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domingo, 31 de mayo de 2009

"Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo"

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 20, 19-23)

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa dónde se hallaban los Discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los Discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío Yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

El Espíritu Santo es nada menos que el Espíritu de Dios; es decir, el Espíritu de Jesús y el Espíritu del Padre. El es la presencia de Dios en medio de nosotros los hombres: “Mirad que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

Sin embargo, se ha comparado el Espíritu Santo con la brisa y con el fuego. Porque, en efecto, El es como una suave brisa que sopla donde quiere (Jn. 3, 8). Ahora bien, si el Espíritu Santo es la brisa, nosotros debemos ser como las velas de una barca, siempre en posición de ser movidos por esa brisa; es decir, debemos ser perceptivos a las inspiraciones del Espíritu Santo y dóciles a éstas, para poder navegar por esta vida guiados por El hacia nuestra meta definitiva.

El Espíritu Santo es también el fuego que descendió a los discípulos reunidos en torno a la Santísima Virgen el día de Pentecostés (Hech. 2, 3).

El Espíritu Santo nos asiste a cada uno de nosotros en nuestro peregrinar a la meta a que hemos sido llamados: el Cielo prometido a aquéllos que cumplan la Voluntad de Dios. Al Espíritu Santo se le atribuyen muchas funciones para con nosotros los hombres, siendo tal vez la principal, la de nuestra santificación. Es el quien, con sus suaves inspiraciones, nos va sugiriendo cómo transitar por el camino de la santidad.

El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad. Así nos dijo Jesucristo: “Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora. Pero cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, el los llevará a la verdad plena ... El les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que Yo les he dicho” (Jn. 16, 12 y 14, 26). Así que es el Espíritu Santo quien nos lleva a conocer y a vivir todo lo que Cristo nos ha dicho; es decir, nos lleva a conocer y a aceptar el Mensaje de Cristo en su totalidad: nos lleva a la Verdad plena.

En Pentecostés conmemoramos la Venida del Espíritu Santo a la Iglesia y rogamos porque ese Espíritu de Verdad se derrame en cada uno de nosotros, que formamos parte de la Iglesia.
¿Cómo fue esa primera venida del Espíritu Santo? Los Apóstoles habían visto a Jesús irse de la Tierra, cuando ascendió al Cielo, y sabían que ya El no estaba con ellos como antes. Cierto que en los cuarenta días que transcurrieron entre su Resurrección y su Ascensión, Jesús Resucitado estuvo apareciéndoseles para fortalecerlos en la fe. Pero después de la Ascensión ellos sabían que debían continuar su camino y cumplir la misión que les había encomendado. Pero ahora sería diferente, pues serían acompañados y conducidos por el Espíritu Santo.

Antes de Pentecostés vemos a los Apóstoles temerosos y tímidos, torpes para comprender las Escrituras y las enseñanzas de Jesús. Pero luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, cambiaron totalmente: se lanzaron a predicar sin ningún temor y llenos de sabiduría divina, se les soltaron las lenguas con un nuevo poder de lenguaje dado por el Espíritu Santo, llamando a todos a la conversión, bautizando a los que acogían el mensaje de Jesucristo Salvador. Forman discípulos y comunidades, asisten a los necesitados ... sufren persecuciones, llegando hasta el martirio.

Cómo pudo suceder todo esto. El protagonista fue el Espíritu Santo. Pero ... ¿qué hacían los Apóstoles antes de Pentecostés? “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu ... en compañía de María, la Madre de Jesús ... Acudían diariamente al Templo con mucho entusiasmo” (Hech. 1, 12-14 y 2, 46).

El secreto de la acción del Espíritu Santo en nosotros y a través de nosotros está en la oración: oración perseverante, frecuente, con entusiasmo, con la Santísima Virgen María. ¡Ven, Espíritu Santo!

(fuente: www.homilia.org)

jueves, 28 de mayo de 2009

Los Dones del Espíritu Santo

El Profeta Isaías anunció que el Espíritu de Dios, traerá a quien le es fiel, siete preciosos regalos o dones (Isaías 11,2)

Los dones del Espíritu Santo nos fueron regalados desde el día de nuestro bautismo y se van aumentando si así lo pedimos en la oración.

1) Don de Sabiduría

El Espíritu Santo mediante este don, pone al alcance de almas sencillas, el conocimiento de Dios y de lo que a El se refiere Es un gusto especial por todo lo que se refiere a Dios o al bien de las almas. Nos hace saborear con simpatía y convicción las verdades y atributos divinos, por ejemplo: que Dios es Creador, Redentor, Santificador, etc. Hace que la persona goce con la oración y encuentre verdadero gusto en las lecturas de buenos libros especialmente en la Biblia. Hace que ya no obremos por ser admirados o por que nos agradezcan o estimen, sino solamente para que Dios quede contento.- Después de saborear con este don lo que es de Dios, ya todo lo que es pecado y egoísmo material causa disgusto.

2) Don de Entendimiento

Mediante este don le es dado al cristiano un conocimiento más profundo de los misterios de Dios. El hombre tiene una mayor certeza de lo que cree, todo es más claro. Para llegar a este conocimiento es necesaria la luz que da el Espíritu Santo, que recibimos en la medida de la pureza de nuestro corazón y de los deseos de santidad. El también ilumina nuestro entendimiento para que comprendamos la palabra de Dios en la Biblia.

3) Don de Consejo

Este don está muy relacionado con la virtud de la prudencia, y se refiere a los medios que se deben emplear en cada situación. Hace que al momento de tomar una decisión, escojamos lo que más nos conviene; inspira lo que debemos hacer y cómo se debe hacer, y lo que se debe decir y cómo se debe decir. Lo que se debe evitar y lo que se debe callar. A veces por medio de una buena lectura el don de Consejo, nos ilumina qué es lo que Dios está esperando de nosotros. También ayuda a encontrar soluciones rápidas para causas urgentes, y guiar a otros para que eviten lo que no les conviene.

4) Don de Fortaleza

Es una fuerza especial para realizar lo que Dios quiere de nosotros y para resistir con paciencia y valor las contrariedades de la vida. Si dejamos que el Espíritu Santo tome posesión de nuestras vidas, comprenderemos que el Señor escoge al débil y que no pide más que la buena voluntad para poner todo lo que está de nuestra parte, para que El lleve a cabo maravillas. La vida es a ratos tan dura que sin el don de fortaleza, no seríamos capaces de aguantar sin desesperación. Hay tentaciones, tan violentas e inesperadas que si no fuera por la intervención del Espíritu Santo no podríamos resistir.

5) Don de Ciencia

Es una facilidad para distinguir entre lo verdadero y lo falso. Muchas personas creen como verdadero lo que es falso y en cambio no aceptan lo que es verdad. Mediante el don de la ciencia, el cristiano sabe distinguir con perfecta claridad lo que le lleva a Dios y lo que le separa de El. También le advierte cuando las cosas buenas y rectas pueden convertirse en malas para el hombre, y lo convence de que lo que más vale no es lo material sino lo espiritual.

6) Don de Piedad

Las personas que reciben este don, tienen hacia Dios un cariño como hacia un Padre amorosísimo, y todo lo que sea por su Reino les llama la atención y lo hacen con gusto. Les mueve a tratar a Dios con ternura y el cariño de un buen hijo con su padre y a los demás hombres como a hermanos que pertenecen a la misma familia. Dios quiere que le tratemos con entera confianza, como hijos pequeños y necesitados, sabiendo que quiere lo mejor para cada uno de sus hijos. Este don nos mueve y nos facilita el amor filial a nuestra Madre del cielo, la devoción a los ángeles y santos.

7) Don de Temor de Dios

Es un temor cariñoso, que nos inspira miedo a ofender a Dios, por ser El un Padre tan generoso y lleno de bondad hacia nosotros, y también porque sabemos que Dios no dejará ni un solo pecado sin castigar. Todo menos que apartarnos de nuestro Dios. Es pues un temor que nace del amor a Dios.

(fuente: www.encuentra.com)

El Espíritu Santo asiste a la Iglesia

Como lo había prometido Jesús antes de marcharse de nuevo al Cielo, desde allá nos envía, junto con su Padre, al Paráclito. Es san Lucas quien nos relata su venida: "Llegado el día de Pentecostés estaban todos reunidos en un lugar, cuando de repente sobrevino del cielo un ruido como de viento impetuoso, que llenó toda la casa. Y aparecieron unas como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo" (Hechos 2, 1-5).

El Espíritu Santo:

a) Iluminó el entendimiento de los Apóstoles en las verdades de la fe, y los transformó de ignorantes, en sabios.

b) Fortificó su voluntad, y de cobardes los transformó en valerosos defensores de la doctrina de Cristo, que todos sellaron con su sangre.

El Espíritu Santo no descendió sólo para los Apóstoles, sino para toda la Iglesia, a la cual enseña, defiende, gobierna y santifica.

Enseña, ilustrándola e impidiéndole que se equivoque- Por eso Cristo lo llamó "Espíritu de verdad" (Juan 16, 13).

La defiende, librándola de las asechanzas de sus enemigos.

La gobierna, inspirándole lo que debe obrar y decir.

La santifica con su gracia y sus virtudes.

Es muy significativo que los Apóstoles, en el primer Concilio, en Jerusalén, invocaron la autoridad del Espíritu Santo como fundamento de sus decisiones: "Nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros. (Hechos 15, 28).

Ejemplos prácticos de esta asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia hay muchos:

- Ningún Pontífice Romano ha errado en sus decisiones dogmáticas;
- Siempre se han desencadenado contra ella graves males, pero entonces suscita eminentes varones que los contrarresten;
- Los perseguidores de la Iglesia nunca han podido hacer daños irreparables, y han tenido un fin desastroso
- Nunca han faltado cristianos de eminente santidad.

Su acción en la Iglesia es permanente: "Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros eternamente" (Juan 14, 16). Tal fue la promesa de Cristo.

