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sábado, 14 de agosto de 2010

Síndrome de Peter Pan: “¡No quiero crecer!”

El síndrome de "Peter Pan" se ha convertido en casi una enfermedad social: la de aquellos que no quieren terminar de madurar.

El síndrome se manifiesta en aquellos que, aunque llevan una vida profesional exitosa, en su vida se siguen comportando como adolescentes, es decir, egocéntricos, irresponsables y ávidos de la última diversión. 


El psicólogo norteamericano Dan Kiley denominó como Síndrome de Peter Pan al conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe o no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre. Pese a ser un problema que se produce en ambos sexos y a todas las edades, el síndrome de Wendy es mucho menos frecuente.


Compartir un proyecto de vida en común con alguien que es incapaz de sacrificar o apartar los placeres de la juventud para poner todo lo que tiene para conseguir unas metas, no siempre fáciles, pero necesarias, a parte de producir insatisfacción, acaba convirtiéndose en un lastre a la hora de luchar por conseguir esos objetivos.
 


Ante la imposibilidad de encontrar la fuente de la eterna adolescencia, parte de los hombres de la sociedad actual han optado por anclarse en una juventud que si no física, si les garantiza la psicológica y la comodidad de afrontar el día a día sin ir más allá, una especie de carpe diem (aprovecha el día) cuya problemática aumenta proporcionalmente con la edad física del individuo.


Por mucho que pueda pesar, el paso del tiempo es ineludible y nadie escapa a él, ni siquiera estos Peter Pan modernos. Su comportamiento sigue siendo como el de un adolescente. Pese a su sonrisa casi imperecedera y a tratarse de personas muy divertidas y con unas inmensas ganas de disfrutar de todo los aspectos de la vida, tras esa apariencia se esconde alguien tremendamente inseguro con un terrible miedo a la soledad. 


La inseguridad también se plasma en el campo afectivo. A pesar de una aparente seguridad en sí mismos, son personas que necesitan grandes dosis de afecto y la necesidad de una mujer a su lado que se lo pueda ofrecer. Pese a esta dependencia, cuando la relación se torna en algo más serio y empieza a requerir dosis cada vez más altas de compromiso y responsabilidad, se asusta y acaba produciendo la ruptura de la pareja. 
Esto es una de las causas de que cambien continuamente de pareja, buscando incluso chicas más jóvenes, que impliquen menos planes de futuro y a su vez puedan contagiarse de su inmadurez.

En el caso de coincidir en una pareja un Peter Pan y una Wendy, es posible que con el paso del tiempo cada uno acabe en la casa de sus padres. (Cfr. www.mundogar.com).
 
Durante el tiempo que se está bajo este síndrome, se vive con vistas a muy corto plazo, la persona se siente insatisfecha con lo que le rodea pero sin hacer nada para solucionarlo. Su búsqueda de satisfacción en cada momento, le hace recurrir al alcohol y las drogas como forma instantánea de obtenerla. Buscan siempre la culpabilidad de todo lo que sucede a su alrededor en los demás, sin que nunca se sienta realmente parte del problema, y ni siquiera de la solución.
 


Ana Luisa Gastón escribe: “La relación de este síndrome con la novela es que en el país imaginario Nunca Jamás el lema de los niños que viven allí es "no querer crecer nunca". O sea, permanecer siempre niño, aun siendo adultos”.

Por ejemplo, hay personas que se sienten bien cuando los demás les aprueban y se sienten mal cuando les reprueban . En estos casos uno deja en manos de las demás conciencias su propio bienestar. Una de las razones posibles por lo que esto acontece es por la falta de conocimiento propio.
 


La psicóloga Iris Pugliese, codirectora del Centro Psicoanalítico Argentino, cuenta entre los síntomas del síndrome “la falta de responsabilidad, actitudes de desamparo, extorsión emocional y una alegre y despreocupada visión de la vida”. Y dice que estas personas, independientemente de su edad, siguen actuando y sintiendo como adolescentes. “Sería, por simplificar, tener un cuerpo de adulto con una mentalidad de niño”, ejemplifica. Y agrega que si no se supera esta fase, el problema ocasiona quejas emocionales, como baja autoestima: “ya que lo quiere todo, no quiere renunciar a nada de lo que tiene ni está dispuesto a poner nada de su parte para conseguir las nuevas metas y objetivos. No obstante, se queja y echa siempre la culpa a los demás. No se siente parte del problema o dificultad”.


