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sábado, 30 de noviembre de 2013

"La Iglesia no tiene el monopolio en la interpretación de la realidad", afirma el Papa en "Evangelii Gaudium"

26/11/2013 - De Pablo VI a Aparecida. Éstos son los hilos conductores de la primera exhortación apostólica del Papa. "Evangelli Gaudium" es un documento denso, en el que el Papa traza la hoja de ruta de la nueva primavera que quiere para la Iglesia. Una Iglesia que mire a los pobres y que se convierta realmente a todos los niveles, incluido el propio papado. Una Iglesia mucho más colegial y mucho más sinodal, en la que las conferencia episcopales volverán a recobrar su pasado protagonismo. Un documento basado en la "alegría de la fe".

El Papa Francisco aboga en su primera exhortación apostólica 'Evangelii Gaudium' (que significa “la alegría del Evangelio”) por una "conversión del papado" y, concretamente, por "una saludable descentralización" de la Iglesia, así como por aumentar la responsabilidad de los laicos.

Con este cambio pretende que el papado sea "más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización" por lo que destaca que las conferencias episcopales podrían hacer una contribución a fin de que "el afecto colegial" tuviera una aplicación "concreta" que aún no se ha realizado.

Además, reitera la importancia de aumentar la responsabilidad de los laicos, mantenidos "al margen de las decisiones" y señala que "todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia", en particular "en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes" así como también destaca que se requiere un mayor protagonismo por parte de los jóvenes.

Además, el Papa denuncia el sistema económico actual que califica de "injusto en su raíz" porque en esa economía predomina "la ley del más fuerte" en la que existe una "nueva tiranía invisible, a veces virtual", de un "mercado divinizado" donde imperan la "especulación financiera, una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta".

Por otro lado, indica que "no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura" sobre el aborto pues "no es progresista" resolver los problemas "eliminando una vida humana", aunque reconoce que la Iglesia ha hecho "poco" por acompañar a las mujeres que se encuentran en esta situación, sobre todo, en un contexto de violación o extrema pobreza.

"Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o modernizaciones. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?", se pregunta. Por ello, puntualiza que la Iglesia quiere cuidar con predilección a "los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana".

Asimismo, el Papa Francisco invita a "no cerrar" las puertas de los sacramentos, sobre todo las del Bautismo, "por una razón cualquiera" pues "todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial" y porque la Iglesia "no es una aduana" sino que hay lugar para todos. También ha instado a abrir las puertas de la Eucaristía que "no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles". Estas convicciones, según concreta, tienen "consecuencias pastorales que están llamados a considerar con prudencia y audacia".


La Iglesia no es una "aduana"

"A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas", señala en esta exhortación que recoge los trabajos de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a 'La nueva evangelización para la transmisión de la fe' celebrada del 7 al 28 de octubre de 2012.

El Papa se dirige así en la que es su primera exhortación apostólica postsinodal "a los fieles cristianos para invitarles a una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría" en un documento de 142 páginas y cinco capítulos en los que el Pontífice anima a "recuperar la frescura original del Evangelio" y propone encontrar "nuevos caminos" y "métodos creativos" para no encerrar a Jesús en "esquemas aburridos".

En esta línea, destaca que es necesaria una "conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están" y una "reforma de estructuras" eclesiales para que "todas ellas se vuelvan más misioneras". Así, por ejemplo, exhorta a tener "templos con las puertas abiertas en todas partes" para que los que quieren estar cerca no se encuentren "con la frialdad de unas puertas cerradas".

Además, en este documento el Papa invita a cuidar a los más débiles como las personas sin casa, los drogodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos "cada vez más solos y abandonados", los migrantes por los que exhorta a los países "a una generosa apertura" y las mujeres que sufren "situaciones de exclusión, maltrato y violencia".


Persecución de cristianos

Finalmente, Francisco denuncia los "ataques a la libertad religiosa" y "las nuevas situaciones de persecución a los cristianos" y destaca la importancia del ecumenismo con los hermanos ortodoxos para aprender de su colegialidad episcopal.

Además remarca la importancia de la relación con los creyentes del Islam y pide "humildemente" a los países de tradición islámica que aseguren la libertad religiosa a los cristianos, teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales".

En esta línea, invita a "evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia" así como también reitera "la importancia del diálogo y de la alianza entre creyentes y no creyentes".

Aquí está el texto completo de la exhortación apostólica "Evangelli Gaudium".

Religión Digital / Rome Reports 
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cómo rezar con corazón de niño

Cada jueves tengo la oportunidad de acompañar a Jesús durante una hora eucarística. Es una hora de adoración donde busco reparar, acompañar y escuchar a Jesús en recuerdo de su oración en Getsemaní. Desde ese recuerdo de "velad y orad" el corazón se admira de su gran amor y busca comprometerse más con Él y su entrega incondicional a nuestro amor.

Ayer fue un jueves especial. Estaba toda mi familia espiritual del Regnum Christi. Las luces de la capilla eran tenues, Cristo al centro, con la luz que resaltaba más aún su presencia. Silencio que es presencia amorosa de un Dios cercano.

En un momento de esta hora, normalmente un sacerdote o un religioso suele leer el Evangelio y hacer una breve explicación del mismo. Ayer fue distinto. Subió una niña de 12 años al ambón, Anita, para leer el Evangelio y nos hizo un breve pero profundo comentario. El pasaje del Evangelio era el encuentro de los dos ladrones con Cristo en la cruz.

De su comentario que les comparto, saco algunas lecciones para rezar con un corazón de niño:

Me impresiona cómo se burlan de Ti Jesús; cómo no son capaces de ver el amor que les tienes. A mí me pasa alguna vez, ya lo sabes: que no sé mirarte y ver tanto amor. Sé que me estás esperando en la comunión todos los días y a veces prefiero jugar con mis amigas en vez de estar 5 minutitos de mi día contigo, dentro de mi corazón. ¡Y con ellas puedo estar el resto del día! 5 minutitos no me cuesta nada. Pero hoy he venido a verte. Espero que te alegres. Cuando te miro así, me recuerdas todo lo bueno que tengo: mi familia, mi colegio, mis amigos...

1. La mirada de una niña que sabe descubrir el amor, el dolor y hacerlo también vida de su vida y reconocer su deseo de mirar a Dios con un corazón generoso.
2. El corazón de una niña que reconoce el amor de un Dios que se hace presente y que nos espera.
3. El anhelo de eternidad, de ver a Jesús y poseerlo en el corazón y así experimentar el profundo gozo de ser de Jesús.
4. La mirada que es recuerdo de un amor siempre fiel y que transformar el corazón de Anita en gratitud.

¿Por qué el ladrón que te estaba mirando te insultaba? ¿No te reconoció? A lo mejor te había visto por las calles, con tus amigos. Y ahora que estaba a tu lado no se supo arrepentir y sólo te insultaba para poderse salvar él mismo. A mí también me da miedo a veces que no me perdones y yo tampoco me atrevo a pedirte perdón, y se me amontonan los pecados. No me gusta, porque tampoco hago feliz a los que tengo cerca.

5. El dolor por el pecado, que me aleja de Cristo y no me deja verte como eres y como me has creado
6. El temor de no ser perdonado ante el sufrimiento de Cristo, ante tanto amor y tanta pequeñez por mi parte.
7. El reconocimiento de que mi pecado afecta también a los demás: no me hace feliz y no me deja hacer felices a los demás.

Pero cuando me perdonas, como al otro ladrón, me siento como si me hubieses dado un abrazo muy grande y entonces sí que noto tu amor. ¡¡Me encanta esa sensación!!

Y quiero darte las GRACIAS por acompañarnos desde el sagrario.

8. El acoger el perdón de Dios con amor, con un gran abrazo de Dios
9. El disfrutar la vida de gracia, el estar con Cristo quien vive en mi corazón
10. El agradecer finalmente la presencia siempre fiel de Cristo en la Eucaristía

En tan pocas palabras, Anita nos dio una gran lección de cómo tenemos que rezar, cuáles son las actitudes del corazón que quiere encontrarse con el Señor.

Al final de esta hora de oración, con el corazón lleno de la presencia de Dios recibimos la noticia triste del fallecimiento de Irene, una profesora conocida. Acaba de dar a luz a su quinto hijo, Juan de todos los Santos. Unos días después del parto sufrió un derrame cerebral y no se pudo recuperar.

Este sencillo artículo quiere ser un homenaje a esta gran mujer que vivió ejemplarmente su vida cristiana y su vocación de madre. Que desde el cielo nos acompañe e interceda por nosotros para que como Anita podamos dirigirnos al Padre con confianza y con sencillez.

Mis oraciones y nuestras oraciones están con toda la familia de Irene. Somos una gran familia y con tristeza pero con esperanza cierta vivimos este momento de pérdida.

Con este texto que el Papa compartió ayer en su audiencia, me despido. Sigamos preguntándonos "por qué", como dice el Papa, para atraer hacia nosotros la mirada del Padre.

¿Por qué suceden estas cosas? No se puede explicar. Hay tantas cosas que nosotros no podemos entender. Cuando los niños comienzan a crecer no entienden las cosas y comienzan a hacer preguntas al papá o a la mamá: "Papá, ¿Por qué...? ¿Por qué..? ¿Por qué...?". Los psicólogos lo llaman la edad de los "por qué", porque el niño no entiende... Pero si nosotros estamos atentos, veremos que el niño no espera la respuesta de su papá o de su mamá: otro porqué y otro porqué... el niño necesita en aquella inseguridad, que su papá y su mamá lo miren. Necesita los ojos de sus padres, necesita el corazón de sus padres. En estos momentos de tantos sufrimientos no se cansen de decir: "¿Por qué?", como los niños. Y así atraerán los ojos de nuestro Padre sobre su pueblo, atraerán la ternura del Papá del cielo sobre ustedes. Como hace el niño cuando pregunta: "¿Por qué...? ¿Por qué...?". En estos momentos de dolor, esta fuerza sea la oración más útil: la oración del por qué. Pero sin pedir explicación, solamente pedir que nuestro Padre nos mire. También yo los acompaño a ustedes, con esta "oración del por qué" (Papa Francisco, 21 noviembre 2013)

escrito por P. Guillermo Serra, LC 
(fuente: www.la-oracion.com)

El Dios que ofrecemos al mundo

Un Dios que se empeña en meternos dentro de su propia felicidad, y no para hasta conseguirlo.

Si siempre estoy pensando en Dios, cabe preguntar: ¿Y cómo es Dios para mí? ¿Cómo es el Dios en quien yo pienso? ¿En qué Dios debe creer el mundo?...

