el Año de la Misericordia

Su invitación es para ¡ya!, así que bien podemos empezar a responderla, por lo pronto, durante lo que resta del Adviento, mientras nos preparamos para la Navidad. Esta semana el Papa Francisco inauguró el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, un Año Santo en el que nos invita a “ser misericordiosos como el Padre”, lo cual implica abrir nuestro corazón a recibir y compartir la misericordia de Dios.

He aquí cuatro sugerencias prácticas, inspiradas en lo que nos propone el Papa en la Carta Pastoral ‘El rostro de la misericordia’, donde dio a conocer lo relativo al Jubileo.


1. Lee la Palabra.

Acostúmbrate a iniciar y terminar tu día, leyendo la Palabra de Dios. Las Lecturas de Misa en estos días son bellísimas y es una delicia reflexionarlas. Puedes leerlas en tu Misalito mensual o en una pantalla. Deja que iluminen tu caminar hacia la Navidad.


2. Reconcíliate

Haz una buena Confesión, reanuda o reafirma tu amistad con Dios. En todas las diócesis hay ‘agentes de la misericordia’, sacerdotes autorizados a perdonar pecados que ordinariamente sólo puede perdonar la Santa Sede, y también se podrá obtener indulgencia plenaria realizando una peregrinación y cruzando el umbral de alguna Puerta Santa de las que se han abierto en Catedrales, Basílicas y templos principales de todo el mundo. Aprovecha esta oportunidad, para quitar todas las barreras que te impidan abrirte a la gracia con que Dios te quiere colmar.


3. Perdona y pide perdón

Mucho daña y divide a una familia, comunidad parroquial, laboral, etc. que haya miembros peleados entre sí, que no se soportan, que no se hablan, que amenazan: ‘si va fulano-a al festejo navideño ¡yo no voy!’.

Qué bueno sería aprovechar este tiempo de misericordia para desterrar la soberbia y el resentimiento de nuestro corazón, y decidirnos por fin a perdonar y/o a pedir perdón. Que por nosotros no quede, que en este Año de la Misericordia seamos, en nuestro mundo, promotores de paz y de unidad, no de división.


4. Realiza obras de misericordia

Busca la manera de convertir en obras de misericordia, tus prácticas habituales de esta temporada. Por ejemplo, dentro de las obras corporales, prepara una canasta navideña con una sabrosa despensa y envíala anónimamente a una familia necesitada; regala ropa buena y calientita; visita a algún enfermo o ancianito y llévale una flor de Nochebuena que le alegre su recámara; invita a tu cena navideña a alguien que no tiene con quién celebrarla; da regalos anónimos a quien no los espera y que no te puede corresponder.

Dentro de las obras espirituales, comparte con alguien el verdadero significado de la Navidad; consuela a alguien que vive esta temporada como tiempo de nostalgia o de tristeza por la ausencia de seres queridos; proponte no tomar nada a mal, supón la buena intención de los demás y perdona de inmediato las ofensas; soporta, no con mal disimulada impaciencia, sino con buena voluntad (y buena cara), a las personas difíciles con las que tendrás que convivir; y date un tiempo cada día, para tu oración personal y para orar en familia o en comunidad por las intenciones de todos y por la paz mundial.

El Papa anima a que recemos la Coronilla de la Misericordia, un rezo muy poderoso y a la vez muy sencillo, que toma sólo cinco minutos. Habitúate a rezarla, ¡vale la pena!

Como ves no es difícil incorporar prácticas de misericordia a la vida cotidiana, y es muy importante, porque como dice el Papa, la misericordia debe ser nuestro distintivo como cristianos, dejar que Dios nos colme de ella y desbordarla sobre otros.

A partir de este Adviento, hagamos realidad el sueño de Francisco, de que “a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros.” (MV 5).

escrito por Alejandra María Sosa Elízaga
(fuente: www.siame.mx)

jueves, 17 de diciembre de 2015

El Origen de la Fiesta de la Navidad y otras preguntas para que no te sorprendan

En la catedral de México el Sr. Cardenal enciende la primer vela el primer domingo de adviento con la que se inicia el tiempo de preparación a la Navidad y al mismo tiempo el inicio del Año Litúrgico.


¿Existen algunos signos del Adviento?

