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jueves, 31 de diciembre de 2015

Propósitos de Año Nuevo, ¿emociones o proyectos?

Si dejamos que la sabiduría de Dios nos ayude, tendremos mejores resultados. Para ello podemos tomar en cuenta lo que Jesús nos dice en el evangelio de Mateo 7,21,24-29.


Una nueva oportunidad

Iniciar un nuevo año no debe ser únicamente acostarse por la noche para levantarse al día siguiente, ni cambiar el calendario viejo por el nuevo. El inicio de un nuevo año constituye una oportunidad para hacer proyectos de vida, fortalecer lo positivo o hacer grandes cambios para sacar de nuestra vida lo que es destructivo. No es la vida la que nos marca lo que tenemos que hacer, somos nosotros los que dirigimos la vida y le damos sentido. Nosotros somos los responsables de construir el presente y el futuro.


¿Cómo construir un Año Nuevo?

Si dejamos que la sabiduría de Dios nos ayude, tendremos mejores resultados. Para ello podemos tomar en cuenta lo que Jesús nos dice en el evangelio de Mateo 7,21,24-29. La primera parte nos recuerda que las palabras no son suficientes para tener logros. Es muy fácil hablar, prometer, decir propósitos, pero lo difícil es ponerlos en práctica. Quizá por eso hay tantas personas que hacen buenos propósitos, pero nunca los ven realizados. Bien decía Jesús: “No todo el que me diga ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”


Las obras son fundamentales

“Los propósitos y la oración van acompañados de obras”. Con estas palabras comprendemos perfectamente que no es suficiente hacer oración o invocar el nombre de Dios para transformar la vida o hacer frente a los retos y obstáculos. Hacer un propósito o invocar el nombre de Dios exige tener una actitud de esfuerzo, trabajo y disponibilidad que convierten los pensamientos en acciones.


Lo fácil o lo difícil

Lo fácil no cuesta trabajo, no exige constancia ni esfuerzo. Quizá por eso la mayoría de las personas buscan ese camino y se conforman con pocos resultados. Es más fácil estar descansando que hacer algo de provecho; es más fácil pasar año con 6 de calificación que obtener un 10; es más fácil tener la casa sucia que arreglada y presentada; es más fácil relacionarse sólo con los que me caen bien que ampliar mi grupo de conocidos; es más fácil ver la televisión que leer un libro; es más fácil salir a jugar que estudiar o tomar un curso; es más fácil hacerse una operación de liposucción que hacer ejercicio; es más fácil divorciarse que luchar por el matrimonio; es más fácil alimentar sólo el cuerpo que el espíritu. Muchos buscan siempre lo más fácil, lo más cómodo, pero ese no es el camino del éxito ni del crecimiento. Así lo expresa Cristo cuando dice: “El que escucha mis palabras y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”.


Construyendo sobre arena

Construir sobre arena es fácil. No es necesario hacer una excavación, no es necesario picar piedra. Esa frase representa a quienes quieren obtener algo rápido y sin esfuerzo. Lamentablemente, los resultados de una actitud así no son los mejores. Cristo lo advierte cuando compara la destrucción y ruina de una casa, con el desmoronamiento o ruina a la que llegan muchas personas en su vida por haber buscado un camino fácil. En estos días de inicio de año no faltan algunos cristianos que buscan el éxito de un nuevo año sólo haciendo oración el día último o el día primero, pero todo el año se olvidan de Dios. Tampoco faltan los cristianos que, por ignorancia, creen que siguiendo determinados rituales mágicos estará seguro y mejor el nuevo año. Así, se comen las 12 uvas, se ponen ropa interior roja, prenden velas doradas, colocan cuarzos, colocan figuras de borregos en su casa, pasean maletas, etc. Esperan grandes cambios, pero al cimentar su futuro en supersticiones que son como arena, terminan sin recibir nada, con sus ilusiones y esperanzas destruidas, con el ánimo por los suelos y abatidos por los problemas y dificultades que, como los huracanes y sismos, destruyen las casas mal construidas. ¿Valdrá la pena preparar y provocar nuestra destrucción?


Sobre roca firme

La palabra de Cristo nos invita a esforzarnos, a exigirnos, a trabajar con entusiasmo y constancia, a buscar la sabiduría, a poner nuestra mirada en los valores duraderos y no sólo en las cosas pasajeras, a valorar lo terreno, pero sin dejar de cuidar lo espiritual. Por eso Jesús dice: “El que escucha mis palabras y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa, pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca. El año nuevo seguramente traerá muchas bendiciones, pero también nos presentará dificultades, retos, problemas, etc. Es importante estar preparados para afrontar todo lo que pudiera querer tambalearnos. Para eso es necesario construir nuestro presente y futuro sobre aquello que, como roca, sea estable, no sea pasajero, fundamente nuestra acción y nuestro pensamiento, fundamente nuestras relaciones personales, fundamente nuestra fe y nuestro actuar.


Planos y proyectos

Así como un arquitecto o ingeniero reflexionan y estudian de la mejor manera cómo van a construir una casa para que sea resistente, hermosa y duradera, así también el cristiano tiene que dedicar un tiempo para hacer un proyecto de vida: ¿Qué quiero para mi presente y mi futuro? ¿Hasta dónde quiero llegar? ¿Qué logros quiero obtener? De acuerdo con sus proyectos, tendrá que marcar los pasos y etapas necesarias para que se conviertan en realidad. Por eso, todo propósito tiene que marcar etapas y distinguirse en propósitos a corto plazo, a mediano plazo y a largo plazo. Las grandes cosas se van logrando poco a poco, pero se van evaluando constantemente. Si no hay un proyecto de vida se camina, pero no se avanza. Si no hay un proyecto de vida no se puede hacer una evaluación. Si no hay un proyecto de vida se puede perder el camino y la meta. Será necesario hacer proyectos personales, de pareja, de familia, para la salud, para la educación e incluso para lo económico.


Constancia

En una construcción no basta colocar la primera piedra. Después del entusiasmo inicial se tiene que continuar hasta el final. Es necesario vencer a la pereza, al deseo de comodidad, y buscar la constancia para luchar con ella. Muchos inician un maratón, pero no lo terminan. Muchos inician un curso y lo dejan a medias. Muchos van la primera semana al gimnasio para desertar después. Muchos leen las primeras páginas de un libro, pero no llegan al final. Muchos inician la lectura de la Biblia para dejarla después abandonada. Sin constancia los propósitos se quedan en palabras o escritos.


Más allá de los sentimientos y emociones

Los sentimientos y las emociones son bonitos, pero muy fugaces. Cuando nos dejamos llevar por ellos podemos cometer graves errores. Cuando sólo por sentimiento o emoción se casa una pareja, está preparando su fracaso. Cuando por lo mismo se decide una carrera profesional, un trabajo o incluso una religión, lo más seguro es que pronto cambiemos de parecer. Por eso, al hacer los propósitos de año nuevo será necesario hacerlos con toda calma, buscar un tiempo de reflexión profunda, pidiendo la ayuda de Dios, preguntando a nuestros seres queridos en qué consideran que podríamos ser mejores o qué ven en nosotros que no sea lo mejor. Así podremos hacer que nuestros propósitos se conviertan en realidad y sean como una casa que no es derribada por los 365 días que se aproximan.

escrito por P. José de Jesús Aguilar 
(fuente: www.siame.mx)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

8 reglas de oro para un matrimonio feliz

Existen algunos sencillos consejos que nunca se deben olvidar para luchar por un matrimonio feliz.

En el matrimonio pueden crearse trampas disfrazadas de silencio que apartan a la pareja y crean abismos en su comunicación. Tal es el caso de una televisión prendida permanentemente; la puerta de la habitación conyugal que nunca se cierra para los niños; una agenda repleta de actividades sociales y profesionales.

Pero además existen reglas de oro que siempre deben tenerse en cuenta si se trata de luchar por un matrimonio feliz y una relación sana con nuestro cónyuge. He aquí algunas:


1) No dejarse vencer por la ira

Tener la fortaleza y dominio para controlar la ira que sentimos cuando estamos discutiendo.


2) Nunca gritarse

Moderación, educación y respeto ante todo. El grito es una agresión, independiente de lo que se diga


3) Pedir disculpas y admitir los errores

Para muchos el pedir disculpas equivale a una humillación, pero es grande el que reconoce que es un ser humano con debilidades y defectos y que lucha cada día por superarse.


4) Señalar las faltas con amor

Si resulta doloroso aceptar los propios defectos, más difícil es que nos los señalen. Por eso debemos ser delicados y compresivos para criticar o decir algo negativo al otro.


5) No dar cabida a la negligencia, descuido o apatía

En el amor debe existir una sana exigencia. Siempre tenemos que buscar lo mejor para la persona que amamos, aunque a veces sea necesario exigirle. Cuando no amamos, nos da igual si la persona se supera o no.


6) No dejar un problema sin resolver

Humildad para hablar, para aceptar la culpa que nos corresponde en cada desacuerdo. Olvidar los resentimientos y rencores, confiar en la pareja y prepararse para el perdón.


7) Todos los días decirle algo cariñoso a su cónyuge

Cuidar los detalles, los mismos que a veces se pierden con los años. Si ellos faltan, el matrimonio comienza a vivir según las circunstancias y no por el amor.


8) Orar juntos, involucrar a Dios en su relación

Ir a Misa juntos y en familia, orar todos los días el uno por el otro, cultivar su vida sacramental (confesión y comunión frecuente), leer juntos la palabra de Dios.


Esperamos que estas sencillas reglas te ayuden a ser más feliz en tu matrimonio y a vivir plenamente tu unión con la persona que más amas.

(fuentes: lafamilia.info; pildorasdefe.net)

martes, 29 de diciembre de 2015

¿Carta astral de año nuevo?

¿Qué dice la Iglesia y la moral sobre la consulta y la creencia en los horóscopos? En general, ¿qué juicio merece la astrología?

Es patente la extensión que este fenómeno tiene en nuestros días. No hay casi diario o revista que no incluya entre sus columnas, aquélla dedicada al horóscopo; en algunos países hay canales de televisión dedicados exclusivamente a temas astrológicos y esotéricos con programas al respecto, y lo mismo se diga de la radio. La literatura sobre el tema es muy abultada. Es más, hoy en día los horoscoperos se presentan como «profesores», «licenciados en ciencias ocultas», «especialistas en ciencias parapsicológicas». La experiencia nos muestra que gran parte de nuestros contemporáneos si no consultan sus respectivos horóscopos convencidos de su exactitud, lo hacen al menos concediéndoles el privilegio de la duda: «no es que yo crea en el horóscopo, pero algo de verdad debe tener». Al menos muchos, guiados por cierto fatalismo supersticioso, piensan que permanecer totalmente incrédulos ante las predicciones horoscopales puede traerles mala suerte. Y de hecho un dejo de consuelo les queda cuando leen allí pronosticado: se está por iniciar para usted una nueva etapa; pronto hallará anheladas respuestas; diez puntos en salud; los rosados influjos del amor no han logrado atemperar su fuego combativo; como todo felino tiene siete vidas y luchará valerosamente; aproveche el momento, sobre todo el financiero; la relación con los socios y con la pareja es muy buena; etc.

