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domingo, 29 de junio de 2014

"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo"

Lectura del Evangelio según San Mateo
(Mt 16,13-19)
Gloria a ti, Señor.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Oración: Jesucristo, te ofrezco esta oración para que nos concedas a todos los cristianos dedicarnos a predicar tu amor. San Pedro y san Pablo y muchos otros dieron su vida por ti porque creían en el amor, en la locura de tu amor que te llevó al extremo de morir en la cruz. Danos la gracia de comprender que debemos buscar vivir y transmitir este amor y ser testigos de este amor donde quiera que estemos. Te amo Dios mío, pero ayúdame a amarte más y a demostrarte que te amo.

Petición: Dios mío te pido que protejas al Papa, lo ilumines y lo sostengas en su misión.

Meditación:

La Iglesia recuerda a dos grandes apóstoles. Pedro fue la roca sobre la que Cristo edificó su Iglesia. A él le dio las llaves del reino de los cielos y el poder para atar y desatar. Hoy también es fiesta de san Pablo, quien se dedicó a extender y propagar la fe a todas las gentes. Su acción evangelizadora sólo se explica por su profundo amor a la persona de Cristo, por su docilidad y cooperación con el Espíritu Santo. De estos dos santos podemos aprender muchas cosas, pero fijémonos en una: su perseverancia hasta el final. Ellos tuvieron muchas dificultades, sobrellevaron las persecuciones. No eran ángeles. Sufrieron como personas humanas por Cristo. Tuvieron sus fallos, pero se mantuvieron fieles hasta el final. Así nos hacen ver que es posible amar a Cristo, confiar y creer en Él siempre y hasta en grado heroico. Si ellos pudieron, ¿no voy a poder yo también, con la gracia de Dios, responder a mi misión? No seré un Pedro, ni llegaré a predicar tanto como san Pablo, pero ¿no puedo yo ser un santo y amar con heroicidad a Cristo en mi vida ordinaria como cristiano?

Reflexión apostólica:

Fidelidad a la Iglesia para estar seguros de ser fieles a Dios. Estar en comunión con el Papa, para estar en comunión con Cristo. Nuestra actitud ha de ser siempre la de caminar al paso de la Iglesia. Debemos estar dispuestos a pagar cualquier precio por nuestra fidelidad a la Iglesia y al Papa, como cristianos y miembros del Regnum Christi.

Propósito: Mantenerme fiel a Cristo en mis deberes de cada día.

Diálogo con Cristo:

Señor, nunca quiero poner límites a mi servicio por la Iglesia, te ofrezco mi esfuerzo por redoblar mis trabajos por la Iglesia. «No podemos quedarnos parados, nuestra vocación es defender a la Iglesia» (Cristo al centro, n. 1402).

(fuente: www.regnumchristi.org)

sábado, 28 de junio de 2014

Ella era un "feto inviable" ¡ Y ya cumplió diez años viva!



Las certezas de la ciencia y el derecho son interpeladas por los mismos que en ocasiones son condenados al aborto.

Mientras María estaba en el vientre de su madre, los médicos le diagnosticaron una malformación cerebral congénita que la presentaba como un feto inviable. La ciencia temía por su vida. Hoy, “es una niña que sufre pero disfruta de la vida”, dicen sus padres. Cuidarla -confiesan- “ha sido mucho más sencillo” de lo que pensaban.

A causa de una malformación cerebral congénita, María sufre parálisis cerebral, además de discapacidad visual y auditiva, y epilepsia. Cuando le diagnosticaron estos problemas, “el médico nos llegó a decir que iba a ser incapaz de mantenerse con vida por sí misma”, comenta su padre. “¡Pero era nuestra hija!”, agrega la madre. Sin embargo, ya ha cumplido 10 años y “es una niña preciosa que sufre y tiene muchos problemas añadidos, pero disfruta de la vida”, concluye. Lo demuestra, por ejemplo, dicen, cada vez que salta de alegría al oír a sus padres entrar en casa.

Esta pequeña, que depende para todo del cuidado de las personas que están a su alrededor, es la protagonista del tercer vídeo de Tsunamis de vida. Esta iniciativa de un grupo de universitarios madrileños pretende reflexionar, con una serie de siete testimonios cortos, sobre el valor de la vida.

Los padres de María eran muy conscientes del valor de la vida de su hija. Durante el embarazo, a pesar de la dureza del diagnóstico, “de lo que teníamos más ganas era de poderla abrazar, porque era nuestra hija”, dice emocionada la feliz mamá de María. Cuando su madre pudo empezar a darle de mamar, fue otro regalo del que “disfrutaba muchísimo”.

Con estas certezas y fe, querer y cuidar de su hija, a pesar de toda la atención especial que requiere, “ha sido mucho más sencillo de lo que yo a priori hubiera podido imaginar. Es tu hija, y algo dentro de ti hace que te surja el atenderla. Así somos las madres, con estos hijos y con todos”.

Para que muchas Marías continúen naciendo, decenas de organizaciones y miles de anónimos ciudadanos que defienden la vida están llamando a firmar la carta de una campaña que en Chile busca detener el aborto legal. Puedes adherir e informarte pulsando aquí.


(fuente: www.portaluz.org)

viernes, 27 de junio de 2014

Salesianos en Vietnam: Un campo de juegos para jóvenes en Dalat, gracias a la “Savio Cup”

(ANS – Dalat) – Mientras en Brasil se juega el mundial de fútbol 2014, para alegría de tantos apasionados de todo el mundo, en Dalat, Vietnam, se está desarrollando otra competencia de fútbol, de menores proporciones, pero de gran significado: más allá de ser una oportunidad de crecimiento deportivo para los jugadores , es una iniciativa que sirve para recoger fondos y proveer recursos para la construcción de un campo de juegos para los jóvenes de la ciudad de Dalat.

La competencia ha sido iniciada el fin de semana pasado, el día Lunes16 de Junio, en la casa salesiana dedicada a Don Rúa. El torneo se subdivide en dos categorías, según la edad:

Bajo los 14 años – que comprende 12 equipos, que representan varias parroquias y del Oratorio Salesiano.

Bajo los 17 años – que comprende 5 equipos, que representan varias parroquias y al Oratorio Don Bosco.

La ceremonia ha estado presente el padre Thomas Vu Kim Long, Director de la Casa de la casa de estudios, y el padre Gregory Nguyen An Phu Dong, responsable de la pastoral juvenil del decanato de Dalat, varios salesianos y numerosos apasionados del fútbol de la parroquia.

En el discurso de apertura el Vicario General de la diócesis de Dalat, ha agradecido por esta iniciativa a los salesianos de la casa de Dalat por la construcción de este parque para los jóvenes del decanato y ha deseado la mejor suerte a todos los equipos, a fin que puedan experimentar la alegría que proviene de Dios.

El objetivo de la “Savio cup” es promover la sana diversión, la amistad, las relaciones y el espíritu de equipo entre los jóvenes. Los encuentros se desarrollan en la cancha de fútbol acondicionada especialmente por los salesianos de la casa de estudios, los Lunes, Miércoles y Viernes, la final de ambas categorías será el 29 de Junio fiesta de San Pedro y San Pablo.

Al inicio del mes de Agosto la pastoral juvenil coordinara con los salesianos de Dalat otro torneo para jóvenes de edades superiores, (categoría sub 25).


Revistas salesianas difunden el carisma en el país

(ANS – Ho Chi Minh City)– Con la aprobación oficial por parte de la Casa Editorial del Estado, los Salesianos de Vietnam han comenzado a publicar las revistas dirigidas al público tanto general como la “Don Bosco Magazine”, como al público específico como los catequistas, a través de las traducciones al vietnamita de los materiales publicados por Elledici.

La revista “Don Bosco Magazine” tiene actualmente un tiraje de 3.500 ejemplares.

“Word & Life” (Loi Cuoc Song),un título que ya está desarrollado y popularizado por la Inspectoría de Filipinas Norte, en Makati, se han impreso 4.000 ejemplares en cada salida, y está creciendo de manera constante. Su público objetivo son los catequistas y agentes de pastoral, y ya es muy popular en 5 diócesis.

Por supuesto, detrás de estos resultados significativos se encuentra una importante labor de traducción. El Vietnam Salesiano se destaca en ese sentido, aunque no es la única provincia de la Región Asia Este-Oceanía que puede contar con un equipo bien organizado en este sector: significativas traducciones de materiales salesianos también se hicieron en idioma tailandés, japonés, coreano, chino cantonés, tetum, bahasa indonesio, mongol, Khmer...

Actualmente el equipo de Comunicación Social de Vietnam se dedica a la traducción y publicación de textos producidos por Elledici, especialmente las que tienen carácter popular, capaz de hacer frente a un público más amplio y para captar nuevos catequistas.

En este contexto, los libros y las reflexiones del P. Bruno Ferrero parecen ser muy populares. El P. Bruno Ferrero, actualmente Director de la edición italiana del Boletín Salesiano, autor fecundo de libros y textos, y ya muy popular en Europa oriental, podría convertirse en el salesiano más publicado de los tiempos modernos, si sus escritos continúan atrayendo tanto el interés en Vietnam.

Cabe subrayar, por último, que en el sector de la traducción y de la Comunicación Social, hay amplias oportunidades para la colaboración entre los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora.

jueves, 26 de junio de 2014

Francisco en Sta. Marta: las palabras de Jesús asombran el corazón del pueblo

En la homilía de este jueves, el Santo Padre explica porqué la gente del tiempo de Jesús le seguía a Él en vez de a otros.

Ciudad del Vaticano, 26 de junio de 2014 (Zenit.org) El pueblo sigue a Jesús porque reconoce que es el Buen Pastor. Así lo ha afirmado el papa Francisco en la misa de esta mañana de jueves en Santa Marta. El Santo Padre ha advertido sobre los que reducen la fe a moralismo, los que llevan a cabo una liberación política o buscan acuerdos con el poder.

Hoy el Papa se ha preguntado en la homilía ¿por qué tanta gente seguía a Jesús? Y así, Francisco ha explicado que Jesús era seguido por las masas porque "estaban impresionadas por su enseñanza", sus palabras "asombraban su corazón, el asombro de encontrar algo bueno, grande". Los otros sin embargo "hablaban, pero no llegaban al pueblo". De este modo, el Santo Padre ha enumerado cuatro grupos de personas que hablaban en tiempo de Jesús. De los fariseos ha dicho el Papa que "hacían del culto a Dios, a la religión, una serie de mandamientos y de los diez que había, hacían más de trescientos" cargando "este peso" sobre las espaldas del pueblo. Y así "¡era una reducción de la fe en Dios Vivo a la casuística!", ha señalado. Francisco ha reflexionado sobre las "contradicciones de la casuística más cruel": "¡Pero tú debes -por ejemplo- cumplir el cuarto mandamiento! ¡Sí, sí, sí!; '¡Debes dar de comer a tu papá anciano, a tu mamá anciana!'; ¡Sí, sí, sí!; 'Pero sabe, yo no puedo porque he dado mi dinero al templo!'; '¿Tú no lo haces? ¡Los padres mueren de hambre!' Así: contradicción de la casuística más cruel. El pueblo los respetaba, porque el pueblo es respetuoso. ¡Los respetaba, pero no les escuchaba! Se iba..."

