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jueves, 5 de abril de 2012

Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 13, 1-15)
Gloria a ti, Señor.


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "¿Señor, me vas a lavar tú a mí los pies?" Jesús le replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos están limpios". 

Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si Yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que Yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan".


Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

LA SABIDURÍA DEL PERDÓN

A la luz de la entrega de Jesús en la Última Cena, para el perdón de los pecados. En la noche del amor y de la traición, os ofrezco, con sobrecogimiento la doble posibilidad del rencor y del perdón.

En muchas ocasiones, nos encontramos en encrucijadas que debemos resolver desde la propia libertad, sobreponiéndonos a las reacciones naturales. A veces se presenta la posibilidad de seguir caminos paradójicos, sobre todo en los momentos en los que el dolor y el sufrimiento causado por las relaciones humanas, pueden dictar actuaciones reivindicativas, paso de facturas, decisiones contrarias al amor.

Ante circunstancias que se perciben adversas, sobre todo si se cree que son producidas por el comportamiento de otros, cabe responder con rencor, o con gestos de perdón.

Si se deja aflorar la actitud negativa, se seguirán unos efectos también negativos, no sólo para quien recibe esa respuesta hostil, sino para quien la da, al optar por el enfado, el resentimiento y el rencor.

El rencor bloquea las relaciones, engendra violencia, quita libertad interior, hasta llega a producir efectos físicos dolorosos y cabe que dañe la salud; se agarrota el corazón, se siente presión en el estómago, merma la capacidad respiratoria, aparece el dolor de cabeza y los pensamientos obsesivos que producen tristeza.

El rencor afecta al comportamiento, genera deseos negativos, lleva a decisiones excluyentes, y a proyectar acciones vengativas, aunque sólo sea en el orden del pensamiento. Al dejar crecer interiormente los frutos del resentimiento, nace mal humor, amargura, hipersensibilidad, impaciencia, hasta el extremo de poner en peligro el equilibrio en el comportamiento social y la serenidad en la convivencia.

El rencor daña a quien lo alberga, que es su primera víctima. Limita las relaciones humanas, el comportamiento espontáneo, la expresividad más noble de la persona; sus efectos son aislamiento destructivo y heridas infectadas, que pueden cambiar la personalidad.

Mas, si en esa encrucijada se prefiere el sendero del perdón, y no sólo como reacción psicológica o de templaza del carácter, sino por una visión creyente, se llega a descubrir el beneficio que reporta.

El perdón libera, produce alegría, ensancha el corazón, da agilidad a la mente, aumenta la capacidad creativa y hace superar la crisis del autoencerramiento.

Por el perdón se drena la mala memoria, se levanta una muralla ante las insidias del mal, que se presentan como razones vengativas justificadas.

El perdón es prerrogativa divina. “¿Quién puede perdonar, sino sólo Dios?” El que perdona se asemeja a Dios, participa del don divino de la misericordia.

Existe el perdón que Dios concede, cuando humildemente acudimos a Él. Y existe el perdón que concedemos, como respuesta agradecida al perdón recibido. También es posible asociarse a la oración de Cristo a su Padre por el perdón de los pecados, y asociarse a su Pasión, como expiación por los propios pecados y los del mundo entero.

(fuente: misionerosencamino.blogspot.com.ar)

miércoles, 4 de abril de 2012

Cuaresma fue el camino hasta la puerta de Jerusalén

En este momento litúrgico: la entrada a la semana santa, los invito y me invito a colocarme frente a este momento espiritual personal. El Domingo de Ramos se nos presentó como una interpelación: “Semana Santa ¿entramos? ¿o no?” Este Domingo Jesús entra a Jerusalén. Esta ascensión hacia Jerusalén comenzó mucho antes, pero llega aquí a su punto álgido. Es una fiesta ‘agridulce’: por un lado lo reconocen como Rey, pero por otro comienza su soledad.



Tratemos de ubicarnos con nuestra imaginación a la entrada de Jerusalén: estamos a la entrada, junto a Jesús. El entra, y nos pregunta “¿entrás conmigo? Es entrar, pero para ir a la pasión y Cruz. Por supuesto, será para después ir a la resurrección. Jesús nos dice: el que trabaje conmigo de día y vele conmigo de noche, el que me acompañe en las penas, también me va a acompañar en la gloria.

