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viernes, 8 de junio de 2012

Reflexión Eucarística de San Juan Crisóstomo

“Cuando les dio pan y sació su hambre llamaban le profeta y trataban de hacerle rey; pero cuando los instruía sobre el alimento espiritual, sobre la vida eterna, cuando los desviaba de las cosas sensibles cuando lea hablaba de la resurrección y levantaba sus ánimos, cuando más que nunca debieran admirarle, entonces murmuraban y se retiraban de El”...

A) Pan de Vida

“Llamase a sí mismo Pan de vida (Jn 6,48) porque sustenta nuestra vida, tanto la presente como la futura por lo cual añadió El que coma de este pan vivirá para siempre (ibid 51). Y pan llama aquí, o bien a los dogmas saludables y a la fe en El, o bien su propio cuerpo. Pues ambas cosas fortalecen al alma. Pues bien; con ser así que en otra parte, al decir El: Si alguno oyere mi palabra no probará la muerte (Jn 8,52), se escandalizaron; aquí no les sucedió lo mismo, quizá porque todavía le respetaban a causa de los panes (n.1).

B) El Pan que Yo os daré es mi Carne

“Y de cierto, el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Justamente pudiera alguno dudar y preguntar aquí por qué habló en esta ocasión tales palabras, que nada edificaban ni aprovechaban, sino más bien perjudicaban a lo edificado... Y si alguno investigara por qué motivo habló también acerca de los misterios (de la Eucaristía) responderémosle que ésta era una ocasión muy oportuna. Porque la oscuridad de las palabras suele excitar a los oyentes y hacerlos más atentos; por tanto, no debieran escandalizarse; antes bien, preguntar e informarse. Mas ellos se retiraban. Pues si le tenían por profeta, debieran creer sus palabras. Así que el escándalo procedía de su necedad, no de la oscuridad de las palabras. ... Pero ellos, al fin, no sacaron fruto de las palabras; y nosotros, en cambio, gozamos del beneficio de las obras. Por lo cual es necesario que nos informemos del milagro de los misterios (eucarísticos) a saber, en qué consisten, por qué se dieron y cuál es su utilidad. Un cuerpo nos hacemos, dice (el Apóstol), y miembro de su carne y sus huesos (Ef 5,30). Sigan los iniciados este razonamiento” (n. 2)

2) La muestra del amor

“Pués bien, para que esto lleguemos a ser no solamente por el amor, sino también en realidad, mezclémonos con aquella carne; porque esto se lleva a cabo por medio del manjar que El nos dió, queriendo darnos una muestra del vehemente amor que nos tiene. Por eso se mezcló con nosotros y metió cual fermento en nosotros su propio cuerpo, para que llegáramos a formar no todo, como el cuerpo unido con su cabeza. Pues ésta es prueba de ardientes amadores. Y así Job, para darlo a entender, lo decía de sus siervos, de quienes era tan excesivamente amado, que deseaban injerirse en sus carnes; ya que para mostrar su ardiente amor decían: ¡Quién nos diera de sus carnes para hartarnos! (Job 31,31).

“Pues por eso hizo lo mismo Cristo, induciéndonos a mayor amistad y demostrándonos su amor ardentísimo hacia nosotros; ni sólo permitió a quienes le aman verle, sino también tocarle, y comerle, y clavar los dientes en su carne, y estrecharse con El, y saciar todas las ansias del amor. Salgamos, pues, de aquella mesa, como leones, respirando fuego terribles a Satanás, con el pensamiento fijo en nuestro Capitán y en el amor que nos ha mostrado. A la verdad, muchas veces los padres entregan los hijos a otros para que los sustenten: mas yo, dice, no así, antes os alimento con mi propia carne, a mi mismo me presento por manjar deseoso de que todos seáis nobles, y ofreciéndoos buenas esperanza, acerca de los bienes venideros. Porque quien aquí Se os dió a si mismo, mucha más se os dará en la vida venidera. Quise hacerme hermano vuestro; por vosotros participé de la carne y la sangre; de nuevo os entrego la carne y la sangre, por medio de las cuales me hice pariente vuestro"

3) Cristo nos compró con su sangre

“Esta sangre era continuamente prefigurada de antiguo en los altares, en las muertes de los justos. Ella es el precio del mundo; con ella compró Cristo la Iglesia, con ella la hermoseó toda entera, pues, a semejanza de un hombre que para comprar esclavos da oro, y si quiere adornarlos emplea oro, así también Cristo con sangre nos compró y con sangre nos hermoseó. Los que de esta sangre participan asisten a una con los ángeles, con los arcángeles y con las soberanas potestades, vestidos de la misma real estola de Cristo y provistos de las armas espirituales. Mas nada grande he dicho todavía. Vestidos están del mismo Rey”

4) Cómo hay que acercarse a la Sagrada Mesa

“Pero así como es cosa grande y admirable, así mientras te acerques con pureza, te acercas para salud; pero si con mala conciencia, para suplicio y venganza. Porque quien come, dice, y bebe indignamente del Señor, su condenación se corte y se bebe (I Cor 11,29). Si, pues, los que manchan la púrpura imperial son castigados lo mismo que los que la rasgan, ¿qué hay de extraño en que los que reciben el cuerpo de Cristo con impura conciencia sufran el mismo suplicio que los que le desgarraron con los clavos? Considerar, en efecto, cuán terrible castigo dió a entender San Pablo cuando dijo: Uno que atropella la ley de Moisés, muere sin misericordia, sobre el testimonio de dos o tres, ¡De cuánto peor castigo pensáis que será Juzgado digno quien al Hijo de Dios holló, y reputó indigna la sangre del testamento, con la que fué sacrificado! (Heb 10,28 SS.).

