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lunes, 31 de diciembre de 2012

Invitación de Benedicto XVI para la JMJ 2013

Queridos jóvenes:

Me alegro de dirigirme de nuevo a vosotros con ocasión de la XXVII Jornada Mundial de la Juventud. El recuerdo del encuentro de Madrid el pasado mes de agosto sigue muy presente en mi corazón. Ha sido un momento extraordinario de gracia, durante el cual el Señor ha bendecido a los jóvenes allí presentes, venidos del mundo entero. Doy gracias a Dios por los muchos frutos que ha suscitado en aquellas jornadas y que en el futuro seguirán multiplicándose entre los jóvenes y las comunidades a las que pertenecen. Ahora nos estamos dirigiendo ya hacia la próxima cita en Río de Janeiro en el año 2013, que tendrá como tema «¡Id y haced discípulos a todos los pueblos!» (cf. Mt 28,19).

Este año, el tema de la Jornada Mundial de la Juventud nos lo da la exhortación de la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses: «¡Alegraos siempre en el Señor!» (4,4). En efecto, La alegría es un elemento central de la experiencia cristiana. También experimentamos en cada Jornada Mundial de la Juventud una alegría intensa, la alegría de la comunión, la alegría de ser cristianos, la alegría de la fe. Esta es una de las características de estos encuentros. Vemos la fuerza atrayente que ella tiene: en un mundo marcado a menudo por la tristeza y la inquietud, la alegría es un testimonio importante de la belleza y fiabilidad de la fe cristiana.

La Iglesia tiene la vocación de llevar la alegría al mundo, una alegría auténtica y duradera, aquella que los ángeles anunciaron a los pastores de Belén en la noche del nacimiento de Jesús (cf. Lc 2,10). Dios no sólo ha hablado, no sólo ha cumplido signos prodigiosos en la historia de la humanidad, sino que se ha hecho tan cercano que ha llegado a hacerse uno de nosotros, recorriendo las etapas de la vida entera del hombre. En el difícil contexto actual, muchos jóvenes en vuestro entorno tienen una inmensa necesidad de sentir que el mensaje cristiano es un mensaje de alegría y esperanza. Quisiera reflexionar ahora con vosotros sobre esta alegría, sobre los caminos para encontrarla, para que podáis vivirla cada vez con mayor profundidad y ser mensajeros de ella entre los que os rodean.


Nuestro corazón está hecho para la alegría

La aspiración a la alegría está grabada en lo más íntimo del ser humano. Más allá de las satisfacciones inmediatas y pasajeras, nuestro corazón busca la alegría profunda, plena y perdurable, que pueda dar «sabor» a la existencia. Y esto vale sobre todo para vosotros, porque la juventud es un período de un continuo descubrimiento de la vida, del mundo, de los demás y de sí mismo. Es un tiempo de apertura hacia el futuro, donde se manifiestan los grandes deseos de felicidad, de amistad, del compartir y de verdad; donde uno es impulsado por ideales y se conciben proyectos.

Cada día el Señor nos ofrece tantas alegrías sencillas: la alegría de vivir, la alegría ante la belleza de la naturaleza, la alegría de un trabajo bien hecho, la alegría del servicio, la alegría del amor sincero y puro. Y si miramos con atención, existen tantos motivos para la alegría: los hermosos momentos de la vida familiar, la amistad compartida, el descubrimiento de las propias capacidades personales y la consecución de buenos resultados, el aprecio que otros nos tienen, la posibilidad de expresarse y sentirse comprendidos, la sensación de ser útiles para el prójimo. Y, además, la adquisición de nuevos conocimientos mediante los estudios, el descubrimiento de nuevas dimensiones a través de viajes y encuentros, la posibilidad de hacer proyectos para el futuro. También pueden producir en nosotros una verdadera alegría la experiencia de leer una obra literaria, de admirar una obra maestra del arte, de escuchar e interpretar la música o ver una película.

Pero cada día hay tantas dificultades con las que nos encontramos en nuestro corazón, tenemos tantas preocupaciones por el futuro, que nos podemos preguntar si la alegría plena y duradera a la cual aspiramos no es quizá una ilusión y una huída de la realidad. Hay muchos jóvenes que se preguntan: ¿es verdaderamente posible hoy en día la alegría plena? Esta búsqueda sigue varios caminos, algunos de los cuales se manifiestan como erróneos, o por lo menos peligrosos. Pero, ¿cómo podemos distinguir las alegrías verdaderamente duraderas de los placeres inmediatos y engañosos? ¿Cómo podemos encontrar en la vida la verdadera alegría, aquella que dura y no nos abandona ni en los momentos más difíciles?


Dios es la fuente de la verdadera alegría

En realidad, todas las alegrías auténticas, ya sean las pequeñas del día a día o las grandes de la vida, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca a primera vista, porque Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que no se encierra en sí misma, sino que se difunde en aquellos que Él ama y que le aman. Dios nos ha creado a su imagen por amor y para derramar sobre nosotros su amor, para colmarnos de su presencia y su gracia. Dios quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina: yo soy amado, tengo un puesto en el mundo y en la historia, soy amado personalmente por Dios. Y si Dios me acepta, me ama y estoy seguro de ello, entonces sabré con claridad y certeza que es bueno que yo sea, que exista.

Este amor infinito de Dios para con cada uno de nosotros se manifiesta de modo pleno en Jesucristo. En Él se encuentra la alegría que buscamos. En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría. Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: «¡Alégrate!» (Lc 1,28). En el nacimiento de Jesús, el Ángel del Señor dice a los pastores: «Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). Y los Magos que buscaban al niño, «al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El motivo de esta alegría es, por lo tanto, la cercanía de Dios, que se ha hecho uno de nosotros. Esto es lo que san Pablo quiso decir cuando escribía a los cristianos de Filipos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca» (Flp 4,4-5). La primera causa de nuestra alegría es la cercanía del Señor, que me acoge y me ama.

En efecto, el encuentro con Jesús produce siempre una gran alegría interior. Lo podemos ver en muchos episodios de los Evangelios. Recordemos la visita de Jesús a Zaqueo, un recaudador de impuestos deshonesto, un pecador público, a quien Jesús dice: «Es necesario que hoy me quede en tu casa». Y san Lucas dice que Zaqueo «lo recibió muy contento» (Lc 19,5-6). Es la alegría del encuentro con el Señor; es sentir el amor de Dios que puede transformar toda la existencia y traer la salvación. Zaqueo decide cambiar de vida y dar la mitad de sus bienes a los pobres.

En la hora de la pasión de Jesús, este amor se manifiesta con toda su fuerza. Él, en los últimos momentos de su vida terrena, en la cena con sus amigos, dice: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn15,9.11). Jesús quiere introducir a sus discípulos y a cada uno de nosotros en la alegría plena, la que Él comparte con el Padre, para que el amor con que el Padre le ama esté en nosotros (cf. Jn 17,26). La alegría cristiana es abrirse a este amor de Dios y pertenecer a Él.

Los Evangelios relatan que María Magdalena y otras mujeres fueron a visitar el sepulcro donde habían puesto a Jesús después de su muerte y recibieron de un Ángel una noticia desconcertante, la de su resurrección. Entonces, así escribe el Evangelista, abandonaron el sepulcro a toda prisa, «llenas de miedo y de alegría», y corrieron a anunciar la feliz noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y dijo: «Alegraos» (Mt 28,8-9). Es la alegría de la salvación que se les ofrece: Cristo es el viviente, es el que ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Él está presente en medio de nosotros como el Resucitado, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,21). El mal no tiene la última palabra sobre nuestra vida, sino que la fe en Cristo Salvador nos dice que el amor de Dios es el que vence.

Esta profunda alegría es fruto del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios, capaces de vivir y gustar su bondad, de dirigirnos a Él con la expresión «Abba», Padre (cf. Rm 8,15). La alegría es signo de su presencia y su acción en nosotros.


Conservar en el corazón la alegría cristiana

Aquí nos preguntamos: ¿Cómo podemos recibir y conservar este don de la alegría profunda, de la alegría espiritual?

Un Salmo dice: «Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón» (Sal37,4). Jesús explica que «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo» (Mt 13,44). Encontrar y conservar la alegría espiritual surge del encuentro con el Señor, que pide que le sigamos, que nos decidamos con determinación, poniendo toda nuestra confianza en Él. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de arriesgar vuestra vida abriéndola a Jesucristo y su Evangelio; es el camino para tener la paz y la verdadera felicidad dentro de nosotros mismos, es el camino para la verdadera realización de nuestra existencia de hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza.

Buscar la alegría en el Señor: la alegría es fruto de la fe, es reconocer cada día su presencia, su amistad: «El Señor está cerca» (Flp 4,5); es volver a poner nuestra confianza en Él, es crecer en su conocimiento y en su amor. El «Año de la Fe», que iniciaremos dentro de pocos meses, nos ayudará y estimulará. Queridos amigos, aprended a ver cómo actúa Dios en vuestras vidas, descubridlo oculto en el corazón de los acontecimientos de cada día. Creed que Él es siempre fiel a la alianza que ha sellado con vosotros el día de vuestro Bautismo. Sabed que jamás os abandonará. Dirigid a menudo vuestra mirada hacia Él. En la cruz entregó su vida porque os ama. La contemplación de un amor tan grande da a nuestros corazones una esperanza y una alegría que nada puede destruir. Un cristiano nunca puede estar triste porque ha encontrado a Cristo, que ha dado la vida por él.

Buscar al Señor, encontrarlo, significa también acoger su Palabra, que es alegría para el corazón. El profeta Jeremías escribe: «Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón» (Jr 15,16). Aprended a leer y meditar la Sagrada Escritura; allí encontraréis una respuesta a las preguntas más profundas sobre la verdad que anida en vuestro corazón y vuestra mente. La Palabra de Dios hace que descubramos las maravillas que Dios ha obrado en la historia del hombre y que, llenos de alegría, proclamemos en alabanza y adoración: «Venid, aclamemos al Señor… postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro» (Sal95,1.6).

La Liturgia en particular, es el lugar por excelencia donde se manifiesta la alegría que la Iglesia recibe del Señor y transmite al mundo. Cada domingo, en la Eucaristía, las comunidades cristianas celebran el Misterio central de la salvación: la muerte y resurrección de Cristo. Este es un momento fundamental para el camino de cada discípulo del Señor, donde se hace presente su sacrificio de amor; es el día en el que encontramos al Cristo Resucitado, escuchamos su Palabra, nos alimentamos de su Cuerpo y su Sangre. Un Salmo afirma: «Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal118,24). En la noche de Pascua, la Iglesia canta el Exultet, expresión de alegría por la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte: «¡Exulte el coro de los ángeles… Goce la tierra inundada de tanta claridad… resuene este templo con las aclamaciones del pueblo en fiesta!». La alegría cristiana nace del saberse amados por un Dios que se ha hecho hombre, que ha dado su vida por nosotros y ha vencido el mal y la muerte; es vivir por amor a él. Santa Teresa del Niño Jesús, joven carmelita, escribió: «Jesús, mi alegría es amarte a ti» (Poesía 45/7).


