Buscar en mallinista.blogspot.com

sábado, 30 de abril de 2011

El papado de Juan Pablo II , en números

A continuación, algunas estadísticas relativas al histórico papado de Juan Pablo II, que comenzó el 16 de octubre de 1978.

El Papa estuvo en el cargo más de 26 años y 5 meses, siendo el suyo el tercer pontificado más largo en los más de 2.000 años de historia de la Iglesia Católica Romana.

Se cree que el papado más prolongado fue el de San Pedro, quien presidió la Iglesia durante al menos 34 años. Hay varios Papas que reinaron durante un mes o menos en la Edad Media.

Un hombre, Esteban II, fue elegido en 757 pero murió cuatro días después, antes de asumir oficialmente el cargo. El papado más corto en los tiempos modernos fue el de Juan Pablo l, predecesor de Juan Pablo II, quien sólo estuvo 33 días al frente de la Iglesia.

Durante su pontificado, el Papa Juan Pablo II ha:

- viajado un total de 1.247,613 kilómetros, ó 3,24 veces la distancia de la Tierra a la Luna, en viajes papales dentro y fuera de Italia

- realizado 104 viajes fuera de Italia

- visitado 129 países y territorios diferentes

- realizado 146 viajes en Italia

- realizado 301 visitas a parroquias en Roma

- pasado 822 días, o más de dos años y tres meses, fuera del Vaticano

- leído más de 20 mil discursos

- leído casi 100 mil páginas de discursos

- celebrado más de mil 160 audiencias generales en el Vaticano a las que han asistido más de 17,64 millones de personas.

- emitido más de 100 documentos importantes, incluyendo 14 encíclicas, 45 cartas apostólicas y 14 exhortaciones apostólicas.

- beatificado a mil 338 personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos

- canonizado a 482 personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos

- creado 231 cardenales, de los que 183 siguen vivos y 119 tienen menos de 80 años y pueden participar en el cónclave que elegirá a un nuevo Papa. De estos 119, 116 han sido nombrados por Juan Pablo II y sólo tres por Pablo VI, cuyo pontificado fue de 1963 a 1978

- reunido con más de mil 590 jefes de Estado o de Gobierno.

La mayor multitud reunida en una misa papal fue unos cuatro millones de personas en Manila en 1995.

El menor número de personas que acudieron a una misa papal fue de unas 200 durante un viaje a los países nórdicos en 1989.

(fuente: www.aciprensa.com)

Alabanzas a la Divina Misericordia

El Amor de Dios es la flor; La Misericordia el fruto. Que el alma titubeante lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza:

Misericordia Divina, que brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan Vida y Felicidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los Cielos, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que abarcas todo el universo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que bajaste a la tierra en la Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús, en Ti confío.
Misericordia Divina, encerrada en el Corazón por nosotros, y especialmente por los más pecadores, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en la Institución de la Sagrada Eucaristía, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos justificas por los méritos de Jesucristo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas a lo largo de toda la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos abrazas, especialmente a la hora de la muerte, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos otorgas la vida inmortal, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas en cada momento de nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos proteges del fuego del Infierno, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierten los pecadores empedernidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, asombro para los ángeles e incomprensible para los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos rescatas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de felicidad y gozo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos trajiste a la existencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que abarcas todas las obras de tus manos, en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides toda la obra de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti confío.
Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas, en Ti confío.
Misericordia Divina, remanso de corazones y paz ante el temor, en Ti confío.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que infundes confianza cuando perdemos la esperanza, en Ti confío.

Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu bondadosa mirada y aumenta Tu misericordia en nosotros para que en los momentos difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con la máxima confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es Amor y Misericordia.

Oh incomprensible e infinita Misericordia Divina, ¿quién podrá adorarte como Te mereces. Eres la dulce esperanza del pecador. Uníos estrellas, mar y tierra en un sólo himno y cantad a coro, con vuestra mejor voz, la misericordia Divina, cuya comprensión no se nos alcanza. (II, 296-297).

viernes, 29 de abril de 2011

Juan Pablo II está más presente que nunca en calles de Roma

ROMA, 28 Abr. 11 / 06:14 pm (ACI) A tres días de la ceremonia en la que será declarado beato, el recuerdo del Papa Juan Pablo II invade las calles de Roma, donde hoy su rostro se luce más que nunca.

Calles, casas, buses, automóviles y negocios sin distinción exhiben en estos días diversos afiches, fotos y pancartas con la imagen y frases famosas del futuro beato que fue el vecino más querido de esta ciudad durante sus más de 27 años de Pontificado.

Al mismo tiempo, cientos de peregrinos hacen fila en la tumba de Juan Pablo II antes de que este viernes sus restos sean exhumados y trasladados a la cripta de la Basílica de San Pedro.

Además, las librerías de toda la ciudad han reemplazado en sus escaparates los libros de moda por los más diversos títulos de obras dedicadas al Papa Peregrino. Los comerciantes de la famosa Plaza Navona aseguran que las ventas de estos textos ya han aumentado en 15 por ciento.

Camisetas, rosarios, folletos, postales y pequeñas estatuas de Juan Pablo II en diversos estilos son los artículos romanos más vendidos en estos días. Otro éxito de ventas son los calendarios con imágenes del difunto Pontífice para los años 2012 y 2013.

Sobre la Fiesta de la Divina Misericordia, frases de Jesús hacia Santa Faustina

“Debe celebrarse el Domingo siguiente al de Pascua de Resurrección. Ese día, los Sacerdotes deberán predicar a las almas mi infinita Misericordia”.

"A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen".

“En ese día estarán abiertas todas las Fuentes de mi Misericordia. Deseo que esta Festividad sea un refugio para todas las almas, pero sobre todo para los pecadores”.

"Hija Mía, di que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero".

“El alma que acuda a la Confesión y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la grana”.

"Hija Mía, como te preparas en Mi presencia, así te confiesas ante Mí; el sacerdote es para Mí sólo una pantalla. No analices nunca de qué clase de sacerdote Me estoy valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías Conmigo, y Yo llenaré tu alma con Mi luz"

“Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer, en aquel que comulga, la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es “fuente de toda gracia”.

"Deseo unirme a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma, pero las almas ni siquiera Me prestan atención, Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué triste es para Mí que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan como una cosa muerta".

Al sumergirme en la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y vi al Señor Jesús expuesto en la custodia; en lugar de la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el Señor me dijo: "Lo que tú ves en realidad, estas almas lo ven a través de la fe. Oh, qué agradable es para Mí su gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mí ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia. Pero para que Yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva".

"Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia".

Jesús nos habla sobre La Hora de la Misericordia

"A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión..." (1320).

"Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada (145) alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de Misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo. (1575)."

El milagro de Juan Pablo II, testimonio de Marie Simon-Pierre

Marie Simon-Pierre
Roma (Italia), 28 Abr. 11 (AICA) La curación, científicamente inexplicable según una comisión de científicos, del Parkinson que padecía la hermana Marie Simon-Pierre, religiosa de la Congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas, nacida en 1961 en Rumilly-en-Cambrésis, es el milagro que permitió la beatificación de Juan Pablo II, que tendrá lugar el 1 de mayo. La misma hermana Simon-Pierre relata su experiencia.


Testimonio de la Hermana Marie Simon-Pierre

“En junio de 2001 me diagnosticaron que padecía el Mal de Parkinson. La enfermedad había afectado toda la parte izquierda del cuerpo creándome graves dificultades pues soy zurda. Después de tres años, a la fase inicial de la enfermedad, lenta pero progresiva, siguió un agravamiento de los síntomas: acentuación de los temblores, rigidez, dolores, insomnio.

Desde el 2 de abril de 2005 empecé a empeorar de semana en semana, desmejoraba de día en día, no era capaz de escribir (repito que soy zurda) y si lo intentaba, lo que escribía era ininteligible. Podía conducir sólo en recorridos breves, porque la pierna izquierda se bloqueaba a veces y la rigidez habría impedido el conducir. Para llevar a cabo mi trabajo, en un hospital, empleaba más tiempo del normal. Estaba agotada.

Después de saber el diagnóstico, me resultaba difícil ver a Juan Pablo II en la televisión. Me sentía, sin embargo, muy cercana a él en la oración y sabía que él podía entender lo que yo vivía. Admiraba también su fuerza y su valor, que me estimulaban para no rendirme y para amar este sufrimiento, porque sin amor no tenía sentido todo esto. Puedo decir que era una lucha diaria, pero mi único deseo era vivirla con fe y en la adhesión amorosa a la voluntad del Padre.

En la Pascua de 2005 deseaba ver a nuestro Santo Padre en la televisión porque sabía, en mi interior, que sería la última vez. Me preparé durante toda la mañana a aquel "encuentro" sabiendo que sería muy difícil para mí, pues me haría ver cómo me encontraría yo de ahí a algún año. Me resultaba aún más duro siendo relativamente joven. Un servicio inesperado, sin embargo, me impidió verlo.

En la tarde del 2 de abril nos reunimos toda la comunidad para participar en la vigilia de oración en la plaza de San Pedro, retransmitida en directo por la televisión francesa. Todas juntas escuchamos el anuncio del fallecimiento de Juan Pablo II; en ese momento, se me cayó el mundo encima, había perdido al amigo que me entendía y que me daba la fuerza para seguir adelante. En los días siguientes, tenía la sensación de un vacío enorme, pero también la certeza de su presencia viva.

El 13 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el papa Benedicto XVI anunciaba la dispensa especial para iniciar la causa de beatificación de Juan Pablo II. A partir del día siguiente, las hermanas de todas las comunidades francesas y africanas empiezan a pedir mi curación por intercesión de Juan Pablo II. Rezan incesantemente hasta que les llega la noticia de la curación.

En ese período estaba de vacaciones. El 26 de mayo, terminado el tiempo de descanso, vuelvo totalmente agotada por la enfermedad. "Si crees, verás la gloria de Dios": esta frase del Evangelio de san Juan me acompañaba desde el 14 de mayo.

El 1 de junio ya no podía más, luchaba por mantenerme de pie y caminar.

El 2, por la tarde, fui a buscar a mi superiora para pedirle si podía dejar el trabajo. Ella me animó a resistir un poco más hasta mi vuelta de Lourdes, en agosto, y añadió: "Juan Pablo II no ha dicho aún su última palabra" (Juan Pablo II estaba seguramente allí, en aquel encuentro que transcurrió sereno y en paz). Después, la madre superiora me dio una pluma y me dijo que escribiera: "Juan Pablo II". Eran las 5 de la tarde. Con esfuerzo escribí: "Juan Pablo II". Nos quedamos en silencio ante la letra ilegible. Después, la jornada continuó como de costumbre.

