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martes, 31 de diciembre de 2013

Respira en mí (oración de San Agustín)

Respira en mi
Oh Espíritu Santo
Para que mis pensamientos
Puedan ser todos santos.

Actúa en mí
Oh Espíritu Santo
Para que mi trabajo, también
Pueda ser santo.

Atrae mi corazón
Oh Espíritu Santo
Para que sólo ame
Lo que es santo.

Fortaléceme
Oh Espíritu Santo
Para que defienda
Todo lo que es Santo.

Guárdame pues
Oh Espíritu Santo
Para que yo siempre
Pueda ser santo.

(fuente: www.yocreo.com)

lunes, 30 de diciembre de 2013

Gloria a Dios en los cielos

1. «La gloria de Dios, que el hombre viva»

Hemos de agradecer a San Ireneo esta feliz expresión teológica que nos ayuda a entender el misterio de la Encarnación y la Navidad. Nos pintaban la gloria de Dios como una realidad espléndida en la que Dios se envolvía (cf. Ez 19, 9. 24), como la santidad y trascendencia que separa a Dios de todas las criaturas (cf. Ez 24,16; 40, 34; 1 Re 8,10-1 1 ; Is 6). Nos pintaban la gloria de Dios como algo que nos asombraba, nos alejaba, nos castigaba. La gloria de Dios es brillante luz, majestad inaccesible, rostro temible, fuego devorador.

Ahora sabemos que la gloria de Dios es algo muy distinto, casi todo lo contrario. La gloria de Dios es algo que nos alegra, nos acerca y nos pacifica. La gloria de Dios es el resplandor que brota de su gran corazón. La gloria de Dios, o el nombre de Dios, esa realidad última e íntima que Moisés quería conocer (cf. Ex 33, 18-19; 34, 6), no es otra cosa que el amor de Dios.

De este amor divino nace el hombre. Dios quiere al hombre. Dios se goza con sus hijos los hombres. A Dios le alegra y le glorifica la vida de los hombres. El amor de Dios es creativo y crea a los hombres para que los hombres crezcan y lleguen a su plenitud. En esto consiste el amor, en que el objeto amado sea lo más perfecto que pueda llegar a ser. La gloria de Dios aumenta en la medida en que sus hijos crecen. La gloria de Dios se manifiesta dando vida y esplendor a sus criaturas.

Por eso, «la gloria de Dios es que el hombre viva». Crece la gloria de Dios en la medida en que crece la vida del hombre. Como crece la gloria de los padres en la medida que crece la gloria y la dignidad de sus hijos. Como crece la gloria del artista en la medida en que crece la estima y el reconocimiento de sus obras. ¿Cómo podríamos pensar que Dios y el hombre son rivales y celosos entre sí? Dios y el hombre no se restan, sino que se suman y se complementan, por así decir. La gloria de Dios dignifica al hombre, y la gloria del hombre engrandece la gloria de Dios.

Dios quiere que el hombre viva. Dios no quiere que el hombre muera. La muerte de los hombres es como una mancha en su manto glorioso, como una espina en su sensible corazón. No aguanta Dios que sus hijos mueran -¡tanta muerte!-, porque El es Amor, porque El es Vida.

-El agua viva

Aquí encontramos la razón última de su venida a nosotros, de su Encarnación y su Navidad. Venía Dios para que el hombre viviera. «Yo soy la vida», diría. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia». «Yo soy el pan de la vida». Yo soy el agua viva. Si alguien bebe de mí, «de su seno correrán ríos de agua viva». «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá». (Cf. todo el evangelio de San Juan).

La razón última de este misterio de vida es el gran amor de Dios, que brilla con gloria admirable. «Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,16-17).

La verdad es que, después de escuchar estos versículos, no cabe otra reacción que prorrumpir en: «Gloria, gloria, gloria...», y cantarlo, y quedarse ahí balbuciendo el agradecimiento y el amor.

Jesús nace para que nos alegremos, para que nos abramos a la esperanza, para que nos sintamos amados, para que vivamos. Jesús no ha nacido para que suframos, para que nos mortifiquemos, para que tengamos miedo. Jesús no viene en primer término para juzgar, para condenar, para legislar. Jesús viene para curar, para iluminar, para levantar, para liberar, para perdonar, para salvar, que eso es lo que significa su nombre. Jesús es el Dios que salva, que ama y que da vida. Esta será su misión constante. Una misión no siempre comprendida, porque la vida no todos la entienden de la misma manera. Esto a la postre le llevará a entregar su vida para que todos vivan. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Ahí, en la muerte de Jesús, la muerte de la Vida, muerto de amor, es donde más se manifestó la gloria de Dios, porque fue el acto supremo del amor, entregado para que los hijos vivan, el gesto supremo de vivificación (cf. Jn 12, 23. 28- 32). Es como la madre, que en gesto supremo de amor sacrifica su vida para que el hijo pueda nacer; o tuviera que dar su sangre para que el hijo pudiera resurgir; ésa sería la mayor gloria de la madre.

-Alabanza de su gloria

La vida que Dios quiere no es sólo la vida de los sentidos -vida en cantidad-, sino la vida del alma -vida en calidad-, que el hombre viva en plenitud, en dignidad. Se empieza por la vida natural, porque Jesús también curaba a los enfermos, y alimentaba a los hambrientos, y resucitaba los muertos. Pero se sigue con la vida superior, la del perdón, la de la amistad, la de la alegría compartida, la de la libertad profunda, la del amor total. Una vida que sea participación de la misma vida de Dios.

Una consecuencia comprometida. Se deduce que, si tú quieres procurar la gloria de Dios y ser «alabanza de su gloria» (/Ef/01/12), la mejor manera no es dedicarte a cantar todo el día himnos y alabanzas a Dios, sino dedicarte a dar vida a los hombres, esforzarte porque los hombres vivan más y mejor, luchar para que todo hombre pueda vivir con dignidad y justicia, en amor y gracia. Si extiendes tu mano para levantar al caído o curar al enfermo, si te enfrentas a la injusticia que degrada y destruye a los hombres, si rescatas al esclavo de sus vicios y sus drogas de muerte, si sabes dar a alguien razones para vivir, si contagias tu fe y alientas la esperanza de muchos, si amas desinteresadamente y tu amor crea amor, estás dando gloria a Dios, estás siendo alabanza de su gloria.

Por eso, cuando los ángeles cantaban: «Gloria a Dios y paz a los hombres», venían a decir una sola cosa, porque la gloria de Dios es que el hombre tenga paz. Y la Paz -shalom- es todo ese conjunto de valores que llamamos vida en plenitud. Gloria y paz, amor y vida, Navidad.


2. «La vida del hombre: ver a Dios»

Nos explica ahora San Ireneo en qué consiste la vida del hombre. La vida del hombre, dice, consiste en ver a Dios. No está en comer mucho, en tener muchos hijos, el disfrutar de muchas riquezas, el darse muchos placeres, el alcanzar larga vida. Está en la visión de Dios.

Podría parecer que se nos ofrece un ideal de vida muy aburrido. Estar todo el tiempo dedicado a ver a Dios, por muy divertido y apasionante que sea, resulta algo distante, pasivo, poco participativo. No hay quien aguante la visión de un espectáculo que dure varios días seguidos; no podemos permanecer demasiadas horas ante la televisión, por muy celestial que sea.

Ver a Dios debe significar algo más hermoso y más profundo. Ver no es simplemente contemplar, sino comprender y participar. Ver a Dios es entrar dentro de su misterio, de su dinamismo vital. Es ver, no tanto con los ojos del cuerpo, sino con los del corazón. Ver a Dios es una especie de comunión con Dios -en la Edad Media se generalizó la costumbre de la comunión visual- un acercarse a Dios, un entender a Dios, un asimilar a Dios. Esa es también la bienaventuranza que promete Jesús a los limpios de corazón.(/Mt/05/08)

Se venía diciendo que a Dios nadie le podía ver. «A Dios nadie le ha visto jamás» (Jn 1, 18). Era tal su trascendencia, que la distancia resultaba insalvable. Incluso ciertas filosofías religiosas pensaban que si Dios se acercara a lo material se «mancharía». Por eso, enviaba a sus ángeles e intermediarios, o se envolvía en nube protectora. En cuanto al hombre, si algún día llegara a ver a Dios, se quemaría. Nadie puede ver a Dios y quedar con vida. «Pero mi rostro no podrás verlo, porque no puede verme el hombre y seguir viviendo» (Ex 33, 20). Tal es el abismo entre la gloria y santidad de Dios y la fragilidad e indignidad humanas. Por eso, sus amigos, como Moisés y Elías, e incluso los serafines, se tapan la cara para poder ver una chispita de Dios. Por eso, Jacob no saldrá de su asombro al comprobar que ha visto a Dios y sigue vivo (cf. Gn 32, 31).

La trascendencia divina, poco a poco, se fue superando. Dios se iba dejando ver, pero fragmentaria y tardíamente. Los que llegaban a ver algo de Dios quedaban transformados. Es el caso paradigmático de Moisés, que después de ver a Dios resplandecía él mismo, su rostro reflejaba la gloria de Dios (cf. Ex 34, 29-33; 2 Cor 3, 7). Todavía era algo «pasajero», pero prueba lo que venimos diciendo, que la visión de Dios contagia de su gloria.

-Ver en plenitud

Es ahora, en la Navidad, cuando Dios salva definitivamente la trascendencia y se deja ver en plenitud. Ahora es cuando «ha hecho brillar la luz en nuestros corazones para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que se manifiesta en el rostro de Cristo» (2 Cor 4, 6). Toda la gloria de Dios en el rostro de Cristo, toda la gloria de Dios en los ojos del niño, y ya tú lo puedes ver, y no sólo no morirás sino que tendrás más vida.

La Navidad supone un verdadero cambio teológico. Antes nadie podía ver a Dios; ahora, «el Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo enseña todo» (Jn 1, 18), porque él es «la imagen de Dios invisible» (Col 1,15), porque él es el vídeo del Padre. «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14, 9). Antes, ver a Dios quitaba la vida; ahora, ver a Dios llena la vida. La vida del hombre es ver a Dios, conocer a Dios, participar de Dios. «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3).

Cantemos victoria. Dios se ha dejado ver en Jesucristo. Dios se deja ver, se deja tocar, se deja besar, se deja comer. Dios se deja ver por fuera y por dentro, hasta en sus más íntimas entrañas. No dejes de clavar tus ojos en este niño, sigue sus pasos, aprende bien sus gestos. Míralo tanto, que te lo aprendas de memoria. Míralo tan fijamente, que se te grabe bien su imagen: «Los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados». Míralo tan amorosamente, que termines compenetrándote con él.