Miremos, pues, por nosotros mismos, amados (hijos), ya que de tales bienes gozamos, y cuando nos viniera el pensamiento de decir algo torpe o nos viéramos arrebatar de la ira o de alguna otra pasión, reflexionemos de qué beneficios hemos sido objeto, de qué Espíritu hemos gozado; y este pensamiento será freno de nuestros irracionales apetitos. ¿Hasta cuándo estaremos sin despertar? ¿Hasta cuándo nos hemos de cuidar de nuestra salvación? Consideremos que beneficios se ha dignado hacernos Dios; démosle gracias, glorifiquémoslo, no sólo por la fe, sino también por las obras, para que alcancemos también los bienes venideros, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, con el cual sea al Padre la gloria, juntamente con el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén” (n 4).

(fuente: www.aciprensa.com)

¿Cuáles son los argumentos a favor del celibato?

Aquí encontrarás cinco argumentos a favor del celibato que te ayudarán a comprenderlo.


1.- El celibato reafirma el matrimonio.

Vivimos en una sociedad que está totalmente saturada de sexualidad, los sacerdotes son la prueba viviente de que las necesidades sexuales pueden ser controladas y encaminadas de una manera positiva. El celibato reconoce la bondad del sexo solamente dentro del matrimonio, ofreciéndolo como sacrificio a Dios. Si se ve simplemente como una válvula de escape del impulso sexual, el matrimonio se prostituye. Como cristianos entendemos que el matrimonio es un compromiso inviolable entre un hombre y una mujer, que se aman y honran mutuamente. De igual forma, un sacerdote ofrece un compromiso de amor a la iglesia; un vínculo que no puede romperse y que es tratado con el mismo respeto y gravedad que en el matrimonio.


2.- En la Sagrada Escritura está el celibato.

Los fundamentalistas suelen argumentar que el celibato no cuenta con bases bíblicas afirmando que según las Escrituras, los cristianos están llamados a ser fructíferos y a multiplicarse (Génesis 1-28). Este mandato habla a la humanidad en general, pasando por alto muchos pasajes bíblicos que apoyan el celibato. Por ejemplo, en la Primera carta a los Corintios, Pablo apoya la vida célibe: ¿No están unido a mujer? No la busques El no casado se preocupará de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo de cómo agradar a su mujer, está por tanto dividido. (7, 27-34) Esto no implica que todos los hombres deban ser célibes; Pablo explica que el celibato es un llamado para algunas personas y para oros no, al decir. Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; más cada cual tiene de Dios y su gracia particular, unos de una manera, otros de otra. (7,7).

En Mateo 19,11-12, Jesús mismo habla del celibato: Pero él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha permitido. Porque hay eunucos hechos por los hombres y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda. Otra vez, el énfasis está puesto en la naturaleza especial del celibato, para lo que muchos hombres no son aptos, pero que de todas maneras da gloria al reino de Dios:

En la Sagrada Escritura podemos encontrar la mejor evidencia, y es que el mismo Jesús practicó el celibato.


3.- El Celibato es una práctica histórica.

La sociedad asume que el celibato es una conveniencia introducida por la Iglesia algo tarde en la historia. Por el contrario, hay evidencia de que los primeros Padres de la Iglesia como San Agustín, San Jerónimo y San Cirilo apoyaron el celibato. En un concilio general de Occidente, se presentó la legislación prohibiendo a los obispos, sacerdotes y diáconos tener relaciones conyugales con sus esposas, siendo penados con la exclusión del clero si esto ocurría. En el año 385, el Papa Silicio emitió el primer decreto papal acerca del tema, expresando que la abstinencia clerical era una tradición que se remontaba a los tiempos apostólicos.

La promulgación definitiva del celibato vino en el Segundo Concilio de Letrán en 1139 con el Papa Gregorio VII. Lejos de ser una ley impuesta al sacerdocio medieval, fue la aceptación del celibato sacerdotal siglos antes y se llevó, en carácter de universal, hasta el siglo XII.


4.- El celibato enfatiza el único rol del sacerdocio.

Como representante de Cristo, el sacerdote entiende su identidad en el seguimiento del modelo impuesto por Jesús; un hombre que vivió su vida en perfecta castidad y consagración a Dios. El Arzobispo Crescenzio Sepe de Grado dice: El ser y el actuar de un sacerdote debe ser como Cristo: indivisible. Por lo tanto el sacerdocio sacramental es sagrado, algo separado del resto del mundo. Cristo sacrificó su vida por su esposa, la Santa Iglesia, y el sacerdote ofrece su vida por el bien del pueblo de Cristo.


5.- El celibato permite a los sacerdotes tener como prioridad a la iglesia.

Para describir el rol de los sacerdotes utilizamos la imagen del matrimonio. Tal como el matrimonio es la donación total de una persona al otro, el sacerdocio requiere la total donación a la Iglesia. El primer deber de un sacerdote es hacia su rebaño, mientras que el primer deber de un esposo es a su esposa. Un sacerdote célibe dedica todo su tiempo a los feligreses sin la responsabilidad de atender a su familia. También siempre están disponibles para ir donde sea cuando es necesario, aunque tengan que trasladarse a una nueva parroquia o atendiendo a sus feligreses durante la noche.