Porque los hombres nos hemos imaginado a Dios de mil maneras. ¿Son correctas todas estas formas de ver a Dios, son todas válidas, las hemos de mantener todas?...

Es esto muy importante, porque Dios influirá en nuestra vida según sea lo que pensemos de Él y el modo como experimentemos a Dios.

¿Es lo mismo pensar en un Dios presente que cuida de nosotros, o pensar en un Dios lejano al que nada le importamos?...

¿Es lo mismo tener miedo horrible a Dios, que está con una vara en la mano, esperando que cometamos un disparate para molernos a golpes, o amarlo con una confianza de hijos?...

¿Es lo mismo esperar en Él, que nos quiere felices, o poner todo nuestro afán en este mundo que pasa, sin pensar en una vida eterna dentro del seno de Dios?...

El ateísmo moderno, el negar y combatir a Dios, ha sido un fenómeno inexplicable de nuestros días. Antes, a nadie se le ocurría semejante barbaridad. Y hoy el mundo necesita contar con Dios.

Muchos teólogos y filósofos nos ofrecían un Dios infinito, un Dios simple, omnipotente, eterno... Con ello teníamos un Dios al que no entendíamos de ninguna manera, muy elevado allá en las alturas, que no nos decía nada ni nos movía a nada, sino a adorarlo de una manera fría...

El hombre, el que veía a Dios en la Naturaleza, se espantaba ante el trueno y el rayo, ante el terremoto devastador o el ciclón espantoso... Ese hombre de religión natural tenía miedo a Dios, aunque lo reconocía en todas las cosas, como cantaban en aquella tribu de la selva africana:

- Después de la noche, el día; después del árbol otro árbol; después de la nube otra nube; después de mí, otro hombre. Pero Dios vive, Dios no muere, Dios es señor de la muerte.

No está mal este Dios de la Naturaleza. Pero a nosotros no nos llena. Queremos algo más.

Aunque no queremos sólo al Dios de los judíos, es decir, al Dios de la Biblia en el Antiguo Testamento. Era el Dios verdadero, el Dios de la revelación, el Dios que nos buscaba para salvarnos..., pero nos hacía temblar el Dios del Sinaí, con una Ley que engendraba esclavos, como dirá San Pablo.

Nosotros queremos al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, al que nos hace conocer íntimamente el Espíritu Santo. ¿Y quién es este Dios?...

Un Dios Amor. Porque es un Dios Padre, que se desvive por sus hijos.

Un Dios que nos busca con pasión divina, hasta vernos libres de la perdición.

Un Dios que se convierte en mendigo de amor, y nos dice: -¡Hijo, dame tu corazón!

Un Dios que se empeña en meternos dentro de su propia felicidad, y no para hasta conseguirlo.

Contra ese fenómeno inexplicable del ateísmo moderno, nosotros creemos en Dios, esperamos en Dios, ponemos en Dios todas nuestras ilusiones, le amamos y por Él hacemos todas las cosas. Y este es el Dios, por otra parte, que los creyentes queremos presentar al mundo para comunicarle nuestra fe.

Ante tanta calamidad del mundo -guerras, hambre, inmoralidad, injusticia-, son muchos los hombres de buena voluntad que quieren hacer algo y trabajan por remediar males tan graves. Nosotros, igual. Nosotros queremos hacer algo por nuestros hermanos, y les ofrecemos lo único que tenemos y con lo que contamos seguros: con Dios. Con un Dios que es amor, que nos busca y que nos salva.

Con un Dios que, manifestado en Jesucristo, nos impone un yugo suave y una carga ligera.

Con un Dios del que nadie se ríe, ciertamente, pero que conoce nuestra debilidad, y está siempre prodigándonos su mirada comprensiva y tendiéndonos la mano.

Nosotros ofrecemos al mundo el testimonio de un Dios al que amamos y del que no esperamos más que amor, porque Dios es amor, como lo expresó de modo admirable Teresita, esa joven Doctora de la Iglesia:

- Yo no he dado a Dios más que amor y espero recibir sólo amor.

Éste es nuestro Dios. Esto pensamos de nuestro Dios. Así es Dios para nosotros, y así somos nosotros para nuestro Dios. Nada se interpone entre Dios y nosotros, porque Dios llena nuestra vida entera.

¡Oh Dios, Tú eres mi Dios!

El Dios mío y el de todos los hombres.

El que te nos has revelado y te nos has dado en Jesucristo.

El que nos quieres tener contigo metidos en tu gloria para siempre.

Queremos ofrecer al mundo con nuestra vida una imagen tuya hecha de piedad, de oración, de fidelidad, para que todos crean en ti, se vuelvan a ti, y Tú los salves....

escrito por Pedro García, Misionero Claretiano 
(fuente: catholic.net)

jueves, 28 de noviembre de 2013

Salmo 27: El Señor es mi luz y mi salvación

El salmo 27 pone en boca del rey David los sentimientos piadosos con que los hijos de Dios acuden a su Padre, especialmente en tiempos difíciles.

Hay quienes piensan que David redactó este salmo antes de subir al trono, y hay versiones que añaden: «antes de ser ungido». Pero David fue ungido tres veces (1 S. 16:13; 2 S. 2:4; 5:3). Otros sostienen que lo escribió cuando ya era viejo, con ocasión del gran servicio que le prestó Abisay al socorrerle contra el ataque del gigante. Nada se sabe de cierto, pero lo importante es que, en él, da expresión David a los sentimientos piadosos con que los hijos de Dios acuden a su Padre, especialmente en tiempos de apuro.

1. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré?

2. Cuando los malvados se lanzan contra mí para comer mi carne, ellos, mis enemigos y contrarios, tropiezan y perecen.

3. Si me sitia un ejército contrario, mi corazón no teme, si una guerra estalla contra mí, aún tendré confianza.

4. Una cosa al Señor, sólo le pido, la cosa que yo busco es habitar la casa del Señor mientras dure mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y cuidar de su santuario.

5. Porque él me dará asilo en su cabaña en tiempos de desdicha, me ocultará en el secreto de su tienda, y me alzará sobre la roca.

6. Y ahora mi cabeza se levanta sobre mis enemigos que me cercan. Jubiloso en su carpa ofreceré sacrificios con aclamaciones. Quiero cantar, tocar para el Señor.

7. Señor, oye la voz con que a ti clamo, escucha, por piedad.

8. Mi corazón de ti me habla diciendo: "Procura ver su faz".

9. Es tu rostro, Señor, lo que yo busco, no me escondas tu cara. Con enojo a tu siervo no rechaces; eres tú mi defensa, ¡no me abandones, no me dejes solo, mi Dios y Salvador!

10. Si me abandonaran mi padre y mi madre, me acogería el Señor.

11. Enséñame, Señor, tus caminos, y guíame por sendero llano.

12. Líbrame del afán de mis contrarios, pues contra mí se levantan falsos testigos que lanzan amenazas.

13. La bondad del Señor espero ver en la tierra de los vivientes.

14. Confía en el Señor, ¡ánimo, arriba! espera en el Señor.

(fuente: yocreo.com)

El fruto de la oración es el amor

26/11/2013 - Que hoy puedas recibir este sentir interior: “Te amo con amor de locura de cruz, desde siempre te pensé”. Yo no oro por mi hermano porque soy superior, sino porque lo que le pasa a él me pasa a mí. Tenerlo incorporado a mi oración supone tener la conciencia clara de que nos pertenecemos, que tenemos un mismo Padre.


El fruto de la oración es el amor

La oración compasiva, que da frutos de misericordia hacia los demás, tiene un lugar central en la Biblia. Abraham intercede a favor de Sodoma y Gomorra y, así, los salva de la ira de Dios (Gn 18,32). Cuando los israelitas quiebran la alianza con Dios en el monte Sinaí, y adoran el becerro de oro, sólo la intercesión de Moisés los protege de su aniquilación (Cf. Ex 32,11-14).

Como discípulos del Señor compasivo que se humilló y, por nosotros soportó la muerte, no existen fronteras para nuestra oración. Dietrich Bonhoeffer lo expresa de manera impresionantemente simple, al decir que la oración para los demás significa “concederles el mismo derecho que hemos recibido, de colocarnos frente a Cristo y participar de su misericordia”. Es tan sano orar por otros. Se amplían los horizontes del corazón, y Dios inspira en nosotros el orar intercediendo por otros. Nos toca acariciar con la misma fuerza a quienes llevamos junto a Él. La experiencia del amor sanador de Dios es tan real y directa, que a veces lo sentimos de modo patente en los demás, incluso cuando corporalmente están lejos. La oración nos pone cerca de quienes están lejos.

Si nos dirigimos a Dios con las necesidades del mundo, el amor sanador de Dios que nos toca y acaricia, se dirige con la misma fuerza a cuantos llevamos frente a Él. La experiencia del amor sanador de Dios puede ser tan real, tan directa, que a veces percibimos la gracia sanadora de Dios en el cuerpo de los demás, inclusive cuando éstos se encuentran física, mental y espiritualmente lejos de nosotros.

De tal modo, la oración compasiva no nos alienta a huir de las personas y sus problemas concretos ni encapsularnos en una especie de individualismo autosuficiente. Una conciencia profunda de nuestro dolor común nos acerca a todos en la presencia sanadora de Dios. No se limita exclusivamente a quienes amamos y honramos, sino también a quienes consideramos nuestros enemigos.

La oración y los sentimientos hostiles no pueden coexistir. El fruto de la oración es siempre el amor. En la oración, donde Dios toma la iniciativa, están todos presentes. Él hace salir el sol sobre buenos y malos, por lo tanto en la oración que nace del amor de Dios, están todos incluídos. En la oración ni siquiera el dictador más malvado ni el verdugo más horrendo pueden seguir siendo objeto de nuestro temor, nuestro desprecio y nuestra venganza. Ya que, si rezamos nos encontramos en el centro del gran misterio de la compasión divina, Dios que se goza en su infinita misericordia.


Rezar unos por otros

Muchas veces nos preguntamos qué podemos hacer por los demás, sobretodo cuando sentimos que la realidad del dolor, la pena y la angustia nos desborda. ¿Qué hacemos frente a las injusticias y catástrofes?. Oremos. No es signo de debilidad decir: “¡Debemos rezar los unos por los otros!” Rezar unos por otros significa, en primer lugar reconocer ante la presencia de Dios que nos correspondemos como hijos de un solo y único Dios. Sin este reconocimiento de la solidaridad humana, lo que realizamos en favor de los demás no nace de lo que somos en verdad. Yo no oro por mi hermano porque soy superior, sino porque lo que le pasa a él me pasa a mí. Tenerlo incorporado a mi oración supone tener la conciencia clara de que nos pertenecemos, que tenemos un mismo Padre. Es encontrarnos en una profunda comunión en donde el que nos hermana es el Padre bueno.