(fuente: www.encuentra.com)

martes, 26 de mayo de 2009

Acerca del PURGATORIO

I. Doctrina Católica

De acuerdo a las enseñanzas Católicas, el Purgatorio (Lat., "purgare", limpiar, purificar) es un lugar o condición de castigo temporal para aquellos que, dejando esta vida en gracia de Dios, no están completamente libres de faltas veniales, o no han pagado completamente a satisfacción sus trasgresiones. La creencia de la Iglesia en relación al purgatorio está claramente expresada en el Decreto de Unión, producto del Concilio de Florencia (Mansi, t. XXXI, col. 1031), y en el decreto del Concilio de Trento (Sexx. XXV) que define: " Donde la Iglesia Católica, instruída por el Espíritu Santo, ha enseñado en Concilios y recientemente en este sínodo Ecuménico, (Sess. VI, cap. XXX; Sess. XXII, cap ii, iii) de las Sagradas Escrituras y la antigua tradición de los Padres, que existe un purgatorio, y que las almas que están allí son ayudadas por los votos de los creyentes, pero principalmente por el aceptable Sacrificio del Altar; El Santo Sínodo impone a los Obispos que con diligente esfuerzo tengan en mente la doctrina de los Padres en los Concilios en relación al purgatorio enseñado en todas partes y predicado, sostenido y creído por los creyentes" (Denzinger, "Enchiridon", 83). La Iglesia no va mas allá en sus definiciones, sino que deben ser consultadas la tradición de los Padres y la escolástica para explicar las enseñanzas de los concilios, y para dejar clara la creencia y las prácticas de los creyentes.

A. Castigo Temporal

Ese castigo temporal se debe al pecado, incluso después que el pecado mismo haya sido perdonado por Dios, lo que es claramente la enseñanza de las Escrituras. Sin dudas, Dios sacó al hombre de su primera desobediencia y le dio el poder de gobernar sobre todas las cosas (Sab. X, 2), aunque aún lo condenó a "comer el pan con el sudor de su frente" hasta que vuelva al polvo. Dios perdonó la incredulidad de Moisés y de Aaron, pero en castigo los mantuvo lejos de "la tierra prometida" (Num., xx,12). El Señor alejó el pecado de David pero la vida del niño fue confiscada porque David hizo que los enemigos de Dios blasfemaran Su Santo Nombre (II Reyes, xii, 13, 14). Tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, el acto de dar limosna y el ayuno y en general los actos penitentes son los reales frutos del arrepentimiento (Matt., iii, 8; Luke, xvii, 3; iii, 3). Todo el sistema penitencial de la Iglesia da testimonio de la presunción voluntaria de hacer obras penitentes como siempre parte del verdadero arrepentimiento y el Concilio de Trento (Ses. XVI, can xi) nos recuerda la creencia que Dios no siempre remite todo el castigo debido al pecado junto con la culpa. Dios requiere satisfacción y castigará el pecado, y esta doctrina involucra como consecuencia necesaria la creencia que el pecador al fallar en hacer penitencia en esta vida, puede ser castigado en la próxima y así no ser alejado eternamente de Dios.

B. Pecados Veniales.

Todos los pecados veniales no son iguales ante Dios, ni tampoco se atreva alguien a afirmar que las faltas diarias de la flaqueza humana serán castigadas con la misma severidad que se otorga a las serias violaciones a la ley de Dios. Por otro lado, quien sea que comparezca ante la presencia de Dios debe estar perfectamente puro porque en el sentido más estricto Sus "ojos son demasiado puros para contemplar el mal" (Hab., i, 13). La Iglesia siempre ha enseñado la doctrina del purgatorio para el pago a través de castigo temporal por los pecados veniales debidos y no arrepentidos al momento de la muerte. Tan profunda era la creencia enraizada en nuestra humanidad común que fue aceptada por los Judíos y, al menos en forma solapada por los paganos mucho tiempo antes del advenimiento del Cristianismo.("Aeneid," VI, 735 sq.; Sófocles, "Antigona," 450 sq.).


II. Errores

Epifanio (haer., lxxv, P.G., XLII, col. 513) reclamaba que Acrius (siglo cuarto) enseñaba que las oraciones por los muertos no eran de ningún beneficio. En la Edad Media, la doctrina del purgatorio fue rechazada por los Albigenses, Waldenses y Hussites. San Bernardo (Serm. lxvi en Cantic., P. L. CLXXXIII, col. 1098) declara que el llamado "Apostolici" niega el purgatorio y la utilidad de las oraciones por los que se habían ido. La posición Griega ha levantado mucha discusión sobre el tema del purgatorio. Pareciera que la gran diferencia de opinión no está en relación a la existencia del purgatorio sino en relación a la naturaleza del fuego del purgatorio; aún así, Santo Tomás prueba la existencia del purgatorio en su disertación contra los errores de los Griegos y el Concilio de Florencia. También consideró necesario afirmar la creencia de la Iglesia sobre el tema (Bellarmino, "De Purgatorio," lib. I, cap. i). La Iglesia Ortodoxa moderna niega el purgatorio, aunque es bastante inconsistente en su forma de plantear su creencia.

Al principio de la Reforma había algo de duda especialmente por parte de Lutero (Disputas de Leipzig) en relación a si la doctrina debía mantenerse, pero en la medida que la brecha crecía, la negación del purgatorio por los Reformistas se tornó en idea universal y Calvino nombró la posición Católica como "exitiale commentum quod crucern Christi evacuat... quod fidem nostram labefacit et evertit" (Institutiones, lib. III, cap. v, 6). Los Protestantes Modernos, mientras evitan el nombre purgatorio, frecuentemente enseñan la doctrina del "estado medio" y Martensen ("Dogmáticos Cristianos," Edimburgo, 1890, p. 457) escribe: "Como ninguna alma deja la presente existencia en un estado total y completamente preparado, debemos suponer que existe un estado intermedio, un reino de desarrollo progresivo (?) donde las almas son preparadas para el juicio final"(Farrar, "Piedad y Juicio," Londres, 1881, cap. iii).

III. Pruebas

La doctrina Católica del purgatorio supone que algunos mueren con pequeñas faltas de las cuales no hubo verdadero arrepentimiento, y también del hecho que la pena temporal debida al pecado no está completamente pagada en esta vida. Las pruebas de la posición Católica, ambas, en las Escrituras y en la Tradición, están atadas también con la práctica de orar por los muertos. Pero ¿ porqué orar por los muertos si no hubiera la creencia en el poder de la oración para proporcionar consuelo a aquellos quienes aún están excluidos de ver a Dios?. Esta posición es tan cierta que las oraciones por los muertos y la existencia de un lugar de purgación son mencionados conjuntamente en los más antiguos pasajes de los Padres, los cuales alegan razones para auxiliar a las almas que ya partieron. Aquellos que se han opuesto a la doctrina del purgatorio han confesado que las oraciones por los muertos podrían ser el argumento sin respuesta si la doctrina moderna del "juicio particular" hubiese sido asumida en los primeros tiempos. Pero, basta con leer los testimonios alegados de más adelante para sentirse seguro que los Padres hablan, con el mismo aliento, de ofrendas a los muertos y de un lugar de purga;

Y basta con consultar la evidencia encontrada en las catacumbas para sentirse igualmente seguro que la allí expresada fe Cristiana, abraza claramente la creencia en el juicio inmediatamente después de la muerte. Wilpert ("Roma Sotteranea," I, 441) entonces concluye en el capítulo xxi, "Che tale esaudimento", etc.,

"Se ha intercedido por el alma de los amados que han partido y Dios ya escuchado las oraciones, y el alma ha pasado a un lugar de luz y frescura" "Seguramente", Wilpert agrega, "tal intercesión no tendría lugar si el asunto fuera sobre el juicio final y no sobre el particular".

Bastante se ha tratado el tema de la objeción que los antiguos Cristianos no tenían un concepto claro del purgatorio y que pensaban que las almas que partían se mantenían en incertidumbre de salvación hasta el último día; y, consecuentemente oraban por aquellos que se habían ido antes, y que pudieran, en el juicio final, escapar incluso los eternos castigos del infierno. Las tradiciones cristianas más antiguas son bien claras en cuanto al juicio particular y, más claramente en relación a la aguda distinción entre purgatorio e infierno. Los pasajes mencionados como referentes al auxilio del infierno no pueden desalinear la evidencia entregada más abajo. (Bellarmino, "De Purgatorio," lib. II, cap. v). En relación al famoso caso de Trajano, el cual fue debatido por los Doctores de la Edad Media, ver Belarmino, loc. Cit., cap. Viii.

A. Antiguo Testamento.

La tradición de los Judíos está clara y precisamente establecida en la II Macabeos. Judas, comandante de las fuerzas de Israel "reuniéndolos...envió doce mil dracmas de plata a Jerusalén para ofrecer en sacrificio por los pecados de los muertos, pensando bien y religiosamente en relación a la resurrección (porque si él no esperara que aquellos que fueron esclavos pudieran levantarse nuevamente, habría parecido superfluo y vano orar por los muertos). Y, porque consideró que aquellos que se han dormido en Dios tienen gran gracia en ellos. "Es por lo tanto, un pensamiento sagrado y saludable orar por los muertos, que ellos pueden ser librados de los pecados" (II Mac., xii, 43-46). En los tiempos de los Macabeos los líderes del pueblo de Dios no tenían dudas en afirmar la eficiencia de las oraciones ofrecidas por los muertos para que aquellos que habían partido de ésta vida encuentren el perdón por sus pecados y esperanza de resurrección eterna.

B. Nuevo Testamento.

Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que apuntan a un proceso de purificación después de la muerte. Es por esto que Jesucristo declara (Mat,, xii, 32) "Y quien hable una palabra contra el Hijo del hombre, será perdonado: pero aquel que hable una palabra contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo ni en el que vendrá". De acuerdo a San Isidoro de Sevilla (Deord. creatur., c. xiv, n. 6) estas palabras prueban que en la próxima vida "algunos pecados serán perdonados y purgados por cierto fuego purificador". San Agustín también argumenta "algunos pecadores no son perdonados ni en este mundo o en el próximo "que a algunos pecadores no se les perdonarán sus faltas ya sea en este mundo o en el próximo no se podría decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir." (De Civ. Dei, XXI, xxiv). Gregorio el Grande (Dial., IV, xxxix) hace la misma interpretación; San Bede (comentario sobre este texto); San Bernardo (Sermo lxvi en Cantic., n.11) y otros eminentes teólogos escritores.