El Pontífice ha indicado otro grupo: los saduceos. "Estos no tenían fe, ¡habían perdido la fe! Su tarea religiosa la hacían en la calle de acuerdo con los poderes: los poderes políticos, los poderes económicos. Eran hombres de poder", ha explicado. El tercer grupo del que el Papa ha hablado ha sido el de los "revolucionarios" o los zelotes que "querían hacer la revolución para liberar al pueblo de Israel de la ocupación romana". Francisco ha señalado que el pueblo "tiene un buen sentido y ¡sabe distinguir cuando la fruta está madura y cuando no lo está! ¡Y no les seguía!"

A continuación, el Santo Padre ha hablado del cuarto grupo: "gente buena: se llamaban los esenios". De estos, el Papa ha indicado que "eran monjes que consagraban su vida a Dios". Sin embargo "estaban lejos del pueblo y el pueblo no podía seguirles". Así, Francisco ha explicado que estas "eran las voces que llegaban al pueblo y ninguna de estas voces tenía la fuerza de calentar el corazón del pueblo". Pero, "¡Jesús sí!", ha añadido. El Pontífice ha subrayado que "las multitudes estaban impresionadas: escuchaban a Jesús y el corazón se calentaba; ¡el mensaje de Jesús llegaba al corazón!" Y es que Jesús "se acercaba al pueblo", "sanaba el corazón del pueblo", entendía las dificultades. Jesús -ha proseguido el Papa- "no tenía vergüenza de hablar con pecadores, iba a buscarles", "sentía alegría, le gustaba ir con su pueblo". Y esto sucede porque "Jesús es el Buen Pastor, las ovejas escuchan su voz y lo siguen".

El Pontífice ha indicado que es por esto que el pueblo seguía a Jesús, porque era el Buen Pastor: "no era ni un fariseo casuístico moralista, ni un saduceo que hacia negocios políticos con los poderosos, ni un guerrillero que buscaba la liberación política de su pueblo, ni un contemplativo del monasterio. ¡Era un pastor! Un pastor que habla la lengua de su pueblo, se hacía entender, decía la verdad, las cosas de Dios: ¡no negociaba nunca las cosas de Dios! Pero las decía de tal forma que el pueblo amaba las cosas de Dios. Por esto lo seguían".

En este punto, el Santo Padre ha invitado a preguntarse "¿a mí a quién me gusta seguir? Los que me hablan de cosas abstractas o de casuísticas morales; los que se dicen del pueblo de Dios, pero no tienen fe y negocian todo con los poderes políticos, económicos; los que quieren siempre hacer cosas extrañas, cosas destructivas, guerras llamadas de liberación, pero que al final no son el camino del Señor; o un contemplativo lejano?"

Para finalizar la homilía, el Santo Padre ha pedido que esta pregunta "nos haga llegar a la oración y pedir a Dios, el Padre, que nos haga llegar cerca de Jesús para seguir a Jesús, para asombrarnos de lo que Jesús nos dice".

(26 de junio de 2014) © Innovative Media Inc.

Crecer en la oración con los dones del Espíritu Santo

"El Espíritu lo penetra todo, hasta las profundidades de Dios. Nadie conoce lo que hay en Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido el Espíritu que viene de Dios" (Cf. 1 Co 2, 10-12 passim).

Estas frases de San Pablo señalan un camino para quienes anhelan crecer en la oración: permitir que el Espíritu de Dios que hemos recibido sea quien moldee los actos de nuestra oración, para que en ella hablemos con "palabras aprendidas del Espíritu, expresando las cosas espirituales con palabras espirituales" (1 Co 2, 13). El Espíritu Santo mismo es el gran don que nos eleva para orar como conviene, y con cada uno de sus dones purifica y hace progresar nuestra oración.

Los dones del temor y de la piedad disponen nuestro corazón para orar y nos introducen en la presencia de Dios. El don del temor reverencial nos da una experiencia inmediata de la santidad y grandeza de Dios y nos inclina espontaneamente a actitudes de adoración, alabanza y reverencia. Hace auténtica nuestra oración, pues asegura que nos reconozcamos en la presencia del Dios tres veces santo. El don de la piedad colabora al hacernos descubrir en este Dios de tremenda majestad a un Padre que nos ama, un Padre que quiere que estemos en su presencia con corazón filial y confiado, el más padre de los padres, pues "nadie es padre como lo es Dios" (Catecismo de la Iglesia Católica, 239)

El don de consejo nos permite intuir con certeza, sin necesidad de un discernimiento laborioso, cuáles luces, inspiraciones y deseos vienen del Espíritu Santo. Mientras que el don de fortaleza, además de permitirnos "perseverar en la oración" en medio del desierto y cansancio, nos abre a acoger con generosidad y magnaminidad las mociones del Espíritu.

Los tres dones de ciencia, entendimiento y sabiduría nos guían hacia la oración contemplativa. Con el don de la ciencia todo lo creado trasluce a Dios: vemos el origen divino y el reflejo de sus atributos en las cosas, las personas, los eventos. Con el don del entendimiento, penetramos con fe serena y amor en los misterios revelados. Se nos hacen familiares, bellos, y se goza de la maravillosa armonía que reina entre ellos.

Finalmente, con el don supremo de la sabiduría, el Espíritu de Dios, el único "que conoce lo que hay en Dios" (1Co 2, 11), nos introduce en la intimidad divina. Ya que Dios es amor, vemos con los ojos de Dios a los misterios divinos y a todo lo creado desde el amor divino. Mientras tanto, nuestra oración, participando en la vida de las tres personas divinas, se hace puro amar a Dios.

escrito por Donal Clancy, L.C.
(fuente: www.la-oracion.com)

La fe trajo liberación para Tulio: Condenado a 24 años, Dios le visitó en la cárcel

Testimonio de conversión de un guardia civil "seducido" por el narcotráfico
La fe trajo liberación para Tulio: Condenado a 24 años, sometido por la crueldad y la droga, Dios le visitó en la cárcel.

En el alma de Tulio Pizarro los juegos de infancia con sus hermanos en medio de los amazónicos paisajes aledaños a San Martín (Perú) evocan raíces que ama. Pinceladas de un espíritu de familia que se fragmentó al separarse Hilda y Eduardo, sus padres. Mientras que ella se volcó a la administración de una panadería, Eduardo, miembro de la policía peruana, no perdía ocasión para motivar a sus hijos mayores a incorporarse en la Guardia Civil. Tulio siguió este camino, siendo destinado en los setenta, recién egresado, a servir como socorrista marítimo. Recuerda haber salvado vidas desde un mar que luego sería figura simbólica de otro que amenazaría su vida.


El costo de dar la espalda a Dios

Tras quince años entregado por completo a su labor como socorrista policial, Tulio se casó y consolidó familia con tres hijos. Tenía conciencia -confidencia a Portaluz- que era vital que guiara la formación católica en sus hijos y viviera sus valores en el matrimonio. Pero “la carne tiraba” y “el precio de un pan para mis hijos, muchas veces me lo gastaba divirtiéndome con mujeres u otras personas”.

Llevando esa doble vida, explica, quiso luego ganar dinero fácil y ni siquiera reflexionó las consecuencias cuando se unió al “negocio familiar”, organizado por su primo. “No fue difícil que él me convenciera… un día se presentó en mi casa y me propuso entrar en el negocio de la venta de droga. Acepté de inmediato”.

Como buen emprendedor se avocó a expandir el negocio y sumó algunos de sus hermanos como cómplices, que trasladasen cargamentos de droga a diferentes zonas de Perú. “Me aprovechaba del uniforme”, confiesa Tulio, mientras argumenta que después de un tiempo, las pistas que dejaban les delataron y fue capturado con sus cinco hermanos en una redada policial. “Nunca te imaginas la magnitud de los problemas que esta decisión puede causar en tu vida y en la de tu familia. Hace ya casi doce años que dejé abandonada a mi esposa, a mis hijos y a mi madre. Recién ahora me doy cuenta de las crueles circunstancias familiares y sociales que les he hecho vivir”.


Corrompido en la ley de la cárcel

Le condenaron a veinticuatro años en la cárcel de Lurigancho, uno de los recintos más peligrosos y sobrepoblados de Perú. “Era una vida en la que el más fuerte domina al débil, donde sólo la crueldad es la forma de vida que marca cada minuto. Y también allí muchas vidas son desperdiciadas por el consumo de la fatal droga, que día a día acaba con tantos jóvenes, presas fáciles del vicio”.

Tulio relata que en un comienzo intentó usar el deporte como un motor para liberar su mente y descargar emociones. Pero hubo de rendirse ante la presión de los cabecillas que –siendo miembros de las bandas más peligrosas del país- prolongaban su ‘jerarquía’ en los pabellones, abusando en todo orden de quienes estaban bajo su dominio. “De repente me encontré formando parte de los adictos a drogas.

Antes nunca había consumido, pero sucumbí con el mismo argumento con que cae la mayoría: trataba de calmar mis problemas. Así fue como llegué a exigirle a mi pobre esposa que me trajera dinero, aun sabiendo que yo no le había dejado ni un centavo. Recuerdo que todo el dinero que ella me traía en cada visita era para pagar la droga; ni siquiera me alimentaba. Ese vicio es un infierno, que poco a poco uno te va quemando por dentro y hundiendo más y más en una miseria tormentosa. De allí es muy difícil salir sin ayuda”.


Dios, el Padre que ama. En especial a la oveja perdida

Cuando el hastío de sí mismo comenzó a ser su carcelero cotidiano, un inesperado beneficio le permitió rebajar condena a dieciocho y luego a doce años. Junto a uno de sus hermanos fueron destinados al penal Sarita Colonia, en Callao. “Allí fue donde comprendí que el Señor estaba actuando en mi vida a través de diferentes personas… Convencido que algo quería Dios conmigo, asistía a las asambleas que organizaba una comunidad de evangélicos los domingo por la tarde. Cuando un día apareció un sacerdote en el penal, dejé a los hermanos evangélicos… finalmente los católicos teníamos un guía que comenzó a organizar nuestra comunidad”.