Al terminar la oración de la tarde, a las 9 de la noche, pasé por mi despacho antes de ir a mi habitación. Sentía el deseo de tomar la pluma y escribir, algo así como si alguien en mi interior me dijese: "Toma la pluma y escribe". Eran las 9.30-9.45 de la noche. Con gran sorpresa vi que la letra era claramente legible: sin comprender nada, me acosté. Habían pasado exactamente dos meses desde la partida de Juan Pablo II a la Casa del Padre... Me desperté a las 4.30 sorprendida de haber podido dormir y de un salto me levanté de la cama: mi cuerpo ya no estaba insensible, rígido, e interiormente no era la misma.

Después, sentí una llamada interior y el fuerte impulso de ir a rezar ante el Santísimo Sacramento. Bajé al oratorio y recé ante el Santísimo. Experimenté una profunda paz y una sensación de bienestar; una experiencia demasiado grande, un misterio difícil de explicar con palabras.

Después, ante el Santísimo Sacramento, medité sobre los misterios de luz de Juan Pablo II. A las 6 de la mañana, salí para reunirme con las hermanas en la capilla para un rato de oración, al que siguió la celebración eucarística.

Tenía que recorrer cerca de 50 metros y en aquel mismo momento me di cuenta de que, mientras caminaba, mi brazo izquierdo se movía, no permanecía inmóvil junto al cuerpo. Sentía también una ligereza y agilidad física que no sentía desde hacía tiempo.

Durante la celebración eucarística estaba llena de alegría y de paz; era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Al salir de la santa misa, estaba segura de mi curación, mi mano no temblaba más. Fui otra vez a escribir y al mediodía dejé de tomar las medicinas.

El 7 de junio, como estaba previsto, fui al neurólogo, mi médico desde hacía cuatro años. También él quedó sorprendido al constatar la desaparición de todos los síntomas de la enfermedad, a pesar de haber interrumpido el tratamiento desde hacía cinco días. El día después, la superiora general confió a todas nuestras comunidades la acción de gracias y toda la congregación comenzó una novena en acción de gracias a Juan Pablo II.

Han pasado ya diez meses desde que interrumpí todo tipo de tratamiento. He vuelto a trabajar normalmente, no tengo dificultad para escribir y conduzco también en recorridos largos. Me parece como si hubiese renacido: una vida nueva, porque nada es igual que antes.

Hoy puedo decir que un amigo dejó nuestra tierra, pero está ahora mucho más cerca de mi corazón. Hizo crecer en mí el deseo de la adoración al Santísimo Sacramento y el amor a la Eucaristía, que ocupan un puesto prioritario en mi vida cotidiana.

Lo que el Señor me concedió por intercesión de Juan Pablo II es un gran misterio difícil de explicar con palabras, algo muy grande y profundo. Pero nada hay imposible para Dios. Sí, "si crees, verás la gloria de Dios".+

jueves, 28 de abril de 2011

¿Cuáles son los efectos agudos del uso de la marihuana?

Si se fuma, los efectos de la marihuana comienzan apenas entra la droga al cerebro y duran de 1 a 3 horas. Si la marihuana se ingiere en un alimento o bebida, el inicio de los efectos a corto plazo es más lento, generalmente comenzando entre media hora y una hora después, y los mismos duran más, hasta 4 horas. Si se fuma la marihuana, se deposita mucho más THC en la sangre que al comerla o beberla.

A los pocos minutos de inhalar el humo de la marihuana, el corazón comienza a latir más rápido, los pasajes bronquiales se relajan y se ensanchan, y los vasos sanguíneos en los ojos se dilatan, haciendo que los ojos se vean rojos. El corazón, que normalmente late de 70 a 80 latidos por minuto, puede aumentar su ritmo en unos 20 a 50 latidos por minuto o, en algunos casos, hasta puede duplicarse. Este efecto puede ser mayor si se usan otras drogas con la marihuana.


Cuando el THC llega al cerebro, el usuario se siente eufórico o "entra en onda" (estar "high"), porque ésta actúa sobre el sistema de gratificación cerebral, es decir, las áreas del cerebro que responden a estímulos como la comida y la bebida, así como a la mayoría de las drogas de abuso. El THC activa el sistema de gratificación de igual manera que lo hacen casi todas las drogas, es decir, estimulando las células cerebrales para que liberen una sustancia química llamada dopamina.

El usuario de marihuana puede experimentar sensaciones placenteras, los colores y sonidos le parecen más intensos, y el tiempo le parece transcurrir muy lentamente. Siente la boca seca y repentinamente tiene mucha hambre o mucha sed. También le pueden temblar las manos y las puede sentir frías. La euforia pasa después de un tiempo y entonces el usuario puede sentir sueño o depresión. A veces, el uso de marihuana produce ansiedad, temor, desconfianza o pánico.

El uso frecuente de marihuana deteriora la habilidad para formar memorias, recordar eventos, y para desviar la atención de una cosa a otra.El THC también entorpece la coordinación y el equilibrio al adherirse a los receptores en el cerebelo y a los ganglios basales, que son las partes del cerebro que regulan el equilibrio, la postura, la coordinación del movimiento y el tiempo de reacción. Por sus efectos sobre el cerebro y el cuerpo, la intoxicación con marihuana puede resultar en accidentes. Los estudios demuestran que aproximadamente entre el 6 y el 11 por ciento de las víctimas de accidentes letales dan un resultado positivo en las pruebas para el THC y, en muchos de estos casos, también se detecta el uso de alcohol.

Un estudio realizado por la Administración Nacional de Seguridad Vial (NHTSA, por sus siglas en inglés) mostró que bastaba una dosis moderada de marihuana para que se deteriorara la habilidad para conducir. Sin embargo, los efectos de la marihuana combinada con el alcohol, aun en dosis bajas, fueron marcadamente superiores que cuando cualquiera de las drogas se usaba por separado. Entre los índices de conducir que se midieron en el estudio estaban el tiempo de reacción, la frecuencia de búsqueda visual (cuando el chofer verifica las calles laterales), y la habilidad para percibir o para responder a cambios en la velocidad relativa de otros vehículos.

Los usuarios de marihuana que consumen dosis altas de la droga pueden experimentar una psicosis tóxica aguda que incluye alucinaciones, delirios y despersonalización (una pérdida del sentido de identidad personal o de auto-reconocimiento). Aunque aún se desconocen las causas específicas de estos síntomas, parece que ocurren con más frecuencia cuando se ingiere una dosis alta de cannabis en la comida o bebida, en vez de fumarla.


Los efectos de la marihuana el el cerebro
Diagrama del cerebroCuando se fuma marihuana, su ingrediente activo, el THC, viaja por el cuerpo incluyendo al cerebro para producir sus efectos diversos. El THC se adhiere a sitios llamados receptores de cannabinoides ubicados en las células nerviosas del cerebro, afectando la manera en que éstas funcionan. Hay abundancia de receptores de cannabinoides en las partes del cerebro que regulan el movimiento, la coordinación, el aprendizaje, la memoria y las funciones cognitivas superiores, como el juicio y el placer.
Regiones del cerebro en que los receptores de cannabinoides son abundantes
Región del cerebro Funciones asociadas con esa región
Cerebelo Coordinación de los movimientos corporales
Hipocampo Aprendizaje y memoria
Corteza cerebral, especialmente las
regiones cingulada, frontal y parietal
Funciones cognoscitivas superiores
Núcleo accumbens Gratificación
Ganglios basales
- Sustancia negra reticulada
- Núcleo entopeduncular
- Globo pálido (globus pallidus)
- Putamen
Control del movimiento
Regiones del cerebro en donde hay una concentración
moderada de los receptores de cannabinoides
Región del cerebro Funciones asociadas con esa región
Hipotálamo Funciones de disposición corporal
(regulación de la temperatura, equilibrio de la sal y el agua, función reproductiva)
Amígdala cerebral Respuesta emocional, miedo
Médula espinal Sensaciones periféricas, incluyendo el dolor
Tallo del cerebro Dormir y despertar, regulación de la temperatura, control motor
Sustancia gris central Analgesia
Núcleo del tracto solitario Sensación visceral, náusea y vómito





¿Cómo afecta el uso de la marihuana a la salud física?

Se ha mostrado que el consumo de marihuana le dificulta al usuario el dejar de fumar tabaco. Este dato se reportó recientemente en un estudio que comparaba el cese del hábito de fumar en adultos que fumaban tanto marihuana como tabaco con aquellos que fumaban solamente tabaco. Se encontró una relación particularmente fuerte entre el uso de marihuana y el no poder dejar de fumar tabaco en aquellos que fumaban marihuana a diario al momento de la entrevista inicial, es decir, trece años antes de la entrevista de seguimiento.


En un estudio de 450 personas, se encontró que las que fumaban marihuana frecuentemente pero no fumaban tabaco, tenían más problemas de salud y faltaban más días al trabajo que aquellas que no la fumaban. Muchos de estos días adicionales de absentismo laboral por enfermedad tomados por los usuarios de marihuana fueron debido a enfermedades respiratorias.

Aun el uso ocasional de marihuana puede causar ardor y quemazón en la boca y garganta, a menudo acompañados por una tos fuerte. El fumador habitual de marihuana puede tener muchos de los mismos problemas respiratorios que los fumadores de tabaco, como tos diaria y producción de flema, mayor frecuencia de enfermedades agudas del pecho, un riesgo más alto de infección pulmonar y aumento en la tendencia a que se le obstruyan las vías respiratorias.

El humo de la marihuana también puede fomentar el cáncer del aparato respiratorio, incluyendo el de los pulmones. Un estudio comparativo de 173 pacientes con cáncer y 176 personas saludables proporcionó evidencia convincente de que el fumar marihuana aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer de la cabeza o del cuello, y que mientras más marihuana se fumaba, mayor era esta probabilidad. Un análisis estadístico de los datos sugiere que fumar marihuana aumenta de dos a tres veces el riesgo de estos tipos de cáncer.

