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miércoles, 19 de octubre de 2011

El 23 de octubre será canonizado el beato Luis Guanella

Ciudad del Vaticano, 18 Oct. 11 (AICA) El próximo domingo 23 de octubre el papa Benedicto XVI canonizará al beato Luis Guanella, junto a otros dos beatos: Guido María Conforti y Bonifacia Rodríguez de Castro.

El apóstol de la caridad Luis Guanella nació cerca de la ciudad de Sondrio al norte de Italia, en 1842. Su aldea natal, así como su familia, era pobre, pero de una profunda religiosidad. Transcurrida su infancia entre los montes que él tanto amaba, se despertó en él el amor a Dios y su ilusión fue seguir la vocación del sacerdocio, por lo que entró en el seminario de Como, donde fue ordenado sacerdote en 1866.

Una vez que recibió la ordenación sacerdotal, se entregó en cuerpo y alma a los pobres de las parroquias en las que desempeñó su labor apostólica.

A partir de 1875 se fue con san Juan Bosco y por tres años se hizo salesiano. Pero su obispo lo reclamó para que se fuera a trabajar a Como, su diócesis de origen. El fundador de la Familia Salesiana no le puso reparos al obispo ni a Luis.

Debido a la situación social existente en aquel tiempo, se encaminó rápidamente por el servicio a los más pobres. Siguiendo el ejemplo de Don Bosco, abrió escuelas y casas de hospitalidad para todo el que estuviese en necesidad. Además, inspirado por Dios, fundó dos congregaciones: los Siervos de la Caridad y las Hijas de Santa María de la Providencia, para atender a las necesidades de los desamparados y afligidos y procurarles la salvación eterna.

Su obra se extendió por toda Italia alcanzando cerca de doscientas instituciones de caridad. Todavía en vida del fundador, las obras guanelianas cruzaron las fronteras de Italia y hasta los océanos. Y hoy sus hijos e hijas continúan la obra del Padre Guanella en los Estados Unidos, la Argentina, Chile, Colombia, el Paraguay y el Brasil.

Murió en Como, Italia, el 24 de octubre de 1915, a los 73 años de edad y fue beatificado por el papa Pablo VI el 25 de octubre de 1964.


El milagro por el que será incluido en la nómina de los santos

El milagro que permitirá su canonización es la sorprendente curación de un joven de Pennsylvania (Estados Unidos), a quien los médicos no dieron chance de recuperación tras sufrir un severo accidente mientras patinaba.

El protagonista de la curación milagrosa se llama William Glisson Jr. y tenía 21 años cuando en marzo de 2002 cayó de cabeza por patinar hacia atrás en la calle. Quedó en estado de coma y los médicos le practicaron cinco cirugías, incluyendo dos para unir las piezas de su cráneo. Los especialistas esperaban que el joven presentara un daño cerebral permanente.

Sin embargo, Glisson se recuperó completamente luego que un amigo de la familia organizara una campaña de oración por intercesión del beato Luis Guanella con una comunidad de los Siervos de la Caridad, y con residentes y estudiantes de la Aldea de Don Guanella dedicada a personas con discapacidades.

Sólo tres meses después de su accidente, Glisson regresó a trabajar sin secuelas.
Glisson que ya cumplió 30 años de edad, declaró a la agencia Aciprensa que creció en un hogar católico, pero no había practicado de manera constante su fe.

"Sin embargo, debido a las oraciones de otras personas, mientras yo estaba en estado de coma fui elegido por sus oraciones para mejorar, lo que te muestra que todo el mundo puede ser salvado por Dios", asegura y confiesa que ahora busca la razón por la que Dios le dio esta segunda oportunidad.

"No importa quién seas. No tienes que ser un sacerdote o el presidente o alguien en lo alto, ni nada parecido. Dios te elige a ti. Es su elección, y eso es lo que hizo por mí".

Glisson está a la espera de viajar a Roma –su primer viaje fuera del país-, donde Benedicto XVI declarará santo al beato Luis Guanella.


En la Argentina

La congregación de los Siervos de la Caridad llegó a la Argentina en 1925, donde hoy cuenta con nueve casas o comunidades. En la ciudad de Buenos Aires tienen la parroquia Tránsito de San José (Avenida Emilio Castro 6351) donde también está la casa provincial. En la provincia de Buenos Aires tienen casas en Luján (noviciado), Tapiales, Pergamino y Villa Madero. También están en la ciudad de Santa Fe y en San Ramón de la Nueva Orán (Salta).

Las Hijas de Santa María de la Providencia llegaron a la Argentina el 8 de febrero de 1983 y tienen comunidades en Tapiales y Tandil (provincia de Buenos Aires) y en la ciudad de Santa Fe.+

martes, 18 de octubre de 2011

Las virtudes de la familia, ejemplo para resolver la crisis, según el Papa

En un discurso a la Fundación Centesimus Annus

CIUDAD DEL VATICANO, martes 18 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- Benedicto XVI propuso las virtudes de la familia como ejemplo para resolver la crisis económica, al recibir, este sábado en el Vaticano, a los participantes de las jornadas Familia, empresa: superar la crisis con nuevas formas de solidaridad, organizada por la Fundación Centesimus Annus.

Durante la audiencia, el Papa destacó que el mundo del trabajo, de la economía y de la empresa deben guiarse por la caritas, por el amor, porque “el modelo familiar de la lógica del amor, de la gratuidad y del don va junto a una dimensión universal”.

El Pontífice explicó que “la justicia conmutativa -”dar para tener”- y la distributiva -”dar para deber”- no son suficientes en la vivencia social”.

“Para que haya verdadera justicia es necesario llegar a la gratuidad y a la solidaridad”, aseguró.

“La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos; por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado”, advirtió.

En este sentido, explicó que “mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia”.

El Papa indicó que “no es deber de la Iglesia definir las vías para afrontar la crisis actual”.

“Sin embargo -agregó-, los cristianos tienen el deber de denunciar los males, de testificar y tener vivos los valores en los que se fundamenta la dignidad de la persona, y de promover aquellas formas de solidaridad que favorecen el bien común, para que la humanidad se convierta en la familia de Dios”.