Les cuento una experiencia personal. Cuando fue la elección de Francisco, sentí que un regalo grande Dios nos iba a hacer un regalo grande en el nuevo Papa. Sentí que se venía el regalo grande que Dios tenía preparado para nosotros. Cuando escuché la palabra “Jorge Mario Bergoglio”, rompí en llanto porque sentí en una manera profunda y concentrada de que venía una explosión de gracia para todos nosotros. No hice más que llorar mientras iba de la Plaza San Pedro al lugar donde paraba el cardenal Karlic. Y en el camino sentía en mi corazón “cuánto te amo hijo”. Eso es la oración, experimentar el amor profundo de Dios para con nosotros.

Que ese amor llegue a tu corazón y que sientas que te dice “sos mi hijo muy querido”. Que puedas recibir en esta mañana este sentir interior “te amo con amor de locura de cruz, desde siempre te pensé”. Seguramente tu vida puede pasar por momentos de contradicción, de vacíos, de dolor... Te pido que por un momento te liberes de esos sentimientos y realidades, y te quedes delante del Padre Dios que te dice “sos muy especial para mí. Yo entregué mi vida por vos”.

El amor de Dios nos hace sólidos. Cuando experimentamos que en las pupilas de sus ojos estamos nosotros, entonces nos sentimos que tenemos la espalda cubierta y que el camino es firme. Y no nos alcanzan ni las palabras, ni los gestos ni los tiempos, para dárselo a conocer a otros. Por eso también nos ponemos frente a Él en adoración y alabanza. Cuando desde ese lugar contemplativo nos abrimos en servicio a quienes más lo necesitan, esa capacidad se amplía.


Incorporar a los demás al amor de Dios

Rezar significa escuchar atentamente la voz que nos dice: “Tu eres una persona amada”. Significa experimentar que esta voz no excluye a nadie. Donde yo resida, allí reside Dios conmigo, y donde Dios vive conmigo, allí encuentro a todos mis hermanos. De esta manera, el vínculo y la solidaridad con todas las personas presentan dos aspectos de vivir el momento presente, que nunca pueden ser separados. Rezar por los demás: los invitados al centro de nuestro corazón.

Rezar por los demás significa hacer que ellos sean parte de nosotros mismos. Rezar por los demás significa permitir que sus dolores y sufrimientos, sus necesidades y su soledad, su vergüenza y sus temores, resuenen en nuestro interior. Rezar, es, por lo tanto, una identificación con aquellos por quienes rezamos. Rezar significa solidarizarse con nuestros semejantes tan profundamente, de manera que puedan ser alcanzados por la fuerza sanadora del Espíritu de Dios. Oremos. Dejemos que el corazón se nos llene de los rostros de los que más sentimos que necesitan elevar el clamor de que Dios se fije en ellos.

Si como discípulos de Cristo somos capaces de soportar la carga de nuestros hermanos y hermanas, de manera tal que quedemos marcados por sus heridas y dolidos por sus pecados, nuestra oración será su oración, nuestro pedido de misericordia será su pedido. En la oración compasiva llevamos ante Dios no sólo a aquellos que padecen “en algún sitio por allí”, no simplemente “hace mucho tiempo”, sino aquí y ahora y en lo profundo de nuestro ser.

Y así sucede en nosotros y a través de nosotros, que otros a su vez sanan; sucede en nosotros y a través de nosotros que ellos reciben otra vez luz, esperanza y valor; sucede en nosotros y a través de nosotros que el Espíritu de Dios los toca con su presencia sanadora.


Mi compasión por el otro es un regalo de Dios

Si de verdad incorporo a lo profundo de mi ser a mis amigos y a los muchos por quienes rezo, si incorporo sus dolores, sus luchas, sus gritos en mi propia alma, por así decirlo, me perderé yo mismo y tendré compasión. La compasión forma el núcleo de nuestra oración por nuestros semejantes. Si rezo por el mundo, mi alma se expandirá y querrá abarcar a todos y colocarlos ante la presencia de Dios. Pero en medio de esta experiencia reconozco que la compasión no es una obra mía sino el regalo que Dios me entregó a mí. No puedo abarcar al mundo, pero Dios sí puede. Ni siquiera puedo rezar, pero Dios puede rezar en mí. Cuando Dios llegó a ser lo que es en nosotros, es decir, cuando Dios nos permitió a todos ingresar a su vida más íntima, se nos hizo posible participar de su infinita compasión.

Cuando rezo por los demás el amor de Dios me encuentra en ellos, este amor que abarca a la Humanidad toda en un único gran abrazo de compasión.

escrito por Padre Javier Soteras 
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Francisco, digamos en voz alta: 'quien practica la misericordia no teme a la muerte'

Catequesis final sobre el Credo. El santo padre ha explicado la 'resurrección de la carne'

Ciudad del Vaticano, 27 de noviembre de 2013 (Zenit.org) "Felicidades, porque con este frío, estáis aquí en la plaza". Así ha comenzado hoy el papa su catequesis del miércoles. El viento y frío intensos que estos días han llegado a Roma, no ha impedido que los fieles, con el entusiasmo que les caracteriza, hayan mostrado su cercanía una semana más el santo padre acudiendo a la plaza de San Pedro para escuchar su catequesis.

Pasadas las 9.30 de la mañana, Francisco ha llegado la plaza y, protegido de las bajas temperaturas con abrigo blanco y bufanda, ha dedicado el mismo tiempo que cualquier otro miércoles para recorrer la plaza montado en el jeep, para hacer sentir su cercanía y bendecir a los presentes. Y como es habitual, varios han sido los niños que alzados en brazos por los hombres de seguridad, han recibido una caricia y una bendición del santo padre.

Clausurado ya el Año de la Fe, hoy el santo padre ha finalizado con la serie de catequesis sobre el Credo, que a lo largo de estos meses, han hecho reflexionar a los fieles, frase a frase y concepto a concepto, la fe que profesan al recitar el Credo. Hoy Francisco ha hablado de la 'resurrección de la carne'. Ha subrayado de forma especial una frase 'quien practica la misericordia no teme a la muerte', por ello, ha invitado a los presentes a repetirlo con voz alta y con fuerza.

Como novedad esta mañana, ha habido un saludo especial dedicado a los peregrinos de lengua ucraniana, a los que Francisco se ha dirigido diciendo "saludo a los peregrinos ucranianos, guiados por el arzobispo mayor su beatitud Sviatoslav Shevchuk, los obispos con los fieles de la Iglesia greco-católica, venidos a las tumbas de los apóstoles para la conclusión del Año de la Fe y por el quincuagésimo aniversario de la traslación del cuerpo de san Giosafat en la Basílica Vaticana". El ejemplo de este santo - ha afirmado el papa - que ha dado la propia vida por el Señor Jesús y por la unidad de la Iglesia, es para todos una invitación a comprometerse cada día con la comunión entre los hermanos.

En el resumen en lengua española, el santo padre ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Concluyendo ya las catequesis sobre el Credo, hoy quisiera detenerme en la "resurrección de la carne", y hablarles del sentido cristiano de la muerte y de la importancia de prepararnos bien para morir en Cristo.

Para quien vive como si Dios no existiese, la muerte es una amenaza constante, porque supone el final de todo en el horizonte cerrado del mundo presente. Por eso, muchos la ocultan, la niegan o la banalizan para vivir sin aprensión la vida de cada día.

Sin embargo, dentro de nosotros hay un deseo de vida dentro de nosotros, más fuerte incluso que el miedo a la muerte, que nos dice que no es posible que todo se quede en nada. La respuesta cierta a esta sed de vida es la esperanza en la resurrección futura.

La victoria de Cristo sobre la muerte no sólo nos da la serena certeza de que no moriremos para siempre, sino que también ilumina el misterio de la muerte personal y nos ayuda a afrontarla con esperanza. Para ser capaces de aceptar el momento último de la existencia con confianza, como abandono total en las manos del Padre, necesitamos prepararnos. Y la vigilancia cristiana consiste en la perseverancia en la caridad. Así, pues, la mejor forma de disponernos a una buena muerte es mirar cara a cara las llagas corporales y espirituales de Cristo en los más débiles y necesitados, con los que Él se identificó, para mantener vivo y ardiente el deseo de ver un día cara a cara las llagas transfiguradas del Señor resucitado.

A continuación, ha saludado a los peregrinos de lengua española diciendo: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Guatemala, Argentina y los demás países latinoamericanos. No olviden que la solidaridad fraterna en el dolor y en la esperanza es premisa y condición para entrar en el Reino de los cielos".

Después de los saludos en todas las lenguas y antes de finalizar, el pontífice ha dirigido un pensamiento afectuosos a los jóvenes, a los enfermos y recién casados. "Queridos jóvenes - ha dicho - preparad vuestros corazones para acoger a Jesús Salvador; queridos enfermos, ofreced vuestro sufrimiento para que todos reconozcan en la Navidad el encuentro del Cristo con la frágil naturaleza humana; y vosotros recién casado, vivid vuestro matrimonio como el reflejo del amor de Dios en vuestra historia personal".

Tras la bendición final, Francisco ha comenzado con los saludos habituales. Primero a los arzobispos y obispos que se encuentran en el Sagrado, después ha descendido hacia la plaza para saludar a algunas personalidades y finalmente, ha dedicado un tiempo a los enfermos de las primeras filas. Con uno de ellos, el santo padre ha intercambiado la bufanda, la suya blanca por una gris y negra. Con gran termura, el papa Francisco ha abrazado y charlado con niños, adultos y ancianos.

(27 de noviembre de 2013) © Innovative Media Inc.

27 de noviembre: Inmaculada Virgen María de la Medalla Milagrosa

La primera aparición de la Medalla Milagrosa tuvo lugar el 27 de Noviembre de 1830, un sábado víspera del primer domingo de Adviento, en París, justo en la capilla de la casa central de las Hijas de la Caridad, a una religiosa llamada Catalina Laboure. El padre Aladel, confesor de la vidente, fue quien insertó el relato en el proceso canónico siete años más tarde.

