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miércoles, 8 de diciembre de 2010

La Virgen María es inmaculada

María supone tres aspectos:

1. La ausencia de toda mancha de pecado;
2. La presencia de la gracia santificante con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo y,
3. La ausencia de inclinación al mal.

La Santísima Virgen María, en razón de su dignidad de Madre de Dios, fue, desde el primer instante de su concepción, preser vada de toda mancha del pecado original. Esto supone en María ausencia de pecado, presencia de la gracia santificante, virtudes y dones y, ausencia de inclinación al mal. Por eso también se le llama Inmaculada.


LA DEFINICION DOGMÁTICA

El Papa Pío IX, en la Bula Ineffabilis Deus, del 8 de diciem bre de 1854 definió solemnemente el dogma de la Inmaculada concepción de María con estas palabras:

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina ,"que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer ins tante de su concepción, fue, por singular gracia y privilegio, Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, Por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles" (Dz. 1641).



1. LA SAGRADA ESCRITURA

Génesis 3,15: «Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia, El te aplastará la cabeza, y tú le acecharás el calcañar".

El libro del Génesis expresa la enemistad de Cristo Re dentor, y la de María su Madre, contra el diablo. Esta enemis tad dará lugar a una batalla que va a concluir ?al final? con el triunfo total de parte de Cristo y, con Él, también por parte de María.

Cristo Redentor, con su Muerte y Resurrección, consiguió una victoria absoluta sobre el pecado. Este triunfo en los redimi dos empieza con María ?por su Inmaculada Concepción? y, luego, Ella, por Cristo y con Cristo, vence al diablo que por el pecado tiene el dominio sobre los hombres.

Lucas 1,28: "Dios te salve, llena de gracia".

Con estas palabras se expresa la ausencia de pecado en el alma de María y la plenitud de santidad, al estar llena de gra cia.

Las complacencias del Padre celestial se manifiestan en estas palabras de la Escritura: "Toda hermosa eres, amada mía, no hay defecto alguno en tí" (Cant. 4.7).

Lucas 1,42: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fru to de tu vientre".

Palabras dichas por Santa Isabel, movida por el Espíritu Santo, que sugieren que la bendición de Dios sobre María la .libra de todo pecado desde el comienzo de su existencia.



2. LA SAGRADA TRADICIÓN

San Justino, Tertuliano, San Ireneo, etc. contraponen a Eva y a María; la una como causa de muerte, la otra como causa de vida y de salvación: Eva cerró las puertas del paraí so, María abrió las puertas del cielo.

San Efrén dice: "No existe en ti (en Cristo) ninguna falta y ninguna mancha en tu Madre. Los demás hijos de Dios no se acercan en modo alguno a esta belleza".

Desde el siglo IV, se comienza a hablar de un paralelismo entre Cristo y María, frente a Adán y Eva, que pone de mani fiesto el análogo nivel de santidad de Jesús y de su Madre, en virtud de la función redentora a la que1a Virgen María está íntimamente asociada como Madre del Redentor. Y en ese mismo siglo, San Ambrosio y otros Santos Padres ya comien zan a llamarla Purísima.

En el siglo VI, en el Misal gótico?galicano, en el prefacio de la fiesta de la Asunción, se dice: "María, ni sufrió herencia de pecado, ni corrupción en el sepulcro, libre de mancha, gloriosa en su generación...".

Desde el siglo VII se celebra en Oriente la fiesta de la Concepción.

El Concilio de Letrán (año 649) llama a María inmaculada (cfr. DZ. 256). Sixto IV, en el siglo XV, concedió indulgencias a la festividad de la Inmaculada y prohibió las mutuas censuras que se hacían entre sí los teólogos (cfr. DZ. 734).