Jesús entra al momento más crucial de su vida, y como hombre no puede no sentir la resistencia a este camino doloroso. Pero según lo narra el Evangelista “…cuando llegó el tiempo de su partida de este mundo Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén” (Lc 9,51) Otros usan la expresión “endureció el rostro y se encaminó” Hay decisiones en la vida de todo hombre, y también en la de Cristo, que hay que darlos así: endureciendo el rostro, tragando saliva, apretando mandíbulas y encarando.

Hasta ahora, los discípulos venían siguiendo a un hombre fascinante, escuchando palabras encantadoras de bondad, de misericordia, de humildad, de sanación. Ahora el seguimiento, si se mantienen en la decisión de hacerlo, cambiará de forma y tomará la forma del despojo. Y seguir a un ‘despojado’ no es nada atrayente, por un lado, porque un despojado no tiene nada que ofrecer, y por otro, porque es imposible sin dar el paso del propio despojo. A esto se refería Jesús cuando decía “el discípulo no es menos que su Maestro”, que quien lo siga muchas veces ni siquiera tendrá guarida para cobijarse, tendrá que desprenderse de muchas ataduras, y tomado el arado no volver la vista atrás.

En la Semana Santa, en ese camino que va desde la puerta de la ciudad hasta el Gólgota del Viernes Santo y hasta el sepulcro vacío del Domingo de Resurrección, hay un lugar que el Señor se reserva para mí. Hay un momento dentro de la Pasión que es para mí. Y el desafío si decido entrar en la Semana Santa con todo el corazón, es encontrarlo: será por las calles de Jerusalén, quizá sentado en la mesa de la Eucaristía, será en el lavatorio de los piés, será sentado junto a El en el patio, en soledad, será en el Via Crucis, o quizá al pie de la Cruz junto a María… no lo sabemos. Dios lo sabe y eso basta. El sabe, de acuerdo a lo que estemos viviendo, dónde necesitamos encontrarlo en esta semana Santa. Y así como en el Apocalipsis nos dice “si me abres, entraré y cenaremos juntos”, también podemos dejarnos decir por El “si entrás, si me seguís en esta semana, te mostraré ese sitio en donde te espero: donde quiero perdonarte, donde quiero consolarte, donde tengo que quizá reprocharte algunas cosas cariñosamente, donde voy a suavizar tus heridas, donde voy a dar razón y sentido a tus luchas y a tus lágrimas.”

Por algo, los Santos Padres y los poetas han llamado a Cristo Crucificado “El Libro”: ese Libro abierto, sujeto con clavos, donde en éste momento tenemos que ir a leer la palabra que se reserva el Señor para nosotros.

Este es el desafío y la invitación: entrar de corazón en la Semana Santa. Ponerse despojado, frente a Jesús despojado, sin protocolos ni condiciones ni maquillajes, para encontrarnos allí donde nos espera, para escuchar la palabra que tiene para cada uno de nosotros.

El Señor no defrauda. El no se deja ganar en generosidad. Quien lo busca lo encuentra. A quien golpea su puerta, se la abre.

No perdamos esta ocasión tan linda, esta cita de amor no transferible ni postergable. En esta semana santa dejémonos decir “El Señor está allí y te llama”, y lo busquemos, para que buscándolo nos encontremos a nosotros mismos.

Hermosamente expresa esta búsqueda –a la que estamos invitados también nosotros- Leopoldo Marechal:

“Por irme tras la huella del Siervo herido, me sorprendió la noche, perdí el camino. Solo corría el Siervo por los eriales. De su costado abierto, manaba sangre. El Siervo, fatigado, buscó las aguas. Espinas de su frente lo coronaban. Por ir de cacería, perdí el camino. Mi pecho estaba sano, y el Siervo herido. Detrás del Siervo herido me halló la tarde. Cerrado luego el día, perdido el Norte, al cazador y al Siervo cazó la noche. El Siervo queda a salvo, mi pecho herido. Por ir de cacería, gané el camino.”