Por su parte, el presidente de la Fundación Centesimus Annus, Domingo Sugranyes, explicó que “aun en medio de gravísimas tensiones e incertidumbres que afrontamos en nuestro trabajo empresarial”, la Fundación intenta contribuir a la “nueva evangelización que el mundo moderno necesita urgentemente”.

Por eso anunció el lanzamiento de un curso de doctrina social de la Iglesia en línea, organizado en estrecha colaboración con la Universidad Pontificia Lateranense.

En la segunda jornada de la conferencia de dos días, el viernes 14 de octubre, el presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, monseñor Claudio Maria Celli, presidió la misa.

En la celebración, recordó la importancia de que “el sentido de la vida sea el de una tarea a realizar”.

Los debates se desarrollaron de manera especialmente viva, con experiencias personales sobre temas como el asistencialismo, los beneficios, el mercado, la productividad, la solidaridad, las empresas sociales,... confrontados con la doctrina social de la Iglesia.

El rector de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Milán, Alberto Quadrio Curzio, explicó a ZENIT que “a veces se crean equívocos porque cada uno de nosotros lleva su experiencia personal de vida concreta”.

“El alumno tiende a exagerar lo que hace, y a menudo no se da cuenta de que la vida cotidiana es compleja; el empresario, por su parte, insiste en su negocio”.

El punto, en su opinión, es que “los valores comunes que llevamos los católicos debemos no sólo vivirlos sino también aprender a comunicarlos partiendo de nuestra experiencia”.

Para el reconocido economista, la punta de lanza del congreso fue “la naturaleza polivalente de la solidaridad: dentro de la familia, también cuando se debilita esta institución, se la puede reconstruir participando en comunidades más amplias de solidaridad, en formas asociativas”.

“Los psicólogos sociales lo han demostrado -afirmó-, pero también las empresas que se encuentran en dificultades, gracias a un contexto de formas asociativas pueden lograr superar las dificultades, en el contexto de las profesiones, en el de la solidaridad, lo cual significa también lograr conquistarse el respeto y la credibilidad con el ejemplo, la competencia, la profesionalidad, desarrollando buenos trabajos”.

Hablando de las inversiones en China, recordó la figura de Matteo Ricci y su obra, modelo “citado incluso en un congreso del partido comunista chino”.

Y dijo que los empresarios italianos que van hoy a China deben llevar un mensaje, “quizás algo confuso pero un mensaje que puede permanecer a largo plazo”.

En el congreso se destacó en la Centesimus Annus se ve la empresa como una comunidad, la comunidad familiar como modelo para la empresa.

Y los participantes señalaron que los bienes económicos deben estar en función del trabajo y de la persona, visión que la encíclica Caritas in veritate profundiza todavía más, proponiendo la lógica de la gratuidad y del don, no como filantropía sino como una relación de responsabilidad, una solidaridad en la que todos deben sentirse responsables de todos.

Adivinación y Ocultismo

Las prácticas que tratan de adivinar el futuro; ya sea directamente por los medios ocultos como: "comunicándose" por medio de los espíritus o de los muertos (la tabla Guija), la santería, el espiritismo, leyendo el futuro por las cartas Tarot, por los números, o por la astrología; están prohibidas por el Primer Mandamiento de la Ley de Dios.

Dios solamente conoce el futuro, Él quien es Maestro y Señor de todos los tiempos. Además de romper la ley de Dios, el atentar conseguir tal conocimiento por medio de espíritus y tales cosas, significa que el hombre no es el cooperador con Dios que determina su futuro por el uso de su voluntad libre.

El utilizar estos medios que son gravemente pecaminosos (pecados mortales), puede conducir al hombre a tener una visión fatalística del futuro por medio del cual la persona se siente atada a los juicios de los físicos, psíquicos etc, en vez de usar el don de su razón y conocimiento de la ley moral y la ley de la naturaleza. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice lo siguiente acerca de este tema:

2115 Dios puede revelar el porvenir a sus profetas u otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Sin embargo, la imprevisión puede consistir una falta de responsabilidad. (La tentación aquí es que el hombre diga "no fue mi culpa").

2116 Todas las formas de adivinación deben rechasarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a "mediums" encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

escrito por Colin B. Donovan STL
(fuente: www.ewtn.com)

lunes, 17 de octubre de 2011

El Ave María, explicada por el Cardenal Norberto Rivera

El Avemaría es seguramente una de las primeras oraciones que aprendimos cuando éramos niños. Es una oración sencilla, un diálogo muy sincero nacido del corazón, un saludo cariñoso a nuestra Madre del Cielo.

Recoge las mismas palabras del saludo del ángel en la Anunciación (1) (Lucas 1, 28) y del saludo de Isabel (2) (Lucas 1, 42), y después añade nuestra petición de intercesión confiada a su corazón amantísimo. En el sigo XVI se añadió la frase final: “ahora y en la hora de nuestra muerte”. Todo ello forma una riquísima oración llena de significado.

El Avemaría es una oración vocal (3), es decir, que se hace repitiendo palabras, recitando fórmulas, pero no por esto es menos intensa, menos personal.

Podemos decir que el Avemaría y el Rosario son las dos grandes expresiones de la devoción cristiana a la Santísima Virgen. Pero la devoción no se queda sólo ahí.

En el Avemaría, descubrimos dos actitudes de la oración de la Iglesia centradas en la persona de Cristo y apoyadas en la singular cooperación de María a la acción del Espíritu Santo (Cf Catecismo de la Iglesia Católica 2675).

La primera actitud es la de unirse al agradecimiento de la Santísima Virgen por los beneficios recibidos de Dios (“llena eres de gracia”, “el Señor es contigo”, “bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”) y la segunda es el confiar a María Santísima nuestra oración uniéndola a la suya (“ruega por nosotros, pecadores”).

Para explicar esta oración es muy útil seguir los números 2676 y 2677 del Catecismo de la Iglesia Católica.

1. En la primera parte de la oración se recoge el saludo del ángel, del enviado del Señor. Es una alabanza en la que usamos las mismas palabras del embajador de Dios. Es Dios mismo quien, por mediación de su ángel, saluda a María. Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava y a alegrarnos con el gozo que Dios encuentra en ella.

