Buscar en mallinista.blogspot.com

martes, 30 de noviembre de 2010

De luz nueva se viste la tierra

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado.

Amén.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cuida tus pensamientos

"Ten cuidado con tus pensamientos;
que se volverán palabras.

Ten cuidado con tus palabras;
que se volverán actos.

Ten cuidado con tus actos;
que se volverán costumbres.

Cuidado con tus costumbres;
que será tu carácter.

Cuida tu carácter,
que será tu destino,
será tu vida...."

escrito por Franck Outlaw
fuente: Pastoral Juvenil Coyuca - http://pjcweb.org

domingo, 28 de noviembre de 2010

Empieza el Adviento: "Estén preparados"

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (Mt 24, 37-44)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró al arca. Y cuando menos lo esperaban sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo el trigo, una será tomada y la otra dejada. Velen, pues, y estén preparados, porque no saben que día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre."

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Con este Domingo Primero de Adviento comenzamos un nuevo Ciclo Litúrgico. El Adviento nos recuerda que estamos a la espera del Salvador. Y las Lecturas de hoy nos invitan a ver la venida del Señor de dos maneras:

Una es la venida del Señor a nuestro corazón, y la otra es la que se refiere a la Parusía; es decir, a la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos.

Respecto de la venida del Señor a nuestro corazón, la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is. 2, 1-5) nos recuerda que debemos prepararnos “para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”.

Respecto de la Segunda Venida de Cristo en gloria, la Carta de San Pablo a los Romanos (Rom. 13, 11-14) nos hace ver una realidad: a medida que avanza la historia, cada vez nos encontramos más cerca de la Parusía: “ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”. Por eso nos invita San Pablo a “despertar del sueño”.

Y ¿en qué consiste ese sueño? Consiste en que vivimos fuera de la realidad, tal como nos lo indica el mismo Jesucristo en el Evangelio de hoy (Mt. 24, 37-44). Consiste en que vivimos a espaldas de esa marcha inexorable de la humanidad hacia la Venida de Cristo en gloria. Consiste en que vivimos como en los tiempos de Noé, cuando -como nos dice el Señor- “la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca, y cuando menos lo esperaban sobrevino el diluvio y se llevó a todos”.

Y, nos advierte Jesucristo: “Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre”.

Así vivimos nosotros los hombres y mujeres de comienzos del siglo XXI: sin darnos cuenta de que -como dice este Evangelio- “a la hora que menos pensemos, vendrá el Hijo del hombre” (Mt. 24, 44).

Y, “a la hora que menos pensemos” -como ha sucedido a tantos- podríamos morir, y recibir en ese mismo momento nuestro respectivo “juicio particular”, por el que sabemos si nuestra alma va al Cielo, al Purgatorio o al Infierno.

O podría ocurrirnos que -efectivamente- tenga lugar la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos. Para cualquiera de las dos circunstancias hemos de estar preparados, bien preparados.

Estar preparados nos lo pide el Señor siempre y muy especialmente en este Evangelio: “Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor”.

¿En qué consiste esa preparación? Las Lecturas de este Primer Domingo del Año Litúrgico nos lo indican:

“Caminemos en la luz del Señor”, nos dice el Profeta Isaías.

“Desechemos las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz ... Nada de borracheras, lujurias, desenfrenos; nada de pleitos y envidias. Revístanse más bien de nuestro Señor Jesucristo”, nos dice San Pablo en su Carta a los Romanos (Rm. 13, 11-14)

¿Por qué estas indicaciones de conversión en este momento? Porque el Adviento es un tiempo de preparación de nuestro corazón para recibir al Señor. Estas indicaciones nos sugieren dejar el pecado y revestirnos de virtudes. Sabemos que tenemos todas las gracias de parte de Dios para esta preparación de nuestro corazón a la venida de Cristo, “para que El nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas”.

Nuestra colaboración es sencilla: simplemente responder a la gracia para ser revestidos con las armas de la luz, como son: la fe, la esperanza, la caridad, la humildad, la templanza, el gozo, la paz, la paciencia, la comprensión de los demás, la bondad y la fidelidad; la mansedumbre, la sencillez, la pobreza espiritual, la niñez espiritual, etc.

Recordemos que el Hijo de Dios se hizo hombre y nació en Belén hace más de dos mil años. El está continuamente presente en cada ser humano con su Gracia para “revestirnos de El”. El también está continuamente presente en la historia de la humanidad para guiarla hacia la Parusía, en que volverá de nuevo en gloria “para juzgar a vivos y muertos”, como rezaremos en el Credo.

El Adviento es tiempo de preparación para ese momento. Que nuestra vida sea un continuo Adviento en espera del Señor. Así podremos ir “con alegría al encuentro del Señor”, como nos dice el Salmo 121.

(fuente: www.homilia.org)

sábado, 27 de noviembre de 2010

Acerca de LA MEDALLA MILAGROSA

Las apariciones

El 27 de noviembre de 1830, a las 5 y media de la tarde, estando en oración en la capilla del convento, Santa Catalina Labouré ve en el sitio donde está actualmente la Virgen del globo, a la Virgen María totalmente resplandeciente, derramando de sus manos hermosos rayos de luz hacia la tierra. Ella le encomendó que hiciera una imagen de Nuestra Señora así como se le había aparecido y que mandara hacer una medalla que tuviera por un lado la inicial de la Virgen M, y una cruz, con esta frase "Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y le prometió ayudas muy especiales para quienes lleven esta medalla y recen esa oración.

Santa Catalina vio como dos cuadros vivientes. En el primero, la Virgen está de pie sobre medio globo terráqueo y lleva en sus manos un pequeño globo dorado. Sus pies aplastan una serpiente. En el segundo, salen de sus manos abiertas unos rayos de un brillo bellísimo. Al mismo tiempo Catalina oye una voz que dice:

«Estos rayos son el símbolo de las gracias que María consigue para los hombres». Después se forma un óvalo en torno a la aparición y Catalina ve como se inscribe en semicírculo una invocación, hasta entonces desconocida, escrita en letras de oro:

«Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».

Después, la medalla se vuelve y Catalina ve el reverso: arriba, una cruz sobre la letra inicial de María, abajo, dos corazones, uno coronado de espinas, otro atravesado por una espada. Todo queda rodeado de doce estrellas. Entonces oye Catalina estas palabras : «Haz, haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven con confianza recibirán grandes gracias».



La Medalla

En esta capilla escogida por Dios, la Virgen María en persona ha venido a revelar su identidad por medio de un objeto pequeño, una medalla, ¡destinada a todos sin distinción!

La identidad de María era tema de controversias entre teólogos desde los primeros tiempos de la Iglesia. En 431, el Concilio de Efeso había proclamado el primer dogma mariano: María es madre de Dios. Desde 1830, la invocación «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti» que se levanta hacia el cielo, mil y mil veces repetida por miles de almas cristianas en todo el mundo a petición de la Madre de Dios, va a producir su efecto.

El 8 de diciembre de 1854, Pío IX proclama el dogma de la Inmaculada Concepción: por una gracia especial que ya le venía de la muerte de su Hijo, María fue concebida sin pecado.

Cuatro años más tarde, en 1858, las apariciones de Lourdes van a confirmar a Bernadette Soubirous el privilegio de la madre de Dios.

Corazón Inmaculado, María fue la primera rescatada por los méritos de Jesucristo. Es luz para nuestra tierra. Todos estamos destinados, como ella, a la felicidad eterna.



La medalla milagrosa

Unos meses después de las apariciones, sor Catalina es destinada al hospicio de Enghien, en el distrito 12 de París, para cuidar a los ancianos. Se pone al trabajo. Pero la voz interior insiste: hay que hacer que se acuñe la medalla. De eso Catalina vuelve a hablar a su confesor, el Padre Aladel.

En febrero de 1832, hay en París una terrible epidemia de cólera, que va a hacer más de 20.000 muertos. Las Hijas de la Caridad empiezan a distribuir, en junio, las 2.000 primeras medallas acuñadas a petición del padre Aladel.

Son numerosas las curaciones, lo mismo que las protecciones y conversiones. Es un maremoto. El pueblo de París califica la medalla de «milagrosa».

En el otoño de 1834 ya hay más de 500.000 medallas, y en 1835 más de un millón en todo el mundo. En 1839, se ha propagado la medalla hasta alcanzar más de diez millones de ejemplares.

A la muerte de sor Catalina, en 1876, se cuentan más de mil millones de medallas.


La medalla luminosa

Las palabras y los símbolos grabados en el anverso de la medalla expresan un mensaje con tres aspectos estrechamente ligados entre sí.

«Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.»

La identidad de María se nos revela aquí explícitamente: la Virgen María es inmaculada desde su concepción. De este privilegio que ya le viene de los méritos de la Pasión de su Hijo Jesucristo, emana su inmenso poder de intercesión que ejerce para quienes le dirigen sus plegarias.

Por eso la Virgen María invita a todas las personas a acudir a ella en cualquier trance.

Sus pies en medio de un globo aplastan la cabeza de una serpiente.

Este globo representa a la tierra, el mundo. Entre judíos y cristianos, la serpiente personifica a Satanás y las fuerzas del mal.