La alegría del amor

Queridos amigos, la alegría está íntimamente unida al amor; ambos son frutos inseparables del Espíritu Santo (cf. Ga 5,23). El amor produce alegría, y la alegría es una forma del amor. La beata Madre Teresa de Calcuta, recordando las palabras de Jesús: «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35), decía: «La alegría es una red de amor para capturar las almas. Dios ama al que da con alegría. Y quien da con alegría da más». El siervo de Dios Pablo VI escribió: «En el mismo Dios, todo es alegría porque todo es un don» (Ex. ap. Gaudete in Domino, 9 mayo 1975).

Pensando en los diferentes ámbitos de vuestra vida, quisiera deciros que amar significa constancia, fidelidad, tener fe en los compromisos. Y esto, en primer lugar, con las amistades. Nuestros amigos esperan que seamos sinceros, leales, fieles, porque el verdadero amor es perseverante también y sobre todo en las dificultades. Y lo mismo vale para el trabajo, los estudios y los servicios que desempeñáis. La fidelidad y la perseverancia en el bien llevan a la alegría, aunque ésta no sea siempre inmediata.

Para entrar en la alegría del amor, estamos llamados también a ser generosos, a no conformarnos con dar el mínimo, sino a comprometernos a fondo, con una atención especial por los más necesitados. El mundo necesita hombres y mujeres competentes y generosos, que se pongan al servicio del bien común. Esforzaos por estudiar con seriedad; cultivad vuestros talentos y ponedlos desde ahora al servicio del prójimo. Buscad el modo de contribuir, allí donde estéis, a que la sociedad sea más justa y humana. Que toda vuestra vida esté impulsada por el espíritu de servicio, y no por la búsqueda del poder, del éxito material y del dinero.

A propósito de generosidad, tengo que mencionar una alegría especial; es la que se siente cuando se responde a la vocación de entregar toda la vida al Señor. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de la llamada de Cristo a la vida religiosa, monástica, misionera o al sacerdocio. Tened la certeza de que colma de alegría a los que, dedicándole la vida desde esta perspectiva, responden a su invitación a dejar todo para quedarse con Él y dedicarse con todo el corazón al servicio de los demás. Del mismo modo, es grande la alegría que Él regala al hombre y a la mujer que se donan totalmente el uno al otro en el matrimonio para formar una familia y convertirse en signo del amor de Cristo por su Iglesia.

Quisiera mencionar un tercer elemento para entrar en la alegría del amor: hacer que crezca en vuestra vida y en la vida de vuestras comunidades la comunión fraterna. Hay vínculo estrecho entre la comunión y la alegría. No en vano san Pablo escribía su exhortación en plural; es decir, no se dirige a cada uno en singular, sino que afirma: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4). Sólo juntos, viviendo en comunión fraterna, podemos experimentar esta alegría. El libro de los Hechos de los Apóstoles describe así la primera comunidad cristiana: «Partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hch 2,46). Empleaos también vosotros a fondo para que las comunidades cristianas puedan ser lugares privilegiados en que se comparta, se atienda y cuiden unos a otros.


La alegría de la conversión

Queridos amigos, para vivir la verdadera alegría también hay que identificar las tentaciones que la alejan. La cultura actual lleva a menudo a buscar metas, realizaciones y placeres inmediatos, favoreciendo más la inconstancia que la perseverancia en el esfuerzo y la fidelidad a los compromisos. Los mensajes que recibís empujar a entrar en la lógica del consumo, prometiendo una felicidad artificial. La experiencia enseña que el poseer no coincide con la alegría. Hay tantas personas que, a pesar de tener bienes materiales en abundancia, a menudo están oprimidas por la desesperación, la tristeza y sienten un vacío en la vida. Para permanecer en la alegría, estamos llamados a vivir en el amor y la verdad, a vivir en Dios.

La voluntad de Dios es que nosotros seamos felices. Por ello nos ha dado las indicaciones concretas para nuestro camino: los Mandamientos. Cumpliéndolos encontramos el camino de la vida y de la felicidad. Aunque a primera vista puedan parecer un conjunto de prohibiciones, casi un obstáculo a la libertad, si los meditamos más atentamente a la luz del Mensaje de Cristo, representan un conjunto de reglas de vida esenciales y valiosas que conducen a una existencia feliz, realizada según el proyecto de Dios. Cuántas veces, en cambio, constatamos que construir ignorando a Dios y su voluntad nos lleva a la desilusión, la tristeza y al sentimiento de derrota. La experiencia del pecado como rechazo a seguirle, como ofensa a su amistad, ensombrece nuestro corazón.

Pero aunque a veces el camino cristiano no es fácil y el compromiso de fidelidad al amor del Señor encuentra obstáculos o registra caídas, Dios, en su misericordia, no nos abandona, sino que nos ofrece siempre la posibilidad de volver a Él, de reconciliarnos con Él, de experimentar la alegría de su amor que perdona y vuelve a acoger.

Queridos jóvenes, ¡recurrid a menudo al Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación! Es el Sacramento de la alegría reencontrada. Pedid al Espíritu Santo la luz para saber reconocer vuestro pecado y la capacidad de pedir perdón a Dios acercándoos a este Sacramento con constancia, serenidad y confianza. El Señor os abrirá siempre sus brazos, os purificará y os llenará de su alegría: habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte (cf. Lc 15,7).


La alegría en las pruebas

Al final puede que quede en nuestro corazón la pregunta de si es posible vivir de verdad con alegría incluso en medio de tantas pruebas de la vida, especialmente las más dolorosas y misteriosas; de si seguir al Señor y fiarse de Él da siempre la felicidad.

La respuesta nos la pueden dar algunas experiencias de jóvenes como vosotros que han encontrado precisamente en Cristo la luz que permite dar fuerza y esperanza, también en medio de situaciones muy difíciles. El beato Pier Giorgio Frassati (1901-1925) experimentó tantas pruebas en su breve existencia; una de ellas concernía su vida sentimental, que le había herido profundamente. Precisamente en esta situación, escribió a su hermana: «Tú me preguntas si soy alegre; y ¿cómo no podría serlo? Mientras la fe me de la fuerza estaré siempre alegre. Un católico no puede por menos de ser alegre... El fin para el cual hemos sido creados nos indica el camino que, aunque esté sembrado de espinas, no es un camino triste, es alegre incluso también a través del dolor» (Carta a la hermana Luciana, Turín, 14 febrero 1925). Y el beato Juan Pablo II, al presentarlo como modelo, dijo de él: «Era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida» (Discurso a los jóvenes, Turín, 13 abril 1980).

Chiara Badano
Más cercana a nosotros, la joven Chiara Badano (1971-1990), recientemente beatificada, experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor y estar habitado por la alegría. A la edad de 18 años, en un momento en el que el cáncer le hacía sufrir de modo particular, rezó al Espíritu Santo para que intercediera por los jóvenes de su Movimiento. Además de su curación, pidió a Dios que iluminara con su Espíritu a todos aquellos jóvenes, que les diera la sabiduría y la luz: «Fue un momento de Dios: sufría mucho físicamente, pero el alma cantaba» (Carta a Chiara Lubich, Sassello, 20 de diciembre de 1989). La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás. A menudo repetía: «Jesús, si tú lo quieres, yo también lo quiero». Son dos sencillos testimonios, entre otros muchos, que muestran cómo el cristiano auténtico no está nunca desesperado o triste, incluso ante las pruebas más duras, y muestran que la alegría cristiana no es una huida de la realidad, sino una fuerza sobrenatural para hacer frente y vivir las dificultades cotidianas. Sabemos que Cristo crucificado y resucitado está con nosotros, es el amigo siempre fiel. Cuando participamos en sus sufrimientos, participamos también en su alegría. Con Él y en Él, el sufrimiento se transforma en amor. Y ahí se encuentra la alegría (cf. Col 1,24). Testigos de la alegría Queridos amigos, para concluir quisiera alentaros a ser misioneros de la alegría. No se puede ser feliz si los demás no lo son. Por ello, hay que compartir la alegría. Id a contar a los demás jóvenes vuestra alegría de haber encontrado aquel tesoro precioso que es Jesús mismo. No podemos conservar para nosotros la alegría de la fe; para que ésta pueda permanecer en nosotros, tenemos que transmitirla. San Juan afirma: «Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros… Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo» (1Jn 1,3-4).

A veces se presenta una imagen del Cristianismo como una propuesta de vida que oprime nuestra libertad, que va contra nuestro deseo de felicidad y alegría. Pero esto no corresponde a la verdad. Los cristianos son hombres y mujeres verdaderamente felices, porque saben que nunca están solos, sino que siempre están sostenidos por las manos de Dios. Sobre todo vosotros, jóvenes discípulos de Cristo, tenéis la tarea de mostrar al mundo que la fe trae una felicidad y alegría verdadera, plena y duradera. Y si el modo de vivir de los cristianos parece a veces cansado y aburrido, entonces sed vosotros los primeros en dar testimonio del rostro alegre y feliz de la fe. El Evangelio es la «buena noticia» de que Dios nos ama y que cada uno de nosotros es importante para Él. Mostrad al mundo que esto de verdad es así.

Por lo tanto, sed misioneros entusiasmados de la nueva evangelización. Llevad a los que sufren, a los que están buscando, la alegría que Jesús quiere regalar. Llevadla a vuestras familias, a vuestras escuelas y universidades, a vuestros lugares de trabajo y a vuestros grupos de amigos, allí donde vivís. Veréis que es contagiosa. Y recibiréis el ciento por uno: la alegría de la salvación para vosotros mismos, la alegría de ver la Misericordia de Dios que obra en los corazones. En el día de vuestro encuentro definitivo con el Señor, Él podrá deciros: «¡Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu señor!» (Mt 25,21).

Que la Virgen María os acompañe en este camino. Ella acogió al Señor dentro de sí y lo anunció con un canto de alabanza y alegría, elMagníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,46-47). María respondió plenamente al amor de Dios dedicando a Él su vida en un servicio humilde y total. Es llamada «causa de nuestra alegría» porque nos ha dado a Jesús. Que Ella os introduzca en aquella alegría que nadie os podrá quitar.

Vaticano, 15 de marzo de 2012 
BENEDICTUS PP. XVI

Nuestra Señora de Todos los Pueblos

Señor Jesucristo, Hijo del Padre
Manda ahora Tu Espíritu sobre la tierra,
Haz que el Espíritu Santo
Habite en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados de la corrupción,
de las calamidades y de la guerra.

Que la Señora de todos los pueblos,
Que un día era María, Sea nuestra abogada.

Amén.


SIGNIFICADO DE LA IMAGEN 

Los mensajes de Ámsterdam son únicos en la historia de las apariciones marianas, porque la misma Virgen describe detalladamente su imagen.

María se muestra de tres maneras como la CORREDENTORA:

• Ella está irradiada de la luz divina, delante de la Cruz de Su Hijo, a Quien está inseparablemente unida.