"Llena eres de gracia, el Señor es contigo":

Las dos palabras del saludo del ángel se aclaran mutuamente. María es la llena de gracia porque el Señor está con ella. La gracia de la que está colmada es la presencia de Aquél que es la fuente de toda gracia.

María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el Arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: ella es "la morada de Dios entre los hombres" (Apocalipsis 21, 3). "Llena de gracia", se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que ella entregará al mundo.

2. A continuación, en el Avemaría se añade el saludo de Santa Isabel: "Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús". Isabel dice estas palabras llena del Espíritu Santo (Cf Lucas 1, 41), y así se convierte en la primera persona dentro de la larga serie de las generaciones que llaman y llamarán bienaventurada a María (Cf Lucas 1, 48): "Bienaventurada la que ha creído..." (Lucas 1, 45); María es "bendita entre todas las mujeres" porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.

Abraham, por su fe, se convirtió en bendición para todas las "naciones de la tierra" (Génesis 12, 3). Por su fe, María vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la cual todas las naciones de la tierra reciben a Aquél que es la bendición misma de Dios: "Jesús el fruto bendito de tu vientre".

El Papa Juan Pablo II nos explica muy bien el contenido de este saludo de Isabel a su prima en el número 12 de la Carta Encíclica Redemptoris Mater (4)

3. Después, el Avemaría continúa con nuestra petición: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros..." Con Isabel, nos maravillamos y decimos: “¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lucas 1 ,43).

María nos entrega a Jesús, su Hijo, que muere por nosotros y por nuestra salvación en la cruz y, desde esa misma cruz, Jesucristo nos da a María como Madre nuestra (Cf Juan 19, 26-28); María es madre de Dios y madre nuestra, y por eso podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones, porque sabemos que Dios no le va a negar nada (Cf Juan 2, 3-5) y al mismo tiempo confiamos en que tampoco nos lo va a negar a nosotros si es para nuestro bien.

María Santísima reza por nosotros como ella oró por sí misma: "Hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1,38). Confiándonos a su oración, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: "Haced lo que Él os diga" (Cf Juan 2, 5).

"Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Toda Santa.

Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte". Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte de su Hijo al pie de la cruz y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra para conducirnos a su Hijo Jesús, al Paraíso, a nuestra felicidad eterna en el pleno y eterno amor de Dios.

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(1)Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola se fue.

(2)En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”

(3) Muchas veces se piensa que la oración vocal no es tan personal como la mental porque aquí sólo se repiten fórmulas que otros compusieron, pero no es así.
La oración vocal, cuando se dice con profunda consciencia, identificándose con las palabras que se usan, penetrando en su significado, no sólo se hace personal, sino que además, forma nuestra fe en profundidad guiando nuestros sentimientos, orientando cuál debe ser nuestra relación con Dios.
La oración vocal es quizás la más humilde, la más fácil de enseñar y de aprender y, al mismo tiempo, la que más nos educa en la fe, en nuestra correcta relación con Dios.


(4) "Así pues, María, movida por la caridad, se dirige a la casa de su pariente. Cuando entra Isabel, al responder a su saludo y sintiendo saltar de gozo al niño en su seno, "llena de Espíritu Santo", a su vez saluda a María en alta voz: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno".
Esta exclamación o aclamación de Isabel entraría posteriormente en el Ave María, como una continuación del saludo del ángel, convirtiéndose así en una de las plegarias más frecuentes de la Iglesia.
Pero más significativas son todavía las palabras de Isabel en la pregunta que sigue: "¿de donde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?". Isabel da testimonio de María: reconoce y proclama que ante ella está la Madre del Señor, la Madre del Mesías. De este testimonio participa también el hijo que Isabel lleva en su seno: "saltó de gozo el niño en su seno". El niño es el futuro Juan el Bautista, que en el Jordán señalará en Jesús al Mesías.
En el saludo de Isabel, cada palabra está llena de sentido y, sin embargo, parece ser de importancia fundamental lo que dice al final: “¡ Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor !". Estas palabras se pueden poner junto al apelativo "llena de gracia" del saludo del ángel.
En ambos textos se revela un contenido mariológico esencial, o sea, la verdad sobre María, que ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo precisamente porque "ha creído". La plenitud de gracia, anunciada por el ángel, significa el don de Dios mismo; la fe de María, proclamada por Isabel en la visitación, indica cómo la Virgen de Nazaret ha respondido a este don. (Texto de Redemptoris Mater #12)

(fuente: es.catholic.net)

domingo, 16 de octubre de 2011

"... y a Dios los que es de Dios"

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo. Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?" Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: "Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo". Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen y esta inscripción?" Le respondieron: "Del César". Y Jesús concluyó: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor Jesús.



Después de leer el evangelio, podemos hacernos las siguientes preguntas:

- ¿Quiénes son los fariseos? ¿Por qué quieren eliminar a Jesús?
- ¿Quiénes son los herodianos?
- ¿Quién es el César?
- ¿Cómo se entendía la autoridad en el Nuevo Testamento?
- ¿Para qué son los tributos? ¿Por qué le preguntaron a Jesús sobre el tributo?

Para poder entender mejor el evangelio de este domingo, conviene intentar darles una respuesta.


■ Fariseos: Los fariseos eran una secta rigurosa, de carácter religioso, que tuvo sus comienzos probablemente en el siglo II a. de Cristo (a.C.). La mayoría de sus miembros eran personas corrientes, no sacerdotes, que observaban muy rigurosamente la ley judía. Ampliaban a menudo el alcance de las leyes hasta tal punto que éstas resultaban difíciles de observar. Además, la rigurosa observancia de estas reglas hacía que las personas se obsesionaran tanto con el cumplimiento de todos los detalles de la ley, que a menudo perdían de vista su "espíritu". Pero el motivo era bueno. Los fariseos creían que sus reglas "creaban un muro de defensa en torno a la ley". Según ellos, si se observaran todas esas reglas, la gente correría menos peligro de desobedecer la ley de Dios.

Muchos fariseos eran personas piadosas, pero se inclinaban a despreciar a los que no observaban, o no podían observar, sus onerosas prescripciones. Y los llamaban "pecadores". Jesús tuvo frecuentes polémicas con los fariseos. Condenó su legalismo y el sentimiento de creerse justos por sus propios actos. Jesús se identificó con las personas corrientes del pueblo, a quienes los fariseos, como dirigentes religiosos, declaraban marginadas. Sin embargo, es importante notar que, a pesar de las polémicas que Jesús tuvo con los fariseos, algunos de ellos llegaron a ser sus seguidores o discípulos, como Nicodemo y Pablo.