La Virgen María toma parte en el combate espiritual, el combate contra el mal, cuyo campo de batalla es nuestro mundo. Nos invita a entrar nosotros también en la lógica de Dios que no es la lógica del mundo. La gracia auténtica de conversión es lo que ha de pedir el cristiano a María para transmitirla al mundo.

Sus manos están abiertas y sus dedos adornados con anillos que llevan piedras preciosas de las que salen rayos que caen esparciéndose por toda la tierra.

El resplandor de estos rayos, lo mismo que la hermosura y la luminosidad de la aparición descritas por Catalina, requieren, justifican y alientan nuestra confianza en la fidelidad de María (los anillos) para con su Criador y para con sus hijos; en la eficacia de su intervención (los rayos de gracia que caen en la tierra) y en la victoria final (la luz), ya que ella misma, primera discípula, es la primera salvada.



La medalla dolorosa

La medalla lleva en su reverso una inicial y unos símbolos que nos introducen en el secreto de María.

La letra « M » está coronada con una cruz.

La letra « M » es la inicial de María, la cruz es la Cruz de Cristo. Los dos signos enlazados muestran la relación indisoluble que existe entre Cristo y su Madre Santísima. María está asociada, a la misión de Salvación de la humanidad por su Hijo Jesús,y participa con su compasión en el mismo sacrificio redentor de Cristo.

Abajo, dos corazones, uno rodeado de una corona de espinas, el otro traspasado por una espada.

El corazón coronado de espinas es el Corazón de Jesús. Recuerda el cruel episodio de la Pasión de Cristo, relatado en los evangelios, antes de que se le diese muerte. Significa su Pasión de amor por los hombres.

El corazón traspasado con una espada es el Corazón de María, su Madre. Recuerda la profecía de Simeón relatada en los evangelios, el día de la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén por María y José. Significa el amor de Cristo que mora en María y su amor por nosotros : Para nuestra Salvación, acepta el sacrificio de su propio Hijo.

Los dos Corazones juntos expresan que la vida de María es vida de intimidad con Jesús.



Doce estrellas grabadas alrededor

Corresponden a los doce apóstoles y representan a la Iglesia. Ser de la Iglesia, es amar a Cristo y participar en su pasión por la Salvación del mundo. Todo bautizado está invitado a asociarse a la misión de Cristo uniendo su corazón a los Corazones de Jesús y de María.

La medalla es un llamamiento a la conciencia de cada uno, para que escoja, como Cristo y María, la vía del amor hasta la entrega total de sí mismo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Comienzan las fiestas de la Virgen del Valle

San Fernando del Valle de Catamarca, 26 Nov. 10 (AICA) La Iglesia particular de Catamarca prepara las fiestas patronales en honor de la Virgen del Valle, que cerrarán el Año Jubilar con motivo del centenario diocesano, y constituirán el puntapié inicial de la Misión Diocesana Permanente 2010 – 2016.

Las celebraciones comenzarán el próximo lunes 29 de noviembre con la tradicional bajada de la sagrada imagen, y finalizarán el 8 de diciembre con la solemne procesión desde la plaza del Maestro hasta el santuario de Nuestra Señora del Valle.

El lema que animará las actividades es “Hagan lo que Él les diga”, y el tema de predicación: “María, discípula misionera de Jesús”. Cada día habrá una meditación basada en ese tema general. Además cada día habrá misas dedicadas especialmente a los miembros de los distintos ámbitos eclesiales y de la sociedad.



Programa

Desde las 22 del sábado 27 de noviembre hasta las 6.30 del domingo se realizará una vigilia de oración por la vida.

El lunes 29 a las 19 será la solemne bajada de la sagrada imagen de la Virgen del Valle desde el camarín hasta el presbiterio, a cargo del obispo diocesano, monseñor Luis Urbanc.

En la misa del domingo 5 de diciembre a las 21 brindarán su homenaje a la Virgen el gobernador de Catamarca, Eduardo Brizuela del Moral, y su gabinete, además de los intendentes de la capital y el interior de la provincia, también con sus gabinetes. Ese día se entronizará la imagen de San Fernando.

El lunes 6 a las 10 se celebrará la misa de acción de gracias por las bodas de plata sacerdotales de los presbíteros Julio Alejandro Murúa y José Antonio Díaz.

En la gruta de Choya habrá celebración eucarística del 4 al 7 de diciembre a las 19.



Celebración central

El martes 7 a las 22 se rezará el Rosario por la Vida alrededor de la plaza 25 de Mayo, luego del cual se ofrecerá una Serenata a la Virgen del Valle. Durante la noche la catedral permanecerá abierta.

El miércoles 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, la jornada comenzará a las 5 con el rezo del Rosario y del Ángelus; seguirá con misa a las 5.30, Laudes a las 6.30; luego habrá misas a las 7 y 8, 9 y 11, y rezo del Ángelus a las 12.30.

La de las 9 será la misa episcopal en la que se realizará el solemne cierre del año jubilar por el primer centenario de la diócesis.

A las 18.30 se realizará una procesión con la imagen de Nuestra Señora del Valle desde la plaza del Maestro, seguirá por la Avenida Virgen del Valle y la calle República y finalizará en la catedral. Allí tendrá lugar el lanzamiento de la Misión Diocesana Permanente.

Más información: (03833) 427779 y catedral@cedeconet.com.ar.+

Humanidad de Jesucristo

Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. ¿Por qué creemos en él? ¿Qué significado tuvieron sus milagros?

Jesús vivió la mayor parte de su vida como un obrero, ganando su sustento con el sudor de su frente y el trabajo de sus manos.

Ejercía el oficio de carpintero en un taller humilde y alegre de Nazaret. De este modo dignificó y ennobleció el trabajo.

Cristo, como dice la Biblia: «se hizo igual al hombre en todo menos en el pecado» (Carta a los Hebreos, 4:15). Cuando San Pablo dice que «Cristo se hizo pecado por nosotros» (Segunda Carta de San Pablo a los Corintios, 5:21) se refiere a que tomó sobre sí la pena debida por nuestros pecados; pero no la culpa, lo cual sería incompatible con la infinita Bondad de Dios.

La vida y doctrina de Jesucristo son para nosotros un ejemplo de lo que tenemos que hacer para alcanzar el Reino de los Cielos, es decir, para salvarnos. él nos enseña el camino del cielo.

Cuando Jesucristo tenía unos treinta años comenzó a predicar su doctrina. Sanó milagrosamente a muchísimos enfermos y remedió a necesitados. Su vida pública puede resumirse en estas palabras de San Pedro : «Pasó haciendo el bien» (Hechos de los Apóstoles, 10:38).

Por eso muchos le seguían como discípulos. De entre ellos eligió doce para formarlos especialmente y para que, al faltar él, continuaran su obra.

Pero la clase dirigente judía no podía tolerar que un desconocido, no educado con ellos, les desplazara del favor popular. Creció la envidia y con ella el odio. Se cegaron hasta no ver las cosas más claras. Este hombre -decían- hace muchos milagros y todos se van con él . Lo lógico hubiera sido que, ya que reconocían los milagros, se rindieran ante ese testimonio de Dios, y le siguieran.

Pero no: se obcecaron y no pararon hasta que lo prendieron y lo entregaron a la autoridad romana, arrancándole la sentencia de muerte en cruz, que es la muerte más afrentosa que entonces se conocía.

Hoy hay un acercamiento de los judíos a la persona de Jesús. Se han escrito varios libros de judíos en este sentido. Uno de los más conocidos es el de Joseph Klausmer titulado: «Jesús von Nazaret», publicado en Jerusalén.

Recientemente han pasado al catolicismo del judaísmo personas eminentes, como el historiador Ludovico Pastor y Edith Stein, filósofa; Nadiuska, artista de cine, y André Frossard , que fue hijo del Primer Secretario General del Partido Comunista Francés, y es autor del libro «Dios existe, yo me lo encontré», un éxito mundial.

(fuente: www.encuentra.com)

jueves, 25 de noviembre de 2010

25 de noviembre: Santa Catalina de Alejandría

Los hombres no nacen santos. Ni santificados. Excepción hecha de la Virgen nuestra Madre, por sin igual privilegio concebida sin mancha, y de Juan Bautista, santificado en el seno de su madre, todos los mortales, después de Adán, arribamos a la vida por el puerto del pecado. De ahí que la historia de los santos ha descuidado con frecuencia la conservación de esta fecha. Los santorales, las monografías de los héroes del cristianismo cuando éste empezaba a ser, suelen consignar el año de su nacimiento seguido de un interrogante de duda, cuando no lo silencian por completo. Y si lo consignan con certeza, son todas las circunstancias que nos han guardado este dato, que en ningún caso (exceptuado Cristo) tiene razón de acontecimiento para la historia.

Todos los hombres nacemos, y el nacimiento no nos diferencia ni nos condiciona sin remedio. Los santos se han hecho y se hacen en una época, en un ambiente, en una familia que pueden haber facilitado su santificación, en muchos casos a pesar y precisamente por las dificultades que la época, el ambiente o la familia le brindaran.

Por el mero hecho de haber nacido, Dios nos llama a la santidad. Nos toca colaborar en el perfeccionamiento de nuestro ser en todas sus dimensiones.