(fuente: www.churchforum.org.mx)

jueves, 7 de junio de 2012

El Sacramento de la Sagrada Eucaristía, lo que dice la Biblia

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad, toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: " En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente."

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

La Eucaristía es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo para que participemos de la vida de Dios. Es el mayor de todos los sacramentos, porque contiene a Cristo mismo, el Autor Divino de los Sacramentos.

Hay tres aspectos o momentos en la Eucaristía.

El primero se dice real Presencia de Cristo en el altar, siempre que haya una hostia consagrada en el Sagrario. Segundo, la Eucaristía como sacrificio, que es la Misa. Y tercero, la Santa Comunión.

La palabra Eucaristía, derivada del griego, significa "Acción de gracias". Se aplica a este sacramento, porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es para nosotros el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.

La Sagrada Eucaristía es el verdadero centro del culto católico, el corazón de la fe. Y porque creemos que el hijo de Dios está verdaderamente presente en el Sacramento del altar, construimos bellas iglesias, ricamente adornadas.

El Sacrificio de la Misa no se limita a ser mero ritual en recuerdo del sacrificio del Calvario. En él, mediante el ministerio sacerdotal, Cristo continua de forma incruente el Sacrificio de la Cruz hasta que se acabe el mundo.

La Eucaristía es también comida que nos recuerda la Ultima Cena; celebra nuestra fraternidad en Cristo y anticipa ya el banquete mesiánico del Reino de los Cielos.

Por la Eucaristía, se da Jesús mismo, Pan de Vida, en alimento a los cristianos para que sean un pueblo más grato a Dios, amándole más y al prójimo por Él.

Se reserva la Eucaristía en nuestras iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia.


La Palabra de Dios

"Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto Y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo…."Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

"El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en Mí, Y yo en él".

"Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí". Jn 6, 48-57

"Mientras estaban comiendo, tomo Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo." Tomo luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados". Mt 26, 26-28

"Hagan esto en memoria mía". Lc 22,19

(fuente: www.ewtn.com)

La virginidad de María

María es como una página en blanco. Así lo han dicho los Padres de la Iglesia, donde Dios ha venido a escribir su mejor nombre. El texto en blanco de María recibe el nombre de su Hijo Jesús, la mejor Palabra que Dios tenía para pronunciar.

“Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64)”, -dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el punto 496- “la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido "absque semine ex Spiritu Sancto" (Cc Letrán, año 649; DS 503), esto es, sin elemento humano, por obra del Espíritu Santo”, sin semilla de varón.

Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra. Así, S. Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II) expresa: "Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen (...) fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato (...) padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente" (Smyrn. 1-2).”




La virginidad de María es tan real como la carne de Jesús

¿Sabías que se le llama luna a María porque no tiene luz por propia iniciativa, de su propia fuente, de sí misma, sino que refleja la de Dios? Así como la luna refleja la luz del sol, María refleja la presencia de Dios, del sol naciente.

Esto de ubicarnos junto a María, la luz que irradia Ella como luna, blanca luna, nos inspira tantas cosas, como la luna inspira tanta poesía, tanto canto, tanta vida... La luna tiene esa capacidad de despertar en nosotros en la noche, cuando es redonda, clara, cuando aparece casi como un sol gigante, inspira tantas cosas la luna... como María también inspira en tu corazón... por aquí inspiró una Radio. ¿Sabías que fue el Señor que utilizó a María como instrumento para inspirar la gestación de este proyecto que compartimos? Y en tu vida, María, ¿qué inspira? Ternura, alegría, seguridad, certeza, el descubrir la maternidad en Ella... Puede que inspire silencios también, silencios que se hacen lugar donde Dios pueda expresar su Palabra, pueda hacer sentir su voz, pueda regalarnos la vida nueva en el acto creador siempre nuevo de Dios cuando se expresa en nosotros y espera la acogida propia que da el silencio cuando crea el espacio para la bienvenida.

Eso es lo que ocurre con lo que nos relatan los Evangelios respecto a María como Virgen. Los Evangelios muestran todo el contenido virginal que está presente en la hija de Sión, como la reconoce la Sagrada Escritura. Lucas llama a María Virgen, refiriendo tanto su intención de reservar la virginidad como el designio de Dios que concilia ese propósito con su maternidad prodigiosa. Estas son las cosas que llaman la atención de la lógica divina: que la Virgen sea Madre.

La afirmación de la concepción virginal a la acción del Espíritu Santo excluye cualquier hipótesis de parentonogénesis natural, como lo llama Juan Pablo II, y rechaza los intentos de explicar la narración de Lucas como la explicitación de un tema judío o una derivación de una leyenda mitológica pagana. No. Lucas es claro en su expresión: nació de Santa María, Virgen. Nació de Ella el Verbo que se hizo carne. La estructura del texto de Lucas no admite ninguna interpretación que sea reductiva. En todo caso, nos abre al misterio de Dios que, haciéndose uno de nosotros por obra del Espíritu Santo, nace de una mujer virgen, que es madre sin afectar su virginidad. Nace de una Madre habiendo sido concebido por la presencia del Espíritu Santo. La coherencia del texto de Lucas no permite sostener válidamente multiplicaciones de los términos o de las expresiones que afirman la concepción virginal por obra del Espíritu Santo. En todo caso, sin la racionalización con la que buscamos siempre querer atrapar las cosas que no comprendemos, el texto de Lucas y la virginalidad maternal de María nos abren al misterio. Y para eso, el silencio nos invita a contemplar.