La marihuana tiene el potencial de suscitar el cáncer de los pulmones y de otras partes del aparato respiratorio porque contiene irritantes y carcinógenos. De hecho, el humo de la marihuana contiene entre 50 y 70 por ciento más hidrocarburos carcinógenos que el humo del tabaco. También produce niveles altos de una enzima que convierte algunos hidrocarburos a sus formas carcinógenas, lo que puede acelerar los cambios que finalmente producen las células malignas. Los usuarios de marihuana generalmente inhalan más profundamente y sostienen su respiración por más tiempo que los fumadores de tabaco, lo que aumenta la exposición de los pulmones al humo carcinógeno. Estos hechos sugieren que el fumar marihuana puede aumentar el riesgo de cáncer más que fumar tabaco.

Es posible que algunos de los efectos adversos de la marihuana sobre la salud ocurran porque el THC deteriora la habilidad del sistema inmune para combatir las enfermedades infecciosas y el cáncer. En los experimentos de laboratorio en que se exponen las células animales y humanasal THC y a otros ingredientes de la marihuana, muchas de las células inmunes clave mostraron una inhibición en sus funciones preventivas normales.5 En otros estudios, los ratones expuestos al THC o sustancias relacionadas tenían más probabilidad de desarrollar infecciones bacterianas y tumores que los ratones que no habían sido expuestos a estas sustancias.

Otro estudio sugiere que el riesgo de que una persona sufra un ataque al corazón la primera hora después de haber fumado marihuana es cuatro veces mayor que lo normal. Los investigadores sugieren que, en parte, un ataque al corazón puede ocurrir porque la marihuana eleva la presión arterial y el ritmo cardiaco mientras que reduce la capacidad de la sangre de transportar oxígeno.




La marihuana, la memoria y el hipocampo

Parece que el daño producido por la marihuana en la memoria a corto plazo ocurre porque el THC altera la manera en que la información es procesada por el hipocampo, el área del cerebro responsable por la formación de la memoria. Las ratas de laboratorio tratadas con THC muestran la misma disminución en la habilidad para realizar funciones que requieren el uso de la memoria a corto plazo que las ratas cuyas células nerviosas del hipocampo fueron destruidas. Es más, las ratas tratadas con THC tuvieron mayor dificultad con las tareas precisamente durante el tiempo en que la droga más interfería con el funcionamiento normal de las células en el hipocampo. Normalmente, al envejecer se van perdiendo las neuronas en el hipocampo, lo que disminuye la habilidad para recordar eventos. La exposición crónica al THC puede apresurar la pérdida de las neuronas del hipocampo asociadas con el envejecimiento. En una serie de estudios que examinaron las ratas expuestas diariamente al THC durante un período de 8 meses (aproximadamente el 30 por ciento de sus vidas), éstas mostraron una pérdida de células nerviosas entre los 11 y 12 meses de edad, equivalente a aquella de animales el doble de su edad que no habían sido expuestos al THC.

(fuente: www.nida.nih.gov)

28 de abril: Santa Gianna Beretta Molla, una madre que eligió la vida

Gianna Beretta nació en Magenta (provincia de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana que recibe de sus padres. Considera la vida como un don maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la Providencia, y convencida de la necesidad y de la eficacia de la oración.

Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, traduce su fe en fruto generoso de apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados. Habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía, abre en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. En 1952 se especializa en Pediatría en la Universidad de Milán. En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres.

Su trabajo profesional, que considera como una «misión», no le impide el dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas.

Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir, recreándose ante el encanto de la creación.

Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones, para conocer la voluntad de Dios. Llega a la conclusión de que Dios la llama al matrimonio. Llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana.

Conoce al ingeniero Pietro Molla. Comienza el período de noviazgo, tiempo de gozo y alegría, de profundización en la vida espiritual, de oración y de acción de gracias al Señor. El día 24 de septiembre de 1955, Gianna y Pietro contraen matrimonio en Magenta, en la Basílica de S. Martín. Los nuevos esposos se sienten felices. En noviembre de 1956, Gianna da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 viene al mundo Mariolina y en julio de 1959, Laura. Gianna armoniza, con simplicidad y equilibrio, los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir.

En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo, es presa del sufrimiento. El diagnóstico: un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

Sus funerales fueron una gran manifestación llena de emoción profunda, de fe y de oración. La Sierva de Dios reposa en el cementerio de Mésero, a 4 kilómetros de Magenta.

«Meditada inmolación», Pablo VI definió con esta frase el gesto de la beata Gianna recordando, en el Ángelus del domingo 23 de septiembre de 1973: «una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia». Es evidente, en las palabras del Santo Padre, la referencia cristológica al Calvario y a la Eucaristía.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, Año Internacional de la Familia.

Acerca de las OBRAS DE MISERICORDIA

Obras de Misericordia Espirituales:


1. Aconsejar a los desorientados

Jesús nos dice: "si un ciego guía a otro los dos caerán en un pozo" (Mt. 15:14). Hay muchos desorientados cerca nuestro. Pero difícilmente podríamos mostrarles el camino, si no hay luz dentro nuestro. El consejo que corresponde dar no es sólo la palabra. Es el testimonio de una vida limpia y entregada. Es la luz de vivir en la verdad, con todo lo que eso cuesta. Y también con la palabra. Hay verbos que indican esto: aclarar (=hacer claro); iluminar (=dar luz). Aclaremos e iluminemos cuando es preciso, para que el prójimo pueda adquirir libertad espiritual.


2. Instruir a los ignorantes

Jesús nos dice: "el que cumpla y enseñe los mandamientos será grande en el Reino de los cielos" (Mt. 5:19). La ignorancia verdadera es un atenuante moral. Pero, tristemente, hay algunos que desean mantenerse en la ignorancia para no asumir sus compromisos. Es una ignorancia "afectada". Y es preciso instruirlos. La Iglesia manda que los pastores dediquen sus mejores esfuerzos a instruir a los fieles. Los demás cristianos colaboran en esta tarea misericordiosa. ¿Quién conoce el Evangelio y vive de Jesús perfectamente?. Los santos nos dieron ejemplo, ansiando salir de su ignorancia. Aprendamos de la Beata Faustina que siendo casi analfabeta escribió cosas sublimes sobre la unión mística con Dios.


3. Corregir a los que se equivocan

Ha sido normal de la vida en la Iglesia que los errores deben corregirse apenas detectados. Eso proviene de la norma evangélica (Mt. 18:15) que si un hermano peca hay que corregirlo inmediatamente. Incluso S. Pablo explica cómo debe hacerse la corrección: "corregir con espíritu de mansedumbre el que corrige como sujeto pecador también y con la realidad de la tentación a la puerta (Gal. 61).

La corrección debe ser fruto del Espíritu Santo, por consiguiente, humilde. Pero no se debe dejar pasar por alto, lo exige una misericordia bien comprendida.


4. Consolar a los afligidos

Jesús dice: "Felices los afligidos porque Dios los consolará" (Mt. 5:5). Hay consuelo de Dios, que El hace por medio del Espíritu Santo directamente en nuestro corazón. Pero, además, Dios se vale de nosotros para consolar a los demás. No se trata de decir a la gente: no llores, sino de buscar las palabras de la Escritura que mejor sirven para cada situación. Lo mejor es acostumbrase a rezar, meditar y repetir los salmos en ellos encontramos el mejor consuelo para dar.


5. Sostener de buen grado a los que están a nuestro cargo

S. Pablo decía a los cristianos de Efeso con mucha humildad mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor (Ef 4:2). A veces nos cuesta comprender que las dificultades de la ancianidad o la enfermedad deterioran a los seres queridos y que ya no reaccionan como quisiéramos. La relación se hace difícil. Es un momento de elevar nuestra vida de unión a Dios, pues sin la Gracia del Espíritu Santo no podremos ser misericordiosos con los que nos necesitan.

6. Perdonar las injurias

Esta obra de misericordia es la más costosa. Tanto que Pedro preguntó a Jesús cuantas veces debería perdonar al que lo ofendiese. La respuesta de Jesús "setenta veces siete" (Mt. 18:21-22) significa sencillamente "siempre". Lo que Jesús pide parece un imposible: "Yo les digo: amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores" (Mt. 5:44). Poco a poco el Espíritu Santo nos permitirá ir realizando este ideal de santidad, como lo hizo en la Beata Faustina.


7. Rogar a Dios por todos los vivos y difuntos

Esta obra trata de un aspecto de la vida del cristiano que solemos descuidar: la oración de intercesión. Intercesión viene del verbo "interceder" y quiere decir que pedimos nosotros lo que otros no se atreven o no merecen. Es un acto de caridad especial que va constituyendo el tejido íntimo de la Iglesia. S. Pablo decía a una comunidad: "oramos y pedimos sin cesar por ustedes" (Col. 1:3-9; Hech 8:15). Conviene acostumbrarse a orar incesantemente por nuestros parientes más cercanos, y no sólo por los vivos, sino también por los difuntos. La Beata Faustina intercedía constantemente por los pecadores, los moribundos y las almas del purgatorio.

Obras de Misericordia Corporales:


1. Dar de comer al hambriento

Pertenece al núcleo del Evangelio. Es una exigencia para todos los cristianos. Supone que se conozcan mínimamente las necesidades de un pueblo. La comida es esencial para la supervivencia humana. En esta obra, la misericordia se manifiesta en el alimento corporal dado al que lo necesita. Nuestra devoción nos conduce a este tipo de caridad, no sólo en circunstancias extremas, sino en cualquier momento y a otra gente, incluso alejada.


2. Dar de beber al sediento

Se trata de la sed corporal, e. d., de la necesidad de bebida y líquidos para evitar la deshidratación. No es un añadido a la primera obra, pues el cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua. Esta obra no se refiere a una actitud individual, sino tiene marcada incidencia social. Evitar derroche de agua, promover le descubrimiento de agua pura en zonas difíciles, contribuir a los gastos de saneamiento e higiene de lugares que carecen de aguay y son focos de infección o enfermedad. Jesús se identificaba con el sediento, el que no tiene agua y el que enfermó por beber aguas dañadas o lavarse con aguas sucias.


3. Vestir al desnudo

Hay gente que paga sumas importantes por trajes de baño minúsculos hechos para realizar la desnudez. Esa falta de pudor no anula que hay millones qu carecen de ropa en zonas cálidas y frías. Si pensamos en el costo de unas zapatillas comprenderemos que millares de campesinos de América Latina y otras partes del mundo, nunca en su vida podrán adquirirlas. La misericordia nos llama a salir al encuentro de esa necesidad, desprendiéndonos de la ropa superflua y los calzados no usados que duermen en los armarios durante años. Los dirigentes tendrán que aceptar que el trabajo es más importante que el capital y merece una paga más justa. Mientras llega la hora de una justicia mejor, los católicos no podemos cruzarnos de brazos. Hay hermanos que mueren de frío.