• Ella lleva un paño a la cintura y explica: “Escucha bien lo que esto significa: Es como el lienzo que cubrió la cintura del Hijo en la Cruz, pues estoy como la Señora ante la Cruz del Hijo” (15.04.1951).

• Sus manos presentan llagas luminosas. Con esta imagen, María describe el sufrimiento físico y espiritual que ha soportado, junto con su Divino Hijo, por la Redención de la humanidad.

La Señora pide de nuevo a Ida que se fije en sus manos, y se muestra así como LA MEDIANERA DE TODAS LAS GRACIAS: “Observa ahora mis manos y dime lo que ves”. Entonces Ida ve en medio de las manos como si hubiese habido una herida y de ahí, de cada mano, salen tres rayos que iluminan las ovejas. La Señora sonríe y dice: “Estos son tres rayos, los rayos de Gracia, Redención y Paz” (31.05.1951). La Gracia que viene del Padre, la Redención del Hijo y la Paz del Espíritu Santo.

“He puesto mis pies firmemente sobre el globo terrestre, porque en este período el Padre y el Hijo quiere traerme en este mundo como la Corredentora, Medianera y Abogada” (31.05.1951). “Este tiempo es nuestro tiempo” (02.07.1951).

Como en una imagen bíblica, María hace ver a la vidente, en torno a todo el globo, el rebaño que representa a todos los pueblos y razas de la tierra, añadiendo a continuación: “No hallarán descanso hasta que se humillen y miren pacíficamente la Cruz, el centro de este mundo” (31.05.1951).

De nuevo María pide que miremos la Cruz, el centro del mundo. María nos pide que difundamos esta imagen en todo el mundo porque muestra el significado “y representa el nuevo dogma” (08.12.1952). Por eso María subraya varias veces que “Esta imagen precederá a un dogma, un nuevo dogma” (15.04.1951).


MARÍA NO ES EL CENTRO, PERO ESTÁ EN EL CENTRO

Sin duda, María no es el centro. Ella está ante la Cruz del Hijo y sin embargo es VOLUNTAD DIVINA que por su vocación de Corredentora, Medianera y Abogada Ella se encuentre en el centro, sobre todo en el centro de nuestro corazón, para llevarnos a EL. Es algo que Ella subraya de forma explícita, diciendo de sí misma: “No yo, sino la Cruz.” (16.12.1949).

“Esta imagen habla claro y desde ahora será llevada por el mundo, porque el mundo nuevamente necesita la Cruz” (15.04.1951).


IMAGEN PARA MEDITAR

Quien mira por primera vez la imagen de la Señora de todos los Pueblos tal vez se extrañe de ver a María sin Jesús ante la Cruz redentora. Alguien puede preguntarse en forma crítica: “¿Tal vez no esconde la Cruz?”.

Parece como si, con esta imagen insólita, nuestra Madre, de pie ante la Cruz, quiera animarnos e invitarnos a reflexionar profundamente sobre su vocación y su lugar en el plan divino de salvación.

Naturalmente, María podría ponerse al lado e indicarnos el Salvador en la Cruz. Muchos célebres pintores, en cada siglo, han representado así el sufrimiento de Jesús y de María en el Calvario. Sin embargo, la cuadro de Ámsterdam no busca representar la misión y el sufrimiento del Redentor, sino, como dicen los mensajes, el cuadro habla de la Corredentora (cfr. 29.04.1951). Sí, esta imagen pretende expresar la vocación de la Madre Corredentora, sin ofuscar con ello en lo más mínimo la del Redentor.

Efectivamente, Jesús ya ha resucitado y ha subido al Cielo en la gloria del Padre. Por eso, la Cruz está en el resplandor de la luz de la Resurrección, que inunda a María. La Madre de Dios en el centro, ante la Cruz, nos ayuda a comprender que la Madre y el Hijo están indisolublemente unidos en su misión. Donde está el Hijo está siempre la Madre. El mismo Hijo divino la ha llamado a su lado, al centro, en su papel de Corredentora, para que comprendamos con gozo cómo en esa colocación de Madre, Ella sea Medianera de las gracias de la Redención, para todos los Pueblos, que brotan de los sufrimientos padecidos, interviniendo en nuestra defensa e intercediendo como Abogada por nosotros.

EL CUADRO ORIGINAL DE LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS

El cuadro de la Señora de todos los Pueblos, pintado en 1951 por el pintor alemán Heinrich Repke, quedó expuesto hasta finales de 1953 en la capilla de una finca en Alemania. Seguidamente fue llevado a Holanda y expuesto provisionalmente en la casa parroquial a la iglesia dominica de Santo Tomás, en la calle Rijnstraat de Amsterdam. A finales de 1954 el párroco obtuvo el permiso del entonces obispo de la diócesis de Haarlem, Monseñor Huibers, de colocarlo en la capilla de la Virgen, en la misma iglesia. Fue trasladado con solemne ceremonia el 19 de diciembre de 1954. Cuando el 31 de mayo de 1955, en la capilla de la Virgen de la iglesia de Santo Tomás, repleta de gente, la vidente Ida Peerdeman recibió el 51° mensaje de la Señora de todos los Pueblos, en la diócesis se produjeron reacciones negativas. Se temió que la iglesia de Santo Tomás se volviera un lugar de peregrinaciones, cosa que se quería evitar. El 10 de junio de 1955 el obispo retiró su permiso y el párroco tuvo que quitar el cuadro de la iglesia. El motivo presentado fue que una veneración pública no era posible mientras estuviera abierta la indagación acerca de la autenticidad de las apariciones. Todo lo que podía recordar el culto fue retirado de la iglesia y el cuadro fue conservado primero en la biblioteca y luego en el sótano de la casa.

Más tarde, con el tiempo, el cuadro llegó a la pequeña iglesia de Ville d‘Avray, junto a París (1966-1967), en el Convento de los padres del Santísimo Sacramento de El Haya (1967-1969), en el Convento de Oegstgeest (1969-1970) y por último en la casa de la vidente, en la calle Diepenbrockstraat de Ámsterdam. El 16 de junio de 1970 fue hecha una capilla en el sótano de dicha casa, donde el cuadro quedó expuesto hasta la inauguración de la capilla actual, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1976. Después de 25 años de peregrinación, el cuadro encontró así su penúltima colocación. Su puesto definitivo, anunciado por la Señora misma en su 52° mensaje, será en “una capilla propia” en “la casa del Señor Jesucristo”, la futura iglesia de la Señora de todos los Pueblos en la Plaza Europa, de Ámsterdam.

Indicación de las fuentes: P. Paul Maria Sigl: "Die Frau aller Völker 'Miterlöserin Mittlerin Fürsprecherin'" (25 de marzo de 1998). Agradecimientos a Nancy Durand

domingo, 30 de diciembre de 2012

Benedicto XVI y la "falacia profunda" de la ideología de género

Ciudad del Vaticano (AICA) Entre las demás etapas del año que se acerca a su fin, y que el Pontífice mencionó a la Curia destacó la gran Fiesta de la Familia en Milán. Mientras el último acontecimiento importante de este año, ya en su ocaso, fue el Sínodo sobre la Nueva Evangelización, que ha marcado al mismo tiempo el comienzo del Año de la Fe.

“Me ha llamado, dijo el Papa, la atención que en el Sínodo se haya subrayado repetidamente la importancia de la familia como lugar auténtico en el que se transmiten las formas fundamentales del ser persona humana. Se aprenden viviéndolas y también sufriéndolas juntos. Así se hizo patente que en el tema de la familia no se trata únicamente de una determinada forma social, sino de la cuestión del hombre mismo; de la cuestión sobre qué es el hombre y sobre lo que es preciso hacer para ser hombres del modo justo. Los desafíos en este contexto son complejos.

"El atentado, al que hoy estamos expuestos, a la auténtica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión aún más profunda", empezó, pues "está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres".

Benedicto XVI citó la frase de Simone de Beauvoir "Mujer no se nace, se hace" para fulminar con contundencia argumental "lo que hoy se presenta bajo el lema “gender [género]” como una nueva filosofía de la sexualidad. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía".

"La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente", continuó: "El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho prestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear".

Seguidamente el Papa recordó que esto va contra las mismas Sagradas Escrituras: "Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado.

Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: “Hombre y mujer los creó”. No, lo que vale ahora es que no fue Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora fue la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen".

Las consecuencias son inmediatas: "El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo. En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente".

La familia resulta así la gran perjudicada: "Si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad prestablecida por la creación. Pero, en este caso, también la prole perdió el puesto que hasta ahora le correspondía y la particular dignidad que le es propia. Bernheim muestra cómo ésta, de sujeto jurídico de por sí, se convierte ahora necesariamente en objeto, al cual se tiene derecho y que, como objeto de un derecho, se puede adquirir".

Por último, sentenció Benedicto XVI, "allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser. En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre".+

"Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros"

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 
(Lc. 2, 41-52) 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: "Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados." Él les contesto: "¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.


Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Este pasaje del Niño perdido en el templo, es un anuncio anticipado de lo que será la vida de este Niño adolescente, que perdiéndose de sus padres se queda en la ciudad Santa, ciudad donde iba a ser condenado y crucificado, hasta dar su vida por nosotros. Cuando lo encuentran lo hacen en medio de los Doctores de la Ley, discutiendo, admirados por su inteligencia y por las respuestas que daba.

Esta es una circunstancia privilegiada para conocer la relación que existía entre madre e Hijo, así vemos a María como mamá, reprendiendo al Hijo que se había aislado del grupo, y el Hijo actúa ya como el Hijo del Padre, haciendo alusión a su relación con Él, dejando claro desde un primer momento, que su referente, y que el sentido de su vida era: el Padre. De ahí, la expresión: “….no sabían que debía ocuparme de las cosas de mi Padre…” (Lc 2,49). A su vez vemos al adolescente Jesús, que obedece y que crece y madura en familia. Aspecto significativo para valorar el rol de la familia en el proceso de crecimiento de cada uno de sus integrantes. Es a partir de este pasaje, donde se toma este texto como reflejo de la SAGRADA FAMILIA, que a su vez es inspiradora para todas las familias.

A la luz de este pasaje, aprovechemos la ocasión para mirarnos como familia, para ver nuestras actitudes y nuestra relación, para así darnos cuenta de la importancia de ser familia. Que este pasaje nos ayude a tomar conciencia de nuestro ser familia y que eso nos estimule a vivir más plenamente nuestra relación y así buscar realizar en nosotros el proyecto de Dios.

Oración Inicial

Pidamos la gracia de poder comprender y valorar el rol de la Familia en el misterio del Niño Dios y que esto nos estimule a valorar aún más el rol de nuestras familias en nuestras vidas.

Niño Dios, hoy que celebramos la fiesta de la Sagrada familia, al verte a ti, perdido en el templo, discutiendo con los doctores de la Ley, vemos a su vez la actitud de María y José, que te buscaban, preocupados y afligidos por ti, porque no te encontraban y cuando lo hicieron, tu Madre, objetó tu actitud y allí manifestaste la conciencia que tenías de la misión que habías recibido del Padre, te pedimos que hoy nos ayudes a valorar lo que significa tener una familia, del don y la gracia que es, para que así crezcamos cada vez más como familia, teniéndote a ti, en el centro, siendo Tú el que nos llenas de tus bendiciones y de tus gracias para que cada vez más te busquemos y así vivamos tu proyecto de amor. Que así sea.