 "A las cinco de la tarde, estando las Hijas de la Caridad haciendo oraciones, la Virgen Santísima se mostró a una hermana en un retablo de forma oval. La Reina de los cielos estaba de pie sobre el globo terráqueo, con vestido blanco y manto azul. Tenía en sus benditas manos unos como diamantes, de los cuales salían, en forma de hacecillos, rayos muy resplandecientes, que caían sobre la tierra... También vio en la parte superior del retablo escritas en caracteres de oro estas palabras: ¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos. Las cuales palabras formaban un semicírculo que, pasando sobre la cabeza de la Virgen, terminaba a la altura de sus manos virginales. En esto volvióse el retablo, y en su reverso viose la letra M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, y debajo los corazones de Jesús y de María... Luego oyó estas palabras: Es preciso acuñar una medalla según este modelo; cuantos la llevaren puesta, teniendo aplicadas indulgencias, y devotamente rezaren esta súplica, alcanzarán especial protección de la madre de Dios. E inmediatamente desapareció la visión".

Esta visión se repitió algunas veces, durante la Misa y durante la oración, siempre en la rue du Bac, de París, cerca de la parada de "Metro" Sèvre-Babylone, detrás de los grandes almacenes "Au Bon Marché" donde está el edificio de las Hijas de la Caridad, en la capilla rectangular y sin estilo definido similar a las miles que existen en las casas religiosas.

¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos.

(fuente: www.mercaba.org)

martes, 26 de noviembre de 2013

Agresiones a católicos que protegían la Catedral de San Juan

Lunes 25 Nov 2013 San Juan (AICA) Cientos de personas que participan del llamado Encuentro Nacional de Mujeres Autoconvocadas marcharon en la noche del domingo por las calles de San Juan y terminaron en un acto de provocación y agresión en la puerta de la catedral de San Juan Bautista, donde prendieron fuego a una imagen del papa Francisco, realizaron pintadas ofensivas en los alrededores de la iglesia mayor y agredieron a un centenar de hombres que protegían la catedral.

Mientras prendían fuego a la figura del Papa, los manifestantes danzaban alrededor de la hoguera gritando; mientras tanto, un número mayor enfrentaba con provocaciones a un centenar de jóvenes católicos que, unidos en oración, trataban de evitar que ingresaran a la catedral.

Los jóvenes apostados en las escalinatas y alrededores de la catedral recibieron escupitajos, insultos y pintadas sobre sus rostros y prendas de vestir. Muchos de ellos habían viajado desde diferentes puntos con el propósito de no permitir que se profanara la iglesia, sabedores de que todos los años, en algún otro lugar del país, ocurren estas agresiones durante los dichos Encuentros de Autoconvocadas.

Con gritos de "Prohíben el aborto y son curas abusadores" o "Hay violadores en esos escalones", las mujeres, muchas con sus torsos desnudos, empujaban y agredían a los fieles. La violencia incluyó hasta el límite de arrojar aerosol a la cara de uno de los jóvenes que formaron la muralla humana, y la realización de actos impúdicos.

El lunes la capital provincial amaneció llena de pintadas anticatólicas, expresiones de repudio a la Iglesia, al sistema capitalista y en favor de la prostitución.+

Esclavitud moderna: la trata de personas

La esclavitud no ha desaparecido, sólo cambiado de forma. Hoy, en los países ricos hay demanda de servicios denigrantes, y en los países pobres hay oferta de personas para realizarlos. ¿Cómo romper este círculo de ignominia?

La trata de personas es un grave problema mundial. Se trata de la explotación de personas, a las que se les obliga a traficar drogas, a prostituirse sexualmente, a mendigar para conseguir dinero para sus explotadores e, incluso, hay redes para secuestrar a menores y traficar con sus órganos.

El tráfico de personas es considerado como un delito de ‘lesa humanidad’ y ocupa el tercer lugar de ocurrencia en el mundo, después del narcotráfico y el tráfico ilegal de armas. Como es un “negocio lucrativo”, con frecuencia las organizaciones criminales corrompen a las corporaciones que debían combatirlos.

Para erradicar la trata de humanos, se requiere la acción legislativa de las naciones y un control policial más fuerte. Pero esas medidas hasta ahora no han sido suficientes y, por eso, hacen falta voces internacionales que den a conocer el problema y propongan soluciones.

Una de ellas es la del Papa Francisco, que desde las primeras semanas de su Pontificado ha denunciado y condenado la trata de personas. En mayo pasado, ante el ‘Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes’, el Pontífice elegido 10 días antes declaró que la trata de personas es una “¡actividad innoble, una vergüenza para nuestras sociedades que se dicen civilizadas! Explotadores y clientes a todos los niveles deberían hacer un serio examen de conciencia delante de sí mismos y delante de Dios.” (Discurso, 24 mayo 2013)

Más adelante, el 23 de agosto, el Santo Padre pidió a la Pontificia Academia de las Ciencias, la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y la Federación Mundial de Asociaciones Médicas Católicas que establecieran un plan de acción para combatir el tráfico de personas.

Y así se organizó un encuentro en Roma, los pasados días 2 y 3 de noviembre, cuyas conclusiones arrojaron una lista de 49 propuestas, dirigidas a obtener cifras reales del problema y entender los desafíos de este problema, así como la iniciativa de convocar un gran encuentro internacional que aporte verdaderas soluciones. (Rome Reports, 4 noviembre 2013)

Pero el Santo Padre no se ha limitado a convocar a expertos, sino que también ha hecho continuas denuncias de este gran mal social. El Romano Pontífices ha advertido sobre “los millones de refugiados, desplazados y expatriados, tocando también la plaga del tráfico de seres humanos, que cada vez más a menudo afecta a los niños, envueltos en las peores formas de explotación y reclusión incluso en los conflicto armados.”

Además, el Papa Francisco ha estado pendiente de hacer que los creyentes cobren conciencia de que deben atender a las víctimas de estas explotaciones. En diversos momentos, el Obispo de Roma ha remarcado que los fieles deben ver la carne de Cristo en la persona de los migrantes, de los explotados y de los que sufren.

Los creyentes, ciudadanos como nuestros iguales, podemos secundar esta iniciativa del Papa, desde la opinión pública. Así como gracias a los medios, se ha conseguido una mentalidad nueva sobre el respeto a las mujeres y sobre la naturaleza, ahora también todos podemos contribuir a que la sociedad tome conciencia de este gran mal, para que los ciudadanos mismos sean los que generen una cultura del respeto hacia las víctimas del tráfico de personas.

escrito por Padre Luis-Fernando Valdés 
lfvaldes@gmail.com 
(fuente: www.encuentra.com)

lunes, 25 de noviembre de 2013

Orar en el Espíritu Santo


"No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. "El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios... Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2,10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 152).

En la oración es muy importante y necesario tener presente el "dulce huésped del alma", el Espíritu Santo. Nuestra oración, como cristianos, debe ser una oración "en el Espíritu". A veces tenemos un poco de miedo de dejarnos llevar por Él. Tememos ser "carismáticos", como si creer en el Espíritu Santo tuviera necesariamente que manifestarse en modos que son propios de ciertos movimientos católicos o protestantes. "No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en el Espíritu Santo". La razón es muy sencilla porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. El que llenó con su presencia a María y el alma de Jesús, el que lo condujo al desierto, el que descendió sobre Él en el Jordán, el que lo acompañó durante su vida pública, el que le dio la fuerza para vivir la Pasión, el que descendió sobre los apóstoles el día de Pentecostés.

Sólo el Espíritu Santo es quien nos revela quién es Jesús. Por ello, la tradición de la Iglesia hace iniciar las oraciones con una invocación al Espíritu Santo. Una muy conocida y muy usada es: "Ven Espíritu Santo! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!". En la oración, personal o comunitaria, se invoca la venida del Espíritu Santo. El creyente se atreve a llamar al Espíritu para que venga como el día de Pentecostés para llenar el corazón del amor. El fuego que se posó sobre las cabezas de los que estaban reunidos en el Cenáculo simboliza el amor de Dios derramado sobre sus corazones. Así lo percibió San Pablo: "La caridad de Dios ha sido derramada sobre vuestros corazones a través del Espíritu Santo que les ha sido dado" (Rom 5, 5). ¿Y quién no necesita en su vida la caridad del Espíritu para perdonar, para soportar con paciencia situaciones, para renovar su vida, para aceptar desafíos, para luchar el buen combate de la fe?

Comencemos nuestra meditación personal con ésta u otra invocación al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos guíe, para nos fortalezca y nos llene de sus siete dones. El Papa Juan Pablo II pedía diariamente en su oración que el Espíritu Santo lo llenase de sus siete dones. Todos los necesitamos en las variadas y cambiantes vicisitudes de la vida. Quien posee esos dones tiene su alma y su faz transfiguradas.

El Espíritu Santo es Dios como el Padre y el Hijo y él es nuestro guía en el camino de la vida espiritual, introduciéndonos en el misterio de la Trinidad a través de sus inspiraciones, consolaciones, mociones, llamadas al alma. Con su presencia la vida de oración se hace mucho más ligera, menos árida, llena de maravillas en el descubrimiento de las personas divinas, de sus misterios insondables de amor para cada uno de nosotros. El Espíritu Santo nos prepara para "las sorpresas divinas", ésas que Dios nos da porque sus pensamientos no son los nuestros y sus caminos no coinciden con los que nosotros nos hemos trazado a priori sin contar con Él.

Sepamos agradecer al Espíritu Santo su presencia gentil y bondadosa en nuestro corazón, sus luces e inspiraciones, sus consolaciones y estímulos para la santidad. De modo discreto y eficaz, Él está ahí, llamando a la puerta de nuestra alma para llenarla de la plenitud de Dios. Si somos hombres del Espíritu, no temamos caminar en el Espíritu.

(fuente: www.la-oracion.com)

domingo, 24 de noviembre de 2013

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
(Lc. 18, 35-43)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si El es el Mesías de Dios, el Elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a El, le ofrecían vinagre y le decían: ”Si Tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el Rey de los Judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si Tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.


Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

Reflexión

• El evangelio de hoy describe la llegada de Jesús a Jericó. Es la última parada antes de la subida a Jerusalén, donde se realiza el “éxodo” de Jesús según había anunciado en su Transfiguración (Lc 9,31) y a lo largo de la caminada hasta Jerusalén (Lc 9,44; 18,31-33).

• Lucas 18,35-37: El ciego sentado junto al camino. “Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús”. En el evangelio de Marcos, el ciego se llama Bartimeo (Mc 10,46). Al ser ciego, no podía participar en la procesión que acompañaba a Jesús. En aquel tiempo, había muchos ciegos en Palestina, pues el sol fuerte golpeando contra la tierra pedregosa emblanquecida hacía mucho daño a los ojos sin protección.