Olga, otra de las hermanas de Tulio también implicada en los delitos, había sido puesta en libertad y visitaba constantemente a sus hermanos recluidos en Sarita Colonia. “Un día, recuerdo que al final de su visita me dijo: «Aunque aquí no hay en qué gastar, les voy a dejar unos diez soles (moneda peruana) a cada uno». Era sábado, y las palabras de Olga resonaron en mí toda la tarde. Su gesto generoso proyectó luz en mi alma… y con profundo amor pensé en los míos. «¿Por qué no me guardo los diez soles que me da mi hermana para dárselos a mis hijos?», pensé. Era la primera vez que me acordaba de ellos y de mi esposa. Oré con todo el ser al Señor pidiéndole fortaleza para vencer las fuerzas del mal y poder dejar esa droga maligna. Larga y dura fue mi lucha interior”.

Dios, señala Tulio, escuchó su plegaria pues allí en la cárcel, en su comunidad de oración de la Renovación Carismática, gozaba adorando a Cristo, profundizando en la fe, ayudando en las liturgias y leyendo diariamente el Evangelio. Incluso, recuerda, tuvo oportunidad de entablar contacto con el actual obispo emérito de la diócesis de Callao, monseñor Miguel Irizar, por medio de cartas, con la intención de formar un pabellón para personas en rehabilitación. Sueño que hasta hoy perdura en el corazón de Tulio… “Habían tantos jóvenes equivocados, muchas familias que sufren y mi deseo era regresar por ellos cuando saliera, buscar ONGs o hermanos católicos que quisieran ayudar”.

Tulio salió en libertad el 1° de marzo de 2006. Tiene hoy 58 años y continúa luchando por permanecer inserto en un trabajo estable, cuestión nada simple para un ex recluso. “He tenido una transformación que sigue en pie, y no la pierdo. He cometido errores, pero todos los días hay una ocasión para pedirle perdón a Dios. Tengo lo más importante, que es el Temor de Dios”.

(fuentes: portaluz.org; aleteia.org)

miércoles, 25 de junio de 2014

España: médicos católicos piden continuar con la defensa del no nacido

Comunicado de la FIAMC sobre el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada

Roma, 25 de junio de 2014 (Zenit.org) La Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (FIAMC) se opone a cambiar la reforma de la ley que limita el aborto "al considerarla un paso atrás respecto a la reforma inicial anunciada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón". Por este motivo han emitido un comunicado mediante el cual expresan un serie de razones en los que se basa su desacuerdo.

En primer lugar, explican que la Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada --tal como fue anunciada en diciembre del año pasado-- "supone una mejora respecto a la ley de 2010, porque vuelve a considerar el aborto como un delito y le quita la consideración de derecho". Sin embargo, precisan en el comunicado, "la malformación del feto no puede considerarse supuesto válido para poder abortar porque significa un grave atentado contra las personas con discapacidad".

Por otro lado, los médicos de la FIAMC recuerdan que "la Constitución Española defiende y protege el derecho a la vida desde su inicio como un derecho fundamental, que es contrario al aborto. La legalización del aborto no es otra cosa que la derogación de un derecho fundamental por la indefensión del no nacido".

Del mismo modo abordan la problemática de la presión social "a la que se está sometiendo el Gobierno para que rebaje la reforma" que "responde a presiones de las partes interesadas, con intereses mercantilistas e ideológicos ocultos". Al respecto, indica que "a la población se le ha trasladado la necesidad del aborto, pero esta necesidad no existe como se aprecia en varios países donde el aborto está prohibido o muy restringido".

En un cuarto aspecto afrontado, los médicos católicos explican que "el aborto puede tener graves consecuencias psicológicas para la madre". Según diversos estudios, "se observa en muchas mujeres que han abortado un estado depresivo y desórdenes psicológicos diversos", conocido como el “síndrome post-aborto”. Por eso, advierten que aunque estos efectos perjudiciales para la salud psíquica de la madre no se tienen en consideración, "pueden llegar a ser muy traumáticos".

Por otro lado, el comunicado indica que en países como España, con una buena asistencia obstétrica, "la prohibición del aborto no elevaría la mortalidad materna como a veces se dice y ayudaría a que muchas mujeres eligieran otras vías de solución al problema de un embarazo no deseado y que no pasan necesariamente para ir a abortar a otro país". A propósito, indican que el problema de los embarazos no deseados en España "está muy ligado a la incultura de la contracepción y de la regulación natural de la fertilidad".

Finalmente, los médicos del FIAMC aseguran que, basándose en su experiencia internacional científica y asistencial durante 60 años, se refuerza su tesis de la no necesidad de una ley del aborto.

La FIAMC es la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos (que procede del Secretariado Internacional de las Sociedades Nacionales de Médicos católicos), creada en 1966 y formada por unas ochenta asociaciones médicas profesionales de los cinco continentes.

(25 de junio de 2014) © Innovative Media Inc.

Dar y recibir

La oración es una relación en la que Dios se dona al hombre y el hombre se da a Dios, pero evidentemente hay una desproporción siempre.

Dios da mucho más de lo que nosotros podemos dar.

Santa Teresa decía: "Que sea bendito por siempre Él que me da tanto a mí que le doy tan poco" (Libro de la Vida, cap. 39, 6). Dios es el Dios del don. Su esencia suprema es la de dar, la de dar lo que es: Amor (1 Jn 4, 16) y cuando Dios da, da en sobreabundancia.

El bien es de por sí difusivo, decían los filósofos antiguos y el bien supremo e infinito que es Dios todavía más: quiere difundir el Amor que Él es.


El pide en la medida en que da y da en la medida que pide

Vamos a la oración a pedir y a recibir los dones de este Dios Amor que está dispuesto a darnos, como buen Padre, lo que necesitamos. Pero al mismo tiempo en la oración sentimos que Dios mismo nos pide algo.

A veces algo pequeño, mínimo, insignificante en apariencia. A veces es algo sustancial y radical. Quien se acerca como Moisés a la zarza ardiente comienza a sentir también que Dios es un Dios de fuego como la zarza que arde sin consumirse (Ex 3, 2).

Y el Dios que da comienza a pedir. Entonces la creatura se queda algo perpleja como preguntándose: "¿cómo me pide a mí algo, Él, que lo tiene todo?". El pide en la medida en que da y da en la medida que pide. La oración es ante todo una relación de amor con quien sabemos que nos ama y en el amor siempre hay el cambio de un don. Cada uno da lo que tiene. Dios da su gracia y nosotros los que somos y a veces lo único que somos y tenemos son nuestras propias miserias. Dios entonces se manifestará en lo que es Él: Misericordia.

No queramos ir a la oración sólo a recibir sin querer dar. En la oración no se puede ir sólo a recibir sin dar. Hay que entrar en ella con ánimo generoso, de olvido de sí, de querer dar lo que tiene, poco o mucho, a Aquel que nos ama y que amamos.

Pero también es legítimo querer recibir. Es cierto que Dios va purificando nuestro corazón y quiere que le amemos sólo por lo que Él es, pero también nos conoce y sabe que tenemos necesidades. Dios siempre está dispuesto a darnos su Amor y además "el pan nuestro de cada día", es decir, lo que vamos necesitando cada día para realizar nuestra vocación y misión. Lo que le pidamos tenemos que hacerlo con fe y confianza. Y lo que le demos con amor y generosidad.

En este cambio de dar y recibir, nosotros salimos ganando: recibimos a Dios y a su Amor y damos nuestro pequeño ser y nuestras miserias. Acudamos a la oración con la confianza de pedir todo lo que necesitemos para nosotros y los demás y de dar todo aquello que Dios nos quiera pedir, que será siempre para nuestro bien y el bien de la Iglesia.

escrito por P. Pedro Barrajón, L.C.
(fuente: la-oracion.com)

martes, 24 de junio de 2014

¿Era Juan el Bautista el “maestro” de Jesús?

Una de las figuras clave en la vida de Jesús fue su pariente Juan el Bautista, de quien dijo que era “el mayor de los nacidos de mujer”, y que le bautizó en el Jordán. ¿Qué relación tenía con Jesús? ¿Qué influencia tuvo sobre él?


1. Juan el Bautista ha sido venerado desde muy antiguo por el pueblo cristiano. Sabemos de él no sólo por los Evangelios, sino también por los historiadores de su época.

La figura de san Juan Bautista ocupa un lugar importante en el Nuevo Testamento y concretamente en los evangelios. Ha sido comentada en la tradición cristiana más antigua y ha calado hondamente en la piedad popular, que celebra la fiesta de su nacimiento con especial solemnidad desde muy antiguo. En los últimos años viene siendo centro de atención entre los estudiosos del Nuevo Testamento y de los orígenes del cristianismo, que se plantean qué se puede conocer acerca de la relación entre Juan Bautista y Jesús de Nazaret desde el punto de vista de la crítica histórica.

Dos tipos de fuentes hablan de Juan Bautista, unas cristianas y otras profanas. Las cristianas son los cuatro evangelios canónicos y el evangelio gnóstico de Tomás. La fuente profana más relevante es Flavio Josefo, que dedicó un largo apartado de su libro Antiquitates Judaicae (18,116-119) a glosar el martirio del Bautista a manos de Herodes en la fortaleza de Maqueronte (Perea).

Juan y Jesús se conocieron personalmente. Ambos predicaban sobre la llegada del “Reino”, ambos criticaron la hipocresía religiosa de su tiempo, ambos eran seguidos por el pueblo sencillo. Pero tienen también muchos puntos de divergencia.


2. Para valorar las eventuales influencias, puede ayudar fijarse en lo que se sabe acerca de las vidas, conductas y mensajes de ambos.

Nacimiento y muerte: Juan Bautista coincidió en el tiempo con Jesús, seguramente nació algún tiempo antes y comenzó su vida pública también antes. Era de origen sacerdotal (Lc 1), aunque nunca ejerció sus funciones y se supone que se mostró opuesto al comportamiento del sacerdocio oficial, por su conducta y su permanencia lejos del Templo. Pasó tiempo en el desierto de Judea (Lc 1,80), pero no parece que tuviera relación con el grupo de Qumrán, puesto que no se muestra tan radical en el cumplimiento de las normas legales (halakhot). Murió condenado por Herodes Antipas (Flavio Josefo, Ant. 18,118). Jesús, por su parte, pasó su primera infancia en Galilea y fue bautizado por él en el Jordán. Supo de la muerte del Bautista y siempre alabó su figura, su mensaje y su misión profética.

Comportamiento: De la vida y conducta de Juan, Josefo señala que era “buena persona” y que muchos “acudían a él y se enardecían escuchándole”. Los evangelistas son más explícitos y mencionan el lugar donde desarrolló su vida pública, Judea y la orilla del Jordán, su conducta austera en el vestir y en el comer, su liderazgo ante sus discípulos y su función de precursor, al descubrir a Jesús de Nazaret como verdadero Mesías. Jesús, en cambio, no se distinguió en lo externo de sus conciudadanos: no se limitó a predicar en un lugar determinado, participó en comidas de familia, vistió con naturalidad y, aun condenando la interpretación literalista de la ley que hacían los fariseos, cumplió todas las normas legales y acudió al templo con asiduidad.