4. Visitar enfermos y presos

En el enfermo se manifiesta con claridad la vulnerabilidad de la existencia humana. Es un necesitado, no sólo de cuidado sanitario, sino de afecto, consuelo, elevación espiritual. La enfermedad produce consecuencias que nos asombran, incluso en personas conocidas. Cristo mismo estuvo gravemente enfermo durante el Viernes Santo. Su tortura por parte de los soldados, y la traición y el abandono de los suyos también vulneraron su cuerpo humano. Y si bien su voluntad permaneció unida a la de su Padre, su cuerpo experimentó el dolor que acompaña a la enfermedad; pero, además, Jesús estuvo preso en ese Viernes Santo y, por consiguiente, sin posibilidad de ser ayudado por quienes hubiesen hecho lo posible para hacerle menos penosa su situación.

Esta obra de misericordia reconoce estas situaciones de Jesús y nos manda visitar; nada más. No consiste en ir a dar consejos, ni averiguar qué mal se halla fulano, no curiosear, ni hechar en cara. Sólo visitar en actitud de hermano frágil y vulnerable como el que recibe la visita. Las condiciones de la visita son: humildad y amor de Dios, comprensión y generosidad interior.


5. Dar albergue al peregrino

Esta obra parece retrotraernos a la Edad media y nos hace imaginar el "camino de Santiago de Compostela" o de las famosas peregrinaciones a Tours. Tiene, con todo, un aspecto moderno; las peregrinaciones no han terminado. No se hacen ya como antes, pero siguen existiendo y pertenecen al mundo religioso de los que buscan a Dios y lo adoran. Albergar al peregrino hoy es un llamado a los que viven en las ciudades sedes de santuarios para que ayuden como puedan a los que llegan buscando la misericordia de Dios. Poner a disposición sanitarios, bebidas, remedios y lugar de descanso puede ser una manera de recibir al peregrino, que es Cristo.


6. Redimir al cautivo

Esta obra parece que pasó de moda. Sin embargo, además de los rehenes por motivos políticos, existen hoy nueve esclavos y hay que redimir de nuevas esclavitudes que amenazan a la humanidad. Un ejemplo es la selección de temas que organiza la TV para dirigir la atención; la manipulación política, la violencia, la drogadicción, la extorsión, la corrupción, los negociados, los privilegios innecesarios. Los cristianos queremos marcar la diferencia en una sociedad cuyo principal interés parece el éxito económico y la diversión.


7. Sepultar a los muertos

Esta obra también parece arcaica. Pero, los devotos de Jesús Misericordioso nos esmeramos en preparar las tumbas de los difuntos para las visitas de oración al cementerio. Proponemos tres visitas: 1) en la mañana de la Pascua para los que participaron en la Vigilia Pascual que comienza en las últimas horas del Sábado Santo; 2) en el día del aniversario del fallecido, que es como el nacimiento para el Cielo; 3) alrededor del 2 de noviembre que es la conmemoración de los fieles difuntos. Para eso, preparamos las tumbas con amor, poniendo flores frescas, limpiando e incluso colocando carteles con una oración para que recen los parientes.

Educar en la Libertad

La confianza que se nos muestra nos mueve a obrar; y nos paraliza, en cambio, sentir que desconfían de nosotros. Por eso, es muy ventajoso ayudar a los hijos a administrar su libertad.

Dios ha querido crear seres libres, con todas sus consecuencias. Como un buen padre, nos ha dado la falsilla –la ley moral– para que podamos utilizar correctamente la libertad, es decir, de forma que revierta en nuestro propio bien. Junto a esto, ha querido correr el riesgo de nuestra libertad (1).

De algún modo, se puede decir que el Todopoderoso ha aceptado someter sus propios designios a la aprobación del hombre; que Dios condesciende con nuestra libertad, con nuestra imperfección, con nuestras miserias (2), porque prefiere nuestro amor libremente entregado a la esclavitud de un títere; prefiere el aparente fracaso de sus planes a poner condiciones a nuestra respuesta.

San Josemaría cita en Camino un “dicho” atribuido a Santa Teresa: «Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido» (3). El sacrificio de Cristo en la Cruz es la muestra más elocuente de hasta qué punto Dios está dispuesto a respetar la libertad humana; y si Él llega a esos extremos –pensará un padre cristiano–, ¿quién soy yo para no hacerlo?

Querer a los hijos es querer su libertad. Pero eso también supone correr un riesgo, exponerse a la libertad de los hijos. Únicamente así su crecimiento es propiamente suyo: una operación vital, inmanente, y no un automatismo o un reflejo condicionado por la coacción o la manipulación.

Del mismo modo que la planta no crece porque la estire el jardinero, sino porque hace suyo el alimento, el ser humano progresa en humanidad en la medida en que asume libremente el modelo que inicialmente recibe. Por eso, los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de los consejos y las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios. Deben recordar que Dios mismo ha querido que se le ame y se le sirva en libertad, y respeta siempre nuestras decisiones personales (4).


Una libertad querida y requerida

Por eso, querer la libertad de los hijos está muy lejos de una despreocupada indiferencia sobre cómo la utilizan. La paternidad prolonga en la educación lo que tuvo inicio en la generación. Por tanto, amar la libertad de los hijos quiere decir también saber requerirla.

Como hace Dios con el hombre, suaviter et fortiter, los padres han de saber invitar a sus hijos a usar de sus capacidades de modo que crezcan como personas de bien. Quizá se presenta una buena ocasión cuando piden permiso para determinados planes; entonces, puede ser oportuno responder que es él quien ha de decidir tras ponderar todas las circunstancias del caso, pero que ha de preguntarse si realmente le conviene o no lo que pide, ayudándole a distinguir la necesidad del capricho, a que entienda que no es justo derrochar lo que muchos no se pueden permitir, etc.

Haciendo un juego de palabras, podemos imaginar que “requerir” se refiere a una especie de doble querer: querer y re-querer. No es posible requerir la libertad humana si previamente no se quieren sus consecuencias, si no se asumen y respetan. Por eso, un auténtico respeto a la libertad ha de promover el esfuerzo intelectual, y exigencias morales que ayuden a la persona a vencerse, a superarse. Ésta es la forma de todo humano crecimiento. Por ejemplo, los padres han de pretender de sus hijos, según sus edades, que respeten ciertos límites. Algunas veces puede resultar necesario el castigo, aplicándolo con prudencia y moderación, dando las razones oportunas y, desde luego, sin violencia.

Ofrecer confianza y animar, con paciencia, da los mejores resultados. Incluso en el caso extremo, cuando el hijo toma una decisión que los padres tienen buenos motivos para juzgar errada, e incluso para preverla como origen de infelicidad, la solución no está en la violencia, sino en comprender y –más de una vez– en saber permanecer a su lado para ayudarle a superar las dificultades y, si fuera necesario, a sacar todo el bien posible de aquel mal (5).

En cualquier caso, la tarea formativa consiste en procurar que las personas quieran; en definitiva, en suministrar los instrumentos intelectuales y morales para que cada uno sea capaz de hacer el bien por propio convencimiento.


Saber corregir

Respetar a la persona y su libertad no significa dar por válido todo lo que una persona piense o haga. Los padres han de dialogar con sus hijos sobre lo bueno y lo mejor y, en alguna circunstancia, inevitablemente deberán tener el valor de corregir con la necesaria energía. Ellos, que no sólo respetan a sus hijos sino que los aman, no toleran cualquier comportamiento.

El amor es lo menos tolerante, permisivo o condescendiente que encontramos en las relaciones humanas: porque, si bien es posible querer a una persona con sus defectos, no lo es quererla por sus defectos. El amor desea el bien de la persona, que ésta dé lo mejor de sí, que alcance la felicidad; y por eso quien ama pretende que el otro luche contra sus deficiencias, y sueña con ayudarle a corregirlas.

Siempre son más los elementos positivos de una persona –al menos potencialmente– que sus defectos, y esas buenas cualidades son las que la hacen amable; pero no se aman las cualidades positivas sino a las personas que las poseen, y que las poseen conjuntamente con otras que quizá no lo son tanto. Una conducta correcta suele ser resultado de muchas correcciones, y éstas serán más eficaces si se administran con sentido positivo, poniendo sobre todo de relieve lo que se puede mejorar en el futuro.

A la luz de lo anterior, se advierte que toda forma de educar apela a la libertad de las personas. En eso se distingue, precisamente, educar de amaestrar o instruir. “Educar en libertad” es un pleonasmo: no se dice ni más ni menos que “educar”.


El valor educativo de la confianza

Sin embargo, la expresión “educar en libertad” permite hacer hincapié en la necesidad de formar en un clima de confianza. Como ha sido puesto de relieve, las expectativas de los demás en relación a nuestro comportamiento funcionan como motivos morales de nuestras acciones.

La confianza que se nos muestra nos mueve a obrar; y nos paraliza, en cambio, sentir que desconfían de nosotros. Esto resulta patente en el caso de las personas más jóvenes o de los adolescentes, que aún están modelando su carácter y valoran mucho el juicio de los demás.

Confiar significa tener fe, dar crédito a alguien, considerarle capaz de verdad: de manifestarla o de guardarla, según los casos, pero también de vivirla. La confianza que se da al otro suele provocar un doble efecto: de manera inmediata, un sentimiento de gratitud, porque se sabe beneficiado por un don; además, la confianza favorece el sentido de responsabilidad.

Quien me pide algo importante espera que se lo dé, porque ya confía en que puedo dárselo: tiene de mí un concepto elevado. Si esa persona se fía de mí, me siento movido a satisfacer sus expectativas, a responder de mis actos. Confiar en alguien es un modo muy profundo de encomendarle algo.

Gran parte de lo que pueden hacer los educadores depende de cuánto han sabido suscitar esta actitud en las personas. En particular los padres han de ganarse la confianza de sus hijos, dándosela ellos primero. A ciertas edades tempranas, conviene estimular el uso de su libertad; por ejemplo, han de pedirles cosas, y dar explicaciones sobre lo bueno y lo malo. Pero esto carecería de significado si faltara la confianza, ese mutuo sentimiento que ayuda a la persona a abrir su intimidad, sin el cual es difícil proponer metas y tareas que contribuyan al crecimiento personal.