MEDITACIÓN

Profundicemos este pasaje, donde vemos al Niño Dios que comienza a actuar de acuerdo al proyecto del Padre, expresando así la conciencia que tenía de su relación con el Padre.

1. ¿Qué me llama la atención de este pasaje?, ¿qué impresión me causa la actitud y el comportamiento de Jesús, adolescente en Jerusalén (Lc 2,41-52)?

2. ¿Qué está revelando y qué importancia tiene el hecho que Jesús le haya respondido a María: “…¿porqué me buscaban?, ¿no sabían que debía ocuparme de los asuntos de mi Padre?...” (Lc 2,49)?, ¿qué indica y manifiesta con esto?

3. ¿Qué refleja el hecho de que Jesús fuera con María y José a Nazaret (Lc 2,51), y allí iba creciendo espiritual y físicamente (Lc 2,52)?, ¿qué papel tuvieron María y José en este proceso?, ¿qué función tenían?

4. A la luz de este pasaje, ¿qué rol y qué función tiene la familia en el proceso de crecimiento y maduración personal? Hoy en día, ¿qué importancia tiene la familia para la vida de cada individuo y para la sociedad?


CONTEMPLACIÓN

Después de haber visto la actitud del Niño Dios que se pierde en el templo, y ahí dio a conocer la conciencia que tenía de su misión, abrámosle nuestro corazón, para que el Señor nos ayude a valorar lo que significa tener una familia, y como ella es fundamental para cualquier proceso de fe.

Niño Dios, hoy cuando celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, donde vemos que Tú no solo has querido nacer de mujer, como todos nosotros, sino que además has querido formar una familia, has querido tener el gozo de sentir la ternura de una Madre, de sentir el calor de su abrazo, la ternura de sus besos, como también la ayuda y el cuidado de un hombre, de José, que te quiso y te cuidó más que un padre, formando así una familia. Tú que has experimentado la bendición de tener una Madre y un hombre que te cuidaran, has venido a mostrarnos la dignidad y la bendición que es tener una familia; nos has hecho ver la importancia de tener esa célula vital de la sociedad como es la familia, para hacernos tomar conciencia del rol que ella tiene, en el proceso de formación de cada niño, donde como Tú reciben las bases para ser una persona de bien. ¡Gracias Niño Dios!, por haber bendecido a todas las familias en la tuya. ¡Gracias por haber derramado tu amor en cada madre y en cada padre de familia, que son un reflejo del amor de Dios!, ¡Gracias Niño Dios porque Tú nos has hecho ver la importancia de la familia! ¡Gracias!

Niño Dios, Tú que experimentaste el amor de una Madre y el cuidado de José, te pedimos por cada una de nuestras familias. Tú bien sabes todo lo que estamos viviendo. Tú conoces lo que estamos pasando. Tú sabes de nuestros dolores y nuestras esperanzas, de nuestros anhelos y de nuestros deseos más profundos. Por eso, Niño Dios, Tú que bien sabes lo que significa el dolor y el sufrimiento, te pedimos que nos ayudes a que nuestra familia, sea un ámbito de paz, donde todos nos comprendamos y nos valores, donde el diálogo y el amor sean nuestros vínculos, que sepamos dar espacio para que el otro crezca, sabiendo que todos estamos pendientes de la opción que haga, y que manifestemos nuestra cercanía y principalmente nuestra adhesión incondicional a cada uno, buscando en todo momento tenerte a ti como nuestro referente, como Aquel que nos ayuda a realizar en nosotros ese proyecto de amor que Tú has venido a plantearnos, a partir de la entrega y del servicio, en el amor al otro. Niño Dios, ven en nuestra ayuda, y bendice a cada uno de nuestras familias, que en estos días santos, podamos crecer como personas y como cristianos, que viendo hasta donde ha llegado el amor que nos tienes, busquemos imitarte para que amando como Tú, nos amemos cada vez más buscando vivir en plenitud el mandamiento del amor, para que así como Tú le dijiste a tu Madre, que debías ocuparte de las cosas de tu Padre, que de la misma manera nosotros como familia nos amemos de manera incondicional así como Tú nos amaste hasta dar la vida por nosotros. Niño Dios bendice a nuestra familia, hoy y siempre. Que así sea.

Niño Dios, Tú que tuviste una Madre y le tuviste a José, para que te ayudaran a crecer, a madurar, a ser quien fuiste, te pedimos de manera especial para que los padres y madres de familia, tengan la ayuda de tu Espíritu Santo, para que tengan la sabiduría de acompañar y aconsejar a sus hijos, que sean compañeros y amigos, cercanos a sus hijos, para que los ayuden a crecer de acuerdo a tus enseñanzas, para que vivan la vida con tus mismos valores, con tus mismos sentimientos, para que como Tú, ellos puedan amar y amar hasta el final. Niño Dios bendice a cada padre de familia, para que como José puedan estar atentos para proteger y cuidar contra cualquier peligro y así como ese santo varón, ellos sean capaces de dar todo para ayudar a sus hijos. De la misma manera, bendice a cada madre, para que ellas tengan el mismo corazón de tu Madre Virgen, para que dando todo el amor que puedan, eduquen a sus hijos en la ternura y la comprensión, en la bondad y el cariño, para que sus hijos vean en sus madres el rostro del Padre. Que así sea.


ACTUAR

Después de haber reflexionado este pasaje y de haber visto como el Señor también quiso tener una familia y allí crecía en gracia y santidad, veamos qué vamos a hacer de ahora en más, para vivir más plenamente la vida familiar, haciendo vida los valores del Evangelio.

- A la luz de este pasaje, de ahora en más, ¿qué puedo hacer para valorar y agradecer el don inestimable de tener una familia?

- Teniendo en cuenta que la familia es un don del cielo, ¿qué podemos hacer para que el vínculo familiar crezca cada vez más, buscando espacios para el diálogo, la comprensión, buscando estar siempre más unidos?

- Como familia, ¿qué podemos hacer para que cada día nos queramos más?, ¿qué hacer para que el amor crezca más y más entre nosotros?

(fuente: www.homiletica.org)

sábado, 29 de diciembre de 2012

Oración de Juan Pablo II, acto de consagración a María en el Jubileo de la Redención

Madre, como el apóstol Juan, nosotros queremos acogerte en nuestra casa, para aprender de ti a ser como tu Hijo. "¡Mujer, aquí tienes a tus hijos!" Estamos aquí, ante ti, para confiar a tus cuidados maternos a nosotros mismos, a la Iglesia y al mundo entero.

Ruega por nosotros a tu querido Hijo, para que nos dé con abundancia el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad que es fuente de vida.

Te encomendamos a todos los hombres, comenzando por los más débiles: a los niños que aún no han visto la luz y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento; a los jóvenes en busca de sentido.

A las personas que no tienen trabajo y a las que padecen hambre o enfermedad. Te encomendamos a las familias rotas, a los ancianos que carecen de asistencia y a cuantos están solos y sin esperanza.

Oh Madre, que conoces los sufrimientos y las esperanzas de la Iglesia y del mundo, ayuda a tus hijos en las pruebas cotidianas que la vida reserva a cada uno y haz que, por el esfuerzo de todos, las tinieblas no prevalezcan sobre la luz.

A ti, Aurora de la Salvación, confiamos nuestro camino para que bajo tu guía, todos los hombres descubran a Cristo, luz del mundo y único Salvador, que reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

(8 de octubre de 2000, n. 4-5)
(fuente: www.virgenperegrina.es)

Jornadas Mundiales de la Juventud: Un sueño del Corazón de Dios

Todo comenzó con un encuentro promovido por el Papa Juan Pablo II en 1984.Fue un encuentro de amor, soñado por Dios y abrazado por los jóvenes.

Voces que necesitaban ser escuchadas y un corazón listo para acogerlas.

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), como fue denominada a partir de 1985, continúa a mostrar al mundo el testimonio de una fe viva, transformadora y a mostrar el rostro de Cristo en cada joven.

Son ellos, los jóvenes, los protagonistas de este gran encuentro de fe, esperanza e unidad. A JMJ tiene como objetivo principal dar a conocer a todos los jóvenes del mundo el mensaje de Cristo, pero es verdad también que atreves de ellos, el ¨rostro¨ joven de Cristo se muestra al mundo.

La Jornada Mundial de la Juventud, que se realiza anualmente en las diócesis de todo el mundo, ofrece a cada 2 o 3 años un encuentro internacional de los jóvenes con el papa, que dura aproximadamente una semana. La última edición internacional de la JMJ fue realizada en agosto de 2011, en la ciudad de Madrid, en España, y reunió más de 190 países.

La XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud será realizada del 23 al 28 de julio del 2013 en la ciudad de Rio de Janeiro y tiene como lema ¨Id y haced discípulos entre todas las naciones¨ (Mt 28, 19).

Las JMJs tienen su origen en grandes encuentros con los jóvenes celebrados por el Papa Juan Pablo II en Roma. El Encuentro Internacional de la Juventud, por ocasión del Año Santo de la Redención pasó en 1984, en la plaza de San Pedro, en el Vaticano. Fue allá que el Papa entrego a los jóvenes la cruz que se tornaría uno de los principales símbolos de la JMJ, conocida como la cruz de la jornada.

El año siguiente, 1985, fue declarado Año Internacional de la Juventud por las Naciones Unidas. En marzo hubo otro encuentro internacional de los jóvenes en el Vaticano e en el mismo año el Papa anuncio la institución de la Jornada Mundial de la Juventud.

La primera fue diocesana, en Roma, en el año de 1986. Seguido por los encuentros mundiales: En Buenos Aires(Argentina-1987) – con la participación de 1 millón de jóvenes; en Santiago de Compostela(España-1989)-600 mil ; en Czestochowa(Polonia-1991)-1,5 millones; Denver(Estados Unidos-1993)-500 mil; en Manila(Filipinas-1995)-4 millones; en Paris(Francia-1997)-1 millón; en Roma(Italia-2000)-2 millones; en Toronto(Canada-2002)-800 mil ; en Colonia(Alemania-2005)-1 millón ; en Sídney(Australia-2008)-500 mil; y en Madrid(España-2011)-2 millones.

Más allá del hecho de estar en otros países, con sus encantos turísticos, la participación en la Jornada requiere un cuerpo preparado para la peregrinación y un corazón abierto para las maravillas que Dios tiene reservado para cada uno. Son catequesis, testimonios, acciones, ejemplos de amor al prójimo y a la iglesia, festivales de música e actividades culturales. Al final, un encuentro de corazones que creen movidos por la misma esperanza de que la fraternidad en la diversidad es posible.