Mensaje y bautismo: Juan Bautista, según Flavio Josefo, “exhortaba a los judíos a practicar la virtud, la justicia unos con otros y la piedad con Dios, y después a recibir el bautismo”. Los evangelios añaden que su mensaje era de penitencia, escatológico y mesiánico: exhortaba a la conversión y enseñaba que el juicio de Dios es inminente: vendrá uno “más fuerte que yo” que bautizará en espíritu santo y fuego. Su bautismo era para Flavio Josefo “un baño del cuerpo” y señal de la limpieza del alma por la justicia. Para los evangelistas era “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Mc 1,5). Jesús no rechaza el mensaje del Bautista, más bien parte de él (Mc 1,15) para anunciar el reino y la salvación universal, y se identifica con el Mesías que Juan anunciaba, abriendo el horizonte escatológico. Y, sobre todo, hace de su bautismo fuente de salvación (Mc 16,16) y puerta para participar de los dones otorgados a los discípulos.

En resumen, entre Juan y Jesús hubo muchos puntos de contacto, pero todos los datos conocidos hasta ahora ponen de manifiesto que Jesús de Nazaret superó el esquema veterotestamentario del Bautista (conversión, actitud ética, esperanza mesiánica) y presentó el horizonte infinito de salvación (reino de Dios, redención universal, revelación definitiva).


3. Aunque le precedió en el tiempo y en la predicación, Juan no fue el “maestro espiritual” de Jesús ni Jesús el “heredero espiritual” de Juan.

Puesto que la relación entre Juan Bautista y Jesús fue tan directa e intensa, cabría preguntarse si entre ellos hubo una relación de maestro-discípulo. Para una respuesta adecuada a esta cuestión se requieren explicar los tres datos que se han debatido sobre este tema entre los estudiosos, a saber, el discipulado de Juan, el alcance de su bautismo en el Jordán y las alabanzas de Jesús al Bautista.

Los discípulos de Juan. Los evangelios señalan con frecuencia que Juan tenía discípulos, entre los cuales algunos se fueron con Jesús (Jn 1,35-37). No eran, por tanto simples seguidores eventuales; le acompañaban, le seguían y seguramente compartían su misma vida (Mc 2,18) y sus mismas ideas (Jn 3,22). Flavio Josefo distinguía dos clases de partidarios, unos que le escuchaban con atención hablar de virtud, de justicia y de piedad, y se bautizaban; otros que “se reunían en torno a él porque se exaltaban mucho al oírle hablar” (Antiquitates iudaicae 18,116-117). Entre los seguidores de Juan hubo quien llegó a plantear a su maestro si Jesús con su conducta estaba mostrándose como un rival (Jn 3,25-27), por tanto no lo consideraban como uno de los suyos.

El bautismo de Jesús. Los especialistas no dudan de la historicidad del hecho, entre otras cosas porque su inclusión en los evangelios planteaba ciertas dificultades: una, la posible interpretación de que el Bautista era superior al bautizado, a Jesús, y otra, que siendo un bautismo de penitencia podría pensarse que Jesús tenía conciencia de ser pecador. Los sinópticos dejan claro en sus relatos que Juan se reconoce inferior: rehúsa bautizar a Jesús (Mt 3,13-17), la voz del cielo revela la dignidad divina de Jesús (Mc 1,9-11), y el cuarto evangelio que no relata el bautismo señala que el Bautista da testimonio de haber visto posarse la paloma sobre Jesús (Jn 1,29-34) y de su propia inferioridad (Jn 3,28). Si embargo, no se deduce de ahí inmediatamente que Jesús fuera discípulo de Juan el Bautista. Si los evangelistas no detallan que Jesús fue discípulo de Juan es porque no lo fue.

Las alabanzas de Jesús. Hay dos frases de Jesús que demuestran su estima por el Bautista. Una la recogen Mateo (Mt 11,11) y Lucas (7,28): “no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista”. Otra está en Marcos (9,13) y aplica al Bautista la profecía de Ml 3,23-24: “Elías vendrá primero y restablecerá todas las cosas (…). Sin embargo, yo os digo —afirma Jesús— que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que querían, según está escrito de él”. No cabe duda de que la persona de Juan, su bautismo (cfr. Mt 21,13-27) y su mensaje estuvieron muy presentes en la vida de Jesús. Sin embargo siguió un camino totalmente diferente: en su conducta, puesto que recorrió todo el país, la capital Jerusalén y el ámbito del templo; en su mensaje, pues predicó el reino de salvación universal; en sus discípulos, a quienes instruyó en el mandamiento del amor por encima de normas legales y hasta de prácticas ascéticas. Pero lo más llamativo es que Jesús abre el horizonte de salvación a todos los hombres de todas las razas y de todos los tiempos.

En resumen, en el supuesto poco probable y nada comprobado de que Jesús pasara algún tiempo junto a los seguidores del Bautista, no se puede decir que recibiera un influjo decisivo. Jesús más que discípulo fue el Mesías y Salvador anunciado por el último y mayor de los profetas, Juan el Bautista.

Referencias:
Joachim Gnilka, Jesús de Nazaret. Mensaje e historia (Herder, Barcelona 1993)
Armand Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005
(fuente: aleteia.org)

Oración a María Auxiliadora para pedir vida interior.

Auxilio nuestro, Virgen de Nazareth,
Maestra de silencio e interioridad,
Nuestra Señora de la Anunciación:
Enséñanos el arte del recogimiento,
Acrecienta nuestra interioridad.
Concédenos la disposición necesaria
para escuchar las inspiraciones divinas
y las palabras de los verdaderos maestros.
Danos constancia y paciencia
para preparar nuestro trabajo, nuestro estudio,
nuestra oración y contemplación.
Introdúcenos en la oración profunda y madura,
para que no nos quedemos en la superficialidad
de las formas y aprendamos a hacer silencio
para escuchar a Dios que habla al corazón.
Que aprendamos a ser como niños,
abandonados en los brazos misericordiosos
del Dios que nos amor que por amor,
tomó carne humana en tus purísimas entrañas.
Inspira nuestra oración de alabanza y gratitud,
danos sentimientos de real arrepentimiento
y enséñanos a pedir sólo lo que nos conviene
cuando nos convenga.
Tú que al ser fecundada por la acción misteriosa
del Espíritu Santo, no te demoraste en un intimismo
estéril e individualista, sino que saliste deprisa
a visitar a tu prima Isabel y ponerte a su servicio:
has que nuestra oración cristalice en caridad. Amén.

(fuente: www.salesianosbernal.com.ar)

lunes, 23 de junio de 2014

¿Dónde está tu corazón?, ¿atado a los tesoros del mundo o con Dios?, cuestiona el Papa Francisco

VATICANO, 20 Jun. 14 / 09:56 am (ACI/EWTN Noticias).- “No acumulen para ustedes tesoros en la tierra”, exhortó el Papa Francisco durante la Misa en la Casa Santa Marta, donde llamó a los fieles a no caer en la tentación de aferrarse a la vanidad, las riquezas y el poder, porque estos son perecederos y esclavizan sus corazones; en cambio, los invitó a buscar los “tesoros del Cielo”, como la adoración al Señor y el amor al prójimo, que les darán alegría y corazones luminosos que los llevarán a Dios.

En su homilía, el Santo Padre explicó que el consejo de Cristo de no acumular tesoros en la tierra es una invitación a la prudencia, porque lo que ofrece el mundo no es seguro, sino que se arruina o es arrebatado por los ladrones. Estos tesoros, señaló, son principalmente tres.

“El primer tesoro: el oro, el dinero, las riquezas...Pero con estos no están seguros porque, tal vez, te lo pueden robar, ¿no?; ‘No, yo estoy seguro con las inversiones’, ¡pero quizá el mercado de valores se derrumba y te quedas sin nada! Y luego dime ¿un euro de más te hace feliz o no? La riqueza es un tesoro peligroso, peligroso...”, advirtió el Papa.

Según Radio Vaticano, Francisco señaló que si bien las riquezas son buenas y “sirven para hacer un montón de cosas buenas, para llevar adelante la familia”, si es acumulada “como un tesoro, ¡te roban el alma! Jesús, en el Evangelio, vuelve sobre este tema, las riquezas, sobre el peligro de las riquezas, sobre el poner las esperanzas en las riquezas”.

El otro tesoro, prosiguió, “es la vanidad: el tesoro de tener un prestigio, de hacerse ver”. Y Jesús, advirtió Francisco, “siempre condena esto”. Pensemos “qué dice a los doctores de la ley cuando ayunan, cuando dan la limosna, cuando rezan para hacerse ver”. La vanidad, subrayó el Papa, “no sirve, termina”. San Bernardo, recordó, afirmó que la “belleza terminará por ser pasto a los gusanos”.

El tercer tesoro es “el orgullo, el poder”. Para ello, recordó la lectura que narra la caída de la cruel reina Atalia. “Su gran poder duró siete años, luego fue asesinada. ¡El poder termina! ¡Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en la prisión!” De aquí la exhortación a no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder, porque estos tesoros “no sirven”. En cambio el Señor nos pide que acumulemos “tesoros del cielo”

"Este es el mensaje de Jesús: Pero si tu tesoro está en la riqueza, la vanidad, el poder, en el orgullo, tu corazón quedará encadenado allí! Tu corazón quedará esclavizado por la riqueza, la vanidad, el orgullo. ¡Y lo que Jesús quiere es que tengamos un corazón libre! Este es el mensaje de hoy. ‘¡Pero, por favor, tengan un corazón libre!’, nos dice Jesús”.

Francisco recordó que Cristo “habla de la libertad del corazón. Y tener un corazón libre sólo se puede tener con los tesoros del cielo: el amor, la paciencia, el servicio a los demás, la adoración a Dios. ¡Éstas son las verdaderas riquezas que no son robadas! ¡Las otras riquezas gravan el corazón. Pesan sobre el corazón: lo encadenan, no le dan la libertad!”.

El Papa advirtió que un “corazón esclavo no es un corazón luminoso: será tenebroso”. Si nosotros acumulamos tesoros de la tierra “acumulamos tinieblas, ¡que no sirven!”, no dan alegría “sobre todo no nos dan libertad”. En cambio, “un corazón libre es un corazón luminoso, que ilumina a los otros, que hace ver el camino que lleva a Dios”.

"Un corazón luminoso, que no está encadenado, un corazón que va hacia adelante y que envejece bien, porque envejece como el buen vino: cuando el buen vino envejece es un buen vino de crianza. En cambio, el corazón que no brilla es como el vino malo: el tiempo pasa y lo estropea, lo vuelve vinagre”, expresó el Papa.