De Catalina (en latín Catharina; Aecatharina en griego) no sabemos la fecha exacta de su nacimiento. Pero, a lo largo de los siglos, la leyenda se ha encargado de llenar piadosamente las lagunas de la historia.

A una de las desembocaduras del fertilizante Nilo, cuna de la historia, llegó un día vestido de laurel el poderoso dominador Alejandro Magno. Venía satisfecho de sus correrías triunfales por Siria y Palestina. Traía el recuerdo vivo de la majestuosa ciudad judía con el fastuoso templo de Yahvé. El brillo deslumbrante de los rabinos que enseñaban en las sinagogas, sólo comparable con la sabiduría abstracta de los filósofos atenienses, que la prodigaban en el Partenón y en las ágoras, le hizo concebir la idea de fundar una nueva ciudad—ángulo entre Atenas y Jerusalén—que perpetuara su nombre en el mundo de las letras: Alejandría, 332 antes de J. C.

Pocos años más tarde Tolomeo I Soter trasladará allí la capital del país y empezará a ser sede de las viejas culturas, "foco principal de la ciencia y del comercio de todo el Mediterráneo", lo mismo que Egipto (allí está emplazada) lo es de todas las civilizaciones: bastarían los 700.000 volúmenes de su biblioteca y sus 14.000 estudiantes simultáneos para justificar el renombre de su famosa Universidad (Museum en sus días y en los nuestros).

Atraídos por su doble fama: Puerto y Museum sobre un suelo fecundo, no tardaron en establecerse allí los nómadas de todos los pueblos. Los judíos, linces en la especulación y avaros de la ciencia, no fueron los últimos en llegar. Colonias de la Diáspora esparcidas por toda la nación, que habían quedado de los distintos cautiverios, fijaron aquí su residencia. Fieles a sus tradiciones y lectores asiduos de los Libros Sagrados, tenían en sus manos los elementos más puros de la verdadera filosofía. En esta tierra de momias y de pirámides, eminentemente religiosa, que cae de rodillas ante Osiris, dios de los muertos, y que presiente la inmortalidad de las almas; donde Jehová hablara a Moisés y condujera a su pueblo a través del desierto, no le sería difícil a los judíos ganar numerosos prosélitos.

Simpatizante al menos llegó a ser Tolomeo II, que hizo florecer el reino, influenciado desde sus principios por el pensamiento helenista, y mandó que setenta intérpretes tradujeran el Antiguo Testamento.

Aquí surgieron los auténticos representantes de la filosofía grecojudaica: Aristóbulo y Filón, empeñados en concordar la filosofía pagana con el Antiguo Testamento, presumieron ver en éste "la única fuente primordial de la ciencia y mitología griegas".

Por aquí pasó el neoplatónico Plotino con "su fuego de espiritualismo, sus concepciones abstrusas y su panteísmo emanatista". El que en frase de Fouillé "describe su Trinidad como si hubiera vivido en el cielo".

Esta es la patria histórica de Catalina. Este el origen sucesivo de Alejandría, rica y bella ciudad, faro potente y hermoso del Mediterráneo.

El año 30 antes de J. C., con el Imperio más poderoso que han conocido los siglos, pasa Egipto, como tantos otros pueblos, a ser provincia romana.

Y provincia romana seguía siendo cuando a finales del siglo III de la era cristiana paseaba sus calles abiertas una joven elegante, de sangre azul.

Estirpe real. La historia, la tradición, el arte y la leyenda están de acuerdo en transmitirnos este dato, como lo están en silenciar el nombre de sus progenitores.

Catalina frecuenta el Didascaleo, digno sucesor del antiguo Museum. Bebe allí las páginas eruditas de los viejos pergaminos. Aristóbulo, Filón, Plotino, son admirables y es elogioso su intento. No le convencen.

Ahora Alejandría está imbuida de cristianismo. No sabemos quién fuera su primer evangelizador. Según una tradición antigua, la Iglesia de Alejandría fue fundada por San Marcos.

Clemente presidió el Didascaleo, la escuela catequística más importante desde finales del siglo II. En el mismo Didascaleo sentó cátedra el polígrafo Orígenes, "el hombre de diamante con siete taquígrafos", según frase, de Eusebio. Clemente y Orígenes habían proseguido la trayectoria tradicional de Alejandría: armonizar. Ahora armonizar el cristianismo con la filosofía clásica, procurando dar a la doctrina de la Iglesia una base científica.

La rudimentaria escuela de catecúmenos se había convertido en una verdadera escuela de teología cuando tomara la dirección de ella San Panteno.

San Dionisio de Alejandría había dado un carácter de palestra abierta al Didascaleo con sus actividades y discusiones públicas y sus luchas intelectuales frente a las persecuciones de Decio y Valeriano, que tanto le hicieron sufrir.

En este ambiente se desenvuelve la vida breve, pero pletórica de ilusión, de Catalina. Ella reflexiona, medita, compara, discute y se ilumina. Osiris y el buey Apis, toda la legendaria mitología egipcia arranca de sus labios sonrisas compasivas, cuando no irónicas, las más de las veces tristes. No puede creer en las almas muertas pegadas a cuerpos momificados. ¿Dónde está el poder de aquellos dioses, tan multiplicados como las aberraciones humanas y reducidos a simples figuras de piedra o a elementos sin vida de la naturaleza? ¿Dónde su fuerza y su virtud?

Le fascinan las ideas elevadas de Platón, que analiza a la luz de la razón en su inteligencia penetrante. No le satisfacen. Catalina es cristiana de corazón antes de recibir el bautismo. Tal vez está fresca todavía la impresión causada por Atanasio en el sínodo de la ciudad. En la escuela catequética oye las enseñanzas del obispo Pedro. Rechaza de plano la amarga ideología pagana. El Sermón de la Montaña cautiva su corazón delirado. Las parábolas del Evangelio son el encanto de su lozana juventud. Los milagros de Jesús y su testimonio incomparable la enardecen y entusiasman. Venera el ejemplo y heroísmo de los mártires del cristianismo, que fecunda y fertiliza la Iglesia viva de sus días y de todos los días. Y pese a la amenaza cobarde de emperadores lascivos y gobernantes verdugos, Catalina se hace bautizar.

Están en boga todavía las debatidas cuestiones escriturísticas, y litúrgicas planteadas por Anmonio de Sacas y Anatalio, obispo de Laodicea. Célebres son las controversias alejandrinas. Catalina, asidua discípula y maestra en ciernes, se permite sin duda opinar sobre las cuestiones que están en el tablero de los cristianos:

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dame tu fuerza, Señor

Padre,
haz que mis ojos vean lo que Tú ves
Haz que mis oídos oigan el estruendo de tu voz
en las ondas de lo creado.
Haz que mi hablar sea un baño de palabras de néctar
que se viertan sobre gente que está presa de amargura.
Haz que mis labios sólo canten los cantos de tu amor y tu alegría.

Padre amado,
realiza por medio de mí la obra de la verdad.
Ten mis manos ocupadas en servir a todas las personas.
Haz que mi voz esparza de continuo
semillas de amor para Ti
en esta tierra en que la gente te busca.
Haz que mis pies avancen siempre
por el camino de la justicia.
Guíame de mi ignorancia a tu luz.

Padre, mueve mi corazón
y hazme sentir simpatía por todas las criaturas vivientes.
Que tu Palabra sea el Maestro de la mía.
Piensa con mis pensamientos,
porque mis pensamientos son tus pensamientos,
mi mano es tu mano,
mis pies son tus pies,
mi vida es tu fuerza
para luchar por la justicia, social y personal.

Amén.

martes, 23 de noviembre de 2010

Educación de los sentimientos

Acabo de leer que cada año, sólo en Francia, se fugan de sus casas cien mil adolescentes, y cincuenta mil intentan suicidarse. Los estragos de las drogas -blandas, duras, naturales o de diseño- son conocidos y lamentados por todos. Parece como si las conductas adictivas fueran casi el único refugio a la desolación de muchos jóvenes. La gente mueve la cabeza horrorizada y piensa que casi nada se puede hacer, que son los signos de los tiempos, un destino inexorable y ciego.

Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas. Y una de ellas, muy importante, es educar mejor los sentimientos. El sentimiento no tiene por qué ser un sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. El sentimiento es una poderosa realidad humana, que es preciso educar, pues no en vano los sentimientos son los que con más fuerza habitualmente nos impulsan a actuar.

Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también cuando los hemos concluido, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia.

Sin embargo, este asunto, de vital importancia en educación, en muchos casos abandonado a su suerte. La confusa impresión de que los sentimientos son una realidad innata, inexorable, oscura, misteriosa, irracional y ajena a nuestro control, ha provocado un considerable desinterés por su educación. Pero la realidad es que los sentimientos son influenciables, moldeables, y si la familia y la escuela no empeñan en ello, será el entorno social quien se encargue de hacerlo.

Todos contamos con la posibilidad de conducir en bastante grado los sentimientos propios o los ajenos. Con ello cuenta quien trata de enamorar a una persona, o de convencerle de algo, o de venderle cualquier cosa. Desde muy pequeños, aprendimos a controlar nuestras emociones y a también un poco las de los demás. El marketing, la publicidad, la retórica, siempre han buscado cambiar los sentimientos del oyente. Todo esto lo sabemos, y aún así seguimos pensando muchas veces que los sentimientos difícilmente pueden educarse. Y decimos que las personas son tímidas o desvergonzadas, generosas o envidiosas, depresivas o exaltadas, cariñosas o frías, optimistas o pesimistas, como si fuera algo que responde casi sólo a una inexorable naturaleza.