Para conocer más detalles sobre los fariseos, véase: Mt 12,1-42; 22,34-23,36; Mc 7,1-23; Lc 18, 9-14; Hch 23,6-10.


■ Herodianos: Son partidarios de la dinastía reinante impuesta por la autoridad romana (Mc. 3,6), seguidores de Herodes el Grande y de sus sucesores. Herodes es el hijo de Antipater, que fue nombrado gobernador de Judea por Julio César en el año 47 a.C. Antipater nombró a Herodes gobernador de Galilea. Después de la muerte de su padre y de su hermano José, que era gobernador de Jerusalén, los romanos concedieron a Herodes el título de «rey de los judíos». Herodes fue aborrecido por los judíos, aunque había dedicado al templo grandes sumas. Asesinó a varios miembros de la familia judía de los asmoneos, a los que consideraba una amenaza para su trono. Cuando los sabios de oriente (los «magos») vinieron a adorar al niño Jesús, él volvió a sentirse amenazado y ordenó la matanza de todos los niños varones de Belén, de menos de dos años. (cf. Mt 2) Así, podemos entender por qué los herodianos (seguidores de Herodes) querían colaborar con los fariseos para eliminar a Jesús. Por las enseñanzas y obras de Jesús, mucha gente le seguía. Por eso, le consideraban como una amenaza al reinado de su gobernador Herodes. En el momento de la vida pública de Jesús, los hijos de Herodes el grande eran los gobernantes. Después de la muerte de Herodes, el reino se dividió entre sus hijos (Arquelao, Antipas y Filipo) que fueron aborrecidos también por los judíos. Arquelao trató con mucha crueldad a los judíos y a los samaritanos. Herodes Antipas encarceló a Juan bautista y, como consecuencia de una promesa imprudente, accedió a los deseos de su mujer de decapitarlo.

■ César: Título de los emperadores romanos en tiempos del Nuevo Testamento. Recuerda que Judea fue colonizado por los romanos en este tiempo. Por tanto, los judíos estaban bajo del poder romano. Por eso, Roma tenía representantes para administrar y asegurar que se cumplían sus leyes y mandatos en esta tierra. Este representante era el gobernador, como Herodes y sus hijos. Sin embargo, en Roma estaba el emperador, el César. Cuando nació Jesús, el César que reinaba era Augusto. Según los relatos del evangelio, Jesús empleó algunas veces este término para referirse a la «autoridad que gobierna».

■ Autoridad: En la carta a los Romanos, Pablo dice que las autoridades constituidas provienen de Dios. Por eso, el que se opone a la autoridad, se resiste al orden divino, y los que resisten se atraerán sobre sí mismos la condenación. Por ello, hay que pagar los impuestos, porque los recaudadores son funcionarios de Dios. El buen judío tiene que dar a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor (cf. Rom 13,1-7) .

■ Y ¿qué dice Jesús sobre la autoridad? Como Pablo, Jesús reconoce la competencia propia o autoridad del César (Mt 22,21). Pero esto no le cierra los ojos para ver la injusticia de los representantes de la autoridad (Mt 20,25; Lc 13,32). Además, la obediencia y el tributo romano, no restan nada a la autoridad superior de Dios. Jesús dice: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.» (Mt 6,24)

■ Tributos: Eran los impuestos que los judíos pagaban al imperio romano, signo del reconocimiento de su autoridad. Estos impuestos eran cargas para los judíos porque no sólo los gobernantes lo exigían. Los recaudadores aumentaban la cantidad que los ciudadanos tenían que pagar para obtener ganancias de esos pagos. Por eso, a los judíos les llamaban pecadores.

A través de estas informaciones, podemos aclarar mejor unos puntos. Por ejemplo, hemos sabido por qué los fariseos y los herodianos querían eliminar a Jesús. Él fue una amenaza para sus intereses. Los fariseos iban perdiendo la autoridad de sus enseñanzas por la mayor autoridad de las enseñanzas de Jesús (cf. Mc 1,21-28). Y los herodianos, iban perdiendo el reconocimiento de su autoridad como gobernantes (o seguidores de los gobernantes).

Sobre la pregunta del tributo, hemos entendido que la formularon con mala intención: buscando un pretexto para eliminar a Jesús. Porque si Jesús respondía afirmativamente, le acusarían de colaboración con el poder romano (al que los judíos odiaban por los impuestos pesados que tenían que pagar y por la crueldad de los gobernantes romanos). Por el contrario, si respondía negativamente, le acusarían de deslealtad al poder constituido (que para ellos provenía de Dios y había sido constituido por Dios).

Jesús sale airoso y declara un principio básico: el poder humano y el poder divino (Dios) tienen sus exigencias. Por lo tanto, el cristiano tiene que ser un buen cumplidor de las leyes civiles y sociales, y un ejemplar cumplidor de los deberes religiosos.


Otros puntos en los que podemos fijarnos para profundizar más nuestra meditación:

→ Los fariseos no preguntaron a Jesús personalmente. Mandaron a sus discípulos (de los fariseos) y a los herodianos. ¿Por qué no pueden preguntar a Jesús personalmente? A lo mejor, son cobardes, y tienen miedo de descubrir que Jesús es más sabio que ellos. O quizás querían esconderse para no tener conflictos con Jesús y, por consiguiente, con la gente (en el contexto inmediato de este evangelio se dice que los fariseos "trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenía por profeta" (cf. Mt 21,46).

→ No le preguntaron en seguida. Primero le alabaron diciendo: «...sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas.» Reconocieron su prestigio, el bien de su persona (como si le aceptaran de veras). Pero luego, le preguntaron con la intención de captarle para que perdiera su prestigio y la confianza de la gente.

sábado, 15 de octubre de 2011

12 de Octubre: conquista y evangelización de América

Se cumplieron 519 años del descubrimiento de América. Con los aires progresistas que se respiran, lo políticamente correcto es criticar la gesta hispánica a la que se atribuyen cientos de millones de indígenas muertos. ¿Tiene ésto sustento histórico? ¿Es la Iglesia Católica la responsable de supuestos genocidios? Analizamos en este artículo la "leyenda negra" anticatólica y antiespañola.