Aunque el signo principal es el color morado, se han creado otros como el pino y la corona de Adviento que recuerda: con sus 4 velas los 4 domingos de preparación, incluso las velas pueden ir del color morado hasta el blanco, pasando por el rojo y el rosa. Las cuatro velas velas representan los cuatro puntos cardinales y por lo tanto la universalidad (catolicidad) de la salvación. Actualmente se ha introducido una costumbre que rompe el signo de los cuatro puntos cardinales al añadir una vela más. Esta nueva vela pretenden que signifique el nacimiento de Cristo, pero en todo caso esta vela debería colocarse en el centro respetando las otras cuatro. El círculo de la corona representa la renovación y la eternidad que nos trae Jesucristo. Las ramas de pino recuerdan la inmortalidad, porque a diferencia de otros árboles que pierden su follaje en invierno, el pino se mantiene siempre verde. El mismo significado tienen las “piñas” del pino. Finalmente el color rojo es signo del amor y la caridad. La costumbre de la corona de Adviento inició en la región de Alemania y se ha ido extendiendo por el mundo.


¿En la Catedral y en las iglesias de México se utiliza la corona de adviento?

En la mayoría de las iglesias se utiliza este signo. En la catedral de México el Sr. Cardenal enciende la primer vela el primer domingo de adviento con la que se inicia el tiempo de preparación a la Navidad y al mismo tiempo el inicio del Año Litúrgico.


¿Existen algunas fiestas marianas de preparación a la Navidad?

Si. Para recordar que por medio de la Virgen María recibimos a Jesucristo, algunos días antes de la Navidad se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Esta fiesta presenta a María concebida sin pecado como la mejor mujer en la que el Hijo de Dios se encarna y se hace hombre. También se hace alusión a la profecía de que cuando una virgen diera a luz a un niño, ese niño sería el Mesías.


¿Se puede considerar la fiesta de la Virgen de Guadalupe como una preparación a la Navidad?

Si. Sobre todo porque las apariciones inician al día siguiente de la fiesta de la Inmaculada Concepción y van del 9 al 12 de diciembre. En la imagen de Guadalupe, María está embarazada y a punto de dar a luz. Por eso está ceñida en la parte. Los rayos del sol que la rodean significan que en su vientre está el verdadero sol, la verdadera luz y por eso la luna va disminuyendo a sus pies. El signo es claro: el día vence a la noche, la luz vence a la oscuridad. Este simbolismo es el mismo de la fecha de Navidad.


¿El árbol de Navidad tiene algún significado cristiano?

Los árboles, con sus distintas características han recibido diversos significados. Así por ejemplo, el roble significa la fortaleza, el ciprés por su esbelta figura que apunta a lo alto significa la oración y el camino divino. El sauce la vida enraizada en las aguas de la fe, etc. Tomando en cuenta que durante las estaciones del otoño e invierno la mayoría de los árboles pierden su follaje y parecen morir mientras el pino conserva su follaje y su color verde, el pino se convirtió en diversas culturas un signo de inmortalidad. Así ingresó a las fiestas navideñas. Por otra parte, cualquier rama de árbol o el pino completo también puede representar aquella profecía que menciona que del tronco de Jesé nacerá un retoño y se convertirá en el salvador del pueblo de Dios. Si recordamos que Jesé es el padre del rey David, y que Jesucristo es de su descendencia, comprenderemos que Jesucristo es ese renuevo.


¿Es cierto que la celebración de las posadas fue inventada en España y después traída a México?

No. Las posadas son una celebración nacida en México. Los indígenas de la región del centro del país acostumbraban celebrar el nacimiento del sol con cantos y luces. Tomando en cuenta esta idea los misioneros predicaron que Jesucristo era el verdadero sol y por lo tanto aprovecharon las celebraciones indígenas para darles un nuevo significado. Así se preparó un novenario para recordar las dificultades de María y José para encontrar posada. La primera celebración de las posadas fue en el convento agustino de Acolman, muy cercano a Teotihuacan. También se les fueron añadiendo otros elementos festivos.


¿Cuándo se inventaron las posadas?

En 1587 fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V una bula (permiso) en la que autorizaba en la Nueva España, la celebración de unas misas llamadas “de aguinaldo” que se celebraban en los atrios de las iglesias del 16 al 24 de diciembre. Así podemos comprender que las posadas incluyeron inicialmente la celebración de la misa y se realizaban en el interior de las iglesias. Posteriormente y sin la celebración de la misa pasaron de los atrios de las iglesias al ambiente familiar en barrios, calles y patios, tomando un carácter popular. También se les fueron añadiendo otros elementos festivos.


¿De done surge el aguinaldo?