El psicólogo Andrés Sánchez Bodas, Director de Holos San Isidro, atribuye este problema a dos causas. Por un lado, está el factor social: con el alargamiento de la expectativa de vida, los tiempos en los que las personas alcanzan diferentes metas se han atrasado; por eso, ahora se considera que la adolescencia puede durar hasta los 30 años. Por otra parte, aparecen los motivos personales: las personas que “no quieren crecer” ven como ventajas el no asumir compromisos ni responsabilidades. “Además –observa-, hay una valoración exacerbada de la juventud”, planteada especialmente por los medios de comunicación. Y explica que este mecanismo genera “una vuelta a la histeria; a vivir solamente en el presente”.
 
El psiquiatra español Aquilino Polaino tiene un libro, en la editorial Descleé de Brower sobre este tema, y da sugerencias a los padres de familia para evitarlo.
 


Escrito por Martha Morales
(fuente: www.almas.com.mx)

viernes, 13 de agosto de 2010

Ave María, oración de Juan Pablo II

¡Dios te salve, María!
Te saludamos con el Angel: Llena de gracia.
El Señor está contigo.
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con las palabras del Evangelio:
Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has cumplido.


¡Tú eres la llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos; Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.


¡El Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad entera al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la visitación.
Tú eres la Madre de Jesús, nacido en Belén, la que lo mostraste a los sencillos pastores y a los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a Nazaret.
Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
Tú eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.


Bendita...
porque creíste en la Palabra del Señor,
porque esperaste en sus promesas,
porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel,
por tu bondad materna en Belén,
por tu fortaleza en la persecución,
por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo,
por tu vida sencilla en Nazaret,
por tu intercesión en Cana,
por tu presencia maternal junto a la cruz,
por tu fidelidad en la espera de la resurrección,
por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos,
por tu maternal protección sobre la Iglesia,
por tu constante intercesión por toda la humanidad.


¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a ti.
Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
Porque tu Hijo Jesús nos confió a ti.
Porque has querido ser Madre de la Iglesia.
Nos consagramos a ti:
Los obispos, que a imitación del Buen Pastor
velan por el pueblo que les ha sido encomendado.
Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu.
Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida
por el Reino de Cristo.
Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados,
los perseguidos, los huérfanos, los desesperados,
los moribundos.


¡Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos.
Te pedimos por la Iglesia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos de esta tierra bendita.

Te suplicamos que toda la Iglesia se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.

¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
¡Virgen, Madre nuestra! Ruega por nosotros ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y rencores, la reconciliación de todos los hermanos.

Que cese la violencia y la guerrilla.
Que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure una convivencia pacífica.
Que se abran nuevos caminos de justicia y de prosperidad. Te lo pedimos a ti, a quien invocamos como Reina de la Paz.


¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
Te encomendamos a todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, a todos los que han muerto en las catástrofes naturales, a todos los que en la hora de la muerte acuden a ti como Madre.
Sé para todos nosotros Puerta del cielo, vida, dulzura y esperanza, para que, juntos, podamos contigo glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.


¡Amén!

jueves, 12 de agosto de 2010

Cultivar la fe en familia

Cada familia cristiana es una «comunidad de vida y de amor» que recibe la misión «de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa» (Juan Pablo II, «Familiaris Consortio» n. 17). Es una comunidad que busca vivir según el Evangelio, que vibra con la Iglesia, que reza, que ama.

Para vivir el amor hace falta fundarlo todo en la experiencia de Cristo, en la vida de la Iglesia, en la fe y la esperanza que nos sostienen como católicos.

En estas líneas queremos reflexionar especialmente sobre la responsabilidad que tienen los padres en el cultivo de la fe en la propia familia. No sólo respecto de los hijos, sino como pareja, pueden ayudarse cada día a conocer, vivir y transmitir la fe que madura en el amor y lleva a la esperanza.

Los hijos también, conforme crecen, se convierten en protagonistas: pueden ayudar y motivar a los padres y a los hermanos para ser cada día más fieles a sus compromisos bautismales.

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en familia, nos fijamos ahora en tres: la oración en familia, el estudio de la doctrina católica, y la vida según las enseñanzas de Cristo.

Muchas de las ideas que siguen son simplemente sugerencias o pistas de trabajo. La actitud de fondo que debe acompañarlas, el amor verdaderamente cristiano, da el sentido adecuado a cada una de las acciones que se lleven a la práctica. Un gesto realizado sin profundidad puede secar el alma, puede perder su eficacia. Es posible, sin embargo, iniciar algunos actos sin comprenderlos del todo, pero con el deseo de que nos conduzcan a una actitud profundamente evangélica, a un modo de pensar y de vivir que corresponda plenamente con lo propio de nuestra vocación cristiana.