Es cierto que las disposiciones sentimentales tienen una componente innata, cuyo alcance resulta difícil de precisar. Pero sabemos también la importancia de la primera educación infantil, del fuerte influjo de la familia, de la escuela, de la cultura en que se vive. Las disposiciones sentimentales pueden modelarse bastante. Hay malos y buenos sentimientos, y los sentimientos favorecen unas acciones y entorpecen otras, y por tanto favorecen o entorpecen una vida digna, iluminada por una guía moral, coherente con un proyecto personal que nos engrandece. La envidia, el egoísmo, la agresividad, la crueldad, la desidia, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de una adecuada educación de los correspondientes sentimientos, y son carencias que quebrantan notablemente las posibilidades de una vida feliz.

Educar los sentimientos es algo importante, seguramente más que enseñar matemáticas o inglés. ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es triste ver tantas vidas arruinadas por la carcoma silenciosa e implacable de la mezquindad afectiva. La pregunta es ¿a qué modelo sentimental debemos aspirar? ¿cómo encontrarlo, comprenderlo, y después educar y educarse en él? Es un asunto importante, cercano, estimulante y complejo proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?

escrito por Alfonso Aguiló Pastrana
(fuente: www.aciprensa.com)

lunes, 22 de noviembre de 2010

La fe es para vivirla

¿Qué se entiende por practicar la fe? Practicar la fe no sólo es rezar y participar en los sacramentos. Abarca también el amor a Dios y el amor al prójimo, dar culto a Dios y servir a los demás con la caridad y la justicia.

En uno de sus sermones exhorta San Agustín: “Dichosos nosotros si llevamos a la práctica lo que escuchamos (en la iglesia)…Porque cuando escuchamos es como si sembráramos una semilla, y cuando ponemos en práctica lo que hemos oído es como si esta semilla fructificara” (Sermón 23A). Y añade que la vida cristiana, como la de Jesús, se fundamenta en dos actitudes: la humildad y la acción de gracias.

La humildad lleva, en efecto, a morir a uno mismo para dar la vida a otros. Y la acción de gracias (eso significa Eucaristía) se ofrece a Dios Padre como culto, a la vez que se traduce en servicio por el bien de todos: damos gracias a Dios que nos ha salvado y manifestamos nuestro agradecimiento preocupándonos, con hechos, por los demás.

“Vivamos, por tanto, dignamente –concluye San Agustín–, ayudados por la gracia que hemos recibido y no hagamos injuria a la grandeza del don que nos ha sido dado”.

En definitiva, practicar la fe es ese “vivir dignamente, ayudados por la gracia”. Por tanto, no practica quien no vive los sacramentos, y tampoco practica quien no se preocupa por las necesidades materiales y espirituales de los demás.

“Practicar la fe” es amar a Dios sobre todas las cosas, muriendo al egoísmo y al pecado (la búsqueda del bienestar o del poder a toda costa; ponerse a uno mismo en el centro, ocupando el lugar de Dios). Y al mismo tiempo –con y como Cristo– traducir ese amor en el amor al prójimo. Y esto, en concreto, comenzando por los que nos rodean, en el ambiente de trabajo, en la familia, en las relaciones sociales y culturales.

De esta manera “la práctica de la fe” es, sencillamente, la vida cristiana bien “vivida”, tal y como la pueden y deben ejercitar la mayor parte de las personas, en medio de la calle. La fe lleva a la oración y a los sacramentos, y “fructifica” en el trabajo por el bien material y espiritual de todos, especialmente de los más necesitados.

Sólo así se comprueba que la fe es luz –que asume también la razón– y fuerza que sostiene al cristiano, tanto en las situaciones más comunes como en las más difíciles y extraordinarias de su vida.

Un ejemplo de ello se ve en la película “Prueba de fuego” (Fireproof, A. Kendrick, 2008). Queda claro que la oración y el sacrificio unidos a Cristo son eficaces ante las crisis. Esto es verdad sobre todo cuando la existencia gira en torno a la Eucaristía.

La fe no es un conjunto de teorías, ni tampoco un manojo de sentimientos ni un código de reglas, sino una Vida y un amor, que Dios nos ha entregado en Cristo por la gracia del Espíritu Santo, para que nosotros nos entreguemos por el bien de los demás. Según el apóstol Santiago, la fe sin obras es una “fe muerta”. Practicar la fe es “vivir la fe” y “vivir de fe”. Según Benedicto XVI, la fe lleva a ponerse al servicio del mundo, con el amor y la verdad (cf. encíclica Caritas in veritate, n. 11).

Es bueno recordar lo que dice San Juan en su primera carta: “Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe” (1 Jn 5, 4). Y para entenderlo bien, es importante lo que señala Benedicto XVI en su Carta de convocatoria para la Jornada Mundial de la Juventud (Madrid 2011), “la victoria que nace de la fe es la del amor”. Y añade, como pensando en voz alta: “Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás”.

Así pues, la fe es para practicarla; es decir, para vivirla. Por tanto, el testimonio de la fe es al mismo tiempo un testimonio del amor. Y es la garantía de un mundo más humano, precisamente porque es un mundo según Dios.

escrito por Ramiro Pellitero,
Instituto Superior de Ciencias Religiosas,
Universidad de Navarra
(Publicado en www.religionenlibertad.com, 7-IX-2010)

domingo, 21 de noviembre de 2010

Jesucristo, Rey

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 23, 35-43)

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si El es el Mesías de Dios, el Elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a El, le ofrecían vinagre y le decían: ”Si Tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el Rey de los Judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si Tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Es la Fiesta de Cristo Rey. ¿Qué será eso del Reino de Cristo? ¿Cuándo se establecerá ese Reino? ¿Será en el 2012, como sostiene un film?

Cuando ya comienza el proceso que lo llevaría a su Pasión y Muerte, Jesús, interrogado por Pilatos, “¿Eres el Rey de los Judíos?”, no lo niega, pero precisa: “Mi Reino no es de aquí, no es de este mundo” (Jn. 18, 36).

Y, efectivamente, Jesús no es rey de este mundo. Los reinos de este mundo son temporales por más largos que sean, pues aún los vitalicios terminan algún día y son sustituidos por otros. Los reinos de este mundo son limitados, porque por más que ocupen grandes territorios -y hasta la tierra entera- tienen como límite sus fronteras o las fronteras hasta donde llegue su influencia y su poder. Por más poderosos que se crean los reyes de la tierra, su poder es limitado en el tiempo y en el espacio.

Cristo no vino a establecer un reinado así. Su reinado será diferente a los reinados de la tierra. Su reinado será como es Dios: eterno e infinito, sin límite de tiempo ni de espacio. Su reinado nunca se acabará y su reino nunca será destruido.

Cristo establecerá ese Reino definitivamente y para siempre en la Parusía, en su segunda venida en gloria, cuando sea el fin de los tiempos, el fin del mundo. ¿Exactamente cuándo? Nadie lo sabe, ni se puede predecir el momento exacto. Lo importante es que, como ese reinado yacomenzó, tenemos que empezar a formar parte de él y estar bien listos para cuando llegue de manera definitiva.

Lo había dicho antes a sus seguidores: “Mi Reino está en medio de vosotros” (Lc.17, 21). Y es así, pues el Reino de Cristo va permeando paulatinamente en medio de aquéllos y dentro de aquéllos que acogen la Buena Nueva, es decir, su mensaje de salvación para todo el que crea que El es el Mesías, el Hijo de Dios, el Rey de Cielos y Tierra.

Y continúa estableciéndose cuando los que queremos formar parte de ese Reino hacemos la Voluntad del Padre. En eso consiste el Reinado de Cristo en cada uno de nosotros: en que hagamos la Voluntad de Dios.

Así es como el Reinado de Cristo comienza por nosotros mismos: cuando comenzamos a buscar hacer la Voluntad de Dios. Así Cristo puede ser Rey de cada uno de nosotros. Su Reino en medio del mundo depende de nosotros: depende de cuántos acojamos la Voluntad de Dios para nuestra vida.

Pero … si el Reino de Cristo no es de este mundo ¿de qué mundo es? Del mundo futuro, el que viene después de esta vida en la tierra.

Ya lo había anunciado El mismo en el momento en que fuera juzgado por Caifás: “Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Poderoso y viniendo sobre las nubes” (Mt. 26, 64).

Entonces: el Reino de Cristo, aunque ya comienza a estar dentro de cada uno de los que seguimos la Voluntad de Dios, se establecerá definitivamente con el advenimiento del Rey a la tierra, en ese momento que el mismo Jesús anunció durante su juicio: en la parusía (al final de los tiempos) cuando Cristo venga a establecer los cielos nuevos y la tierra nueva, cuando venza definitivamente todo mal y venza al Maligno. Será un Reino en el que habiten la justicia, la paz y el amor. (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica # 671-677).

(fuente: www.homilia.org)

sábado, 20 de noviembre de 2010

21 de noviembre: Presentación de la Virgen María en el Templo

La Virgen es presentada en el Templo de Jerusalén por sus padres Joaquín y Ana.