Tenemos que decidir, espiritualmente, si esta semana entramos o no. A veces caemos en la trampa de decir “esta semana no, será la que viene del año que viene…” Y el año que viene volvemos a decir lo mismo. En algún momento tenemos que pararnos y decir: ESTA Semana Santa, porque la del año que viene no sé si es mía. Este es el tiempo propicio. Este es el tiempo de la Salvación. Que el Señor nos de su fuerza, porque acompañar a Jesús es lindo pero no es fácil, y por eso tenemos que pedir la gracia. Y la segura compañera de camino es María. Mientras otros huyeron, ella permaneció. Por tanto también a ella apeguémonos y pidámosle sea nuestra compañera, ser sus compañeros camino hacia la cruz,

escrito por el Padre Ángel Rossi 
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

Alabanzas a Dios de Juan Pablo II

Jesús, Plenitud de los tiempos y Señor de la historia, danos un corazón humilde y sencillo para que contemplemos con renovado asombro el misterio de la Encarnación, por el que Tú, Hijo del Altísimo, en el Seno de la Virgen, Santuario del Espíritu, te hiciste nuestro Hermano.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

 Jesús, Principio y Perfección del hombre nuevo, convierte nuestros corazones a Ti, para que, abandonando las sendas del error, caminemos tras Tus huellas por el sendero que conduce a la vida. Haz que, fieles a las promesas del Bautismo, vivamos con coherencia nuestra fe, dando testimonio constante de Tu palabra, para que en la familia y en la sociedad resplandezca la luz vivificante del Evangelio.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

 Jesús, Fuerza y Sabiduría de Dios, enciende en nosotros el amor a la divina Escritura, donde resuena la Voz del Padre, que ilumina e inflama, alimenta y consuela. Tú, Palabra del Dios vivo, renueva en la Iglesia el ardor misionero, para que todos los pueblos lleguen a conocerte, verdadero Hijo de Dios y verdadero Hijo del hombre, único Mediador entra Dios y el hombre.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, Fuente de unidad y de paz, fortalece la comunión en Tu Iglesia, da vigor al movimiento ecuménico, para que con la fuerza de Tu Espíritu, todos tus discípulos sean uno. Tú que nos has dado como norma de vida el mandamiento nuevo del amor, haznos constructores de un mundo solidario, donde la guerra sea vencida por la paz, la cultura de la muerte por el compromiso en favor de la vida.

Gloria y alabanza a Ti, oh Cristo, ahora y por siempre.

Jesús, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, Luz que ilumina a todo hombre, da a quien te busca con corazón sincero la abundancia de Tu Vida. A Ti, Redentor del hombre, Principio y Fin del tiempo y del cosmos, al Padre, Fuente inagotable de todo bien, y al Espíritu Santo, Sello del infinito Amor, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

Amén.

martes, 3 de abril de 2012

Rezar con humildad

El ejemplo claro lo tenemos en María Santísima, que por su oración humilde, obtuvo la Encarnación del Verbo de Dios en su purísimo seno.

La humildad es la base para realizar una buena oración, porque debemos reconocer que Dios es el TODO y nosotros somos la nada, y ante Dios somos insignificantes.

Dios escucha a los humildes y resiste a los soberbios.

Si queremos que Dios nos escuche en la oración, tenemos que practicar la virtud de la humildad.

Somos pobres criaturas necesitadas de todo e incapaces de hacer la menor buena acción sin la ayuda de Dios. Pensando en esta realidad, tendremos sentimientos de humildad y nos pondremos ante Dios como el mendigo que espera el óbolo.

Y Dios nos colmará de dones y favores celestiales, porque Él eleva a los humildes, y el que se humilla será ensalzado.

(fuente: www.virgenmaria.com.ar)

lunes, 2 de abril de 2012

Lunes Santo: Sobre el Amor de Amistad

La Semana Santa, que es Semana Grande, porque los cristianos la queremos hacer Santa, es decir, diferente. Sanctus significa diferente. Pues diferentes queremos ser todos nosotros. Queremos ser mejores, ¿no es verdad? Dar un paso adelante en este caminar hacia lo que puede dar sentido a mi vida y hasta mis fallos, si queréis, decimos, pecados. Ir hacia lo trascendente, hacia Dios.