La oración en familia

La oración es para cualquier bautizado lo que es el aire para los seres humanos: algo imprescindible.
Aprender a rezar toca a todos: a los padres, en las distintas etapas de su maduración interior; a los hijos, desde pequeños y cuando poco a poco entran en el mundo de los adultos.

La oración en la vida familiar tiene diversas formas. El día inicia con breves oraciones por la mañana. Por ejemplo, los padres pueden levantar a sus hijos con una pequeña jaculatoria; o, después de asearse o antes del desayuno, todos rezan juntos una pequeña oración (el Padrenuestro, el Ave María, parte de un Salmo o del Magnificat, etc.).

Otras plegarias surgen de modo espontáneo, según las necesidades de cada día. La familia reza por el examen de selectividad, por la situación de la fábrica donde trabaja papá o mamá, por las lluvias, por el eterno descanso del abuelo...

Son muy hermosas aquellas oraciones que recogen la gratitud de todos y de cada uno. Esas oraciones pueden fijarse en los hechos más sencillos: ya funciona el frigorífero, tenemos pasteles para la merienda, se acercan las vacaciones. O pueden dar gracias por hechos más importantes: el amor entre papá y mamá ha sido bendecido con un nuevo embarazo, acaba de nacer un nuevo sobrino, el abuelo ha superado la pulmonía, un amigo ha ido a encontrarse con Dios...

El clima de oración se prolonga a lo largo del día. Para ello, ayuda mucho crear un hábito de «jaculatorias», pequeñas oraciones espontáneas que dan un toque religioso a la jornada. «Señor, confío en Ti». «Creo, Señor, ayúdame a creer». «Te alabamos, Señor, porque eres bueno». «Gracias, Señor, por esto y por esto». «Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo»...

La hora de comer permite un momento de gratitud y de unión en la familia. ¡Qué hermoso es ver que todos, junto a la mesa, rezan! Algunos hogares recitan el Padrenuestro; en otros, los padres y los hijos se turnan para dirigir una oración espontánea antes de tomar los alimentos.

Otro momento de oración consiste en el rezo del Ángelus (se puede rezar hasta tres veces en la jornada, o si se prefiere al menos a medio día) y del Rosario.

Para los niños (y para algunos adultos también), a veces el Rosario resulta un poco aburrido. Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos, etc., y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Cuando llega la noche, la familia busca un momento para dar gracias por el día transcurrido, para pedir perdón por las posibles faltas, para suplicar la ayuda que necesitan los de casa y los de fuera, los cercanos y los lejanos. Es muy hermoso, en ese sentido, aprender a rezar por las víctimas de las guerras, por las personas que pasan hambre, por los que viven sin esperanza y sin Dios.

La oración constante ha permitido a la familia, chicos y grandes, descubrir que la jornada, desde que amanece hasta la hora de dormir, tiene sentido desde Dios y hacia Dios. Todo ello prepara a vivir a fondo los momentos más importantes para todo católico: los Sacramentos.

Si el Sacramento de la Eucaristía es el centro de la vida cristiana, también debe serlo en el hogar. La familia necesita descubrir la belleza del domingo, la maravilla de la Misa, la importancia de la escucha de la Palabra, la participación consciente y activa en los ritos.

Participar juntos, como familia, en la misa del domingo es una tradición que vale la pena conservar. También cuando los hijos son pequeños. Los padres pueden enseñarles, poco a poco, el sentido de cada rito, las posturas que hay que adoptar, el respeto que merece la Casa de Dios. Son cosas que luego quedan grabadas en los corazones para toda la vida.

La semana se vive de un modo distinto si arranca del domingo y desemboca en el domingo. Durante la semana, la familia busca vivir aquello que ha escuchado, que ha vivido en la celebración eucarística dominical. A la vez, se prepara con el pasar de los días para el encuentro íntimo y personal con Cristo que tendrá lugar, Dios mediante, el domingo siguiente.

Ayuda mucho, en este sentido, hacer «visitas» a Cristo eucaristía durante la semana, de forma personal o en pequeños grupos (el padre o la madre con algunos hijos, varios hermanos juntos, etc.). También es muy provechoso, entre semana, recordar en casa cuál fue el evangelio del domingo anterior, o dar pistas para abrirse a los textos sagrados que serán leídos el domingo siguiente.