En el Misterio de Dios

Poco a poco, iremos contemplando toda esta imagen viva de Dios, que es Cristo. El niño de Belén ya nos empieza a enseñar muchas cosas. Una, desde luego, tenemos que aprenderla bien, que se nos grabe bien, hasta entrañarla. Es que Dios es ternura y misericordia, que Dios es bondad y gracia, que Dios es paz y alegría, que sabe sonreír y hacer pucheros, que siente como nosotros, que hasta se deja ayudar. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tit 3, 4). «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tit 2, 11).

Vemos así que la gloria de Dios no es otra cosa que su amor. Por lo tanto, si ves la gloria de Dios, si llegas a ver a Dios, tienes que llenarte de su amor. Lo dice expresamente San Juan: «A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros» (1 Jn 4, 12). Es decir, que todo el que ha visto a Dios ama, y todo el que ama ha visto a Dios. Es amando como entramos en el misterio de Dios y como participamos de Dios. Cuanto más mires a este niño, más debes amar. Cada mirada, una nueva energía de amor. Si la vida del hombre es ver a Dios, y si ver a Dios es participar de su amor, la vida del hombre es amor. ¿Quieres vivir mucho? Ama mucho. El amor es una vida que te llena de alegría, de fuerza, de generosidad, de capacidad creativa, de libertad, de paz. Todos esos valores, y tantos otros parecidos, son los que realmente constituyen nuestra vida. Es algo que vale más que todas las otras cosas que en la vida se apetecen tanto. El que ama es que está vivo. «El que no ama está muerto» (1 Jn 3,14). El amor es la vida, porque «Dios es amor» (1 Jn 4, 8).

-Amor desbordante

Puede que la visión sea todavía imperfecta para ti. Y, cuanto más imperfecto sea tu amor, más imperfecta será tu visión. Hemos de reconocer que ahora todavía vemos como «en un espejo, confusamente... que ahora conozco confusamente» (1 Cor 13,12), pues «caminamos en la fe y no en la visión» (2 Cor 5, 7). Pero nuestra esperanza es la visión eterna y definitiva. «Entonces veremos cara a cara» (1 Cor 13, 12). ¿Y cuál será el resultado? Pues la plenitud de la vida y el desbordarse de amor. «Aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3, 2). Ver a Dios es divinizarse. Seremos divinos, porque veremos enteramente a Dios. Ahora, en Navidad, ya empezamos a verle un poquito.

(fuente: www.mercaba.org)

domingo, 29 de diciembre de 2013

Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
(Mt. 2, 13-15. 19-23)
Gloria a ti, Señor.

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le pareció en sueños a José y le dijo:"Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió par Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:"Levántate, toma al niño y a su madre y regresa al tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño.Se levanto José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá y advertido en sueños, se retiró a Galilea y fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará Nazareno.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Estamos en tiempos que se llaman de crisis, principalmente porque económicamente no nos alcanza para los gastos básicos del hogar, pero también estamos en crisis de valores, de seguridad, crisis de las instituciones. Bien se puede decir que nos está tocando vivir en una época crítica, porque también hasta de esto se habla, de un cambio de época. Nos queda claro que no es la primera vez que pasa en la historia de la humanidad. Sin embargo todo esto están viviendo nuestras familias.

El evangelio nos narra como la sagrada familia, José, María y el niño Jesús, tienen que vivir grandes adversidades, momentos críticos. Pero nos muestran una gran entereza, son personas con esperanza y con una gran fe, ya que no sólo buscan la protección de su familia, sino sobre todo cumplir con la voluntad de Dios, por eso escucharán su voz (así sea en sueños, como narra el evangelio), que les advierte de los peligros, pero sobre todo de los pasos que han de dar, el camino que han de seguir. Es la primera enseñanza que en este día podemos aprender de la Sagrada Familia, pedir su intercesión para aprender a escuchar la voz de Dios, en todos los momentos de la vida, sobre todo en los adversos, en los momentos críticos, que no nos cieguen estos humos que empañan nuestra vista o nos ensordezca tanto ruido que no nos permite pensar con claridad. Por eso hay que estar bien atentos a la voz de Dios. Él nos habla para confortarnos, para consolarnos, para animar nuestra esperanza, para fortalecer nuestra fe, para vivir con amor y alegría hasta los momentos que parecen los más difíciles.

Dios nos ha hablado “en distintas ocasiones y de muchas maneras” (Heb. 1,1) por eso recurrimos con frecuencia a las Sagradas Escrituras, es la voz de Dios que ha acompañado, iluminado y guiado a su pueblo durante el caminar de la historia de la salvación; grandes testimonios y muchas enseñanzas encontramos cada vez que meditamos y oramos con la Palabra de Dios. Ella es luz, fortaleza y paz en las adversidades.

“Nos ha hablado por medio de su Hijo” (Heb. 1, 2) Jesús, la Palabra hecha carne (cf. Jn. 1,14) es la expresión más viva del amor de Dios, es el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14, 6). Todas sus palabras y acciones nos muestran como hemos de responder al amor de Dios y como hemos de amar al prójimo con todo nuestro ser, aún esos momentos que parecen los más difíciles.

Así pues la Sagrada Familia, nos muestra una familia unida en la escucha de la Palabra de Dios y en el cumplimiento de su voluntad. Después de la advertencia el evangelista Mateo pone la total disponibilidad y prontitud de la respuesta, “tomó al niño y a su madre y partió” (2, 14), “tomó al niño y a su madre y regresa” (2, 21), “se retiró a Galilea” ( 2, 22). Esto también hay que aprender de la Sagrada Familia a no poner resistencia en el cumplimiento de la voluntad de Dios, muchas veces queremos tener la total certeza, para hacer lo que Dios nos manda, lo más importante es emprender el camino, dar los pasos que sean necesarios hasta encontrar esa tranquilidad y paz que da el saber que estamos cumpliendo con lo que Dios nos pide, así tengamos que empezar de nuevo. Ya que tenemos la fortaleza y la fe que viene de Dios.

(fuente: sanjudastadeo-ensenada.org)

sábado, 28 de diciembre de 2013

Bagdad: bomba en Navidad, al menos 35 muertos

Mons. Shlemon Warduni: No fue un atentado necesariamente contra los cristianos.

Ciudad del Vaticano, 25 de diciembre de 2013 (Zenit.org) El saldo provisorio de los dos atentados con autobombas realizados este miércoles en la capital de Irak en el distrito de Al Dura, al sur de Bagdad zona mixta en la que conviven musulmanes suníes y cristianos es de unos 35 muertos. Una de las bombas ha estallado a poca distancia de la iglesia de San Juan, después de la celebración de la misa de Navidad. También estallaron dos bombas en el mercado local provocando otras víctimas y daños materiales.

La noticia de informó se trataba de un atentado contra una iglesia ha sido desmentida. En declaraciones a la Radio Vaticano, Mons. Shlemon Warduni, indicó que “los atentados en Irak son muchos. Un auto estalló en el mercado cercano al cual hay una iglesia. No digo que sea contra los cristianos o contra la Navidad. Sí sucedió el día de Navidad pero no porque sea Navidad”.

El prelado pidió a los medios de comunicación de poner más atención a no difundir noticias que dan una impresión equivocada.

Concluyó sus declaraciones indicando que la Navidad en Bagdad fue celebrada por los católicos con mucha alegría. “Esta mañana las iglesias estaban repletas; también anoche en la mayor parte de los templos se ha celebrado la misa, entre ellos también estaba mi parroquia. Ha sido muy hermoso” dijo.

Irak, país mayoritariamente musulmán, cuenta con una antigua comunidad cristiana, que ha sufrido también atentados terroristas como en octubre de 2010 contra una iglesia en Bagdad, en donde muerieron unas sesenta personas.

Antes de la primera Guerra del Golfo, los iraquíes cristianos eran unos dos millones en una población de treinta millones de habitantes, mientras que actualmente son menos de 400 mil, debido a la emigración provocada por la guerra y la violencia.

Durante el último mes de noviembre según las cifras oficiales han muerto 948 personas, la mayoría civiles, en atentados terroristas.

(25 de diciembre de 2013) © Innovative Media Inc.

28 de diciembre: Santos Inocentes Martires

El día de hoy se conmemora a los Niños Inocentes que el cruel Herodes mandó matar.

Según señala el Evangelio de San Mateo, Herodes llamó a los Sumos Sacerdotes para preguntarles en qué sitio exacto iba a nacer el rey de Israel, al que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: "Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: "Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel" (Miq. 5, 1).

Entonces Herodes se propuso averiguar exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo dijo a los Reyes Magos: - "Vayan y averiguen acerca de ese niño, cuando lo encuentren regresan y me lo informan, para ir yo también a adorarlo". Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. En sueños recibieron el aviso divino de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, y el pérfido Herodes se quedó sin saber dónde estaba el recién nacido. Esto lo enfureció hasta el extremo, por lo que rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y dio la orden de matar a todos los niñitos menores de dos años, en la ciudad y alrededores.

El mismo evangelista San Mateo afirmará que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: "Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen" (Jer. 31, 15).

(fuente: aciprensa.com)

viernes, 27 de diciembre de 2013

Fallece con 92 años el padre Loring: evangelizador tenaz, apóstol del ciberespacio, bloguero de Religión en Libertad

El sacerdote jesuita y predicador incansable Jorge Loring Miró ha fallecido en este día de Navidad de 2013, en la clínica El Ángel de Málaga, con 92 años, después de sufrir un ataque cerebrobascular.

El funeral tuvo lugar a la una de la tarde del 26 de diciembre en la parroquia del Sagrado Corazón de la ciudad.

Nacido en Barcelona en 1921, Jorge Loring tenía muy vivas sus dos líneas genealógicas, la catalana y la andaluza, pero ejerció la mayor parte de su ministerio sacerdotal en Andalucía, especialmente como predicador en los astilleros y otras industrias de Cádiz, Puerto de Santa María y la costa andaluza.

El Ayuntamiento de Cádiz ha declarado, en honor a su figura, que el consistorio mantenga a media asta las banderas durante 3 días. El Ayuntamiento recuerda que "el padre Loring era muy conocido y querido en la ciudad y en 2006 fue nombrado Hijo Adoptivo de Cádiz".

Se ordenó sacerdote en 1954, a los 33 años. Durante un cuarto de siglo fue el encargado espiritual de cinco grandes fábricas de Cádiz, pero su fama le vino por sus libros y conferencias sobre la Sábana Santa de Turín, del que era una autoridad mundial. Era un tema sobre el que impartió charlas por América y Europa hasta casi el final de su vida.


"Infatigable" e "incombustible"

El adjetivo que más se aplicaba en los últimos 20 años a este jesuita era "incansable", "infatigable" e "incombustible". Parecía que iba a vivir para siempre, y sin dejar de trabajar. En este mismo año 2013 publicó una reedición en Editorial Buenas Letras de su divertido libro "Anécdotas de una vida apostólica", donde cuenta numerosas "batallitas" de evangelización en las situaciones más extrañas: con masones en México, obreros de la construcción y aviadores, perdido en aeropuertos, en misiones callejeras por Barcelona, descubriendo Internet, etc...