• Lucas 18,38-39: El grito del ciego y la reacción de la gente. “Entonces el ciego gritó: "Jesús, hijo de David, ¡ten piedad de mí!" E invoca a Jesús usando el título de “Hijo de David”. El catecismo de aquella época enseñaba que el mesías sería de la descendencia de David, “hijo de David”, mesías glorioso. A Jesús no le gustaba este título. Citando el salmo mesiánico, él llegó a preguntar: “¿Cómo es que el mesías puede ser hijo de David si hasta el mismo David le llama “mi Señor” (Lc 20,41-44) ? El grito del ciego incomodaba a la gente que acompañaba a Jesús. Por esto, “Los que iban delante le increpaban para que se callara”. Ellos trataban de acallar el grito, pero él gritaba mucho más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Hoy también, el grito de los pobres incomoda la sociedad establecida: migrantes, enfermos de SIDA, mendigos, refugiados, ¡tantos!

• Lucas 18,40-41: La reacción de Jesús ante el grito del ciego. Y Jesús ¿qué hace? “Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran”. Los que querían acallar el grito del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a ayudar al pobre a que llegue hasta Jesús. El evangelio de Marcos añade que el ciego dejó todo y se fue hasta Jesús. No tenía mucho. Apenas un manto. Pero era lo que tenía para cubrir su cuerpo (cf. Es 22,­25-26). Era su seguridad, ¡su tierra firme! Hoy también Jesús escucha el grito de los pobres que a veces nosotros no queremos escuchar. Cuando se acercó, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. ¡Hay que saber porqué se grita! Él dijo: “¡Señor, que vea!”.

• Lucas 18,42-43: “Recobra tu vista.” Jesús dice: "Recobra tu vista Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”. El ciego había invocado a Jesús con ideas no totalmente correctas, pues el título de “Hijo de David” no era muy exacto. Pero él tiene más fe en Jesús que en sus ideas sobre Jesús. Dio en el blanco. No expresa exigencias como Pedro (Mc 8,32-33). Sabe entregar su vida aceptando a Jesús sin imponer condiciones. La curación es el fruto de su fe en Jesús. Curado, sigue a Jesús y sube con él a Jerusalén. De este modo, se vuelve discípulo, modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” hacia Jerusalén: creer más en Jesús que en nuestras ideas sobre Jesús. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente de valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso de Jesús, en obediencia al Padre, de servir a los hermanos y no aceptar privilegios.

• La fe es una fuerza que transforma a las personas. La Buena Nueva del Reino estaba escondida entre la gente, escondida como el fuego bajo las cenizas de las observancias sin vida. Jesús sopla sobre las cenizas y el fuego se enciende, el Reino aparece y la gente se alegra. La condición es siempre la misma: creer en Jesús. La curación del ciego aclara un aspecto muy importante de nuestra fe. A pesar de invocar a Jesús con ideas no del todo correctas, el ciego tuvo fe y fue curado. Se convirtió, lo dejó todo y siguió a Jesús por el camino del Calvario. La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. Aquel que insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y no llegará nunca a tomar la actitud del verdadero discípulo. Aquel que sabe creer en Jesús y se entrega (Lc 9,23-24), que acepta ser el último (Lc 22,26), beber el cáliz y cargar con su cruz (Mt 20,22; Mc 10,38), éste, al igual que el ciego, aún teniendo las ideas no enteramente justas, “seguirá a Jesús por el camino” (Lc 18,43). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

Para la reflexión personal

• ¿Cómo veo y siento el grito de los pobres: migrantes, negros, enfermos de SIDA, mendigos, refugiados, tantos?
• ¿Cómo es mi fe: me fijo más en las ideas sobre Jesús o en Jesús?

Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

(fuente: ocarm.org)

sábado, 23 de noviembre de 2013

El camino de la aceptación por el sendero del amor

8/11/2013 - En la Catequesis de hoy, el Padre Javier Soteras invitó a descubrir aquellos vínculos que son un reflejo de la mirada amorosa de Dios para con nosotros. Cuando el hombre se acepta y es capaz de reconocerse rico en la mirada de Dios, descubre un camino que no tiene retorno. El camino de santidad y plenitud supone el aceptarse como somos, para desde ahí dejarse transformar.


La mediación de la mirada del otro 

La tarea de aceptarse uno mismo es mucho mas difícil de lo que se cree. El orgullo, el temor a no ser amado y la convicción de nuestra poca capacidad de autocrítica están firmemente enraizados en nosotros. Basta con constatar lo mal que soportamos nuestras caídas, nuestros errores y debilidades; cuánto nos pueden desmoralizar y crear en nosotros sentimientos de culpa o preocupación.

No somos capaces de aceptarnos nosotros mismos si no es bajo la mirada de Dios. Para amarnos necesitamos de una mediación, de la mirada de alguien que, como el Señor por boca de Isaías, nos diga: “Eres de gran aprecio a mis ojos, porque eres valioso y yo te amo” (Is 43,4).

Dice Philippe que para aceptarnos y amarnos tal como somos, tenemos necesidad de la mediación de la mirada de otro. Esa mirada puede ser la de un padre, un amigo, un director espiritual, de la novia, el novio, los esposos, los hijos, pero, por encima de todas ellas, se encuentra la mirada de nuestro Padre Dios: la mirada más pura, más verdadera, más cariñosa, más llena de amor, más repleta de esperanza que existe en el mundo. Del Padre que te dice que te ama con amor de locura. Con esa mirada queremos encontrarnos hoy, para descubrir en medio de todas las cosas que nos ocurren en la vida, que hay alguien que es capaz de sacar de tu corazón lo que está escondido. Siempre está mediado por un rostro humano. Porque lo mejor que aparece desde dentro nuestro es el tesoro que Dios guardó ahí.

Creo que el mejor regalo que obtiene quien busca el rostro de Dios mediante la perseverancia en la oración es que, tarde o temprano, se dará cuenta que esa mirada posa sobre él, y ese día se sentirá tan tiernamente amado que recibirá la gracia de aceptarse plenamente así mismo.

Cuando el hombre se acepta y es capaz de reconocerse rico en la mirada de Dios, descubre un camino que no tiene retorno. El camino de santidad y plenitud supone el aceptarse como somos, para desde ahí dejarse transformar.


No amar a Dios implica no amarse a sí mismo

Lo dicho acarrea una importante consecuencia: cuando el hombre se aparta de Dios, desgraciadamente se priva, al mismo tiempo, de toda posibilidad real de amarse así mismo. Y viceversa: quien no se ama así mismo, se aparta de Dios. En cambio, quien se ama bien, sabiendo sus fragilidades y lucha por ser mejor, es capaz de dejarse transformar por Dios. El Señor permite ser mediado por un alguien que con su presencia amorosa, a modo de un simple destello de la presencia divina, es capaz de despertar eso que Dios había sembrado desde siempre.

En el diálogo de carmelitas, de Bernanos, la anciana priora dirige estas palabras a la joven Blanche de la Force: “Ante todo no te desprecies nunca. Es muy difícil despreciarse sin ofender a Dios en nosotros”.

Cuenta Henri Nouwen en el libro “El regreso del hijo pródigo”: “Durante mucho tiempo consideré la mirada negativa que tenía de mí como una virtud. Me habían prevenido tantas veces del orgullo y la vanidad que llegué a pensar que era bueno despreciarme a mí mismo. Ahora me doy cuenta de que el verdadero pecado consiste en negar el amor primero de Dios por mí, en ignorar mi bondad original. Porque si no me apoyo en ese amor primero y en esa bondad original, pierdo el contacto con mi auténtico yo y me destruyo”.


Aceptarse a sí mismo para aceptar a los demás

Existe un vínculo profundo, como de vasos comunicantes, entre aceptación de sí y aceptación de los demás. El uno propicia el otro.

Algunas veces no nos aceptamos a nosotros mismos. El que no está en paz consigo, necesariamente estará en guerra con los demás. Mi no aceptación crea una tensión interior, una insatisfacción y una frustración que con frecuencia desparramamos sobre los demás. Un pequeño ejemplo: cuando estamos de mal humor contra lo que nos rodea, suele ser porque no nos sentimos en paz con nosotros mismos y se lo hacemos pagar a los demás. Etty Hillesum escribe: “Empiezo a darme cuenta de que, cuando sientes aversión hacia el prójimo, debes buscar la raíz en el disgusto contigo mismo: ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Cuando me se bien amado y bien querido, amo y quiero bien a los que comparten la vida conmigo. Contrariamente, el hombre que cierra su corazón a los demás, que no hace ningún esfuerzo por amarlos tal como son, que no sabe perdonar, jamás tendrá la fortuna de vivir esa profunda reconciliación con uno mismo que tanto necesitamos. De hecho, siempre terminamos siendo víctimas para con el prójimo, de nuestra pobreza de corazón, de nuestros juicios y de nuestro rigor.

El hablar y el decir de la presencia de Dios, siempre nos llega mediado por otro costado. Y entonces sale de nosotros, más allá de las preocupaciones, lo mejor de nosotros mismos que nos renueva para seguir cargando esos pesos pero desde otro lado.

Es la famosa “cultura del encuentro” en la que tanto insiste el Papa Francisco, porque la mediación en el vínculo en espacios saludables saca lo mejor de nosotro. No te cierres, abrite a esas presencias y vínculos que te hacen descubrir el tesoro escondido que llevás en lo más profundo de tu ser.


Aceptar al otro como es transforma su corazón

José Luis Martín Descalzo en su libro "Razones para el amor" narra una historia que nos puede ayudar:

"Cuenta Anthony de Mello: «Durante años fui un neurótico. Era un ser oprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo neurótico que era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no me convencía la necesidad de hacerlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. Y también con él estaba de acuerdo, aunque tampoco podía ofenderme con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día mi amigo me dijo: “No cambies. Sigue siendo tal y como eres. En realidad, no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte.”

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como una música: “No cambies, no cambies, te quiero.” Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla!, cambié.»

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

viernes, 22 de noviembre de 2013

México corona y se consagra a Cristo Rey

Este 23 de noviembre se realizará la Coronación de un nuevo monumento a Cristo Rey en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe y la Consagración del pueblo de México al Sagrado Corazón de Cristo Rey.

México, D.F., noviembre 2013.- Debido a la necesidad y deseo de familias mexicanas por heredar a las próximas generaciones un legado de esperanza para un mundo mejor, el próximo 23 de noviembre se realizará un magno evento en el que más de 10 mil personas celebrarán la Coronación del nuevo Monumento a Cristo Rey, ubicado en la Basílica de Guadalupe.

Este mes, se celebran 100 años de la petición del Arzobispado Mexicano al Papa Pío X para llevar a cabo la primera Consagración del pueblo de México a Cristo Rey, además de ser el cierre del Año de la Fe, por lo que se planeó un acto que dejara constancia y compromiso de lo aprendido en este periodo.