En este camino encontraremos la verdad y la vida en Jesucristo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Semana, pues, de conversión, de cambio, de metanoia, para acercarnos un poco más a esta meta, a la que todos aspiramos, aunque a veces nos equivoquemos de camino, pero lo que sí es cierto en todos, es que todos buscamos la felicidad, el bien estar, el ser, sea como sea.

"Que si arduos son nuestros caminos, sabemos bien a dónde vamos"

Pero, convertirnos ¿de qué? ¿Qué queremos y qué debemos cambiar en nosotros para hacer santa esta semana, para hacerla grande? ¿Qué es lo más grande que podemos encontrar en el ser humano?

San Pablo nos lo dirá: "ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza y el amor; pero la más grande y excelente de todas es el amor"

¿Deberemos prestar más atención y ayuda a nuestros padres ancianos, a veces, un tanto olvidados? ¿Procuraremos no matar la honra y el buen nombre de mi prójimo, no murmurando, calumniando, diciendo mentiras y perjurando en algunas ocasiones? ¿Controlaremos mejor, con un cierto señorío, nuestra sexualidad y afectividad para hacerla humana, racional y hasta más bella y bonita? ¿Despertaremos nuestra responsabilidad en nuestro compromiso social y evangélico, político y económico, empezando por lo menos importante y más difícil de hacer: sostener con mi dinero la economía de mi parroquia y de mi diócesis? ¿La siento como mía?…

Mirad, todo esto lo hemos debido examinar, pensar e intentar realizar durante la cuaresma. Pero hoy, al comenzar la Gran Semana, debemos dar un salto hacia adelante y mirar hacia lo alto. " Quae sursum sunt quaerite, non quod super terram" "Buscad las cosas de arriba, nos dice San Pablo, pensad en las cosas de arriba, no en las de la tierra"

El paso, que debemos dar hacia adelante en esta Semana Santa, en esta Semana Grande, es, pues, un paso hacia adelante en el AMOR; pero no en cualquier amor, sino en el AMOR de AMISTAD, porque la AMISTAD es la forma perfecta del AMOR, tan perfecta es, que la Iglesia, madre y maestra, pone a la consideración de todos los cristianos del mundo y aun a la de todos los hombres de buena voluntad, y nada menos que durante la Semana Grande de toda la Cristiandad y por dos veces: la negación de la amistad como desastre cósmico, la traición en el amor de amistad. El Martes, la traición de Judas. Y el miércoles, de nuevo, la traición de uno de los doce, llamado Judas, el hijo de Simón Iscariote, para más señas.

Veremos a Jesús, profundamente conmovido y conmocionado, sin casi aliento, por este gran contraste, experimentando en sus sentimientos y en sus amores, pues "seis días antes, tan solo, de la Pascua, fue recibido por amigos de verdad", que no hacen traición y que todo lo dan, todo lo entregan y lo ponen a tu servicio. Esto "fue en Betania".

Lo podemos leer en el texto evangélico de este lunes. Cenó con ellos, que la cena es siempre más romántica, íntima y amorosa, porque brillan los ojos al resplandor de la llama de las velas. Y además, aquel anochecer, en Betania, fue un derroche de amor, de ágape, que es el amor totalmente desinteresado, "al llenarse la estancia del perfume caro", selecto y para tal circunstancia, con que "María ungió sus pies y no encontró mejor paño para enjugarlos que sus propios cabellos".

Ocurría esto, "seis días antes de la Pascua. Jesús llegó a Betania donde vivía Lázaro, que Él había resucitado de entre los muertos".

La proximidad de la Pascua y la presencia de Lázaro, resucitado, son una clave para la buena interpretación de esta escena ocurrida en la última semana de la vida de Jesús. Le invitaron a cenar. Es una cena entre amigos. Marta servía. "Lázaro, símbolo de la resurrección y de la alegría, era uno de los comensales. María escuchaba."

Los amigos son los únicos que nos escuchan. Los demás, solo nos oyen. Imaginemos un poco la escena para ver si esta semana y nuestra vida la hacemos Grande, invitando también nosotros a Cristo para escucharle, como buenos amigos.