Desgraciadamente es demasiado habitual ver cómo auténticos desconocedores de la historia relacionan a la Iglesia Católica con supuestos genocidios y robos llevados a cabo por un imperio "saqueador y sanguinario" como el español en los siglos XV y siguientes en la recién descubierta América [1].

En primer lugar analizaremos esta "leyenda negra" que es, a la vez, anticatólica y antiespañola y que tiene como creadores a los historiadores y propagandistas protestantes a causa del enfrentamiento político, comercial y religioso que oponía a los países anglosajones con la católica España [2]. Como en toda guerra, el enemigo lanza campañas psicológicas tanto de desinformación como de falsificación de la realidad. Estos escritores se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia española, y difundieron por Europa la idea de que España era la sede de la ignorancia y el fanatismo.

Lo triste del tema es que esta leyenda, a pesar de sus pocos fundamentos, pervive aún en nuestros días, sobre todo en lo que se refiere a la usurpación de las tierras, el genocidio indígena y la sed de oro. Se dice que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista, pero la verdad es que, antes de la llegada de los españoles, los indios no eran dueños de ninguna tierra sino esclavos de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas [3]. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas y pesados tributos fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias.

Los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles (Mayas, Incas, Aztecas) [4] lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Esta es la razón por la que una parte de las tribus indígenas se aliaron con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento.

La verdad es que, sólo a partir de la conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos. Se fundó la Posesión Territorial, que insistía en la protección que se debía dar a los nativos garantizando y promoviendo un reparto equitativo de precios y atendiendo a los posibles abusos y querellas, al igual que sancionando duramente a sus mismos funcionarios si incumplían las leyes [5].


Se creó la Encomienda, que fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Por la Encomienda el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente, organizando, a su vez, su propio gobierno local y regional. Por lo tanto, vemos que no es España la que despojó a los indios de sus tierras, sino que les inculcó el derecho de propiedad para restituirles sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales. España es también la que los guardó bajo una justicia divina y humana, la que los puso en paridad con sus propios hijos e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y artesanos europeos [6].


Algo muy distinto fue lo que ocurrió en las tierras conquistadas por los protestantes. Así como la corona católica no organizó su imperio americano en colonias, la protestante sí lo hizo [7]. De hecho, el rey de España nunca se ciñó la diadema de Emperador de las Indias, pero sí el monarca inglés hasta principios del siglo XIX. Los protestantes se sintieron autorizados a poseer sin problemas ni limitaciones toda tierra, ya fuese recurriendo a la expulsión o a la aniquilación. En el Norte los ingleses y luego el imperio federal de los Estados Unidos se consideraron siempre como propietarios absolutos de todos los territorios ocupados y por ocupar. La tierra era cedida a quien pagase el precio convenido, y a los colonos les correspondía el derecho de alejar o exterminar a los habitantes originarios, a veces con la ayuda del ejército si era necesario. Esto era algo impensable para los católicos.

Mucho peor todavía es la acusación de genocidio que se hace a los españoles y a la Iglesia Católica. Es cierto que murieron muchos indios con la llegada de los conquistadores, pero esto no se debió a las armas españolas que, por cierto, al ser de fuego solían fallar a menudo por la geografía y el clima, sino a los letales virus provenientes del Viejo Mundo. Al no tener inmunodefensas para hacer frente a las nuevas enfermedades morían en grandes cantidades. Por su parte, también los europeos sucumbieron mortalmente ante enfermedades tropicales para las que sus cuerpos no estaban preparados.

Pero si queremos hablar de crímenes podemos comentar los cometidos por los indios dominantes sobre los dominados antes de la llegada de los españoles. Algunos autores indigenistas cuentan que en 1487 se sacrificaron dos mil jóvenes, en sólo un día, para la inauguración del gran templo azteca, veinte mil muertos en dos años de construcción de la pirámide de Huitzlo-pochtil, e innumerables las muertes provocadas por las llamadas guerras floridas y el canibalismo. Gracias a la llegada de los conquistadores y, sobre todo, al Cristianismo, las liturgias y los ritos sangrientos se terminaron, evitando así un holocausto, esta vez sí, real.

Y sin dejar el tema del genocidio no podemos evitar echar una mirada a la América anglosajona y protestante donde, en la actualidad, los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizadas, sino de los territorios comprados a España o usurpados a México. ¿Qué ocurrió entonces con los indios del Norte protestante? Como tantas veces pasa en este tema de los ataques a la Iglesia, casi siempre el que acusa es el que más tiene que callar, ya que en sus colonias sí podemos hablar de un auténtico genocidio entre los siglos XVII y XIX, donde se exterminaron casi por completo a los aborígenes. La mejor prueba de ello es que apenas hubo un mestizaje, algo que sí ocurrió de forma abundante en las tierras conquistadas por los católicos españoles [8].

En nuestros días, la población indígena en territorio anglosajón constituye, aproximadamente, un millón y medio de personas. Esta cifra es aún mucho más triste si se considera que para constituir este registro basta con tener una cuarta parte de sangre indígena. La situación en territorios hispanos es exactamente la contraria. En las regiones mejicanas, andinas y amazónicas, casi el noventa por ciento de la población desciende directamente de los antiguos habitantes o es fruto de la mezcla de indígenas con conquistadores.

Y no sólo esto: mientras la cultura norteamericana y canadiense no debe a la indígena más que algunas palabras, ya que se desarrolló a partir de sus orígenes europeos sin que se practicase algún intercambio con la cultura primera, en la América hispano-portuguesa, la mezcla no fue sólo demográfica sino que dio origen a una riqueza cultural nueva e inconfundible. Esto obedece, más allá de los estudios culturales existentes en las diferentes regiones y a la cooperación que prestaron los pueblos indígenas a los conquistadores, a una perspectiva religiosa muy diferente. Para los católicos, lo más natural era casarse con la población indígena, a quienes veían como hermanos e iguales. En cambio, los protestantes estaban animados por un fuerte sentido de superioridad. Y si agregamos el sentido de predestinación de la Reforma de Lutero y Calvino -los pobres están destinados a la condenación, y los prósperos a la salvación- se sigue que, si el indígena es subdesarrollado, es porque está predestinado a la condenación, mientras que si el blanco está desarrollado está predestinado a la salvación. Visto así, cualquier pretensión de mezcla se ve como una violación grave del plan de la Providencia.