La confianza se da, se logra, se genera; no se puede imponer, ni exigir. Uno se hace digno de confianza por su ejemplo de integridad, yendo por delante en dar lo que pide a los otros. Así se adquiere la autoridad moral necesaria para requerir a los demás; y se advierte que educar en libertad hace posible educar la libertad.


Educar la libertad

La educación bien puede entenderse como una habilitación de la libertad en orden a percibir la llamada de lo valioso –de lo que enriquece e invita a crecer–, y a afrontar sus requerimientos prácticos. Y eso se logra proponiendo usos de la libertad, planteando tareas llenas de sentido.

Cada edad de la vida tiene sus aspectos positivos. Uno de los más nobles que tiene la juventud es la facilidad para confiar y responder positivamente a la exigencia amable. En un tiempo relativamente corto pueden apreciarse cambios notables en jóvenes a quienes se han confiado encargos que podían asumir, y que apreciaban como importantes: ayudar a una persona, colaborar con los padres en alguna función educativa...

Por el contrario, esa nobleza se manifiesta, en forma pervertida y a menudo violenta, contra quienes se limitan a halagar sus caprichos. A primera vista, esta actitud es más cómoda, pero a la larga los costes son mucho más gravosos y, sobre todo, no ayuda a madurar, pues no les prepara para la vida.

Quien se acostumbra desde pequeño a pensar que todo se resuelve de forma automática, sin ningún esfuerzo o abnegación, probablemente no sazonará a su tiempo. Y cuando la vida hiera –cosa que inevitablemente hará–, quizá no tenga arreglo. El hombre debe modelar su carácter, aprender a esperar los resultados de un esfuerzo largo y continuado, a superar la esclavitud de lo inmediato.

Ciertamente, el ambiente hedonista y consumista que hoy respiran muchas familias en el llamado “primer mundo” –y también en otros muchos ambientes de países menos desarrollados–, no facilita captar el valor de la virtud o la importancia de retrasar una satisfacción para obtener un bien mayor.

Pero frente a esta circunstancia adversa, el sentido común pone de manifiesto la importancia del esfuerzo: por ejemplo, en nuestros días cuenta con especial vigor la referencia a la cultura deportiva, en la que se advierte que quien desea ganar una medalla ha de estar dispuesto a sufrir entrenamientos prolongados y arduos.

En general, la persona que es capaz de orientarse libremente hacia bienes que realmente “merecen la pena” ha de estar preparada para afrontar tareas de gran envergadura (aggredi),y para resistir con tenacidad en el empeño cuando llega el desaliento y aparecen las dificultades (sustinere). Estas dos dimensiones de la fortaleza suministran la energía moral para no conformarnos con lo ya logrado y seguir creciendo, llegar a ser más. Hoy es especialmente importante mostrar con elocuencia que una persona que dispone de esa energía moral es más libre que quien no dispone de ella.

Todos estamos llamados a lograr esa libertad moral, que sólo puede obtenerse con un uso –no cualquier uso– moralmente bueno de la libertad de albedrío. Constituye un reto para los educadores, y en particular para los padres, mostrar de modo convincente que el uso auténticamente humano de la libertad no consiste tanto en hacer lo que nos dé la gana, como en hacer el bien porque nos da la ganaque, como solía decir San Josemaría, es la razón más sobrenatural (6).

Es ese el camino para librarse del clima asfixiante de la sospecha y de la coacción moral, que impiden buscar pacíficamente la verdad y el bien y adherirse cordialmente a ellos. No hay ceguera mayor que la de quien se deja llevar por las pasiones, por las “ganas” (o por su falta). Quien sólo puede aspirar a lo que le apetece es menos libre que quien puede perseguir, no sólo en teoría sino con obras, un bien arduo.

No hay desgracia mayor que la de quien, ambicionando un bien, se descubre sin fuerzas para llevarlo a cabo. Porque la libertad encuentra todo su sentido cuando se ejercita en servicio de la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el Amor infinito de Dios, que nos desata de todas las servidumbres (7).
------------
1. San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 113.
2. Ibid.
3. Cfr. San Josemaría, Camino, n. 761.
4. San Josemaría, Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 104.
5. Ibid.
6. San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 17.
7. San Josemaría, Amigos de Dios, n. 27.

Autor: J.M. Barrio 
(fuente: www.sontushijos.org)

miércoles, 27 de abril de 2011

"El juego se torna peligroso"

Documento realizado por la 157° Comisión Permanente del Episcopado (Dado a conocer el 20 de diciembre 2010)


Introducción:

Los Obispos de la Argentina hemos querido dedicar el año 2011 a resaltar el valor de la vida humana y su dignidad inviolable. Todo lo que agreda o limite la dignidad de la vida personal y social es un obstáculo en el camino de plenitud al cual estamos llamados. Uno de los valores fundamentales para ello es la libertad, tan apreciada por nuestra sociedad. Anhelamos ser libres de toda atadura. Por eso hoy queremos expresar nuestra inquietud y dolor por un flagelo creciente para muchas familias: la adicción al juego de azar.


1. Una oferta que crece y enriquece a unos pocos:

En el Documento "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 2010-2016", hemos señalado con preocupación que "en todo el país se ha multiplicado la oferta del juego de azar", lo cual puede favorecer actitudes adictivas. Nos referimos en estas reflexiones al juego como estructura lucrativa, sea privada o estatal, con sus diferencias según el caso.

Vemos como han proliferado los casinos, los bingos, unidos al fabuloso negocio de las máquinas tragamonedas, aun en cercanías a barrios pobres. También se han sobremultiplicado las cuantiosas ofertas de juegos de apuestas en locales de lotería. Asimismo, el fenómeno de las nuevas tecnologías, como Internet, hace emerger nuevas y cada vez más masivas formas de juego.

Es importante hablar sin eufemismos. El juego de azar es un negocio que mueve gran cantidad de dinero para beneficio de unos pocos en detrimento de muchos, especialmente de los más pobres.

Sabemos también de la vinculación de esta actividad con el lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, armas, personas. La problemática es vasta y compleja.



2. Las graves consecuencias personales, familiares y sociales del juego:

El Estado debe garantizar la protección integral de la familia. Quien se apasiona en el juego puede arriesgar y perder aquello que pertenece también a su cónyuge y sus hijos. Es una acción que daña la comunión familiar, y lleva muchas veces a discusiones, reproches y peleas. Cuando la situación se torna incontrolable, aparecen las conductas adictivas. La ludopatía es una enfermedad emocional de naturaleza progresiva. Quien padece esta patología suele tener baja estima de sí mismo. Desde esta perspectiva hay una raíz común con otras adicciones.

En esta situación de debilidad, es perjudicial que de diversas maneras se promueva la ilusión de "salvarse" o solucionar todos los problemas económicos con un "golpe de suerte". Sin embargo, pocas veces se muestra la cantidad de personas que han jugado lo necesario para el sustento familiar para que sólo algunos pocos obtengan un premio. Persiguiendo una fantasía irreal de ganar dinero sin esfuerzo se llega al golpe de la desilusión. Por lo general se comienza con pequeñas sumas que llevan a la peligrosa vorágine de no saber parar hasta caer en otra ilusión: "recuperar lo perdido". Somos testigos de hermanas y hermanos que nos han contado de la pérdida hasta de sus propios hogares por esta adicción.



3. Propuestas de acción:

En varias ocasiones, se dice que un porcentaje de las actividades del juego es la fuente de recursos económicos para el sostenimiento de algunos planes sociales en sus diversos niveles nacional, provincial y municipal. Debemos recordar que el fin no justifica los medios. Además es bueno clarificar que un gran porcentaje de lo recaudado del juego favorece los bolsillos de unos pocos, y solo una parte mínima se destina a ayuda social para los más pobres (muchos de los cuales han jugado con expectativa de ganar para "salvarse"). ¿No sería bueno pensar gradualmente en fuentes de financiamiento más adecuadas?

-El rol del Estado es central en esta problemática. Por un lado, debe dedicar recursos económicos para atender los efectos de esta adicción. Por otro, tiene que regular con transparencia la actividad del juego de azar con límites de horarios y lugares de funcionamiento, cuidando especialmente a los pobres. Es muy importante fortalecer la moral del pueblo y evitar toda sospecha de corrupción.

-Es fundamental el papel de la educación y prevención. La familia, las comunidades religiosas, las escuelas, los clubes; tenemos que mostrar la belleza de la existencia y fortalecer lazos afectivos y sociales. Hemos de fomentar espacios de encuentros familiares, festivos, deportivos.

- Si el adicto es un enfermo, hay que abrazarlo con ternura y ayudarle a su recuperación. Hay varios caminos posibles, según el grado de la patología y la necesidad de la persona. Algunos requieren un tratamiento integral que incluya tres pilares: el médico-psiquiátrico, la terapia psicológica y la integración en grupos de autoayuda (muchos de los cuales funcionan en nuestras parroquias).

- "No podemos olvidar que la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre, que es lo único que verdaderamente sana y libera" (Documento de Aparecida, 405). En el camino de sanación es vital desplegar la dimensión religiosa del ser humano. Esto también es una constatación de las comunidades terapéuticas. La experiencia de encuentro con Dios Padre y Misericordioso, sana las heridas de la vida y es fortaleza para reconstruir la persona y restablecer lazos familiares y de amistad.



4. Con el Bicentenario 2010-2016 como horizonte:

Nos proponemos para la próxima Cuaresma realizar una campaña de concientización en todas nuestras comunidades acerca de los peligros y daños a la vida digna que encierra esta adicción.

Con esta carta buscamos compartir nuestras reflexiones y generar conciencia sobre lo dañino y perverso de la proliferación de estas ofertas del juego y sus consecuencias, porque constituyen un serio obstáculo social, político, moral y cultural para erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral de todos.

Reconocemos con San Pablo que "hemos sido llamados para vivir en libertad" (Gal. 5,13). Fomentar nuevas esclavitudes no nos hará más libres ni más hermanos.

En las cercanías de la Navidad imploramos la bendición de Dios para todo el pueblo argentino.

157° Comisión Permanente - Adviento 2010

(fuente: www.aica.org)

martes, 26 de abril de 2011

Catequistas se preparan para el Congreso Nacional de Morón

Buenos Aires, 26 Abr. 11 (AICA) Los miembros que pertenecen a las distintas áreas de la catequesis llevaron adelante recientemente, reuniones nacionales como preparación al Tercer Congreso Catequístico Nacional (IIICCN), que se realizará en Morón del 25 al 27 de mayo de 2012 con el lema “Anticipar la aurora, construir la esperanza”.