Antes de las horas de brutalidad y odio, la hora de la AMISTAD y de la convivencia. Dichoso en esta casa de las afueras de Jerusalén, mientras sus enemigos tenían un conciliábulo de intrigas en la noche.

"María, tomó una libra de perfume, de gran valor. La derramó sobre sus pies, se los secó con sus cabellos y la casa se llenó de la fragancia del perfume". Escena misteriosa y gesto insólito, excesivo, enorme, un derroche. El salario anual de un obrero. Así lo vio y juzgó Judas. No era amigo, no entendía las locuras de la amistad.

María, la orante, la que escucha, ella misma es perfume y crea un clima de paz y hasta de placer. Esas horas de oración parecen pérdida de tiempo, como a Judas le parecía pérdida, derroche, el perfume que derramó sobre los pies de Jesús. Quien no es amigo, no entiende de amores, solo del materialismo y de los intereses sórdidos de la vida, pues a "Judas, ladrón, le gustaba el dinero", como dios de su corazón.

"¿ Por qué no se ha vendido este perfume por 300 denarios para dárselo a los pobres?" "Jesús dijo entonces: dejadla; ha guardado este perfume para el día de mi sepultura". El gesto tiene un alcance pascual. María anticipa los cuidados tradicionales, de embalsamamiento, que no podrán darse a su cuerpo, porque cuando vayan a hacerlo, ya habrá resucitado. Esta unción es, pues, símbolo y anunciadora de su triunfo: la RESURRECCION

"Los pobres los tendréis siempre entre vosotros; a mí, no". Su ausencia producirá un gran vacío físico, material. Nosotros seguimos teniendo dificultad para encontrarle en los signos de los sacramentos, en la oración, en la vida de cada día. Aparentemente está ausente, pero presente en los acontecimientos, en el pobre, en el marginado, en el pecador, en esas situaciones límite de nuestra vida. Ahí está.

Y si por amigo de verdad lo tenemos, hagamos locuras, como María, que ella tampoco veía claramente en Cristo al Hijo de Dios.

Enséñanos a encontrarte, Señor Jesús, como buen amigo en los acontecimientos y avatares de la vida. Enséñanos a encontrarte en la Comunidad de tu familia, de la nación, de la sociedad internacional, en la Iglesia, en la Eucaristía, cuando participo en su celebración, como cumbre de toda la vida de la Iglesia y de la Humanidad.

Y que escuchemos muy quedamente en el corazón lo que él nos susurra: "Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer"

escrito por P. Eduardo Martínez Abad, escolapio (fuente: www.mercaba.org)

domingo, 1 de abril de 2012

Palmas y Martirio

La liturgia de hoy se abre con la procesión de Ramos. Más que la bendición de los ramos mismos, lo importante es la participación de la comunidad agitando los ramos en esta procesión. Se trata de un homenaje a Cristo, que entra en Jerusalén como Rey de los mártires. La procesión expresa de manera sensible lo que ha sido nuestro peregrinar de Cuaresma: es la culminación de subir con Cristo a Jerusalén para vivir con él la Pascua. Por eso la segunda lectura de la misa (Filipenses 2, 6-11) es una llamada a compartir los sentimientos y actitudes de Cristo que actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

 La liturgia del domingo de Ramos incluye los dos polos del Misterio Pascual: rechazo y aceptación, sombra y luz, muerte y vida. De la alegría de la procesión, pasaremos a la contemplación de la Pasión. Estos dos polos encuentran su expresión más completa y perfecta en el altar de la eucaristía que, al mismo tiempo que sacrificio, es banquete festivo de los hijos de Dios. En el Oficio de Lecturas de hoy, la segunda, de san Andrés de Creta, nos propone muy bien los sentimientos espirituales con que debemos participar en la celebración hoy:

"…Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

.. Y si antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria".