Un nuevo argumento es dado por San Pablo en la I Cor., iii, 11-15: " Pues nadie puede cambiar la base; ya está puesta, y es Cristo Jesús Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, caña o paja. [13] Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, serás premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego." Dado que este pasaje presenta considerables dificultades, es visto por muchos de los Padres y teólogos como evidencia de la existencia de un estado intermedio en el cual la basura de trasgresiones livianas serán quemadas y de este modo, el alma purificada será salvada. Esto, de acuerdo a Belarmino (De Purg., I,5) es la interpretación mas comúnmente dada por los Padres y teólogos; y cita para tales efectos:

San Ambrosio (comentario sobre el texto, y Sermo xx en Ps. Cxvii),
San. Jerónimo, (Com. en Amos, c. iv),
San Agustín (Com. en Ps. xxxvii),
San Gregorio (Dial., IV, xxxix), y
Origen (Hom. vi en Exod.).


C. Tradición.

Esta doctrina que muchos que han muerto aún están en un lugar de purificación y que las oraciones valen para ayudar a los muertos es parte de la tradición Cristiana más antigua. Tertuliano en "De corona militis" menciona las oraciones para los muertos como una orden Apostólica y en "De Monogamia" (cap. x, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda "orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección"; además, le ordena " hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción," y la acusó de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma. Esto estableció un claro hábito de la Iglesia desde San Cipriano quien (P. L. IV, col. 399) prohibió las oraciones habituales para quien ha violado la ley eclesiástica. "Nuestros predecesores prudentemente aconsejaron que ningún hermano, que deja esta vida, debe nombrar a ninguna persona de la iglesia como su ejecutor; y de hacerlo, no se debe realizar ningún sacrificio por él ni ofrenda por su reposo." Mucho tiempo antes de Cipriano, Clemente de Alejandría había tratado de resolver el problema del estado o condición del hombre que, reconciliado con Dios en su lecho de muerte, no tuvo el tiempo necesario para completar la penitencia debida a su trasgresión. Su respuesta es: "el creyente a través de la disciplina se despoja de sus pasiones y pasa a una mansión donde es mejor que el anterior, pasa por el mas gran tormento, tomando con él la característica de arrepentimiento por las faltas que pudo haber cometido luego del bautismo. El es entonces, torturado aún más, no obteniendo aún lo que el ve que otros han adquirido. Los mayores tormentos son asignados al creyente, porque la virtud de Dios es buena y Su bondad, correcta, y aunque estos castigos cesan durante el curso de la expiación y purificación de cada quien, "aún" etc. (P. G. IX, col. 332).

Con Orígenes, la doctrina del purgatorio es muy clara. Si un hombre deja esta vida con faltas pequeñas, es condenado al fuego que quema los materiales pequeños, y prepara el alma para el reino de Dios, donde no puede entrar nada manchado. "Porque si sobre la base de Cristo, haz construido no sólo oro y plata sino piedras preciosas (I Cor., 3); sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y de este modo manchar el reino de Dios? ¿ o en razón de estos obstáculos podrías quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo. Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo está llamado el fuego purificador

Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras." (P. G., XIII, col. 445, 448).

La práctica Apostólica de orar por los muertos la cual pasó a la liturgia de la Iglesia, fue tan clara en el siglo cuarto como lo es en el veinte. San Cirilo de Jerusalén (Catechet. Mystog., V, 9, P.G., XXXIII, col. 1116) escribe al describir la liturgia: "Entonces oramos por los Santos Padres y Obispos que han muerto; y brevemente por todos aquellos que han dejado esta vida en nuestra comunión; creyendo que las almas de aquellos por quienes oramos reciben un gran alivio, mientras esta santa y tremenda víctima yace en el altar." San Gregorio de Niza (P. G., XLVI, col. 524, 525) declara que las debilidades del hombre son purgadas en esta vida a través de la oración y sabiduría, o son expiadas en la próxima a través del fuego limpiador. " Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida, no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma está infectada. Ese mismo fuego en otros cancelará la corrupción de materia y la propensión al mal". Más menos en los mismos tiempos, la Constitución Apostólica nos entrega los formularios usados para socorrer a los muertos. "Oremos por nuestros hermanos que durmieron en Cristo, que Dios en su amor por los hombres reciba el alma del que partió y le perdone todas sus faltas, y por misericordia y clemencia lo reciba en el seno de Abraham, junto con aquellos que, en esta vida, han agradado a Dios" (P. G. I, col. 1144). Tampoco podemos omitir el uso de los dípticos donde son inscritos los nombres de los muertos; y este recordatorio por los nombres en los Misterios Sagrados (una práctica desde los Apóstoles) fue considerada por Crisóstomo como la mejor forma de aliviar a los muertos (En I Ad Cor., Hom. xli, n. 4, G., LXI, col. 361, 362). Las enseñanzas de los Padres, y las fórmulas usadas en la Liturgia de la Iglesia, encuentran su expresión en los monumentos mas antiguos del Cristianismo, particularmente en aquellos contenidos en las catacumbas. En las tumbas de los creyentes se inscribían palabras de esperanza, palabras de petición por su paz y descanso; y en la medida que se acercaban los aniversarios, se reunían los creyentes alrededor de las tumbas de los muertos para interceder por aquellos que ha se habían marchado. En el fondo, esto no es nada menos que la fe expresada en el Concilio de Trento (Sess. XXV, "De Purgatorio"), y para esta fe, las inscripciones en las catacumbas eran con seguridad, testigos. En el siglo cuarto en Occidente, Ambrosio insiste en su comentario a San Pablo (I Cor, 3) en la existencia del purgatorio, y en su oración funeraria maestra (De obitu Theodosii), donde oraba por el alma del emperador que había partido: " Da, Oh Señor, descanso a Tu servidor Teodosio, aquella paz que Tu haz preparado para Tus santos....Lo amaba, por eso lo seguiré a la tierra de los vivos; no lo dejaré hasta que por mis oraciones y lamentaciones sea admitido en el santo monte del Señor, a quien sus méritos llama" (P. L., XVI, col. 1397).

San Agustín es aún más claro que su maestro. Describe dos condiciones de los hombres: "algunos son aquellos que han partido de esta vida no tan mal como para no merecer misericordia, ni tan buenos como para merecer la felicidad inmediata" etc, y en la resurrección - dice - habrán algunos quienes " han pasado por estas penas de las cuales los espíritus de los muertos son responsables" (De Civ. Dei, XXI, 24). Es así como, al final del siglo cuarto no sólo (1) encontramos oraciones por los muertos en todas las Liturgias, sino que los Padres afirmaron que tal práctica era de los mismos Apóstoles; (2) aquellos que son ayudados por las oraciones de los creyentes y por la celebración de los Sagrados Misterios, estan en un lugar de purgación; (3) desde donde una vez purificados, serán "admitidos en el Sagrado Monte del Señor". Esta Tradición patrística es tan clara, que aquellos que no creen en el purgatorio no han sido capaces de presentar ninguna seria dificultad de los escritos de los Padres. Los pasajes citados, por el contrario, ya sea que no tocan el tema del todo, o son tan carentes de claridad que no pueden desalinear la perfectamente abierta expresión de la doctrina como se encuentra en los mismos Padres quienes son citados como sosteniendo opiniones contrarias (Bellarmine "De Purg.", lib. I, cap. xiii).


IV. Duración y Naturaleza

A. Duración.

Las mismas razones que fundamentan la existencia del purgatorio, dan testimonio de su carácter pasajero. Oramos y ofrecemos sacrificios por las almas de allí que "Dios en su misericordia puede perdonar las faltas y recibirlas en el seno de Abraham." (Const. Apost., P. G., I col. 1144); y Agustín (De Civ. Dei, lib. XXI, cap.xiii y xvi) declara que el castigo del purgatorio es temporal y cesará al menos en el Juicio Final. "Aunque los castigos temporales serán sufridos por algunos solo en esta vida, por otros luego de la muerte y por otros en ambos; pero todos antes del mas estricto y final juicio".

B. Naturaleza del Castigo

Queda claro en las Escrituras y por los Padres citados más arriba, que las almas de aquellos por cuya paz se ofrece sacrificio, quedan hasta el momento impedidas de la visión de Dios. "No eran tan buenas como para merecer la felicidad eterna". Aún así, para ellas "la muerte es el término no de la naturaleza, sino del pecado" (Ambrosio, "De obitu Theodos."); y esta inhabilidad para pecar les asegura su felicidad final. Esta es la posición Católica proclamada por Leon X en la Bula "Exurge Domine" la cual condena los errores de Lutero.

¿Están las almas detenidas en el purgatorio concientes que su felicidad es aplazada por un tiempo o pueden aún estar en duda en relación a su salvación final?. Las antiguas liturgias y las inscripciones en las catacumbas hablan de un "sueño de paz" lo cual sería imposible si hubieran dudas de la salvación final. Algunos de los Doctores de la edad Media planteaban que la incertidumbre de la salvación es uno de los castigos severos del purgatorio (Bellarmino, "De Purgat." lib. II, cap. iv); aunque esta opinión no encuentra crédito general entre los teólogos del período medieval, tampoco es posible bajo la luz de la fe un juicio particular. San Buenaventura no da como la razón de la eliminación de este temor y de incertidumbre, la convicción íntima que ya no pueden pecar más (lib. IV, dist. xx, p.1, a.1 q. iv): "Est evacuatio timoris propter confirniationem liberi arbitrii, qua deinceps scit se peccare non posse" (El miedo es echado fuera por la fortaleza de la voluntad por la cual el alma sabe que no puede volver a pecar) y Santo Tomás (dist. Xxi, q.i,a.1) que dice: "nisi scirent se esse liberandas suffragia non peterent" (a no ser que hubieran sabido que serían liberados, no pedirían oraciones).