Además de buscar maneras para vivir mejor la Eucaristía, también es hermoso recordar el aniversario del bautismo de cada miembro de la familia. Si celebramos el nacimiento, ¿por qué no celebrar también el día en que empezamos a ser hijos de Dios y miembros de la Iglesia? Algo parecido podría hacerse con la confirmación, un sacramento que debemos valorar en toda su riqueza y que debemos tener muy presente en un mundo hostil al Evangelio.

En cuanto al matrimonio, el aniversario de bodas suele ser recordado por muchas familias católicas, incluso con la ayuda de algún día de retiro espiritual. En ese día, los esposos pueden renovar sus promesas matrimoniales, o hacer un momento de oración familiar con los hijos, quizá con la lectura en común de algún texto bíblico (por ejemplo, Tb 8,5-10, o Ef 5,21-33).

Un sacramento que merece ser vivido por todos los miembros de la familia es el de la Reconciliación (la confesión). Los niños quedan muy impresionados cuando ven a sus padres pedir perdón, de rodillas, en un confesionario. No es correcto, desde luego, recurrir a presiones para que se confiesen. Pero sí es hermoso enseñarles lo que es el pecado, lo grande que es la misericordia divina, y cómo la Iglesia pide que nos confesemos con frecuencia.

Un ámbito de la oración familiar se construye con la ayuda de imágenes de devoción. No basta con colocar aquí o allá un crucifijo, una imagen de la Virgen o el dibujo de algún santo. La imagen tiene sentido sólo si evoca y eleva los corazones a la oración y a la confianza en un Dios que está muy presente en la historia humana.

En algunos hogares existe un cuartito en el que se encuentra una especie de «altar de la familia», donde todos se reúnen algún momento del día para rezar juntos, o donde cada uno puede dedicar un rato durante el día para meditar el Evangelio y dialogar de modo personal con Cristo. La tradición es hermosa, pues así es posible tener un lugar concreto donde todo ayuda a pensar en el Dios que tanto nos ama.

Existen otros modos para fomentar la oración en familia que se refieren a los tiempos litúrgicos. Por ejemplo, preparar un Belén en casa y tener ante el mismo momentos de oración y de cantos; ayudarse de la «Corona de Adviento» o de otras iniciativas parecidas para prepararse a la Navidad; dar un especial relieve a la Cuaresma como tiempo de oración, limosna y sacrificio; participar intensamente en la Semana Santa, de forma que permita a todos unirse íntimamente a Cristo; descubrir en familia el sentido gozoso de la Pascua y de Pentecostés, que ayude a participar del triunfo de Cristo y a descubrir la presencia del Espíritu Santo en lo más íntimo del corazón cristiano...


Por Fernando Pascual
Gentileza del Boletín Ideas Claras
(fuente: www.iglesia.org)

miércoles, 11 de agosto de 2010

Grávida, una esperanza para todos

GRAVIDA es un servicio eclesial que recrea la pedagogía del amor y la misericordia para salir al encuentro y transformar desde el corazón la cultura de hoy.

Bajo la modalidad de centro de acogida a la vida se integra en la pastoral diocesana y parroquial para abrirse a la sociedad toda y alentar un servicio efectivo y concreto fundado en el tratamiento del amor para evitar el aborto y promover el cuidado responsable de la vida.

Con la creación de centros de ayuda, alienta una estrategia común como Iglesia para concientizar y encender desde el servicio una renovada catequesis de la valorización de la vida humana desde el seno materno, como una propuesta reparadora de la cultura antivida.

Grávida es una nueva propuesta que se funda en “una espiritualidad de comunión en acción” que mira a la Virgen como modelo de mujer, madre y discípula ,en su “ser y en su hacer”.



GRAVIDA es una asociación privada de fieles que bajo la modalidad pastoral de Centro de Acogida a la Vida, fue fundada por el Prof. Juan Martín Reddel el 6 de enero de 1989 en San Isidro y constituye su sede central en la ciudad de San Pedro, (Provincia de Buenos Aires, Argentina), lugar donde presta su servicio desde el mes de septiembre de 1993.

La misión de Grávida – Centro de Asistencia a la Vida Naciente – consiste en promover, cuidar y defender la vida del niño desde su concepción y alentar el reconocimiento y valorización de la maternidad. Para ello centra su servicio en la mujer-madre embarazada de los sectores más vulnerables en dificultad y/o en riesgo psico-social, a fin de brindarle orientación, acompañamiento y contención para fortalecerla en su maternidad, mediante la valorización de su ser mujer-madre y así alentar el cuidado responsable de la vida del niño desde que es concebido, durante la gestación y después del nacimiento.