Los hombres, para vivir, necesitan la esperanza, y cuando pierden la que nace de la fe verdadera, están dispuestos a creerle al primero que les prometa un venturoso porvenir: Mundus vult decipi, el mundo quiere ser engañado, dice un antiguo proverbio.

¿Qué podemos decir de esto? El horóscopo es un desprendimiento de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la actual astronomía, sino de la astrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En tal sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las «artes adivinatorias», puesto que, como su nombre mismo lo indica (oros-scopeo, examinar las horas), el horóscopo designaba originariamente la observación que los astrólogos hacían del estado del cielo en el momento del nacimiento de un hombre pretendiendo con ello adivinar los sucesos futuros de su vida. Para mayor exactitud, el horóscopo designa el mapa con la posición de los planetas en un instante dado por su relación con el Sol y la Tierra. Por derivación se llama también horóscopo a las predicciones que pretenden sacarse de tal observación.

La astrología judiciaria se divide, a su vez, en varias clases. Tenemos así la astrología mundial, que intenta fijar la evolución de la historia y de la política; la astrología genetlíaca o individual que, levantando el horóscopo del momento del nacimiento, pretende preceder los eventos futuros del sujeto implicado; la astrología horaria, destinada a contestar preguntas concretas, para lo cual se estudia el horóscopo del momento en que se formula la pregunta al astrólogo.

En todos los tiempos el hombre ha sentido el interés por conocer el porvenir, y en los tiempos de decadencia religiosa, tal interés se ha transformado en obsesión. El hombre moderno se parece mucho al «supersticioso» que decribe Teofrasto en sus Caracteres, corriendo febrilmente de un augur a un adivino, y de éste a un intérprete de sueños. El recurso de los hombres a la astrología tiene una larga historia, desde su origen babilónico; tuvo influencia en algunos filósofos de Grecia (presocráticos, epicúreos y estóicos), y sobre todo en el mundo islámico (donde adquirió un desenvolvimiento singular); en el mundo cristiano estas creencias se desarrollaron poco mientras la fe era más profunda y arraigada (aunque no faltaron monarcas que tenían astrólogos en su corte), pero ya en el siglo XVI no había soberano que no consultara a su astrólogo particular, y sobre todo ganó terreno con el positivismo y el racionalismo del siglo XIX. Incluso, durante la segunda guerra mundial, después que el suizo Krafft predijo el atentado que Hitler sufrió en Munich el 8 de noviembre de 1939, la guerra psicológica añadió un departamento más, el astrológico.

Es verdad, y nadie podrá negarlo, que los astros ejercen algún tipo de influencia sobre las realidades del mundo, incluido el hombre: ¿quién no nota los efectos que producen los cambios de estaciones y condiciones meteorológicas, no sólo sobre las realidades materiales (como las mareas) sino sobre el humor, los estados anímicos y la misma salud humana? Por eso, Santo Tomás admite cierto influjo de los astros sobre la parte corpórea del hombre (en cuanto todo el universo se influye mutuamente), y, consecuente e indirectamente, sobre sus sentidos corporales (imaginación, memoria, instintos). Pero de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres, puesto que sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho concreto, siempre y cuando el evento futuro se encuentre en este hecho o realidad presente como el efecto en su causa; y los hechos futuros de los hombres no son efecto de los movimientos o posiciones astrales. A lo sumo, como indica agudamente el mismo Santo Tomás, podría conjeturarse aquello que con mayor probabilidad harán algunos hombres basándonos en la experiencia que nos dice que la mayoría de los mortales se deja llevar de sus estados anímicos y de sus disposiciones corporales; en tal sentido, si conociéramos la influencia que algún astro o estación climática ejercerá sobre los cuerpos en tal fecha, podríamos también conjeturar cómo obrarían aquellos que se dejen llevar por tales estados.

Afirmar otro tipo de influencia y, peor aún, pretender determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad humana, de la Providencia Divina, y afirma, por el contrario, el fatalismo y el predestinacionismo absoluto. Por ello, la astrología puede constituir herejía (si presupone la negación de la libertad y la Providencia), superstición e idolatría (si conlleva la adoración de los astros), o simplemente vana observancia, es decir, el recurso a medios desproporcionados para obtener un efecto en sí mismo natural (como en el caso de las consultas a los modernos horóscopos).

En cuanto a los horoscoperos, adivinos y astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de mucha gente (¿No dice el libro del Eclesiástico 1,15: el número de los necios es infinito?). Otros, forman parte convencida de la moderna seducción por el ocultismo, de la fascinación por lo misterioso y de la búsqueda de lo asombroso como alternativa a su fe superficial o vacía. Algunos, por último, practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos «astrólogos» son capaces a veces de «predecir» algunos hechos futuros, por cuanto los demonios a quienes recurren, siendo ángeles caídos, conocen mejor que los hombres la relación entre las causas y los efectos naturales, así como tienen una gran experiencia del obrar humano, con sus debilidades y miserias. Pero todas sus «predicciones» sobre los actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.

Por eso decía ya el Profeta Jeremías (10,2): No temáis por los pronós ticos celestes, pues son los paganos los que temen de ellos; e Isaías (47,13): Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que dividen los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha de venir sobre ti; y el Levítico (19,31): No acudáis a los que evocan a los muertos ni a los adivinos, ni los consultéis, para no mancharos con su trato.

La Iglesia ha hablado sobre este tema desde antiguo condenando la creencia en la astrología, por ejemplo el Concilio de Toledo del año 400, o el Concilio de Braga del 561. El juicio del Magisterio de la Iglesia puede resumirse en lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

«Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “develan” el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios».

Todo género de adivinación, en definitiva, nace de la falta de fe en el Dios verdadero; y es el castigo del abandono de la auténtica fe. Por eso, en uno de sus cuentos escribía Chesterton:

«La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre cualquier cosa… Y esto lleva el nombre de superstición… Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando que se trata de algo profundo, basta para que se propague indefinidamente como una pesadilla. Un perro resulta entonces una predicción; un gato negro un misterio, un cerdo una cábala, un insecto una insignia, resucitando con ello el politeísmo del viejo Egipto y de la antigua India… y todo ello por temor a tres palabras: SE HIZO HOMBRE».

En conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace para granjearse la «protección» de los demonios, comete un pecado de idolatría diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el poeta Goëthe: «No puedo librarme de los espíritus que invoqué».

escrito por P. Dr. Miguel Ángel Fuentes 
(fuente: encuentra.com)

lunes, 28 de diciembre de 2015

Los santos inocentes

Después de la partida de los magos, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.
Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado.
Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías: "En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen".
(Mateo 2, 13-18)



LOS SANTOS INOCENTES

La Iglesia recuerda en este día a los niños inocentes que fueron asesinados por orden de Herodes. Ellos, sin saberlo, fueron los primeron en dar la vida por Cristo. En ellos están representados todas las víctimas de la injustucia y el pecado del mundo.

Al recordarlos, la Iglesia celebra el triunfo de la Vida que trae el Señor sobre la muerte temporal, pues los inocentes están unidos a Cristo para siempre.


Los que mueren por Jesús

En el día de los "Santos inocentes", una reflexión sobre el misterio del dolor y la injusticia.

Durante el tiempo de Adviento y, especialmente, durante el tiempo de la Navidad, los cristianos hacemos memoria de las narraciones que recogen los evangelios de Mateo y Lucas.

Sin embargo, entretejida entre textos evangélicos que invitan a la sonrisa y a la piedad, nos topamos -de forma brutal- con una narración dramática y sangrienta. El asesinato, por orden directa de Herodes, de todos los niños menores de dos años que vivían en Belén y en sus alrededores.

Niños menores de dos años asesinados. El objetivo era claro: eliminar a ese niño, llamado Jesús, al que los sabios de Oriente llegados a Jerusalén calificaban de “rey de los judíos”. Herodes quería deshacerse del posible competidor nacido en Belén.

“En Ramá ha resonado un clamor de muchos llantos y lamentos. Es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque están muertos”, escribe el evangelista citando al profeta Jeremías. Es la lógica y triste conclusión a un infanticidio en masa ejecutado por parte de los poderes de este mundo, representados, en esta oportunidad, por Herodes.

La orden del tirano llegó tarde. José, María y su hijo ya habían emprendido su viaje al exilio en tierras de Egipto. Un ángel los había prevenido a través de un sueño.

Pero... ¿quién salvaría a las docenas de niños que iban a ser muertos a manos de los secuaces del asesino? ¡Terrible paradoja teológica!

Las confesiones de fe cristianas rezan que Jesús, el Cristo, murió por todos nosotros. Sin embargo cabe preguntarse ¿Quiénes fueron asesinados en su lugar? Fueron esos niños, muertos violentamente a manos de Herodes. Fueron, todos ellos, asesinados en lugar de Jesús. Y así viene sucediendo a través de la historia humana. Cada niño que muere a causa de la violencia física, estructural o de cualquier otro tipo, se convierte -en cierta manera- en una muerte en lugar de Jesús No hay ángeles que les avisen y los guarden del drama. Mueren y punto.

¿Quién murió en lugar de Jesús? Aquellos que la tradición cristiana denomina los “santos inocentes". Y con ese dramático día no se puede bromear, sino reflexionar sobre las miles de víctimas inocentes que cada día son despojadas injustamente de su vida. ¿Cómo no pensar en las víctimas del aborto, de la desnutrución infantil, de la violencia doméstica...? Todas muerte evitables y que, sin embargo, se suceden irremediablemente con el correr de los siglos. Más aun, las sociedades modernas, teóricamente más avanzadas y progresistas, parecen perfeccionar sus normas y métodos para atacar a los inocentes.

A pesar de todo, de este panorama sombrío, no podemos olvidar las palabras del Señor. Él es el juez justo y misericordioso que nos advierte: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.

Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.

Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.

Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.

Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.

Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna". (Mt. 25, 31-46).

Los cristianos –y todo ser humano- somos llamados a ser "ángeles", mensajeros que denuncian y luchan de forma perseverante y explícita para evitar la muerte de tantos y tantos inocentes en nuestra tierra. Porque en ellos está presente Jesús, y de sus vidas se nos pedirá cuenta.

(fuente: www.yocreo.com)

domingo, 27 de diciembre de 2015

"¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?"

Lectura del santo Evangelio según San Lucas
(Lc 2, 41-52)
Gloria a ti, Señor.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua. Cuando el Niño cumplió doce años, fueron a la fiesta, según la costumbre. Pasados aquellos días se volvieron, pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Creyendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino; entonces lo buscaron, y al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca. Al tercer día lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían se admiraban de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, sus padres se quedaron atónitos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te hemos estado buscando, llenos de angustia". Él les respondió: "¿Por qué me andaban buscando? ¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre?". Ellos no entendieron la respuesta que les dio. Entonces volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad. Su Madre conservaba en su corazón todas aquellas cosas. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.








El Evangelio de este domingo, en que la Iglesia celebra al solemnidad de la Sagrada Familia, comienza así: “Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de Pascua”. Se refiere a José y María, padre y madre de Jesús, y se entiende que en ese viaje a Jerusalén va siempre con ellos su hijo Jesús. De los treinta años de la vida oculta de Jesús se nos narra sólo un episodio y éste ocurrió en el contexto de una de esas peregrinaciones a Jerusalén, cuando Jesús tenía doce años.

“Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin saberlo sus padres”. No es un hecho fortuito; ¡es un hecho deliberado! Así lo entienden sus padres cuando, al cabo de tres días de búsqueda, lo encontraron en el Templo sentado en me-dio de los maestros: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscan-do”. Jesús responde con una doble pregunta: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. Esta es, en realidad, una respuesta: “Sabíais que mi lugar es la casa de mi Padre y que mi deber era estar aquí”. En esta respuesta se revela, por primera vez, la conciencia de Jesús de ser Hijo de Dios. Ningún judío llamaba a Dios “mi Padre”, y mucho menos con esa intimidad con que lo hacía Jesús.

Esta conciencia de su filiación divina se ve confirmada por la impresión que producen sus palabras entre los maestros: “Todos los que lo oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas”. Es claro. Su palabra no es un mero comentario de la Escritura, como era la palabra de esos maestros, por muy autorizados que fueran; ¡su palabra es nueva instancia de Palabra de Dios! Sus palabras son esas “Palabras de vida eterna” que sólo él tiene (cf. Jn. 6,68). O, como dice el autor de la epístola a los Hebreos: “Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo... que es resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa” (Heb. 1,1.2.3).

En este episodio se revela entonces la doble filiación de Jesús: Hijo de Dios e hijo de José. Con José y María forma una familia humana; con su Padre y el Espíritu Santo forma la Trinidad divina. Este episodio nos informa que José todavía vivía cuando Jesús tenía doce años. No sabemos en qué momento murió José. Lo que pare-ce cierto es que al comenzar la vida pública de Jesús ya había muerto. Jesús ciertamente pensaba en él cuando, enseñando sobre el poder de la oración, pregunta: “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez, le da una culebra?” (Lc. 11,11). José procuraba siempre el bien de su hijo.

Jesús es hijo de José, porque Dios se lo dio a José como hijo. Lo hizo por medio del ángel Gabriel que anunció a María: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre” (Lc. 1,32). Recordemos que esto está anunciado a una “virgen esposa de un hombre llamado José, de la casa de David” (Lc. 1,27). Todo ser humano es creado por Dios y es encomendado por Dios a sus padres para que venga al mundo en el seno de una familia, pero sin dejar de ser de Dios. Por eso los padres no pueden disponer del hijo a su antojo, sino que deben amarlo y respetarlo y ayudarlo a responder a Dios su creador. Dios se lo da a los padres de modo implícito por medio de la generación ordinaria. En el caso de Jesús, Dios lo dio a María como hijo al ser concebido en ella por obra del Espíritu Santo, y lo dio a José como hijo de modo explícito por medio de su palabra. De esta manera, José es verdaderamente padre de Jesús y, por esta filiación, Jesús es verdaderamente “hijo de David”.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles (Chile)
(fuente: www.aciprensa.com)

sábado, 26 de diciembre de 2015

Vivió años en un auto y en una plaza, pero logró terminar la primaria

Un chico que no bajó los brazos. Lucas Cesio luchó contra todo y lo logró.

Cuando la directora de la escuela 5 Enrique de Vedia, de Villa Urquiza, le dio el diploma, su mamá rompió en llanto.

Cuando la directora de la escuela lo llamó para entregarle el diploma, su mamá rompió en llanto. Tuvo que pedir que le presten papelitos descartables porque su pañuelo ya estaba empapado. Delante de ella pasaba su hijo, su orgullo, Lucas, que a paso firme iba en busca de su diploma que indicaba que había terminado la primaria. Pero la historia de este chico de 12 años no es como la de cualquiera, está basada en el valor y el esfuerzo: de los siete años que dura esa etapa escolar, seis los vivió en la calle.

De los miles y miles de nenes que todos los días se ponen su guardapolvo blanco y preparan la mochila para ir a la escuela, existe uno que luchó contra todo. A pesar de no tener una casa, con una mesa y silla para poder estudiar, Lucas Cesio derribó cada uno de los obstáculos que se le pusieron en su camino y hoy con sólo 12 años es un ejemplo de esfuerzo.

Cuando Lucas tenía cinco años, él, su mamá y sus dos hermanos quedaron en la calle por un problema económico. A partir de ahí todo empeoró, la madre, Marisa de 34 años, no tenía trabajo y no podía alimentar como quería a sus hijos, pero había sólo una cosa que para ella era primordial: la educación. No podía permitir que ninguno de sus hijos dejara de estudiar.

Los primeros años las noches las pasaban en la Plaza Éxodo Jujeño, en el barrio de Villa Urquiza, a pocas cuadras de la escuela Número 5 “Enrique de Vedia”, donde estudiaba. Todas las mañanas era lo mismo: primero iban hasta una estación de servicio donde les prestaban el baño para que se higienizaran, luego empezaban a caminar y recorrían panaderías, heladerías o pizzerías en las que les daban algo para comer, si es que había: “Con mi familia no pedíamos plata, lo único que queríamos era lo que les sobrara para poder comer. Si nos querían dar dinero les decíamos que no, que preferíamos una empanada”.

A veces el día no era el mejor y Lucas tenía que ir al colegio con el estómago vacío, pero siempre llegaba con la tarea terminada. La hacía abajo de un tubo de luz sentado en el cantero de un árbol u oculto bajo el techo de alguna casa los días de lluvia. No podía consultar las respuestas en Internet y su “Google” era lo que anotaba en clase o lo que su madre recordaba.

Una noche en el que el cielo de Buenos Aires se pintó de gris y una tormenta feroz cayó sobre la ciudad, un vecino solidario se acercó a ellos y les dio las llaves de su auto, un Peugeot 505 color champagne, para que se portejan del agua y el frío: “Dormíamos como podíamos, me acuerdo que a veces me tenía que bajar del coche en la noche para estirar las piernas porque se me dormían y me dolían. Pero estar en el auto era mejor que en la calle porque ahí tenía miedo de que alguien nos robara o me raptaran”.

Su cama durante cuatro años fue un espacio del asiento trasero del auto, casi que había olvidado cómo era dormir acostado. “Una vez nos mandaron a un parador que tiene la Ciudad para los que viven en la calle, pero fue horrible. Nos miraban mal y nos gritaban. Esa noche la miré a mi mamá y le dije que no quería venir nunca más y que prefería estar en el coche”.

Mientras tanto en la escuela todos conocían de su situación y eran los mismos compañeros quienes a veces lo invitaban a comer a la casa o le llevaban ropa, pero no había diferencias a la hora de los exámenes o entrega de trabajos prácticos: “Lo único que admito es que de vez en cuando me sentaba en el último banco y me quedaba dormido, yo no quería pero estaba muy cansado”.

A principios de este año Marisa consiguió que le dieran una casilla en Florencio Varela, pero el chico quería terminar el colegio con sus mismos compañeros, asique para llegar tenía que tomarse un tren, dos colectivos y el subte. Todos los días se levantaba a las 4 de la mañana para poder entrar en horario a la escuela, donde lo recibían con un café con leche y galletitas. “Las quiero mucho a mis maestras porque son como mi mamá, me cuidan y me escuchan. Gracias a ellas yo aprendí todo, aunque ahora en el secundario tengo que mejorar con matemática porque es lo que más me cuesta”.

Sabe que esta nueva etapa no será fácil, como tampoco lo fue antes, pero asegura que nunca bajará los brazos: “Me gusta estudiar, lo disfruto y aprendo. Es importante para poder ser alguien en la vida. A los chicos que no estudian les diría que sí lo hagan porque es una de las cosas más importantes que tenemos y con la que podemos cumplir nuestros sueños”.


Aluvión solidario por el chico que vivió en un auto pero logró terminar la primaria

La historia, publicada hoy por Clarín, causó conmoción

Los e-mails y llamados a la redacción de Clarín se multiplicaron: lectores del país y el exterior querían saber cómo ayudar a Lucas Cesio. Una empresa multinacional ofreció trabajo para su madre y cubrir los gastos de los estudios del chico.

La historia de Lucas Cesio, el chico de 12 años que vivió la mitad de su vida en la calle y aún así pudo terminar la primaria, caló hondo en muchos argentinos que, movilizados por el valor y el esfuerzo del chico, se comunicaron con Clarín para ayudarlo.

Desde una mujer que vive en Alemania y que quisiera aportar parte de su sueldo para comparle útiles escolares, hasta una empresa multinacional que pidió el contacto de la madre para poder darle un trabajo en blanco y digno para ella y una beca para que Lucas continúe sus estudios en el colegio que quiera.

En la Web de Clarín la nota fue buena parte de esta mañana la más leída, con más de 300 comentarios. La historia fue, además, compartida unas 20 mil veces en las redes sociales. En Twitter los usuarios destacaban la garra con la que el chico siguió yendo al colegio a pesar de todo.

Por e-mail fueron decenas y decenas los lectores que se comunicaron con la redacción de este diario para saber de qué manera podían ayudar. Otros agradecían poder conocer este tipo de historias: “Soy mamá de dos chiquitos, una nena y un nene, soy empleada y vivo en Quilmes, una trabajadora más, y estoy profundamente conmovida con ese nene y esa mamá. Ejemplos admirables. Orgullo. Cuando una lee estas noticias confirma que no todo está perdido y que el futuro es posible”, escribió Natacha.

Las enfermeras del Hospital Italiano comenzaron a juntar ropa para Lucas y sus hermanos. Un Juez se comprometió a hacerse cargo en parte de los estudios del joven hasta que termine el secundario. Además, una ama de casa propuso crear un grupo de Facebook y así poder agrupar todas las donaciones.

Además, a partir de la nota de Clarín, Lucas fue invitado a participar de programas de televisión y fue entrevistados por las principales radios.

En todo el territorio argentino son miles las historias de superación. La vida de Lucas ya no será igual.


Las enseñanzas que me dejó Lucas, el chico de la calle que logró terminar la primaria

Historia de vida

El periodista de Clarín que escribió la conmovedora historia cuenta sus sensaciones luego de entrevistar al joven de 12 años. "Mientras él hablaba, yo pensaba que esa charla valía más que una sesión de psicólogo", dice.

Cuando conocí a Lucas lo primero que vi en su rostro fue una sonrisa. Durante más de una hora y media en la que hablé con él me olvidé si el dólar estaba a 14 pesos, si la autopista Riccheri seguía cortada, si Moria Casán se quedaría por mucho tiempo más presa en Paraguay o si Pampita volvió a subir alguna foto sobre el escándalo de su matrimonio. No importaba nada, era su historia y mi anotador.