Por ello, invitó a los fieles a pedirle a Cristo que “nos dé esta prudencia espiritual, para entender bien dónde está mi corazón, al lado de qué tesoro está unido mi corazón. Y que nos dé también la fuerza para desencadenarlo, si está encadenado, para que sea libre, luminoso y nos dé esta hermosa felicidad de hijos de Dios: la verdadera libertad”.

Santo Tomás Moro, un político como Dios manda

La política bien ejercida es una noble función.

Entre los políticos hay de todo, como en botica, mejores y peores. Los hay que tienen verdadero espíritu de servicio a la comunidad y los hay que sólo van a lo suyo, a enriquecerse, aferrándose al sillón como si fuera una propiedad particular y vitalicia, a cualquier precio.

Es digna de elogio la idea de Juan Pablo II de poner como patrono de los políticos a Santo Tomás Moro. Bueno sería que ahora los interesados se esforzaran en leer su biografía. O si les cuesta mucho leer que procuren ver la película "Un hombre para la eternidad", que recoge bastante bien la vida del santo.

Tomás Moro fue un hombre muy competente en todos los sentidos, inteligente, culto, de carácter afable, querido y apreciado. Y llegó nada menos que a ser Canciller de la Corte de Inglaterra. Pero ante todo era un hombre fiel a sus creencias y a su conciencia. Precisamente por esta fidelidad prefirió la cárcel y la muerte antes que cambiar de chaqueta para complacer al Rey Enrique VIII.

Después de varios meses de encierro en la Torre de Londres, en condiciones lamentables, fue decapitado. No quiso aferrarse al puesto, del que dimitió aunque peligrara el pan de su familia y prefirió morir antes que dejar de ser consecuente con sus principios.

No todo vale para instalarse en el poder.

A la luz de su patrono Tomás Moro, deberían los políticos hacer examen de conciencia:

Si el político es creyente, ¿es coherente permanecer en el poder a costa de renunciar a los principios fundamentales de su fe?

Conozco políticos que por "intereses" se han alejado de la fe o de la Iglesia, o que han renunciado a la defensa de valores fundamentales para agradar a sus partidos.

¿Es ético que un gobernante, llamado a servir a todos, especialmente a los más desfavorecidos, busque ante todo su enriquecimiento personal? ¿Puede en conciencia lavarse las manos y permanecer impasible ante las necesidades y problemas de los demás con tal de no perder el puesto?

Hay políticos que actúan al dictado de las multinacionales o internacionales, que se venden y venden a sus súbditos. Acaso es condición indispensable para ser un buen político basarse en la mentira y la falsedad?

El mensaje de Tomás Moro está claro:

Uno no debe acceder a la política para hacerse rico, ni permanecer en el puesto a cualquier precio.

Como alguien ha dicho, "Santo Tomás Moro fue un mártir de la libertad porque se opuso a la pretensión del poder de dominar sobre las conciencias".

¡Qué ejemplo tan hermoso y qué contraste tan enorme con el mundo de la política rastrera de quienes solo buscan trepar!

escrito por Máximo Alvarez 
(fuente: catholic.net)

domingo, 22 de junio de 2014

Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor

Secuencia

Al Salvador alabemos,
que es nuestro Pastor y guía.
Alabémoslo con himnos y canciones de alegría.

Alabémoslo sin límites
y con nuestras fuerzas todas;
pues tan grande es el Señor,
que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamemos a Cristo,
que El es nuestro pan,
pues El es el Pan de Vida,
que nos da Vida inmortal.

Doce eran los que cenaban
y les dio pan a los doce.
Doce entonces lo comieron,
después, todos los hombres.

Sea plena la alabanza y llena de alegres cantos; que nuestra alma se desborde
en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución de este banquete divino,
el banquete del Señor.

Esta es la nueva Pascua, Pascua del Unico Rey, que termina con la alianza tan pesada de la ley.

Esto nuevo, siempre nuevo, es la luz de la verdad, que sustituye a lo viejo con reciente claridad.

En aquella última cena
Cristo hizo la maravilla de dejar
a sus amigos el memorial de su vida.

Enseñados por la Iglesia, consagramos pan y vino, que a los hombres nos redimen,
y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano
que el pan se convierte en carne,
y lo que antes era vino
queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos,
pues no alcanza la razón;
mas si las vemos con fe,
entrarán al corazón.

Bajo símbolos diversos y en diferentes figuras,
se esconden ciertas verdades
maravillosas, profundas.

Su sangre es nuestra bebida;
su carne, nuestro alimento;
pero en el pan o en el vino
Cristo está todo completo.

Quien lo come, no lo rompe,
no lo parte ni divide;
El es el todo y la parte;
vivo está en quien lo recibe.

Puede ser tan sólo uno
el que se acerca al altar,
o pueden ser multitudes:
Cristo no se acabará.

Lo comen buenos y malos,
con provecho diferente;
no es lo mismo tener vida
que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte
y a los buenos les da vida.
¡Qué efecto tan diferente tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures; sólo parten lo exterior; en el mínimo fragmento entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior,
sólo parten lo que has visto;
no es una disminución de la persona de Cristo.

El pan que del cielo baja es comida de viajeros,
es un pan para los hijos.
¡No hay que tirarlo a los perros!

Isaac, el inocente, es figura de este pan,
con el cordero de Pascua y el misterioso maná.

Ten compasión de nosotros,
buen pastor, pan verdadero.
Apaciéntanos y cuídanos y condúcenos al cielo.

Todo lo puedes y sabes,
pastor de ovejas, divino.
Concédenos en el cielo
gozar la herencia contigo.
Amén.


Aclamación antes del Evangelio (Juan 6, 51)
R. Aleluya, aleluya.- Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este Pan vivirá para siempre. R. Aleluya.


del Evangelio según san Juan (Jn 6, 51-58)Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que Yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? ” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y Yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí y Yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y Yo vivo por El, así también el que me come vivirá por Mí. Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.


En el ángelus: Volvernos 'pan partido'. La tortura es pecado mortal
El Santo Padre invita a seguir a Jesús eucaristía donándonos a nuestro prójimo

Ciudad del Vaticano, 22 de junio de 2014 (Zenit.org) El santo padre Francisco rezó este domingo 22, la oración del ángelus desde la ventana de su estudio que asoma a la plaza de San Pedro, en donde una multitud le esperaba. Y les dirigió las siguientes palabras:

"Queridos hermanos y hermanas

En Italia y en muchos otros países del mundo se celebra este domingo la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y se usa frecuentemente el nombre en latín: Corpus Domini, o Corpus Christi. La comunidad eclesial se recoge entorno a la eucaristía para adorar el tesoro más precioso que Jesús nos ha dejado.

El evangelio de Juan nos presente el discurso sobre el 'pan de vida', que Jesús realizó en la sinagoga de Cafarnaún, en el cual afirmó: 'Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si uno come este pan vivirá eternamente y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Jesús subraya que no vino a este mundo para traer alguna cosa, pero para dar su vida, para nutrir a quienes tiene fe en Él. Esta comunión con el Señor nos empeña a nosotros sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, con nuestra actitud un pan partido para los otros, como el Maestro ha partido el pan que es su realmente su carne. Para nosotros en cambio son las actitudes generosas hacia el prójimo lo que lo demuestran.

Cada vez que participamos a la Santa Misa y nos nutrimos del Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo actúa en nosotros, llena nuestro corazón y nos comunica actitudes interiores que se traducen en comportamientos según el Evangelio.

Sobre todo la palabra de Dios, después la fraternidad entre nosotros, el coraje del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desanimados, de acoger a los excluidos.

De esta manera la eucaristía hace madurar un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo acogida con el corazón abierto nos cambia, nos transforma, nos vuelve capaces de amar, no según una medida humana, siempre limitada, sino según la medida de Dios, o sea sin medida.

¿Y cuál es la medida de Dios?, sin medida. La medida de Dios no tiene medida, todo, todo, todo. No se puede medir el amor de Dios, porque no tiene medida. Y entonces nos volvemos capaces de amar también a quien no nos ama. Y no es fácil amar a quien no nos ama, no es fácil, porque si sabemos que una persona no nos quiere, también nosotros tenemos ganas de no quererlo. Y no, tenemos que amar también a quien no nos ama, de oponernos al mal con el bien, de perdonar, de compartir, de acoger.

Gracias a Jesús y al Espíritu, también nuestra vida se vuelve “pan partido” para nuestros hermanos. Y viviendo así descubrimos la verdadera alegría, la alegría de volverse don, para devolver el gran don que nosotros recibimos primero sin tener mérito. Es bello esto, nuestra vida se hace don, esto es imitar a Jesús.

Querría recordar dos cosas. Primero: la medida de amar a Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Nuestra vida con el amor de Jesús recibiendo la eucaristía, se hace un don, como fue la vida de Jesús. No nos olvidemos de estas dos cosas: La medida del amor de Dios es amar sin medida. Siguiendo a Jesús con la eucaristía, hacemos de nuestra vida un don.

Jesús, pan de vida eterna, descendió del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Después de haberlo llevado en sí con inefable amor, Ella lo ha seguido fielmente hasta la cruz y la resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a descubrir la belleza de la eucaristía, a hacerla el centro de nuestra vida, especialmente en la misa dominical y en la adoración".

El Santo Padre rezó el ángelus y a continuación ha recordado que "el 26 de junio próximo es la Jornada de las Naciones Unidas por las víctimas de la tortura. En esta circunstancia reitero la firme condena de todo tipo de tortura e invito a los cristianos a empeñarse para colaborar a la abolición y apoyar a las víctimas y a sus familiares. Torturar a las personas es un pecado mortal, un pecado mortal muy grave".

Y concluyó sus palabras saludando “a todos los romanos y peregrinos aquí presentes”, a los estudiantes de diversas escuelas y a algunas iniciativas varias. Y se despidió de los presentes con su “buona domenica e un buon pranzo. Arrivederci”.

(Traducido y debobinado por H. Sergio Mora)
(22 de junio de 2014) © Innovative Media Inc.

sábado, 21 de junio de 2014

También vosotros estáis dentro del cáliz

1 Cor 11,23-26: También vosotros estáis sobre la mesa, también vosotros estáis dentro del cáliz

Lo que estáis viendo, amadísimos, sobre la mesa del Señor es pan y vino; pero este pan y este vino se convierten en el cuerpo y la sangre de la Palabra cuando se les aplica la palabra. En efecto, el Señor era la Palabra en el principio, y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios (Jn 1,1). Debido a su misericordia que le impidió despreciar lo que había creado a su imagen, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). Como sabéis, pues, la Palabra misma asumió al hombre, es decir, al alma y la carne del hombre, y se hizo hombre permaneciendo Dios. Y puesto que sufrió por nosotros, nos confió en este sacramento su cuerpo y sangre, en que nos transformó también a nosotros mismos, pues también nosotros nos hemos convertido en su cuerpo y, por su misericordia, somos lo que recibimos.