Grávida, desde su acompañamiento a la madre gestante, propone iniciar un nuevo proceso de enseñanza aprendizaje, poniendo el acento en la valorización de la vida humana desde el seno materno para alentar una transformación, tanto en la vida del niño por nacer como en la de su mamá. Se propone salir al encuentro del hombre y de la mujer de hoy para que, mediante una fuerte experiencia de reconocimiento y de valorización de su propia vida, se dispongan a valorar y promover la vida humana en toda su dignidad desde el instante de la concepción hasta la muerte natural.


ÁREAS DE TRABAJO

Desde la coordinación del servicio y en vistas a lograr una mejor organización y efectividad en el cumplimiento de su misión, la tarea se distribuye en áreas con sus respectivos responsables y equipos de trabajo:

El AREA DE ATENCIÓN determina los procedimientos de llegada y atención, de orientación y seguimiento de las destinatarias del servicio.

El AREA DE PREVENCIÓN elabora distintos programas desde una perspectiva preventiva y educativa del cuidado de la vida, para la promoción y capacitación de las jóvenes, madres y embarazadas asistidas, así como también en escuelas donde se trabaja con pre adolescentes, adolescentes y jóvenes.

El AREA DE DIFUSIÓN difunde el servicio de atención y convoca a campañas solidarias y de concientización para sostener el servicio y para movilizar la conciencia social hacia un mayor respeto y compromiso activo con la vida concebida.

El AREA DE FORMACIÓN elabora los programas formativos, de capacitación y de entrenamiento para los voluntarios y auxiliares que se incorporan al servicio


SERVICIOS

Una modalidad de ayuda, acompañamiento y promoción de la mamá con abordaje interdisciplinario durante el período de gestación y crianza del niño y un trabajo preventivo de concientizaciòn para adolescentes y jóvenes:

* Líneas telefónicas de ayuda: Atención de emergencia ante el riesgo inminente de un aborto.

* Visitas domiciliarias

* Entrevistas y orientación especializada para toda embarazada y mamá en situación de riesgo o dificultad

* Acompañamiento personalizado y grupal, especialmente a mamás adolescentes, durante la gestación y crianza de su hijo

* Taller de Gestación para embarazadas

* Taller de Crianza para mamás con hijos de hasta un año

* Talleres específicos para la promoción integral de la mamá: Confección de Ajuares, Cocina y Nutrición Infantil, Microemprendimiento de artesanías – Ventas y comercialización

* Servicio de Ropería para recién nacidos, bebés y niños y sus mamás

* Servicio de Alojamiento para embarazadas y mamás menores sin contención familiar

* Talleres de prevención en escuelas: “Haciendo una opción por la Vida”

* Talleres de prevención y reflexión sobre el valor de la vida humana dirigidos a pre-adolescentes, adolescentes y jóvenes.



Centros GRAVIDA en Argentina

■ Arrecifes
Tel.: (02478) 15466843
gravidaarrecifes@gmail.com

■ Bariloche
Tel.:(02944) 15662945
gravidabariloche@hotmail.com

■ Buenos Aires
Tel.:(011) 4-522-0764
gravidaba@hotmail.com

■ Colón
Tel.: (02473) 15418528
gravidacolon@s11.coopenet.com.ar

■ Catamarca (Chumbicha)
Tel.: (03833) 491159 / 15409871
gravidacatamarca@yahoo.com.ar
gravidacatamarca@hotmail.com

■ Diamante Ciudad - Pquia. San Cipriano
Tel.: (0343) 4983108
gravidadiamante@hotmail.com

■ Esquina
Corrientesgravidaesquina@gmail.com

■ Lomas de Zamora - Ezeiza
Tel.: (011) 42951171
gravidaezeiza@yahoo.com.ar

■ Luján
gravidaenlujan@yahoo.com.ar

■ Morón
Tel.:(011) 1559444038
gravidamoron@gmail.com

■ Paraná
Tel.:(0343)-4234105
gravidaparana@hotmail.com

■ Pergamino
Tel.: (02477)-15616898
gravidapergamino@gmail.com

■ Posadas
Tel.: (03752) 15651886
gravidaposadas@yahoo.com.ar

■ Ramallo
Tel.: (03407) 15409780
gravidaramallo@gmail.com

■ Río Cuarto
Tel.: (0358) 4050247
gravidario4@gmail.com

■ Rosario
Tel.:(0341) 156455755
gravidarosario@ciudad.com.ar
gravidarosario@gmail.com