Durante este evento se contarán con momentos representativos que describan simbólicamente como el pueblo mexicano reconoce a su Rey, con el testimonio del Dr. Ricardo Castañón y el testimonial en video de Marino Restrepo, además de que se compartirá el mensaje que el Papa Francisco realizará en específico para el festejo que culminará con la Consagración por parte del Cardenal Norberto Rivera.

También estarán presentes familias de diferentes congregaciones como franciscanos, dominicos, carmelitas, etc. Así mismo, el coro “La Villa de las Niñas” con más de 3 mil pequeñas, el grupo Prey y el Coro de San Agustín estarán presentes en esta solemne celebración en conjunto con autoridades eclesiásticas.

En el proyecto se incluye a cada uno de los mexicanos, muestra de ello es que se escogió la oración llamada Consagración al Sacratísimo Corazón de Cristo Rey, la cual tiene como fundamento la universalidad de la sociedad, contemplando a niños, ancianos, enfermos, jóvenes, profesionistas, sacerdotes, trabajadores, etc. y todos aquellos que tengan un deseo ferviente de retomar y volver con fe a los valores cristianos más básicos.

La escultura esculpida en bronce del Maestro Pancho Cárdenas, se basó en la imagen del mosaico regalo de SS Benedicto XVI en su última visita a nuestro país. La obra tiene a Cristo de cuerpo entero, con una altura de 6 metros y está de pie sobre la figura de un mundo de 3 metros de diámetro y hecho en cantera. En su totalidad, la escultura tendrá 9 metros de alto y presenta a Cristo coronado como Rey, con su Sagrado Corazón expuesto, el cetro en su mano izquierda y su mano derecha en señal de bendición.

El Maestro Cárdenas, además de ser el autor de esta gran escultura, ha realizado varios trabajos artísticos, de los más relevantes en este sentido es la figura de Juan Pablo II teniendo impresa a la Virgen de Guadalupe y que está en la Catedral de México.

La ubicación del Monumento de Cristo Rey está del lado izquierdo del Cerro del Tepeyac, donde la entrada será un camino con un equilibrio perfecto de naturaleza que se denominará “Camino de las Bienaventuranzas” lugar pensado para la meditación, la oración y el recogimiento de todo aquel que la visite.

El “Camino de las Bienaventuranzas” tendrá 12 estaciones de cantera, la primera con una frase de Juan Pablo II como introducción a las Bienaventuranzas; después una estación en alusión al Sagrado Corazón de Jesús y otra al Inmaculado Corazón de María; seguidas de cada una de las nueve Bienaventuranzas y al terminar se culmina con la Plaza Cristo Rey.

(fuente: www.encuentra.com)

Twitter y oración: las armas del Papa Francisco en la guerra evitada en Siria

La crisis mundial suscitada por el anuncio de una intervención militar del gobierno de Barack Obama en Siria rápidamente encontró una alternativa formulada en positivo por parte del Papa Francisco y su apuesta por la paz y el diálogo.

El domingo 1 de septiembre el Papa convocaba a todos los católicos del mundo a una jornada de ayuno y oración por la paz en Siria y Medio Oriente. La iniciativa fue prontamente acogida también por otras religiones y confesiones cristianas: desde el gran muftí de Siria hasta el patriarca ecuménico de Constantinopla, pasando por líderes políticos y personalidades del mundo del espectáculo y del deporte.

La vigilia de oración en el Vaticano, replicada en miles de ciudades y diócesis del mundo gracias a la difusión viral por parte de católicos en las redes sociales, se llevó a cabo el sábado 7 de septiembre de 19:00 a 23:00 horas. Más de cien mil personas, muchas de ellas no creyentes, acompañaron al Papa en esas tres horas de oración convertida en «arma de contestación» al connato de guerra.

La diplomacia vaticana liderada por el Papa Francisco aprovechó también el contexto de la reunión del G-20 en Rusia (los 19 países más industrializados del mundo más la Unión Europea) para enviar una carta al presidente Vladimir Putin.

En la carta, el Papa tocó el tema de la paz en Siria, incluso sabiendo que el encuentro en Moscú no giraba en torno a esa temática. «El encuentro de los jefes de Estado y de Gobierno de las veinte mayores economías, que representan dos tercios de la población y el 90% del PIB mundial, no tiene la seguridad internacional como su objetivo principal. Sin embargo, no podrá prescindir de reflexionar sobre la situación en Oriente Medio y en particular en Siria. Desgraciadamente, es doloroso constatar que demasiados intereses de parte han prevalecido desde que empezó el conflicto sirio, impidiendo hallar una solución que evitara la inútil masacre a la que estamos asistiendo. Que los líderes de los Estados del G20 no permanezcan inertes frente a los dramas que vive ya desde hace demasiado tiempo la querida población siria y que corren el riesgo de llevar nuevos sufrimientos a una región tan probada y necesitada de paz. A todos y cada uno de ellos dirijo un sentido llamamiento para que ayuden a encontrar caminos para superar las diversas contraposiciones y abandonen cualquier vana pretensión de una solución militar. Que haya, más bien, un nuevo empeño para perseguir, con valentía y determinación, una solución pacífica a través del diálogo y la negociación entre las partes interesadas con el apoyo concorde de la comunidad internacional», dijo el Papa a Vladimir Putin en su misiva, sugiriendo que intercediera por una solución pacífica.

En efecto, unos días después el gobierno ruso mediaría en el desarme químico al que Siria quiso someterse para evitar la invasión. Las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos entrarían en acción el 12 de septiembre. Unos días después, a mediados de septiembre de 2013 el gobierno de la Casa Blanca anunciaría que no se invadiría Siria. En los días precedentes, cuatro días después de la vigilia de oración y ayuno por la paz, el Congreso de los Estados Unidos había pospuesto sine die la votación que respaldaría la guerra de Obama en Siria.

Además de la oración, el ayuno y la diplomacia, un factor que también ayudó a que no se difuminará la sensibilidad por la paz en Siria fue la prolífica actividad del Papa Francisco desde sus cuentas de Twitter.

El 11 de septiembre el blog oficial de Twitter publicó un artículo analizando la actividad del Papa durante el periodo de especial tensión entre el gobierno de los Estados Unidos y el de Siria: en tan sólo una semana la mayoría de los tuits del Papa giraron en torno a la paz en Siria y Medio Oriente. Por mencionar un ejemplo, el tuit enviado el 2 de septiembre a las 11:40 a.m., desde la cuenta en inglés, superó los 10 mil retuits (reenvíos).


El Papa Francisco es el más influyente en Twitter según el estudio Twiplomacy 2013

El informe «Twiplomacy 2013», un estudio sobre el uso de Twitter por parte de los líderes mundiales, identifica, de entre las 505 cuentas estudiadas, al Papa Francisco como el jefe de estado y de gobierno más influyente en la twiplomacía digital.

Lanzada el 12 de diciembre de 2012, todavía bajo el pontificado de Benedicto XVI, la cuenta en Twitter del Papa experimentó un crecimiento notorio en el primer semestre de 2013. No sólo es el segundo «gobernante» con mayor número de seguidores en números absolutos (8 millones a finales de julio de 2013) sino también el que más retuits recibe.

Mientras que el presidente Obama, recibe un promedio de 2,309 retuits, a pesar de sus 33,5 millones de seguidores, el Papa Francisco recibe un promedio de 11,116 por cada tuit que manda tan sólo desde su cuenta en lengua española (desde su cuenta en lengua inglesa recibe un promedio de 8,219 retuits). Respecto a la cantidad de listas en las que está incorporado, el Papa Francisco está en más de 10 mil.

Un análisis de impacto realizado por News Reputation mostraba cómo la cuenta en español del Papa en Twitter se ha convertido en la más popular, suponiendo el 38,9% de los followers de los diferentes perfiles idiomáticos del Papa Francisco (la cuenta en inglés supone, hasta julio de 2013, el 34,5%). En términos porcentuales, la cuenta del Papa en lengua portuguesa es la que más ha crecido. Le siguen la cuenta en lengua española y la cuenta en lengua latina.

Un estudio de los primeros cien tuits del Papa realizado también por News Reputation mostraba que esos 100 primeros mensajes han alcanzado 2,13 millones de retuits y 863 mil marcadores de favoritos. La media de retuit es de 2,59 por cada mil seguidores y de 1,1 favoritos por cada mil seguidores. Respecto a los temas tratados en los primeros cien tuits del Papa Francisco se encuentran, porcentualmente hablando: Jesús (14,5%), amor y misericordia de Dios (11%), caridad (11%), fe y oración (9,8%), solidaridad y austeridad (7,8%), testimonio cristiano y apostolado (7,3%), obras y coherencia de vida (7,3%), jornada mundial de la juventud (7%), Virgen María (6,5%) y jóvenes (3,7%).

Respecto al informe «Twiplomacy 2013», los resultados publicados en su portal permiten conocer datos más específicos por continente sobre los diversos países estudiados en particular. Respecto al Estado de la Ciudad del Vaticano se considera también, además de las cuentas del Papa, la de la Secretaría de Estado (@terzaloggia). Es el segundo año que se publica el estudio «Twiplomacy».

(fuente: evangelidigitalizacion.blogspot.com.ar)

jueves, 21 de noviembre de 2013

Papa Francisco: "Cuidado con el progresismo adolescente que es infiel al Señor"

18/11/2013 - “Que el Señor nos salve del espíritu mundano que lo negocia todo, no solo los valores, también la fe”, afirmó el Papa Francisco en la Misa de la Casa Santa Marta. El Papa advirtió que es necesario estar en guardia de “una globalización de la uniformidad hegemónica”, fruto de la mundanidad.

“El Pueblo de Dios prefiere alejarse del Señor ante una propuesta de mundanidad”, dijo. El Papa ha comenzado por la Primera Lectura, una cita del Libro de los Macabeos, para detenerse en la “raíz perversa” de la mundanidad. Los guías del pueblo, destaca el Papa, no quieren que Israel se aísle de las demás naciones, y así abandonan sus propias tradiciones para ir a negociar con el rey. Van a “negociar” y están encantados por ello. Es, destacó, como si dijesen “somos progresistas, vamos con el progreso adonde va toda la gente”. Se trata, advierte, del “espíritu del progresismo adolescente”, que “se cree que ir detrás de cualquier elección es mejor que permanecer en las costumbres de la fidelidad”

Esta gente, por tanto, negocia con el rey “la fidelidad al Dios que siempre es fiel”. “Esto, advierte el Papa, se llama apostasía”, “adulterio”. No están, de hecho, negociando valores, destacó, “sino que negocian con la esencia de su ser: la fidelidad al Señor”.