(fuente: www.rio2013.com)

viernes, 28 de diciembre de 2012

Un proyecto solidario que trasciende religiones

El pasado 25 partió el primer grupo de estudiantes de distintas carreras
con rumbo a la zona de Gualtallary.
Se trata de "Manos a la obra", una iniciativa que si bien es de la Iglesia Católica, agrupa a chicos de todos los credos. Son estudiantes que aportan sus conocimientos académicos en distintas comunidades. Desde el 26 hasta el 30 del corriente mes estarán en Tupungato. Pongámonos "Manos a la obra" dicen cientos de chicos universitarios cada fin de año. Se trata de alumnos de diferentes casas de estudio de la provincia -tanto públicas como privadas- a quienes los moviliza un objetivo en común: traducir su conocimiento académico en hechos concretos con los que puedan ayudar a otras personas.

Esta iniciativa, que empezó en 2006, es organizada por la Pastoral Universitaria de Mendoza (PUM); y, aunque pertenece a la Iglesia Católica, de ella puede participar gente de otros credos e, incluso, quienes no profesen ninguna creencia religiosa. Es el padre Matías Taricco, el cura que -desde el inicio- guía espiritualmente a los chicos.

Este proyecto solidario comenzó -su primera edición- en Lavalle. Allí se misionó durante cuatro años (teniendo lugar siempre en la misma fecha: entre Navidad y Año Nuevo), y luego se realizó en Tupungato, lugar en el que desde hoy y hasta el 30 se hará por última vez. Los estudiantes que participan, que son más de 400, van con la intención de "salir al encuentro de la realidad en la que viven, ofreciendo sus conocimientos y talentos al servicio de una comunidad precisa". En esta tercera realización en ese departamento, los jóvenes fueron convocados bajo el lema "Señalada la huella, hagamos camino".

El encuentro, que bien se podría definir como ecuménico, tiene momentos de "vida interna y externa". Los primeros, tienen que ver con las jornadas de oración, formación, actividades recreativas y de encuentro entre estudiantes de distintas carreras, que apuntan a la reflexión personal y a la integración grupal. Y, vale aclarar, no son obligatorios. Los segundos, en cambio, están relacionados con las acciones específicas destinadas al aporte solidario a la comunidad tupungatina, en base a las distintas ramas disciplinares a las que pertenece cada uno de los chicos.


Ese fueguito que quema

Durante todo el año los chicos que participan del "Manos" -como le dicen los que ya llevan unos cuantos años y se han encariñado con él- han estudiado para rendir materias -parciales y finales-, han cursado, han realizado trabajos prácticos y muchos, incluso, han trabajado simultáneamente. Por eso, la lógica es que a esta altura del año estén estresados y pocos objetivos a corto plazo tengan en mente más que descansar. Sin embargo, hay algo que los mueve, los hace sonreír y armar sus mochilas para salir rumbo al encuentro del otro. Ese "algo", para una gran mayoría, es Cristo Jesús.

Así lo cuenta ellos. "A mí lo que me mueve es hacerlo por Cristo. Cuando uno tiene a Dios en popa, puede seguir caminando sin decaer. Hay momentos que uno se pregunta por qué lo está haciendo. Tomás la decisión con ganas y en el mismo proceso sentís que no querés seguir. Pero nos mueve esto de estar 'locos por Dios' (como decía San Alberto Hurtado), por ese Cristo que nos ama, que nos tiene abrazados todo el tiempo. Es ese amor que uno quiere compartir."

"Dios me amó y yo quiero demostrar ese amor, hacer que mucha gente pueda sentir eso, de la manera que sea. Cada uno con su profesión, con sus talentos; ponerlos al servicio de la forma que uno sabe. Cada cual aporta lo que sabe y entre todos construimos algo más grande. Todos con el mismo fin: construir el cielo en la tierra", cuenta Gonzalo Schiavone (22), estudiante de Diseño Gráfico de la UNCuyo, que participa por quinta vez.

Otra que comenta su experiencia es Luciana Bertiz (20), estudiante de Comunicación Social (UNCuyo): "Es muy lindo ver a la gente feliz por lo que hacemos. El año pasado hicimos un taller con los niños, que les encantó. Ver esa alegría en ellos, de ese amor que le transmitimos por lo que sentimos por nuestra carrera, también a ellos les interesa y los ayuda. Lo más lindo es que la gente espera que vayamos. No es tanto lo que damos, es más lo que recibimos; uno va a misionar pero al final lo terminan misionando. Siempre salimos muy llenos, es una experiencia muy linda y muy rica que te hace empezar el año con toda la fuerza. Yo tengo la oportunidad de estudiar, estos chicos capaz que no. Entonces, tengo la necesidad de recibirme para después poder brindar ese servicio a la comunidad".


Organigrama

En cuanto la forma en la que están organizados, hay un equipo central -conducido por dos- desde el que se desprenden coordinadores que "lideran" cada una de las zonas a las que van a misionar. Para esta edición visitarán: San José, Villa Bastías, Gualtallary, Cordón del Plata, Guadalupe y El Progreso/La Arboleda.

"A su vez nos dividimos por área; de difusión, de recursos, infraestructura y formación y espiritualidad. Por cada zona hay referentes de proyectos. Antes de ir a cada lugar se hace un diagnóstico general y se ve qué comunidad o qué carreras van. Este año son unos 37 proyectos entre las seis zonas", dice Maximiliano Stronati (27), que está en quinto año de Medicina y es el coordinador general del encuentro.

Por su parte, Valentina Montaruli (21) explica qué la moviliza a ella a integrar esta propuesta. "Creo que la razón por la que todos decidimos ir a misionar es porque como cristianos y como estudiantes nos mueve este poder traducir aquello que estamos aprendiendo en la facultad y ponerlo al servicio de la realidad en la que vivimos. Es poder conjugar estos dos aspectos de nuestras vidas y ofrecer algo solidario desde lo que nosotros tenemos o sabemos como estudiantes. Y poder también, como futuros profesionales, irnos preparando para darle una faceta más social a nuestra carrera", sintetiza la joven estudiante de Comunicación Social.

La realidad, es que no todos los chicos que van a Tupungato están convencidos desde un primer momento de que es esto lo que quieren hacer. Pero, volviendo a la idea movilizante, ese "algo" termina convenciéndolos. Damián Villarruel (24), que se está preparando para hacer Locución en la UMaza, confiesa:

"En un principio no me llamaba la atención por la fecha y el calor que hace. Hay que dormir en el piso, levantarse temprano, acostarse tarde y no descansar en el medio. Pero cuando te das cuenta de que el servicio que prestás responde a una necesidad de la gente del lugar, no querés que se termine. Esa necesidad de encontrarme con la gente, con la realidad, me ha movido mucho. Esa realidad que uno ignora por estar acá, metido en una burbuja. Allá le encontrás el sentido a muchas cosas, hacés toda tu rutina de otra forma, se la encomendás a Él. Te das cuenta de que Dios es gigante, que no va a desaparecer la pobreza, pero te va a dar herramientas para que vos vayas a ayudar a esas personas".

Así, este gran grupo de más de 400 estudiantes siguen esa "huella señalada" que seguramente -por sus testimonios- los hará sentir ese "fueguito cristiano" que los ayuda a seguir el camino contra viento y marea. Ellos están ahí, esta vez en Tupungato y la próxima Dios sabrá donde, con el objetivo de brindar su amor y su caridad de la mejor manera posible. Y así, "chiflados por Cristo" (como dice su patrono San Alberto), continuarán trazando sus rutas hasta lograr, de verdad, construir el cielo en la tierra.


LOS PROYECTOS

- La Arboleda /El Progreso

Ingeniería: Arreglar las instalaciones de la escuela "Lindor Castillo". Principalmente el playón de deportes y la sala de computación. Se harán parches de cemento, arreglos en los arcos y pintura de las líneas de la cancha de fútbol y básquet. En la sala de computación se llevará la puesta a punto de las máquinas que sirvan, se agregarán nuevas y también se armará una red.

Indicaron que los chicos de estas comunidades son los principales beneficiados
- Gualtallary

Agronomía: Reutilización de plásticos y otros materiales. Lograr que la gente valore las distintas funciones y alternativas de uso que puede tener un determinado material, potencializando el uso de los mismos de forma que ayuden a generar un ahorro económico al reutilizarlos. Está destinado a los adultos (con quienes se producirán macetas y cajas) y niños (con quienes se realizarán juguetes).

- Villa Bastías

Alimentación y Nutrición: Concientizar a las mujeres embarazadas de los riesgos que trae aparejado una alimentación inadecuada o insuficiente en el período de embarazo para la salud de su hijo. Acompañado de fomentar la lactancia materna y enseñar técnicas de amamantamiento y alimentación complementaria oportuna (ACO).

- Cordón del Plata

Comunicación Social: Realizar una campaña de difusión sobre el cuidado del agua. Se darán a conocer los motivos de la falta de agua en la zona, para evitar el derroche de la misma. Será a través de carteles informativos, panfletos, videos e imágenes ilustrativas.

- Guadalupe

Salud: Trabajar a partir de atención primaria de la salud, realizando controles habituales de presión y glucemia, necesarios para prevenir la aparición de enfermedades crónicas en la comunidad, o tratarlas -en caso de que existiesen- con la finalidad de colaborar con la historia clínica de los vecinos del lugar. También se harán talleres educativos para concientizar acerca de los cuidados en el embarazo y neonatales, salud ambiental e higiene personal.

- San José

Derecho: Abordar problemáticas profundas como la violencia de género y el aborto, intentando educar y generar valores sociales que sirvan para contrarrestar la escalada de desestimación que han sufrido bienes jurídicos básicos como la integridad y la vida. Contará con servicios básicos como el registro civil móvil y el móvil de asesoría jurídica gratuita, facilitando así el acceso a la justicia y al ejercicio de sus derechos y deberes civiles.

(fuente: www.losandes.com.ar)

Los santos inocentes

La consulta bien intencionada de aquellos Magos que llegaron de Oriente al rey fue el detonante del espectáculo dantesco que organizó la crueldad aberrante de Herodes a raíz del nacimiento de Jesús.

Habían perdido el brillo celeste que les guiaba, llegó la desorientación, no sabían por donde andaban, temieron no llegar a la meta del arduo viaje emprendido tiempo atrás y decidieron quemar el último cartucho antes de dar la vuelta a su patria entre el ridículo y el fracaso.

Al rey le produjo extrañeza la visita y terror la ansiosa pregunta sobre el lugar del nacimiento del Mesías; rápidamente ha hecho sus cálculos y llegado a la conclusión de que está en peligro su status porque lo que las profecías antiguas presentaban en futuro parece que ya es presente realidad. Se armó un buen revuelo en palacio, convocaron a reunión a los más sabios con la esperanza de que se pronunciaran y dieran dictamen sobre el escondrijo del niño "libertador". El plan será utilizar a los visitantes extranjeros como señuelo para encontrarle. Menos mal que volvieron a su tierra por otro camino, después que adoraron al Salvador. Impaciente contó Herodes los días; se irritó consigo mismo por su estupidez; los emisarios que repartió por el país no dan noticia de aquellos personajes que parecen esfumados, y se confirma su ausencia. Vienen los cálculos del tiempo, y contando con un margen de seguridad, le salen dos años con el redondeo.