El evangilista San Mateo, narrando el anuncio del Ángel a José, afirma al igual que San Lucas, la concepción por obra del Espíritu Santo; así excluye las relaciones conyugales. Además, a José se le comunica la generación virginal de Jesús en un segundo momento. No se trata para él de una invitación a dar su consentimiento previo a la concepción del hijo de María, fruto de la intervención sobrenatural del Espíritu, y de la cooperación exclusiva de la Madre. Sólo se le invita a José a aceptar libremente su papel de esposo de la Virgen María y su misión paterna con respecto al Niño en clave adoptiva. El padre de Jesús es el Padre del cielo; José hace las veces de papá mientras peregrina con el Niño y la Madre.

Igualmente San Mateo, narrando el anuncio del ángel a José, afirma como Lucas esta expresión. Y Marcos muestra también lo mismo: que el nacido de María es obra del Espíritu. Veamos el texto de Marcos: a diferencia de Lucas y Mateo, él no habla de la concepción y del nacimiento de Jesús. Sin embargo, se puede notar que Marcos nunca menciona a José como esposo de María. La gente de Nazareth llama a Jesús el hijo de María, o en otro contexto, muchas veces el Hijo de Dios. Estos datos están en armonía con la fe en el misterio de la generación virginal. Esta verdad, según un reciente descubrimiento exegético, estaría contenida explícitamente en el versículo 13 del Prólogo del Evangelio de San Juan que algunas voces antiguas autorizadas, por ejemplo Ireneo y Tertuliano, no presentan en la forma plural usual sino en la singular: el que no nació de sangre ni de deseo de carne ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Es el modo como Juan habla acerca del origen de Jesús, su génesis es por obra del Espíritu Santo, en el seno de María Virgen.

Decía Juan Pablo II en una catequesis que este testimonio uniforme que acabamos de compartir de los cuatro Evangelios confirman que la fe en la concepción virginal de Jesús estaba enraizada firmemente en los distintos ambientes de la Iglesia primitiva. Por eso, decía Juan Pablo II, carecen de todo fundamento algunas interpretaciones recientes que no consideran la concepción virginal en el sentido físico o biológico, sino en sentido únicamente simbólico o metafórico. Designaría a Jesús como don de Dios a la humanidad. Lo mismo, decía el Papa, hay que decir de la opinión de otros, según los cuales el relato de la concepción virginal sería, por el contrario, una teologúmenon, es decir, un modo de expresar una doctrina teológica, en este caso la filiación divina de Jesús, o sería su representación mitológica. Como hemos visto, los Evangelios contienen la afirmación explícita de una concepción virginal de orden biológico, por obra del Espíritu Santo. Y la Iglesia ha hecho suya esta verdad ya desde las primeras formulaciones de fe.

La fe expresada en los Evangelios en torno a la virginidad de María es confirmada sin interrupciones por la tradición de la Iglesia: que María ha sido concebida sin pecado y virginalmente ha dado a luz, por obra del Espíritu Santo. Las fórmulas de fe de los primeros autores cristianos justamente postulan la afirmación del nacimiento virginal. Ireneo, Tertuliano, están de acuerdo con S. Ignacio de Antioquía que proclama a Jesús nacido verdaderamente de una virgen. Estos autores hablan explícitamente de una generación virginal. Y el testimonio de ellos no es menor, ya que están allí, bebiendo de la expresión primera de la vida de la Iglesia que proclama la fe en Cristo nacido de la Virgen.

También el Magisterio de la Iglesia, en el transcurrir del tiempo, ha ido reafirmando lo que la verdad revelada ha expresado. Tanto la corriente evangélica como la tradición son una misma fuente en torno a la cual se nos ofrece, en dos vertientes, la revelación. ¿Qué hace el Magisterio? Recibe el dato revelado y lo retraduce. En el Concilio de Calcedonia, en su profesión de fe redactada esmeradamente y con contenido definido, de modo inefable -decía Juan Pablo II- afirma que Cristo en los múltiples días y por nosotros y por nuestra salvación fue engendrado de María Virgen. También en el Concilio de Constantinopla se proclama que Jesucristo nació del Espíritu Santo y de María Virgen que es propiamente y según verdad, Madre de Dios según la humanidad. Otros Concilios Ecuménicos, como el de Constantinopla II, el de Atenaense IV, declaran a María siempre virgen, subrayando su virginidad perpetua. El Concilio Vaticano II ha recogido esas afirmaciones, destacando el hecho de que María por su fe y su obediencia engendró en la tierra al Hijo mismo del Padre, ciertamente sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo.

escrito por Padre Javier Soteras 
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

miércoles, 6 de junio de 2012

La señal de la cruz, el inicio de toda oración

Invocamos a la Santísima Trinidad para iniciar la oración en su nombre. Carta Cardenal Norberto Rivera.

Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres (I Corintios 1, 17-25).