A modo de curiosidad, acordémonos de la práctica de arrancar el cuero cabelludo que se difundió en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos a partir del siglo XVII, cuando los colonos blancos comenzaron a ofrecer fuertes recompensas a quien presentase el cuero cabelludo de un indio, fuera hombre, mujer o niño. La caza de indios, organizada a caballo y con jaurías de perros, no tardó en convertirse en un lucrativo deporte nacional. Si en la América católica alguien hubiese tratado de negociar con cueros cabelludos indios, habría provocado la más grande indignación de los religiosos y habría sido castigado con penas severas que los reyes habían dispuesto para tutelar los derechos de los indios. Podemos asegurar que, exceptuando los excesos e injusticias de algunos particulares, allá donde estuvo la Iglesia Católica no hubo racismo [9].

En cuanto al tema de la sed de oro, donde se dice que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico, concretamente al propósito de quedarse con los metales preciosos americanos. Por supuesto, esto tampoco es cierto porque, aunque los propósitos económicos de la conquista realmente existieran, y en aquella época eran considerados lícitos por todos los países y creencias, el objetivo último y más importante para la Iglesia Católica era el de descubrir tierras nuevas donde llevar el mensaje de Cristo. Además, no podemos olvidar que en ningún momento se dejó a nadie en la ruina, ya que con la llegada de los conquistadores las condiciones de los indígenas mejoraron y llegaron a ser notablemente superiores a los asalariados europeos. Lo cierto es que toda América fue beneficiada por la minería.

No podemos terminar este tema sin hablar, al menos brevemente, de un personaje de singular importancia: Bartolomé de las Casas quien, después de ser un hombre de no muy loable conducta, tuvo una importante conversión religiosa determinada por los sermones de denuncia de las arbitrariedades de los colonos (entre los que él mismo se encontraba) pronunciados por religiosos, lo cual confirma la vigilancia evangélica ejercida por el clero regular. Con el tiempo se ordenó sacerdote y después entró en la orden de los Dominicos, dedicando el resto de su vida a defender la causa de los indígenas ante las autoridades de España. Tras su insistencia, las autoridades de la Madre Patria atendieron sus consejos y aprobaron severas leyes de tutela para los indígenas.

Lo cierto es que esta protección de la corona a los indios tuvo un efecto negativo, y es que algunos proletarios españoles, necesitados de mano de obra, comenzaron a prestar atención a los holandeses, ingleses, portugueses y franceses que ofrecían esclavos importados de África, capturados por los árabes musulmanes.


La trata de negros (colosal negocio prácticamente en manos de musulmanes y protestantes), sólo afectó de forma marginal a las zonas bajo dominio español, en especial, casi en exclusiva, a las islas del Caribe. Es raro (excepción en Cuba que sufrió mucha de dependencia de Estados Unidos en el s. XIX) encontrar negros en las zonas colonizadas por españoles, a diferencia del Sur de los Estados Unidos, Brasil o las Antillas francesas e inglesas.

En un principio, personajes con pocos escrúpulos pudieron explotar impunemente a los esclavos negros pero, con el tiempo y la presión de los religiosos, también a ellos les iba a llegar una ley española de tutela, cosa que no ocurrió en los territorios protestantes hasta muy entrado el siglo XX. Ciertamente, había católicos españoles que cometieron excesos, pero utilizar estos casos aislados ¡como siempre! para atacar a una religión y a un país que hicieron mucho bien en aquellas tierras, demuestra una vez más de qué pasta están hechos los enemigos de nuestra fe.

No podemos pasar al tema siguiente sin hacer una importantísima aclaración. Puede haber dado la impresión en algunos momentos de haber querido atacar algunas confesiones y religiones distintas a la nuestra, como son las islámicas, las civilizaciones precolombinas y las iglesias protestantes. Nada más lejos de la realidad.

Al igual que al referirnos a la historia de la Iglesia Católica, debemos tener presente en todo momento el contexto histórico en el que se desarrollan los hechos; al hablar de los errores e injusticias cometidos por estos hermanos, es nuestra obligación hacer lo mismo.

El ser humano es imperfecto sea cual sea su cultura, mentalidad o religión, y no hay injusticia mayor que cargar a todos con las culpas de unos cuantos, olvidando, además, los factores externos que influyen en las diversas actuaciones llevadas a cabo. Y peor aún, si cabe, es seguir culpando a las personas del presente por los errores cometidos por otros en el pasado. Pero sí debemos reconocer que hemos tenido una clara intención al relatar los hechos mencionados, y no es otra que la de hacerse preguntar al lector el porqué de los ataques, solo y exclusivamente a la Iglesia Católica, cuando la realidad es que todas las confesiones, credos, ideologías, culturas, etc., a lo largo de la Historia, han cometido errores.

¿Qué tiene nuestra Iglesia para ser el principal objetivo de todos los ataques?


La leyenda negra española en América

Hito políticamente correcto contra la civilización occidental: la «leyenda negra» española en América, que ha terminado calando incluso entre los propios españoles. En lo que concierne a la conquista y evangelización de América, la leyenda negra es especialmente atroz: España hizo un genocidio en América, redujo a los indios a la esclavitud, la Inquisición los torturó. ¿Qué hay de verdad y qué de mentira? Vamos a poner los puntos sobre las íes. Por supuesto que los españoles cometimos abusos: no vamos a cambiar una leyenda negra por una leyenda rosa. Pero debe quedarnos claro que las tres imputaciones de la leyenda negra —genocidio, esclavitud, Inquisición— son falsas.