De acuerdo al comentario anterior la palabra “aguinaldo” se deriva de las misas del novenario de preparación a la Navidad. Como en ellas se obsequiaban cosas, la palabra “aguinaldo” pasó a significar un regalo que se da con motivo de la Navidad. Así se llama “aguinaldo” a la canastita o bolsita con colaciones y también a la gratificación anual de los trabajadores.


¿La tradicional piñata es mexicana?

No. La piñata tuvo sus orígenes en China. Estaba fabricada con varillas de madera y papel y era utilizada en los días festivos. Posteriormente pasó a Europa. En Italia la comenzaron a fabricar con una olla de barro forrada de papel (de China) dándole la forma de una piña de pino, por eso se le comenzó a llamar “pignata”. Más tarde pasó a España y a México, pero al llegar a México se le dio la forma de la estrella navideña que anunció el nacimiento de Cristo. Con el paso de los años se le fueron dando distintos significados y distintas formas. Algunos de los significados de los 7 picos de la estrella eran los pecados capitales que tenían que ser destruidos. Al cubrirse los ojos no faltó quien quisiera significar ese acto con la fe y finalmente el palo con el que se destruía la piñata pudo llegar a significar las virtudes para luchar contra el mal. Los premios que salían de la piñata eran el premio a la vida virtuosa.


¿Por qué a la misa del 24 de diciembre se le llama misa de Gallo o de Nochebuena?

La celebración de Navidad iniciaba desde la noche de tal manera que los fieles velaban para recibir festivamente el día de la Navidad. A esa celebración se llevaba un gallo para que con su canto anunciara la llegada del día santo. A cada canto del gallo se hacían festejos.

La palabra Nochebuena se utiliza para indicar la noche anterior al día de Navidad. El nacimiento de Cristo se celebra el día 25 de diciembre desde las primeras horas.


¿Existió Santa Claus?

Si. Se le conoce como San Nicolas de Mira, por la ciudad en donde fue obispo (Asia) o San Nicolás de Bari (Italia), a donde fueron llevadas sus reliquias en 1806. Nació a finales del siglo III y murió en el siglo IV. Utilizó la herencia de sus padres para hacer el bien a los niños, a los pobres, a los prisioneros y a las jóvenes casaderas. Se le festeja el 6 de diciembre.

Una compañía de refrescos cambió su representación convirtiendo su mitra en un sombrero con borla blanca, su casulla de obispo en saco y pantalón, además de engordarlo notablemente.

escrito por P. José de Jesús Aguilar Valdés 
(fuente: www.ciame.mx)

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Cómo vivir intensamente el Año Santo y lo que resta del Adviento?


Este domingo 13 de diciembre el Arzobispo de México abrió la Puerta Santa en el Año Jubilar de la Misericordia en la Catedral.

El jubileo extraordidinario de la Misericordia convocado por el Santo Padre el Papa Francisco y la liturgia de adviento están profundamente impregnados de alegría, de espera confiada y serena, de esperanza fundada. La síntesis del mensaje de estos acontecimientos que estamos celebrando la encontramos en la Antífona de Entrada, tomada de la carta de San Pablo a los Filipenses: "Estén siempre alegres en el Señor, se lo repito, estén alegres. El Señor está cerca". Este clima de alegría y de intimidad permea el Himno del Profeta Sofonías: "Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén". La atmósfera de alegría, de novedad, el despuntar de un nuevo amanecer para la humanidad, tienen su fundamento en el anuncio que hoy nos ha hecho San Juan en el Evangelio de San Lucas: "Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego". Ese bautizmo que recibimos lo hemos conmemorado al pasar la Puerta Santa rociandonos con el agua que nos dio la vida.

Sí, el Adviento y la celebración del año Santo son el anuncio de la buena noticia simbolizada en el Evangeliario que mostramos en la Puerta Santa para los que están dentro y para los que todavía están fuera, "fiesta de gozo y de salvación", como rezamos hoy en la oración: "Concédenos celebrar el gran misterio de nuestra salvación con un corazón nuevo y una inmensa alegría". Estamos alegres porque "Aguardamos la alegre esperanza: la aparición gloriosa de nuestro Salvador". Condición previa para que aflore en nuestra conciencia el gozo navideño es el deseo de la visita de Jesús a nuestra vida aquí y ahora. En el Evangelio de hoy se nos resalta que el pueblo estaba en expectación por la venida del Mesías prometido. ¿Estamos nosotros de verdad esperando la llegada de Jesús, o simplemente celebramos un aniversario histórico? ¿De verdad queremos celebrar un año Santo como camino nuevo para nuestra vida?