■ Rufino Ciudad - Venado Tuerto
Tel.: (03382) 420504
pstrinidad@rufinonet.com.ar

■ San Isidro
Tel.:(011)-4763-6250
gravidasanisidro@yahoo.com.ar

■ San Justo Ciudad (Bs.As)
Tel.: (011) 44541854
gravidasanjusto@yahoo.com.ar

■ San Luis
Tel.: (02652) 431848
gravida.sanluis@gmail.com
gravidario4@gmail.com

■ San Nicolás Ciudad - Pquia. de Luján
Tel.: (03461) 15540536
gravidasannicolas@hotmail.com

■ San Pedro
Tel.:(03329)-423465/15612909
gravidacentral@gravida.org.ar
gravidacentral@gmail.com

■ Santa Fe
Tel.:(0342)-4696159
gravida_santafe@hotmail.com
gravidasantafe@gmail.com

■ Santa Rosa, La Pampa
Tel.:( 02954) 15617509

■ Tucumán
Tel.:(0381)-4248325/4975252
gravida_tucuman@hotmail.com

■ Venado Tuerto
Tel.: (03462) 15571066
gravida.vt@gmail.com

martes, 10 de agosto de 2010

Oración por la santificación de los sacerdotes

(escrita por el Papa Pío XII)

Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que por singular generosidad de tu dulcísimo Corazón nos has dado nuestros sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación que tu gracia inspira en nuestras almas; te suplicamos: ven y ayúdalos con tu asistencia misericordiosa.

Sé en ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que tu palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de tu vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.

Concédeles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen tu mayor gloria. Concédeles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en tus manos la tarea bien cumplida, dales, Jesús, Tú que fuiste su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos.

Amén.

lunes, 9 de agosto de 2010

Reproducción Asistida: Argumentos de fondo

¿Fecundación igual a procreación?

¿Cuáles son las implicaciones morales de la fecundación in vitro a la luz del quinto mandamiento?


El 25 de julio de 1978 vio la luz del mundo en la clínica Oldham de Londres, tras un parto cesáreo, Louise Brown, el primer ser humano fecundado en probeta. Pocos meses después nace en Australia por el mismo método otra niña; en mayo de 1981 nace Amandine -el primer caso en Francia-, y en diciembre del mismo año tiene lugar un hecho similar en Estados Unidos. Desde entonces, el método de la fecundación del óvulo humano y de la posterior transferencia de ese óvulo fecundado al útero de la madre (FIVET= Fecundación in vitro con embryo transfer) ha originado ya millares de nacimientos.

En un primer momento podríamos pensar que se trata de un gozoso acontecimiento para la humanidad: sería ésta la solución para algunos matrimonios incapaces de procrear por métodos naturales. Pero las implicaciones morales, psicológicas, sociales y legales nos vendrán a decir que en realidad se trata de una de las mayores aberraciones que se han llevado a cabo en la historia de la humanidad. Veamos por qué.

La FIVET implica de hecho, en varias de sus fases y bajo diversas modalidades, la muerte de embriones humanos. Esa pérdida de vidas humanas se produce tanto en los primeros momentos del embrión, como cuando se transfiere, pero no se llega a implantar, en el útero de la mujer. Deliberadamente el equipo médico lo aborta si ese embrión se ha producido con malformaciones. Sabemos que la vida humana no puede ser objeto de experimentación (como si se tratara de ratones de hámster) para el progreso de la medicina ni para el beneficio de terceras personas. Este principio moral se extiende a toda la vida humana inocente a partir del mismo instante en que comienza.

Al principio, la FIVET se presentó como una técnica para solucionar los casos límites de infertilidad. Buscando no herir la sensibilidad de la gente, se hablaba sólo de FIVET homóloga (es decir, usando sólo gametos de los esposos para la fecundación in vitro e implantando el embrión en el útero de la esposa) -que tampoco es lícita moralmente-, pero ahora se usa indiscriminadamente todo tipo de combinaciones entre gametos del marido o del donante, el óvulo de la esposa o de la donante, implantación en el útero de la madre o el recurso a una “madre alquiler” (en total, si tenemos tiempo de contar, nos saldrían ocho posibles combinaciones). Junto a ello, se plantea el gran desorden moral de los métodos utilizados para las fases previas de la fecundación (por ejemplo, la masturbación, e incluso prácticas aberrantes como unir -destruyéndolos a continuación- gametos masculinos con óvulos de hámster, para determinar si la infertilidad se debe al hombre o a la mujer).