1) Genocidio

Empecemos por el genocidio. La acusación dice así: los españoles exterminaron a decenas de millones de indios. Hay quien dice que hasta noventa millones: «El mayor genocidio de la historia». ¿En qué se basa esta acusación? En datos que proceden de la propia época. Luego veremos que son datos equivocados, pero durante mucho tiempo se consideraron indiscutibles. Uno, muy concreto, son los censos de población india realizados por los españoles en el siglo xvi, que reflejan una reducción brutal del número de nativos. Por ejemplo, los taínos de Santo Domingo pasaron de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de Santo Domingo y las Antillas. ¡Un millón noventa mil muertos en sólo veinticinco años! Esas cifras se extrapolaron después al resto del continente. Sorprende que un número exiguo de españoles fuera capaz de matar a tanta gente en tan poco tiempo, pero, al fin y al cabo, hay un testimonio de la época que lo afirma con toda claridad: el del dominico Fray Bartolomé de las Casas, que contrapone la mansedumbre de los indios a la crueldad de los españoles.

Los reyes españoles, los primeros defensores de los Indios. Capítulo XII del testamento de Isabel la Católica: «Por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir e traer los pueblos de ellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en elfo la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concesión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, muy afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Principe su marido, que así lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vecinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han recibido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es infundido e mandado».

Irrefutable, ¿no? Pues no. Primero, las cifras del genocidio son imposibles: ¿Noventa millones de muertos en un siglo y pico a manos de sólo 200.000 españoles? Eso cuadra mal. ¿Un millón de muertos en poco más de veinte años, en un solo sitio, las Antillas, y en el siglo xvi, a base de ballesta y arcabuz? Es impracticable, sobre todo si tenemos en cuenta que los Reyes Católicos habían dado órdenes muy estrictas de tratar bien a los indígenas. Por otro lado, ¿quién hizo el censo? ¿Son fiables esas cifras? Respecto a Las Casas, ¿por qué denuncia tantos crímenes y, sin embargo, nunca dice dónde ni cuándo se produjeron, como tampoco da el nombre del criminal? Y además, si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno? Aún peor: Las Casas logró su objetivo y en 1547 la Corona prohibió el sistema de encomiendas, que según fray Bartolomé era la causa de las muertes, pero los indios siguieron muriendo. ¿Por qué? Nada encaja. Vamos a explicar lo que pasó de verdad.

Primero, los censos no valen. Eso lo ha defendido recientemente una norteamericana, Lynne Guitar, de la Universidad de Vanderbilt, que fue a Santo Domingo a estudiar la historia de los taínos y se quedó allí: hoy es profesora del Colegio Americano en Santo Domingo. Y la profesora Guitar descubrió que los censos no es que no sean fiables, sino, más aún, que son inútiles: cuando un indio se convertía al cristianismo y vivía como un español, o más aún si se mestizaba, dejaba de ser censado como indio y era inscrito como español. Y sí luego venía otro funcionario con distinto criterio, entonces volvía a ser inscrito como indio, y así hay casos de ingenios de azúcar donde los indios pasan de ser unos pocos cientos a ser 5.000 en sólo dos años. Para colmo, los encomenderos —los españoles que regentaban tierras y explotaciones— mentían en sus censos, porque preferían trabajar con negros, a los que podían esclavizar, que con indios, de manera que sistemáticamente ocultaban las cifras reales. Es decir que las cifras censales de los indios en América, en el siglo xvi, son papel mojado.

¿Mentía entonces fray Bartolomé al hablar de aquel exterminio? Quizá no a conciencia. Las Casas vio graves casos de crueldad. Y vio también muertos, muchos muertos. Era fácil conectar una cosa con otra. Pero hoy sabemos que la gran mayoría de aquellos muertos, que sin duda se contaron por cientos de miles —no por millones—, fueron causados por los virus, algo que ningún español del siglo xvi podía conocer. También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán y después en Perú mucho antes de aquí llegaran los españoles. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada «influenza suina». El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros.

Hace poco, un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisaba que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo xvi, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, sarampión; fue letal. Del mismo modo que el primer establecimiento español en América, el fuerte Navidad, fue diezmado por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada «gripe española» causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Y aunque hubo encomenderos brutales, no hubo genocidio. Quede claro.


2) Esclavitud

¿Hubo encomenderos brutales? Sí, y esto nos lleva al segundo punto de la leyenda negra, a la segunda acusación, que es la de la esclavitud: los españoles esclavizaron a los indios. Que también es falsa. ¿Por qué los españoles no podían esclavizar a los indios? Lo dijo la reina Isabel en su testamento: a los indios había que llevarles la fe y tratarlos como a cristianos. Por eso no se los podía esclavizar. Eso sí, pongámonos en la piel de cualquier español del siglo xvi que pasa a América: ha arriesgado su vida, ha conquistado tierras y se encuentra con que no puede tener esclavos. ¿Cómo que no? Todos tienen esclavos: los portugueses, los árabes; pronto los ingleses, los holandeses, los franceses. No valoramos suficientemente el enorme impacto psicológico que debió de ser aquella prohibición en una época donde la esclavitud seguía siendo una institución social vigente. Pero Carlos I lo subrayó con toda claridad en las Leyes de Indias: quedaba prohibido esclavizar a la población indígena.

Esas leyes no eran papel mojado. La crónica está plagada de casos en los que no sólo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel, fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos. La protección de los indios no era una mera declaración de intenciones. La pregunta, eso sí, es por qué tuvo que actuar tantas veces la justicia. Y es que a la gente de aquel tiempo debió de costarle mucho entender las normas sobre el particular. De hecho, toda la historia del siglo xvi en América puede escribirse como una pugna permanente entre quienes querían tratar a los indios como esclavos, que no fueron pocos, y quienes velaron continuamente para impedirlo. Y lo impidieron.

Los indios fueron sometidos a un régimen de servidumbre semejante al que se aplicaba en Europa. Un régimen verdaderamente durísimo, con jornadas eternas y una retribución miserable. Hoy nos parecería insoportable, y lo era: es difícil saber cuántos indios —seguramente, miles— murieron exhaustos en las encomiendas o, después, en las minas. Pero no eran esclavos: eran libres y podían disponer de sus vidas. Las leyes, año tras año, rey tras rey, lo garantizaron una y otra vez. Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas. ¿Por qué no se podía esclavizar a los indios? Porque eran cristianos. ¿Lo eran? Esto nos lleva al tercer punto de la leyenda negra española en América: que la Inquisición torturó a los indios para convertirlos a la fe. Y también esto es falso.