Mientras él contaba que vivió en la calle, en una plaza, en un auto; que tenía que bañarse en una estación de servicio o que salía a pedir comida a los locales de la zona para no entrar al colegio con el estómago vacío, yo pensaba que esa charla con un chico de 12 años valía más que una sesión con el psicólogo. A veces, una revelación puede venir por el lugar menos pensado. A veces, la sabiduría está encarnada donde no lo imaginamos. Durante 90 minutos –lo que dura un partido de fútbol- me llevé anotadas cuatro enseñanzas que, lejos de pretenderlo, quizás puedan servir como manual de vida o como una serie de pequeños gestos para hacer del mundo un lugar mejor:

Positividad. Lucas no tenía nada, ni una casa, ni una silla, ni una mesa. Así y todo sonreía, estaba feliz, había terminado la primaria y su mamá lo aplaudía desde la primera fila del humilde patio de la Escuela "Enrique de Vedia", en Villa Urquiza. Para él lo mejor está por venir: "Hay que verle el lado bueno", dijo y miró a su madre que lo abrazó. Juntos lo pueden todo.

Por favor y gracias. Cuando llevábamos 15 minutos de entrevista, Lucas me dijo que esas dos palabras son las que la mamá le enseñó para que use siempre, que eran mágicas y que le abrirían todas las puertas. "Siempre hay que agradecer y pedir por favor. Me di cuenta que hay que ser amable con la gente, porque cuando sos bueno, son buenos con vos".

Valorar lo que se tiene. Cuando el chico de sólo 12 años que tenía frente a mí dijo que había que valorar lo que cada uno tiene, me quedé sorprendido. Pensaba que él no tenía nada, pero estaba confundido: "Mis amigos, mis hermanos, mi mamá y mis maestras me enseñan todos los días que no hay que quejarse siempre". Recordé entonces lo valioso de un baño caliente, o de un plato de sopa en invierno. De un ventilador en verano o de un techo cuando llueve.

Amar. La forma en la que miraba a su mamá, en la que le agradecía por todo. En las ganas y el esfuerzo con que afrontaba sus días. En sus gestos y sus palabras daba muestra de que el amor es el combustible infaltable para, aunque sea por momentos, poder ser feliz.

escrito por Mariano Gavira
(fuente: clarin.com)

Dios te salve, María

Me imagino que a María le gusta que la invoquemos con oraciones sencillas. Cuando amamos a una persona pensamos en aquello que más le agrada, y no en lo que a nosotros nos gusta. Entonces, si creemos que a María, la Madre de Jesús, le agrada que la saludemos como lo hizo el Ángel del Señor en Nazaret, es gesto de amor rezar el “Ave María”.

Pienso que María se complace cuando la llamamos como lo hizo su prima Isabel al encontrarse con ella en la montaña de Judea, y la saludó con estas palabras: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.


Oración de un corazón humilde

Las oraciones sencillas deben salir de un corazón humilde, de niño, limpio, pues así no quedarán como fórmulas vacías, y menos aún como ritos autojustificativos, a la manera de quienes piensan que por esas prácticas cumplen sus obligaciones religiosas.

Dios escucha la oración de los pequeños, cuyos ángeles contemplan el rostro de Dios. Y tiene en cuenta a los humildes, a los pobres, a los sencillos y a los limpios de corazón, capaces de poner amor y entrega en la expresión de sus labios.

La oración del “Ave María” se nos ofrece como expresión acertada y sencilla, que agrada a María y que concede gracia. Por ello, no te invito a sobrecargarte con una práctica religiosa más, sino que te ofrezco la manera en que Dios se ha dirigido a su Madre, y ella misma ha recomendado en tantos momentos que lo hagamos, cuando se ha manifestado con gracias especiales en visiones sobrenaturales.


La oración de los sencillos

En tiempos de dificultad, de insensibilidad, de sequedad, de pereza y desgana espirituales, de prueba y hasta de hastío, la oración vocal es un medio para combatir la tentación y para resquebrajar todo endurecimiento del corazón.

María no violenta, ni interviene de manera forzada en nuestras vidas, pero si pedimos que interceda por nosotros, ella lo hace con gusto y generosidad, y además desea que se lo pidamos.

Lo más importante es, como decía Santa Teresa, orar con consideración, no importa sea oración vocal o mental, con tal que se haga con advertencia, de manera consciente y amorosa.

El “Ave María” es la oración de salutación de Dios a la Virgen, y a su vez el ruego que en la Iglesia hacen todos los que invocan a la Madre de Dios. Cada vez que rezamos el “Ave María”, rogamos a quien Dios ha puesto como medianera de todas las gracias, por toda la humanidad.

Cuando no sepas cómo orar, o no te sientas con ganas de hacerlo, tienes en tu mano el elevar como los sencillos y los pequeños tu oración, y hacerla igual que ellos. Dios revela sus secretos a los humildes y los pequeños.

Si piensas que rezar el “Ave María” es una fórmula estereotipada, te pregunto: ¿Acaso dudas de decir a la persona que amas “te quiero”, porque sea una expresión usada? No dudes en invocar a la Madre de Jesús como lo hace la Iglesia, como lo han hecho los santos, como lo hizo el Ángel del Señor.

escrito por Don Ángel Moreno de Buenafuente
(fuente: www.la-oracion.com)

viernes, 25 de diciembre de 2015

"Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios..."

Lectura del Santo Evangelio según San Juan
(Jn. 1,1-18)
Gloria a ti, Señor.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


Palabra del Señor. 
Gloria a ti, Señor Jesús.












Hemos leído el prólogo de San Juan, un antiguo himno cristológico perteneciente a la comunidad joánica que en el cuarto evangelio cumple la función de obertura porque anuncia los temas que luego el evangelista va a desarrollar en veintiún capítulos.

Este prólogo es toda una confesión de fe, a modo de villancico navideño, una poesía adaptada por San Juan introduciendo matices para resaltar con mucha fuerza quién es Jesús, el Cristo, el Mesías.

Los temas que señalan los dieciocho versículos del capítulo primero son los siguientes:

• El llamar a Jesús “logos” o “palabra”. Un concepto muy difundido a finales del siglo I. El judaísmo lo atribuía a la ley y a la sabiduría. Aplicado a Jesús, ley y sabiduría de Dios, convierte a este en una imagen inteligible de Dios para el hombre. “Nadie ha visto jamás a Dios, el Hijo único, Dios, que está al lado del Padre, lo ha explicado”.
• La palabra es creadora, da la existencia a las cosas. Y con respecto a los hombres da vida y luz. Aquí se entabla una batalla que marca la historia de la humanidad, la lucha entre la luz y las tinieblas.
• La acogida de la Palabra crea una nueva relación entre Dios y el hombre, una relación de filiación. Para eso hay que nacer de Dios, no viene por la carne ni la sangre. Este nuevo ser supera todo al igual que la gracia supera la ley y Cristo supera a Moisés.
• Juan acentúa la preexistencia de la Palabra, antes de la creación del mundo, aunque acontece en la historia, en un momento histórico concreto, así Juan introduce lo relativo a Juan Bautista, testigo cualificado de Cristo, aclarando la posible sobrevaloración que podía haber sobre él.
En definitiva la Palabra asume nuestra naturaleza y esta fue el vehículo para la entrada de Dios en nuestra historia donde se manifiesta y podemos experimentarlo como gracia, verdadera luz y vida.

En este año sacerdotal y mirando los escritos de un gran sacerdote, maestro de santos, San Juan de Ávila, reflexionaba sobre el misterio de la encarnación como un descenso para un ascenso. Es decir, Dios se encarna para que nosotros seamos dioses por participación. Así lo expresaba en el sermón 65:

“¿Dios no se hizo hombre para que se hagan los hombres Dios por participación?”

Al hacerse la Palabra carne lo que desea es cumplir el designio del Padre, comunicarnos la vida divina.

San Juan de Ávila es tajante en una de sus cartas cuando dice: “¿Qué es, diré sino que el hombre con Dios es como Dios y el hombre sin Dios es grandísimo tonto o loco?” (Carta 2)

El primer abajamiento de este proceso de ascenso, de subida, es la encarnación y el segundo abajamiento será la cruz. Cruz anunciada en Juan por el rechazo de las tinieblas del que es luz.

Escribe San Juan de Ávila en otra carta (carta 12): “¿Qué te daremos Señor, por tantas mercedes, sino conocer entrañablemente que por ti tenemos y valemos y somos agradables a Dios y darte gracias y alabanzas porque un tal como tú por unos como nosotros te ofreciste a padecer tantos trabajos?”.

Si amor tuvo Dios al crearnos a su imagen y semejanza, más amor demostró al hacerse uno de nosotros para limpiar esa imagen y recrearnos en una vida nueva.

En otra carta dice a este respecto: “¿Quién nunca oyó amor como éste, que amando uno a otro, se tornase él?” (Carta 67)

El Verbo se hace carne y entra en comunión con nosotros, ahora el Verbo se hace pan, alimento para que nosotros entremos en comunión con él.

La Palabra hecha Pan de Vida para que podamos tener una comunión personal. Carne para la vida del mundo. Porque rechazar la recepción de la carne y de la sangre de Cristo es negar su encarnación (carne) y su muerte (sangre). Quien como su carne y su sangre tiene vida eterna (salvación).

La vida que se promete a quien recibe la Eucaristía es unión permanente con el que porta la vida. Es la forma de participar de Dios, de entrar en el circuito de Dios que se abaja para elevarnos:

“El Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por él. Así también el que me coma vivirá por mi” (Jn 6,57)

A modo de conclusión:

• Contemplando a Cristo, Verbo encarnado, Verbo entregado y sacrificado. Nos urge entender y vivir nuestra existencia sacerdotal como vida entregada, como ofrecimiento de nuestra propia persona para la vida del mundo. Es la Eucaristía que celebramos diariamente la raíz de nuestra caridad pastoral, el lugar privilegiado de nuestro ministerio y de nuestra vida espiritual.
• Somos mediadores entre Dios y los hombres y aunque el ejercicio del ministerio sacerdotal, especialmente la celebración de los sacramentos, recibe la eficacia salvífica de la acción misma de Jesucristo hace falta también la implicación personal. Nosotros somos portadores de la luz que es Cristo, pero no podemos ser lámparas apagadas, o con tanta pantalla que dejemos pasar poca luz a los demás. Correríamos el peligro de ejercer el ministerio dignamente pero vacío, caer en un funcionariado sacramental.
• En el Verbo Eucaristía es donde nosotros podemos alcanzar la unidad perfecta de vida, el origen y fundamento de nuestro ministerio, de nuestra vocación. Porque sin la intimidad con Dios se pierde toda la hondura y significado que estamos llamados a tener en nuestra vida personal y en la vida de nuestras comunidades.

De la contemplación del Verbo que se hace carne en esta próxima Navidad, de la contemplación del Verbo que se hace alimento, en la Eucaristía de cada día. De la contemplación del Verbo que permanece presente entre nosotros en el Sagrario, en la Custodia, en cada hermano que llama a las puertas de mi vida, broten en nosotros, hermanos sacerdotes actitudes de gratuidad, de donación, de ardiente caridad y de contemplación, adoración y glorificación de nuestro Dios.