C. Mérito.

En la Bula "Exurge Domine" León X condena la proposición (n. 38) "Nec probatum est ullis aut rationibus aut scripturis ipsas esse extra statum merendi aut augendae caritatis" (No hay prueba racional o por las Escrituras que ellas (las almas del purgatorio) no puedan merecer o aumentar en caridad). Para ellas, "la noche ha llegado donde ningún hombre puede trabajar" y la tradición Cristiana siempre ha considerado que sólo en esta vida puede trabajar para beneficio de su propia alma. Los Doctores de la edad Media mientras acordaban que ésta vida es el momento para el mérito y aumento de la gracia, aún algunos con Santo Tomás parecen cuestionar si acaso pudiera haber algún premio no esencial que las almas del purgatorio pudieran merecer (IV, dist. xxi, q. i, a. 3). Belarmino cree que en esta materia, Santo Tomás cambió su opinión y se refiere a una declaración del mismo Santo Tomás ("De Malo", q. vii, a. 11). Sea cual sea la mente del Doctor Angélico, los teólogos acuerdan que no es posible ningún mérito en el purgatorio y si hay objeciones que las almas logran méritos por las oraciones, Belarmino dice que tales oraciones valen ante Dios por mérito ya adquirido "(Solum impetrant ex meritis praeteritis quomodo nunc sancti orando) pro nobis impetrant licet non merendo" (Valen sólo en virtud de méritos pasados así como aquellos que hoy son santos interceden por nosotros no por mérito sino por oración.) (loc. cit. II, cap. iii).

D. Fuego del Purgatorio.

Besario, en el Concilio de Florencia argumentó en contra de la existencia de un real fuego del purgatorio, y los Griegos estaban seguros que la Iglesia Romana nunca había emitido ningún decreto dogmático sobre tal tema. En Occidente, la creencia en la existencia del fuego real es común. Agustín en Ps.37 n.3, habla del dolor que el fuego del purgatorio produce, como más severo que ninguna cosa puede sufrir un hombre en esta vida, "gravior erit ignis quam quidquid potest homo pati in hac vita" (P. L., col. 397). Gregorio el Grande habla de aquellos que, después de esta vida "expiarán sus faltas con flamas del purgatorio" y agrega "que el dolor será más intolerable que ninguno en esta vida" (Ps.3 Poenit, n. 1). Siguiendo los pasos de Gregorio, Santo Tomás enseña (IV, dist. Xxi, qi, a1) que aparte de la separación del alma de la vista de Dios, hay otro castigo del fuego. "Una poena damni, in quantum scilicet retardantur a divina visione; alia sensus secundum quod ab igne punientur", y San Buenaventura no solo concuerda con Santo Tomás, sino que agrega (IV, dist. xx, p.1, a.1, q. ii) que este castigo con fuego es más severo que ningún castigo que le llegue al hombre en esta vida";"Gravior est oinni temporali poena. quam modo sustinet anima carni conjuncta". Los Doctores no saben cómo este fuego afecta a las almas de los que partieron y, en tales materias es bueno reparar las advertencias del Concilio de Trento al ordenar a los obispos "excluir de sus sermones cuestiones difíciles y perspicaces que no tienden a la edificación y de cuya discusión no aumenta ni la piedad ni la devoción" (Sess. XXV, "De Purgatorio").


V. Socorro a los muertos.

Las Escrituras y los Padres, ordenan oraciones y oblaciones por los que han partido y el Concilio de Trento (Sess. XXV, "De Purgatorio") en virtud de esta tradición no sólo afirma la existencia del purgatorio sino que agrega "que las almas que están allí detenidas, son ayudadas por los votos de los creyentes y principalmente por el aceptable sacrificio del altar". La enseñanza cristiana más antigua es que aquellos en la Tierra aún están en comunión con las almas del purgatorio, y que los vivos ayudan a los muertos con sus oraciones y queda claro de la tradición descrita más arriba. Que el Santo Sacrificio era ofrecido por los que han partido fue recibido por la Tradición Católica incluso en los tiempos de Tertuliano y Cipriano, y que las almas de los muertos son ayudadas particularmente "mientras la sagrada víctima yace en el altar" es una expresión de Cirilo de Jerusalén citada anteriormente. Agustín (Serm. Clxii, n.2) dice que "las oraciones y limosnas del creyente, el Santo Sacrificio del Altar ayuda al creyente que partió y mueve al Señor a manejarlos con misericordia y bondad y, agrega, "Esta es la práctica de la Iglesia universal facilitada por los Padres". Ya sea que nuestras obras de satisfacción realizados en pro de los muertos los beneficia puramente por la benevolencia y piedad de Dios o ya sea que Dios se obliga en justicia aceptar nuestra expiación sustitutiva, no es una cuestión ya determinada. Suárez piensa que la aceptación es una aceptación de justicia, y afirma la práctica común de la Iglesia que une juntos a los vivos con los muertos sin ningún tipo de discriminación (De poenit., disp. xlviii, 6, n. 4).


VI. Indulgencias

El Concilio de Trento (Sess. XXV) define que las indulgencias son "muy saludables para los Cristianos" y que su "uso es para ser mantenida en la Iglesia". La enseñanza más común de los teólogos Católicos es que las indulgencias pueden ser aplicadas a las almas detenidas en el purgatorio; y que las indulgencias están disponibles para ellos "por medio del voto" (per modum suffragii).(1) Agustín (De Civ. Dei, XX, ix) declara que las almas de los creyentes que han partido no están separadas de la Iglesia, la cual es el Reino de Cristo, y por esta razón las oraciones y votos de los vivos son de ayuda para los muertos. "Entonces, si" - argumenta Belarmino (De indulgentiis, xiv) "podemos ofrecer nuestras oraciones y satisfacciones en pro de aquellos detenidos en el purgatorio, porque somos miembros del gran cuerpo de Cristo ¿porqué la Vicaría de Cristo no aplica a las mismas almas la superabundante satisfacción de Cristo y sus santos- de los cuales El es su dispensador?" Esta es la doctrina de Santo Tomás (IV, Sent., dist. Xls, q.ii, a.3 q.2) quien afirma que las indulgencias benefician principalmente a la persona que realiza la obra por la cual es dada la indulgencia, y secundariamente puede servir igual para los muertos, si la forma en la cual la indulgencia es otorgada es enunciada como capaz de tal interpretación, y agrega "tampoco hay razón alguna por la que la Iglesia no disponga de sus tesoros de méritos en favor de los muertos, como seguramente dispone en relación a los vivos". (2) San Buenaventura (IV, Sent., dist. Xx, p.2, q.v) concuerda con Santo Tomás pero agrega que tal "relajación no puede darse bajo la forma de absolución como en el caso de los vivos, sino sólo en la forma de voto (Haec non tenet modum judicii, sed potius suffragii). Esta opinión de San Buenaventura, que la Iglesia a través de su Pastor Supremo no absuelve jurídicamente las almas en el purgatorio del castigo debido a sus pecados, es la enseñanza de los Doctores. Ellos señalan (Gratian, 24 q. ii, 2, can.1) que en el caso de aquellos que han partido de esta vida el juicio está reservado a Dios; ellos afirman la autoridad de Gelasio (Ep. ad Fausturn; Ep. ad. Episcopos Dardaniae) en apoyo de su argumento (Graciano ibid), y también insisten que los Pontífices Romanos cuando otorgan indulgencias que son aplicables a los muertos, agregan la restricción "per MODEM suffragii et deprecationis". Esta frase se encuentra en la Bula de Sixto IV "Romani Pontificis próvida diligentia", 27 de Nov., 1447. La frase "per modum suffragi et deprecationis" ha sido interpretada de varias maneras (Belarmino, "De Indulgentiis" p. 137). Belarmino mismo dice: "La opinión verdadera es que las indulgencias valen como votos, porque ellas valen no para modelar una absolución jurídica 'quia non prosunt per modum juridicae absolutionis'." Pero, de acuerdo al mismo autor, el voto de los creyentes vale por momentos "per modum meriti congrui" (por vía del mérito), y en otros momentos, "per modum impetrationis" (por medio de súplica) a veces "per modum satisfactionis" (por medio de satisfacción); pero cuando se trata de aplicar una indulgencia a alguien en el purgatorio sólo es "per modum suffragii satisfactorii" y por esta razón "el papa no absuelve el alma en purgatorio del castigo debido al pecado, sino que ofrece a Dios lo que sea necesario de sus tesoros para la cancelación de este castigo". Si la cuestión continuara si tal satisfacción es aceptada por Dios por piedad y benevolencia, o "ex justitia", los teólogos no están de acuerdo - algunos sostienen una opinión, otros otra. Belarmino luego de examinar ambos lados (pp. 137, 138) no osa establecer "ninguna opinión sino que se inclina a pensar que los primeros son más razonables mientras que se pronuncia que los últimos están mas en armonía con la misericordia ("admodum pia").

A. Condición.

Para que una indulgencia pueda beneficiar a aquellos en el purgatorio, se requieren varias condiciones:
La indulgencia debe ser otorgada por el Papa.

Debe haber suficiente razón para otorgarla, la indulgencia y su razón deben incumbir a la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, no solamente para ser más útiles para las almas del purgatorio. La obra pía ordenada debe ser como en el caso de las indulgencias para los vivos. Si el estado de gracia no es una condición requerida, con toda probabilidad la persona que desempeña la obra puede ganar la indulgencia para los muertos, incluso si el mismo no esté en amistad con Dios (Belarmino, loc. Cit., p.139). Suárez (De Poenit., disp. HI, s.4, n.5 y 6) establece esto categóricamente cuando dice: "Status gratiae solum requiritur ad tollendum obicem indulgentiae" (el estado de gracia es solo requerido para remover algún estorbo a la indulgencia), y en el caso de las almas sagradas, no puede haber impedimento. Esta enseñanza deslinda con la doctrina de la Comunión de los Santos y los monumentos de las catacumbas representan los santos y mártires como intercesores con Dios por los muertos. También las oraciones de las antiguas liturgias hablan de María y los santos intercediendo por aquellos que se han ido de esta vida. Agustín cree que el entierro en una basílica dedicada a un sagrado mártir es de valor para un muerto, porque aquellos que recuerdan su memoria que ha sufrido recomendará a las oraciones del mártir el alma de aquel que ha dejado esta vida (Belarmino, lib. II, xv) En el mismo lugar, Belarmino acusa a Domingo A. Soto de imprudencia porque niega esta doctrina.