Catequesis Familiar

Los días 8, 9 y 10 de abril se realizó en la Residencia Franciscana, de San Antonio de Arredondo (Córdoba), el IV Encuentro Nacional de Catequesis Familiar cuyo lema fue “La Iniciación Cristiana, corazón de la Catequesis Familiar”.

Participaron directores diocesanos y delegados, miembros de las juntas diocesanas, matrimonios, catequistas de padres y catequistas de niños y el objetivo fue hacer que la catequesis familiar se impregne del espíritu de la iniciación cristiana.




Catequesis con Adultos

Del 1 al 3 de abril se llevó a cabo el Encuentro Nacional de Catequistas de Adultos (ENCA), en la Casa de Retiro Sagrado Corazón, en la localidad de Castelar.

En consonancia con la preparación del III CCN, el lema fue: “Para anticipar la aurora y construir la esperanza: Vengan y vean”. Y a lo largo de las actividades se trató de renovar, a través del anuncio del kerygma, el encuentro con Jesús resucitado que transforma la vida.

Participaron 62 personas provenientes de 22 diócesis de las 8 regiones pastorales del país, acompañados por el obispo de Morón y presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, monseñor Luis Eichhorn, y el obispo de Concepción y miembro de la mencionada Comisión, monseñor José María Rossi.



Catequesis especial

El primero de estos encuentros fue el de Catequesis Especial, que se llevó a cabo del 5 al 8 de marzo en el Seminario de Tacanas, ubicado en San Pedro de Colalao (Tucumán), con el mismo lema que el III CCN.+

lunes, 25 de abril de 2011

Anunciemos a Cristo resucitado

Las mujeres piadosas acudieron al lugar donde habían enterrado a Jesús, sin mucha previsión. La entrada del sepulcro había sido cerrada con una piedra grande. Por lo cual, les sería imposible entrar y embalsamar a Jesús. Sin embargo, las mujeres no siguen los juicios humanos, sino que se orientan más bien por el amor.

Este día deberíamos, no sólo admirar a esas mujeres, sino también a imitarlas en su fe, sobre todo cuando el racionalismo quiera imponernos sus criterios. Jesús Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, nos pide que nos acerquemos a Él, como las santas mujeres, dispuestos a remover cualquier obstáculo, por muy grande que sea, que nos impida demostrarle todo nuestro amor.

Obedezcamos con prontitud el mandato misionero. Vayamos y anunciemos a Cristo Resucitado. No nos digamos sólo cristianos, seamos auténticos apóstoles, comuniquemos nuestra fe en Cristo a los demás. Anunciemos con nuestra vida toda que vivimos para Él.

El Evangelio nos dice que Jesús, va delante de nosotros, es decir, nos acompaña dondequiera que vayamos. Nos da su Espíritu Santo para superar los temores, el miedo a la entrega, el respeto humano, la falta de generosidad… nos da el ardor para predicar el Evangelio.


Propósito

Que los demás vean el testimonio de mi alegría, porque Cristo está conmigo para siempre.

(fuente: regnumchriristi.org)

domingo, 24 de abril de 2011

¿Qué celebramos el Domingo de Resurrección?



Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la Resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que estaremos gozando con Dios para siempre.

Al entrar a la Iglesia y ver un cirio encendido, hay que recordar que es el símbolo de Jesús resucitado, representa la presencia viva de Jesús con nosotros.

(fuente: www.vivelasemanasanta.com)

¡Jesús está vivo!

Los mensajeros de Dios, vestidos de blanco, dijeron a las mujeres que buscaban el cuerpo del Señor en el sepulcro que Jesús había resucitado, y este es el mismo mensaje que nos dirige hoy el evangelista San Lucas: ¡Jesús está vivo!

Sin embargo, al vivir inmersos en nuestras ocupaciones se nos puede escapar la grandeza de este anuncio. ¿Qué debe significar para nosotros hombres del siglo XXI la resurrección de Jesús?

Jesús murió por amor en la cruz. Pero no podía morir para siempre porque Él como segunda persona de la Trinidad es Vida. Su resurrección es una invitación a participar para siempre de su vida en el cielo. Esto no significa desentendernos de los compromisos de cada día, más bien quiere decir impregnar nuestras actividades con una dimensión sobrenatural. En medio de la cotidianeidad, podemos vivir en Cristo. De esta manera la resurrección no es un algo del pasado, sino que toca íntimamente nuestras vidas.

La Pascua además de redimensionar toda nuestra existencia de cara a la eternidad, ha de producir una inmensa alegría, porque la resurrección de Cristo quiere decir que la gracia vence al pecado, que estamos destinados a participar en su resurrección.

El ejemplo de las mujeres que anunciaron estas cosas a los Once y a todos los demás, nos debe estimular a salir de nosotros mismos y llevar el Evangelio a todas las personas con las que nos encontremos. ¡Que la fuerza de Jesús resucitado nos llene de valentía y libertad para proclamar nuestra fe en Él!



Reflexión apostólica

Hoy puede ser una oportunidad para renovar nuestra fe en la resurrección y en base a ella, reorientar nuestra vida y nuestras acciones con una perspectiva más sobrenatural.

(fuente: www.vivelsemanasanta.com)

sábado, 23 de abril de 2011

El Sepulcro estaba vacío

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 20, 1-9)


El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. 

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró. En eso, llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.


Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

El evangelio de Juan nos habla hoy precisamente de ese conjunto de dificultades que nublan el entendimiento humano y lo hacen incapaz de comprender las verdades de la fe. Los discípulas y discípulos no deben ir a buscar al Maestro al sepulcro. El lugar de Jesús de Nazaret ya no está entre los muertos, sino en la presencia de Dios desde donde anima a la comunidad a continuar su misión. María Magdalena comprende perfectamente este acontecimiento y, en lo profundo de su corazón, experimenta una alegría desbordante cuando descubre que el lugar para buscar a su Señor ya no es el cementerio.

Pedro y el otro discípulo corren alertados por la voz de la Magdalena. Pero, sólo el otro discípulo comprende el significado de la ausencia de Jesús. Pedro examina la tumba y las vendas, pero su entendimiento aún está atado a sus temores.

El evangelio concluye con la frase: «hasta entonces no habían comprendido la Escritura», para mostrarnos cómo la comunidad de creyentes debió recorrer un largo camino antes de comprender el significado y el alcance histórico de la resurrección de Jesús. Mientras ellos y ellas aún lloraban de dolor por la ausencia del Maestro, él ya estaba animando la vida de la comunidad en la eucaristía, en la vida comunitaria y en la solidaridad con los más pobres.

El texto nos invita a hacer un camino de fe que nos haga comprender el significado de la resurrección de Jesús para nuestras vidas. No basta con correr de un lado para otro buscando al Señor sin comprender lo que su resurrección significa. Es necesario aprender a descubrir en los signos de muerte el germen de la vida. Allí donde el discípulo desprevenido experimenta el vacío de la tumba, el ‘otro discípulo’, el que ama entrañablemente al Señor, descubre la manifestación más profunda del Dios de la vida.

Para la revisión de vida

¿Me he planteado la semana santa como una oportunidad para renovar mi fe y mi cosmovisión religiosa? ¿Y cómo debería plantearme ahora la Pascua?

(fuente: www.conjesus.org)

El ejercicio del Sábado Santo

El término ''ejercicio'' tiene antecedentes ilustres en la historia de la experiencia cristiana. Basta recordar los '' Ejercicios espirituales'' de san Ignacio de Loyola que aplicaba una categoría ya difundida en su tiempo. Viene a la memoria el libro intitulado Exercitatorium de García de Cisneros, benedictino del siglo XV. Ignacio utilizaba el término ''ejercicio'' para indicar un proceso práctico de reflexión interior de cara a reordenar la propia existencia según la voluntad de Dios. La expresión viene de otro famoso texto, Ejercicio del cristianismo de S: Kirkegaard. Cito algunas palabras suyas: ''Mientras exista un creyente, hace falta que él, para ser tenido como tal, haya sido, y como creyente sea contemporáneo de su (de Jesús) presencia como los primeros contemporáneos. Esta contemporaneidad es la condición de la fe o, más exactamente, es la definición de la fe''.

Señala así la condición esencial para el futuro del cristianismo, distinguiéndola de aquellas formas aparentes que no serían en realidad más que ''cabalgar un caballo muerto''. Siguiendo todavía el mismo texto, Kirkegaard formula una plegaria: ''Señor Jesucristo, haz que de esta manera podamos ser contemporáneos tuyos, de forma que podamos verte en tu verdadera figura y en el ambiente dónde realmente tú caminabas por la tierra, y no en la forma vacía de un recuerdo vacío e insignificante''. El ejercicio del cristianismo tiene por lo tanto como presupuesto el ser contemporáneo de Jesús. ( He extraído la cita de un libro reciente de F.G: Brambílla, intitulado precisamente Ejercicios de cristianismo, cómo si subrayara que el término conserva una propia actualidad).

En todo caso, por todo lo que tiene relación con la palabra ''ejercicio'', no la entendemos aquí como una actividad externa - pastoral o organizativa o evangelizadora - cómo podría ser la de los predicadores televisivos americanos o de sus imitadores. La entendemos más bien como la recuperación de actitudes interiores que permiten resistir bien de frente a un, al menos aparente, crecer del secularismo y a una progresiva marginación de la fe. Viene a la memoria Ia exhortación de Jesús: ''Velad y orad en todo momento, para que tengáis la fuerza de huir de todo lo que tiene que suceder y comparecer ante el Hijo de hombre'' (Lc 21,36).