Los niños que no sobrepasen dos años en toda la comarca morirán. Hay que durar en el poder. El baño de sangre es un simple asunto administrativo, aunque cuando pase un tiempo falten hombres para la siembra, sean escasos los brazos para segar y no haya novios para las muchachas casaderas; hoy sólo será un dolor pasajero para las familias sin nombre, sin fuerza, sin armas y sin voz. Unas víctimas ya habían iniciado sus correteos, y balbuceaban las primeras palabras; otras colgaban todavía del pecho de sus madres. Pero para Herodes era el precio de su tranquilidad.

Son los Santos Inocentes. Están creciendo para Dios en su madurez eterna. Ni siquiera tuvieron tiempo de ser tentados para exhibir méritos, pero no tocan a menos. Están agarrados a la mano que abre la gloria. Aplicados los méritos de Cristo sin que fuera preciso crecer para pedir el bautismo de sangre, como tantos laudablemente hoy son bautizados en la fe de la Iglesia con agua sin cubrir expediente personal. El Bautismo es gracia.

Entraron en el ámbito de Cristo inconscientes, sin saberlo ni pretenderlo; como cada vez que por odio a Dios, a la fe, hay revueltas, matanzas y guerras; en esas circunstancias surgen mártires involuntarios, que aún sin saberlo, mueren revestidos y purificados por la sangre de Cristo, haciéndose compañeros suyos en el martirio; y no se les negará el premio sólo porque ellos mismo, uno a uno, no pudieran pedirlo. En este caso es el sagrado azar providente de caer por causa de Cristo, porque la mejor gloria que el hombre puede dar a Dios es muriendo.

Ya el mismo Jeremías dejó dicho y escrito que "de la boca de los que no saben hablar sacaste alabanza".

Hoy los mayores también hacen bromas en recuerdo del modo de ser juguetón y alegre de aquellos bebés que no tuvieron tiempo de hacerlas; es buena ocasión de hacer agradable la vida a los demás, con admiración y sorpresa, en desagravio del mal que provocó el egoísmo de aquel que tanto se fijó en lo suyo que aplastó a los demás.

(fuente: www.mercaba.org)

jueves, 27 de diciembre de 2012

Mensaje “Urbi et Orbi” de Benedicto XVI en la Navidad del Señor

Martes 25 Dic 2012 Ciudad del Vaticano (AICA) Este mediodía, en la Solemnidad de la Navidad del Señor, desde la Basílica de San Pedro, Benedicto XVI dirigió el tradicional Mensaje navideño a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y a cuantos lo escucharon a través de la radio y la televisión, tras lo cual impartió la Bendición Apostólica “Urbi et Orbi”. Tras su Mensaje, el Santo Padre expresó su felicitación por la Navidad, en este Año de la fe, con las palabras tomadas del Salmo 85: “La verdad brota de la tierra”.

La Verdad a la que no le basta el cielo –dijo el Papa– ha brotado de la tierra para ser colocada en un pesebre. Y se preguntó ¿en bien de quién vino con tanta humildad tan gran excelsitud? Ciertamente –respondió–, no vino para bien suyo, sino nuestro, a condición de que creamos”.

“A condición de que creamos”. Ahí está el poder de la fe. Dios ha hecho todo, ha hecho lo imposible, se ha hecho carne. Su omnipotencia de amor ha realizado lo que va más allá de la comprensión humana, el Infinito se ha hecho niño, ha entrado en la humanidad. Y sin embargo, este mismo Dios no puede entrar en mi corazón si yo no le abro la puerta”.

“Porta fidei. La puerta de la fe. Podríamos quedar sobrecogidos, ante nuestra omnipotencia a la inversa. Este poder del hombre de cerrarse a Dios puede darnos miedo. Pero he aquí la realidad que aleja este pensamiento tenebroso, la esperanza que vence el miedo: la verdad ha brotado. Dios ha nacido. “La tierra ha dado su fruto” (Sal 67,7). Sí, hay una tierra buena, una tierra sana, libre de todo egoísmo y de toda cerrazón. Hay en el mundo una tierra que Dios ha preparado para venir a habitar entre nosotros. Una morada para su presencia en el mundo. Esta tierra existe, y también hoy, en 2012, de esta tierra ha brotado la verdad. Por eso hay esperanza en el mundo, una esperanza en la que poder confiar, incluso en los momentos y en las situaciones más difíciles. La verdad ha brotado trayendo amor, justicia y paz.

Al pedir que “la verdad brote para la población de Siria, profundamente herida y dividida por un conflicto que no respeta ni siquiera a los enfermos y cosecha víctimas inocentes”, el Pontífice hizo una vez más un llamamiento para que “cese el derramamiento de sangre, se faciliten las ayudas a los prófugos y a los desplazados y, a través del diálogo, se alcance una solución política al conflicto”.

“Que la paz brote en la Tierra donde nació el Redentor”, dijo también el Papa, y él conceda “a israelíes y palestinos la valentía de poner fin a tantos años de luchas y divisiones, y emprender con decisión la vía de la negociación”.

Que en los países del Norte de África, prosiguió, que atraviesan una profunda transición en la búsqueda de un nuevo futuro –en particular en Egipto, la amada tierra bendecida por la infancia de Jesús– “los ciudadanos construyan juntos sociedades basadas en la justicia, el respeto de la libertad y la dignidad de cada persona”.

Del mismo modo deseó “que la paz brote en el vasto continente asiático. Que el Niño Jesús mire con benevolencia a los numerosos pueblos que habitan en aquellas tierras y, de modo especial, a cuantos creen en él”.

“Que el Rey de la Paz dirija su mirada a los nuevos dirigentes de la República Popular China –añadió Su Santidad– en el alto cometido que les espera”. Y expresó sus mejores deseos de que en esta misión “se valore la contribución de las religiones, respetando a cada una de ellas, de modo que puedan contribuir a la construcción de una sociedad solidaria, para bien de ese noble pueblo y del mundo entero”.

De la misma manera rogó “que la Navidad de Cristo favorezca la vuelta de la paz en Mali y de la concordia en Nigeria, donde crueles atentados terroristas continúan causando víctimas, particularmente entre los cristianos”. “Que el Redentor ayude y consuele a los prófugos del Este de la República Democrática del Congo y conceda la paz a Kenia, dijo también el Papa, donde sangrientos atentados han golpeado la población civil y los lugares de culto”; sin olvidar nuestro continente:

Que el Niño Jesús bendiga a los numerosos fieles que lo celebran en Latinoamérica. Que haga crecer sus virtudes humanas y cristianas, sostenga a cuantos se han visto obligados a emigrar lejos de su familia y de su tierra. Que fortalezca a los gobernantes en su compromiso por el desarrollo y en la lucha contra la criminalidad.

Y concluyó afirmando: “Queridos hermanos y hermanas, amor y verdad, justicia y paz se han encontrado, se han encarnado en el hombre nacido de María en Belén. Ese hombre es el Hijo de Dios, es Dios que ha entrado en la historia. Su nacimiento es un brote de vida nueva para toda la humanidad. Que todas las tierras sean una tierra buena, que acoge y hace brotar el amor, la verdad, la justicia y la paz. Feliz Navidad”.

Benedicto XVI deseó Feliz Navidad en 65 idiomas, comenzando por el italiano y terminando en latín, en que dijo “Veritas de terra orta est!”, es decir “La verdad ha brotado de la tierra”; dejando a los habitantes de la nación italiana una recomendación:

¡Feliz Navidad a los habitantes de Roma y de toda Italia! Con el nacimiento de Jesús ha aparecido en el mundo el amor de Dios por los hombres. Que este amor, que la fiesta natalicia de hoy nos hace contemplar, favorezca el espíritu de colaboración por el bien común, induzca a reflexionar sobre la jerarquía de valores con los que llevar a cabo las elecciones más importantes, reavive la voluntad de ser solidarios y dé a todos la esperanza que viene de Dios.

A cuantos me escuchan –dijo el Papa antes de impartir su bendición “Urbi et Orbi”, a la ciudad y al mundo, hablando en español, Su Santidad dijo:

¡Feliz Navidad! Que la Paz de Cristo reine en sus corazones, en las familias y en todos los pueblos.+

María, modelo de esperanza

‹‹Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá›› (Lc 1,45) 

La esperanza es la actitud del hombre que confía en que Dios cumplirá sus promesas de paz y felicidad sembradas a lo largo de la historia.

La historia de la salvación que se encuentra en la Biblia, es una historia de confianza y esperanza. Dios prometió a Adán la venida de un Salvador para liberar al hombre de su pecado; y desde entonces el hombre ha venido confiando en Dios. Todas esas promesas y alianzas hechas entre Dios y el hombre, nombradas en el Antiguo Testamento, vienen a dar cumplimiento en Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo carne gracias al “sí” de María, un sí lleno de sencillez, fe y confianza.

Fe y esperanza son dos virtudes que están estrechamente unidas, porque quien cree en Dios confía y se abandona a Él; así como un niño cree en el amor y bondad de su madre porque lo cuida y lo trata con amor, y por lo tanto se confía al cuidado maternal de ella, así es para todos nosotros la fe y la esperanza.

Nosotros creemos en Dios porque ante nuestros ojos vemos sus obras, como la creación, la bondad del hombre y, porque creemos en Él, nos abandonamos a su amor, a su bondad y misericordia. Ése es el verdadero sentido que debemos darle en nuestra vida a estas virtudes y para esto contamos con el ejemplo y apoyo de María como nuestra Madre.

María fue una mujer de esperanza y confianza en Dios, porque ante toda prueba o dificultad, su fe permanecía firme, su fe era una roca, sólida, estable, porque su fe estaba fundamentada y sostenida por su amor a Dios. Las dificultades para María eran una oportunidad para demostrarle a Dios que le amaba y que creía en Él y por lo tanto se confiaba a los planes que Dios le mandaba por medio de su Providencia. Un ejemplo de su vida lo podemos ver claramente en el pasaje evangélico de la huida a Egipto. En ese momento María actuó su fe, creyendo que Dios en medio de esos planes “ilógicos” le seguía manifestando su amor, fe que se hizo obras llevándose a Jesús a Egipto, ¿a quien conocían en Egipto? ¿Cómo y con quien iban a vivir? Eran preguntas que no tenían tanta importancia en la vida de María.

Ella no se preocupa por las cosas materiales, porque cree en Dios y su fe le lleva a dar el paso de la confianza y abandono en Él. “Si Dios lo quiere, yo lo quiero, si Dios pensó esto para mí, yo lo acepto, y me pongo en manos de Dios”.

Qué ejemplo de esperanza el de María; ejemplo que nos debe llevar a cambiar en nuestra vidas haciendo un acto de abandono en Dios Nuestro Señor, y un acto de confianza en las pruebas que se nos van presentando en nuestra vida cotidiana, por ejemplo, ante las enfermedades, dificultades económicas, cuando los planes se vienen abajo, cuando tenemos problemas, enfermedades, discusiones con nuestros padres o con nuestros hijos.

