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viernes, 1 de mayo de 2009

Acerca del DÍA DEL TRABAJADOR

El portal del Ministerio de Educación de la Nación informa que, en noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV Congreso de la American Federation of Labor, en el que se propuso que a partir del 1º de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada de 8 horas y, si no, se iría a la huelga.

En 1886, el Presidente de los Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Como esta ley no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. Llegada la fecha, los obreros se organizaron y paralizaron el país productivo con más de cinco mil huelgas.

El episodio más famoso de esta lucha fue el funesto incidente de mayo de 1886 en la Haymarket Square de Chicago: durante una manifestación contra la brutal represión de una reciente huelga una bomba provocó la muerte de varios policías. Aunque nunca se pudo descubrir quién fue el responsable de este atentado, cuatro líderes anarquistas fueron acusados, juzgados sumariamente y ejecutados.

En julio de 1889, la Segunda Internacional instituyó el "Día Internacional del Trabajador" para perpetuar la memoria de los hechos de mayo de 1886 en Chicago. Esta reivindicación fue emprendida por obreros norteamericanos e, inmediatamente, adoptada y promovida por la Asociación Internacional de los Trabajadores, que la convirtió en demanda común de la clase obrera de todo el mundo.

El Congreso de París de la Segunda Internacional acordó celebrar el "Día del Trabajador" el 1º de mayo de cada año.

Desde 1890, los partidos políticos y los sindicatos integrados en la Internacional han dirigido manifestaciones de trabajadores en diversos países en petición de la jornada de 8 horas y como muestra de fraternidad del proletariado internacional.

La dimensión cristiana del Día del Trabajador

En el año 1955, el Papa Pío XII instituyó la solemnidad de San José Obrero en el día 1 de mayo de cada año.

El propósito fue que, en este día, los católicos pongamos nuestra mirada de manera especial en San José,el padre adoptivo de Jesús, quien fue un trabajador sencillo y dócil a la voluntad de Dios. Como dicen las Sagradas Escrituras, José fue un humilde carpintero que con su oficio mantenía económicamente a su pequeña familia, cumpliendo dignamente con el mandato bíblico "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido hecho" (Gén 3,19).

Si bien en los Evangelios José no es uno de los personajes más mencionados, su rol en la vida terrenal de Jesús fue fundamental. Fue quien se casó con María y, a instancias del pedido de un Ángel del Señor, tuvo la fe de aceptar a María cuando se enteró de que estaba embarazada de un hijo que no era biológicamente de él.

El trabajo es un medio de santificarse porque, teniendo un trabajo honrado, un ser humano puede honrar a Dios sirviendo a los demás desde el lugar que tiene en la sociedad.

Quienes trabajamos, muchas veces estamos tentados a no hacer nuestra labor de la mejor manera que la podemos hacer es ahí cuando podemos caer en la mediocridad. Un buen cristiano trabaja con amor y empeño, más allá de sus estados de ánimo por amor a Dios, a los demás y a uno mismo.

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