Con la expresión el ''Sábado santo'' me refiero, claro está, a aquel tiempo que transcurre entre la muerte en la cruz de Jesús y su resurrección, caracterizado por el miedo y la desorientación de los discípulos, por el silencio de Dios y la fe de Maria. La idea parte del don precioso del sábado del pueblo de lsrael, que hace comprender algo la santidad del tiempo, rodeado de la bendición de Dios. Don que nos permite, por lo tanto, dar una mirada confiada sobre los acontecimientos de la historia, ya que el sábado nos recuerda la fidelidad del Dios de la alianza. Para nosotros cristianos, sin embargo, en el centro de la historia y en el corazón de nuestra fe, hay otro sábado. Es el sábado santo, en medio del triduo pascual de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Un sábado que tiene dos vertientes: la primera es la del llanto, de la desorientación de los primeros discípulos que tienen en los ojos las imágenes dolorosas del aparente fracaso de Jesús y la de sus sueños mesiánicos; la segunda es la de María, Virgen fiel, que vive su sábado santo en las lágrimas pero también en la fuerza de la fe, sosteniendo la frágil esperanza de los discípulos. Indicar en este sentido la tesis que tanto los discípulos como María, aunque de maneras diversas, nos ayudan a leer nuestro traspaso de época y las nieblas del futuro, respondiendo con verdad, esperanza y amor a la pregunta que llevamos dentro: ¿a dónde va el cristianismo?. ¿A dónde va la Iglesia que amamos? De hecho nuestra época tiene analogías, sobre todo con la desorientación propia de los discípulos el sábado santo. La memoria del pasado, en particular de la historiar del cristianismo, en Europa se ha debilitado, y muchos no saben integrarla en su existencia... La experiencia del presente tiende a ser fraccionaria y prevalece la sensación de soledad, que se encuentra en la crisis de las familias, en la fragilidad de las asociaciones, hasta en las políticas. Estamos dentro de un movimiento de globalización, que hace surgir nuevos temores y reacciones a menudo violentas. Por lo tanto, todo lo que sea eco desde hace dos mil años sobre el anuncio del Resucitado se mezcla, incluso en no pocos cristianos, con la amargura y el miedo que sienten los dos discípulos en el camino hacia Emaús: tenían en la mente y en la boca las noticias relacionadas con Jesús Resucitado, sin embargo no llegaban a tomárselas seriamente y a sacar las consecuencias para su vida. En el clima de desorientación y de inseguridad contrasta la actitud que la fe y la piedad cristiana se leen en María. Ella vive este momento en la fe y en la esperanza; ella tiene en el corazón la luz y la fuerza interior que le dan la certeza del Hijo y de su próxima manifestación.

Concluyendo con el sentido del ejercicio del sábado santo el que se esfuerza por leer, a través de las nieblas y las oscuridades de la historia, el hijo luminoso de la esperanza, promoviendo aquellas actitudes positivas que provienen de la fe y que caracterizan el camino de la Iglesia en el tercer milenio como el camino de una palabra valerosa y eficaz que realiza su proceso según la enseñanza de Pablo: ''que la palabra del Señor se difunda y sea glorificada'' (2 Ts. 3, 1 ).


La santidad

La primera es designada por el Papa con el término fuerte de santidad: ''En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que tiene que situarse todo el camino pastoral es la de la santidad''(n.30). Término que usa de forma muy exigente: ''Poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a uno catecúmeno: ''¿quieres recibir el bautismo?'' significa al mismo tiempo preguntarle: ''¿quieres ser santo?''. Significa poner en su camino el radicalismo del Sermón de la Montaña: ''Sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial (Mt 5, 48). Es un tema muy subrayado, y más adelante el Papa se expresa así: ''Es el momento de proponer de nuevo a todo el mundo con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria'' (n.31). Hasta ahora yo tenía alguna reticencia a usar en el discurso público el término ''santidad''; temía que fuera malentendido, que la gente pensara en una santidad de altar y se sintiera indigna. Empecé a recriminarme yo mismo cuando hacía una catequesis en la basílica de San Juan de Letrán, con ocasión de las Jornadas mundiales de la Juventud. La basílica estaba llena hasta los topes y el tema querido por el Papa era en efecto el de la santidad. Me di cuenta de que la atención se iba haciendo más intensa, y después de mi catequesis, hubo una serie de intervenciones, Aquellos jóvenes habían comprendido perfectamente la belleza del ideal de la santidad. Desde entonces he tenido menos miedo de hablar y a veces, dirigiéndome a los jóvenes, llego a decir: es más fácil ser santos que ser mediocres; ser santos pide más compromiso pero llena de gozo y de tensión moral y espiritual.


La plegaria

A partir de la exigencia de la santidad, viene indicada una segunda prioridad o línea programática para el nuevo milenio: la plegaria. ''Para esta pedagogía de la santidad hace falta un cristianismo que se distinga sobre todo en el arte de la plegaria'' (n.32). El Papa lee aquí un signo de los tiempos: hoy se detecta en el mundo, ''a pesar de los grandes procesos de secularización, una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se expresa precisamente en una renovada necesidad de rogar. También las otras religiones, hoy en día sobradamente presente en los territorios de antigua cristianización, ofrecen las propias respuestas a esta necesidad y lo hacen a veces con formas atractivas (...). Nosotros que tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador de Padre y Salvador del mundo, tenemos el deber de mostrar a qué grado de interioridad puede llevarnos la relación con él''. Se remite, en efecto, a toda la tradición mística de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, que ''enseña como la plegaria puede avanzar como un verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer a la persona humana totalmente poseída por el Amado divino, vibrando en el toque del Espíritu, filialmente abandonada en el corazón de Padre. ¿Cómo olvidar entre tantos testimonios luminosos la doctrina de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila?. Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser autenticas escuelas de plegaria, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda (la plegaria de petición) sino también en acción de gracias, adoración, contemplación, escucha, ardor de afectos, hasta uno verdadero ''arrebato'' del corazón. Una plegaria intensa, que sin embargo no aparta del compromiso a la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y hace capaces de construir la historia según el plan de Dios'' (n.33).

Yo soy particularmente sensible a estas palabras recordando lo que desde hace tantos años he recomendado, desde mi primera carta pastoral La dimensión contemplativa de la vida y en las Escuelas de plegaria iniciadas en 1980 y después convertidas en Escuelas de la Palabra, es decir, escuelas para enseñar a rogar partiendo de la palabra de Dios. Y el Papa insiste que en toda la Iglesia la educación a la plegaria constituya un punto calificador de toda programación pastoral: él mismo está dedicando la catequesis de este tiempo a la reflexión sobre los Salmos, que forman parte de la plegaria de la Iglesia.


La escucha de la Palabra

Después de haber subrayado las dos líneas programáticas, Juan Pablo II indica su raíz, la posición nuclear: es la escucha de la Palabra. No hay duda de que la primacía de la santidad y de la plegaria sólo pueden entenderse a partir de una renovada escucha de la palabra de Dios. Ciertamente, dice el Papa, que desde que el Vaticano subraya el papel preeminente de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, se ha avanzado mucho. Pero hay que consolidar y profundizar esta línea. En particular hace falta que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre valida tradición de la lectio divina, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela, la existencia'' (n.39). ¡Palabras de oro!

Muchas veces he repetido que la sustancia, el corazón de todo nuestro programa pastoral, nace de la lectio divina, es decir, de la capacidad de orar a partir de una pagina de la Escritura. Me parece muy bonito que el Papa haya querido subrayarlo como uno de los temas fundamentales de la Iglesia del futuro. Al respecto he tenido una intervención en el Consistorio extraordinario de los Cardenales, proponiendo prever también, dentro de lo que sea posible, un Sínodo universal sobre el tema de la Palabra de Dios.

El anuncio de la Palabra está obviamente ligado a la nueva evangelización y el Papa, efectivamente, escribe: ''alimentarnos de la Palabra para ser servidores de la Palabra, en el compromiso de la evangelización: ésta es indudablemente una prioridad para la Iglesia en el comienzo del nuevo milenio. Ya ha pasado, incluso en los pueblos de antigua evangelización, la situación de una sociedad cristiana, la cual, incluso con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy, tiene que afrontarse con valentía una situación que cada vez es más variada y, comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante mezcla de pueblos y culturas que lo caracteriza. Y más adelante añade: ''Quien ha encontrado verdaderamente Cristo no puede retenerlo para sí mismo, tiene que anunciarlo . Hace falta un nuevo impulso apostólico que sea vivido como un compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos. Con todo, eso se hará con el respeto debido al camino siempre diverso de cada persona y atendiendo las diversas culturas donde el mensaje cristiano tiene que ser introducido, de manera que los específicos valores de cada pueblo no sean anegados, sino purificados y llevados a su plenitud'' (n.40).

De todas estas prioridades tiene que surgir por tanto uno programa real, confiado y valeroso de la Iglesia católica en el tercer milenio. No se trata de menospreciar las dificultades, al contrario, sino de darse cuenta de la fuerza de las propias raíces y del dinamismo de la presencia del Cristo resucitado y de su Espíritu en medio de nosotros.

(fuente: www.mercaba.org)

Acerca de LA BENDICIÓN DEL FUEGO

La bendición del nuevo fuego es, sin duda, la sacralización de una necesidad, la necesidad que antiguamente había de reanimar la luz para los oficios, dado que habían sido extinguidas las lámparas tras el lucernario. Pero en esta bendición del nuevo fuego lo mismo que en la bendición del cirio pascual y en la bendición del agua bautismal, hemos de ver los efectos de la redención. El mundo adquiere ya una nueva faz, la criatura infrahumana recupera su sitio, vuelve a integrarse en la unidad, deja de ser enemiga, y recobrando el sentido de servicio, se convierte de nuevo en instrumento de gracia.

Este rito de la bendición del nuevo fuego es como una especie de teatro de mimo representado ante los ojos del catecúmeno, que desde muchos días atrás viene esperando la iluminación. El Señor duerme en el sepulcro, pero el profeta Oseas escribía: "Oh muerte, yo seré tu muerte; país de los muertos, yo seré tu aguijón" (Oseas 13. 14. antífona 1ª de las Vísperas del sábado santo). Cristo se apropia estas palabras convirtiéndolas en realidad, y los Laudes de esta mañana han recordado a todos que era forzoso esperar la victoria del que había dicho: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré" (Jn 2, 19). Ese Señor que así duerme será el dueño victorioso del mundo. La Iglesia ha hecho que, al final del oficio de Vísperas de este sábado, canten sus fieles un pasaje de la epístola a los Filipenses que, unido a los dos versículos que inmediatamente le siguen, es como la carta de resurrección del Señor: Cristo, por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre". De modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se dobla -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame: "¡Jesucristo es Señor!", para gloria del Padre (Flp 2, 08-11).

A Cristo Señor se le ha dado, pues, el imperio sobre el universo. La carta a los Filipenses subraya esta soberanía del resucitado sobre las criaturas del cielo, de la tierra y sobre las que están por debajo de la tierra.

En la epístola a los Colosenses quiere san Pablo afirmar otra vez este imperio absoluto de Cristo vencedor de la muerte, y escribe: Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura, porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes, terrestres, visibles e invisibles. Tronos, dominaciones, principados, potestades, todo fue creado por él y para él. El es anterior a todo, y todo se mantiene en él (Col 1, 15-17).