Otra de sus obras más recientes es "Más de 200 respuestas a preguntas que usted se ha hecho sobre la fe, la moral y la doctrina católica" (febrero de 2010, LibrosLibres), en su particular estudio sencillo y contundente.

Era bisnieto de la familia industrial de Jorge Loring Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore, y su padre fue el ingeniero malagueño Jorge Loring Martínez, que patentó diversos avances en navegación aérea y fundó una línea de zepelines entre Sevilla y Buenos Aires.

Por eso, Loring siempre usó su capacidad divulgativa y su lenguaje extremadamente sencillo y directo para refutar el supuesto conflicto entre ciencia y religión.

Como muchos otros jesuitas de la historia y de la actualidad, era un enamorado de la astronomía (aunque sólo a nivel aficionado).


Hablar del infierno... y no perder el humor

Como el también jesuita Jorge Bergoglio (Papa Francisco), a Loring le gustaba hablar del demonio y del infierno, sin ninguna concesión a la postmodernidad. Solía citar en entornos industriales sus visitas a altos hornos, el material fundido a altísimas temperaturas, para ayudarse con imágenes infernales, pero sin que faltase nunca el buen humor.

Con más de 63 ediciones, su libro "Para Salvarte" era una especie de enciclopedia en lenguaje divulgativo de la fe católica, siempre centrado en "lo que importa, que es salvarse". Sólo en España circulan más de 1 millón de ejemplares. Además publicó ediciones en México, Ecuador, Perú, Chile, EE.UU., Egipto, Israel, Rusia, etc.


Cura anciano...¡ciberapóstol de éxito!

Toda su vida recibió y contestó un flujo inacabable de correo, pero con la llegada de Internet se multiplicó y se convirtió en un "ciberapóstol" que intentaba responder a todo el mundo, incluso preguntas comprometidas sobre sexo o moral, aunque fuese remitiéndose a textos que ya había escrito, o con respuestas personalizadas.

En diciembre de 2009, cuando tenía 88 años, empezó a escribir en su blog de ReligionEnLibertad (llamado, cómo no, "Para salvarte") y se mantuvo fijo como blogero 4 años.

El pasado 9 de diciembre de 2013 aún publicaba este texto sobre la verdad, una declaración de intenciones (quizá un testamento) sobre una vida dedicada a hablar con firmeza y certeza sobre las cosas de Dios, sin dejarse nunca cortejar por relativismos ni tibiezas. Refleja a la perfección sus pasiones, su estilo y su ministerio de toda una vida.


El padre Loring respondió a más de 50.000 dudas de internautas sobre la fe y la moral católicas

El padre Jorge Loring S.I. era incombustible. Ha muerto a los 92 años y estaba lleno de proyectos. Trabajaba 12 horas al día y no llegaba con todas las tareas que tenía entre manos. Solía pasar seis meses en América dando charlas y conferencias por medio continente, además de acudir a programas de radio y televisión.

En 2010 fue entrevistado por ReL con ocasión de publicar Más de 200 respuestas a preguntas que usted se ha hecho sobre la fe, la moral y la Doctrina católica (Vozdepapel) en donde recoge las principales y reiterativas inquietudes y dudas, y sus convenientes respuestas, a las más de 50.000 preguntas que le han hecho por Internet en los últimos años.

Transcribimos ahora tal cual esa entrevista, en homenaje al gran jesuita catalán, nacido en 1921 y fallecido el día de Navidad de 2013.

- ¿Cuándo y por qué vio la necesidad de utilizar la nuevas tecnologías para la evangelización?
- Porque pienso que debemos aprovechar los adelantos de la técnica para evangelizar. Por eso me metí en Internet en cuanto comenzó, hace unos diez años. Cuando, en los Juegos Olímpicos de Atlanta (EE UU), un terrorista puso una bomba, yo me enteré que aprendió a hacer bombas en Internet, y me dije: «Internet sirve para hacer terroristas, ¿por qué no va a servir para hacer católicos? Mi libro a Internet». Y así ha sido. He recibido correos electrónicos de ateos y protestantes que han abrazado la fe católica después de leer mi libro. ¡¡¡Con la ayuda de Dios!!!

- Entonces, ¿se podría decir que usted fue de los primeros sacerdotes en utilizar Internet?
- Posiblemente. Pero no me consta ser el primero.

- ¿Cuántas preguntas e inquietudes lleva respondidas en estos años?
- Más de cincuenta mil.

- ¿Cuántas horas dedica al día a responderlas?
- Cuando no estoy de viaje unas diez horas diarias. Muchas consultas las contesto a bote-pronto. Otras las tengo que pensar cuando me dirijo a decir Misa, pues en mi despacho no paro de escribir. Todo no lo sé. A veces consulto a los compañeros jesuitas de mi comunidad o incluso pregunto a un especialista del tema. Muchas veces las tengo ya escritas: copio, pego y mando. Pues muchas consultas se repiten. Sobre todo los protestantes que siempre repiten lo mismo, pues no quieren enterarse de las soluciones que ya se han dado.

- ¿Cuáles son las dudas más comunes: fe, moral o doctrina?
- Las de moral. Mucha gente tiene inquietudes de conciencia. Necesitan que se les oriente. Quizás el anonimato de Internet les ayude. También son frecuentes las preguntas sobre textos bíblicos. Por eso he publicado un libro titulado «Los Evangelios con 2.000 dudas resueltas» (Planeta+Testimonio), pues pongo dos mil notas escogidas de veinte Biblias.

- ¿Cuál es la inquietud común y más universal que le han preguntado?
- Las relacionadas con lo que los protestantes acusan a la Iglesia Católica. Muchos internautas son de Hispanoamérica, y allí están invadidos de sectas que les engañan con falacias y sofismas.

- ¿Y la respuesta más difícil de responder?
- A los casados por la Iglesia, divorciados, y vueltos a casar que quieren comulgar. Uno quisiera ser amable con todos, pero no siempre puedes decir lo que ellos quieren oír.

Otro tema desagradable es el control de natalidad. Hay muchos matrimonios que no desean más hijos, y cuando se les dice que la solución es el método Billings, no se fían. Sin embargo está demostrado que el método Billings es el más seguro, el más sano, el más barato, el más sencillo y el más moral.

- Usted tiene 88 años, y este verano cumple los 89 ¿A su edad no le gustaría estar felizmente retirado?
- De ninguna manera. Lo que le pido a Dios es ser útil hasta última hora. Cuando me quede imposibilitado, quiero morirme pronto.

- ¿Qué es lo que le mantiene con esa vitalidad?
- Porque creo que el sacerdote debe evangelizar mientras no esté imposibilitado. Ahora tengo entre manos varios proyectos apostólicos que creo son de mucha gloria a Dios. Le pido a Dios que me aguante un poco hasta que los realice.

Entre otros estoy gestionando la traducción al chino de «Para Salvarte» por un catedrático de Shanghai. Cuando esté terminada la pienso colgar en Internet para que todos los chinos puedan leerlo gratis. Seguro que algunos, al informarse de la Religión Católica, abrazarán nuestra fe.

- ¿Cuándo vio claro que su en vocación sacerdotal estaba incrustada su vocación de divulgador?
- Porque desde que era joven estudiante jesuita empecé a hablar en cuarteles y cárceles. Al mes de ser jesuita me mandaron a hablar a quince soldados de un cuartel. Me temblaban las piernas debajo de la sotana. Hoy tengo delante tres mil hombres o las cámaras de televisión y estoy tan tranquilo como lo estoy mientras escribo esto. Las «tablas» dan serenidad.

- ¿Cuántos libros lleva vendidos de su famoso «Para Salvarte»?
- Más de un millón trescientos mil en España. Además se han hecho ediciones en Méjico, Ecuador, Perú y Chile. Y se ha traducido al inglés en Los Ángeles (California) , al árabe en El Cairo y al hebreo en Jerusalén, Hoy se está traduciendo al ruso en Moscú y al chino en Shanghai.

- ¿Le siguen invitando por América para dar conferencias?
- Desde hace tiempo voy todos los años. En 2009 he dedicado a América seis meses, y dentro de dos meses vuelvo otra vez. Va a ser mi 77 salto del Atlántico, pues ya lo he saltado 76 veces. El año pasado he dado conferencias en Miami, San Diego, doce ciudades de México, Bogotá, Medellín y Lima. Ahora vuelvo a repetir en algunas y a otras nuevas.

- ¿A cuánta gente calcula que ha hablado en directo a lo largo de su vida?
- Creo que a varios cientos de miles, pues he dado muchos miles de conferencias y en muchas de ellas se han superado los mil asistentes. Conservo fotos de enormes auditorios en teatros, universidades, polideportivos, plazas de toros y fábricas. Durante veinticinco años he dado conferencias mensualmente en tres grandes factorías navales de la bahía de Cádiz de 3.000-4.000 obreros cada una, con una asistencia del 90 por ciento de los obreros.

- ¿Qué destacaría de su último libro «Más de 200 respuestas a preguntas…»?
- Que respondo a lo que la gente pregunta. Son temas que están en la calle y no siempre se tienen las respuestas correctas.

- ¿Qué utilidad puede tener para sus lectores?
- Aclarar dudas presentes o futuras. A veces me dice la gente que me he adelantado a su duda, pues no se le había ocurrido, pero le gusta mi respuesta.

- ¿Cuál puede ser para usted la actividad apostólica más importante que haya tenido?
- Mis intervenciones en la televisión norteamericana EWTN, de la Madre Angélica, donde grabé cuarenta temas de media hora, que emiten, y repiten, desde hace años semanalmente y, según me dijeron allí, lo ven semanalmente 80 millones de hogares en toda Hispanoamérica. De hecho he experimentado que en mis vuelos, me conoce muchísima gente: el matrimonio que está a mi lado en la cola del mostrador, la azafata que está en el mostrador, el policía de la aduana, varias personas en la sala de embarque, el piloto que pasa hacia el avión, la azafata de vuelo y la persona que se sienta a mi lado en el avión. Naturalmente no todos estos en el mismo vuelo, pero todos son casos reales en distintos vuelos. Y estos casos se han repetido. Es que 80 millones es mucha gente.


8 historias del P. Loring: de Tony de Mello y Gala a los amables masones y el sermón en las duchas

1- Encuentro con Anthony de Mello: "Lo que tú dices me huele a budismo"

»En una ocasión hice un cursillo con Tony de Mello en la Casa de Ejercicios La Inmaculada del Puerto de Santa María. Estaba enseñándonos a reconcentrarnos para hacer oración. Yo le dije públicamente:

»—Mira, Tony, yo para hablar con Dios no tengo que perder una hora notando el aire que me entra por la nariz al respirar, o las palpitaciones del corazón en el dedo gordo del pie. Yo entro en la capilla, me pongo de rodillas, y antes de un minuto estoy hablando con Dios. El Dios cristiano es un Padre cercano. Lo que tú dices me huele a budismo.