“Esta es una contradicción: no negocian con los valores, sino con la fidelidad. Esto es el fruto del demonio, del príncipe de este mundo, que nos lleva adelante con el espíritu de mundanidad. Y después, llegan las consecuencias. Han tomado las costumbres de los paganos, después se va un paso adelante: el rey ordena que, en todo su reino, todos formasen un solo pueblo, abandonando cada uno sus propias costumbres.

No es la bella globalización de la unidad de todas las Naciones, cada una con sus propias costumbres pero unidas, sino que es la globalización de la uniformidad hegemónica, es la del pensamiento único. Y este pensamiento único es fruto de la mundanidad”. Después de esto, recordó, “todos los pueblos se adecuaron a las órdenes del rey; aceptaron también su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado”. Paso a paso “se va por este camino”. Y al final, relató el Papa, “el rey alzó sobre el altar un abominación de devastación”.

“¿Pero, Padre, esto también sucede hoy? Sí. Porque el espíritu de la mundanidad también existe hoy, también hoy nos lleva, con esta voluntad de ser progresistas, hacia el pensamiento único. Si a alguien se le encontraba el Libro de la Alianza y se sabía que obedecía la Ley, la sentencia del rey lo condenaba a muerte: esto lo hemos leído en los periódicos, en estos meses. Esta gente ha negociado con la fidelidad a su Señor; esta gente, movida por el espíritu del mundo, ha negociado con su propia identidad, ha negociado con su pertenencia a un pueblo, un Pueblo muy amado por Dios, que Dios quiere que sea suyo”.

El Papa se refirió, después, a la novela de principios del siglo XX “El Señor del mundo” que habla de este “espíritu de mundanidad que nos lleva a la apostasía. Hoy -advirtió el Santo Padre- se piensa que debemos ser como todos, debemos ser más normales, como hacen todos, con este progresismo adolecente. Y continua la historia: Las condenas a muerte, los sacrificios humanos. Pero ustedes, ¿creen que hoy no se hacen sacrificios humanos? ¡Se hacen muchos, muchos! Y hay leyes que protegen eso”.

"Lo que nos consuela es que ante este camino que hace el espíritu del mundo, el príncipe de este mundo, el camino de infidelidad, siempre permanece el Señor, que no puede negarse a sí mismo, el Fiel: Él siempre nos espera, Él nos ama tanto y nos perdona cuando nosotros, arrepentidos por haber dado un paso, aunque sea uno pequeño, en este espíritu de mundanidad, volvemos hacia Él, el Dios fiel a su Pueblo que no es fiel. Con el espíritu de hijos de la Iglesia recemos al Señor para que con Su bondad, con Su fidelidad, nos salve de este espíritu mundano que negocia todo: que nos proteja y nos haga seguir adelante, como hizo que anduviera su pueblo por el desierto, llevándolo de la mano, como un papá lleva a su hijo. De la mano del Señor estaremos seguros”, indicó.

(fuente: www.radiomaria.org.ar)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Padre Pepe: "El Papa Francisco salvó mi vocación"

El "Padre Pepe" trabaja en la villa La Cárcova, y realiza tareas sociales y pastorales donde asiste a los jóvenes que cayeron en el mundo del alcohol y las drogas. Hace un par de meses el Papa Francisco recibió en el Vaticano a José María di Paola, el ‘Padre Pepe’. Nada hubiera tenido de particular si no fuera porque este cura joven es, en realidad, un viejo amigo que continúa su apostolado en las zonas más miserables de Buenos Aires, en gran parte gracias al apoyo del entonces Cardenal Bergoglio, quien lo acompañó durante una grave crisis espiritual que le hizo abandonar su vocación.

El Papa Bergoglio «me acompañó en aquel momento de crisis como un padre, con gran delicadeza de ánimo. No me decía lo que debía o no debía hacer. Escuchaba, se interesaba, decía con claridad lo que pensaba. Pero siempre con libertad. Me acompañaba en un camino en el cual, en plena libertad, he podido reconocer que mi vocación era realmente la de ser sacerdote… Igual que el padre de la parábola del hijo pródigo», explicó el Padre Pepe en una entrevista concedida al diario Avvenire en Roma.

El Padre Pepe conoció al Papa Francisco en el año 1993 cuando todavía era uno de los obispos auxiliares de Buenos Aires. Era sacerdote desde hacía siete años cuando comenzó una crisis existencial que le llevó a plantearse abandonar los deberes del sacerdocio para formar una familia. A pesar de su confusión interior, el Padre Pepe quería ser leal y transparente, y pidió a la Iglesia una dispensa de sus obligaciones sacerdotales. Por un año trabajó en una fábrica de zapatos y durante ese tiempo, siempre estuvo acompañado de Mons. Bergoglio.

«Cuando le dije que estaba atravesando esta crisis −señaló el Padre Pepe−, él no forzó la mano. Me dijo solamente: “Cuando le apetezca, venga a verme”. Me inspiraba mucha confianza, así que empecé a ir a verlo una vez al mes». Al salir de trabajar, el sacerdote caminaba entre dos y tres horas para ir a la catedral a hablar con Bergoglio, quien siempre le esperaba, incluso en la noche, y le abría personalmente la puerta.

Como en la parábola del hijo pródigo, Pepe regresó a la casa del Padre, y todavía recuerda con cariño el día que le anunció al Cardenal Bergoglio sus deseos de volver a los deberes del sacerdocio: «“Padre, aquí estoy… Me gustaría celebrar la Misa”: Él me abrazó y me sentí muy feliz», explica.

El Papa Francisco decidió que la primera Misa después de la crisis la celebraran el día de la Fiesta del Amigo, el 20 de julio, en la iglesia de San Ignacio, donde debían confesar a una señora y unas amigas. «¡Yo no sabía que esta señora había sido prostituta y que sus amigas todavía ejercitaban este trabajo! Pero esta fue la Misa con la cual retomé el camino sacerdotal unido a mi Obispo, y fue para los dos muy significativo».

«Después de aquél periodo Bergoglio comenzó a enviarme diversos sacerdotes y seminaristas. Me pedía que les escuchara y les ayudara en su vocación, confiaba en que la experiencia existencial que pasé pudiera ayudar a otros... Ahora todo lo hago con fuerza, con una convicción y una paz interior que antes no tenía. Desde aquél momento no dudé más en el hecho de que mi vocación es darle todo a Cristo y a la Iglesia a través del sacerdocio».

El Padre Pepe trabaja en la villa La Cárcova, ubicada en José León Suárez, a unos 30 kilómetros de Buenos Aires, y realiza tareas sociales y pastorales donde asiste a los jóvenes que cayeron en el mundo del alcohol y las drogas.

(fuente: almudi.org)

martes, 19 de noviembre de 2013

Esa niña, en silla de ruedas

Algunas veces, cuando nos ensimismamos en “problemitas” personales que nos quitan la paz, Jesús pasa a nuestro lado y nos pregunta “¿te parece que valen a pena?”. Un amigo mío solía decir que no siempre Dios es solemne, por el contrario, me repetía, “Dios tiene un gran sentido del humor”, y en la mayoría de las ocasiones, “lo trivial, lo de todos los días, lo ordinario, el Padre lo usa para darnos algunas tareas para el hogar”.

Es cierto: si me pongo a escudriñar en mi vida, las veces en la que el Señor ha tenido que ocuparse “personalmente” de dejarme algo en claro o ponerme alguna señal en mi camino, ha utilizado lo baladí de la cotidianeidad.

Hoy no fue uno de esos días. El Señor, nuestro Padre, me ha puesto una puerta de blindex impecable, prístina, transparente en mi camino sin señales previas. Algo que dijera: “A 100 metros, a usted le enseñarán algo” o “Cuidado, está por atravesar una puerta, ponga las manos por delante”.

Llegué a misa, urgido por el horario y mis preocupaciones. Chiquitas. Minúsculas. Pero agigantadas por la falta de fe. “Si vuelves la vista atrás –me decía hace unos días un cura amigo- dime si alguna vez Dios no se ocupó de ti. ¿Por qué dejaría de hacerlo ahora?”… Pero las cosas son así, y uno mira –muchas veces- demasiado humanamente las cosas humanas.

Así estaba en la celebración mientras el sacerdote echaba su homilía, arrebatado en mis pensamientos, cuando en un giro leve de mi vista apareció ella.

Era una niña de unos 12 o 13 años, en una silla de ruedas. Además de la evidente imposibilidad para caminar, tenía signos de otros problemas neurológicos. Una pequeña guía de hierros mantenía su cabecita erguida. Sus bracitos se movían torpemente y sus manos estaban cerradas en un ángulo incómodo. Sonreía. Sus ojitos se abrían y se cerraban vivaces. A su alrededor había cuatro personas. Su mamá, su papá y dos hermanitos menores, “divinamente irrespetuosos” de esa silla de ruedas que se interponía entre ellos y su hermanita.

Era una imagen extraordinaria de la Sagrada Familia. Mientras su madre tomaba su manita con dulzura, su padre le acariciaba el cabello. Y cuando su mamá la soltaba por un momento, su papá era ahora quien tomaba su mano para sostenerla. La cubrían de besos, todo el tiempo. Y al llegar el saludo de la paz, sus hermanitos se peleaban por llegar primeros hasta su rostro y besarla.

Esperaron hasta el final para ir a comulgar. Y luego su madre se arrodilló piadosamente al lado de su niña en silla de ruedas y -mientras rezaba en acción de gracias- no dejaba de acariciarla un solo instante mientras le susurraba al oído.

Pasaron por delante de mí y no me animé a romper esa unión hermosa para preguntarle por su nombre y comenzar a rezar por ella, con mi propia familia. Pero digamos que todavía escucho el sonido del blindex romperse frente a mi. Fui con un montón de preocupaciones insignificantes. Te lo vuelvo a decir: preocupaciones estúpidas. Y Dios me ha dado un regalo extraordinario.

Conocer a esa niña en sillas de ruedas. Y a sus padres. Y a sus hermanitos. Una verdadera Sagrada Familia. Y entonces, establecer las verdaderas prioridades.

(fuente: www.yocreo.com)

lunes, 18 de noviembre de 2013

Francisco en el Ángelus: 'Jesús nos libera del fatalismo y de las falsas visiones apocalípticas'

Hay falsos 'salvadores', que tratan de sustituir a Jesús: líderes de este mundo, santones, brujos, personajes que quieren atraer a sí­ las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes.