3) Inquisición

La conversión de los indios fue obra, sobre todo, de misioneros franciscanos; luego —muy pronto— llegaron jesuitas y dominicos. Todos ellos nos han dejado testimonios elocuentes del aprecio en que tenían a los indios y de la facilidad con la que éstos se convirtieron. Es comprensible: las religiones amerindias estaban muy vinculadas a su orden político y social autóctono; cuando se derrumbó, la gran mayoría de los indios aceptó la fe cristiana sin gran esfuerzo, máxime desde el momento en que eso garantizaba, por ley, ser tratado como un hombre libre. Hubo muchos indios que siguieron cultivando ciertas prácticas tradicionales, sobre todo de tipo curativo o ritual, y la Iglesia, con frecuencia, hacía la vista gorda. Es curioso descubrir que, en estos casos de prácticas curativas según ritos indígenas, a quien se castigaba no era al indio, sino al español que se sometía a ellas. Por ejemplo, en 1624 la Inquisición procesó a un tal Hernán Sánchez Ordiales, beneficiado de Coalcomán en Michoacán —un clérigo—, por «haberse curado con una india de sortilegios de hechicero».

La Inquisición, por supuesto, pasó a América, pero sus acciones no se dirigieron contra los indios, sino contra los mismos que la sufrían en Europa y que habían acudido al nuevo continente tratando de eludirla: los judíos —sobre todo, de origen portugués— y los protestantes, en general franceses u holandeses. Pero también contra cristianos viejos incursos en causas de blasfemia, clérigos de conducta escandalosa, etc.

Contra los indios actuó rarísimas veces. Uno de los casos más sonados fue el del cacique Don Carlos de Texcoco, hacia 1539, y la gravedad de la pena -la muerte- fue tan desmedida que escandalizó a la propia Inquisición. Fue precisamente este caso el que llevó a la Inquisición a prohibir expresamente que se hiciera nada contra los nativos. ¿Por qué? Porque eran «neófitos en la fe» y no tenía sentido exigirles ortodoxia. Y así lo estableció una instrucción del Santo Oficio firmada por don Carlos de Sigüenza: «Se os advierte que por virtud de nuestros poderes no habéis de proceder contra los indios del dicho vuestro distrito». O sea que la leyenda negra miente: la Inquisición prohibió perseguir a los indios.

Conclusiones

Esta es la realidad de la leyenda negra. No hubo genocidio en América: hubo una mortandad gigantesca por los virus que entraron en el continente; habrá casos de brutalidad y abusos de los españoles, pero no fueron la causa de la catástrofe demográfica, que por otra parte fue muy inferior a las cifras que habitualmente dan las terminales de lo políticamente correcto. Tampoco hubo esclavitud de indios en América: hubo un régimen de servidumbre muy duro, como el que había en Europa, que con ojos de hoy nos resulta intolerable; pero no hubo esclavitud. Ni la Inquisición, en fin, torturó a los indios: ella misma lo había prohibido. La leyenda negra española en América es falsa. No podemos evitar que otros la propaguen, pero los españoles debemos saber la verdad.

FUENTE: “Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental”, adaptación española basada en: The Politically Incorrect Guide to Western Civilization. Anthony Esolen y José Javier Esparza Torres. Ciudadela Libros, S. L. Madrid (2009). ISBN: 978-84-96836-56-3.


[1] La forja del Nuevo Mundo. Huellas de la Iglesia en la América española, María Saavedra Inaraja. Sekotia 2008
[2] La leyenda negra anticatólica y antihispánica. Álvaro de Maoturna.
[3] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Conferencia, Buenos Aires, 1992.
[4] Mayas, Incas y Aztecas oprimían a Garios, Tlaxaltecas, Cempoaltecas, Zapotecas, Otomíes, Cañaris, Huancas, etc.
[5] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Conferencia. Buenos Aires, 1992.
[6] Tres lugares comunes de las leyendas negras, Antonio Caponnetto. Introducción, Madrid, 2008. www.arbil.org
[7] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.
[8] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.
[9] Leyendas negras de la Iglesia, Vittorio Messori, Ed. Planeta, col. Testimonio, 1999.


CATOLICOS SIN COMPLEJOS, por José González Horrillo, Editorial Sekotia, 4ta Edición (2010), Madrid. ISBN: 978-84-96899-81-0

(fuente: argentinosalerta.org)

¡Un millón de niños en oración, por la unidad y la paz, junto a la Virgen María!

ESTE ES EL SUEÑO QUE QUEREMOS VOLVER A HACER REALIDAD EL DÍA 18 DE OCTUBRE A LAS 9:00 AM.



El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela convoca a participar en esta idea que surgió en Caracas en el año 2005, y que consiste en invitar a 1.000.000 de niños de todo el mundo a unirse en la oración del Santo Rosario, junto a la Santísima Virgen.

La iniciativa es infundir en el corazón de los niños, la idea de hacer oración por la paz interior de cada ser humano, así como también por la paz y la unidad en la familia, en el país y en el mundo entero.

El Rosario ha sido propuesto como oración por la paz, Juan Pablo II dijo: “Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración, la causa de la paz en el mundo y en las familias”.

Para esta actividad, no hay necesidad de movilizaciones ni gastos, debido a que consiste simplemente rezar el rosario el 18 de Octubre a las 9:00 de la mañana, en las aulas, patios de recreo, plazas, capillas, hospitales pediátricos, parroquias, orfelinatos, hogares de cuidado, preescolares, en el lugar donde te encuentres.

Para ser voluntario solo se requiere que ayudes a dar a conocer y motivar en tu comunidad esta Jornada de Oración o también que dispongas la mañana del 18 de Octubre a las 9:00 a.m. para acompañar a los niños.

Consideramos valioso y muy importante tu apoyo, sin él no podemos hacer realidad las gracias que derramarían para el mundo los Corazones de Jesús y de María al recibir las oraciones de tantos niños.

Los innumerables testimonios recibidos de la Campaña de los años 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009 mostraron la gran alegría y acogida de millares de niños dentro y fuera de Venezuela.

Para que este proyecto se haga realidad necesitamos de TI

miokids@gmail.com

“Y pensar que si un millón de niños rezaran el Rosario el mundo cambiaría”
S. Padre Pío
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