»Hace algún tiempo la Congregación para la Doctrina de la Fe de Roma puso reparos a la doctrina de Tony de Mello.


2- A Antonio Gala, sobre la homosexualidad

»Conocí a Alfonso Ussía en Comillas. Yo le llevaba la Comunión a su suegra. Varias veces me invitó a comer en su casa. Un día estando yo en Madrid me llama por teléfono para invitarme a cenar. Había invitado también a Antonio Gala.

»No pasó mucho tiempo y salió el tema de la homosexualidad. Gala la defendía como una forma distinta de sexualidad, pero tan natural como la otra.

»Yo le dije: —Mira, el ser homosexual no es pecado. El que nace homosexual es tan responsable de ello como el que nace bizco o tartamudo. Pero tiene que vencer su tendencia lo mismo que el heterosexual que le gusta su vecina casada.»


3- El demonio y el infierno... y unos incrédulos

»Una de las entrevistas televisivas de las que salí más contento fue en la televisión vasca: ETB. El programa era sobre la existencia del demonio. Yo tenía enfrente un médico, un catedrático, un periodista y un científico. Todos contra mí. [...]

»Una de mis respuestas que arrancó del público asistente uno de los mayores aplausos fue cuando uno de ellos dijo:

—La existencia del demonio es un invento de la Iglesia para asustar a la gente y dominarla.

Y yo le contesté:

—La Iglesia no pretende asustar a nadie, sino instruir, informar de la verdad. Si la riada se ha llevado un puente, la autoridad local pone en la carretera un gran letrero: «Carretera cortada. Puente hundido». No para asustar, sino para avisar. Pero llega un listillo: "¿Quién habrá puesto ese cartel amenazador? A mí nadie me asusta con carteles terroríficos". Muy bien. No hagas caso. Sigue a 120 por hora, y cuando llegues al río, ¡al agua!


4- El auditorio más insólito: hombres desnudos

»El auditorio más insólito que he tenido en mi vida fue éste: hablar a hombres desnudos.

» El hecho fue así: estaba yo dando una semana de conferencias en una mina de Asturias. Hablaba al aire libre. Un día estaba lloviendo. El jefe de Personal me dice que no tienen local cubierto para dar la conferencia, a no ser que quiera hablar en las duchas. Le contesté que no tenía inconveniente.

» Las duchas eran un local grande, con muchas alcachofas donde todos se duchaban comunitariamente.

De la mina salían negros. En un rincón me pusieron una tarima, me subí en ella y les hablé mientras se duchaban. Todos callados. No se oía más ruido que el agua que caía de las alcachofas. Se notaba que estaban escuchando.

»No cabe duda que un auditorio así es algo insólito. Pero yo me acordé de lo de San Pablo: hay que predicar a todas horas y en todas las circunstancias.»


5 - Masones yanquis: "Cura peligroso: hay que cepillarlo"

»Estaba yo dando conferencias en Nueva York. Un día me invitan a hablar por televisión. En Estados Unidos tienen una costumbre muy práctica. Aquí en España, cuando hablas por televisión, ponen debajo tu nombre.

En Estados Unidos ponen tu nombre y tu teléfono. De este modo todo el que esté interesado en lo que dices, puede llamarte.

»Después de mi intervención televisiva me llovieron las invitaciones para tener conferencias por distintos sitios. Una de ellas fue una voz femenina, muy dulce. Yo pensé que sería una monja: —Padre, ¡qué lindo! ¿No podría Vd. venir a hablarnos a nosotros?

»Yo pensé que sería un colegio de monjas. Fijamos el día y la hora en que vendrían a recogerme. Llegó el momento y vino un matrimonio en un gran coche. Yo pensé que eran padres de familia del colegio. Vamos por el camino hablando de cosas intrascendentes, sin hacer alusión a dónde nos dirigíamos. Cuando paró el coche me quedé de piedra.

»En la puerta había un gran letrero que ponía: Logia Masónica del Valle de Nueva York.

»Lo primero que pensé: "Me han secuestrado. Me han visto en televisión y han dicho: ´Cura peligroso. Hay que cepillarlo´”. En mi casa nadie sabía dónde había ido. Solamente que había salido para una conferencia. Yo desaparezco y ya me pueden buscar por todo Nueva York, que no me encuentran. Con la rapidez del pensamiento en esos momentos, lo primero que se me ocurrió es salir corriendo. Pero no lo veía bien. Me quedé y me dije: "Sea lo que Dios quiera".

»Pues no pasó nada. Un gran salón lleno de señores muy correctos que al final me hicieron muchas preguntas. Pero ninguna hostil ni con mala idea. Y es que los masones americanos no tienen la agresividad anticatólica, que hemos conocido en España durante la república.»


6- Para salvarte en hebreo

»La traducción al hebreo la ha hecho un judío, converti- do al catolicismo en Palma de Mallorca, a quien mi libro le ayudó mucho a su conversión, y que lo utiliza en Israel para ayudar a los judíos que quieren convertirse.


7 - En la Guerra Civil con 14 años

» En el verano de 1936, durante nuestra guerra civil, asesinan a mi padre en Madrid. Tenía 46 años. Mi madre quedó viuda a los 36 años con ocho niños y arruinada: nos quitaron todo. Aunque yo sólo tenía 14 años, como era muy alto, varias veces estuve a punto de que me enviaran al frente para defender Madrid. Incluso, en una ocasión, de que me fusilaran.

»Un día se presenta en mi casa un señor, que no conocía- mos de nada, y le dice a mi madre:

—Su hijo Jorge corre peligro en Madrid. Si Vd. quiere yo lo paso a la zona nacional.

»Mi madre estuvo dudando de dejarme ir solo con 14 años, pero ante el peligro mayor que tenía en Madrid, me dejó marchar. Me fui a Valencia, allí me embarqué en un barco mercante francés a Marsella, y en tren a Hendaya. De allí pasé a Irún, y en tren, por Mérida y Sevilla llegué a Málaga a casa de unos primos.»


8 -Una vocación razonada

»Las razones en que fundamenté mi vocación son éstas:

La felicidad del hombre está en servir al prójimo.
Si yo me pongo al frente de la fábrica de mi padre podré dar trabajo a varios centenares de familias.
Pero si me hago jesuita ayudaré a salvar almas, lo cual es muchísimo mejor.
Lo más grande que puedo hacer en la vida es colaborar con Cristo a la salvación de las almas. [...]

»En los años sucesivos de mi marcha al noviciado, se fueron marchando religiosas cinco de mis hermanas, y el último mi hermano Jaime, que también es jesuita.

Somos siete hermanos religiosos. Sólo se casó la más pequeña, Carmina, que se quedó con mi madre.

(fuente: www.religionenlibertad.com)

Dejarse guiar por Dios

La fe, puerta de la oración, es un don de Dios, dijimos en la reflexión anterior, pero al mismo tiempo la oración y la maduración en la relación con el Señor requieren también el esfuerzo del hombre. Orar es un acto nuestro. La Iglesia no aceptó un movimiento espiritual llamado "quietismo" de Miguel de Molinos que pedía al orante una actitud de sola pasividad de frente a Dios. Ciertamente Dios "primerea" como ama decir el Papa Francisco, pero esto no quiere decir que el hombre no pueda y deba colaborar con Él. Orar es una acción divina en el alma pero es también un acto nuestro. El hombre debe cooperar con todo su ser, su inteligencia, su voluntad, su corazón, sus fuerzas emotivas y pasionales.

La relación del hombre con Dios se basa ante todo en un acto de confianza en Él. El hombre confía en Dios, se fía de Dios. Es por ello muy importante que la oración se desarrolle en un clima de confianza. Allí donde hay miedo, desconfianza, recelo, turbación, inquietud no puede reinar verdaderamente el Señor. El orante se fía de Dios, de su palabra, de su revelación. El salmo 131 nos indica cuál es la actitud correcta para la oración cuando nos describe a un niño en brazos de su madre: "mantengo mi alma en paz y silencio como un niño de pecho en el regazo de su madre" (v. 2). El clima de la oración es por lo tanto la confianza total que, en medio de las vicisitudes de la vida, va viviéndose con espontaneidad y va aumentando aunque el Señor pueda permitir pruebas y en ocasiones parecer que Él está ausente.

No por nada en algunas de las revelaciones privadas de los últimos siglos como en las del Sagrado Corazón a Santa María María de Alacoque y de Jesús Misericordioso a Sor Fautisna Kowalska destaca la confianza como una de las virtudes más apreciadas por el Corazón de Cristo: "Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío", o "Jesús, en ti confío". Tales actitudes, lejos de ser infantiles en la vida espiritual, revelan un progreso del cristiano en su relación con Dios, proprio de quien ha comprendido que "todo lo puede en Aquel que le da la fuerza" (Cf. Fil 4, 13). Esta confianza es la puerta de entrada en la comunión con el Señor. Nos conduce a ella como vía maestra. La perfección espiritual, lograda a base de sucesivas purificaciones del alma conducirá a un mayor desprendimiento del alma de sí y de sus fuerzas para dejarse guiar y conducir de modo confiado en las manos de su Creador y Padre.

(fuente: www.la-oracion.com)

jueves, 26 de diciembre de 2013

El papa Francisco celebró en el Vaticano su primera Misa del Gallo

La ceremonia en la basílica de San Pedro y fue transmitida en directo por 65 canales de televisión del mundo.

Ciudad del Vaticano, 24 de diciembre de 2013 (Zenit.org) El santo padre ha presidido en la noche del 24 de diciembre en la basílica de San Pedro la que ha sido la primera Misa del Gallo de su pontificado y que al menos 65 televisiones han seguido en directo. La celebración en el Vaticano ha comenzado a las 21.30 y fue abierta por el canto de la Calenda. Este canto de anuncio festivo de la Navidad, es un rito heredado de la antigua liturgia romana. Se hace al comienzo de la Misa del Gallo o de la del día de Navidad y sirve para anunciar el nacimiento de Niño Jesús. Fue muy popular sobre todo en la Edad Media, donde se interpretaba con música gregoriana.

Al finalizar la Calenda, ha iniciado la procesión de ingreso. En el canto del Gloria, han sonado las campanas de la basílica acompañadas del órgano.

En ese momento el papa Francisco ha bajado a las puertas de la Confesión para colocar la imagen del Niño en el pesebre situado en el tradicional trono.

Al finalizar la celebración eucarística el pontíficeha tomado en sus manos la imagen del Niño Jesús y la ha llevadoen procesión hasta el Belén de la basílica, una escena nueva en la Noche de Navidad en el Vaticano. Mientras, el santo padre ha ido acompañado de 10 niños en representación de los cinco continentes que han depositado una ofrenda floral delante del Niño.

La solemne misa en latín concluyó con el canto del 'Adesdes Fideles', entonado por el Coro Pontificio de la Capilla Sixtina, que cantó durante la celebración, con la participación de algunas intervenciones de instrumentos de viento.