Termino con un texto de San Juan de Ávila que nos viene muy bien a nosotros, sacerdotes:

¡Y tanto deseo tienes de verme y abrazarme, que estando en el cielo con los que tan bien te saben servir y amar, vienes a este que sabe muy bien ofenderte y muy mal servirte! ¡Que no te puedes Señor hallar sin mí! ¡Que mi amor te trae! ¡Oh, bendito seas que siendo quien eres, pusiste tu amor en un tal como yo! ¡Y que vengas aquí con tu Real Presencia y te pongas en mis manos, como quien dice: “Yo morí por ti una vez y vengo para ti para que sepas que no estoy arrepentido de ello, mas se me has de menester, moriré por ti otra vez”! (Carta 6)

No dejes de venir a nosotros Señor,
No dejes de sostener nuestras vidas.

escrito por Mariano Cabeza Peralta
Promotor del culto eucarístico en la diócesis de Jaén. 
(fuente: diocesisdejaen.es)

jueves, 24 de diciembre de 2015

La ternura está en pañales: Navidad es Jesús

Con gran alegría compartimos la Campaña “Navidad es Jesús”, una iniciativa de Radio María Argentina que busca resignificar el sentido de la Navidad, despertando en los corazones el deseo profundo de encontrarse con el Niño Jesús.

Este año la campaña está inspirada en el texto bíblico de Lucas 2,11: “Hoy les ha nacido un Salvador”. En esta línea, el Papa Francisco nos dice que la Navidad es contemplar la visita de Dios a su pueblo, esta consolación sólo puede ser vivida y transmitida desde la ternura y la esperanza.

Desde la Campaña te proponemos hacer que nazca todos los días el Salvador con gestos sencillos, llenos de afectuosidad, amabilidad, capacidad de escucha, de comprensión y de cercanía, en apertura del corazón, de la mente y de nuestros propios recursos humanos y materiales.

A esta propuesta se sumó con su dibujo el historietista Santiago González Riga, conocido popularmente como “Chanti”. Entre sus diferentes publicaciones se destaca “Mayor y Menor”, con gran tirada en diarios de todo el país.

“La ternura está en pañales” y es tiempo de nacer a la ternura, crecer en la ternura, porque es Dios que nace y nos invita a nacer en el Amor.

Descargá la tarjeta de Navidad haciendo click aquí


Chanti y la ternura de la Navidad

La campaña “Navidad es Jesús” se llevó a cabo por octavo año consecutivo en todo el país. Tiene por objetivo volver a poner como centro a Jesús, como eje y motor de la festividad, resignificando el sentido de la Navidad como tal. El mensaje se centró en la ternura de Dios que nos ama con predilección y nos invita a ser tiernos con nuestros hermanos, desde gestos tan sencillos como concretos. La cita bíblica que nos acompañó fue la de Lucas 2, 11: “Hoy les ha nacido un Salvador”.

A esta propuesta se sumó con su dibujo el historietista Santiago González Riga, conocido popularmente como “Chanti”. Entre sus diferentes publicaciones se destaca “Mayor y Menor”, con gran tirada en diarios de todo el país. A él le preguntamos sobre esta iniciativa y la propuesta tan particular…

-¿Cómo vivís, sentís el transmitir vida y valores con tus dibujos?
– Pienso que ese es mi objetivo final, la razón de ser de mi trabajo. Más allá de producir una sonrisa con el humor y entretener con las historietas, está el deber del comunicador. Porque los historietistas somos eso: comunicadores visuales. Entonces pienso mucho lo que estoy transmitiendo a través de mis dibujos. Y es una alegría inmensa sentir que transmitís eso que pensabas, esa cuota extra que va más allá del primer impacto que es el del humor, la ternura o la simpatía por los personajes.

– ¿Qué es lo que te inspira cuando creas los dibujos y pensas los mensajes que querés transmitir?
– Depende de qué historietas, pero siempre hay detrás un mensaje muy humano. De valores humanos. Me gusta que el lector se sienta interpelado y que además de esa sonrisa, le quede una idea dando vuelta. Porque además de producir una sonrisa, los humoristas somos graficadores de ideas, e ilustradores de la realidad. Y esas ideas vienen de la vida que va viviendo uno mismo. Y eso lo hace genuino.

– De lo que recibís del público ¿qué es lo que más destacas, qué es significativo para vos?
– Uf, muchas cosas. Desde gente que guardó el dibujo porque le gustó una idea o se sintió identificada, hasta aquellos que usan las historietas para ayudar a otros, en terapias o en clases. Me llama muchisimo la atención la llegada que puede tener una historieta o un dibujo. También me mata cómo la reciben los chicos. Porque son el público más genuino y espontáneo que hay. Así que me encanta cuando me envían un dibujo, o me quieren contar algo de la misma historieta o de cosas que ellos vivieron donde se vieron reflejados. Y quizás lo más fuerte es cuando te dicen que aprendieron a leer con las historietas, eso es más de lo que hubiera esperado como autor. Y no te digo, cuando una mamá te escribe porque su hijo tiene algún problema, como autismo, y la historieta es su conexión a la realidad y a la sociedad. Me han pasado casos de los más inesperados, como aquella vez que una mujer le llevaba las revistas a su hermano preso, porque cada vez que leía las historietas recordaba a sus hijos.

– ¿Qué significa para vos la Navidad?
– Desde chicos que festejábamos la Navidad con su significado auténtico, que es la llegada de Jesús. Como éramos muchos hermanos, mi papá nos preparaba para que hiciéramos un pesebre viviente hogareño. Nunca nos hablaron de Papá Noel, por lo que siempre estuvo presente el niño Jesús quien era el que nos traía los regalos. Por eso, la Navidad para mí es un momento de recambio interior, de volver a nacer interiormente y proyectarnos en la persona que queremos ser. Es como una nueva oportunidad que nos da el Señor para comenzar todo de nuevo.

– ¿Cómo viviste la propuesta de sumarte a la campaña “Navidad es Jesús”?
– Me gustó mucho porque, como dije en la pregunta anterior, para mí siempre fue ese el significado de la Navidad. Y en mis imágenes de la Navidad, de la sagrada familia en el pesebre, siempre trató de rescatar la sencillez, la humildad, el trabajo, la generosidad y el dedicarse al otro, como lo haría cualquier familia, cualquier persona que ama a los suyos. Siempre me interesó acercar el mensaje divino a la tierra y elevar el trabajo de la gente al cielo. Porque creo que Dios se hizo hombre para estar más cerca el hombre, no para perderse entre altares y nubes.

– A través del mensaje de la Navidad, estás presente en miles de hogares argentinos ¿qué mensaje quisieras dejarles?
– Soy más de dar algún mensaje con mis dibujos, más que escrito. Pero rescataré algo de lo que dije anteriormente: “La Navidad es una buena oportunidad que tenemos para ser mejores, para renacer en el amor y ser mejores personas. Por eso, me parece muy importante que lo urgente: el apuro, los nervios, las compras, el cansancio y el stress, no nos gane y sepamos disfrutarlo en familia o con amigos. Es preferible una mesa vacía pero un corazón lleno, que una mesa llena y un corazón vacío. Disfrutemos el estar juntos”.

(fuente: www.radiomaria.org.ar)

Y nació de María Virgen

Dogma que enseña que la Bienaventurada Madre de Jesucristo era virgen antes, durante, y después de la concepción y nacimiento de su divino Hijo.


I. El Nacimiento Virginal en la Teología Católica

Concilios y Credos

La virginidad de Nuestra Señora fue definida bajo anatema en el tercer canon del Concilio de Letrán celebrado en tiempos del Papa Martín I, en el año 649. El Credo Niceno-Constantinopolitano, como se reza en la Misa, expresa la creencia en Cristo, quien “ por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen”; el Credo Apostólico profesa que Jesucristo “fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen”; la forma más antigua del mismo credo usa la expresión “nacido del Espíritu Santo y de la Virgen María”. Estas profesiones muestran:

Que el cuerpo de Jesucristo no fue enviado del Cielo, ni tomado de la tierra como lo fue el de Adán, sino que su materia fue suministrada por María; que María cooperó en la formación del cuerpo de Cristo como cualquier otra madre coopera en la formación del cuerpo de su hijo, pues de otro modo no podría decirse que Cristo haya nacido de María como no puede decirse que Eva naciera de Adán; que el embrión en cuyo desarrollo y crecimiento (hasta convertirse) en el niño Jesús, cooperó María, fue fecundado no por una acción humana, sino por el poder divino atribuido al Espíritu Santo; que el influjo sobrenatural del Espíritu Santo se extendió al nacimiento de Jesucristo, no meramente preservando la integridad de María, sino también causando el nacimiento de Cristo o generación externa para reflejar su nacimiento eterno del Padre de forma que,”la Luz de Luz” procediera del vientre de su madre como una luz se derrama sobre el mundo; que el “poder del Altísimo” pasaba a través de las barreras de la naturaleza sin dañarlas; que el “cuerpo de la Palabra” formado por el Espíritu Santo penetraba otro cuerpo a la manera de los espíritus.

Padres de la Iglesia

La virginidad perpetua de Nuestra Señora fue enseñada y propuesta a nuestra fe no solamente por los concilios y credos, sino también por los primeros Padres. Las palabras del profeta Isaías (7,14) son entendidas en este sentido por:

S. Ireneo (III, 21;ver Eusebio, H.E., V, viii), Orígenes (Adv. Cels., I, 35), Tertuliano (Adv. Marcion., III, 13; Adv. Judæos, IX), S. Justino (Dial. con. Tryph., 84), S. Juan Crisóstomo (Hom. v in Matth., n. 3; in Isa., VII, n. 5); S. Epifanio (Hær., xxviii, n. 7), Eusebio (Demonstrat. ev., VIII, i), Rufino (Lib. fid., 43), S. Basilio (in Isa., vii, 14; Hom. in S. Generat. Christi, n. 4, si San Basilio fue el autor de estos dos pasajes), S. Jerónimo y Teodoreto (in Isa., vii, 14), S. Isidoro (Adv. Judæos, I, x, n. 3), S. Ildefonso (De perpetua virginit. s. Mariæ, iii).

San Jerónimo dedica todo su tratado contra Helvidio a la virginidad perpetua de Nuestra Señora (ver especialmente números 4, 13, 18)

La doctrina contraria es calificada de:

"locura y blasfemia” por Gennadio (De dogm. eccl., lxix), "locura” por Orígenes (in Luc., h, vii), "sacrilegio" por San Ambrosio (De instit. virg., V, xxxv), "impiedad y ataque del ateísmo” por Filostorgio (VI, 2), "perfidia” por San Beda (hom. v, and xxii), "cúmulo de blasfemias” por el autor de Prædestin. (i, 84), "perfidia de los judíos" por el Papa Siricio (ep. ix, 3), "herejía" por San Agustín (De Hær. h., lvi).

San Epifanio probablemente supera a todos los demás en sus invectivas contra los oponentes a la virginidad de Nuestra Señora (Hær., lxxviii, 1, 11, 23).

Sagrada Escritura

No puede haber duda respecto a la enseñanza de la Iglesia ni respecto a la existencia de una primitiva tradición cristiana que mantiene la virginidad perpetua de Nuestra Señora y consiguientemente el nacimiento virginal de Jesucristo. El misterio de la concepción virginal es además enseñado por el tercer Evangelio y confirmado por el primero. Según San Lucas (1, 34-35), “María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.” La relación (sexual) con el hombre se excluyó en la concepción de Nuestro Señor. Según San Mateo, a San José, cuando estaba perplejo por el embarazo de María, le dijo el ángel: “No temas tomar contigo a María tu esposa, porque lo concebido en ella viene del Espíritu Santo” (1, 20).