De la Liturgia de las Horas: En este día, en que se recuerda la dedicación, el año 543, de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén, celebramos, junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la "dedicación" que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.

Según la tradición, sus padres llevaron a la Virgen María al Templo a la edad de tres años para que formase parte de las doncellas que allí eran consagradas a Dios e instruidas en la piedad.

Fiesta Litúrgica: Ya se celebraba en el siglo VI en el Oriente. En el 1372, el Papa Gregorio XI, informado por el canciller de la corte de Chipre sobre la gran celebración que en Grecia se hacía para esta fiesta el 21 de noviembre, la introdujo en Aviñón. Sixto V promulgó la fiesta para la Iglesia universal.


Oración:

Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

viernes, 19 de noviembre de 2010

10 Mandamientos para ser Buenos padres

1. Demuéstrale lo mucho que le quieres.

Todos los padres quieren a sus hijos pero ¿se lo demuestran cada día?, ¿les dicen que ellos son lo más importante que tienen, lo mejor que les ha pasado en la vida? No es suficiente con atender cada una de sus necesidades: acudir a consolarle siempre que llore, preocuparse por su sueño, por su alimentación; los cariños y los mimos también son imprescindibles. Está demostrado; los padres que no escatiman besos y caricias tienen hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros de juegos.

Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse será vital también para el futuro.

Sólo quien recibe amor es capaz de transmitirlo. No se van a malcriar porque reciban muchos mimos. Eso no implica que dejen de respetarse las normas de convivencia.

2. Mantén un buen clima familiar.

Para los niños, sus padres son el punto de referencia que les proporciona seguridad y confianza. Aunque sean pequeños, perciben enseguida un ambiente tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia, pero cuando sean inevitables, hay que explicarles, en la medida que puedan comprenderlo, qué es lo que sucede. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa.

Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, pueden asumir que la violencia es una fórmula válida para resolver las discrepancias.

3. Educa en la confianza y el diálogo.

Para que se sientan queridos y respetados, es imprescindible fomentar el diálogo. Una explicación adecuada a su edad, con actitud abierta y conciliadora, puede hacer milagros. Y, por supuesto, ¡ nada de amenazas! Tampoco debemos prometerles nada que luego no podamos cumplir; se sentirían engañados y su confianza en nosotros se vería seriamente dañada. Si, por ejemplo, nos ha surgido un problema y no podemos ir con ellos al cine, tal como les habíamos prometido, tendremos que aplazarlo, pero nunca anular esa promesa.

4. Debes predicar con el ejemplo.

Existen muchos modos de decirles a nuestros hijos lo que deben o no deben hacer, pero, sin duda, ninguno tan eficaz como poner en práctica aquello que se predica. Es un proceso a largo plazo, porque los niños necesitan tiempo para comprender y asimilar cada actuación nuestra, pero dará excelentes resultados. No olvidemos que ellos nos observan constantemente y "toman nota". No está de más que, de vez en cuando, reflexionemos sobre nuestras reacciones y el modo de encarar los problemas.

Los niños imitan los comportamientos de sus mayores, tanto los positivos como los negativos, por eso, delante de ellos, hay que poner especial cuidado en lo que se dice y cómo se dice.

5. Comparte con ellos el máximo de tiempo.

Hablar con ellos, contestar sus preguntas, enseñarles cosas nuevas, contarles cuentos, compartir sus juegos... es una excelente manera de acercarse a nuestros hijos y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Cuanto más pequeño sea el crío, más fácil resulta establecer con él unas relaciones de amistad y confianza que sienten las bases de un futuro entendimiento óptimo. Por eso, tenemos que reservarles un huequecito diario, exclusivamente dedicado a ellos; sin duda, será tan gratificante para nuestros hijos como para nosotros.

A ellos les da seguridad saber que siempre pueden contar con nosotros. Si a diario queda poco tiempo disponible, habrá que aprovechar al máximo los fines de semana.

6. Acepta a tu hijo tal y como es.

Cada niño posee una personalidad propia que hay que aprender a respetar. A veces los padres se sienten defraudados porque su hijo no parece mostrar esas cualidades que ellos ansiaban ver reflejadas en él; entonces se ponen nerviosos y experimentan una cierta sensación de rechazo, que llega a ser muy frustrante para todos.

Pero el niño debe ser aceptado y querido tal y como es, sin tratar de cambiar sus aptitudes.

No hay que crear demasiadas expectativas con respecto a los hijos ni hacer planes de futuro. Nuestros deseos no tienen por qué coincidir con sus preferencias.

7. Enséñale a valorar y respetar lo que le rodea.

Un niño es lo suficientemente inteligente como para asimilar a la perfección los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso mantener un ambiente de disciplina exagerada, sino una buena dosis de constancia y naturalidad. Si se le enseña a respetar las pequeñas cosas -ese jarrón de porcelana que podría romper y hacerse daño con él, por ejemplo-, irá aprendiendo a respetar su entorno y a las personas que le rodean.

Muchos niños tienen tantos juguetes que acaban por no valorar ninguno. A menudo son los propios padres quienes, como respuesta a las carencias que ellos tuvieron, fomentan esa cultura de la abundancia. Lo ideal sería que poseyeran sólo aquellos juguetes con los que sean capaces de jugar y mantener cierto interés.

Guardar algunos juguetes para más adelante puede ser una buena medida para que no se vea desbordado y aprenda a valorarlos.

8. Los castigos reiterativos pierden eficacia

Los niños suelen recordar muy bien los castigos, pero olvidan qué hicieron para "merecerlos". Aunque estas pequeñas penalizaciones estén adecuadas a su edad, si se convierten en técnica educativa habitual, nuestros hijos pueden volverse increíblemente imaginativos. Disfrazarán sus actos negativos y tratarán de ocultarlos. Podemos ofrecerles una conducta aceptable con otras alternativas.

9. Prohíbele menos, elógiale más.

Para un niño es tremendamente estimulante saber que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten orgullosos de él. No hay que escatimar piropos cuando el caso lo requiera, sino decirle que lo está haciendo muy bien y que siga por ese camino.

Reconocer y alabar es mucho mejor que lo que se suele hacer habitualmente: intervenir sólo para regañar.

Siempre mencionamos sus pequeñas trastadas de cada día. ¿Por qué no hacemos lo contrario? Si, con un gesto cariñoso o un ratito de atención resaltamos todo lo positivo que nuestros hijos hayan realizado, obtendremos mejores resultados.

10. No pierdas nunca la paciencia.

Difícil, pero no imposible, Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los estribos. En esos momentos, el daño que podemos hacerles es muy grande. Decirles: "No te aguanto"; "Qué tonto eres"; "Por qué no habrás salido como tu hermano" merman terriblemente su autoestima. Al igual que sucede con los adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia personal, y una descalificación que provenga de los mayores echa por tierra su autoconfianza. Contar hasta diez, salir de la habitación..., cualquier técnica es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus trastadas.

En caso de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos.

Extraído Revista BABY (Gentileza Javier Ferrari)
(fuente: www.rugbydecuyo.com.ar)

jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Por qué se está redescubriendo el sacramento de la Reconciliación?

Innumerables fieles constatan el efecto sanador de la confesión y una paz que no encuentran en otras fórmulas. Por ello, como afirma Scott Hahn, profesor de Escritura y Teología en la Universidad Franciscana de Steubenville, este sacramento se está haciendo cada vez más popular. También director del Instituto de Estudios Bíblicos Aplicados y presidente del Centro San Pablo de Teología Bíblica, Scott Hahn era ministro presbiteriano y gran predicador de esa comunidad cristiana.


En la actualidad, es uno de los «nuevos católicos» más famosos en Estados Unidos. 1986 fue el año de su entrada en la Iglesia católica. Tiene 45 años y lleva casado 23 con Kimberly Kirk. El matrimonio tiene seis hijos.


Su último libro, «Lord, Have Mercy: The Healing Power of Confesión» -«Señor, ten piedad: el poder sanador de la confesión»- (Ed. Doubleday), explica el alcance de este sacramento, del que habló en esta entrevista.

- La Iglesia siempre ha recomendado la confesión frecuente, pero muchas personas lo encuentran abrumador. ¿Cómo puede su libro ayudarlas a enfrentar este desafío?

- Lo más importante que encontrarán los lectores es un enfoque bíblico del sacramento. La confesión no es una novedad. Es la manera en que el pueblo de Dios ha abordado siempre el arrepentimiento, la reconciliación y la sanación. En el Antiguo Testamento, la gente confesaba sus pecados regularmente ofreciendo un sacrificio animal. Era más difícil hacerlo, más caro y además sangriento. Había que comprar un animal, llevarlo al altar y sacrificarlo uno mismo.
Nuestra necesidad de confesión no se desvanece con la venida de Jesús. Sin embargo ahora se realiza de una forma más ordenada, sencilla y más poderosa. Jesús la satisfizo perfectamente estableciendo un ministro y un sacramento de la penitencia en la Nueva Alianza. Esta evolución la explicó más detalladamente en «Lord, Have Mercy».

-Interpretar la confesión como un sacramento sanador, ¿puede ayudar a verla como una experiencia menos intimidante?