Durante la oración de los fieles, se ha rezado en particular por los perseguidos a causa de la fe para que puedan recibir “fuerza de la Encarnación del Verbo de Dios que dona salvación de los enemigos”.

Mañana, día de Navidad, a las 12.00, el santo padre se asomará a la Loggia central de la basílica para el tradicional mensaje navideño a los fieles presentes en la plaza y a los que lo escuchen a través de la radio y la televisión, impartiendo al final la Bendición Apostólica “Urbi et Orbi”.


Francisco: Jesús ha venido a nuestra historia y compartido nuestro camino 
Homilía del santo padre en la solemne Misa del Gallo en el Vaticano. Texto completo

1. «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1).

Esta profecía de Isaías no deja de conmovernos, especialmente cuando la escuchamos en la Liturgia de la Noche de Navidad. No se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces. Y en esta noche, cuando el espíritu de las tinieblas cubre el mundo, se renueva el acontecimiento que siempre nos asombra y sorprende: el pueblo en camino ve una gran luz. Una luz que nos invita a reflexionar en este misterio: misterio de caminar y de ver.

Caminar. Este verbo nos hace pensar en el curso de la historia, en el largo camino de la historia de la salvación, comenzando por Abrahán, nuestro padre en la fe, a quien el Señor llamó un día a salir de su pueblo para ir a la tierra que Él le indicaría. Desde entonces, nuestra identidad como creyentes es la de peregrinos hacia la tierra prometida. El Señor acompaña siempre esta historia. Él permanece siempre fiel a su alianza y a sus promesas. «Dios es luz sin tiniebla alguna» (1 Jn 1,5). Por parte del pueblo, en cambio, se alternan momentos de luz y de tiniebla, de fidelidad y de infidelidad, de obediencia y de rebelión, momentos de pueblo peregrino y de pueblo errante.

También en nuestra historia personal se alternan momentos luminosos y oscuros, luces y sombras. Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz, pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano –escribe el apóstol San Juan– está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2,11).

2. Pueblo en camino pero pueblo peregrino que no quiere ser pueblo errante. En esta noche, como un haz de luz clarísima, resuena el anuncio del Apóstol: «Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11).

La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes, es el sentido de la vida y de la historia que ha puesto su 'toldo' entre nosotros.

3. Los pastores fueron los primeros que vieron este 'toldo', que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús. Fueron los primeros porque eran de los últimos, de los marginados. Y fueron los primeros porque estaban en vela aquella noche, guardando su rebaño. El peregrino hacía la vigilia, y ellos la hacían. Con ellos nos quedamos ante el Niño, nos quedamos en silencio. Con ellos damos gracias al Señor por habernos dado a Jesús, y con ellos, desde dentro de nuestro corazón, alabamos su fidelidad: Te bendecimos, Señor, Dios Altísimo, que te has despojado de tu rango por nosotros. Tú eres inmenso, y te has hecho pequeño; eres rico, y te has hecho pobre; eres omnipotente, y te has hecho débil.

Que en esta Noche compartamos la alegría del Evangelio: Dios nos ama, nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo como nuestro hermano, como luz para nuestras tinieblas. El Señor nos dice una vez más: “No teman” (Lc 2,10). Como han dicho los ángeles a los pastores, 'no teman'. Y también yo les repito: No teman. Nuestro Padre tiene paciencia con nosotros, nos ama, nos da a Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas. Él es la misericordia. Nuestro Padre perdona siempre. Él es nuestra paz. Amén.

(24 de diciembre de 2013) © Innovative Media Inc.

La Navidad ¿aniversario o sacramento?

Celebrar la Navidad, ¿recuerdo folklórico?

Para responder a lo que pudiera ser un obstáculo para nuestra adhesión a esta celebración, hoy que estamos deseosos de autenticidad, tenemos que ceder a la necesidad de recordar brevemente la historia de la fiesta de Navidad: su institución puede ayudarnos a descubrir su teología y su realismo.

Es sabido que el 25 de diciembre se celebraba la fiesta pagana del "Natalis solis invicti", fiesta del sol que renace invencido. El Cronógrafo romano de 354 señala en uno de sus calendarios el 25 de diciembre como celebración de esta fiesta.

¿Habrá querido la Iglesia jugarle una pasada a esta solemnidad del culto solar, culto que en el curso del siglo III, elimina las religiones de misterios, muy en boga hasta entonces en Roma, como por ejemplo el culto de Dionisos?

Es un hecho que el culto del sol había ocupado un puesto importante en la vida de entonces. San León y san Agustín muestran su preocupación a propósito de tales prácticas, contempladas a veces con gran simpatía por algunos cristianos. Así, un tratado, "De solstitiis et aequinoctiis", de finales del siglo III, presenta a Cristo como el único Sol siempre victorioso, y su nacimiento el único verdadero nacimiento del único Cristo invicto. Se ha intentado explicar de diversas formas si existe una relación entre el "Natalis solis invicti" y la Navidad.

Se ha pensado que Navidad se había fechado el 25 de diciembre a base de conjeturas sobre la fecha del nacimiento de Cristo, según referencias de los sermones de los Padres del siglo IV. Pero parece que los argumentos en favor de un eventual ensayo de averiguación de una fecha tradicional para el nacimiento de Cristo no tienen valor. Más bien parecería que la fijación de la Navidad en el 25 de diciembre se debe al influjo preponderante del Natalis solis invicti. Entre los cristianos, Natalis tenía ya de tiempo atrás el sentido de aniversario, el "día de la muerte". A consecuencia del contacto con la lengua profana, el término "natalis" significó también entre los cristianos: "día de nacimiento". Esto demostraría la existencia de una influencia real entre ambas fiestas, pagana y cristiana.

Hay quienes ven en esta instauración de la Navidad una contra-fiesta. Se trataría de sofocar el apasionamiento por la celebración de la fiesta pagana instaurando una celebración de carácter netamente cristiano, festividad de oposición, sin contaminación alguna con la fiesta pagana.

Puede también admitirse que se quiso cristianizar la fiesta del solsticio de invierno, y esto apenas presentaría dificultades. La luz y las tinieblas son temas queridos de toda la tradición bíblica y cristiana. Nada más sencillo que aprovecharlas y revalorizarlas entre los fieles, acostumbrados a oírlas leer y comentar. Por otra parte, esta época muestra un particular gusto en la fijación de los acontecimientos de la salvación en ciertas fechas del ciclo anual: los equinoccios tenían su importancia para tales determinaciones. Es, pues, posible que la Iglesia, sin rechazar las formas paganas de la fiesta del Natalis solis invicti, las recuperara cristianizándolas.

¿Se puede establecer en qué momento se haría esta transfusión del dogma cristiano en esas formas paganas?

Hay un calendario romano, el Cronógrafo del 354, que es a la vez calendario civil y religioso. El 25 de diciembre, en el calendario civil, se indica: N(atale) invicti. Después, en cabeza de la lista de los obispos de Roma, de los que da la fecha de su muerte, anota en el VIII de las Calendas de enero (25 de diciembre) el nacimiento de Cristo en Belén de Judá. Ahora bien, esa lista se habría compuesto en el 336. La celebración de la fiesta de Navidad en Roma se remonta, pues, a los alrededores de esta fecha.

El hecho de que el nacimiento de Cristo se celebre en medio de una lista de fechas destinadas a conmemorar el aniversario de un mártir, en un día fijo, invariable, subraya el aspecto histórico de Navidad. Navidad es un hecho: el día natalicio del Señor, su aparición en la carne es un dato concreto, preciso, delimitado en tal tiempo. Mientras Pascua es una festividad móvil, el Nacimiento del Señor se celebra en día fijo en el ciclo anual. Este hecho ocasionará algunas reflexiones que debemos tener en cuenta.


Navidad, ¿aniversario o sacramento?

San Agustín parece afectado por tal fijación de la fiesta de Navidad, hasta el punto de que en ella vea únicamente un aniversario, aunque se tratará para él de una memoria muy especial: "Porque este día, escribe, fue fijado por el Creador mismo para su venida. Hijo de su Padre, él dispone de la marcha de los días; hijo de su madre, al nacer, consagra un día particular, éste en que nos encontramos." (Homiliario Patrístico, París, 1949, Sermón 195, p. 63) No obstante, para él no es más que una memoria; nosotros estaríamos tentados de decir: indudablemente, no recuerdo folklórico, sino el recuerdo de un gran momento, de un gran giro de la historia del mundo y de nuestra historia, al que con gusto dedicaríamos un folklore...

Si san Agustín ve la Navidad como una simple memoria, es porque para él existen celebraciones que son sacramenta. Lo explica en dos cartas. Un laico, Ianuarius, le había planteado hacia el 400 una serie de cuestiones sobre la liturgia. La respuesta en dos cartas, una bastante breve y otra, que constituye una especie de pequeño tratado (Carta 55), nos entrega todo el espíritu de san Agustín y su teología de la liturgia. En su carta 54 explica que en la nueva sociedad que el Señor ha fundado, ha dejado "un pequeño número de sacramenta, fáciles de cumplir y de significado verdaderamente admirable" (Carta 54). En esta respuesta hallamos un empleo muy amplio del término sacramenta. Según san Agustín son un pequeño número y de una gran sencillez. Todos los signos portadores de salvación, por variados que sean, aun cuando sobrepasen lo que para nosotros será el septenario sacramental, son para Agustín sacramenta. El bautismo, la eucaristía, pero también la celebración de la Pascua, son para él sacramenta. Agustín no atribuye, pues, únicamente a los siete sacramentos la re-presencia de los misterios de la salvación. La celebración litúrgica, cualquiera que sea, con nuestro concurso, produce también una re-presencia del misterio celebrado. Tal será la enseñanza del Vaticano II en la Constitución sobre la Liturgia (Sacrosanctum Concilium, nº 7).

Pero, ¿toda celebración litúrgica puede tener la pretensión de esta eficacia? San Agustín se explica sobre este punto en su carta 55: "Existe sacramento en una celebración cuando la conmemoración de un hecho pasado se presenta a nuestra comprensión como el signo de una realidad que es preciso recibir santamente." (SAN AGUSTIN. Carta 55) Pascua es un "." porque no sólo hacemos memoria de lo que Cristo hizo por nosotros -su muerte y resurrección-, sino porque tal celebración nos presenta en signo la realidad sagrada de esa muerte y esa resurrección, y ese signo nos hace recibir realmente esta realidad sagrada, prenda de nuestro propio paso de la muerte a la vida. Celebración que reposa sobre un signo sagrado, pero que nos arrastra a través de ese signo y mediante él, a la realidad significada. Todo signo representativo de ese paso de la muerte a la vida, de nuestro propio paso, es un signo sagrado, y toda celebración que emplea este género de signo es un sacramento (Carta 55).