Es lógico comenzar esta serie de doce cartas sobre la oración cristiana de la misma forma con la que iniciamos toda oración: con la señal de la cruz. Comenzamos a rezar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén”. Invocamos a la Santísima Trinidad e iniciamos nuestra oración en su nombre. Recordamos así el centro de nuestra fe recibida en el Bautismo (Mateo 28, 19). Al hacer un ofrecimiento de obras al inicio del día para dar un sentido sobrenatural a todas nuestras actividades; al empezar un examen de conciencia que, más que simple contabilidad moral, es un acto de diálogo con Dios, Padre de misericordia; en el inicio del rezo del Angelus; en las primeras palabras de la Misa: siempre está presente la señal de la cruz y la invocación a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de quien procede toda bondad y a cuyo santo nombre nos confiamos.

Rezamos en nombre de Dios y este “nombre” encierra en sí toda la misteriosa realidad de “Aquel que es el que es” (Éxodo 3, 13-15) y no necesita de nada ni nadie. El Catecismo de la Iglesia Católica explica muy bien la profundidad que encierra el nombre de Dios: A su pueblo Israel, Dios se reveló dándole a conocer su Nombre. El nombre expresa la esencia, la identidad de la persona y el sentido de su vida. Dios tiene un nombre. No es una fuerza anónima. Comunicar su nombre es darse a conocer a los otros. Es, en cierta manera, comunicarse a sí mismo haciéndose accesible, capaz de ser más íntimamente conocido y de ser invocado personalmente... Al revelar su nombre misterioso de YHWH, "Yo soy el que es" o "Yo soy el que soy" o también "Yo soy el que Yo soy", Dios dice quién es y con qué nombre se le debe llamar. Este Nombre Divino es misterioso como Dios es Misterio. Es, a la vez, un Nombre revelado y como la resistencia a tomar un nombre propio, y por esto mismo expresa mejor a Dios como lo que Él es, infinitamente por encima de todo lo que podemos comprender o decir: es el "Dios escondido" (Isaías 45, 15), su nombre es inefable (Cf Jueces 13, 18), y es el Dios que se acerca a los hombres. Al revelar su nombre, Dios revela, al mismo tiempo, su fidelidad que es de siempre y para siempre, valedera para el pasado ("Yo soy el Dios de tus padres", Éxodo 3, 6) como para el porvenir ("Yo estaré contigo", Éxodo 3, 12). Dios, que revela su nombre como "Yo soy", se revela como el Dios que está siempre allí, presente junto a su pueblo para salvarlo (Catecismo de la Iglesia Católica 203 y 206-207).

La señal del cristiano es la señal de la cruz. En ella murió Nuestro Señor Jesucristo para alcanzarnos la salvación eterna. Así, la cruz se ha convertido en signo de esperanza y de victoria. Es el símbolo de la victoria de Jesucristo, una victoria que descubrimos en la resurrección después de haber visto a Jesús sufrir una aparente derrota, la más cruel. La cruz es el icono de Jesucristo y el indicio de la vida eterna que nos espera. Toda esta riqueza de significado hace que mostremos con orgullo y llevemos con amor este instrumento de tortura que para nosotros es mucho más que eso, es un instrumento de amor. La cruz que llevamos y la cruz que señalamos, sobre la frente o el pecho, es símbolo de aquella que nos pide tomar Jesucristo para ser sus discípulos auténticos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 10, 38; 16, 24; Marcos 8, 34; Lucas 9, 23; 14, 27). Los contemporáneos de Jesús no entendieron aquella petición que sólo se aclaró cuando vieron al Maestro morir sobre una cruz y resucitar. Entonces comprendieron que el secreto del seguimiento de Cristo está en morir a sí mismo para tener vida (Marcos 8, 35); perder la vida por Jesucristo y por su Evangelio es salvarla.

En el capítulo 9 (versículos 4-7) del libro del profeta Ezequiel, encontramos un texto enigmático donde aparece por primera vez la señal de la cruz. Es el primer lugar de la Biblia en que se cita esta palabra. Dios envía un castigo contra los idólatras, pero respeta a los que han recibido la señal de la cruz en su frente, aquellos que no compartieron las idolatrías y las abominaciones. En el libro de los Números se nos relata una situación similar que el propio Jesucristo interpreta como un símbolo de lo que será la salvación por la cruz (Juan 3, 14-15). Dios había castigado con mordeduras de serpiente al pueblo de Israel que caminaba por el desierto y no dejaba de quejarse contra Dios. Habían muerto ya muchos israelitas y pidieron perdón a Dios. Moisés intercedió por el pueblo y Dios le dijo que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera sobre un mástil. Los que miraran a la serpiente de bronce quedarían curados: “Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida” (Números 21, 9). Los israelitas tentaron al Señor (I Corintios 10, 9), como tantos hombres lo han seguido tentando y desafiando a lo largo de la historia. La cruz de Jesucristo es la respuesta misericordiosa de Dios a la rebeldía del hombre: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna” (Juan 3, 14-15).