- Hay muchas formas de considerar la confesión, todas ellas válidas. Se puede ver como un tribunal con un juez divino. Se puede contemplar como un balance de deudas. Pero creo que el modo más útil de considerarla es como una sanación. La confesión hace por nuestras almas lo que los médicos hacen por nuestros cuerpos. Basta con pensar en todo lo que hacemos para mantener nuestros cuerpos en correcto funcionamiento. Acudimos a chequeos periódicamente. Nadie debe recordarnos que nos lavemos los dientes, nos duchemos o tomemos la medicación necesaria. Todo esto es bueno para nosotros, y para los que nos rodean también. Nadie querría trabajar a nuestro lado si decidiéramos dejar de lavarnos.

Si nos esforzamos tanto por cuidar nuestros cuerpos, ¿no deberíamos emplear más tiempo en nuestras almas? Después de todo, nuestros cuerpos morirán pronto, pero nuestras almas vivirán para siempre. Más aún, nuestras decisiones acerca de nuestra salud e higiene espiritual tendrán un tremendo efecto en las personas que nos rodeen. Nada ayuda más en la vida familiar y laboral que un alma limpia y el consejo de un buen confesor. Nada hiere más nuestras relaciones y nuestra salud mental que la carga del pecado y de la culpa.

¡La confesión es un tratamiento para la salud gratuito, y un seguro de vida gratuito también! Cristo es el médico divino y, a diferencia de los especialistas humanos, Él nos puede garantizar una curación siempre. De hecho, nos asegura la inmortalidad. Si un médico pudiera hacer todo esto, tendría largas colas a la puerta de su consulta. Lo que hará la confesión menos intimidante es una fe más fuerte en Jesucristo y lo que Él puede hacer por nosotros.

- ¿Es la confesión exclusivamente católica?

- ¡No! Los cristianos ortodoxos la recomiendan con entusiasmo. Martin Luther amaba la confesión; y aún existe un rito para la confesión privada en el Libro Luterano de Culto. C. S. Lewis era anglicano, pero se confesaba con regularidad. Algunas Iglesias evangélicas incluso permiten la confesión de los pecados antes de la reunión de la asamblea. Creo que la confesión satisface una necesidad profunda en nuestras almas. Necesitamos descargar la conciencia. Necesitamos recomenzar.

- ¿Responden estas prácticas al camino cierto y eficaz por el que Dios ha ido dirigiendo a su pueblo en la confesión?

- No tengo duda de que cuando los hombres y las mujeres responden a la invitación que reciben desde el altar y confiesan sus pecados a Dios, Él les muestra gran misericordia. Pero sólo existe un camino «cierto y eficaz» que Dios ha dado para el perdón de los pecados, y que es la confesión sacramental a los ministros de la Iglesia que Jesús estableció. Así se desprende con claridad de la Escritura y la Tradición, como explico en mi libro.

- En muchas parroquias católicas hay celebraciones comunitarias de la penitencia en Adviento y Cuaresma cada año. ¿Cree que estas celebraciones ayudan o dificultan la confesión, tanto desde el punto de vista de la recepción frecuente del sacramento como en cuanto a la calidad de la confesión y a la experiencia del sacramento?

- La Iglesia aprueba estas celebraciones, pero establece claramente que deben conducir a cada fiel a la confesión individual. Aún recibiendo la absolución general en un campo de batalla, el fiel debe acudir a un sacerdote en cuanto el peligro cese. He ido a muchas celebraciones comunitarias del sacramento de la penitencia donde los sacerdotes estaban disponibles toda la tarde para confesiones individuales. Y las filas de fieles eran largas.

- En su libro explica la forma en que la confesión ha cambiado en el tiempo. ¿Qué cambios podrían suceder en este sacramento en el futuro?

- En dos mil años, el sacramento no ha cambiando en su esencia, sólo en sus accidentes. En este sentido, se diferencia poco del resto de los sacramentos. Las costumbres en torno al bautismo y a la confirmación han cambiado a través de los siglos, pero no la doctrina de la Iglesia respecto a estos sacramentos. No puedo predecir un cambio futuro. No soy profeta. El único cambio que preveo es un incremento en la popularidad del sacramento. Esto ya se verifica en muchos lugares. La gente se deshace de las alternativas porque no dan paz. La asistencia psicológica, la medicación, las terapias y las diversiones tienen su lugar. Pueden aliviar el dolor temporalmente, pero ninguna de estas cosas pueden curar la herida. Nuestros corazones están inquietos, «y permanecerán inquietos» hasta que descansen en Dios.

(Noticias de la Capellanía Universitaria - Universidad de Navarra)



escrito por Scott Hahn
Teólogo católico - ex predicador protestante
 
Gentileza de Fluvium.org
(fuente: www.iglesia.org)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los ángeles en los relatos bíblicos

El ángel de desierto

En la historia de Agar, esclava de Sara, la esposa de Abrahán, se nos dice que Agar huyó al desierto, porque Sara la maltrataba. Un ángel de Dios se le presentó junto a una fuente de agua. Y el ángel le aconsejó que volviera a casa de su señora . Pero cuando nació su hijo Ismael, hijo de Abrahán, Sara se sitió celosa y mandó que se fuera de la casa. Ella estuvo vagando por el desierto, desesperada, buscando agua, porque el niño moría de sed y lloraba mucho. Entonces, el ángel se le vuelve a aparecer de nuevo y le dice: “no tengas miedo porque Dios ha escuchado la voz del niño”. Y le abrió los ojos y vio un pozo de agua. Fue y llenó el odre de agua y dio de beber al niño.

Los ángeles pueden presentarse de parte de Dios para salvarnos del desierto de la soledad o de la incomprensión. Otras veces los ángeles pueden inspirar a alguien que se presente a ayudarnos y sea como un ángel que soluciones nuestro problema. Los ángeles nos levantan el ;animo y nos ayudan a sobreponernos a las dificultades para cumplir nuestra misión.


El ángel de nuestros sueños

A veces Dios permite que un ángel nos comunique mensajes por medio del sueno, como lo hizo con José, a quien dijo: “José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo [...] Despertado José del sueno, hizo como el ángel del Señor le había mandado” . En otra oportunidad, el ángel le dijo en sueños: levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto y estáte hasta que yo te diga . Levántate, toma al niño y a su madre y ponte en camino a la tierra de Israel .

También Jacob, mientras dormía, tuvo un sueno. Soñó con una escalera, apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos y he aquí que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. [...] Y vio que Dios estaba sobre ella. Y asustado dijo !Qué temible es este lugar. Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo” . Los ángeles velan nuestros sueños, suben al cielo y bajan a la tierra, si se puede hablar así, para presentar ante Dios nuestras obras y oraciones. Mientras dormimos, los ángeles oran por nosotros y nos ofrecen a Dios. ¡Cuánto ora nuestro ángel por nosotros! ¿Hemos pensado en agradecérselo? ¿Pedimos oraciones a los ángeles de nuestros familiares y amigos?, ¿Y a los que están adorando a Jesús en los sagrarios? Pidamos oraciones por nosotros a los ángeles. Ellos velan nuestros sueños.



El ángel de la bendición

Los ángeles también nos bendicen frecuentemente en nombre de Dios. Por eso, es hermoso lo que dice Jacob, cuando bendice a su hijo José y sus nietos Efraín y Manases: “El ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos pequeños” . Pidamos la bendición del ;ángel antes de acostarnos, y cuando vayamos a realizar algo importante, como se la pedimos también a nuestros padres, cuando vamos de viaje, o como los niños cuando van a dormir.


El ángel de la oración

Un ángel de Dios se le aparece a la que será madre de Sansón, que era estéril. Le dice que va a concebir un hijo, el cual debe ser nazareo, consagrado a Dios desde el nacimiento. Él no deberá beber vino ni bebida fermentada. No debe comer nada impuro ni dejarse cortar el cabello. En una segunda oportunidad, se le aparece también al padre, llamado Manóaj, quien le pregunta su nombre. El ángel le contesta: ¿por qué me preguntas mi nombre, si es maravilloso? [...] Si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Dios [...]. Y Manóaj tomó el cabrito y la oblación y lo ofreció a Dios sobre la roca. Manóaj y su mujer estaban mirando. Cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel subía en la llama.

El ángel comunica a los padres de Sansón la noticia que tendrían un hijo y que, según los planes de Dios debe ser consagrado a Dios desde el nacimiento. Y cuando ofrecen un sacrificio, el ángel sube con la llama hacia Dios, para significar que los ángeles ofrecen nuestros sacrificios y oraciones a Dios.

El arcángel san Rafael es uno de los que presentan nuestras oraciones a Dios. Dice:” Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada a la Gloria de Señor. Cuando orabais tú y tu nuera Sara, yo presentaba ante Dios sus oraciones”.


El ángel de la curación

Todos conocemos la hermosa historia del arcángel san Rafael, descrita en el libro de Tobías. Tobías buscó un compañero para que lo acompañara en su largo viaje a Media, pues, en aquellos tiempos, los caminos eran muy peligrosos. “Y encontró a Rafael el ángel; pero no sabía que era un ángel . Antes del viaje, el padre bendice a su hijo Tobías: “Que el Señor los proteja y su ángel los acompañe con su protección” . Y cuando la madre se pone a llorar desconsolada, porque se va su hijo y no sabe si regresará con vida, el padre le dice: “un buen ángel lo acompaña y le dará un viaje feliz y lo traerá sano” .