La epístola a los Efesios afirma el mismo imperio sobre el cosmos: ...Dios... resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro (Ef 1 20-21).

Es muy interesante ver cómo insiste san Pablo en este triunfo de Cristo y en su imperio sobre la creación entera. El misterio de la Pascua renueva ese imperio. Es cosa normal y lógica. El hombre fue colocado en el mundo y llamado a adjudicar un nombre a las criaturas destinadas a servirle. Al adquirir el hombre una existencia nueva en la línea del servicio de Dios, es preciso que las criaturas que existen a su alrededor y fueron creadas para él, sean renovadas también ellas y vuelvan a ponerse a servir, para que el hombre pueda ser su administrador y les haga consentir en la gloria divina. El que ahora se hace servidor del hombre es el fuego, "este nuevo fuego que para nuestro uso hemos hecho brotar del pedernal", y que se convierte en servidor de Dios: él debe contribuir a que Dios "encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz" (Oración de la bendición del nuevo fuego). Es un nuevo comienzo de la vida.

El nuevo fuego es asperjado en silencio, después se toma parte del carbón bendecido y, colocado en el incensario, se pone incienso y se inciensa el fuego tres veces. Mediante este sencillo rito reconoce la Iglesia la dignidad de la creación que el Señor rescata. Pero la cera, a su vez, resulta ahora una criatura renovada. Se devolverá al cirio el sagrado papel de significar ante los ojos del mundo la gloria de Cristo resucitado. Por eso se graba en primer lugar la cruz en el cirio. La cruz de Cristo devuelve a cada cosa su sentido. El canon de la misa romana expresa bien esta universalidad del gesto de la redención, cuando dice: "Por él (Cristo) sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros". Al grabar la cruz, las letras griegas Alfa y Omega también las cifras del año en curso, el celebrante dice: "Cristo ayer y hoy. Principio y Fin. Alfa y Omega. Suyo es el tiempo. Y la eternidad. A él la gloria y el poder. Por los siglos de los siglos. Amén". Así expresa el celebrante con gestos y palabras toda la doctrina del imperio de Cristo sobre el cosmos, expuesta en san Pablo. Nada escapa de la redención del Señor, y todo, hombres, cosas y tiempo están bajo su potestad.

Puede pensarse que, desde el punto de vista pastoral, la restauración que se ha hecho de estos ritos, antiguos unos y otros únicamente locales, no ha sido muy afortunada por dar lugar en la celebración a un tiempo muerto en el que escasamente se ve estimulada la participación de los fieles. Se está a obscuras, apenas se ve, los gestos y las fórmulas que se pronuncian son secas y fragmentarias. No obstante, acabamos de ver las riquezas doctrinales contenidas en tal restauración. En la última reforma se ha dejado una gran libertad, y pueden omitirse estos ritos o elegir uno u otro. Se ha creído conveniente conservar aún los cinco granos de incienso, cuyo origen proviene de una mala lectura de un texto latino, al haber confundido el lector la palabra "incensum", que significa "encendido" y se refiere al cirio, con "incienso", que es otro significado de la misma palabra. Esta confusión dio origen a los "granos de incienso", que han pasado a significar simbólicamente las cinco llagas de Cristo: "Por sus llagas santas y gloriosas nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor".

Las palabras expresan bien el misterio de muerte gloriosa. Quizá este simbolismo bastante remoto pudiera desaparecer sin gran perjuicio para una liturgia rica ya por otra parte y que no conviene obstaculizar, si se quiere que los fieles se dejen marcar por los rasgos fundamentales del misterio pascual.

Termina el celebrante esta preparación, diciendo al encender el cirio pascual con el fuego nuevo: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

Tras el cirio encendido que representa a Cristo, columna de fuego y de luz que nos guía a través de las tinieblas y nos indica el camino a la tierra prometida, avanza el cortejo de los celebrantes. Se escucha el primer "Lumen Christi", Luz de Cristo. Se avanza un poco y, cuando el celebrante acaba de encender en el cirio pascual su propia vela, el diácono vuelve a cantar en tono de voz más elevado: "Luz de Cristo"; y se responde: "Demos gracias a Dios". Entonces se encienden en el cirio pascual las velas del clero.

Vuelve a avanzar el cortejo y, llegados ante el altar, proclama el diácono por tercera vez: "Luz de Cristo". Y entonces se encienden en el cirio recién bendecido las velas de los fieles y las lámparas de la iglesia.

Hay que vivir estas cosas con alma de niño, sencilla pero vibrante, para estar en condiciones de entrar en la mentalidad de la Iglesia en este momento de júbilo. El mundo conoce demasiado bien las tinieblas que envuelven a su tierra en infortunio y congoja. Pero en esa hora, puede decirse que su desdicha ha atraído la misericordia, y que el Señor quiere invadirlo todo con oleadas de su luz. Los profetas habían prometido ya la luz: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande", escribirá Isaías (Is 9, 1; 42, 7; 49, 9). Pero la luz que amanecerá sobre la nueva Jerusalén (Is 60, 1 ss.) será el mismo Dios vivo, que iluminará a los suyos (Is 60, 19) y su Siervo será la luz de las naciones (Is 42, 6; 49, 6). San Pablo termina su discurso ante el rey Agripa diciendo cómo Moisés y los profetas habían anunciado "que el Cristo había de padecer y que después de resucitar el primero de entre los muertos, anunciaría la luz al pueblo y a los gentiles" (Hch 26, 23). El propio Jesús hace saber lo que quieren decir sus milagros y, especialmente después de curar al ciego, exclama: "Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (Jn 9,5). San Juan, en el prólogo de su evangelio, vio a Cristo como "la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo" (Jn l, 9). Es emocionante comparar esta hora que vive la Iglesia al presente, con la que vivió con su Cristo cuando Judas salió del cenáculo después de la Cena: "Era de noche", apunta san Juan (Jn 13, 30), y Cristo había dicho en su prendimiento: "Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas (Lc 22, 53). Ahora la Iglesia contempla la luz: "El es la luz", escribe san Juan, y "en él no hay tiniebla alguna" (1 Jn 1, 5).

El catecúmeno que participa en esta celebración de la luz sabe por experiencia propia que desde su nacimiento pertenece a las tinieblas; pero sabe también que Dios "le llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa" (l Pe 2, 9). Dentro de unos momentos, en la pila bautismal, como escribe san Pablo a los Efesios, "Cristo será su luz" (Ef 5, 14) Se va a convertir de tiniebla que es, en "luz en el Señor" (Ef 5, 8). Arrancado de las tinieblas e incorporado a la Iglesia, será transferido al Reino del Hijo y compartirá la herencia de los santos en la luz (Col l, 12).

Ahora les resta a todos los fieles que están presentes y cara a cara con la luz, elegirla de nuevo o rechazarla. Ninguna celebración litúrgica por pastoral, emotiva y significativa que pueda ser forzará a los fieles, y, ante Cristo resucitado, existe siempre la división entre "los hijos de este mundo" y "los hijos de la luz" (Lc 16, 8). La cuestión es siempre creer concretamente en la luz para ser hijos de la luz (Jn 12, 36). Mediante la lucha caminan los fieles hacia la Jerusalén celestial. En el Apocalipsis señala san Juan que Jerusalén puede pasarse sin el resplandor del sol y de la luna, porque la ilumina la gloria de Dios y la lámpara del Cordero (Apoc 21, 23). El diácono se acerca ahora al celebrante para pedirle su bendición antes de proclamar el pregón pascual. Después inciensa el libro en que está escrito el texto del Exultet, y a continuación inciensa el cirio pascual alrededor. Seguidamente entona el pregón pascual denominado clásicamente "Laus cerei".

La palabra "Exultet" con que empieza el el pregón y que en realidad afecta sólo al prólogo, ha dado nombre a la pieza entera, que también es llamada "praeconium paschale", proclama, pregón. Primero anuncia el diácono a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas.

Tras esta primera parte, que lo mismo que su continuación era a menudo improvisada sobre el tema de la resurrección, el diácono entona la gran Acción de gracias. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema: recuerda la redención que redimió el pecado de Adán, rememorando luego las figuras de esta redención: el Cordero pascual, el Mar Rojo, la columna de fuego. En esta noche se da la salvación y Cristo alcanza su victoria. Entonces el diácono expresa, en términos aún más poéticos, lo que acaba de cantar y ensalza la venturosa noche en que se rompen las cadenas de la muerte, noche de la condescendencia de Dios para con nosotros, noche de la inestimable ternura de su amor, pues para rescatar al esclavo entregó a su propio Hijo; canta el diácono a la "feliz culpa", feliz por haber tenido tan augusto redentor. Después canta el diácono al cirio mismo que la Iglesia toda ofrece. Que este cirio arda sin apagarse, y que el lucero matutino (que es Cristo) que no conoce ocaso, al salir del sepulcro lo encuentre ardiendo todavía.

Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo. Esta bellísima pieza lírica -cuyo autor quizá pudiera ser san Ambrosio de Milán-, aunque al comienzo de su canto arrebate a menudo a los fieles sorprendidos además por la impresión de la noche iluminada por el fulgor vacilante de las velas, en nuestra época apenas puede ya impresionarles con su doctrina. No sólo la lengua latina (como sucedía antes) sino también la profusión de figuras, la excesiva condensación de los temas y un lirismo desfasado respecto a nuestra actual manera de reaccionar convierten esta pieza valiente, que requiere una sólida voz en el diácono, en un lapso un tanto prolongado en el que los fieles, después del clarinazo del Lumen Christi, se quedan un poco como con hambre y corren peligro de cansarse, cuando se está sólo en los primerísimos comienzos de la celebración del misterio pascual.

Con sentimiento por tratarse de tal obra maestra, hay que decir que una futura reforma debería acortar su longitud y encontrar unos términos más de acuerdo con la mentalidad actual. Aquí es donde hace falta encontrar pastores autorizados y armados de valor para sacrificar algo que está teológicamente construido y artísticamente compuesto, en favor de una adaptación que podrá resultar tanto más hermosa cuanto que dé a un nuevo canto en la lengua usual un valor pastoral real. Nada puede ser verdaderamente hermoso si no es funcional; este principio es tan cierto en liturgia como en arquitectura. No hay que vivir ni del pasado ni del porvenir, sino del presente.

(fuente: www.mercaba.org)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...