Ciudad del Vaticano, 17 de noviembre de 2013 (Zenit.org) El papa Francisco se asomó un domingo más a la ventana de su estudio, en el Palacio Apostólico, para el tradicional rezo del Ángelus. Ante una multitud reunida en la plaza de San Pedro, el pontífice comentó el Evangelio de hoy teniendo en cuenta dos claves interpretativas: “no dejarse engañar por falsos mesías y no dejar que el miedo nos paralice” y “vivir el tiempo de espera como un tiempo para el testimonio y la perseverancia”.

A continuación les ofrecemos el texto íntegro de la alocución del santo padre:

"Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Lc 21, 5-19) consiste en la primera parte de un razonamiento de Jesús: el de los últimos tiempos. Jesús lo pronuncia en Jerusalén, cerca del templo; y la idea se la da precisamente la gente que hablaba del templo y de su belleza. ¡Porque era bello aquel templo!

Entonces Jesús dijo: “Esto que ven, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida” (Lc 21, 6). Naturalmente le preguntan: ¿cuándo sucederá esto?, ¿cuáles serán los signos? Pero Jesús dirige la atención de estos aspectos secundarios – ¿cuándo será?, ¿cómo será? – la dirige a las verdaderas cuestiones. Y son dos:

Primero: no dejarse engañar por falsos mesías y no dejarse paralizar por el miedo. Segundo: vivir el tiempo de la espera como tiempo del testimonio y de la perseverancia. Y nosotros estamos en este tiempo de la espera, de la espera de la venida del Señor. Esta alocución de Jesús es siempre actual, también para nosotros que vivimos en el Siglo XXI. Él nos repite: “Miren, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre” (v. 8).

Es una invitación al discernimiento. Esta virtud cristiana de comprender dónde está el Espíritu del Señor y dónde está el mal espíritu. También hoy, en efecto, hay falsos “salvadores”, que tratan de sustituir a Jesús: líderes de este mundo, santones, también brujos, personajes que quieren atraer a sí las mentes y los corazones, especialmente de los jóvenes. Jesús nos pone en guardia: “¡No los sigan!”. “¡No los sigan!”.

Y el Señor también nos ayuda a no tener miedo: frente a las guerras, a las revoluciones, pero también a las calamidades naturales, a las epidemias, Jesús nos libera del fatalismo y de las falsas visiones apocalípticas.

El segundo aspecto nos interpela precisamente como cristianos y como Iglesia: Jesús preanuncia pruebas dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán padecer, por su causa. Sin embargo asegura: “Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza” (v. 18). ¡Nos recuerda que estamos totalmente en las manos de Dios!

Las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más en Él, en la fuerza de su Espíritu y de su gracia.

En este momento pienso y pensamos todos, eh, hagámoslo juntos, pensemos en tantos hermanos cristianos que sufren persecuciones a causa de su fe. ¡Hay tantos! Quizá más que en los primeros siglos. Jesús está con ellos. También nosotros estamos unidos a ellos con nuestra oración y nuestro afecto. También sentimos admiración por su coraje y su testimonio. Son nuestros hermanos y hermanas que en tantas partes del mundo sufren a causa de ser fieles a Jesucristo. Los saludamos de corazón y con afecto.

Al final, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: “Con su perseverancia salvarán sus almas” (v. 19). ¡Cuánta esperanza en estas palabras! Son un llamamiento a la esperanza y a la paciencia, a saber esperar los frutos seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la historia: las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande; el Señor, dueño de la historia, lleva todo a su cumplimiento. ¡A pesar de los desórdenes y de los desastres que turban al mundo, el designio de bondad y de misericordia de Dios se cumplirá!

Y esta es nuestra esperanza. Ir así, por este camino, en el designio de Dios que se cumplirá. Es nuestra esperanza.

Este mensaje de Jesús nos hace reflexionar sobre nuestro presente y nos da la fuerza para afrontarlo con coraje y esperanza, en compañía de la Virgen, que camina siempre con nosotros".

Después del Ángelus:

"Saludo a todos ustedes, familias, asociaciones y grupos que han venido a Roma, de Italia y de tantas partes del mundo: España, Francia, Finlandia, Países Bajos. En particular, saludo a los peregrinos provenientes de Vercelli, Salerno, Lizzanello; el Motoclub de Lucania de Potenza, los chicos de Montecassino y de Caserta.

Hoy es la ‘Jornada de las víctimas de la carretera’. Aseguro mi oración y los aliento a seguir con el ejemplo de la prevención, porque la prudencia y el respeto de las normas son la primera forma de protección de uno mismo y de los demás.

Querría sugerir a todos ustedes que están aquí en la plaza un modo para concretar los frutos del Año de la Fe, que llega al final. Se trata de una ‘medicina espiritual’, llamada Misericordina. Es el contenido de una cajita, que algunos voluntarios distribuirán mientras dejan la plaza. Hay una corona del Rosario, con la cual se puede rezar también la “Coronilla de la Divina Misericordia”, ayuda espiritual para nuestra alma y para difundir en todas partes el amor, el perdón y la fraternidad.

A todos les deseo un buen domingo. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!"

(RED/IV)
(17 de noviembre de 2013) © Innovative Media Inc.

domingo, 17 de noviembre de 2013

"Gracias a la constancia salvarán sus vidas"

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
(Lc. 21, 5-19)
Gloria a ti, Señor.


Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: "De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido". Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?". Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin". Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Tendréis ocasión de dar testimonio

Incansablemente doy gracias a mi Dios, que me conservó fiel el día de la tentación, de modo que hoy con confianza le ofrezco en sacrificio, como hostia viviente, mi alma a Cristo mi Señor, quien me protegió de todas mis angustias. Por eso puedo decir: ¿Quién soy yo, Señor ?... ¿De dónde a mí esta sabiduría, que no estaba en mí, que ni el número de los días sabía, ni conocía a Dios? ¿De dónde me vino luego este don tan grande y tan salvador de conocer a Dios y amarlo, hasta dejar mi patria y a mis parientes… de modo que vine a los gentiles irlandeses a predicar el Evangelio y a sufrir los insultos de los incrédulos… y a sufrir muchas persecuciones hasta las cadenas y a dar mi libertad para utilidad de otros?

y, si llego a ser digno, estoy pronto incluso a dar mi vida, sin vacilación y con agrado, por su nombre; y deseo dedicársela hasta la muerte, si Dios me lo concede.

Y estoy muy en deuda con Dios, que me dio una gracia tan grande; a saber, que por mí, muchos pueblos renacieran en Dios y luego fueran confirmados; me concedió también que pudiera ordenar por todas partes, ministros para este pueblo que ha recibido recientemente la fe, este pueblo que el Señor adquirió de los extremos de la tierra como antes había prometido por sus profetas: “Vendrán a ti pueblos de los extremos de la tierra…;y de nuevo: te puse como luz entre los pueblos, para que seas salvación hasta el confín de la tierra”.

escrito por San Patricio
(Referencias Bíblicas : Sal. 94,9; Rm 12,1; 2S 7,18; Mt 13,54; Sal. 38,5; 2Tm 2,9; Lc 1,70; Jr 16,19; Is 49,6; Hch. 13,47)
(fuente: evangelioedldia.org)

sábado, 16 de noviembre de 2013

Papa Francisco: "No me imagino a Dios dándonos una cachetada"

12/11/2013 - “Confiémonos en Dios como un niño se confía en las manos de su papá”, aseguró Francisco en la misa de la Casa Santa. El Papa afirmó que “el Señor nunca nos abandona” y destacó que incluso cuando nos reprende, “Dios no nos da una cachetada, sino que nos hace una caricia”.

“Dios ha creado el hombre para la incorruptibilidad, pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo”, dijo. El Papa Francisco desarrolló su homilía deteniéndose en la Primera Lectura del día, una cita del Libro de la Sabiduría que recuerda nuestra creación. “La envidia del diablo – manifestó el Santo Padre- ha hecho que se iniciase esta guerra, este camino que termina con la muerte. Esta última, entró en el mundo y la experimentan todos los que le pertenecen. Es una experiencia que hacemos todos”.

“Todos debemos pasar por la muerte, pero una cosa es pasar por esta experiencia con una pertenencia al diablo y otra pasar por esta experiencia de la mano de Dios. Me gusta escuchar esto: ‘Estamos en las manos de Dios desde el principio’. La Biblia nos explica la Creación, usando una imagen bella: Dios, con sus manos nos hace del barro, de la tierra a Su imagen y semejanza. Son las manos de Dios las que nos han creado: el Dios artesano, ¿eh? Como un artesano nos ha hecho. Estas manos del Señor. Las manos de Dios, que no nos abandonan”, agregó.

“La Biblia -prosiguió el Papa- narra que el Señor le dice a su pueblo: ´Yo camino contigo, como un papá con su hijo, llevándolo de la mano”` Son las manos de Dios, las que nos acompañan en el camino. Nuestro Padre, como un Padre con su hijo, nos enseña a caminar. Nos enseña a ir por el camino de la vida y de la salvación. Son las manos de Dios las que nos acarician en los momentos de dolor, nos consuelan. ¡Es nuestro Padre el que nos acaricia! Nos quiere mucho. Y también en estas caricias, muchas veces, está el perdón. Este pensamiento me ayuda. Jesús, Dios, ha traído consigo sus llagas: se las hace ver al Padre. Este es el precio: ¡las manos de Dios son manos llagadas por amor! Y esto nos consuela mucho”, sostuvo Su Santidad.

“Muchas veces escuchamos decir a las personas que no saben en quien confiar: ´¡Confíate a las manos de Dios!`. Esto es bello porque allí estamos seguros: es la máxima seguridad, porque es la seguridad de nuestro Padre que nos quiere mucho. Las manos de Dios también nos curan de nuestras enfermedades espirituales. Pensemos en las manos de Jesús, cuando tocaba a los enfermos y los curaba, son las manos de Dios: ¡nos curan! ¡No me imagino a Dios dándonos una cachetada! No me lo imagino. Reprendiéndonos sí me lo imagino, porque lo hace. Pero nunca, nunca nos hiere. ¡Nunca! Nos acaricia”, afirmó con gran convicción.

“También cuando nos reprende lo hace con una caricia porque es Padre. ‘Las almas de los justos están en las manos de Dios’, dice la Escritura. Pensemos en las manos de Dios, que nos ha creado como un artesano, que nos ha dado la salud eterna. Son manos llagadas y nos acompañan en el camino de la vida. Confiémonos en las manos de Dios, como un niño se confía en las manos de su papá. ¡Esas son manos seguras!”, finalizó diciendo el Papa.

(fuente: www.radiomaria.org.ar)
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