PARA PARTICIPAR MEJOR EN LA LITURGIA DEL DOMINGO DE RAMOS

Si es preciso, la procesión de Ramos puede hacerse en la Misa vespertina del sábado o del propio domingo por la tarde. Para evitar el desorden, conviene repartir los ramos a la entrada de la Iglesia, pues los fieles deben tenerlos en sus manos cuando se bendicen. Así se evitará también bendecir ramos que no se utilicen por los fieles en la procesión porque sobren. Los ramos que se lleven a lasa casas, son más importantes porque recuerden la procesión que porque estén bendecidos. En esta línea estará muy bien que el párroco haga llegar a las casas de los enfermos de la feligresía algunos ramos que se hayan utilizado en la procesión.

Al elegir los cantos para la procesión, lo mejor es cantar el salmo 23 y el 46 y otros en honor de Cristo Rey. Será muy oportuno ensayarlos mientras se va congregando la asamblea.

escrito por Ángel Gómez 
(fuente: www.mercaba.org)

Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 14, 1-15, 47) 
Gloria a ti, Señor. 

Faltaban dos días para la fiesta de pascua y de los panes Azimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando una manera de apresar a Jesús a traición y darle muerte, pero decían: "No durante las fiestas, porque el pueblo podría amotinarse". 

Estando Jesús sentado a la mesa, en casa de Simón el leproso, en Betania, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y derramó el perfume en la cabeza de Jesús. Algunos comentaron indignados: "¿A qué viene este derroche de perfume? Podía haberse vendido por más de trescientos denarios para dárselos a los pobres". Y criticaban a la mujer; pero Jesús replicó: 

+ "Déjenla. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo está bien, porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran; pero a mí no me tendrán siempre. Ella ha hecho lo que podía. Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el Evangelio, se recordará también en su honor lo que ella ha hecho conmigo”. 

Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero; y él andaba buscando una buena ocasión para entregarlo. El primer día de la fiesta de los panes Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?" 

(Él les dijo a dos de ellos): + "Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entren: 'El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?' Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena". 

Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, llegó Jesús con los Doce. Estando a la mesa, cenando, les dijo: 

+ "Yo les aseguro que uno de ustedes, uno que está comiendo conmigo, me va a entregar". 

Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:  "¿Soy yo?" Él respondió: 

+ "Uno de los Doce; alguien que moja su pan en el mismo plato que yo. El Hijo del hombre va a morir, como está escrito: pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre! ¡Más le valiera no haber nacido! 

Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: 

+ "Tomen: esto es mi cuerpo". 

Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: 

+ "Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios". 

Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos y Jesús les dijo: 

+ "Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa, como está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas; pero cuando resucite, iré por delante de ustedes a Galilea". 

Pedro replicó: "Aunque todos se escandalicen, yo no”. Jesús le contestó: 

+ "Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres". 

Pero él insistía: "Aunque tenga que morir contigo, no te negaré". Y los demás decían lo mismo. Fueron luego a un huerto, llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: 

+ "Siéntense aquí mientras hago oración". 

Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan; empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: 

+ "Tengo el alma llena de una tristeza mortal. Quédense aquí, velando". 

Se adelantó un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, se alejara de él aquella hora. Decía: 

+ "Padre, tú lo puedes todo: aparta de mí este cáliz. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres". 

Volvió a donde estaban los discípulos, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: 

+ "Simón, ¿estás dormido? ¿No has podido velar ni una hora? Velen y oren, para que no caigan en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil". 

De nuevo se retiró y se puso a orar, repitiendo las mismas palabras. Volvió y otra vez los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño; por eso no sabían qué contestarle. Él les dijo: 

+ "Ya pueden dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora. Miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está cerca el traidor". 

Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él, gente con espadas y palos, enviada por los sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: "Al que yo bese, ése es. Deténgalo y llévenselo bien sujeto". 

Llegó, se acercó y le dijo: "Maestro". Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo apresaron. Pero uno de los presentes desenvainó la espada y de un golpe le cortó la oreja a un criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo: 

+ "¿Salieron ustedes a apresarme con espadas y palos, como si se tratara de un bandido? Todos los días he estado entre ustedes, enseñando en el templo y no me han apresado. Pero así tenía que ser para que se cumplieran las Escrituras". 

Todos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un muchacho, envuelto nada más con una sábana, y lo detuvieron; pero él soltó la sabana y se les escapó desnudo. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote y se reunieron todos los pontífices, los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote y se sentó con los criados, cerca de la lumbre, para calentarse. 