II. Fuentes de esta Doctrina

¿De dónde procede la información de los evangelistas? Por lo que sabemos sólo dos seres creados fueron testigos de la anunciación, el ángel y la Santísima Virgen. Más tarde el ángel informó a San José acerca del misterio. No sabemos si Isabel, aunque “llena del Espíritu Santo”, supo toda la verdad sobrenaturalmente, pero podemos suponer que María confió el secreto tanto a su amiga como a su esposo, completando así la revelación parcial recibida por ambos.

Entre estos datos y el relato de los evangelistas hay una brecha que no puede llenarse con ninguna pista expresa proporcionada ni por la Escritura ni por la tradición. Si comparamos la narración del primer Evangelio con la del tercero, encontramos que San Mateo puede haber sacado su información de lo conocido por San José, independientemente de cualquier información proporcionada por María. El primer Evangelio meramente afirma (1, 18): “Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.” San José pudo proporcionar esos datos, bien por conocimiento propio, bien por las palabras del ángel: “lo concebido en ella viene del Espíritu Santo.” La narración de San Lucas, por otro lado, debe remontarse al testimonio de Nuestra Señora, salvo que estemos dispuestos a admitir innecesariamente otra revelación independiente. El propio evangelista señala a María como la fuente de su relato de la infancia de Jesús, cuando dice que María guardaba todas estas palabras en su corazón (2, 19,51). Zahn [1] no duda en decir que María es señalada por estas expresiones como la transmisora de las tradiciones en Lucas 1y 2

A. ¿Cómo obtuvo San Lucas su relato de la Santísima Virgen? Se ha supuesto por algunos que recibió su información de la propia María. En la Edad Media es llamado a veces “capellán de María” [2]; J. Nirsch[3] llama a San Lucas el evangelista de la Madre de Dios, creyendo que escribió la historia de la infancia (escuchada) de su boca y corazón. Aparte está el testimonio implícito del evangelista, quien nos asegura dos veces que María había guardado todas estas palabras en su corazón. Pero esto no hace precisa una comunicación oral inmediata de la historia de la infancia por parte de María, meramente muestra que María es la fuente última del relato. Si San Lucas hubiera recibido la historia de la infancia de la Santísima Virgen en forma de comunicación oral, su presentación en el tercer Evangelio mostraría naturalmente la forma y estilo de su autor griego. Como cuestión de hecho la historia de la infancia de Jesús tal como se encuentra en el tercer Evangelio (1, 5 a 2, 52) revela en su contenido, su lenguaje, y estilo una fuente judeocristiana. Todo el pasaje se lee como un capítulo del Primer Libro de los Macabeos; las costumbre judías, y las leyes, y las peculiaridades se introducen sin explicación ulterior, el “Magnificat”, el “Benedictus”, y el “Nunc dimittis” están llenos de ideas nacionales judías. En cuanto al estilo y lenguaje de la historia de la infancia, ambos son tan completamente semíticos que el pasaje debe ser retraducido al hebreo o arameo para ser debidamente apreciado. Debemos concluir, entonces, que la fuente inmediata de San Lucas para la historia de la infancia no fue oral, sino escrita.

B. Es apenas probable que María escribiera ella misma la historia de la infancia como fue supuesto por A. Plummer [4]; es más creíble que el evangelista utilizara una memoria escrita por un cristiano judío, posiblemente un sacerdote judío converso (cf. Hechos 6, 7) quizá incluso un miembro o amigo de la familia de Zacarías[5]. Pero, cualquiera que pueda ser la fuente inmediata del relato de San Lucas, el evangelista sabía que había “investigado diligentemente todo desde los orígenes”, según el testimonio de aquellos “que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra” (Lucas 1, 2).

Respecto al lenguaje original de la fuente de San Lucas, debemos convenir con el juicio de Lagarde [6] de que los dos primeros capítulos de San Lucas presentan una coloración hebrea más que griega o aramea. No han faltado escritores que hayan intentado probar que la fuente escrita de San Lucas para sus dos primeros capítulos estaba compuesta en hebreo[7]. Pero estas pruebas no son convincentes; los hebraísmos de San Lucas pueden tener su origen en una fuente aramea, o incluso en un original griego compuesto en el lenguaje de los Setenta . Aun así, considerando que el arameo era el lenguaje generalmente hablado en Palestina en esa época, debemos concluir que el secreto de Nuestra Señora fue originalmente escrito en arameo, aunque debe haber sido traducido al griego antes de que San Lucas lo utilizara [8]. Como el griego de Lucas 2,41-52 es más idiomático que el lenguaje de Lucas 1, 4-2, 40, se ha inferido que la fuente escrita del evangelista llegaba sólo hasta 2,40; pero como en 2, 51 se repiten expresiones que se encuentran en 2,19, puede deducirse con seguridad que ambos pasajes fueron tomados de la misma fuente.

El evangelista refunde la fuente de la historia de la infancia antes de incorporarla a su Evangelio; pues la utilización de palabras y expresiones en Lucas 1 y 2 coincide con los capítulos siguientes [9]. Harnack [10] y Dalman [11] sugieren que San Lucas puede ser el autor original de sus dos primeros capítulos, adoptando el lenguaje y estilo de los Setenta; pero Vogel [12] y Zahn [13] mantienen que tal proeza literaria sería imposible para un escritor grecoparlante. Lo antedicho explica por qué es completamente imposible reconstruir la fuente original de San Lucas; el intento de Resch [14] de reconstruir el Evangelio original de la infancia o la fuente de los dos primeros capítulos del primer y tercer Evangelio y la base del prólogo del cuarto, es un fracaso, a pesar de su ingeniosidad. Conrady [15] creía que había encontrado la fuente común de la historia canónica de la infancia en el denominado “Protoevangelio de Santiago”, el cual, según él , fue escrito en hebreo por un judío egipcio hacia el año 120, fue poco después traducido al griego; debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el texto griego no es una traducción, sino el original, y una mera recopilación de los Evangelios canónicos. Por tanto, todo lo que podemos decir acerca de la fuente de San Lucas para su historia de la infancia de Jesús se reduce a la escasa información de que debe haber sido una traducción griega de un documento arameo basado, en última instancia, en el testimonio de Nuestra Señora.


III. El Nacimiento Virginal en la Teología Moderna

Al adherirse la teología moderna al principio del desarrollo histórico, y negar la posibilidad de cualquier intervención milagrosa en el curso de la historia, no puede consiguientemente admitir la realidad histórica del nacimiento virginal. Según las opiniones modernas, Jesús era realmente el hijo de José y María y fue dotado por una posteridad admirativa del halo de la divinidad; la historia de su nacimiento virginal concordaba con los mitos referentes a los nacimientos extraordinarios de los héroes de otras naciones [16]; el texto original de los Evangelios no decía nada del nacimiento virginal [17]. Sin insistir en la arbitrariedad de los presupuestos filosóficos implícitos en la posición de la teología moderna, revisaremos brevemente su actitud crítica hacia el texto de los Evangelios y sus intentos de acabar con la tradición cristiana primitiva relativa al nacimiento virginal de Cristo.

A. Integridad del texto evangélico

Wellhausen [18] afirmaba que el texto original del tercer Evangelio comenzaba con nuestro actual tercer capítulo, siendo los dos primeros capítulos una adición posterior. Pero Harnack parece haber previsto esta teoría antes de que fuera propuesta por Wellhausen; pues mostró que los dos capítulos en cuestión pertenecían al autor del tercer Evangelio y de los Hechos [19]. Holtzmann [20] considera a Lucas 1, 34-35 como una añadidura posterior; Hillman [21] cree que las palabras hos enouizeto de Lucas 3, 23 deben ser consideradas a la misma luz. Weinel [22] cree que la supresión de las palabras epei andra ou ginosko de Lucas 1, 34 deja el tercer Evangelio sin prueba consistente del nacimiento virginal; Harnack no sólo está de acuerdo con las omisiones de Holtzmann y Hillman, sino que borra también la palabra parthenos de Lucas 1, 27 [23]. Otros partidarios de la teología moderna son más bien escépticos respecto a la solidez de estas teorías de crítica textual; Hilgenfeld [24], Clement [25], y Gunkel [26] rechazan sin reserva los argumentos de Harnack. Bardenhewer [27] los considera uno a uno y los encuentra deficientes.

A la luz de los argumentos sobre el carácter genuino de los trozos del tercer Evangelio rechazados por los críticos arriba mencionados, es difícil comprender cómo pueden ser omitidos por cualquiera que estudie sin prejuicios el texto sagrado. Se encuentran en todos los manuscritos, traducciones, y citas cristianas primitivas, en todas las ediciones impresas—en resumen, en todos los documentos considerados por los críticos como testimonios de confianza sobre la autenticidad de un texto. Además, en la narración de San Lucas, cada versículo es como un eslabón en una cadena, de manera que ningún versículo puede ser eliminado como una interpolación sin destruir el conjunto. Más aún, los versículos 34 y 35 son en la historia de Lucas lo que la piedra angular es en un arco, lo que un diamante es en su engaste; el texto del Evangelio sin estos dos versículos se parecería a un arco inacabado, a una montura desprovista de sus piedras preciosas [28].

Finalmente, el relato de Lucas que nos dejan los críticos no está de acuerdo con el resto de la narración del evangelista. Según los críticos, los versículos 26-33 y 36-38 relatan la promesa del nacimiento del Mesías, el hijo de José y María, igual que los versículos inmediatamente precedentes relatan la promesa del nacimiento del precursor, el hijo de Zacarías e Isabel. Pero hay una gran diferencia: la historia del precursor está llena de milagros – como la repentina mudez de Zacarías, la maravillosa concepción de Juan—mientras que el relato de la concepción de Cristo no ofrece nada extraordinario, en un caso el ángel es enviado al padre del niño, Zacarías, mientras que en el otro el ángel se aparece a María; en un caso se dice que Isabel concibió “días después”, mientras que no se añade nada sobre la concepción de María [29]. El texto tradicional completo del Evangelio explica estas diferencias, pero el texto mutilado críticamente las deja sin explicar.

Los partidarios de la teología moderna creían tener un fundamento sólido para negar el nacimiento virginal en el Codex Syrus Sinaiticus descubierto por Mrs. Lewis y Mrs Gibson en 1892, más exactamente investigado en 1893, publicado en 1894, y suplementado en 1896. Según este códice, Mateo, 1, 16 dice:”José quien desposó a María la Virgen, engendró a Jesús que es llamado Cristo”. Aun así, el traductor siríaco no puede haber ignorado el nacimiento virginal ¿Por qué dejó la expresión “la virgen” en el contexto inmediato? ¿Cómo interpretaba los versículos 18, 20 y 25, si no sabía nada del nacimiento virginal? De ahí que, o el texto siríaco ha sido ligeramente alterado por un transcriptor (sólo tendría que haber cambiado una letra) o el traductor interpretó la palabra “engendró” como una paternidad convencional, no carnal, un significado que tiene en los versículos 8 y 12.