Por eso, san Agustín concluye que Navidad no puede ser sino una simple memoria, no un sacramento. Porque si la celebración de la Pascua comporta este carácter de sacramento es porque es signo de la muerte y de la resurrección, realidades de nuestra salvación expresadas mediante la solemnidad pascual, a través de la iniciación bautismal y de la liturgia eucarística. Pero la festividad de Navidad no puede aspirar a esa calidad de signo: es simple evocación, memoria, aniversario; en ella se recuerda únicamente el hecho del nacimiento (Carta 55).

(...) Quizá san Agustín creía en la realidad de la fecha de 25 de diciembre como día del nacimiento de Cristo y estuviera impresionado por ello hasta el punto de considerar tal fecha como un simple Natale, aun tratándose de un Natale particular, el del Señor. Pero, como hemos visto, es indefendible unir el 25 de diciembre con una realidad, y aun con una tradición, sin consistencia, acerca de la fecha del nacimiento de Jesús.

Por otro lado, el 25 de diciembre, fecha del solsticio de invierno, establece una relación entre el simbolismo bíblico luz-tinieblas y Cristo, sol victorioso e invencible que disipa las tinieblas. Agustín conocía bien esta fiesta pagana del Natale solis invicti, ya que habla de ella en uno de sus sermones (AGUSTÍN DE HIPONA, Sermón 190, In Natale Domini VIII,1; PL 38, 1007): "Hay que celebrar, dice, este 25 de diciembre como un día de fiesta, no por ese sol que vemos nosotros lo mismo que los infieles, sino por causa de quien creó el sol". Puede extrañar que no se haya visto sorprendido por la relación entre este fenómeno solar y su simbolismo, mientras que en su carta a Ianuarius se extiende largamente en la unión de la fecha de Pascua con el ciclo lunar. Concentrado sobre el solo misterio de nuestro paso con Cristo de la muerte a la vida, no se ha mostrado sensible a los elementos del mismo misterio que también Navidad contenía; de haberlo sido, san Agustín hubiera hallado en la celebración de la Navidad los elementos que, según el mismo, constituyen un sacramentum.


Navidad, sacramento de salvación

Es lo que hará san León el Grande. Escuchamos en sus sermones lo que san Agustín no se hubiera inclinado a decir: "sacramentum Natalis Christi", el sacramento del día de la natividad de Cristo, o también: "Nativitatis dominicae sacramentum", el sacramento de la Natividad del Señor. Escribe: "... aprendemos a considerar la Natividad del Señor, este misterio del Verbo hecho carne, menos como el recuerdo de un acontecimiento pasado, que como un hecho que ocurre ante nuestros ojos" (LEÓN EL GRANDE, Sermón 9 sobre la Navidad, SC 22, 119; CCL 138, 147). No se trata aquí de un vuelo literario; efectivamente, en el Sermón 8º sobre la Natividad, san León precisa todavía más su pensamiento: "... si recurrimos a esta indecible condescendencia de la misericordia divina que inclinó al Creador de los hombres a hacerse hombre, ella nos elevará a la naturaleza de Aquél a quien adoramos en la nuestra" (ID., Sermón 8 sobre la Navidad, SC 22, 149; CCL 138, 139).

Cristo actúa en esta fiesta de Navidad: "La misericordia divina... nos elevará a la naturaleza de Aquél a quien adoramos en la nuestra". Hay en esta celebración una actividad de la gracia de esa re-presencia. Es lo que permitía decir a san León inmediatamente antes: "hoy el misterio de la Natividad del Señor brilla ante nuestros ojos con resplandor más vivo".

Precisamente como un misterio es como entiende la celebración de Navidad la liturgia de la Iglesia de hoy día, y eso es lo que ha justificado la celebración del Adviento no sólo como espera de la vuelta de Cristo en el último día, sino también igualmente como espera de su primera venida en el momento de su Encarnación. Tendremos ocasión de volver a encontrar esta teología actual cuando recorramos más tarde el eucologio del tiempo de Navidad.

Pero, puesto que Navidad, lo mismo que Pascua, hace presente el misterio de nuestro paso de la muerte a la vida con Cristo, ¿se trata de dos fiestas idénticas y Navidad no es más que una repetición inútil? San León habla de Navidad de la misma manera que hubiera podido hacerlo de la Pascua: "...el día elegido para el misterio (sacramentum) de la restauración del genero humano en la gracia".

Aunque san León no exagera nada al hablar así y aunque Navidad es un sacramento de salvación, no es sin embargo estrictamente la celebración de la Pascua. Aun no habiendo más que un sacramento de salvación, es celebrado en sus diferentes aspectos. Navidad hace presente el punto de partida de nuestra salvación; está ordenada a nuestro rescate y ya le contiene.

Aunque hay que confesar que los "nacimientos" y un cierto folklore han sido magníficos y no pueden repudiarse, también es preciso reconocer que estas actividades, sobre todo en un momento de decadencia de la liturgia y de desconocimiento de la Escritura, ha hecho de la Navidad para muchos cristianos una fiesta de ternura, cuyo centro es la misa de media-noche, fiesta no obstante sin día siguiente para ellos. El error está en haber centrado excesivamente la celebración en el nacimiento en Belén, y en haber hecho de una historia conmovedora el objeto mismo de la fiesta. Es extraño que en la propia Roma, donde la fiesta se creó con la evidente teología pascual de la triunfante victoria del sol, se haya afianzado, todavía ahora, un folklore en el que desaparece casi por completo el significado profundo de la celebración. Bastaría que a esos "nacimientos", a veces muy bellos artísticamente, se les uniera la representación del sol de victoria, para que reapareciese con claridad todo el significado de la fiesta.

"El Nacimiento en Belén es más la ocasión que el objeto mismo de la fiesta. Su objeto es ya el misterio total de la Redención, es decir, el misterio pascual anunciado".


¿La Encarnación, hoy, por mi?

A través del signo litúrgico, la Encarnación del Verbo eterno está, pues, presente hoy para mí... Pero, ¿qué sentido puede tener esto para mí, para qué puede valer? ¿No forma parte Navidad de uno de esos excesos fatigosos de una teología que quiere probar demasiado y que no se cansa de hacernos sentir que dependemos totalmente de Dios? ¿No era suficiente celebrar la Pascua como presente, sino que además hay que añadirle como presente los comienzos de este misterio de nuestra liberación? No se trata de negar la Encarnación, pero ¿no es verdad que para nosotros no es más que un trampolín?, ¿por qué detenerse en él? ¿Qué dinamismo peculiar podría imprimir esta fiesta en el hombre de hoy día? De hecho, ¿no es Navidad una especie de celebración soportada, como tantas otras celebraciones y conmemoraciones de la vida civil? ¿Qué podemos sacar de ahí? Y aun sobrepasando ese punto de vista utilitarista, ¿con qué conecta Navidad en el mundo de hoy, un tanto brusco para con las ternezas religiosas?

No creo que estas preguntas sean inútiles; afectan demasiado de cerca al fundamento de nuestro cristianismo. Es verdad que uno puede santificarse sin saber por qué la Iglesia ha pensado que estaba bien no solo actualizar el misterio de la Pascua, sino también su comienzo. No obstante, no podemos rehuir el clarificar la importancia de la actualización para nosotros de la Encarnación.

Tendremos ocasión de constatar cómo ha querido la liturgia concretar para nuestra vida actual las gracias presentes de la Encarnación; pero no es inútil, antes incluso de constatar lo que de ello piense la Iglesia, ver en una cierta visión a priori lo que su actualización puede aportarnos.

El Dios-hombre es para el mundo de ayer y de hoy motivo de asombro y de fundamentales modificaciones en el curso de la historia. En efecto, si consideramos el choque recibido por el mundo, no es el misterio pascual de Cristo lo más espectacular para la tierra, sino más bien el nacimiento del Verbo según la carne. Aunque el mito de una divinidad humana forma parte de los sueños de la humanidad, jamás la realidad de la unión de dos naturalezas completas en una sola Persona divina fue estudiada con el estupor que podemos constatar en todos los que se han puesto a escrutar el misterio de la persona de Cristo.

Pero esto no nos dice por qué esta unidad de las dos naturalezas completas de Cristo en la Encarnación es de capital importancia para nosotros. Hay que recordar, sin duda, que la redención no habría tenido resultado y además habría sido imposible si Cristo no hubiera sido totalmente hombre y, como tal, jefe de toda la raza humana y contra-posición de Adán, y si no hubiera sido al mismo tiempo totalmente Dios. En este caso, a su gesto de ofrenda le habría faltado la perfección del amor.

Lo que hoy día nos afectará más es caer en la cuenta de que la Encarnación de Cristo es el elemento necesario para la comprensión de todos los sacramentos, pero sobre todo de la celebración de la Cena, actualmente de la Misa.

En efecto, ¿cómo soñar un contacto real con Dios sin esta Encarnación? Si en adelante podemos conocer a Dios tocándolo, es en virtud precisamente de la Encarnación del Verbo.

Nosotros entramos en relación con este Cristo encarnado, cuyo cuerpo glorioso después de su resurrección está ahora realmente presente en la celebración eucarística, no limitado al tiempo y al espacio. La presencia eucarística, tan esencial en la vida de la Iglesia, no puede entenderse sin esta presencia del cuerpo glorioso de Cristo resucitado. Por lo tanto, es al nivel mismo de nuestra humanidad -que tenemos el honor de ver así divinizada- donde se sitúa la Encarnación y por eso no puede dejar de interesarnos.

Celebrar la unión íntima de las dos naturalezas de Cristo el día de su nacimiento según la carne, no es algo indiferente para nosotros; supone no sólo una toma de conciencia cada vez mayor de la altura a que ha sido elevada la naturaleza humana, sino también entrar más profundamente en el misterio de nuestra inserción en una nueva vida para nosotros, mediante nuestro segundo nacimiento en el agua y el Espíritu. En efecto, a este nacimiento del Verbo en la carne, con las cualidades de profeta, mesías, rey, sacerdote, corresponde nuestro segundo nacimiento en el agua y el Espíritu, nuestra adopción divina, y en ella recibimos nosotros nuestra cualidad de profeta, rey y sacerdote, participando del único sacerdocio de Cristo según el grado en que nos sitúa en él nuestro bautismo.

El hecho de la Encarnación del Verbo trastorna, pues, mis actitudes presentes. No tengo ya la misma humanidad que antes. Lejos de quedar disminuida, ha adquirido una dignidad que únicamente la fe puede apreciar pero cuya realidad es singularmente grandiosa. Si la humanidad recibe así en sí misma, de la Encarnación, esta dimensión divina, la recibe igualmente en todas sus actividades y concretamente en sus actividades cultuales.

Efectivamente, a partir de la Encarnación del Verbo, podemos gloriarnos de realizar un culto como ninguna otra religión ha podido nunca realizar, porque para el catolicismo es Cristo mismo quien celebra la liturgia y nos arrastra en la ofrenda de sí mismo a su Padre. Si todo esto no fueran más que consideraciones piadosas para quienes las lean, deberían pensar que a su fe le faltan elementos esenciales y que su cristianismo está singularmente empobrecido.

escrito por Adrien Nocent
(fuente: www.mercaba.org)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?