VII. Invicación de las almas

¿Oran por nosotros las almas en el purgatorio? ¿Podemos pedir su intervención en nuestras necesidades? No hay una decisión respecto a este tema en la Iglesia, tampoco los teólogos se han pronunciado definitivamente en relación a la invocación de las almas en el purgatorio y su intercesión por los vivos. En las antiguas liturgias, no hay oraciones de la Iglesia dirigidas a aquellos que aún están en el purgatorio. En las tumbas de los primeros Cristianos lo más común es encontrar una oración o súplica pidiendo que quien partió interceda ante Dios por los amigos sobrevivientes, aunque estas inscripciones siempre parecen suponer que quien partió ya está con Dios. Santo Tomás (II-II:83:11) niega que las almas en el purgatorio oren por los vivos y establece que no están en posición de orar por nosotros, sino al revés, nosotros debemos interceder por ellos. A pesar de la autoridad de Santo Tomás, muchos renombrados teólogos sostienen que las almas en el purgatorio realmente oran por nosotros y que podemos invocar su ayuda. Belarmino (De Purgatorio, lib. II, xv,) dice que la razón aludida por Santo Tomás no es del todo convincente y sostiene que en virtud de su mayor amor de Dios y su unión con El sus oraciones pueden tener mayor poder de intercesión, porque son realmente superiores en amor de Dios y de intimidad de unión con El. Suárez (De poenit., disp. xlvii, s. 2, n. 9) va más allá y afirma "que las almas del purgatorio son sagradas y amadas por Dios, que nos aman con amor verdadero y están atentas a nuestros deseos; que conocen de modo general nuestras necesidades y nuestros peligros y cuán grande es nuestra necesidad de ayuda y gracia Divina".

Al plantearse la cuestión de invocar las oraciones de aquellos en el purgatorio, Belarmino (loc. Cit) piensa que es superfluo, ordinariamente hablando, porque ellos ignoran nuestras circunstancias y condiciones. Esta opinión es discordante con la opinión de Suárez, quien admite conocimiento al menos en una forma general, también con la opinión de muchos teólogos modernos quienes plantean la hoy común práctica en casi todos los creyentes de dirigir sus oraciones y peticiones en ayuda de aquellos que aún están en un lugar de purgación. Scavini ( (Theol. Moral., XI, n. l74) no encuentra razones porqué las almas detenidas en el purgatorio, no pudieran orar por nosotros, incluso que oremos los unos por los otros. El afirma que esta práctica ha sido común en Roma y tiene el gran nombre de San Alfonso en su favor. San Alfonso en su obra "Grandes Medios de Salvación" capítulo I, III, 2 luego de citar a Silvio, Gotti, Lessius y Medina como favorables a esta opinión, concluye: "de este modo las almas en purgatorio, siendo amadas por Dios y confirmadas en gracia, no tienen absolutamente ningún impedimento que evite que oren por nosotros. Aún así, la Iglesia no los invoca o implora su intercesión porque ordinariamente no tienen conocimiento de nuestras oraciones. Pero podemos píamente creer que Dios les da a conocer nuestras oraciones".

El sostiene también la autoridad de Santa Catalina de Bolonia quien "siempre que ella deseó algún favor apelaba a las almas en purgatorio y era inmediatamente escuchada"


VIII. Utilidad de la oración por los difuntos

Es materia de fe tradicional de los Católicos, que las almas en el purgatorio no están separadas de la Iglesia y que el amor que es el lazo de unión entre los miembros de la Iglesia debe abrazar a aquellos que han dejado esta vida en la gracia de Dios. Por lo tanto, dado que nuestras oraciones y sacrificios pueden ayudar a aquellos que aún esperan en el purgatorio, los santos no han dudado en advertirnos que tenemos un real deber hacia aquellos que aún expían en el purgatorio. La Santa Iglesia a través de la Congregación para las Indulgencias, el 18 de Diciembre de 1885 ha conferido una bendición especial a los así llamados "actos heroicos" en virtud de los cuales " un miembro militante de la Iglesia ofrece a Dios por las almas en purgatorio, todas las buenas obras que realizará durante su vida y también todos los votos que pudiesen acumularse después de su muerte" (Acto Heroico, vol VII, 292). La práctica de devoción a los muertos es también consolador para la humanidad y eminentemente apropiado de una religión que secunda todos los mas puros sentimientos del corazón humano. "Dulce" dice el Cardenal Wiseman (clase XI), "es el consuelo del hombre que está muriendo quien, conciente de su imperfección, cree que hay otros que intercederán por él, cuando su propio tiempo de méritos haya expirado; es un calmante para los afligidos sobrevivientes pensar que poseen medios poderosos para mitigar a sus amigos. En los primeros momentos de dolor, este sentimiento a menudo subyugará el prejuicio religioso, derribando al no creyente poniéndolo de rodillas al lado de los restos de su amigo y arrebatar de él una inconsciente oración por su descanso, siendo esto un impulso de la naturaleza la cual, por el momento, ayudada por las analogías de la verdad revelada, atrapa inmediatamente esta creencia consoladora. Pero esto es solo una fugaz y melancólica luz, mientras que el sentimiento Católico, regocijándose, aunque con solemne oscuridad, se asemeja a la lámpara infalible, de la cual la piedad de los antiguos se dice que ha estado suspendida ante los sepulcros de sus muertos".

EDWARD J. HANNA
Transcrito por William G. Bilton, Ph.D.
En memoria del Padre George P. O'Neill
Ex pastor de la Iglesia de San Juan Bautista, Buffalo, N.Y.
Traducido por Carolina Eyzaguirre Arroyo.

(fuente: http://ec.aciprensa.com/p/purgatorio.htm)

lunes, 25 de mayo de 2009

La Ascensión de Jesús a los Cielos

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 16, 15-20)

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos". El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

La Fiesta de la Ascensión de Jesucristo al Cielo es una fiesta importante y de gran significación. Sin embargo, hace evocar sentimientos encontrados de nostalgia y de alegría. El mismo Señor nos muestra esos sentimientos las veces que en el Evangelio hace el anuncio de su ida al Padre. “He deseado muchísimo celebrar esta Pascua con vosotros ... porque ya no la volveré a celebrar hasta ...” (Lc.22, 15-16). “Me voy y esta palabra los llena de tristeza” (Jn. 16, 6).

En cada uno de los anuncios de su partida, Jesús trataba de consolar a los Apóstoles: “Ahora me toca irme al Padre ... pero si me piden algo en mi nombre, yo lo haré” (Jn. 14,12 y 14). Inclusive trató de convencerlos acerca de la conveniencia de su vuelta al Padre: “En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no podrá venir a ustedes el Consolador. Pero si me voy, se los enviaré ... les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho” (Jn. 16, 7 - 14, 26).

A pesar de todos estos anuncios, los Apóstoles y discípulos no alcanzaban a entender la trascendencia de lo anunciado. La Santísima Virgen María seguramente fue preparada por su Hijo para el momento de su partida, con gracias especiales para poder consolar y animar a los Apóstoles. Jesucristo estaba dejando a Pedro como cabeza de la Iglesia y como su Representante. Pero también estaba dejando a su Madre como Madre de su Iglesia, ya que siendo Ella Madre de Cristo, era también Madre de su Cuerpo Místico. Por eso Ella los reunió y los animó, orando con ellos en espera del Espíritu Santo.

Si la Transfiguración del Señor fue algo tan impresionante, ¡cómo sería la Ascensión! Quedaron todos los presentes tan impactados de esa triste, pero gloriosa despedida, en la que el Señor subía para sentarse a la derecha del Padre, que aún después de haber desaparecido Jesús, ocultado por una nube, los Apóstoles y discípulos seguían mirando fijamente al Cielo. Fue, entonces, cuando dos Ángeles interrumpieron ese éxtasis colectivo de amor, de nostalgia, de admiración al Señor, cuyo cuerpo radiantísimo había ascendido al Cielo, y les dijeron: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al Cielo, volverá como lo han visto alejarse” (Hech. 1,11).

Importantísimo recordar ese anuncio profético de los Ángeles sobre la segunda venida de Jesucristo, en la que volverá de igual manera: en gloria y desde el Cielo. Jesucristo vendrá, entonces, como Juez a establecer su reinado definitivo. Así lo reconocemos cada vez que rezamos el Credo: de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin.

Pero por encima de la nostalgia de su partida, el misterio de la Ascensión de Jesucristo es un misterio de fe y esperanza en la vida eterna. La misma forma física en que se despidió el Señor -subiendo al Cielo- nos muestra nuestra meta, ese lugar donde El está, al que hemos sido invitados todos, para estar con El. Ya nos lo había dicho al anunciar su partida: “En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar ... Volveré y los llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14, 2-3).

La Ascensión de Jesucristo al Cielo en cuerpo y alma gloriosos nos despierta el anhelo de Cielo, la esperanza de nuestra futura inmortalidad, también en cuerpo y alma gloriosos, como El, para disfrutar con El y en El de una felicidad completa, perfecta y para siempre.

(fuente: www.homilia.org)

María Auxiliadora tuvo su homenaje en San Juan

Ayer domingo, con un sol radiante, se llevó a cabo la tradicional Procesión en honor a María Auxiliadora por las calles de la Ciudad de San Juan en la que, según estimó la Policía de San Juan, se congregaron unas diez mil personas.

La cita fue a las 16 hs. en la puerta de la Capilla "María Auxiliadora" del Colegio Don Bosco. Participaron también los alumnados de los Colegios Don Bosco y María Auxiliadora, como así también los adolescentes y jóvenes que forman parte de los movimientos juveniles de ambas obras salesianas.

En dicha Procesión participó Alfonso Delgado, Arzobispo de San Juan de Cuyo, quien, posteriormente presidió la Santa Misa que se celebró en el Patio del Colegio Don Bosco.