B. Fuente no histórica del Nacimiento Virginal

Los que se oponen a la realidad histórica del nacimiento virginal admiten que bien los evangelistas o bien los interpoladores de los Evangelios tomaron su material de una tradición cristiana primitiva, pero se esfuerzan en demostrar que esta tradición no tiene fundamento sólido. Hacia el año 153 San Justino (Apol., I, xxi) decía a sus lectores paganos que el nacimiento virginal de Jesucristo no debía parecerles increíble, puesto que muchos de los más estimados escritores paganos hablaban de un gran número de hijos de Zeus. Hacia el año 178 el filósofo platónico Celso ridiculizó el nacimiento virginal de Cristo, comparándolo con los mitos griegos de Dánae, Melanipa, y Antíope; Orígenes (c. Cels. I, xxxvii) respondió que Celso escribía más como un bufón que como un filósofo. Pero los teólogos modernos de nuevo hacen proceder el nacimiento virginal de Nuestro Señor de fuentes no históricas, aunque sus teorías no son concordantes.

La teoría del origen pagano

Un primer grupo de autores recurren a la mitología pagana para explicar la tradición cristiana referente al nacimiento virginal de Jesús. Usener [30] arguye que los primeros gentiles cristianos deben haber atribuido a Cristo lo que sus antepasados paganos habían atribuido a sus héroes paganos; de ahí que la filiación divina de Cristo sea un producto del pensamiento religioso de los gentiles cristianos. Hillmann [31] y Holtzmann [32] están sustancialmente de acuerdo con la teoría de Usener. Conrady [33] encontró en la Virgen María una imitación cristiana de la diosa egipcia Isis, madre de Horus; pero Holtzmann [34] declara que él no puede seguir esta “osada construcción sin un sentimiento de temor y vértigo” y Usener [35] teme que su amigo Conrady se mueva por una senda escarpada. Soltau [36] intenta transferir a Jesús el origen sobrenatural de Augusto, pero Lobstein [37] teme que el intento de Soltau pueda desacreditar a la propia ciencia, y Kreyher [38] refuta la teoría con más extensión.

Por qué los cristianos recientemente convertidos del paganismo habrían vuelto a sus supersticiones paganas en su concepción de las doctrinas cristianas? ¿Cómo podía triunfar el resultado del pensamiento pagano entre los judíos cristianos sin dejar apenas un vestigio de oposición por parte de los judíos cristianos? ¿Cómo pudo llevarse a cabo esta importación entre la cristiandad judía en una época lo bastante temprana como para producir fuentes judeocristianas de las que o los evangelistas o los interpoladores de los Evangelios extrajeran su material? ¿Por qué los parientes de los padres de Cristo no protestaron contra las nuevas opiniones relativas al origen de Cristo?

Aparte, el principal argumento en el que descansa la importación del nacimiento virginal de los mitos paganos al cristianismo es falaz, por decir lo menos. Su premisa mayor supone que fenómenos similares no meramente pueden, sino deben, surgir de similares causas; su premisa menor afirma que el nacimiento virginal de Cristo y las filiaciones divinas míticas del mundo pagano son fenómenos similares, una afirmación falsa según las apariencias.

La teoría del origen judío (Isaías 7,14)

Un segundo grupo de autores hacen proceder la tradición primitiva cristiana del nacimiento virginal de la influencia judía cristiana. Harnack [39] es de la opinión que el nacimiento virginal se originó a partir de Isaías 7,14; Lobstein [40] añade las “tradiciones poéticas que rodeaban los nacimientos de Isaac, Sansón, y Samuel” como otra fuente de la creencia en el nacimiento virginal. La teología moderna no admite que Isaías 7,14, contenga una profecía real verificada en el nacimiento virginal de Cristo; por tanto, debe mantener que San Mateo malinterpretó el pasaje cuando dijo: "Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo”, etc.(1:22-23).¿Cómo explican Harnack y Lobstein tal error de interpretación por parte del evangelista? No hay indicios de que los judíos contemporáneos de San Mateo interpretaran las palabras del profeta en este sentido. Hillmann [41] prueba que la creencia en el nacimiento virginal no se contiene en el Antiguo Testamento, y por tanto no puede haber sido tomado de él. Dalman [42] mantiene que el pueblo judío nunca esperó un nacimiento sin padre del Mesías, y que no hay vestigios de una interpretación judía de Isaías 7, 14 en tal sentido.

Aquellos que hacen proceder el nacimiento virginal de Isaías 7,14, deben mantener que un error accidental de interpretación del profeta por parte del evangelista reemplazó a la verdad histórica entre los primeros cristianos a pesar del mejor conocimiento y el testimonio de los discípulos y parientes de Jesús. Zahn [43] llama a tal suposición “completamente fantástica"; Usener [44] declara el intento de hacer de Isaías 7,14 el origen del nacimiento virginal, en vez de su promesa, una inversión del orden natural. Aunque la exégesis católica se esfuerza en encontrar en el Antiguo Testamento indicaciones proféticas del nacimiento virginal, aun así admite que los judíos cristianos llegaron a una total comprensión de Isaías 7,14 sólo por medio de su cumplimiento [45].

La teoría sincrética

Hay una tercera teoría que se esfuerza en explicar la prevalencia de la doctrina del nacimiento virginal entre los primeros judíos cristianos. Gunkel [46] admite que la idea del nacimiento virginal es una idea pagana, totalmente extraña a la concepción judía de Dios; pero también admite que esta idea no podía haber triunfado entre los primeros judíos cristianos a través de la influencia pagana. De ahí que crea que la idea habría triunfado entre los judíos en la época precristiana, de forma que el judaísmo que afluía directamente en la primitiva cristiandad había recibido una cierta cantidad de sincretismo. Hilgenfeld [47] intenta hacer proceder la enseñanza cristiana del nacimiento virginal ni del paganismo clásico ni del puro judaísmo, sino del desprecio esenio por el matrimonio. Las teorías de ambos, Gunkel y Hilgenfeld, se basan en combinaciones sin fundamento más que en evidencias históricas. Ningún autor presenta prueba histórica alguna de sus afirmaciones. Gunkel, de hecho, incidentalmente llama la atención sobre las ideas parsis, sobre la leyenda de Buda, y sobre las fábulas romanas y griegas. Pero los romanos y los griegos no ejercieron una influencia tan notable sobre el judaísmo precristiano; y que la leyenda de Buda llegara tan lejos como a Palestina no puede ser mantenido seriamente por Gunkel [48]. Incluso Harnack [49] considera la teoría de que la idea del nacimiento virginal penetrara entre los judíos por medio de la influencia parsi, como una suposición improbable.


NOTAS

[1] "Einleitung in das Neue Testament", 2ª ed., II, 406, Leipzig, 1900
[2] cf. Du Cange, "Gloss. med. et inf. latinitatis", s.v. "Capellani"; ed. L. Favre
[3] "Das Grab der heiligen Jungfrau Maria", 51, Mainz, 1896
[4] "A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel of St. Luke" en "The International Critical Commentary", Edinburgh, 1896, p. 7
[5] cf. Blass, "Evangelium secundum Lucam", xxiii, Leipzig, 1897
[6] "Mitteilungen", III, 345, Göttingen, 1889
[7] cf. Gunkel, "Zum religions-geschichtl. Verständnis des Neuen Testaments", pp. 67 sq., Göttingen, 1903
[8] cf. Bardenhewer, "Maria Verkündigung" in "Biblische Studien", X, v, pp. 32 s., Freiburg, 1905
[9] cf. Feine, "Eine vorkanonische Ueberlieferung des Lukas in Evangelium und Apostelgeschichte", Gotha, 1891, p. 19; Zimmermann, "Theol. Stud. und Krit.", 1903, 250 ss.
[10] Sitzungsber. der Berliner Akad., 1900, pp. 547 ss.
[11] "Die Worte Jesu", I, 31 sq., Leipzig, 1898
[12] "Zur Charakteristik des Lukas nach Sprache und Stil", Leipzig, 1897, p. 33
[13] Einleitung, 2nd ed., ii, 406
[14] "Das Kindheitesevangelium nach Lukas und Matthäus" en "Texte und Untersuchungen zur Gesch. der altchristl. Literatur", X, v, 319, Leipzig, 1897
[15] "Die Quelle der kanonischen Kindheitsgeschichte Jesus", Göttingen, 1900
[16] Gunkel, "Zum religionsgesch. Verst. des N.T.", p, 65, Göttingen, 1903
[17] Usener, "Geburt und Kindheit Christi" in "Zeitschrift für die neutest. Wissenschaft", IV, 1903, 8
[18] "Das Evangelium Lukä", Berlin, 1904 [19] Sitzungsberichte der Kgl. preuss. Akad. der Wissenschaften zu Berlin, 1900, 547
[20] "Handkommentar züm Neuen Testament", I, 31 s., Freiburg, 1889
[21] "Die Kindheitsgeschichte Jesu nach Lukas kritisch untersucht" in "Jahrb. für protest. Theol.", XVII, 225 ss., 1891
[22] "Die Auslegung des apostolischen Bekenntnisses von F. Kattenbusch und die neut. Forschung" en "Zeitschrift für d. n. t. Wissensch.", II, 37 ss., 1901; cf. Kattenbusch, "Das apostolische Symbol", II, 621, Leipzig, 1897-1900
[23] Zeitschrift für d. n. t. Wissensch., 53 ss., 1901
[24] "Die Geburt Jesu aus der Jungfrau in dem Lukasevangelium" in "Zeitschr. für wissenschaftl. Theologie", XLIV, 313 ss., 1901 [25] Theol. Literaturzeitung, 1902, 299
[26] op. cit., p. 68
[27] "Maria Verkündigung", pp. 8-12, Freiburg, 1905
[28] cf. Feine, "Eine vorkanonische Ueberlieferung", 39, Gotha, 1891
[29] Bardenhewer, op. cit., 13 ss.; Gunkel, op. cit., 68
[30] "Religionsgeschichtl. Untersuchungen", I, 69 ss., Bonn, 1899; "Geburt und Kindheit Christi" en "Zeitschrift für d. n. t. Wissensch.", IV, 1903, 15 sqq.
[31] Jahrb. f. protest. Theol., XVII, 1891, 231 ss.
[32] "Lehrb. d. n. t. Theol.", I, 413 ss., Freiburg, 1897
[33] "Die Quelle der kanonisch. Kindheitsgesch. Jesus", Göttingen, 1900, 278 ss.
[34] Theol. Literaturzeit., 1901, p. 136
[35] Zeitschr. f. d. n. t. Wissensch., 1903, p. 8
[36] "Die Geburtsgeschichte Jesu Christi", Leipzig, 1902, p. 24
[37] Theol. Literaturzeitung, 1902, p. 523
[38] "Die jungfräuliche Geburt des Herrn", Gutersloh, 1904
[39] "Lehrb. d. Dogmengesch.", 3rd ed., I, 95 s., Freiburg, 1894
[40] "Die Lehre von der übernatürlichen Geburt Christi", 2ª ed., 28-31, Freiburg, 1896
[41] "Jahrb. f. protest. Theol.", 1891, XVII, 233 ss., 1891
[42] Die Worte Jesu, I, Leipzig, 1898, 226
[43] "Das Evangelium des Matthäus ausgelegt", 2ª ed., Leipziig, 1905, pp. 83 sq.
[44] "Religionsgesch. Untersuch.", I, Bonn, 1889, 75
[45] Bardenhewer op. cit., 23; cf. Flunk, Zeitschrift f. kathol. Theol.", XXVIII, 1904, 663
[46] op. cit., 65 ss.
[47] "Zeitschr. f. wissensch. Theol.", 1900, XLIII, 271; 1901, XLIV, 235
[48] cf. Oldenberg, "Theol. Literaturzeit.", 1905, 65 s.
[49] "Dogmengesch.", 3ª ed., Freiburg, 1894, 96