La cruz de Jesucristo es, a la vez, la señal del libro de Ezequiel para los que aman a Dios y están libres de culpa y, al mismo tiempo, la serpiente de bronce de Moisés para que los pecadores puedan volver a Dios. Estos últimos, sin la cruz, estarían perdidos para siempre, sufriendo en sus vidas los efectos de la desobediencia a Dios. Pero Él canceló nuestros cargos (Colosenses 2, 14). Llevar la cruz es llevar el signo de salvación y de vida eterna que Dios nos ha entregado. Hacer la señal de la cruz es manifestar el perdón y la misericordia de Dios. Por ello, en el sacramento de la reconciliación, la absolución de los pecados se acompaña con la señal de la cruz, (Concilio de Trento, 25-XI-1551, Doctrina sobre el sacramento de la penitencia, cap 3. 5 y 6; Dz 896 y 899-902): “La fórmula sacramental: “Yo te absuelvo …”, y la imposición de la mano y la señal de la cruz, trazada sobre el penitente, manifiesta que en aquel momento el pecador contrito y convertido entra en contacto con el poder y la misericordia de Dios” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica post-sinodal Reconciliatio et Paenitentia 31, 2-XII-1984).

La cruz es signo de obediencia. Jesucristo muere en ella por obediencia a la voluntad de Dios. San Pablo lo ilustra perfectamente en el himno cristológico de su epístola a los filipenses: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2, 5-11). San Pablo nos invita a apropiarnos de la humildad y la obediencia de Jesucristo, a hacerlas nuestras. La obediencia humilde es signo de auténtica presencia de Dios en el alma, es indicio de santidad auténtica. La obediencia de Cristo fue la que nos redimió. María también obedeció (Lucas 1, 38). La Iglesia es obediente a la revelación de Dios en Jesucristo y esta obediencia amorosa requiere muchas veces de la cruz vivida por amor. Obedecer es amar (Juan 14, 15; 14, 21; 14, 23; 15, 24) y, muchas veces, es también sufrir, pero este sufrimiento en la obediencia nos asocia a la cruz de Jesucristo y hace más auténtico nuestro seguimiento del Maestro de Nazaret, Dios y hombre a la vez. La cruz sin obediencia es cruz sin Cristo.

La cruz es signo de persecución e incomprensión. Los hombres de tiempos de Jesús querían que bajase de la cruz para creer en Él (Mateo 27, 42; Marcos 15, 32), querían la salvación sin la cruz (Marcos 15, 30), y parece que esta tendencia continúa muy arraigada en el hombre. Así lo señala el Papa Juan Pablo II en el número 1 de la Carta Encíclica Ut unum sint: “¡La cruz! La corriente anticristiana pretende anular su valor, vaciarla de su significado, negando que el hombre encuentre en ella las raíces de su nueva vida, pensando que la cruz no puede abrir ni perspectivas ni esperanzas: el hombre, se dice, es sólo un ser terrenal que debe vivir como si Dios no existiese”. También a los cristianos nos toca esta tentación de rechazar la cruz. Queremos creer, pero con una fe sin cruces. Queremos salvación, pero salvarnos sin renunciar a nada, mucho menos a nosotros mismos. Volvemos a ver la cruz como un signo de oprobio. Sin embargo, sin cruz, ni la salvación ni la fe son auténticas. Si queremos ser seguidores de Jesucristo, tenemos que aceptar la cruz, pero viéndola ya como un signo de gloria, como san Pablo: “En cuanto a mí ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!” (Gálatas 6,14). Es signo de gloria porque en ella está la salvación y el centro de nuestra fe. La primera predicación de la Iglesia, según podemos ver en el anuncio del kerigma en los Hechos de los Apóstoles, se centra en la crucifixión y resurrección de Jesucristo (Hechos 2, 23-24; 3, 15; 4, 10; 5, 30). La cruz es el signo de los verdaderos seguidores de Jesucristo, de los ciudadanos del Cielo (Filipenses 3, 18-21).

Si la señal de la cruz nos distingue como cristianos, hay otro elemento que también nos debe distinguir: aquel por el que todos deben conocer que somos discípulos de Cristo, el amor: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13, 34-35). Amar como nos amó Jesucristo significa dar la vida por los demás. Este debe ser el signo de los cristianos. La cruz debe ir siempre acompañada del amor. Jesucristo murió en ella por amor a los hombres y nosotros hacemos de ella un signo del amor de Dios a cada ser humano y de nuestro deseo sincero de imitar ese amor de Dios a cada hombre. El amor a nuestros hermanos nos exige un sacrificio que va unido a la cruz de Cristo, y la cruz de Cristo nos exige una respuesta continua que no puede hacer a un lado el amor al prójimo. La cruz es signo de unidad (Efesios 2, 16), de paz y reconciliación (Colosenses 1, 18-20). Junto a ella encontramos a María, nuestra Madre amorosa, entregada a nosotros por Jesucristo en un acto de amor muy especial (Juan 19, 25-27).

Cuando nos santiguamos haciendo sobre nosotros la señal de la cruz, nos señalamos como miembros de Jesucristo y de su Iglesia; ponemos a Dios en nuestra vida; le ofrecemos lo que somos, hacemos y tenemos. Mostrar la cruz es predicar que hay que morir para tener vida. Los primeros misioneros que llegaron a América usaban cruces grabadas para enseñar la fe. La cruz es signo de fe auténtica, de esperanza cierta, de amor sincero y generoso. Es resumen de la enseñanza de Jesucristo. Todos estos significados sobre los que hemos reflexionado están presentes cuando hacemos la señal de la cruz. Hacer ese signo sobre nosotros o portarlo en el pecho es ofrecer a Dios nuestra vida y manifestar al mundo nuestro deseo de seguir e imitar a Jesucristo. Santiguarse o signarse es la primera oración del cristiano.