Recordad lo que era antes en el campo este ser creado; cómo lo produjo la tierra, lo nutrió la lluvia, y lo llevó a convertirse en espiga; a continuación lo llevó a la era el trabajo humano, lo trilló, lo aventó, lo recogió, lo sacó, lo molió, lo amasó, lo coció y, finalmente, lo convirtió en pan. Centraos ahora en vosotros mismos: no existíais, fuisteis creados, llevados a la era del Señor y trillados con la fatiga de los bueyes, es decir, de los predicadores del evangelio. Mientras permanecisteis en el catecumenado estabais como guardados en el granero; cuando disteis vuestros nombres comenzasteis a ser molidos con el ayuno y los exorcismos. Luego os acercasteis al agua. Fuisteis amasados y hechos unidad; os coció el fuego del Espíritu Santo, y os convertisteis en pan del Señor.

He aquí lo que habéis recibido. Veis cómo el conjunto de muchos granos se ha transformado en un solo pan; de idéntica manera, sed también vosotros una sola cosa amándoos, poseyendo una sola fe, una única esperanza y un solo amor. Cuando los herejes reciben este sacramento, reciben un testimonio en contra suya, puesto que ellos buscan la división, mientras que este pan les está indicando la unidad. Lo mismo sucede con el vino: antes estuvo en muchos cuévanos, y ahora en un único recipiente; forma una unidad en la suavidad del cáliz, pero tras la prensa del lagar. También vosotros habéis venido a parar, en el nombre de Cristo, al cáliz del Señor después del ayuno y las fatigas, tras la humillación y el arrepentimiento; también vosotros estáis sobre la mesa, también vosotros estáis dentro del cáliz. Sois vino conmigo: lo somos conjuntamente; juntos lo bebemos, porque juntos vivimos.

Sermón 229,1-2 
(fuente: www.mercaba.org)

Eucaristía y transubstanciación: presencia real de Dios

En la eucaristía el pan y el vino se convierten, por la transubstanciación originada en la caridad divina, en el cuerpo y sangre de Cristo.

El día de Corpus Christi fue instituido en 1264 como festividad del cuerpo y la sangre de Cristo en el sacramento de la Eucaristía. Muchos son los signos de alegría y veneración popular en esta fiesta. Sin embargo, surgen entre los fieles algunas inquietudes sobre este sacramento. Por ejemplo, no se sabe con claridad cómo está presente Cristo en el pan y el vino. Tampoco hay seguridad sobre la verdadera conversión del pan en el cuerpo de Cristo.

Es verdad que no se puede amar lo que no se conoce. Y si nos acercamos a la eucaristía sin tener una firme convicción, basada en razones que armonicen con la fe y ayuden a su comprensión, no se puede gozar de la plenitud en Cristo. Trataremos sobre tres interrogantes principales. Primero, si la eucaristía es una realidad o sólo un signo. Después, el modo en que Cristo está presente en el sacramento, y finalmente, el poder que convierte el pan en el cuerpo de Cristo.


Eucaristía: ¿Realidad o sólo un signo?

La eucaristía es sacramento porque es un signo sensible que nos une a la vida divina. Sin embargo, a diferencia de los otros sacramentos, nos une a Dios de manera peculiar, pues en ella se nos da Dios mismo en el cuerpo y la sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino.

Es del común conocimiento de los cristianos la presencia real de Cristo, de su cuerpo, alma y divinidad en la eucaristía. Pero las explicaciones de esta presencia no son claras, pues: Si en verdad está presente el cuerpo de Cristo en el sacramento ¿No debiéramos notar esta presencia con toda la naturaleza que un cuerpo humano implica? Es decir, ¿No debiera estar presente un cuerpo orgánico con verdadera sangre y verdadera carne? Se podría pensar que, si no hay tales manifestaciones de un cuerpo vivo, la eucaristía es sólo un signo, pero no la presencia real de Cristo.

Contra esto, sabemos por fe que Jesucristo hace del pan, su carne y del vino su sangre. En este sacramento está el verdadero cuerpo de Cristo y su sangre, no lo pueden verificar los sentidos, sino la sola fe, que se funda en la autoridad divina. En breve podemos decir que Cristo ha querido permanecer con nosotros para fortalecer amorosamente nuestro proceso de optimación. Ha querido permanecer como sacramento para que recurramos constantemente a él, y en él nos perfeccionemos. Cristo, con autoridad, instituyó este sacramento con palabras claras: “Esto es mi cuerpo”, “Este es el cáliz de mi sangre”. Entonces, creemos por la fe basada en la autoridad, que en la eucaristía está realmente presente Cristo.


¿Cómo está Cristo realmente presente en el sacramento?

Lo que inmediatamente podemos preguntarnos es ¿Cómo es que está presente? Algunos dicen: “Yo no lo veo”, y dicen bien, pues no podemos ver a Cristo en el sacramento porque nuestros sentidos no lo perciben. En cambio, por fe sabemos que está presente, y por razón, conocemos que toda la substancia de Cristo está ahí. El modo en que la Iglesia ha tradicionalmente explicitado la presencia de Cristo en el sacramento es la transubstanciación.

Substancia es lo que es por sí mismo. O sea, lo que no necesita de otro para ser ni está en otra cosa. Ahora bien, transubstanciación significa cambiar de substancia, el cambio de una naturaleza determinada por otra. Cristo, al ser un hombre resucitado, está en algún lugar. Y para hacerse presente en sacramento no deja el lugar en donde está, pues no vemos que su cuerpo caiga del cielo o que entre por la puerta. Por tanto, el cambio de pan y vino a cuerpo y sangre de Cristo no ocurre como el cambio de lugar entre dos cosas, sino por cambio substancial. Es decir, el pan deja de ser propiamente pan y se convierte en carne. El vino deja de ser propiamente vino y se convierte en sangre. Es obvio que en la Eucaristía no comemos propiamente carne ni bebemos sangre, pero es verdad que las consumimos, sólo que bajo las especies y accidentes del pan y del vino.

En la transubstanciación no queda nada de la substancia del pan y del vino. Sí en cambio, queda toda la substancia de Cristo, pero no sus propiedades particulares, pues la substancia se entiende, no se ve. Si se nos permite esta expresión digamos que no vemos ni las manos ni los pies de Cristo, pero sabemos, por fe en la autoridad de Jesús, que él mismo está presente en el sacramento.

Bien entonces podríamos pensar que la transubstanciación es un mero juego de palabras, con las que atribuimos a alguna cosa una naturaleza que no le pertenece. Mencionemos a colación que, usando esta falacia, un artista “cambió” un vaso de vidrio a ser un roble.


El poder agente: la caridad divina

La transubstanciación necesita un poder agente. No sólo por atribuir una naturaleza a una cosa, se dará el hecho en la realidad, pues se necesita una mediación a través de un poder. El poder que acciona el cambio de pan a carne y de vino a sangre no es otro sino el de Dios. Cristo, siendo Dios, instituyó el sacramento y lo encomendó a los discípulos. Sin embargo, no son las fuerzas del sacerdote las que convierten los dones eucarísticos en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino el poder mismo de Dios, presente por las palabras de consagración que se hace in persona Christi, a nombre de Cristo.

Pero ¿cuál es el poder agente que convierte el pan y vino en cuerpo y sangre de Cristo? Para responder esta pregunta basta recordar que la eucaristía es sacramentum caritatis, sacramento y misterio del amor. Sacramento se puede entender como misterio, pues misterio es lo que une con Dios, y es su misma caridad benevolente la que une a los cristianos en el cuerpo de la Iglesia. El amor de Dios es el poder agente que convierte nuestros dones en el cuerpo y la sangre de Cristo, pues por su amor Dios desea estar entre nosotros para hacernos plenos y participarnos de su vida inmortal.

Finalicemos con una frase de San Cirilo usada por Santo Tomás de Aquino, en cuya doctrina nos hemos basado para aclarar las cuestiones vistas: No dudes de que esto sea verdad, sino recibe con fe las palabras del Salvador, ya que, siendo la verdad, no miente.

escrito por Gabriel González Nares
(fuente: www.encuentra.com)

viernes, 20 de junio de 2014

Corpus Christi ... ¿Entiendes lo que ésto significa?

La Eucaristía es el sacramento por excelencia de la Iglesia, porque brotó del amor redentor de Jesucristo.

Hay, en Tierra Santa, un pueblecito llamado Tabga. Está situado junto a la ribera del lago Tiberíades, en el corazón de la Galilea. Y se halla a los pies del monte de las Bienaventuranzas. La Galilea es una región de una gran belleza natural, con sus verdes colinas, el lago de azul intenso y una fértil vegetación. Este rincón, que es como la puerta de entrada a Cafarnaúm, goza todo el año de un entorno exuberante. Es, precisamente en esta aldea, donde la tradición ubica el hecho histórico de la multiplicación de los panes realizada por Jesús.

Ya desde el siglo IV los cristianos construyeron aquí una iglesia y un santuario, y aun hoy en día se pueden contemplar diversos elementos de esa primera basílica y varios mosaicos que representan la multiplicación de los panes y de los peces.

Pero hay en la Escritura un dato interesante. Además de los relatos de la Pasión, éste es el único milagro que nos refieren unánimemente los cuatro evangelistas, y esto nos habla de la gran importancia que atribuyeron desde el inicio a este hecho. Más aún, Mateo y Marcos nos hablan incluso de dos multiplicaciones de los panes. Y los cuatro se esmeran en relatarnos los gestos empleados por Jesús en aquella ocasión: “Tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos –dio gracias, nos dice san Juan—, los partió y se los dio a los discípulos para que se los repartieran a la gente”.

Seguramente, los apóstoles descubrieron en estos gestos un acto simbólico y litúrgico de profunda significación teológica. Esto no lo adviertieron, por supuesto, en esos momentos, sino a la luz de la Última Cena y de la experiencia post-pascual, cuando el Señor resucitado, apareciéndose a sus discípulos, vuelve a repetir esos gestos como memorial de su Pasión, de su muerte y resurrección. Y, por tanto, también como el sacramento supremo de nuestra redención y de la vida de la Iglesia.

Año tras año, el Papa Juan Pablo II escribió una carta pastoral dirigida a todos los sacerdotes del mundo con ocasión del Jueves Santo, día del sacerdocio y de la Eucaristía por antonomasia.

En la Encíclica Ecclesia de Eucharistia nos dice que "La Iglesia vive de la Eucaristía". Así iniciaba el Papa su meditación. "Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia”. Y a continuación tratará de hacernos comprender, valorar y vivir esta afirmación inicial.