Naturalmente se siguen de esas prácticas tres formas de manipulación biológica o genética que no alcanzarían a imaginar hace unas décadas los autores de ciencia-ficción o los médicos de Hitler: no sólo, como dijimos, intentos de fecundación entre gametos humanos y animales (¿un hombre lobo real?), o gestación de embriones en úteros de animales (¿a alguien le agradaría haber sido llevado y parido por una yegua o una chimpancé?), sino también las intervenciones sobre el patrimonio cromosómico con el fin de seleccionar ciertas cualidades que los padres desearían ver en sus hijos (o los monstruos incontrolables que se originarían por fallas técnicas).

Veintidós años antes de que naciera Louise Brown, el Papa Pío XII alzó su voz para frenar esos intentos que apenas iniciaban. Dijo entonces: “Respecto a los intentos de fecundación in vitro, nos basta observar que se los debe excluir como inmorales y absolutamente ilícitos” (Discurso, 19-V-1956). Y desde entonces, como lo que está en juego es la dignidad e inviolabilidad de la vida humana, la Iglesia no ha callado su voz. Juan Pablo II fue concluyente: “Condeno del modo más explícito y formal las manipulaciones experimentales del embrión humano, porque el ser humano, desde su concepción hasta la muerte, nunca puede ser instrumentalizado para ningún fin” (Discurso, 23-X-1982). Y, como esta aberración no ha hecho más que proliferar abundantemente en los cinco continentes, el Magisterio emitió un documento concluyente el 22 de febrero de 1987: “Donum vitae, sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación”.

“De acuerdo”, podría decirnos un médico progresista con restos de sentido común, “pero dentro de poco las técnicas estarán a tal grado perfeccionadas que ya no se perderán los embriones ni se producirán malformaciones en ellos. Entonces sí la moral no tendrá nada que objetar al FIVET”. Suponiendo que lo anterior se llegara a dar, Dios (no la Iglesia) aún seguiría condenando tal práctica. Veamos la razón.

El hombre es la única criatura de este mundo a la que Dios quiere por sí mismo. Es tal su dignidad que llega a la existencia gracias al acto creador de Dios que infunde un alma espiritual e inmortal al cuerpo concebido por los padres. El amor divino concurre al amor humano de modo que éste es elevado al orden mismo de la creación. Por eso se habla de pro-creación. La sexualidad humana se distingue de la sexualidad animal en que no sólo se ordena a la trasmisión de la vida, sino también al amor. La unión sexual en el hombre es la expresión de una previa unión afectiva y espiritual, por la que el hombre y la mujer se entregan mutuamente de modo total, exclusivo y definitivo. La donación física sería falsa y egoísta si no respondiera a una previa donación afectiva y espiritual, de la que se excluye todo tipo de reserva presente o futura, y por la que el hombre y la mujer -antes de ser una sola carne, como dice crudamente el libro del Génesis- son un solo espíritu, un solo corazón, una sola vida, un solo destino.

Así pues, la procreación y la unión conyugal son dos bienes que funden sus raíces en el valor de la persona. La inseparabilidad de estos dos aspectos pertenece a la ley natural y al orden moral revelado por Dios: “En el acto conyugal no es lícito separar artificialmente el significado unitivo del significado procreador, porque uno y otro pertenecen a la verdad íntima del acto conyugal: uno se realiza juntamente con el otro y, en cierto sentido el uno a través del otro” (Juan Pablo II, Alocución, 22-VIII-84).

En la fecundación in vitro el acto que origina la vida humana no es el acto de amor conyugal, no procede de la unión psicológica y espiritual de las dos personas sino que depende de los operadores técnicos. El niño que va a nacer ha de ser respetado y reconocido como igual en dignidad personal a aquellos que le dan la vida, ya que ha de ser fruto de la auténtica donación de sus padres y no producto de la tecnología científica, objeto de producción y adquisición, sujeto al control de calidad, al uso o al rechazo.

escrito por Ricardo Sada Fernández
(fuente: www.encuentra.com)

domingo, 8 de agosto de 2010

Dios es exigente con sus hijos... desde el Amor

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 12, 32-48)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino. Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón. Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos. Fíjense en esto: Si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, se estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. Pues también ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre".