Asimismo, con esta emblemática fiesta se dio inicio a una serie de festejos por el 50º aniversario del Colegio María Auxiliadora de San Juan, que se cumplirá el próximo 24 de febrero de 2010.

Como sucede todos los años, el pueblo de San Juan salió una vez más por sus calles a manifestar su amor por la Madre.

video

domingo, 24 de mayo de 2009

24 de Mayo: ¡Día de Mamá Auxiliadora!

Nuestra Iglesia Católica, y en especial la familia salesiana, está hoy de fiesta porque es el Día de María, Nuestra Mamá del Cielo, bajo la advocación de "Auxilio de los Cristianos".

En numerosas parroquias y casas salesianas en todo el mundo se hacen festejos en honor a María Auxiliadora tanto para darle gracias por tu protección como también para pedirle que interceda ante Dios por todos y cada uno de nosotros.

Y para quienes hemos recibido educación en alguna casa salesiana, este día es muy especial para manifestar el amor que le profesamos a esa Madre que, más allá de cual sea la temperatura de la fe, siempre está velando por cada uno de sus hijos. Ella está siempre dispuesta a ayudarnos en todo lo que nos sirva para estar en Dios y con Dios, solo basta invocarla con amor y fe para estar bajo su Amparo.

Desde este humilde espacio en Internet, le pido a Nuestra Madre del Cielo que ruegue por toda la humanidad, y por cada uno de nosotros para que seamos de Dios.

sábado, 23 de mayo de 2009

Mi mamá no me mima

En marzo de este año, la Librería de Mujeres Editoras lanzó en la Ciudad de Buenos Aires una colección de cuentos infantiles titulada "Yo soy igual" con el objeto de, según la misma entidad editora, inculcar la igualdad de "género" desde temprana edad.

María Victoria Pereyra Rozas declaró a Diario Perfil que “Son los primeros cuentos de este tipo en el país, y fueron pensados con la idea de que la literatura debe permitir la visibilización de la realidad, porque estos cuentos intentan nombrar un mundo que ya existe”.

Esta colección fue presentada el mes pasado en la Feria del Libro que se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires y aborda situaciones de niños que viven con sus respectivas madres que ejercen profesiones o realizan oficios que, históricamente, fueron asignados a hombres. "Yo soy igual" es una colección de seis cuentos, los cuales son “Mi mamá es taxista”, “Mi mamá es electricista”, “Mi mamá es albañil”, “Mi mamá es referí”, “Mi mamá es cirujana” y “Mi mamá conduce el subte”.

Recientemente, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires entregó un reconocimiento a los autores de dicha colección “su aporte a la igualdad de condiciones entre varones y mujeres y la reivindicación del papel de la mujer como trabajadora”. Por su parte, la Legislatura de la Ciudad ya tiene un proyecto para declarar a la colección "Yo soy igual" sea declarada de interés cultural y social.

Diario Perfil festejó el lanzamiento de estos libros como "la primera colección de cuentos infantiles no sexistas". Yo me pregunto ¿Qué sería un cuento infantil "sexista"?, ¿será acaso un cuento en donde prevalece el sexo de sus protagonistas?, ¿para los niños les es obsesión el rol que le cabe a los protagonistas según se sexo?.


La Teoría del Género

Desde finales del Siglo XIX, fueron surgiendo movimientos feministas que abogaron por la igualdad entre hombre y mujer. En la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizada en setiembre de 1995 en la Ciudad de Pekín se introdujo oficialmente el concepto de género y de ahí en más ha ido penetrando en distintos ámbitos, en todos los países del Planeta.

Para sorpresa de muchos países que no estaban al tanto de lo que terminaría por imponer sin un previo debate, se presentó al concepto de "género" como una suerte de evolución a lo que se entiende por sexualidad. Quienes organizaron aquella conferencia sentenciaron que
"El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo".

Las feministas impusieron la idea de que la diferencia entre hombre y mujer responde más a cuestión cultural en la que siempre termina perjudicándose a la mujer: se rechazaba todo tipo de patriarcado, entendiéndose que de esa forma la mujer siempre resulta ser la subordinada, como así también se pontificó que la mera atracción sexual entre hombre y mujer no respondía a las condiciones naturales sino a una cuestión educativa impuesta socialmente. En otras palabras, al margen del aspecto biológico, según esas personas, cada uno de los seres humanos tiene la potestad de elegir la orientación sexual que mejor le plazca.

De esta manera, se empieza a hablar de distinto tipos de sexualidad: además de la heterosexualidad, se acepta como natural el ser homosexual, lesbiana, transexual, travesti y/o bisexual. Se introduce también el concepto de homofobia, por el que se entiende al temor a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y todo tipo de discriminación contra personas homosexuales.

Así lo afirma Dale O'Leary, autora de numerosos ensayos sobre la mujer y participante en la Conferencia de Pekín, la teoría del "feminismo de género" se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Comienza con la afirmación de Marx, de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido, en una batalla que se resolverá solo cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. La sociedad será totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos. Según O'Leary, los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión. Sin embargo, para las "feministas de género", los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que era la verdadera causa de las clases.

Según esas feministas, la mujer debe ser liberada de todo compromiso social para con su familia, es decir, no debe ser "presionada" a quedarse en casa a cuidar a sus hijos y debe salir a la calle a desarrollar una profesión, tal como los hombres lo hacen. Para facilitar ésto, se solicita a los Estados de cada país, que se apoye económicamente con la creación de institutos para el cuidado de los menores mientras madre y padre estén trabajando.

1. Masculinidad y Feminidad: Consideran que el hombre y la mujer adultos son construcciones sociales; que en realidad el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o mujer. Esta socialización, dicen, afecta a la mujer negativa e injustamente. Por ello, las feministas proponen depurar la educación y los medios de comunicación de todo estereotipo y de toda imagen específica de género, para que los niños puedan crecer sin que se les exponga a trabajos "sexo-específicos".

2. Relaciones familiares (padre, madre, marido y mujer): Las feministas no sólo pretenden que se sustituyan estos términos "género-específicos" por palabras "género-neutrales", sino que aspiran a que no haya diferencias de conducta ni responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia. Según Dale O'Leary, ésta es la categoría de "roles socialmente construidos" a la que las feministas le atribuyen mayor importancia porque consideran que la experiencia de relaciones "sexo-específicas" en la familia son la principal causa del sistema de clases "sexo/géneros".

3. Ocupaciones o profesiones. El tercer tipo de "roles socialmente construidos" abarca las ocupaciones que una sociedad asigna a uno u otro sexo.


La Familia: el primer blanco de las feministas

"El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal… en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma ‘institución de las relaciones sexuales', en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural" (Alison Jagger, "Political Philosophies of Women's Liberation", Feminism and Philosophy, Littlefield, Adams & Co., Totowa, New Jersey, 1977, p. 13.)

"La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también le imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser buenos ciudadanos… tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que ésta encarna el orden natural de las cosas. Se basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la sexualidad, especialmente la sexualidad de la mujer" (Christine Riddiough, "Socialism, Feminism and Gay/Lesbian Liberation", Women and Revolution, p. 80.)

Representantes europeos afirmaron en Pekín que "Deben escucharse las voces de mujeres jóvenes ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio Esto lleva al aspecto del derecho a ser diferente, ya sea en términos de estilo de vida -la elección de vivir en familia o sola, con o sin hijos- o de preferencias sexuales. Deben reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana".

Es decir, así como postulan la libre elección de la orientación sexual, se promueven los derechos de las mujeres lesbianas a ser "madres", ya sea por inseminación artificial o por hijos concebidos naturalmente.

Asimismo, se habla de que ya no se puede hablar de dos sexos, sino de cinco sexos: mujer heterosexual, hombre heterosexual, mujer homosexual, hombre homosexual, bisexual.


El ataque a la religión, en especial al catolicismo

En Dicha Conferencia de Pekín, Judith Lasch, señaló que "Nada ha hecho más por constreñir a la mujer que los credos y las enseñanzas religiosas".

Elisabeth Schussler Fiorenza, una "teóloga feminista de género" que niega de raíz la posibilidad de la Revelación, embiste contra la Santa Biblia cuando dijo que "Los textos bíblicos no son revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas… Análogamente, la teoría feminista insiste en que todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica."

Joanne Carlson Brown y Carole R. Bohn, también autodenominadas teólogas de la "escuela feminista de género", atacan directamente al cristianismo como propulsor del abuso infantil: "El cristianismo es una teología abusiva que glorifica el sufrimiento. ¿Cabe asombrarse de que haya mucho abuso en la sociedad moderna, cuando la imagen teológica dominante de la cultura es el ‘abuso divino del hijo' - Dios Padre que exige y efectúa el sufrimiento y la muerte de su propio hijo? Si el cristianismo ha de ser liberador del oprimido, debe primero liberarse de esta teología".

Concluyendo

La teoría del género se ha introducido fundamentalmente en escuelas y universidades para adoctrinar a las nuevas generaciones con estas ideas que desprecian la naturaleza misma del ser humano, como a la familia como célula fundamental de toda sociedad.

Según la perspectiva del género, la sexualidad humana se deforma al punto tal de que deja de estar al servicio de la Creación y pasa a quedar esclava de los impulsos desordenados de cada persona. De esta manera, se relativiza peligrosamente toda moral en cuanto a la sexualidad y a la afectividad.

Nadie está en contra de la dignidad de la mujer. Nuestra Madre Iglesia tiene una visión mucho más amplia: no solo importa la libertad de la mujer sino que se aboga por la dignidad del ser humano, desde el momento mismo de su concepción en el seno materno. Hemos sido creados varón y mujer, según cada caso, y debemos ponernos al servicio de Dios desde el lugar en que cada uno elige vivir, ya sea desde el matrimonio, la vida consagrada o la soltería.

Cada uno de nosotros hemos nacido con un sexo claramente definido y eso repercute no solo en lo biológico, sino también en los psíquico, en lo espiritual y en lo cultural. Despreciar la naturaleza humana es despreciar a su Creador. No se puede negar la feminidad y la masculinidad: ambas realidades fueron creadas para que sean mutuamente complementarias.