(fuente: es.catholic.net)

martes, 5 de junio de 2012

Acerca del ESPIRITISMO

La palabra espíritu viene del latín spiritus que significa soplo vital, respiro, exhalación, espíritu. Espiritismo sería la doctrina sobre el espíritu. Remotamente el espiritismo ya se habría dado desde el pecado de nuestros primeros padres. Para que este fenómeno suceda se requiere que existan los demonios o guías, los mediums y los asistentes.

Hay que tener en cuenta que Satanás sería el ángel caído, que actúa entre los hombres con sus seguidores. Por la condición de haber pecado, de estar caído no tiene comunión con Dios, con los ángeles, ni con el hombre. Entonces intenta actuar entre los hombres por medios, apoyos, métodos. El diablo y sus seguidores son enemigos de Dios y quieren separar de Dios, sembrar división.

Desde la antigüedad, entre muchos pueblos, ha habido hechos raros atribuidos a los espíritus y esfuerzos de parte de los hombres por comunicarse con los difuntos. Basta leer la Biblia (Lev.19,31) "No practiquen el espiritismo" (Dt. 18,11) "Nadie consulte a los espíritus o pregunte a los muertos".

Por otra parte, el hombre tiene una tendencia hacia los misterios y le atraen las experiencias extrañas y ocultas. Así lo demuestra la historia, recordemos que ya los romanos consultaban a los muertos y a los que adivinaban o predecían el futuro. Y en la Edad Media existieron hechiceros, brujas y endemoniados que la Iglesia Católica mandó a la hoguera.

El espiritismo moderno desarrolla prácticas espiritistas antiguas. En este sentido el medico alemán Franz Anton Mesmer comienza a realizar experiencias en 1774. El pensaba que los astros eran responsables de nuestras enfermedades y realizó prácticas de espiritismo e hipnotismo. En este mismo momento también actúa el filósofo Swedembrog que declara que ha recibido de Dios el poder para comunicarse con otro mundo y explicar las Escrituras. Esto último también lo afirmará Allan Kardec, espiritista francés.

Después de estos precedentes podemos afirmar que el espiritismo moderno comienza a actuar en el año 1897 en Hydersville, New York, E. U.A., en una granja donde vivía la familia Fox con sus dos niñas Margarita y Katie. Su madre pidió a uno que daba golpes en la casa que si era un ser humano diese un golpe y que si era un espíritu diese dos golpes; como se escucharon dos golpes empezó a creer en los espíritus y en la posibilidad de relacionarse con ellos por medio de golpes y otras prácticas. Sus hijas entraron poco a poco en prácticas espiritistas. Sin embargo, parece que los espíritus no les ayudaron mucho, ya que se afirma que terminaron en la miseria y el alcoholismo. Quien supuestamente se comunicaría con las hermanas Fox sería el espíritu de Charles Rosna, quien había sido asesinado a los 31 años. Parte de su esqueleto fue encontrado en el sótano de su casa. Posteriormente estas hermanas cambian su pensamiento. Su fama creció rápidamente, extendiendose el espiritismo en E.U. A. y en Europa. Las hermanas Fox reconocieron públicamente que se trataba de trucos. Sin embargo esto no logró detener la expansión y alcanzó los cinco continentes, especialmente a Latinoamérica. Se calcula que en Brasil habrá tres millones de espiritistas, y un millón en los demás paises del continente.

El espiritismo representa la máxima superstición de los tiempos actuales, que procura hacer adeptos adivinando el porvenir y curando las enfermedades. Pretende descubrir lo referente a otra vida, interrogando a los espíritus de los difuntos por medio de un intermediario (medium) en trance.

No se presenta como religión sino como ciencia. Su lema es: "El espiritismo no impone dogmas, sino que invita al estudio." También el francés Denizart Hipólito León Rivail que nació en Lyon en 1804 se dedicó al espiritismo. El tomó el nombre de Allan Kardec que creía que era el nombre de su existencia anterior. A través de la historia del espiritismo va tomando diferentes formas y teniendo diversas prácticas.

Antiguamente a estas prácticas se le daba otros nombres como magia. Como ya dijimos, estaban metidos en esto personas como los hechiceros, pitonisas, adivinos, brujas. Incluso la Biblia hace referencia a ello.

Hoy el espiritismo está muy presente entre nosotros especialmente en el Brasil. Se le llama de diferentes formas: espiritismo común, bajo espiritismo, espiritismo científico, kardecista. En cada uno encontramos diversos aspectos. Al existir varios espiritismos se dan muchos matices, incluso respecto de la reencarnación.

Hay países en donde toman otros nombres, tal es el caso de la "Escuela Científica Basilio", fundada por Blanca Aubreton de Lambert en 1917 con quien colaboró Eugenio Poral. También está la "Escuela magnético-Espiritual de la Comuna Universal" fundada por el español residente en Argentina en 1911 Joaquín Trincado.


DOCTRINA.