Entonces Pedro le preguntó a Jesús: "¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?" El Señor le respondió: "Supongan que un administrador, puesto por su amo al frente de la servidumbre, con el encargo de repartirles a su tiempo los alimentos, se porta con fidelidad y prudencia. Dichoso este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que lo pondrá al frente de todo lo que tiene. Pero si este siervo piensa: 'Mi amo tardará en llegar' y empieza a maltratar a los criados y a las criadas, a comer, a beber y a embriagarse, el día menos pensado y a la hora más inesperada, llegará su amo y lo castigará severamente y le hará correr la misma suerte que a los hombres desleales. El servidor que, conociendo la voluntad de su amo, no haya preparado ni hecho lo que debía, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, haya hecho algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

La Fe es un don de Dios. Es cierto. La Fe es una virtud. También es cierto. La Fe es un acto de la voluntad. Cierto también. Pero la Fe es, además, una actitud muy inteligente, porque por medio de la Fe recibimos por adelantado lo que esperamos poseer. ¿Que ... cómo es esto?

Dice San Pablo: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven” (Hb. 11, 1-2.8-19). Y ¿qué es lo que esperamos? Nada menos que el Reino de Dios. Y eso tendremos ... si creemos ... y si actuamos de acuerdo a esa Fe. Jesús mismo nos lo ha prometido: “No temas, rebañito mío, porque mi Padre ha tenido a bien darte el Reino” (Lc. 12, 32-48).

En estas lecturas vemos la conexión entre la Fe y la Esperanza. Esperamos porque creemos, ya que lo que esperamos no lo vemos ... al menos no claramente. Por la Fe creemos, entonces, en lo que no se ve. Creemos en lo que, sin comprobar, aceptamos como verdad. Creemos, además, en lo que esperamos recibir en la Vida que nos espera después de esta vida, aunque no lo veamos y aunque no lo podamos comprobar. Es decir, por la Fe podemos comenzar a gustar desde aquí lo que vamos a recibir Allá. Podemos comenzar a recibir por adelantado lo que luego tendremos en forma perfecta. Podemos comenzar a disfrutar en forma velada lo que se llama la “Visión Beatífica”, el ver a Dios “cara a cara” (1 Cor. 13, 12), “tal cual es” (1 Jn. 3, 2). De allí que la Iglesia Católica se atreva a decirnos en el Nuevo Catecismo: “La Fe es, pues, ya el comienzo de la Vida Eterna” (CIC # 163).

“Ahora, sin embargo, caminamos en la Fe, sin ver todavía” (2 Cor. 5, 7), y conocemos a Dios “como en un espejo y en forma opaca, imperfecta, pero luego será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a El como El me conoce a Mí” (1 Cor. 13, 12-13). (cf. CIC #164)

Hay que vivir en Fe, aunque por ahora no podamos ver claramente, sino en forma opaca, imperfecta. A veces la Fe puede hacerse muy oscura. Puede ser puesta a prueba. Las circunstancias de nuestra vida pueden tornarse difíciles y entonces lo que creemos por Fe y lo que esperamos por Esperanza, podría opacarse, podría hasta esconderse. Es el momento, entonces, de afianzar nuestra Fe. De allí que mucha gente exclame ante ciertas situaciones: ¿Cómo se puede vivir sin Fe? ¿Cómo hubiera hecho si no tuviera Fe?

Sabemos que la Fe es un regalo de Dios. Y eso significa que tenemos toda su ayuda para que creamos en lo que esperamos y para que nuestra Fe no desfallezca nunca, aún en medio de las más complicadas situaciones.

Entonces nos toca imitar la Fe de la Santísima Virgen María que tuvo Fe en el momento increíble, pero gozoso, de la Anunciación. Y esa Fe suya no desfalleció jamás, ni siquiera en los momentos más dolorosos del sufrimiento de su Hijo, ni en el momento de su ausencia cuando lo colocó en el sepulcro.

Nuestra Fe tiene que ser como la de la Virgen. La Fe no puede ser una actitud momentánea o de algunos momentos. La Fe no puede ir en marcha y contra-marcha. La Fe tiene que ir acompañada de la perseverancia ... hasta el final. Bien lo dice Jesucristo: “Estén listos con la túnica puesta y las lámparas encendidas ... También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen vendrá el Hijo del hombre” (Lc. 12, 32-48).

(fuente: www.homilia.org)
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