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban una acusación contra Jesús para condenarlo a muerte y no la encontraban. Pues, aunque muchos presentaban falsas acusaciones contra él, los testimonios no concordaban. Hubo unos que se pusieron de pie y dijeron:  "Nosotros lo hemos oído decir: 'Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro, no edificado por hombres'". 

Pero ni aun en esto concordaba su testimonio. Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y le preguntó a Jesús: "¿No tienes nada que responder a todas esas acusaciones?" Pero él no le respondió nada. El sumo sacerdote le volvió a preguntar: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?,” Jesús contestó: 

+ "Sí lo soy. Y un día verán cómo el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y cómo viene entre las nubes del cielo". 

El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras exclamando: "¿Qué falta hacen ya más testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?" Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: "Adivina quién fue", y los criados también le daban de bofetadas. 

Mientras tanto, Pedro estaba abajo, en el patio. Llegó una criada del sumo sacerdote, y al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y le dijo: "Tú también andabas con Jesús Nazareno". Él lo negó, diciendo: "Ni sé ni entiendo lo que quieres decir". Salió afuera hacia el zaguán, y un gallo cantó. La criada, al verlo, se puso de nuevo a decir a los presentes: "Ese es uno de ellos". Pero él lo volvía a negar. Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro: "Claro que eres uno de ellos, pues eres galileo". Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:  "No conozco a ese hombre del que hablan". En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro se acordó entonces de las palabras que le había dicho Jesús: 'Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres', rompió a llorar. 

Luego que amaneció, se reunieron los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el sanedrín en pleno, para deliberar. Ataron a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilatos. Este le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" C. Él respondió: 

+ "Sí lo soy". 

Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilatos le preguntó de nuevo: "¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan". Jesús ya no le contestó nada, de modo que Pilatos estaba muy extrañado. Durante la fiesta de Pascua, Pilato solía soltarles al preso que ellos pidieran. Estaba entonces en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en un motín. Vino la gente y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilatos les dijo:  "¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?" 

Porque sabía que los Sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilatos les volvió a preguntar: "¿Y qué voy a hacer con el que llaman rey de los judíos?" Ellos gritaron más fuerte: "¡Crucifícalo!" Pilatos, queriendo dar gusto a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de mandarlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran. 

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio, al pretorio, y reunieron a todo el batallón. Lo vistieron con una manto de color púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a burlarse de él, dirigiéndole este saludo: "¡Viva el rey de los judíos!". Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminadas las burlas, le quitaron aquel manto de color púrpura, le pusieron su ropa y lo sacaron para crucificarlo. 

Entonces forzaron a cargar la cruz a un individuo que pasaba por ahí de regreso del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir "lugar de la Calavera"). Le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echando suertes para ver qué le tocaba a cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: "El rey de los judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: Fue contado entre los malhechores. Los que pasaban por ahí lo injuriaban meneando la cabeza y gritándole: “Anda" Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo y baja de la cruz”.

Los sumos sacerdotes se burlaban también de él y le decían: "Ha salvado a otros, pero a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos".  Hasta los que estaban crucificados con él también lo insultaban. 

Al llegar el mediodía, toda aquella tierra se quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús gritó con voz potente: 

+ "Eloí, Eloí, ¿lamá sabactaní?" (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). 

Algunos de los presentes, al oírlo, decían: "Miren, está llamando a Elías". Uno corrió a empapar una esponja en vinagre, la sujetó a un carrizo y se la acercó para que bebiera, diciendo: "Vamos a ver si viene Elías a bajarlo". 

Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: "De veras este hombre era Hijo de Dios". 

Había también ahí unas mujeres que estaban mirando todo desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María (la madre de Santiago el menor y de José) y Salomé, que cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y además de ellas, otras muchas que habían venido con él a Jerusalén. Al anochecer, como era el día de la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro distinguido del sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios. Se presentó con valor ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que ya hubiera muerto, y llamando al oficial, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el oficial, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana, bajó el cadáver, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro excavado en una roca y tapó con una piedra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, se fijaron en dónde lo ponía. 

Palabra del Señor. 
Gloria a ti Señor Jesús. 