Muchas militantes feministas están más obsesionadas en parecerse a los hombres en cuanto a su comportamiento social, más que en tener en cuenta su propia vocación, cayendo en una sórdida competencia. La auténtica libertad de la mujer no está en rechazar su identidad femenina ni que ella logre hacer lo mismo que un hombre. Una mujer será verdaderamente libre cuando sea ella misma.

Quienes tenemos fe podemos advertir que, detrás de todo esta ideología, se esconde un fervoroso rechazo a Dios... y si todo ésto está en contra Nuestro Señor, en contra del Reino de los Cielos, en contra de la Iglesia Católica Apostólica Romana, podremos inferir claramente quien está atrás de todo ésto....

(fuente: http://www.vidahumana.org/)

La Virgen de Don Bosco

Mis queridos amigos:

Comenzamos el mes de mayo y parece que todo se transforma en nuestras casas salesianas. Es un mes especial. Un tiempo que sabe a fiesta y alegría pascual, a flores y cantos a la Madre de Jesús, a fervor popular y cariño sin límites a la Virgen de Don Bosco.

Hablar de María Auxiliadora es siempre una alegría. Para mi es recordar tantos otros meses de mayo, tantas fiestas de María Auxiliadora, tantas plegarias a los pies de la Virgen como brotaron de mis labios cuando era tan solo un niño. Pero, sobre todo, es reconocer que Dios ha hecho cosas grandes en mi vida por pura misericordia y que María ha sido siempre intercesión y presencia materna en mi camino de fe.

Al escribir estas líneas, no he podido evitar que la memoria y el corazón volasen hacia los sentimientos más íntimos. De cómo nació en mí el amor a la Virgen de Don Bosco, de cómo aprendí el Rendidos a tus plantas o saludaba a la Madre cada mañana al ir clase. Recuerdo mi infancia, mi colegio salesiano, rostros, lugares, situaciones... años entrañables que quedaron atrás y de los que siempre queda la memoria agradecida y una pincelada fugaz de madura nostalgia.

En ella, algunos recuerdos particularmente gratos de los años de colegio en la casa salesiana; recuerdos que saben de alegría y de fiesta, de veladas inolvidables, de teatro y tardes de fútbol, de aulas y de patio, de amigos, de familia, de juegos y buenos momentos, de salesianos enteros, veraces y apasionados que supieron hacer crecer en mi corazón adolescente la fe en el encuentro con Jesús de Nazaret y el cariño a su madre, la esperanza de un futuro más pleno que está por llegar y el amor generoso que se acrisola en la entrega y en el compromiso cotidianos.

Años hermosos ¿sabéis? Me cautivó tanto Don Bosco que me quedé con él; heredero, también yo de su soñar profético. Y siempre, la Auxiliadora: madre y maestra, mediadora y horizonte de plenitud; siempre la sentí de casa, paseando en los patios y en mis juegos. Ha sido tantas veces fortaleza en mi debilidad y consuelo en mi tristeza; aliento en mi peregrinar en la fe, esperanza en los momentos inciertos... y siempre Auxiliadora.

Aprendí a llamarla e invocarla desde pequeño como Auxilio de los cristianos. Fue para mí, desde entonces, la Virgen de Don Bosco. Estoy seguro que también a mí, como él nos dijo, la Virgen me puso bajo su manto. Es como si en mi vida se cumpliese también la experiencia que Don Bosco nos transmitió: en nuestra familia, todo lo ha hecho ella.

Y así ha sido. No puedo desvincular mi vocación salesiana de la mediación materna de María; no me comprendo a mí mismo sin la cercanía entrañable de la Madre de Jesús en tantos momentos de la vida; no concibo mi maduración espiritual sin la devoción recia y filial a Santa María.

También en mí la confianza se hizo milagro cotidiano por su mediación materna y en tantas ocasiones mi agua se convirtió en vino por la palabra del Señor. Y comprendí sus palabras: Haced lo que él os diga.

Eso traté de hacer cuando el mismo Jesús me pidió ir tras El. Y entonces descubrí que María me precedía en el seguimiento de su Hijo intercediendo siempre, consolando siempre, alentando la esperanza siempre. Y en los momentos más duros, las palabras de Jesús: “Ahí tienes a tu Madre”. También yo quisiera, como el discípulo amado, acogerla como lo más precioso que nos dejó su Hijo.

Vuestro amigo.

José Miguel Núñez

(fuente: http://josemiguelsdb.blogspot.com/)

viernes, 22 de mayo de 2009

Abrazo al Templo de María Auxiliadora en Rodeo del Medio

21 de Mayo, 2009 - El pasado 20 de mayo, cerca de 200 alumnos de los colegios María Auxiliadora y Don Bosco de Rodeo del Medio y Fray Luis Beltrán, del Instituto Rodeo del Medio y de la Sagrada Familia, de Colonia Bombal rodearon el templo de María Auxiliadora de Rodeo del Medio (Mendoza) con un abrazo simbólico en el primer centenario de su bendición. Además, con cantos, oraciones y aplausos las chicas y chicos rindieron homenaje a la Virgen.

“El templo fue bendecido el 20 de mayo de 1909 por el padre José Vespignani, párroco y arquitecto, que fue el que diseñó y dirigió la obra", sintetizó el padre Cristian Bassin, actual párroco. También señaló que el imponente campanario, que se divisa desde varios kilómetros a la redonda y "todo el diseño tiene un estilo romano lombardo y los motivos interiores son característicamente marianos". El Padre Bassin agregó que este abrazo se enmarca en los festejos patronales que concluirán el domingo (24 de mayo) con el día de la Virgen María Auxiliadora.

Escuela de agricultura.

Los archivos de la iglesia dan cuenta de que en 1909, cuando el Papa era Pío X, Fray Marcolino del Carmelo Benavente gobernaba la diócesis de San Juan de Cuyo, y José Figueroa Alcorta era el presidente de la República. Por ese entonces, el gobernador de la provincia era Emilio Civit.

Desde la comuna maipucina informaron que los salesianos llegaron a Rodeo del Medio en 1898, ubicado a 20 kilómetros de la capital mendocina, y comenzaron su misión con un oratorio. El pueblo tuvo una asistencia especial a partir de la donación de terrenos que realizó la señora Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal, destinados a la creación de una escuela de agricultura que enseñe la labor de campo a los hijos del pueblo.

En 1901 comenzaron las clases de viticultura y enología en la escuela Don Bosco, que contaba con alumnos pupilos y externos. Ese mismo año comenzó la construcción del futuro santuario dedicado a María Auxiliadora, obra que culminó en 1909, y que el próximo 24 de mayo celebrará su centenario.

La construcción del templo fue encargada al arquitecto salesiano Vespignani, y la decoración al artista español Antonio Estruch y Bros. El santuario fue consagrado y adherido a la basílica Santa María la Mayor, de Roma, en 1913. En 1916, monseñor José Américo Orzali, obispo de Cuyo, lo designó sede de la nueva parroquia María Auxiliadora.

En 1925 el templo se amplió con una capilla lateral, llamada capilla del Sufragio, en la que recibieron sepultura los grandes bienhechores de la obra: Lucila Barrionuevo de Bombal, el padre Aquiles Pedrolini y el gobernador de Mendoza, general Rufino Ortega y señora, cuyo mausoleo es patrimonio histórico nacional.

Para más información, visitar: http://www.donboscorodeo.edu.ar/

(fuente:www.losandes.com.ar)

miércoles, 20 de mayo de 2009

La Santidad de Don Bosco

por el Padre Pascual Chávez Villanueva sdb

“Estamos viviendo el año jubilar por el 150° aniversario de la fundación de nuestra Sociedad Salesiana. Son numerosas las iniciativas que se están llevando a cabo en las diversas inspectorías, y un vivo interés histórico sobre los inicios de nuestra familia carismática se está difundiendo por todas partes... Con sentido de humilde gratitud sentimos necesidad de alabar al Señor por el gran don que hemos recibido.

En el centro de lo que estamos viviendo en este “Año Santo”, está la fascinación por la figura de Don Bosco, que, aún hoy, renueva en nosotros el entusiasmo, atrae el corazón hacia una donación cada vez más plena y refuerza la pasión por la misión juvenil. En estos días el recuerdo de su canonización, acaecida el día de Pascua de hace 75 años por Pío XI, nos ayuda a comprender que es su santidad la que nos conquista.

En mi primera circular al comenzar el sexenio pasado, escribía: “Queridos salesianos, sed santos!”. Invitaba así a hacer de la santidad nuestro programa de vida espiritual y de acción pastoral. Al inicio de este nuevo sexenio, el año de gracia que estamos viviendo nos propone una vez más el compromiso de santidad como el camino principal para “ser una hermosa réplica de la Congregación”, como proféticamente declaraba el mismo Don Bosco. La santidad es la belleza de nuestra vida, de nuestras comunidades, de nuestra Congregación...

La santidad de Don Bosco es la garantía de que su propuesta de vida, su escuela de espiritualidad y su modelo de acción apostólica, constituyen un auténtico camino evangélico que conduce a la plenitud del amor... En la escuela de Don Bosco aprendemos también nosotros a ser santos.

La multiplicidad y variedad de las formas de santidad, florecidas durante estos 150 años en la Congregación, entre los jóvenes y en la Familia Salesiana, son un signo de la santidad de nuestro Fundador. “La santidad de los hijos es prueba de la santidad del padre”, escribía el beato Miguel Rua enviando el testamento espiritual de Don Bosco, pocos días después de su muerte.

Así, la santidad de los hijos y de las hijas fue creciendo: siguiendo al padre, un gran número de discípulos hizo propia aquella forma de santidad casi “casera”, que es “santidad del trabajo y del patio”.

¡Son tantas las figuras de santos y santas salesianos que se han inspirado en Don Bosco! A nosotros se nos propone el mismo camino: si queremos llegar a ser santos, debemos mirarle a él. Somos herederos de un santo. La santidad es la herencia más grande que él nos dejó. Don Bosco nos ha legado una santidad original, hecha de sencillez y simpatía. Una santidad que nos hace amables, buenos, sencillos. Es la santidad a la que estamos llamados. Este fue el regalo de Don Bosco a los jóvenes y este es el mejor don que también nosotros podemos hacerles hoy. ¡La juventud pobre tiene derecho a nuestra santidad!