En efecto, la Eucaristía es el sacramento por excelencia de la Iglesia –y, por tanto, de cada uno de los bautizados— porque brotó del amor redentor de Jesucristo, la instituyó como sacramento y memorial de su Alianza con los hombres; alianza que es una auténtica redención, liberación de los pecados de cada uno de nosotros para darnos vida eterna, y que llevó a cabo con su santa Pasión y muerte en el Calvario. La sangre y el agua que brotaron del costado traspasado de Cristo sobre la cruz nos hablan de este mismo misterio.

El Sacrificio eucarístico es –recuerda el Papa, tomando las palabras del Vaticano II— "fuente y culmen de toda la vida cristiana". Cristo en persona es nuestra Pascua, convertido en Pan de Vida, que da la vida eterna a los hombres por medio del Espíritu Santo.

Juan Pablo II nos confiesó que, durante el Gran Jubileo del año 2000, tuvo la grandísima dicha de poder celebrar la Eucaristía en el Cenáculo de Jerusalén, en el mismísimo lugar donde la tradición nos dice que fue realizada por Jesucristo mismo la primera vez en la historia. Y varias veces trajó el Papa a la memoria este momento de gracia tan singular. El Papa sí valoró profundamente lo que es la Eucaristía. En el Cenáculo –nos recuerda el Santo Padre— “Cristo tomó en sus manos el pan, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros” (Eccl. de Euch., nn. 1-2).

Estos gestos y palabras consacratorias son las mismas que empleó Jesús durante su vida pública, en el milagro de la multiplicación de los panes. Si Cristo tiene un poder absoluto sobre el pan y su naturaleza, entonces también podía convertir el pan en su propio Cuerpo, y el vino en su Sangre.

Y decimos que la Eucaristía es el "memorial" de nuestra redención porque –con palabras del mismo Santo Padre— "el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca, sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos". Esto, precisamente, significa la palabra "memorial". No es un simple recuerdo histórico, sino un recuerdo que se actualiza, se repite y se hace realmente presente en el momento mismo de su celebración.

Por eso –continuó el Papa— la Eucaristía es "el don por excelencia, porque es el don de sí mismo (de Jesucristo), de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación.

Ésta no queda relegada al pasado, pues todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos... Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y se realiza la obra de nuestra redención" (Eccl. de Euch., n. 11).

Ojalá, pues, que en esta fiesta del Corpus Christi que celebraremos, todos valoremos un poco más la grandeza y sublimidad de este augusto sacramento que nos ha dejado nuestro Señor Jesucristo, la Eucaristía, el maravilloso don de su Cuerpo y de su Sangre preciosa para nuestra redención: "Éste es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos, para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria mía".

Que a partir de hoy vivamos con una fe mucho más profunda e intensa, y con mayor conciencia, amor y veneración cada Eucaristía, cada Santa Misa: ¡Gracias mil, Señor, por este maravilloso regalo de tu amor hacia mí!

escrito por el Padre Sergio A. Córdova 
(fuente: catholic.net)

jueves, 19 de junio de 2014

La Eucaristía abre a las necesidades del mundo

“Aunque se deban a todos –señala el Concilio Vaticano II–, los presbíteros tienen encomendados de manera especial a los pobres y a los más débiles, con quienes el Señor se presenta asociado y cuya evangelización se da como prueba mesiánica” (Decreto sobre los Presbíteros, n. 6).

Esto es consecuencia de la identificación de los presbíteros con Cristo, especialmente en la Eucaristía. Lo explicó Benedicto XVI, al responder a la pregunta de un sacerdote japonés, en la vigilia de la conclusión del Año sacerdotal: ¿cómo vivir el culto eucarístico, sin caer en un clericalismo o en un alejamiento de la vida cotidiana de las personas? El Papa le respondió yendo al punto central: “La Eucaristía no es cerrarse al mundo, sino precisamente la apertura a las necesidades del mundo”. En la Eucaristía se manifiesta de modo pleno y total el abajamiento de Dios y su abandono: su salida de sí mismo por amor nuestro. En la Eucaristía el sacerdote está para que todos los cristianos participemos de esa “aventura del amor de Dios”, al dejarnos atraer a la comunión del único pan, del único Cuerpo:

“Así debemos celebrar, vivir, meditar siempre la Eucaristía, como esta escuela de liberación de mi ‘yo’: entrar en el único pan, que es pan de todos, que nos une en el único Cuerpo de Cristo. Y por tanto, la Eucaristía es, de por sí, un acto de amor, nos obliga a esta realidad del amor por los demás: la Eucaristía el sacrificio de Cristo, es la comunión de todos en su Cuerpo. Y por tanto, de esta forma, debemos aprender a vivir la Eucaristía, que es además lo contrario del clericalismo, de cerrarse en sí mismos”. Y ponía el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta, que se dio a los más pobres a partir de la oración ante el Sagrario.

Ciertamente, la apertura a los necesitados es una manifestación de la secularidad cristiana, es decir, del amor cristiano al mundo siguiendo a Cristo. Y por tanto, la preocupación por los demás –por sus necesidades materiales y espirituales– es un antídoto contra el clericalismo –tentación no exclusiva de clérigos–, que desconoce las exigencias de la Eucaristía y sus frutos: “Vivir la Eucaristía en su sentido original, en su verdadera profundidad, es una escuela de vida, es la protección más segura contra toda forma de clericalismo”.

Los obispos españoles habían llegado a una conclusión similar, un mes antes, cuando, con motivo del Corpus Christi presentaron un mensaje titulado: “El sacerdote, hombre de caridad” (15-V-2010). En ese documento señalaban que atender especialmente a los más pobres y necesitados es un deber para todo cristiano, y especialmente para el sacerdote; un deber que brota de la configuración con Cristo en la Eucaristía.

El argumento es claro: “Si la caridad es algo que pertenece a la naturaleza de la Iglesia y, en consecuencia, a toda la comunidad cristiana –señalaban los obispos–, tarea del sacerdote es hacer que en la comunidad cristiana se viva y exprese el servicio a los pobres. Compete al sacerdote procurar que cada uno de sus fieles sea conducido por el Espíritu ‘a la caridad sincera y diligente’”. Se recuerda con total acierto que la caridad no es sólo una tarea individual, sino que también pertenece a la comunidad cristiana, y por tanto necesita una organización y programación.

En el congreso de la diócesis de Roma –el pasado 15 de junio–, el Papa ha subrayado el valor central de la Eucaristía como actualización del sacrificio de Cristo y la verdad de la transustanciación. Y ha vuelto a insistir en que la Eucaristía exige la caridad: “Las necesidades y la pobreza de tantos hombres y mujeres nos interpelan profundamente: es Cristo mismo quien día a día, en los pobres, nos pide que le quitemos el hambre y la sed, que le visitemos en los hospitales y en las cárceles, que le acojamos y vistamos. La Eucaristía celebrada nos impone y al mismo tiempo nos hace capaces de convertirnos en pan partido para los hermanos, saliendo al paso de sus exigencias y entregándonos a nosotros mismos. Por este motivo, una celebración eucarística que no lleve a encontrar a los hombres allí donde viven, trabajan y sufren para llevarles el amor de Dios, no manifiesta la verdad que encierra”.

Tras el final del año sacerdotal, que coincidió con el Corpus Christi y la solemnidad del Corazón de Jesús, es, en efecto, un buen momento para que cada sacerdote se pregunte cómo a su alrededor puede crecer esta sensibilidad por los más pobres. Ante todo, en el corazón de cada cristiano, que deberá vivir la caridad con el prójimo de muchas maneras, según su condición, posibilidades y circunstancias. En segundo lugar, organizando ese servicio de la caridad en cada comunidad cristiana (las parroquias, las familias, los movimientos y demás grupos e instituciones eclesiales), pues la caridad es el signo por excelencia del Evangelio.

Hay que rezar y trabajar para que –como suele decir Benedicto XVI– la Eucaristía implique verdaderamente a todos los cristianos en la entrega de Cristo. Y qué bueno es pedir eso mismo para los sacerdotes, como hacen nuestros obispos: “Que configurados con Cristo Pastor, su corazón se conmueva siempre ante los pobres, los hambrientos, los excluidos, los marginados. Que identificados con Cristo Sacerdote renueven con gozo la ofrenda de sus vidas en cada Eucaristía al servicio de la salvación de todos los hombres. Que en el seno de nuestras comunidades cristianas sean los hombres de la caridad animando y presidiendo el ejercicio organizado de la caridad”.

escrito por Ramiro Pellitero, 
Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra 
publicado en www.analisisdigital.com, 18-VI-2010
(fuente: www.encuentra.com)

miércoles, 18 de junio de 2014

Adoramos a Dios mismo hecho hombre

Esta Solemnidad de Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre del Señor, que celebramos es una fiesta para toda la Iglesia, pues adoramos a Dios mismo hecho hombre que ha querido quedarse en medio de nosotros, para alimentarnos y guiarnos, en la forma especialísima del Santísimo Sacramento. Rendimos culto a la forma más sagrada de Dios en medio del mundo.

Con esta celebración completamos el itinerario de revelación de Dios que se inició el domingo de Ramos, con su entrada a Jerusalén, continuó y se expresó puntualísimamente en su Pasión y Muerte, que desembocaron en la gloria de la Resurrección; y enviándonos el Espíritu Santo para darnos la fortaleza de seguir caminando como Iglesia nos impulsa a salir y a comprometernos decisivamente con el proyecto del Reino, es decir, no de modo parcial como cristianos de mediodía, o de medio tiempo, sino como cristianos de 24 hs. Esto mismo reflejaba el Santo Padre Benedicto XVI en su reflexión al celebrar este jueves Corpus Christi: “ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo nutre y lo une a Sí en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorización de la asamblea litúrgica, en la que el Señor actúa y realiza su misterio de comunión, sigue siendo naturalmente válida, pero debe resituarse en el justo equilibrio. En efecto –como a menudo sucede- para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la acentuación sobre la celebración de la Eucaristía ha ido en detrimento de la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles.”

“En efecto, concentrando toda la relación con Jesús Eucaristía en el único momento de la Santa Misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y así se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como “Corazón latiente” de la ciudad, del país, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la Caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.”

Así, somos impulsados a fomentar en nosotros una nueva conciencia sagrada y de lo sagrado, descubriéndonos como sagrado por el don de la vida de Dios depositado en cada uno, y percibiendo lo sagrado en el otro y en la realidad toda. Desde lo alto del Santísimo podemos alcanzar una mirada sobrenatural de la realidad que nos rodea, y es la Adoración permanente de él una escuela de fe para nuestra vida cristiana.-

Comentario de la Festividad de Corpues Christi, por Emilio Rodríguez Ascurra 
(fuente: www.la-oracion.com)

martes, 17 de junio de 2014

El misterio de Dios, uno y trino

El Espíritu termina de revelarnos la vida íntima de Dios Uno y Trino.