Aparte de las obras citadas en el curso de este artículo, podemos llamar la atención sobre los tratados dogmáticos acerca del origen sobrenatural de la Humanidad de Cristo por medio del Espíritu Santo de la Virgen María especialmente: WILHELM Y SCANNELL, Manual of Catholic Theology, II (Londres y Nueva York, 1898), 105 ss.; 208 ss.; HUNTER, Outlines of Dogmatic Theology, II (Nueva York, 1896), 567 ss.; también sobre los principales comentarios de Mateo 1 y 2 ; Lucas 1 y 2. Entre los escritos protestantes podemos mencionar la traducción de LOBSTEIN, The Virgin Birth of Christ (Londres, 1903); BRIGGS, Criticism and the Dogma of the Virgin Birth in North Am. Rev. (Junio, 1906); ALLEN en Interpreter (Febr., 1905), 115 ss.; (Oct., 1905), 52 ss.; CARR en Expository Times, XVIII, 522, 1907; USENER, sub voce Nativity en Encyclo. Bibl., III, 3852; CHEYNE, Bible Problems (1905), 89 ss.; CARPENTER, Bible in the Nineteenth Century (1903), 491 ss.; RANDOLPH, The Virgin Birth of Our Lord (1903). A.J. MAAS Transcrito por Douglas J. Potter Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen Maria
Traducido por Francisco Vázquez

(fuente: ec.aciprensa.com)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Quién es Santa Claus o Papá Noel?

La leyenda de Santa Claus deriva directamente de las que desde muy antiguo han adornado la figura de San Nicolás de Bari (ca. 280-ca. 350), obispo de Myra y santo que, según la tradición, entregó todos sus bienes a los pobres para hacerse monje y obispo, distinguiéndose siempre por su generosidad hacia los niños.

En la Edad Media, la leyenda de San Nicolás arraigó de forma extraordinaria en Europa, particularmente en Italia (a la ciudad italiana de Bari fueron trasladados sus restos en el 1087), y también en países germánicos como los estados alemanes y holandeses. Particularmente en Holanda adquirió notable relieve su figura, al extremo de que se convirtió en patrón de los marineros holandeses y de la ciudad de Amsterdam. Cuando los holandeses colonizaron Nueva Amsterdam (la actual isla de Manhattan), erigieron una imagen de San Nicolás, e hicieron todo lo posible para mantener su culto y sus tradiciones en el Nuevo Mundo.

La devoción de los inmigrantes holandeses por San Nicolás era tan profunda y al mismo tiempo tan pintoresca y llamativa que, en 1809, el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859) trazó un cuadro muy vivo y satírico de ellas (y de otras costumbres holandesas) en un libro titulado Knickerbocker's History of New York (La historia de Nueva York según Knickerbocker). En el libro de Irving, San Nicolás era despojado de sus atributos obispales y convertido en un hombre mayor, grueso, generoso y sonriente, vestido con sombrero de alas, calzón y pipa holandesa. Tras llegar a Nueva York a bordo de un barco holandés, se dedicaba a arrojar regalos por las chimeneas, que sobrevolaba gracias a un caballo volador que arrastraba un trineo prodigioso. El hecho de que Washington Irving denominase a este personaje "guardián de Nueva York" hizo que su popularidad se desbordase y contagiase a los norteamericanos de origen inglés, que comenzaron también a celebrar su fiesta cada 6 de diciembre, y que convirtieron el "Sinterklaas" o "Sinter Klaas" holandés en el "Santa Claus" norteamericano.

Pocos años después de la publicación del libro de Irving, la figura de Santa Claus había adquirido tal popularidad en la costa este de los Estados Unidos que, en 1823, un poema anónimo titulado A Visit of St. Nicholas ('Una visita de San Nicolás'), publicado en el periódico Sentinel ('El Centinela') de Nueva York, encontró una acogida sensacional y contribuyó enormemente a la evolución de los rasgos típicos del personaje. Aunque publicado sin nombre de autor, el poema había sido escrito por un oscuro profesor de teología, Clement Moore, que lo dedicó a sus numerosos hijos y nunca previó que un familiar suyo lo enviaría a un periódico Hasta el año 1862, ya octogenario, no reconocería Moore su autoría. En el poema, San Nicolás aparecía sobre un trineo tirado por renos y adornado de sonoras campanillas. Su estatura se hizo más baja y gruesa, y adquirió algunos rasgos próximos a la representación tradicional de los gnomos (que precisamente también algunas viejas leyendas germánicas consideraban recompensadores o castigadores tradicionales de los niños). Los zuecos holandeses en que los niños esperaban que depositase sus dones se convirtieron en anchos calcetines. Finalmente, Moore desplazó la llegada del simpático personaje del 6 de diciembre típico de la tradición holandesa, al 25 de ese mes, lo que influyó grandemente en el progresivo traslado de la fiesta de los regalos al día de la Navidad.

El proceso de popularización del personaje siguió en aumento. El 6 de diciembre de 1835, Washington Irving y otros amigos suyos crearon una sociedad literaria dedicada a San Nicolás, que tuvo su sede en la propia casa de Irving. En las reuniones, era obligado fumar en pipa y observar numerosas costumbres holandesas. Ello indica hasta qué extremo habían aceptado esta tradición holandesa los norteamericanos descendientes de otros grupos inmigrantes.

El otro gran contribuyente a la representación típica de San Nicolás en el siglo XIX fue un inmigrante alemán llamado Thomas Nast. Nacido en Landau (Alemania) en 1840, se estableció con su familia en Nueva York desde que era un niño, y alcanzó gran prestigio como dibujante y periodista. En 1863, Nast publicó en el periódico Harper's Weekly su primer dibujo de Santa Claus, cuya iconografía había variado hasta entonces, fluctuando desde las representaciones de hombrecillo bajito y rechoncho hasta las de anciano alto y corpulento. El dibujo de Nast lo presentaba con figura próxima a la de un gnomo, en el momento de entrar por una chimenea. Sus dibujos de los años siguientes (siguió realizándolos para el mismo periódico hasta el año 1886) fueron transformando sustancialmente la imagen de Santa Claus, que ganó en estatura, adquirió una barriga muy prominente, mandíbula muy ancha, y se rodeó de elementos como el ancho cinturón, el abeto, el muérdago y el acebo. Aunque fue representado varias veces como viajero desde el Polo Norte, su voluntariosa aceptación de las tareas del hogar y sus simpáticos diálogos con padres y niños le convirtieron en una figura todavía más próxima y entrañable. Cuando las técnicas de reproducción industrial hicieron posible la incorporación de colores a los dibujos publicados en la prensa, Nast pintó su abrigo de un color rojo muy intenso. No se sabe si fue él el primero en hacerlo, o si fue el impresor de Boston Louis Prang, quien ya en 1886 publicaba postales navideñas en que aparecía Santa Claus con su característico vestido rojo. La posibilidad de hacer grandes tiradas de tarjetas de felicitación popularizó aún más la figura de este personaje, que numerosas tiendas y negocios comenzaron por entonces a usar para fines publicitarios. Llegó incluso a ser habitual que, durante las celebraciones navideñas, los adultos se vistieran como él y saliesen a las calles y tiendas a obsequiar a los niños y hacer propaganda de todo tipo de productos. Entre 1873 y 1940 se publicó la revista infantil St. Nicholas, que alcanzó una enorme difusión.

La segunda mitad del siglo XIX fue trascendental en el proceso de consolidación y difusión de la figura de Santa Claus. Por un lado, quedaron fijados (aunque todavía no definitivamente) sus rasgos y atributos más típicos. Por otra, se profundizó en el proceso de progresiva laicización del personaje. Efectivamente, Santa Claus dejó de ser una figura típicamente religiosa, asociada a creencias específicas de determinados grupos credenciales, y se convirtió más bien en un emblema cultural, celebrado por personas de credos y costumbres diferentes, que aceptaban como suyos sus abiertos y generales mensajes de paz, solidaridad y prosperidad. Además, dejó de ser un personaje asociado específicamente a la sociedad norteamericana de origen holandés, y se convirtió en patrón de todos los niños norteamericanos, sin distinción de orígenes geográficos y culturales. Prueba de ello fue que, por aquella época, hizo también su viaje de vuelta a Europa, donde influyó extraordinariamente en la revitalización de las figuras del "Father Christmas" o "Padre Navidad" británico, o del "Père Noël" o "Papá Noel" francés, que adoptaron muchos de sus rasgos y atributos típicos.

El último momento de inflexión importante en la evolución iconográfica de Santa Claus tuvo lugar con la campaña publicitaria de la empresa de bebidas Coca-Cola, en la Navidad de 1930. Como cartel anunciador de su campaña navideña, la empresa publicó una imagen de Santa Claus escuchando peticiones de niños en un centro comercial. Aunque la campaña tuvo éxito, los dirigentes de la empresa pidieron al pintor de Chicago (pero de origen sueco) Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. El artista, que tomó como primer modelo a un vendedor jubilado llamado Lou Prentice, hizo que perdiera su aspecto de gnomo y ganase en realismo. Santa Claus se hizo más alto, grueso, de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros y amables, y vestido de color rojo con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. El personaje estrenó su nueva imagen, con gran éxito, en la campaña de Coca-Cola de 1931, y el pintor siguió haciendo retoques en los años siguientes. Muy pronto se incorporó a sí mismo como modelo del personaje, y a sus hijos y nietos como modelos de los niños que aparecían en los cuadros y postales. Los dibujos y cuadros que Sundblom pintó entre 1931 y 1966 fueron reproducidos en todas las campañas navideñas que Coca-Cola realizó en el mundo, y tras la muerte del pintor en 1976, su obra ha seguido difundiéndose constantemente.

Por el cauce de las postales, cuentos, cómics, películas, etc. norteamericanas, la oronda figura de Santa Claus sigue ganando popularidad en todo el mundo, y hoy puede decirse que constituye la advocación más universal y conocida, y también la más laica y comercial, de todas las derivadas del San Nicolás de Bari que desde el siglo IV se ha considerado tradicional protector de los niños.

Thomas Nast's Christmas Drawings for the Human Race (Nueva York, 1890).
WEISER, Francis X. Handbook of Christian Feasts and Customs (Nueva York, 1958).
RODRÍGUEZ, Pepe, Mitos y ritos de la Navidad: origen y significado de las celebraciones navideñas. (Barcelona, 1997).
J. M. Pedrosa.
(fuente: aciprensa.com)
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