Ya estamos entrando en la Semana Santa, ese tiempo especialísimo de contemplación de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Son los días más apropiados para meditar esos misterios tan importantes de nuestra fe. Tal vez podamos conmovernos por los sufrimientos del Señor y llegar así a una conversión de fondo, al arrepentirnos verdaderamente y confesar nuestros pecados. Es una oportunidad para poder enrumbarnos mejor en el camino de la salvación.

El Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Se llama también este domingo, Domingo de Pasión, pues en este día damos inicio a la Semana de la Pasión del Señor. En efecto, las Lecturas de hoy son todas referidas a la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.

El Evangelio de ese día nos presenta la Pasión según San Marcos. Y en la Primera Lectura (Is. 50, 4-7), el Profeta Isaías nos anuncia cómo iba a ser la actitud de Jesús ante las afrentas y los sufrimientos de su Pasión: “No he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.”

MEDITACION DE ALGUNOS MOMENTOS DE LA PASION:

Es imposible detallar todo el Evangelio de hoy, ya que es una de las narraciones completas de la Pasión de Cristo. Este año, según San Marcos (Mc. 14,1-15,47). Pero sí podemos extraer algunas ideas para meditarlas con cierto detenimiento.

* La primera de ellas es el momento de la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos la noche del Jueves (Mc. 14, 32-54). Este pasaje de la Pasión del Señor lo recordamos también como el primero de los Misterios Dolorosos del Rosario. Jesús se retira a orar con tres de sus Apóstoles, quienes se quedan dormidos, a pesar de haberles Jesús comunicado sus más íntimos sentimientos: “Tengo el alma llena de una tristeza mortal”. Nos dice el Evangelio que Jesús “empezó a sentir terror y angustia”.

Y, confirmando lo que ya nos decía el Evangelio del Domingo pasado (5º. de Cuaresma), Jesús, aunque sintió miedo, no iba a pedirle al Padre que lo librara del suplicio que le esperaba. Por ello hace una oración muy impresionante: “Padre, Tú lo puedes todo: aparta de Mí este cáliz. Pero que no se haga lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres”.

Oración modelo para los momentos difíciles que se nos presentan a todos: “Señor, Tú me conoces, Tú sabes lo que quiero, Tú lo puedes todo. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya; lo que Tú quieras, Señor, no lo que yo quiero”. Así debe ser la oración del que desea seguir a Cristo.

Así debe ser la oración del que sufre: no pedir que le sea retirado el sufrimiento, sino pedir la gracia para poder aceptar el sufrimiento como lo que es: una gracia de purificación, de redención.

* Jesús se sintió más triste aún, al encontrar a los Apóstoles dormidos. Y, luego de manifestarles su tristeza por esa falta de solidaridad, les dijo ... y nos dice a nosotros: “Velen y oren, para que no caigan en la tentación”. La oración es indispensable para poder seguir a Cristo. La tentación siempre está presente, pero la oración es poderosa. San Alfonso María de Ligorio decía: “Quien ora se salva. Quien no ora se condena”. Así de importante es la oración para nuestra vida espiritual, especialmente en la lucha contra las tentaciones.

* Otro detalle que nos da San Marcos en su relato es que en momento de ser apresado Jesús, “todos lo abandonaron y huyeron”. Ya se los había predicho: “Todos ustedes se van a escandalizar por mi causa”. El miedo se apoderó de ellos. Y al final, ¿quiénes estaban al pie de la cruz? Su Madre, otras mujeres y San Juan. ¿Y los otros Apóstoles? Ya Pedro se había escandalizado de El: lo había negado tres veces. ¿Y nosotros? ¿No lo hemos negado? ¿Cuántas veces hemos dejado de defenderlo cuando atacan su Nombre, su Iglesia, su Ley? ¿Cuántas veces no lo hemos abandonado por miedo a sus exigencias de amor y de entrega a El? ¿No nos hemos escandalizado de El? ¿Podremos, acaso,“romper a llorar” por las veces que lo hemos abandonado, asícomo sucedió a Pedro, cuando se dio cuenta de su triple pecado? (Mc.14, 66-72)

(fuente: www.homilia.org)
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