Cuando Tobías se baña en el río Tigris, un pez grande saló como para devorarlo y el ángel le dijo: “Agarra el pez, ábrelo, sácale la hiel, el corazón y su hígado y guárdatelo; tira los intestinos, porque su hiel, su corazón y su hígado son remedios útiles. [...] La hiel sirve para untar los ojos de un hombre con cataratas para que quede sano.

Cuando regresaron del largo viaje, después de que Tobías se casara con Sara, Rafael le dijo a Tobías: “Tengo por seguro que se abrirán los ojos de tu padre. Úntale los ojos con la hiel del pez y el remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se le caerán como escamas de los ojos. Y así tu padre podrá mirar y ver la luz . [...] Y Tobías le aplicó el remedio a su padre y con ambas manos le quitó las escamas de la comisura de los ojos: Ahora te veo, hijo, luz de mis ojos . San Rafael arcángel es considerado como “Medicina de Dios”, como si fuera un médico especialista en todas las enfermedades. Haríamos bien en invocarlo en todas las enfermedades para que podamos obtener la curación con su intercesión.


El ángel del fuego

Cuando los tres jóvenes hebreos Misaj, Sidraj y Abed-Nego, fueron echados al horno de fuego en Babilonia por el rey Nabucodonosor, el fuego no los quemó y se paseaban entre el fuego cantando y alabando a Dios, pero se veían cuatro en vez de tres. Por eso el rey preguntó a sus consejeros: ¿No hemos echado al fuego a estos tres hombres atados? Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses . [...] Y Nabucodonosor excalmó: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que confiando en Él quebrantaron la ley y entregaron su cuerpo antes de servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios .

El ángel los libró del fuego y se paseaba con ellos, cantando y alabando a Dios. En caso de catástrofes naturales, incendios o desgracias de cualquier tipo, Dios nos puede ayudar y salvar por medio de nuestro ángel. Incluso, nos puede salvar de animales peligrosos como salvó a Daniel del foso de los leones .


El ángel proveedor

En una oportunidad, el profeta Elías estaba en pleno desierto, después de haber huido a Jezabel y estaba hambriento y sediento y quería morirse. Deseó la muerte, se acostó y se durmió bajo una retama, pero un ángel lo tocó y dijo: “levántate y come”. Miró y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió y bebió y se volvió a acostar. Volvió por segunda vez el ;ángel de Dios, le tocó y le dijo: “levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti”. Se levantó, comió, bebió y con la fuerza de aquella bebida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

Así como el ángel le dio de comer y beber a Elías, también Dios nos puede dar de comer y beber por medio de nuestro ángel, cuando estamos en momentos angustiosos. Puede hacerlo con un milagro o por medio de otras personas que compartan su pan y su comida con nosotros. Por eso, Jesús nos dice en el Evangelio: Dadles vosotros de comer . Nosotros también somos como ángeles proveedores para otros que están en necesidad.


El ángel protector

Dios nos dice en el salmo 91: “Aunque a tu lado caigan mil y a tu derecha diez miel, a ti no te alcanzará. No ha de alcanzarte el mal ni la plaga llegará hasta tu tienda. Porque ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarde en todos tus caminos. Te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra. Pisotearás leones y dragones. A ti no te alcanzará”. En medio de las dificultades más extremas, aun en plena guerra, cuando las balas silben a nuestro alrededor o la peste se extienda por la vecindad, Dios puede salvarnos por medio de sus ángeles. “En lo más duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo a los adversarios cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando en medio de ellos al Macabeo, lo protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo, que herido de ceguera y espanto caía”.


El ángel del nacimiento

Gabriel es el mensajero de Dios por excelencia, pues fue el encargado de comunicarle a María la gran noticia de que iba a ser la madre de Jesús . Algunos autores han considerado a Gabriel como el ángel de los nacimientos, como si tuviera un poder especial para que las mamás den a luz sin dificultad. No estará demás invocarlo a él junto al ángel del niño por nacer y al ángel de la madre y del padre, para que haya un parto feliz.


El ángel de la alegría

Aquella noche de Navidad, un ángel se apareció a los pastores y les comunicó la gran noticia del nacimiento del Salvador. El ángel estaba tan contento que se puso a cantar y a alabar a Dios con “una multitud del ejército celestial, diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres de buena voluntad” . Cuando estemos especialmente alegres, unámonos a los ángeles para cantar y alabar a Dios con ellos y agradecerle por todos los beneficios recibidos. No olvidemos que los ángeles anunciaron a María Magdalena y a las buenas mujeres la alegría de la resurrección de Jesús . Recordemos lo que dice Jesús: “En el cielo hay mucha alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte” . Por eso, procuremos mejorar nuestra vida y amar cada día más a Dios y digamos con el salmo: “En presencia de los ángeles cantaré para ti, Señor” .


Los ángeles servidores

Los ángeles nos ayudan y están puestos por Dios para servirnos y ayudarnos en todas nuestras necesidades. Así lo hicieron con Jesús: “Permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían” ¿Cuántas veces nuestro ángel nos habrá servido en las mínimas cosas de la vida o habrá hecho que alguien nos sirviera para hacernos felices? ¿Le pedimos ayuda frecuentemente? Si no los invocamos, podemos perdernos muchas bendiciones que Dios sólo nos dará a través del ángel, a quien ha puesto a nuestro lado, no para que tome nota de lo que hacemos o dejamos de hacer, sino para ayudarnos en nuestro camino por la vida.

El ángel liberador

“Metieron a los apóstoles en la cárcel pública. Pero el ángel del Señor les abrió de noche las puertas de la prisión” . También san Pedro estaba en la cárcel y se le presentó el ángel del Señor. La celda se llenó de luz y el ángel despertó a Pedro, a quien dijo: “Cíñete y cálzate las sandalias. Así lo izo. Añadió: Ponte el manto y sígueme. Y salió siguiéndole... Salieron (de la cárcel) y anduvieron hasta el fin de una calle. Y de pronto, el ángel lo dejó” . El ángel lo libró de las cadenas y también nos puede librar a nosotros de la cadena de la droga, del alcohol, de la pornografía o de cualquier otro vicio. Pidamos ayuda a Dios y a nuestro ángel, sin olvidar a María, que es nuestra Madre.


El ángel que nos lleva al cielo

Dice Jesús en la parábola del rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) que, cuando murió el pobre Lázaro fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Nuestro ángel custodio nos acompañará después de la muerte, incluso durante, y no nos dejará solos hasta el momento en que nos presente totalmente limpios ante Dios y nos haga entrar en el cielo. Agradezcamos a nuestro ángel por todo lo que nos requiere y nos ayuda.

El ángel de la predicación

El profeta Isaías tiene una experiencia que cambia su vida. El la relata así: “El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre su trono alto y sublime. Había ante Él serafines... Uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en sus manos un carbón y tocando con él mi boca, dijo: Mira, Esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido quitada y borrado tu pecado. Y oí la voz del Señor, que me decía: ¿A quién enviaré y quién irá de nuestra parte?” Y Yo le dije: “Aquí estoy yo, envíame a mí”. Un serafín de los que estaban adorando ante el trono de Dios le tocó con los labios con fuego divino para que sus palabras fueran puras, purificándolas de todos sus pecados anteriores. Y entonces, Dios mismo, le pregunta si está dispuesto a ir de su parte a evangelizar. Isaías se pone a su disposición y es bendecido por Dios como profeta y evangelizador. Nosotros también necesitamos purificar nuestra boca de todas las malas palabras por la confesión y pedir a Dios que el fuego del Espíritu Santo nos purifique para que todas nuestras palabras sean puras y puedan llegar al corazón de nuestros hermanos. Todos estamos llamados a ser misioneros y predicar la palabra de Dios. ¿Estás tu dispuesto a ponerte al servicio de Dios para esta gran misión? Dios quiere purificarte. Tú eres más que el carbón de Isaías y tú puedes ser instrumento de Dios para purificar y santificar la vida de los demás.

Ángel Peña O.A.R.
Traducidos del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa
(fuente: www.aciprensa.com)

martes, 16 de noviembre de 2010

Los hijos, ¿propiedad o misión?

Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y... “tenemos cuatro hijos”.

Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela...

Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.

Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro... La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.

Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas...

Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla... Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad...

Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele...

La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres...

San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos...

Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha... pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.

Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial...

escrito por Fernando Pascual - fpa@arcol.org
(fuente: www.aciprensa.com)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Dios mío... ¡me duele!

Dije: “Dios, me duele”.
Y Dios dijo: “Lo sé”.

Dije: “Dios, he llorado tanto”.
Y Dios dijo: “Para eso es que te di lágrimas”.

Dije: “Dios, estoy tan deprimido”.
Y Dios dijo: “Por eso es que te di el brillo del sol”.

Dije: “Dios, la vida es dura”.
Y Dios dijo: “Por eso es que te di a seres queridos”.

Dije: “Dios, mi ser más querido murió”.
Y Dios dijo: “El mío también”.

Dije: “Dios, es una pérdida tan grande”.
Y Dios dijo: “Vi al mío clavado en una cruz.”