** Existencia de Dios: Inteligencia cósmica responsable de la creación y del sustentamiento del Universo.
** Existencia del espíritu o alma: Se halla envuelto por el periespíritu, que conserva hasta la memoria después de la muerte y asegura la identidad individual de cada persona.
** Ley de la reencarnación: Por la cual, todas las criaturas van evolucionando sucesivamente en el plano intelectual y moral, ya que expían los errores del pasado.
** Ley de la pluralidad de los mundos: La existencia de varios planos habitados, que ofrecen un ámbito universal para la evolución del espíritu.
** Ley del Karma o casualidad moral: Por lo cual se entrelazan las vidas sucesivas del espíritu, dándosele un destino acorde a sus acciones anteriores.
** La Biblia no es Palabra de Dios.

(fuente: www.churchforum.org.mx)

lunes, 4 de junio de 2012

Encuentro Mundial de las Familias Católicas en Milán: Javier Zanetti con Benedicto XVI

El capitán del Inter de Milán, el argentino Javier Zanetti, regaló este sábado al papa Benedicto XVI una camiseta del club nerazzurro durante la visita que el Pontífice realizó al estadio de futbol Giuseppe Meazza-San Siro.

Lo mismo hizo el histórico capitán del Milan Franco Baresi, que regaló al Pontífice una camiseta del club rojinegro especialmente dedicada, informaron los medios locales.

Zanetti asistió con su esposa, Paula, y sus tres hijos -Sol, Ignacio y Tomás- al encuentro que mantuvo el Pontífice con miles de muchachos italianos que han hecho o están preparándose para la confirmación en el estadio de San Siro, donde juegan el Inter y el Milan.

Al final del acto, Zanetti regaló al Papa una camiseta del Inter con el nombre de Benedicto grabado en la espalda y el número 16, lo que agradeció el Pontífice.

Benedicto XVI preside en Milán (norte de Italia) el VII Encuentro Mundial de las Familias Católicas.

(fuente: www.record.com.mx)

La familia es escuela del más rico humanismo

Una pareja de esposos en el encuentro de Milán

ROMA, viernes 1 junio 2012 (ZENIT.org).- Roberto Tarazona es médico y Carolina Pedreros es profesora de escuela. Ambos son una pareja de esposos que ha viajado desde el Perú hasta Milán para asistir al VII Encuentro de las Familias con el Santo Padre. Fueron enviados por la Diócesis del Callao, donde viven y sirven ya sea a nivel parroquial como familiar, es decir, atendiendo y haciendo crecer como se debe a sus cinco hijos, a la espera del sexto según sueña ella, y augura él…

Luego de un paso veloz por Roma y el Vaticano --donde quisieron ir a rezar a la tumba de san Pedro y de Juan Pablo II, conocer las catacumbas y “ver al Papa”--, ZENIT conversó con esta familia que ha dejado a sus hijos por primera vez solos con una tía, para ser confirmados en la fe y testimoniar su amor en medio de las miles de familias que siguen llegando a la cita con Benedicto XVI.

¿Qué expectativas tienen de su participación en el Encuentro Mundial de las Familias?

--Roberto: La mayor expectativa es poder escuchar al santo padre con su mensaje a favor de la vida y de la consolidación de la familia como iglesia doméstica y escuela del más rico humanismo.

Será casi un millón de personas…, ¿por qué las familias van de todo el mundo hasta Milán para escuchar al papa?

--Carolina: Para que nos confirme en la fe y en nuestra vocación de esposos a ser fecundos en la vida, testimonio del sacramento de Dios como familia cristiana, para luego animar a otras familias a abrirse con respeto, dignidad y generosidad a la vida.

¿Qué es lo que más necesitan los hijos de sus padres?

--Carolina: Nosotros debemos ser testimonios del amor de Dios en medio de nuestros hijos. Que la familia sea un espacio donde el ser humano se sienta amado, pueda mirar y vivir con alegría el presente y con esperanza el futuro y que se pueda comprometer más a renovar la iglesia y la sociedad.

¿Cómo fueron seleccionadas las familias del Callao para venir hasta Milán?

--Roberto: Con nuestro obispo, y a través de la comisión diocesana de pastoral familiar, se tuvo un proceso de discernimiento comunitario, de diálogo con algunas familias para participar en este encuentro que nos animará en nuestra vocación de padres y madres de familia, animando así a la misma pastoral familiar.

¿Cuántas familias del país han venido?

--Roberto: Según la información que tengo, serían entre 500 a 700 las familias provenientes de las diferentes jurisdicciones del país. Esperamos encontrarlos en Milán y entre todos rezar al Señor de los Milagros, pedir a la Virgen del Carmen, a la Virgen de Chapi y a todas las advocaciones de nuestra santa Madre en el Perú, de tal manera que nuestra presencia sea un signo de comunión de la iglesia peruana con la iglesia universal.

¿Cómo han vivido sus hijos el hecho de su partida?

--Carolina: Con sentimientos encontrados; por un lado la enorme tristeza de que papá y mamá viajen y los dejen solos. Y por otro lado, intuyen que hay una profunda alegría en nuestros corazones de encontrarnos con el santo padre y con otras familias, lo que también les alegra.

¿Hay alguna forma de contrarrestar los ataques de algunos sectores en contra de la familia natural?

--Roberto: Primero se debe hacer tomar conciencia del enorme don que significa la familia en general y la familia cristiana en particular. Valorar la magnitud de lo que el Señor les encarga a dos personas --hombre y mujer, esposos--, de vivir al interior de una pequeña comunidad de personas, donde se pueden reconstruir relaciones humanas, relaciones personales, vivir con alegría y confirmar en la fe a los hijos dentro de la familia y el matrimonio.
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