Antecedentes históricos sobre por qué celebramos la Navidad este día de invierno en el hemismerio norte y verano en el hemisferio sur.

Los Evangelios

Los Evangelios no proporcionan ayuda alguna acerca de la fecha del nacimiento de Cristo; según sus datos, nos encontramos con argumentos contradictorios. Parece imposible que el censo se haya realizado en invierno: toda una población no podría haberse puesto en camino. Por otra parte, sí pudo haberse realizado en invierno; pues sólo durante esta época del año el trabajo en el campo era suspendido. Pero, Roma no era tan considerada. Además, las autoridades difieren acerca de si los pastores solían cuidar sus rebaños y dejarlos pastear durante las noches de la estación de las lluvias.

El servicio en el templo de Zacarías

Los argumentos que se basan en el ministerio en el templo de Zacarías, no son de fiar, aunque, los cálculos sobre su antigüedad (ver más arriba) han sido reavivados de una manera más complicada, por ejemplo por Friedlieb (Leben J. Christi des Erlösers, Münster, 1887, pág. 312). Se dice que, las veinticuatro clases de sacerdotes judíos servían en el Templo, cada una, durante una semana; Zacarías pertenecía a la octava clase, los Abia. El Templo fue destruido en el año 9 Ab, 70 d. C.; la tradición rabínica tardía dice que la primera clase, los Jojarib, estaban sirviendo entonces. De estos datos poco fiables, asumiendo que Cristo nació el año 79 A.U.C., y que en ningún momento, de esos setenta turbulentos años, la sucesión semanal falló, se calcula que la octava clase sirvió durante la semana del 2 al 9 de octubre del año 748 A.U.C., por lo que se deduce que la concepción de Cristo fue en marzo, y su nacimiento en diciembre. Kellner (op. cit., pp. 106, 107) declara que es muy poco serio calcular la semana que Zacarías estuvo sirviendo en el Templo partiendo de cualquier referencia anterior o posterior.

Analogía con las fiestas del Antiguo Testamento

Parece imposible poder relacionar la analogía que existe entre la Pascua y Pentecostés judías, con la Pascua y Pentecostés cristianas, con la Navidad y la fiesta de los Tabernáculos, como lo hizo, por ejemplo, Lightfoot (Horæ Hebr, et Talm., II, 32), argumentando desde las profecías del Antiguo Testamento, por ejemplo la de Zacarías 14, 16 ss,; combinando, además, la muerte de Cristo ocurrida en Nisan, con la profecía de Daniel de un ministerio de tres años y medio de duración (9, 27), declara que el nacimiento se realizó en Tisri, —septiembre. Esto es tan poco feliz como relacionar el 25 de diciembre con la fiesta Oriental (Diciembre) de la Dedicación (Jos. Ant. Jud., XII, VII, 6).

Natalis Invicti

La conocida fiesta solar del Natalis Invicti, celebrada el 25 de diciembre, ejerció una fuerte influencia sobre nuestra fecha Navideña. Para conocer la historia del culto solar, su importancia en el Imperio romano, y su sincretismo con el Mitraísmo, véase la obra de Cumont "Textes et Monuments" etc., I, ii, 4, 6, pág. 355. Mommsen (Corpus Inscriptionum Latinarum, 1², pág., 338), en la que ha recogido datos sobre esta fiesta, la cual llegó a su punto máximo de popularidad bajo Aureliano, el 274. Filippo del Torre, en 1700, advirtió su importancia; habría que subrayar que, como ya se ha dicho, sin la adición en el Calendario de Filocalo. Nos sería imposible aquí, el poder perfilar la historia e idioma del simbolismo solar aplicado a Dios, el Mesías y a Cristo, tanto en los canónicos judíos o cristianos, en la patrística, o obras de devoción. Los himnos y oficios de Navidad abundan en esto; Cumont ha delineado bien los textos (op. cit., addit. Nota C, pág. 355).

El primer texto conocido que une o relaciona el nacimiento de Cristo y el del sol, lo tenemos en Cipriano, "De pasch. Comp"., xix, "O quam præclare providentia ut illo die quo natus est Sol… nasceretur Christus". — "¡Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol… Cristo debía nacer". —En el siglo cuarto, Crisóstomo, en su obra "del Solst. Et Æquin". (II, pág., 118, ed. 1588), dice: "Sed et dominus noster nascitur mense decembris… VIII KAL. Ian… Sed et Invicti Natalem appelant. Quis utique tam invictus nisi dominus noster?… Vel quod dicant Solis esse natalem, ipse est Sol iustitiæ". — "No obstante, Nuestro Señor, también nace en el mes de diciembre… en la octava antes de las calendas de enero [25 diciembre]…, Pero ellos lo llaman el "Nacimiento del Invencible". ¿Quién hay que sea tan invencible como Nuestro Señor…? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento del Sol, Él es el Sol de Justicia". Ya Tertuliano (Apol., 16; cf. Ad. Nat., I, 13; Orig. c. Cels., VIII, 67, etc.) tuvo que afirmar que el Sol no era el Dios de los cristianos; Agustín (Tract. XXXIV, in Joan. En P. L., XXXV, 1652) denuncia la identificación herética entre Cristo y el Sol. El Papa León I (Serm. XXXVII in nat. dom., VII, 4; XXII, II, 6 en P. L., LIV, 218 y 198) reprocha duramente los remanentes del culto solar —los cristianos, en la misma puerta de la basílica de los Apóstoles, se voltean para adorar al naciente sol. El culto al sol ha legado rasgos en el culto popular moderno en Armenia, en donde los cristianos dieron en la antigüedad, de manera temporal y externa, culto al sol material (Cumont, op. cit., pág. 356).

Debemos considerar aquí, que incluso al "bautizar" de manera deliberada y legítima una fiesta pagana, no tuvo otro significado que el de la necesidad de transferir la supuesta fecha. El "nacimiento en la montaña" de Mitra y el de Cristo en una "gruta" no tienen nada en común: la adoración de Mitra por los pastores (Cumont, op. cit., I, II, 4, pág., 304 ss.) fue tomada prestada de las fuentes cristianas, y no viceversa.

Otras teorías de origen pagano

El origen de la Navidad no debe buscarse en los Saturnales (1-23 de diciembre), ni tampoco en el santo nacimiento a media noche de Eleusis (véase J.E. Harrison, Prolegom., pág. 549) con su probable conexión a través de Frigia, con los herejes nasenos, o con la ceremonia alejandrina citada anteriormente; ni tampoco con los ritos análogos al culto del solsticio de invierno en Delphi, cuna de Dionisio, con su revocación desde el mar a un nuevo nacimiento (Harrison, op. cit., 402 ss.).

La teoría astronómica

Duchesne (Les origines du culte chrétien, París, 1902, 262 ss.) nos presenta la teoría "astronómica", en la que, tomando el día 25 de marzo como el de la muerte de Cristo [históricamente imposible, pero tan antigua como Tertuliano (Adv. Jud., 8)], el instinto popular, el cual quiere conocer con exactitud el número de años de una vida Divina, pone Su concepción en esa misma fecha, siendo Su nacimiento el 25 de diciembre. Esta teoría se apoya en el hecho que algunos montanistas (Sozomeno, Hist. Eccl., VII, 18) celebraban la Pascua el 6 de abril; así, tanto el 25 de diciembre y el 6 de enero son simultáneamente explicados. Es más, el cálculo sigue en su totalidad los argumentos basados en el número y en la "conveniencia" de la astronomía, en aquella época muy popular. Desgraciadamente, no existe evidencia contemporánea alguna sobre la celebración en el siglo cuarto de la Concepción de Cristo, en el día 25 de marzo.

Conclusión

El presente escritor se inclina a pensar que, estando el origen de esta fiesta en Oriente o Occidente, y a pesar de la abundancia de fiestas análogas celebrando el solsticio de invierno, éstas pueden haber ayudado, aunque de manera imprecisa, en la elección de la fecha de diciembre, de la misma manera que cuando se fijó la fecha del Natalis Invicti en el solsticio de invierno, aparte de la adaptación deliberada o de curiosos cálculos, para fijar en ese mismo día la fiesta cristiana.

(fuente: www.encuentra.com)

"hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor"

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
(Lc 2, 1-14)
Gloria a ti, Señor.

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban ahí, le llego a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada. En aquella región habían unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor: El ángel les dijo: "No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre". De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.


INVOCA

- El Señor quiere llegar hasta ti en este tiempo de oración. Te va a regalar su Palabra, es decir, su mismo Hijo, nacido en entrega total para hacernos felices.
- Jesús, que nace en Belén en carne humana, es el mismo que viene como Palabra que da la vida. Tus palabras dan vida eterna (Jn 6, 68). Le diré como Pedro a Jesús.
- Deja a un lado tus planes y preocupaciones. Porque el Señor te dirige su mensaje.
- Invoca al Espíritu, con el canto repetido: Veni, Sancte Spiritus.


Contexto litúrgico

La solemnidad de Navidad ofrece tres textos litúrgicos para la celebración de las Misas de la víspera, de la aurora y del día. Escogemos el Evangelio del relato del nacimiento de Jesús, que nos trasmite san Lucas.

Texto

1. Dio a luz a su Hijo primogénito (v. 7)

- Lucas compone un relato histórico y teológico sobre el nacimiento de Jesús. Los datos históricos aparecen en los primeros versículos (1-5): el emperador Augusto, el gobernador Quirino, José y María. Y en estas indicaciones elementales, el evangelista va describiendo los aspectos teológicos del niño que nace como ser humano en la pobreza.
- En este Niño, desprotegido y débil, está presente, nace como descendiente del rey David. Según los profetas el Mesías nacería de la familia de David en Belén (Mal 5, 1).
- Este Niño es el Salvador, Mesías y Señor (v. 11). Lucas enfoca el nacimiento de Jesús desde la perspectiva de la fe de Pascua. Los signos pascuales son: la gloria del Señor (v. 14), la alegría (v. 10) y la universalidad de la salvación: para todo el pueblo (v. 10).
- Jesús viene a traer la salvación y la liberación, desde su aceptación de la precariedad y pobreza que esclavizan a muchos humanos. A todos quiere ayudar con la oferta de su redención.

2. Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres… (v. 14)

- El cántico de los ángeles dan el tono al acontecimiento salvador. La “gloria de Dios” que ama y quiere salvar a todos, es la finalidad primera del nacimiento de Jesús.
- La gloria de Dios se va realizando en la historia humana. Dios ha querido acercarse todo lo posible al hombre. Que no es un ser olvidado de Dios. Es el ser preferido del amor de Dios, que nos envía a su Hijo en figura y presencia humanas, en la pobreza y en el olvido de muchos.
- Ese Niño es Dios y se hace pequeño, sencillo y cercano. Para que superemos todo miedo a la grandeza de la divinidad y nos acerquemos a Él con toda confianza. La gloria de Dios queda manifestada en la pobreza y sencillez, signos de la condición humana.
- La “paz”. Es el mensaje de los ángeles que pregonan el gran regalo que nos trae el recién nacido. La paz es la síntesis de todos los bienes que el Señor nos obsequia. La paz es también la plenitud de la vida que el Resucitado imparte a los discípulos (Jn 20, 19 y 21).
- La paz es la consecuencia del amor de Dios. Paz a los hombres que ama el Señor (v 14). Jesús viene a mostrarnos el rostro amable y misericordioso del Padre. Lucas es quien más resalta el aspecto misericordioso del Señor.