El júbilo del día de Pascua del 1 de abril de 1934, vivido en la Plaza de San Pedro, situa la santidad de Don Bosco en una luz pascual. Ante la Pascua de este año de gracia 2009 invito a todos a vivir, con gozo y renovado compromiso, este camino de santidad como novedad de vida.

(fuente: www.donbosco.es)

La Sociedad de la Alegría - Vale la pena vivir

Esta canción fue compuesta especialmente para el Congreso Nacional del Movimiento Mallinista que se realizó en el año 1981 en la Ciudad de San Juan.

La versión de esta canción es interpretada por La Sociedad de la Alegría.

VALE LA PENA VIVIR

Hemos recibido una vida
para entregarla al Señor
transformemos en sonrisa lágrimas
y espinas de dolor.

VALE LA VIVIR
TRANSFORMANDO ESA GOTA DE DOLOR
EN ALEGRÍA

Imitemos al Dios Hombre
que transmite la verdad
que hizo carne el sufrimiento
y da alegría en cantidad.

VALE LA PENA VIVIR...

Te ofrecemos nuestro ser
por la quietud de esas piernas
por unos ojos que no ven
y oídos sordos sin querer.

VALE LA PENA VIVIR...

Seamos instrumentos de amor
en este mundo de hoy
la vida tiene sentido
si ofrecemos el dolor.

VALE LA PENA VIVIR...

lunes, 18 de mayo de 2009

San Leonardo Murialdo, a imagen de Don Bosco

En la ciudad de Turín, cuna de individuos de fama y trascendencia como Joseph Louis Lagrange y Camilo Benso, conde de Cavour; en esa Turín que sería el centro propulsor de la unidad italiana y primera capital del reino unificado, nació y llevó a cabo su obra un hombre que por su piedad y caridad, alcanzaría la santidad, engrosando el abundante elenco de santos piamonteses

San Leonardo Murialdo nació en Turín, el 26 de octubre de 1828, siendo el menor de ocho hermanos de un hogar profundamente católico. Su padre, Leonardo Franquino Murialdo era un hombre acaudalado que le dio a sus hijos una buena educación y su madre, Teresa Rho, una aplicada ama de casa, que veló por su moral y religiosidad.


El llamado de Dios

Cuando Leonardo tenía 5 años falleció su padre. En el Colegio de Padres Escolapios de Savona, donde lo había enviado su madre, debió soportar las burlas y el desprecio de sus compañeros que veían con malos ojos su capacidad para el estudio, sus costumbres piadosas y su entrega a la oración. A los 14 años decidió cambiar su conducta y sumarse a los más revoltosos, para evitar los malos tratos de que era objeto, hecho que le provocó una profunda crisis de ánimo, crisis que hizo eclosión en 1843, cuando, avergonzado por su proceder, realizó una confesión general, experiencia maravillosa según sus palabras, que lo llevó a consagrarse a Dios.


Ingreso al Seminario

A los 15 años Leonardo quedó impresionado por el sermón que su sacerdote pronunció en cierta ocasión en la parroquia de San Dalmaso. Fue ahí que decidió ser religioso, ingresando poco después a la Universidad de Turín, para estudiar Teología. En 1850 obtuvo su título y el 21 de septiembre de 1851, Monseñor Ferré, Arzobispo de Turín, lo ordenó sacerdote, oficiando su primera misa en San Dalmaso, al día siguiente. Poco después falleció su madre por una prolongada enfermedad.


A imagen de Don Bosco

Mientras hacía el seminario, el joven Leonardo acudía al Oratorio de San Luis, para ayudar a San Juan Bosco en la educación de los niños, apostolado que le serviría de adiestramiento para las obras que estaba a punto de emprender. Trabaja además con los niños de la calle, tan abundantes entonces, a quienes atraía desde las orillas del río Po, al son de sus campanillas. Se acercó también a los presos, a los deshollinadores y a los pequeños obreros, para inculcarles las enseñanzas de la Iglesia, instándolos a estudiar, a tener una profesión, a capacitarse, a confesarse y concurrir a misa. Su prédica tuvo éxito porque al cabo de un tiempo, legiones de adolescentes y pequeños se acercaban a los talleres para aprender y a los templos para orar.

Pese a ello, Leonardo no ingresó en la orden salesiana porque tenía en mente otros proyectos, muy similares a los que había puesto en marcha el gran santo de Valdocco.


El Colegio de los Artesanitos

Ya ordenado, Leonardo viajó a París para estudiar Teología y Moral en el célebre seminario de San Suplicio. De regreso en Turín, en 1866, fue designado rector del Colegio de los Artesanitos fundado por el padre Juan Cocchi, otra institución dedicada a la educación de niños pobres y huérfanos, a cuyo frente estuvo 34 años, atento a las necesidades de los carenciados.

Había en Turín quienes criticaban la obra de Don Cocchi por considerar su caridad poco prudente y no muy sabia. ¿Por qué? Pues, porque en sus casas se acogía a alumnos e individuos de pésima conducta que perjudicaban a sus semejantes con sus malos ejemplos; porque recomendaba a ese tipo de gente a otros institutos o a los superiores de otras diócesis; porque tenía amistad con hombres poco religiosos, y porque en una época de su vida, en los agitados años cuarenta, llegó a fraternizar con judíos.

Sin embargo, a todo ello puso remedio Leonardo, disciplinando a los díscolos, rescatando de la calle y la delincuencia a miles de almas y afrontando las penurias económicas. Y no faltando quienes le reprochaban que, siendo de familia acomodada podía dedicarse a labores menos desagradables y penosas, les respondía sonriente: “No me hice religioso para pasarla bien, sino para trabajar y desgastarme por las almas de los necesitados”.

Era todo lo contrario a aquel joven rico que habiéndole preguntado al Señor que debía hacer para seguirlo, se apenó al recibir como respuesta que debía despojarse de toda su riqueza y dársela a los pobres (Mc.10, 17-22).


El milagro del conde Guarene

Las deudas agobiaban a San Leonardo, tanto, que siguiendo el consejo de muchos allegados, se dispuso cerrar el colegio. Fue entonces que llamó a su puerta una madre angustiada que traía de la mano a sus dos pequeños hijos. Tal era su pobreza, que el santo turinés se apiadó de ella y aceptó hacerse cargo de ambos gratuitamente, desechando de su mente el proyecto de cierre.

La situación no podía ser peor, los acreedores exigían sus pagos cada vez con más insistencia y los demandas legales amenazaban la estabilidad del instituto. Sin embargo, cuando todo hacía prever un desenlace trágico, llegó la salvación de la mano de un noble: el conde Roero di Guarene, que interesado desde hacía tiempo por la marcha de la obra, le dejó en herencia gran parte de su fortuna. Con ella, San Leonardo pudo cancelar las deudas, reequipar los talleres, fundar la escuela de agronomía, habilitar una casa para jóvenes delincuentes y abrir un pequeño seminario. Una verdadera salvación, que de la mano de un hombre bueno y noble, llegaba desde el Cielo para salvar un emprendimiento de bien.


La obra se expande

Siguiendo la voluntad del Creador y bajo la dirección espiritual de Don Bosco, San Leonardo decidió dar mayor impulso a su obra fundando el 19 de marzo de 1873, la Pía Sociedad de San José, generalmente conocida como “Josefinos de Murialdo”, constituida por sacerdotes y laicos. El lema de la flamante congregación fue: “Callemos y obremos”.

San Leonardo se dedicó con verdadero fervor a organizar congresos para la formación de líderes católicos dado que, perseguida con saña por el gobierno de turno, la Iglesia se hallaba necesitada de ellos. También fundó las denominadas Bibliotecas Católicas Ambulantes con la intención de fomentar la buena lectura a lo largo y ancho de su país, iniciativa de magnitud que mucho tuvo que ver en la sana educación de los niños y jóvenes de su tiempo. En base a ello, puso en marcha una importante campaña denominada “Catecismo de las Tardes”, que llegó a nuclear unos 35.000 jóvenes, la mayoría obreros y niños de la calle, que encontraron en ella, refugio y consuelo. También fueron obra suya el primer diario católico obrero, “La Voz del Pueblo”, que aún circula, la organización de sindicatos de trabajadores católicos inspirados en la encíclica del Papa León XIII “Rerum Novarum” y otras iniciativas. Por esa razón, no fue de extrañar el emotivo homenaje que más de 400 ex alumnos le organizaron en 1899, con motivo del 50º aniversario del Colegio de los Artesanitos.


Pensamientos y reflexiones

Agobiado por los años y la fatiga, San Leonardo falleció en Turín, a los 72 años de edad, el 30 de marzo de 1900. Setenta años después, S.S. Paulo VI lo canonizó, conmemorándose su fiesta los 30 de marzo de cada año. Como San José Benito Cottolengo, San Juan Bosco y San Luis Orione, había legado al mundo una obra colosal de la que niños huérfanos y carenciados, fueron los principales beneficiados. Su piedad se refleja en muchos de sus pensamientos y reflexiones, tales como “Quiero santificarme y santificar a los demás. Quiero tener siempre contento al buen Dios”. Al mismo tiempo, en su libreta de apuntes, escribió los medios necesarios para alcanzar la santidad, a saberse:

1º Llenar el día de abundantes y pequeñas oraciones;
2º Aprovechar mis males y enfermedades y hasta mis fallas y equivocaciones para humillarme más y pagarle a Dios mis pecados con esos sufrimientos;
3º Como penitencia, ofrecer a Dios realizar con la mayor diligencia mis trabajos de cada día y tratar de recibir a todos con la mayor bondad posible y
4º atender a todo el que venga, con la más exquisita amabilidad. Propagó además las devociones al Sagrado Corazón de Jesús, a la Santísima Virgen Inmaculada y a San José, a través de las cuales, obró verdaderas proezas.

(fuente: http://www.cruzadadelrosario.org.ar/)
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