Otros, y qué bueno, esperan mesías políticos, liberadores de situaciones injustas; magos de las finanzas, que arreglen la balanza de pagos y la Bolsa y suban el nivel de vida; creadores de bienestar y progreso material; líderes que solucionen los problemas sociales acuciantes: hambre, violencia, incultura. Pero, nosotros los cristianos, ¿de verdad esperamos, a Aquel que puede cambiar nuestra vida y nuestra historia? La liturgia de este domingo además de motivarnos a la alegría, nos presenta varios rasgos del Mesías auténtico, para abrir nuestro deseo de su venida y para que no lo confundamos con ningún otro mesianismo por atractivo que parezca.

De Jesús nos dice el Bautista en el Evangelio de hoy: "Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego". Y el mismo Jesús nos dirá más tarde: "Yo he venido a traer fuego a la tierra, y estoy en ascuas hasta que prenda... Reciban el Espíritu Santo". Las dos promesas, fuego y Espíritu Santo, son la misma realidad: El Amor. Y es que Jesús vino a bautizar, a inundar el mundo con el fuego espiritual del amor cristiano. Nuestro mundo se muere de frío porque está impregnado de odio, indiferencia y egoísmo. Nuestro mundo sólo puede revivir y transformarse por el calor del amor con que nos vino a inflamar Jesús.

Otra faceta del Mesías anunciado por el profeta Sofonías es la de Salvador: "El Señor, tu Dios, tu poderoso Salvador, está en medio de ti". Y nosotros siguiendo a Isaías repetiremos en la comunión: "He aquí que vendrá nuestro Salvador, ya no tengan miedo". Es tan característico este papel en Jesús, que su mismo nombre significa "Dios-Salva". Y la tradición de la Iglesia le apellida así: El Salvador. Pero "¿Jesús, guerrero que salva? Sí, porque quiere convencernos con las armas pacíficas del corazón: la misericordia, el perdón, la amistad. Por esto debemos desear su vuelta, porque nuestra época, que grita por la liberación, necesita un Salvador que nos libere de nuestros rencores, egoísmos y opresiones.

Si queremos ser fieles al retrato de Jesús que nos da Juan el Bautista no podemos omitir otros dos rasgos: Jesús viene a nosotros como Señor y Juez: "Ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias... El tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue". Y es que ese Jesús que contemplamos ahora misericordioso y amoroso en Belén, volverá con gloria Señor y Juez. Juicio y señorío alegres para los que queramos recibirlo ahora y siempre como Salvador y Amor.

Por todo esto, el Adviento a fondo es tiempo de acción para conseguir una alegría profunda. Ante la expectativa del Mesías, "En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: ¿Qué debemos hacer?". Es la actitud que nosotros debemos adoptar, si queremos celebrar el Año Santo y prepararnos de verdad a la Navidad. Hay que aterrizar en la acción cristiana, si no queremos engrosar las filas de los contradictorios creyentes no - practicantes. La fe se demuestra con obras, sino, está muerta, no es verdadera fe. El Bautista es muy claro: "Quien tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga comida, que haga lo mismo". "No cobren más de lo establecido... No extorsionen a nadie ni denuncien a nadie falsamente, sino conténtense con su salario".

En resumen, la celebración del Año de la Misericordia y la preparación a la Navidad en serio es un cumplimiento cada vez mejor de los deberes propios ante los derechos fundamentales de los demás: vida, vestido, vivienda y alimento. Se trata de practicar una justicia cada vez mayor, respetando la dignidad de las personas y repartiendo equitativamente cargas y beneficios. Si alguien piensa que es más alegre una preparación folklórica, convénzase de que esa alegría superficial sólo será gozo profundo si llega a la práctica de la justicia. Y sobre todo del amor. Porque el Jesús misericordioso nacido en Belén nos salvó por el amor, y del amor nos juzgará en la tarde de la vida.

Homilía pronunciada por el Card. Norberto Rivera en la Catedral Metropolitana de México
Domingo, 13 de diciembre de 2015
(fuentes: aciprensa.com; siame.mx)

sábado, 12 de diciembre de 2015

El Adviento, preparación para la Navidad

Tiempo para prepararse y estar en gracia para vivir correctamente la Navidad  


Significado del Adviento


La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.


Algo que no debes olvidar

◙ El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
◙ El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
◙ En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
◙ Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
◙ Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.


Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano. De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

escrito por Tere Vallés 
(fuente: catholic.net)
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