3. Vamos a Belén (v. 15)

Los pastores se animan unos a otros: Vamos a Belén a ver eso que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado. Ante una noticia tan sorprendente los pastores se ponen inmediatamente en camino para ver lo que los ángeles habían anunciado. Varios gestos de los pastores quedan reseñados en el texto:

- Vamos a Belén (v. 15): se motivan para ir al encuentro del Mesías;
- Fueron de prisa (v. 16), con ganas de llegar al lugar;
- Encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre (v. 16);
Regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído (v. 20).

Comunicaron lo que había visto y oído acerca del Niño.

Son los primeros testigos ante el pueblo de la presencia de Dios entre los hombres. Los pastores escuchan, se mueven, experimentan, se alegran, alaban y anuncian.

Es cierto: los pobres son los que captan el mensaje del Evangelio porque sus corazones están más abiertos que los que viven satisfechos con sus bienes.

3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

- Tratemos de profundizar en el misterio. Mejor. Que el misterio de un Dios tan pequeño u necesitado entre en lo más íntimo de nuestro ser.
- Éste es el mayor milagro que Dios ha realizado: un Niño se nos ha dado, un Niño débil, pobre, sencillo, necesitado y cercano encierra todo la grandeza de Yahvé.
- Ya no podemos tener miedo ni recelo a este Dios que busca ansiosamente nuestra amistad, nuestra respuesta de amor. ¿Qué más puede hacer Dios por llegar a tu corazón?
- Y Jesús quiere ser reconocido hoy en los débiles, necesitados y marginados. Gracias a su nacimiento, los humanos somos más hermanos y también participamos de Dios, porque el mismo Dios está participando de nuestra naturaleza humana.

4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Gracias, Padre, por enviarnos a tu mismo Hijo como tierno Infante (que no puede hablar), para que sea tu Palabra ante nosotros y nuestras palabras ante Ti. Tu Hijo, el Verbo preexistente desde siempre, por quien fueron hechas todas las cosas, ya se ha hecho semejante a nosotros, para que también nosotros seamos semejantes a Ti, Padre.

Recíbenos, Padre, por tu Hijo y Hermano nuestro. Junto con María y José, adoramos a tu Hijo, que ya es parte de nuestra historia y de nuestras esperanzas.

5. CONTEMPLA

A este Niño débil, que quiere entrar en tu vida del todo y para siempre. Hazle un sitio en tu corazón. Él ha dado este salto hasta nosotros, para acompañarnos en nuestro camino hacia la felicidad, hacia la vida que Él nos trae.

6. ACTÚA

Agradeceré al Padre, a Jesús, a María, por el don de nuestro Hermano.
Repetiré: la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14).
Recitamos el salmo 96(95). Repetimos todos: Canten al Señor un canto nuevo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente».

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque,

delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.

(fuente: catholic.net)

martes, 24 de diciembre de 2013

Navidad, tiempo de conversión

Esta navidad debe ser especial, y una excelente oportunidad para tu conversión…

Para los católicos, la navidad significa uno de los grandes tiempos del año litúrgico. Recordamos y celebramos uno de los profundos misterios de nuestra Fe: el que Dios se haya hecho hombre.

Se dice fácilmente, pero al profundizarlo ¡Caemos de espaldas! Dios mismo, presente en la tierra, naciendo del seno purísimo de María, se hace carne, una carne que amará, y que sufrirá todo lo que un humano puede amar y sufrir.

La natividad del Señor es una celebración al "si" de la Santísima Virgen, que sin reparos ha aceptado la Voluntad del Altísimo. Ahora, con la Navidad, ese sí da un fruto, un bebé, pequeñito, indefenso, vulnerable. El Rey de reyes nace en un humilde rincón. Casi podríamos llamarla "humildad suprema", de no ser porque el Señor quiso humillarse aún más, ser más vulnerable todavía, y quedarse por siempre entre nosotros escondido en un pedacito de pan. Hoy, cada día, en el Santísimo Sacramento está también presente aquel niño.

Para los católicos, esta debe ser una fecha de profunda y alegre reflexión. Hemos sido bautizados en nombre de ese niño pequeñito, y con ello hemos recibido el privilegio del perdón de la falta original. Porque Jesúcristo nació en Belén, hoy podemos salvarnos.

Ese hermoso niño, menudo y tierno como todos los bebés, algún día sorprendería a sus padres en el Templo hablando con los Doctores; convertiría el agua en vino; dominaría tempestades; convertiría a unos humildes pescadores en santos; multiplicaría unos cuantos panes y peces para alimentar a miles; proclamaría las bienaventuranzas; entraría triunfante en Jerusalén; sería traicionado por uno de los suyos, arrestado, flagelado y asesinado en una cruz; ese bebé un día conocería la muerte, pero triunfaría sobre ella. Ese pequeño niño sería quien removería la historia del mundo, liberando a los esclavos y humillando a los soberbios.

Y hoy, aquí, ahora, entre tecnología, computadoras, micro-chips, discos compactos y tecnologías de toda índole, Jesús sigue con nostros. ¡Y nosotros que seguimos viviendo sin pensar en él!

La navidad para los católicos es una invitación a recordar con el corazón en la mano que Dios nos ama tanto, que nos ha dado a su Hijo Unigénito. ¿Cómo le estamos correspondiendo?

Esta época del año, en la que convivimos en familia haciéndonos regalos, abrazándonos unos a otros es un momento de pausa para reflexionar seriamente sobre nuestras vidas, sobre el papel que tiene Dios en nuestra existencia diaria. Es un momento para pensar en el Sumo Pontífice y amarlo profundamente, porque es el Vicario de Cristo. También es un momento para dar gracias a María, madre nuestra por aquel "si" que cambio el curso de nuestra existencia. Es un momento para rezar por la Iglesia, por su unidad. La Navidad es ese momento que todos necesitamos de Esperanza y de Fe, que debe convertirse en caridad, en amor hacia Dios, hacia nuestros Padres, hacia nuestros hermanos, una caridad para el amigo y para el enemigo por igual. Y también un momento para la conversión.

El año está por terminar, y aún tenemos tiempo en esta Navidad de realizar una profunda conversión en nuestras vidas. La navidad, época de milagros, debe lograr nuestra conversión. Una conversión basada en conocer nuestra Fe, en comprenderla, en asumirla. Esta navidad puede ser diferente a cualquier otra. Solo basta con que tú y que yo reflexionemos profundamente en todos los misterios de nuestra Fe. Dios, que todo lo puede, sembrará en nuestra alma (quizá un poco marchita) con el soplo de su espíritu, una conversión para ser católicos verdaderos. Eso que quizá pueda parecer tan difícil, lo puede hacer quien fue alguna vez una solo un pequeño bebé. Pídele al Niño Jesús esta Navidad que te conceda la gracia de la conversión hacia una vida católica plena, congruente y comprometida. Y si todo esto no te ha inspirado un poco, esta noche busca alguna estrella, y quizá como a los pastores, alguna salte a la vista y te diga "ven, sígueme". Si esto ocurre, sin duda será la Luz de Jesucristo.

¡Feliz Navidad para tí y los tuyos!.

(fuente: www.encuentra.com)

lunes, 23 de diciembre de 2013

El nacimiento del Señor es el nacimiento de la Paz

Aunque aquella infancia, que la majestad del Hijo de Dios se dignó hacer suya, tuvo como continuación la plenitud de una edad adulta, y, después del triunfo de su pasión y resurrección, todas las acciones de su estado de humildad, que el Señor asumió por nosotros, pertenecen ya al pasado, la festividad de hoy renueva ante nosotros los sagrados comienzos de Jesús, nacido de la Virgen María; de modo que, mientras adoramos el nacimiento de nuestro Salvador, resulta que estamos celebrando nuestro propio comienzo.

Efectivamente, la generación de Cristo es el comienzo del pueblo cristiano, y el nacimiento de la cabeza lo es al mismo tiempo del cuerpo.

Aunque cada uno de los que llama el Señor a formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con todo, la totalidad de fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión.

Cualquier hombre que cree –en cualquier parte del mundo–, y se regenera en Cristo, una vez interrumpido el camino de su vieja condición original, pasa a ser un nuevo hombre al renacer; y ya no pertenece a la ascendencia de su padre carnal, sino a la simiente del Salvador, que se hizo precisamente Hijo del hombre, para que nosotros pudiésemos llegar a ser hijos de Dios.

Pues si él no hubiera descendido hasta nosotros revestido de esta humilde condición, nadie hubiera logrado llegar hasta él por sus propios méritos.

Por eso, la misma magnitud del beneficio otorgado exige de nosotros una veneración proporcionada a la excelsitud de esta dádiva. Y, como el bienaventurado Apóstol nos enseña, no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, a fin de que conozcamos lo que Dios nos ha otorgado; y el mismo Dios sólo acepta como culto piadoso el ofrecimiento de lo que os ha concedido.

Y qué podremos encontrar en el tesoro de la divina largueza tan adecuado al honor de la presente festividad como la paz, lo primero que los ángeles pregonaron en el nacimiento del Señor?

La paz es la que engendra los hijos de Dios, alimenta el amor y origina la unidad, es el descanso de los bienaventurados y la mansión de la eternidad. El fin propio de la paz y su fruto específico consiste en que se unan a Dios los que el mismo Señor separa del mundo.

Que los que no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios, ofrezcan, por tanto, al Padre la concordia que es propia de hijos pacíficos, y que todos los miembros de la adopción converjan hacia el Primogénito de la nueva creación, que vino a cumplir la voluntad del que le enviaba y no la suya: puesto que la gracia del Padre no adoptó como herederos a quienes se hallaban en discordia e incompatibilidad, sino a quienes amaban y sentían lo mismo. Los que han sido reformados de acuerdo con una sola imagen deben ser concordes en el espíritu.

El nacimiento del Señor es el nacimiento de la paz; y así dice el Apóstol: Él es nuestra paz; él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, ya que, tanto los judíos como los gentiles, por su medio podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que has establecido el principio y la plenitud de toda religión en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, te suplicamos nos concedas la gracia de ser contados entre los miembros vivos de su Cuerpo, porque sólo en él radica la salvación del mundo. Por Nuestro Señor Jesucristo.

De los sermones de san León Magno, papa
Sermón 6 en la Natividad del Señor, 2-3. 5
(fuente: www.corazones.org)
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