Ahí, en esos momentos, es cuando la confianza se hace viva, cuando la fe empieza a hacerse obras, y cuando nosotros actuamos por amor a Dios, no por lógica humana. Debemos aprender a abandonarnos a los planes de Dios.

para reflexionar: ¿Cómo es mi confianza en Dios? ¿Confío sin pedirle pruebas? ¿O confío más en mí mismo y en mis planes? ¿Qué me dice a mí el ejemplo de María?

(fuente: www.virgenperegrina.es)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El icono de la Navidad, otro modo de orar que viene de oriente

ROMA, jueves 20 diciembre 2012 (ZENIT.org).- En la vida cristiana existen varios modos de rezar: el breviario, los salmos, los sacramentos, el rosario, las devociones populares... y también, está la oración con los iconos.

El icono es una imagen --por lo general bidimensional- de Cristo, los santos, los ángeles, las parábolas bíblicas o los eventos importantes en la historia de la Iglesia. A través del icono contemplamos el amor de Dios por el hombre y proclamamos su gloria y sus misterios.

En la Iglesia no existe una teología sobre los iconos. En la Iglesia oriental la principal forma de veneración de los iconos se encuentran en el iconostasio (pared con los iconos) que se encuentra en las iglesias de estilo bizantino. Por lo tanto, en todas las épocas del año litúrgico, los iconos decoran las iglesias y le ayudan a la gente a entrar en el misterio salvífico de Dios.

Junto al icono que representa la Encarnación, Dios que se hizo hombre, podemos orar y reflexionar. Inmediatamente nos llama la atención la figura de María que está en el centro y nos indica al niño Jesús. Y notamos la presencia de la figura de san José, de los Reyes Magos y de los animales que están detrás del Niño Jesús.

Los iconógrafos presentan a María en el centro del icono para subrayar la importancia de su rol en el misterio de la Encarnación y en el proyecto salvífico de Dios hacia toda la humanidad.

Pero también para enfatizar la grandeza de María al obedecer a Dios cuando en la anunciación dijo sí, al ángel Gabriel.

A Dios encarnado en las vísperas de la vigila de Navidad le rezamos: “¿Qué te ofrecemos, Señor Jesús porque hayas venido al mundo por nosotros? Cada criatura del universo que has creado te presenta su gratitud: los ángeles la alabanza, los cielos los planetas, los Reyes Magos los regalos, los pastores la exclamación, la tierra y la naturaleza salvaje el pesebre. En cambio, nosotros te presentamos una madre virgen por eso, oh Dios, ten misericordia de nosotros”.

En cada icono sobre la Natividad y en todos los iconos de María encontramos siempre tres estrellas: una en la frente y dos sobre sus hombros para indicar el estado de virginidad antes, durante y después del nacimiento de Jesucristo.

Vemos que los sentimientos y la mirada de María son un poco tristes y humildes al mismo tiempo, para indicar que ella tenía conocimiento de la pasión de la cruz.

En cambio, el niño que es pequeño tiene una cara adulta, para significar que Él estaba allí desde antes de su nacimiento con su naturaleza divina. Vemos que la cuna tiene la forma de la tumba, y el Niño está envuelto en un sudario en lugar de estarlo en una faja, como un símbolo de su conciencia de que había nacido con un propósito: morir y resucitar para dar la Redención al mundo entero.

En el icono hay dos animales (el buey y el asno) que nos recuerdan la profecía de Isaías: "El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no lo conoce, mi pueblo no tiene discernimiento"(Isaías 1, 3).

San Gregorio Nacianceno relaciona el buey con los judíos que están unidos con la ley, y el asno con las naciones que viven bajo el peso de la idolatría.

Tampoco podemos dejar de ver la figura de José, que en algunos iconos antiguos es representado con un ojo mirando a María, mientas otros iconos le han presentado junto a un viejo jorobado, que es el diablo tratando de tentarlo con malos pensamientos sobre el embarazo de María.

Grupos más o menos numerosos de ángeles cantan mirando hacia el cielo y la tierra: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres que Él ama!” (Lc 1, 14).

Ellos representan la naturaleza angélica que acude para asistir al evento extraordinario. Ellos le avisan a los pastores que ha nacido el Salvador del mundo y a los Reyes Magos les aconsejan que no vuelvan a lo de Herodes.

Separado del grupo (en la parte superior derecha), un ángel intenta hablar con un pastor. El ángel es tranquilizador: "No temáis: he aquí, que os traigo una hermosa noticia llenará de gozo a todo el pueblo: hoy ha nacido en la ciudad de David, el Salvador, que es Cristo Señor. Esto les servirá como indicación: encontrarán a un niño envuelto en pañales... "(Lc 2, 8-13).

Encontramos incluso a los Reyes Magos con sus vestiduras sacerdotales que le llevan regalos al niño Jesús: Melchor, oro, como símbolo de la realeza de Jesús; Baltasar el incienso que representa la divinidad; y Gaspar la mirra, que anunciaba el sufrimiento redentor del Hijo de Dios.

El icono no tiene solamente la finalidad de presentarnos los detalles de un evento histórico, sino de hablarnos del misterio de la salvación divina. Por lo tanto el icono une dos temas: uno histórico real y otro, la teología de la Iglesia.

El icono está siempre lleno de símbolos y explicaciones sobre un evento, pero al mismo tiempo es un instrumento que durante la oración nos ayuda a conocer y orar junto a la vida de Jesús, María y los santos ... aprendiendo de ellos el camino de la santificación y el amor a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Traducido del italiano por H. Sergio Mora

Quiero ser como un niño

Señor, mi Dios, quiero ser como un niño. 
A veces no sé bien lo que eso significa, 
pero me pongo en tus manos, 
me abandono. 
Consuélame en mis heridas, 
anímame en mis cansancios, 
envíame a los heridos y cansados 
para que yo sea tu ungüento y tu fuerza
en medio del mundo necesitado.
Amén.

escrita por Francisco J. Jiménez Buendía, sj
(fuente: rezandovoy.org)

martes, 25 de diciembre de 2012

Letanías al Divino Niño Jesús

Divino Niño Jesús
Verbo del Padre Eterno, Conviérteme.
Hijo de María, Tómame como Hijo Tuyo.
Maestro mío, Enséñame.
Príncipe de La Paz,  Dame La Paz.
Refugio mío, Recíbeme.
Pastor mío, Alimenta Mi Alma.
Modelo de Paciencia, Consuélame.
Manso y Humilde de Corazón, Ayúdame a Ser Como Tú.
Redentor mío, Sálvame.
Mi Dios y Mi Todo, Dirígeme.
Verdad Eterna, Instrúyeme.
Apoyo mío, Dame Fuerzas.
Mi Justicia, Justifícame.
Mediador Mío con El Padre, Reconcíliame.
Medico de mi Alma, Cúrame.
Juez mío, Perdóname.
Rey mío, Gobiérname.
 Santificación mía, Santifícame.
Pozo de Bondad, Perdóname.
Pan Vivo del Cielo, Nútreme.
Padre del Pródigo, Recíbeme.
Júbilo de mi Alma , Sé mi única Felicidad.
Ayuda mía, Asísteme.
Imán de Amor, Atráeme.
Protector mío, Defiéndeme.
Esperanza mía, Sostenme.
Objeto de mi Amor, úneme a Ti.
Fuente de mi Vida, Refréscame.
Mi Divina Víctima, Redímeme.
Mi último Fin, Déjame Poseerte.
Mi Gloria, Glorifícame.
Divino Niño Jesús, En Ti Confío.

Amén.

(fuente: oracionesydevocionescatolicas.com)

"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por Él!"

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
(Lc. 2, 1-14)

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Hoy nos unimos a los cristianos del mundo entero, que con gozo celebran el nacimiento del salvador.”Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor con alegría, bendecid su nombre”(Samo 97). “Bendito el Niño que hoy ha hecho regocíjese Belén. Bendito el bebé que hoy ha rejuvenecido a la humanidad. Bendito el fruto bendito de María que ha enriquecido nuestra pobreza y ha colmado nuestra necesidad. Bendito Aquel que ha venido a curar nuestra enfermedad, nuestra torpeza, nuestro pecado. Gloria a tu venida, que ha dado vida a los hombres” (S. Efrén). Nos unimos a las voces de todas las criaturas para dar gracias a Dios por su bondad.

Somos como los pastores que en la noche, a la intemperie, vieron una gran luz y se llenaron de inmensa alegría: cada uno viene hoy aquí con su “noche”, con sus oscuridades y con sus deseo de vida, de luz y de paz. Sabemos que en esta noche de Navidad no todo es alegría. Se mezclan muchas cosas: recuerdos, añoranzas, el vacío de personas queridas que nos dejaron, nuestras dudas, nuestras penas, nuestros temores También nosotros, como los pastores estamos en la “noche”: participamos de la noche del mundo.

Pero “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló”(Is.9,1).En nuestra “noche” y en la “noche” del mundo ha brillado la luz. Nuestra “noche” se ha llenado de esperanza. “No temáis, hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”(Lc. 2,1-14). No temáis, quitad de vuestro corazón toda tristeza, porque un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado.(cf. Is. 9,5-6). Un Niño que ha quebrantado la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro. Nos ha nacido un Niño cuyo nombre es Príncipe de la paz. El ángel les dijo a los pastores: esta será la señal: “lo encontraréis envuelto en pañales y acostado en un pesebre”(Lc.2,1-14).

Hoy os invito a vivir la sorpresa y la emoción de aquellos pastores. Los pastores dijeron: vamos a Belén a ver el suceso que nos ha dado a conocer el Señor. Tenemos que ir a “Belén”. Hoy la Iglesia nos invita a caminar hacia el Misterio de Belén. Pero, para entrar en Belén hay que hacerse pequeño y tener un corazón limpio:”Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”.

Los limpios de corazón “verán” a Dios en el Niño del pesebre. Verán a un Dios que se hace pequeño para llegar a los pequeños. Verán al Inmenso, al Inmortal, humillándose para mostrar su Rostro a los que viven sumidos en la tristeza del pecado. “Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve y temporal. Y se convirtió para nosotros en justicia, santificación y redención” (S.Agustín)

. Hoy celebramos la venida al mundo de Aquel que ha querido compartir con el hombre la condición humana para destruir, en la misma naturaleza humana, la raíz de toda tristeza, que es el pecado, y para que el hombre compartiendo la vida divina recuperase la fuente de la alegría y alcanzase su dignidad de hijo de Dios. “Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro salvador. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; esa misma que acaba con el temor de la inmortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida (...) Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros por la gran misericordia con que nos amó.

Estando nosotros muertos por los pecados nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a Él fuésemos una criatura nueva, una nueva creación. Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras (...) y renunciemos a las obras de la carne. Reconoce , cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de que cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado al reino de la luz” (S. León Magno). Ante el misterio de Belén uno no puede permanecer indiferente.