Los judíos contemporáneos a Jesús si bien profesaban la fe en Dios, eran monoteístas, no pocas veces se dejaban llevar por otros dioses provenientes del paganismo, de ahí que insistentemente muchos profetas predicaran al Dios Uno, al tiempo que suplicaran a Dios piedad por el pueblo que dudaba, que “quema incienso en el altar de otros dioses”. Este Dios Uno quiso manifestarse y revelarse de manera definitiva en su hijo, Jesucristo, quien invitó a la conversión, es decir, a modificar hábitos y conductas de vida de acuerdo a una vida religiosa seria.

Antes de su partida prometió a sus discípulos el Espíritu Santo y lo envió a los cuarenta días de su resurrección, sentado a la derecha del Padre. El Espíritu termina de revelarnos la vida íntima de Dios Uno y Trino, pues nuestra fe es monoteísta, no creemos en tres dioses, sin embargo su amor es tan grande que es canalizado en la figura de las Tres Divinas Personas, la Santísima Trinidad: el amor, el amado y el amante.

El Espíritu procede del Padre y del Hijo, como rezamos en el Credo Niceno, al tiempo que ninguno es superior al otro, pues los tres son Dios; y ninguno es anterior a otro, su manifestación puede haber ocurrido antes o después pero los tres están desde el principio de la historia. Los Padres de la Iglesia ven en el relato de la creación un anticipo, cuando no casi una manifestación, de la Trinidad: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1,2). La imagen que posteriormente se utilizará para representar al Espíritu Santo, la de una paloma, aparece prefigurada en este texto.

Contemplar el misterio de la Trinidad nos lleva a reconocer a Dios como nuestro único Señor en sus Tres divinas Personas, y a dejar de lado la creencia en otros dioses, es común hoy encontrarnos con cierto sincretismo religioso que identifica a las distintas Personas con fuerzas, energías, colores, nada de esto hay en la fe que profesamos los cristianos. Quien queda enlazado a este misterio glorifica a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo con cada acto de su vida, y torna su vida poniéndola en relación a aquello que Dios en su Hijo nos reveló y que por la fuerza del Espíritu podemos comprender, sin dejarse vencer por el desaliento, el cansancio, la oposición de mundo.

Quien cree en la Trinidad no vive una vida disociada donde la razón, el entendimiento y la voluntad van por diversos caminos, sino que los tres son encausados hacia una misma meta por la fe, esta es: la santidad. Pues por el bautismo que hemos recibido en nombre de las Tres divinas Personas somos depositarios de una vocación común: la santidad, una vida en la que lo ordinario se vuelve extraordinario.

escrito por Emilio Rodríguez Ascurra 
(fuente: www.la-oracion.com)

Corpus Christi es vivir de la riqueza de Dios


Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una gruta escuchó una voz misteriosa que desde dentro le decía:

"Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo importante. Pero recuerda algo: después que salgas, la puerta se cerrará para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, y no te olvides de lo principal….."

La mujer entró en la gruta y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso a su hijo en el suelo y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal.

La voz misteriosa habló nuevamente. "Tienes solo ocho minutos "

Agotados los ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la cueva y la puerta se cerró…

Recordó, entonces, que el niño quedó adentro y la puerta estaba cerrada para siempre.

La riqueza duró poco y la desesperación… para el resto de su vida!

Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos años para vivir, y una voz siempre nos advierte: "Y No te olvides de lo principal!"

Y lo principal son los valores espirituales, la eucaristía, el compromiso cristiano, la oración, la vigilancia, la familia, los amigos, la vida. Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal – a veces -queda en un plano secundario….

Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial " Los tesoros del alma!".

También nosotros, en este día del CORPUS CHRISTI, estamos llamados a entrar en un lugar donde el pan y el vino dejan de serlo para convertirse en permanente presencia de Cristo en la Eucaristía

Insertarnos en Cristo comporta siempre salir enriquecidos, no de bienes materiales, y sí llenos de su Espíritu en el corazón y en el alma. Treinta minutos, escasos, no son suficientes ni dan cuenta del valor que encierra la Eucaristía. Pero, toda una vida cristiana, sería difícil de llevarla adelante sin el aprovisionamiento del pan único y partido.

La festividad del CORPUS CHRISTI se hace demasiado grande para encorsetarla en los cuatro muros de un templo.

Es tan grande su misterio y tan en el corazón de la fe… que se desparrama por los aledaños y plazas saliendo de la mejor catedral o de la iglesia menos importante y más escondida.

Es tan firme nuestra devoción hacia la Eucaristía……que lo manifestamos públicamente, sin temor ni vergüenza, ante un mundo que ensucia y empapela las paredes no precisamente con palabras de verdad que llamen y empujen al amor verdadero.

-Es tan convencido nuestro aprecio por la presencia del Señor en la Eucaristía…..que necesitamos seguirle cuando, EL por delante, sale al asfalto en medio del entresijo de ciudades y pueblos, de hombres y mujeres gritándonos: ¡DIOS ESTA AQUÍ!

Impresiona tanto la “reserva” del AMOR de DIOS en el Sagrario… que sale en CUSTODIA para que el mundo entienda que sin El, el ser humano, será un fracasado

CORPUS… la caridad es causa de felicidad personal y comunitaria. El dar supone enriquecerse a sí mismo. Con la caridad todos somos beneficiados CORPUS… es centralizar el Misterio de la Eucaristía en aquel acto de supremo servicio donde Jesús da pruebas del señorío del amor de Dios en su corazón.

CORPUS… es manifestar públicamente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene. Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino. CORPUS… es manifestar públi- camente la convicción de todo cristiano católico que siente y vive en la Eucaristía el AMOR que Dios nos tiene. Que sabe que siempre hay un Misterio escondido detrás de las especies del pan y del vino.

CORPUS… es el AMOR de DIOS que toma cuerpo…. que se hace cuerpo; visible, alimento, vino y pan. Y, si el amor de DIOS se hace cuerpo, nuestras calles se hacen hueco y se abren de par en par para que, por unos momentos, se conviertan en mesa interminable donde los seguidores de Jesús celebren, proclamen, vivan y coman su pan multiplicado.

CORPUS… es el AMOR de DIOS a los hombres y – en trampolín- amor y servicio, generosidad y justicia, perdón y fraternidad……..de los hombres con los propios hombres. Si el AMOR DE DIOS se hace cuerpo, por nosotros, nosotros somos urgidos por imperativo de Jesús Eucaristía a ser igualmente cuerpo visible de: justicia y del compartir, de alegría y de tolerancia, de respeto y de fe de reconciliación y de esperanza, de ilusión de coraje, de piedad y de compromiso continuado en pro de una sociedad que no tiene más esquemas sino el poder para tener.

Ahora, en estos tiempos sobre todo, donde hay tanto contraste de culturas y hasta de religiones… es bueno manifestar públicamente lo que sentimos y lo que creemos: ¡DIOS ESTA AQUÍ!… mal que les pese a algunos. No sé por qué me da que el Corpus, hoy más que nunca, puede ser un desafío ante ese afán de replegar y de esconder todo lo que suene a religioso. La custodia, con Cristo dentro, puede ser perfectamente la gran pancarta de un Dios que sigue hablando y manifestándose a través de nosotros.

¡Feliz solemnidad del Corpus Christi!

escrito por el Padre Javier Leoz
(fuente: www.encuentra.com)

lunes, 16 de junio de 2014

Decir “Creo en Dios” es introducirse en una realidad que trasciende

Sabado 14 Jun 2014 Santa Fe (AICA) El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, destacó que “cuando decimos ‘Creo en Dios’, confesamos y nos introducimos en una realidad que nos trasciende. Entramos en un ámbito que lo sentimos familiar y, al mismo tiempo, tomamos conciencia de nuestra condición de criaturas. Estamos ante Alguien cercano, pero a quién sentimos que no lo manejamos. Esta sensación no es un signo que nos empobrece, por el contrario, nos introduce en la verdad profunda de lo que es el hombre como criatura”.

“Hay una actitud de aparente racionalidad que nos puede llevar a negar lo que no conozco o domino, lo que no es verificable con mis sentidos o lo que no está al alcance de mi mirada. Ello me puede llevar a concluir, Dios no existe. Sin embargo, dejaría de ser Dios si su existencia dependiera de mi voluntad o aceptación. Nuestra tentación puede ser ocupar el lugar de Dios y sentirnos creadores no criaturas”, advirtió.

El prelado explicó que “si bien la inteligencia humana, sin la ayuda de la fe, puede llegar a probar la existencia de un primer principio filosóficamente necesario, o incluso aceptar una zona de misterio que nos trasciende, todavía estaríamos en un ámbito previo al encuentro con un Dios personal, a quien le pudiera decir Creo en Ti. Nos encontraríamos en una suerte de ‘atrio’ del encuentro con Dios” y reflexionó: “Pienso que algo semejante habrá sentido san Pablo cuando, recorriendo el Areópago en Atenas, encontró un altar con esta inscripción: al dios desconocido, ahí comenzó él su célebre predicación a los atenienses: ‘Ahora, yo vengo, les dice, a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer’”.

Tras señalar que “este sentimiento religioso es valioso y pertenece a la dimensión espiritual del hombre”, recordó que “cuando Jesucristo nos revela el conocimiento de Dios como su Padre, que es nuestro Padre nos dice, nos está introduciendo en la verdad de lo que somos y nos está dando la llave más importante para conocernos”.

“El conocer a Dios nos lleva a conocernos a nosotros. Toda la revelación de Jesucristo es explicitarnos esta relación de Dios con el hombre. Hay un movimiento primero de Dios hacia nosotros a través de Jesucristo, que él mismo lo hace nuestro camino hacia Dios. Nuestra fe se apoya en el testimonio de la Palabra y la Obra de Jesucristo. Por ello, nos insiste la carta a los Hebreos: ‘Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, Jesús’. Es en Él, y por Él que conocemos la intimidad de Dios que es comunión de vida y amor, y que es para nosotros: Padre, Hijo y Espíritu Santo”, indicó.

Por último, monseñor Arancedo sostuvo que “estamos ante el misterio de la Santísima Trinidad al que sólo accedemos por la revelación de Jesucristo. La unidad de Dios se expresa en esta riqueza de relaciones y misiones que nos revela Jesucristo cuando nos dice que ha sido enviado por su Padre, y que Él nos enviará junto con su Padre al Espíritu Santo. Tres Personas distintas en la unidad de un solo Dios. Todo esto afirmamos cuando decimos Creo en Dios”.+
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