Dije: “Dios, pero tu ser más querido vive”.
Y Dios dijo: “El tuyo también”.

Dije: “Dios, duele”.
Y Dios dijo: “Lo sé... pero estoy contigo”.

Fuente: Pastoral Juvenil Monterrey
(www.pastoraljuvenilmty.org.mx)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Jesús nos advierte sobre los falsos profetas

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc. 21, 5-19)

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”. Entonces le preguntaron: “Maestro ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”. El les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: “Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado.” Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”. 

Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles. Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí. Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque Yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, que el Señor, el Dios de la vida, los colme con su alegría y con su paz y que su gracia sea fecunda en sus vidas para dar testimonio de Él en medio del mundo.

En la liturgia de este domingo ya nos vamos encontrando con lo que se refiere al final del ciclo litúrgico con textos que poseen un lenguaje apocalíptico, como la lectura de Malaquías “Ya viene el día del Señor... El día que viene los consumirá… Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos”. En él se alienta al justo que sirve al Señor, indicando que llegará el día en que se hará justicia sobre los que no guardan la ley, y que todos los que caminan por el camino del Señor serán iluminados por el “sol de la justicia”.

El mismo salmo nos ayuda a iluminar este texto de Malaquías. Es un himno al Rey y Señor de toda la Creación que invita: “Regocíjense todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones”. Porque es un Dios que dirige con justicia a todos los pueblos de la tierra, que es amoroso y fiel con el pueblo de Israel, que es un Dios justo, por eso debemos por tener la esperanza puesta en este Dios de la Vida.

El Evangelio nos habla de la presencia importante y hermosa del templo de Jerusalén. La arquitectura y riqueza hacían elocuente y patente el poder del mismo Dios de Israel en medio del pueblo judío. Por eso, las veces que el templo fue destruido y arrasado era la gran desolación porque el no tener el Templo significaba estar tan desolados que hasta Dios mismo ya no habitaba en medio de su pueblo. Puede ser que creyeran que el templo era más importante que las actitudes exigidas por el mismo Dios para un verdadero culto a él como la misericordia y la justicia. Es en definitiva lo que iban denunciando los profetas: “este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Y es que el culto y amor a Dios debe estar unido al amor al prójimo, a la misericordia y a las obras de justicia. Por esto mismo, el anuncio que hace Jesús de la futura destrucción del Templo de Jerusalén está haciendo ver la dureza de un pueblo incapaz de ver lo que es fundamental y que ya hemos enunciado arriba.

Por otra parte, Jesús nos dice que los cristianos serán perseguidos, difamados, marginados y hasta asesinados por sus mismos parientes por el sólo hecho de creer en el Evangelio. Y es que quien sigue al Señor y sigue sus pasos termina como Él, pues su misma vida fue una molestia para lo que no querían cambiar y convertirse. Así, Jesús nos invita a no temer y a dar testimonio, a confiar en su palabra y sabiduría y a tener confianza en Dios.

Muchas veces, grupos y sectas fundamentalistas se valen de estos textos para hablar del fin del mundo en un sentido catastrófico y metiendo miedo en la población. Jesús nos invita con este mensaje a la conversión y nos alienta para que no desfallezcamos en dar testimonio de Él en medio del mundo. Pidamos al Señor la gracia de llenarnos de Él para ser signos, testigos y testimonio suyo para atraer a otros y colaborar en el instaurar el Reino de Dios ya aquí en la tierra.

Amén.

escrito por el Padre Patricio De la Torre

sábado, 13 de noviembre de 2010

Adulterio y algo más...

El amor es la vocación fundamental de todo ser humano. Todos deseamos amar y ser amados sin equívocos. El don del cuerpo en la relación sexual es el símbolo de la donación total de la persona. Esto no se consigue con el adulterio pues esa pareja, al no ser verdaderos esposos, actúan con mentira como si lo fueran, falsean así uso de la sexualidad y se hieren a sí mismos en lo más profundo.

El adulterio designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf. Mateo 5, 27-28). El adulterio es una injusticia, quien lo comete falta a sus compromisos.

Los antiguos mexicanos castigaban el adulterio con la muerte de ambos cómplices. Se pueden leer las palabras de una madre náhuatl a su hija sobre este tema: Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí (...): Oye bien, hijita mía, niñita mía: no es lugar de bienestar la tierra (...). No entregues en vano tu cuerpo, mi hijita, mi niña, mi tortolita, mi muchachita. No te entregues a cualquiera, porque si nada más así dejas de ser virgen, si te haces mujer, te pierdes, porque ya nunca irás bajo el amparo de alguien que de verdad te quiera (...) que no te conozcan dos hombres (...) Pero si estás bajo el poder de alguien (...) no quieras que tu corazón quiera irse en vano por otro lado. No te atrevas con tu marido. No pases por encima de él, o como se dice, no seas adúltera (...) Ya no serás ejemplo (...) y aunque no te vea nadie, aunque no te vea tu marido, mira, te ve el Dueño del cerca y del junto .

Fray Bernardino de Sahagún, gran observador de la vida de los antiguos mexicanos del siglo XVI, escribe lo siguiente sobre el Calmecac, la escuela superior: “Ninguno era soberbio, ni hacía ofensa a otro, ni era inobediente a orden y costumbres que ellos usaban, y si alguna vez parecía un borracho o amancebado, o hacía otro delito criminal, luego le mataban o le daban garrote, o le asaban vivo o le aseteaban; y quien hacía culpa venial, luego le punzaban las orejas y lados con puntas de maguey o punzón” (Historia General de las cosas de la Nueva España, libro 3 Apéndice, cap. 8, n. 10).

La persona que defiende el adulterio dice: “El amor no es amor si no es libre”. Aparentemente, esa persona pone al amor por encima de todo, pero no lo pone. Sitúa la libertad individual por encima del amor. Su posición equivale a decir: “Te doy todo menos mi libertad, que es lo que más aprecio. La aprecio por encima de ti”. No comprometerse ¿es amor?...

Quien ama, pone la libertad individual al servicio del amor. Los que aceptan el amor libre o el adulterio, son personas inseguras. Generalmente son así porque han visto infidelidades en sus padres o han tenido una experiencia negativa del amor. La persona que defiende esta postura dice: “Como hay fracasos en el amor conyugal, no me caso”. En vez de decir: “Me hago adulto para contraer, como adulto, el compromiso de entrega del amor, sin el cual el amor no es amor”.

Si alquilas una casa, ¿comprometes todo tu dinero en mejorarla? no, ¿por qué? porque es provisional. Así, no puede haber totalidad en el experimento.

La persona que sostiene el amor libre dice: “Voy a experimentar contigo, si me conviene, sigo...”. El amor libre toma a los seres humanos como objeto de prueba, pero el ser humano se destruye para siempre en esa prueba, en el aspecto biológico, psicológico y moral.

El amor libre equivale al matrimonio a prueba para conocerse bien; pero esa observación es artificial, impide la espontaneidad, porque se pretenderá cuidar la imagen. La experiencia ha demostrado que el matrimonio a prueba no garantiza un pleno conocimiento de la persona, ya que el ser humano siempre está en proceso de evolución; es inconstante por naturaleza; no obstante, puede superar esa deficiencia con virtudes y con la fuerte atracción hacia el bien que anida en su corazón.

La raíz del pecado está en el corazón del hombre, en su libre voluntad, según la enseñanza del Señor: “De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Esto es lo que hace impuro al hombre” (Mateo 15, 19-20). No tenemos ni idea el daño que pueden sufrir los hijos cuando uno de sus padres es adúltero.

En el que peca de adulterio o de superstición no hay felicidad, habrá a lo sumo placer, y si se pregunta con valentía ¿soy feliz siendo adúltero(a)? si es sincero dirá que no. En el corazón reside también la caridad, principio de las buenas obras, a la que hiere el pecado. Hay en el corazón del ser humano una gran tendencia hacia el bien, pero también hacia el mal. De nosotros depende cual prevalezca porque somos libres. Todos podemos caer en el adulterio –o en otro vicio- cuando olvidamos que después de esta vida viene la eternidad feliz o infeliz. No vale la pena jugarse la vida eterna por un plato de lentejas.

Autora: Lucrecia Roper
(fuente: www.churchforum.org)

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿Buena suerte?... ¿Mala suerte?

Una historia china habla de un anciano labrador que tenia un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaban para condolerse con el y lamentar su desgracia, el anciano les repitió: ¿Mala suerte?, ¿Buena suerte?, ¿Quién sabe?.

Una semana después, el caballo volvió con una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: ¿Mala suerte?, ¿Buena suerte?, ¿Quién sabe?

Cuando el hijo del labrador intento domar uno de aquellos caballos salvajes, cayo y se rompió una pierna. Todo el mundo considero esto como una desgracia. No así el labrador se limito a decir: ¿Mala suerte?, Buena Suerte?, ¿Quién sabe?

Unas semanas más tarde, el ejercito entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. Había sido ¿Buena suerte?, ¿Mala suerte?, ¿Quién sabe?...


→ Para reflexionar: Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien. Y lo que parece bueno a primera vista puede ser dañino. Así pues sería una postura sabia que dejemos a DIOS decir lo que es buena suerte y mala, y le agradezcamos que las cosas se convierten en bien para los que le aman...

(fuente: http://pjcweb.org/)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...