Uno no puede seguir aprisionado por el pecado. Ante un Dios que, en su infinita bondad, se nos muestra en la fragilidad de un recién nacido, uno no puede seguir aprisionado por el pecado, endurecido en su egoísmo y engañado en su soberbia. Ante un Dios que nos abre los brazos lleno de ternura en este niño, envuelto en pañales y recostado en un pesebre, uno tiene que cambiar de conducta, tiene que ablandar su corazón y, rendido ante tanta benevolencia, tiene que abrir también sus brazos al que con tanto amor quiere acogerle.

Celebrar el nacimiento de Cristo es celebrar nuestra liberación. Entrar en el misterio de Belén es entrar en el misterio del amor infinito de Dios. “Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo querido para que alcancemos por medio de Él la redención y el perdón de los pecados” . Hoy “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a una vida sin religión y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y salvador nuestro y Salvador nuestro Jesucristo” (Tit. 2,11-14).

Queridos hermanos, Belén nos invita a una vida nueva. No perdamos la oportunidad que esta Noche santa nos ofrece. Abracemos a Cristo que viene a salvarnos, entremos decididamente en la Iglesia que es nuestra Madre y en la que Cristo sigue vivo, alimentemos nuestro espíritu con la Palabra de Dios hecha carne, recibamos la gracia del Señor en los sacramentos y caminemos hacia la santidad que es nuestra meta.

Feliz Navidad a todos. Llevemos la alegría de la Navidad a nuestras familias. Seamos en el mundo testigos de la esperanza. Y anunciemos a todos los hombres, como el ángel a los pastores, la Buena Nueva de la Salvación.

(fuente: www.diocesisgetafe.es)

lunes, 24 de diciembre de 2012

''María es la criatura que de una manera única ha abierto la puerta a su Creador''

Continúa la catequesis semanal del papa por el Año de la Fe.


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Durante la habitual Audiencia de los miércoles, el santo padre Benedicto XVI siguió desarrollando su catequesis semanal por el Año de la Fe, esta vez dedicada a la Madre de Dios, con el título: “Virgen María: Ícono de la fe obediente”.A continuación el mensaje íntegro para nuestros lectores.

Queridos hermanos y hermanas:

En el camino del Adviento, la Virgen María tiene un lugar especial, como aquella que de un modo único ha esperado el cumplimiento de las promesas de Dios, acogiendo en la fe y en la carne a Jesús, el Hijo de Dios, en obediencia total a la voluntad divina. Hoy quisiera reflexionar con ustedes brevemente sobre la fe de María a partir del gran misterio de la Anunciación.

“Chaîre kecharitomene, ho Kyrios meta sou”,“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc. 1,28). Estas son las palabras --relatadas por el evangelista Lucas--, con las que el arcángel Gabriel saluda a María. A primera vista el término chaîre, “alégrate”, parece un saludo normal, usual en la costumbre griega, pero esta palabra, cuando se lee en el contexto de la tradición bíblica, adquiere un significado mucho más profundo. Este mismo término está presente cuatro veces en la versión griega del Antiguo Testamento y siempre como un anuncio de alegría para la venida del Mesías (cf. Sof. 3,14; Joel 2,21; Zac 9,9; Lam 4,21). El saludo del ángel a María es entonces una invitación a la alegría, a una alegría profunda, anuncia el fin de la tristeza que hay en el mundo frente al final de la vida, al sufrimiento, a la muerte, al mal, a la oscuridad del mal que parece oscurecer la luz de la bondad divina. Es un saludo que marca el comienzo del Evangelio, la Buena Nueva.

¿Pero por qué María es invitada a alegrarse de esta manera? La respuesta está en la segunda parte del saludo: “El Señor está contigo”. También aquí, con el fin de comprender bien el significado de la expresión debemos recurrir al Antiguo Testamento. En el libro de Sofonías encontramos esta expresión“: ¡Grita de alegría, hija de Sión!... El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti… ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso!” (3,14-17). En estas palabras hay una doble promesa hecha a Israel, a la hija de Sión: Dios vendrá como un salvador y habitará en medio de su pueblo, en el vientre de la hija de Sión. En el diálogo entre el ángel y María se realiza exactamente esta promesa: María se identifica con el pueblo desposado con Dios, es en realidad la hija de Sión en persona; en ella se cumple la espera de la venida definitiva de Dios, en ella habita el Dios vivo.

En el saludo del ángel, María es llamada “llena de gracia”; en griego el término “gracia”, charis, tiene la misma raíz lingüística de la palabra “alegría”. Incluso en esta expresión se aclara aún más la fuente de la alegría de María: la alegría proviene de la gracia, que viene de la comunión con Dios, de tener una relación tan vital con Él, de ser morada del Espíritu Santo, totalmente modelada por la acción de Dios. María es la criatura que de una manera única ha abierto la puerta a su Creador, se ha puesto en sus manos, sin límites. Ella vive totalmente de la y en la relación con el Señor; es una actitud de escucha, atenta a reconocer los signos de Dios en el camino de su pueblo; se inserta en una historia de fe y de esperanza en las promesas de Dios, que constituye el tejido de su existencia. Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la fe.

El evangelista Lucas narra la historia de María a través de un buen paralelismo con la historia de Abraham. Así como el gran patriarca fue el padre de los creyentes, que ha respondido al llamado de Dios a salir de la tierra en la que vivía, de su seguridad, para iniciar el viaje hacia una tierra desconocida y poseída solo por la promesa divina, así María confía plenamente en la palabra que le anuncia el mensajero de Dios y se convierte en un modelo y madre de todos los creyentes.

Me gustaría hacer hincapié en otro aspecto importante: la apertura del alma a Dios y a su acción en la fe, también incluye el elemento de la oscuridad. La relación del ser humano con Dios no anula la distancia entre el Creador y la criatura, no elimina lo que el apóstol Pablo dijo ante la profundidad de la sabiduría de Dios, “¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rm. 11, 33). Pero así aquel –que como María--, está abierto de modo total a Dios, llega a aceptar la voluntad de Dios, aún si es misteriosa, a pesar de que a menudo no corresponde a la propia voluntad y es una espada que atraviesa el alma, como proféticamente lo dirá el viejo Simeón a María, en el momento en que Jesús es presentado en el Templo (cf. Lc. 2,35). El camino de fe de Abraham incluye el momento de la alegría por el don de su hijo Isaac, pero también un momento de oscuridad, cuando tiene que subir al monte Moria para cumplir con un gesto paradójico: Dios le pidió que sacrificara al hijo que le acababa de dar. En el monte el ángel le dice: “No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu único hijo” (Gen. 22,12); la plena confianza de Abraham en el Dios fiel a su promesa existe incluso cuando su palabra es misteriosa y difícil, casi imposible de aceptar. Lo mismo sucede con María, su fe vive la alegría de la Anunciación, pero también pasa a través de la oscuridad de la crucifixión del Hijo, a fin de llegar hasta la luz de la Resurrección.

No es diferente para el camino de fe de cada uno de nosotros: encontramos momentos de luz, pero también encontramos pasajes en los que Dios parece ausente, su silencio pesa sobre nuestro corazón y su voluntad no se corresponde con la nuestra, con aquello que nos gustaría. Pero cuanto más nos abrimos a Dios, recibimos el don de la fe, ponemos nuestra confianza en Él por completo --como Abraham y como María--, tanto más Él nos hace capaces, con su presencia, de vivir cada situación de la vida en paz y garantía de su lealtad y de su amor. Pero esto significa salir de sí mismos y de los propios proyectos, porque la Palabra de Dios es lámpara que guía nuestros pensamientos y nuestras acciones.

Quiero volver a centrarme en un aspecto que surge en las historias sobre la infancia de Jesús narradas por san Lucas. María y José traen a su hijo a Jerusalén, al Templo, para presentarlo y consagrarlo al Señor como es requerido por la ley de Moisés: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor” (Lc. 2, 22-24). Este gesto de la Sagrada Familia adquiere un sentido más profundo si lo leemos a la luz de la ciencia evangélica del Jesús de doce años que, después de tres días de búsqueda, se le encuentra en el templo discutiendo entre los maestros. A las palabras llenas de preocupación de María y José: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”, corresponde la misteriosa respuesta de Jesús: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc. 2,48-49). Es decir, en la propiedad del Padre, en la casa del Padre, como lo está un hijo. María debe renovar la fe profunda con la que dijo "sí" en la Anunciación; debe aceptar que la precedencia la tiene el verdadero Padre de Jesús; debe ser capaz de dejar libre a ese Hijo que ha concebido para que siga con su misión. Y el "sí" de María a la voluntad de Dios, en la obediencia de la fe, se repite a lo largo de toda su vida, hasta el momento más difícil, el de la Cruz.

Frente a todo esto, podemos preguntarnos: ¿cómo ha podido vivir de esta manera María junto a su Hijo, con una fe tan fuerte, incluso en la oscuridad, sin perder la confianza plena en la acción de Dios? Hay una actitud de fondo que María asume frente a lo que le está sucediendo en su vida. En la Anunciación, ella se siente turbada al oír las palabras del ángel --es el temor que siente el hombre cuando es tocado por la cercanía de Dios--, pero no es la actitud de quien tiene temor ante lo que Dios puede pedir. María reflexiona, se interroga sobre el significado de tal saludo (cf. Lc. 1,29). La palabra griega que se usa en el Evangelio para definir este “reflexionar”, “dielogizeto”, se refiere a la raíz de la palabra “diálogo”. Esto significa que María entra en un diálogo íntimo con la Palabra de Dios que le ha sido anunciada, no la tiene por superficial, sino la profundiza, la deja penetrar en su mente y en su corazón para entender lo que el Señor quiere de ella, el sentido del anuncio. Otra referencia sobre la actitud interior de María frente a la acción de Dios la encontramos, siempre en el evangelio de san Lucas, en el momento del nacimiento de Jesús, después de la adoración de los pastores. Se dice que María “guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc, 2,19); el término griego es symballon, podríamos decir que Ella “unía”, “juntaba” en su corazón todos los eventos que le iban sucediendo; ponía cada elemento, cada palabra, cada hecho dentro del todo y lo comparaba, los conservaba, reconociendo que todo proviene de la voluntad de Dios. María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que sucede en su vida, sino que sabe mirar en lo profundo, se deja interrrogar por los acontecimientos, los procesa, los discierne, y adquiere aquella comprensión que solo la fe puede garantizarle. Y la humildad profunda de la fe obediente de María, que acoge dentro de sí misma incluso aquello que no comprende de la acción de Dios, dejando que sea Dios quien abra su mente y su corazón. “Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc. 1,45), exclama la pariente Isabel. Es por su fe que todas las generaciones la llamarán bienaventurada.

Queridos amigos, la solemnidad de la Natividad del Señor, que pronto celebraremos, nos invita a vivir esta misma humildad y obediencia de la fe. La gloria de Dios se manifiesta en el triunfo y en el poder de un rey, no brilla en una ciudad famosa, en un palacio suntuoso, sino que vive en el vientre de una virgen, se revela en la pobreza de un niño.

La omnipotencia de Dios, también en nuestras vidas, actúa con la fuerza, a menudo silenciosa, de la verdad y del amor. La fe nos dice, por lo tanto, que el poder inerme de aquel Niño, al final gana al ruido de los poderes del mundo.

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.
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