El Concilio de Trento, al hablar del pecado original, excluye a la Santísima Virgen (cfr. DZ. 792). En 1567, Bayo es condenado por enseñar lo contrario (cfr. DZ. 1073) y en 1661 el Papa Alejandro VII afirma el privilegio diciendo que casi todos los católicos lo admiten aunque no haya sido definido como Dog ma (cfr. DZ. 1100).

Hay que decir también que muchas universidades pontificias exigían hacer juramento de defender dicho privilegio como condición para acceder a los grados académicos: París, Colo nia, Maguncia, Viena, Salamanca, Toledo, etc.



3. LA SANTIDAD DE MARÍA

Hasta ahora hemos considerado, sobre todo, la ausencia ~ de pecado en la Santísima Virgen. Veremos en seguida: lo) la ausencia de pecado actual y, 2o) la plenitud de gracia santifi cante, tan perfecta y abundante, como convenía a la dignidad de la Madre de Dios; que es por ello, superior en santidad a los ángeles y a los bienaventurados en el Cielo.

El Papa Pío IX dice: "María (...) manifiesta tal plenitud de inocencia y santidad, que no se concibe en modo alguno ma yor después de Dios y nadie puede imaginar fuera de Dios" (Bula Ineffabilis Deus: DZ. 1641). Y así, la Iglesia exclama con gozo: "Más que tú, sólo Dios".



La plenitud de gracia en María

Leemos en la Sagrada Escritura que el Arcángel Gabriel la saluda diciendo: "Dios te salve, llena eres de gracia" (Lc. 1,28). Estas palabras manifiestan con toda claridad la santi dad completa del alma de María, en virtud de que son irre conciliables el pecado y la gracia, como lo son la luz y las tinieblas. Hemos visto en el número anterior que la Virgen Santísima además de no haber contraído el pecado original, tampoco tuvo durante su vida falta alguna incluso venial; por tanto, si en el alma se da la ausencia total de pecado, debe haber en ella la presencia total de gracia, como dice explícita mente la Escritura con las palabras del Arcángel.

"Dios te salve, llena de gracia. Y en verdad que es llena de gracia, porque a los demás se da con medida, pero en María se derramó al mismo tiempo toda la plenitud de la gracia. Ver­daderamente es llena de gracia aquella por la cual toda criatu ra fue inundada con la lluvia abundante del Espíritu Santo" (San Jerónimo, Sermón sobre la Asunción de la Virgen).

"No temas, María, porque hallaste gracia a los ojos de Dios ¿Cuánta gracia? Una gracia llena, una gracia singular ( ... ). Es tan singular como general, pues tú sola recibes más gracia que todas las demás criaturas. Es singular, por cuanto tú sola ha llaste esta plenitud; es general, porque de esa plenitud reciben todos" (San Bernardo, Homilía en la Asunción, 3).

Por otra parte, debemos tener presente que la gracia de María, como toda gracia, es una participación misteriosa en el hombre de la naturaleza divina (cfr. 2 Pe. 1,4). Por esta razón, dicha gracia, es una realidad creada y distinta de la Gracia increada que es Dios mismo. Además, al decir plenitud de gracia se afirma que Santa María, a lo largo de su vida y en cada momento de ella, estuvo siempre llena de gracia, la cual, no obstante, aumentó continuamente debido al mérito de sus obras.



El aumento de gracia en María

Santa María, siempre llena y siempre en crecimiento, rebosa de la gracia que en cada momento de su vida terrena le permite tener y se le aumenta y crece su capacidad de recibir mas gracia y más mérito por sus actos libres; por su fiat con tinuado y actual en todo momento de su existencia. Ahora en el cielo goza de modo consumando de la gloria que mere ció por sus méritos en la tierra (cfr. S.Th.,III, q.27, a.5, ad 2 y ad 3).

La Iglesia nos enseña que la gracia puede aumentar de tres modos: por las buenas obras (ex opere operantis), por la recepcion de los Sacramentos (ex opere operato), y por la ora ción. En el caso de Santa María, el aumento de gracia se dio también por estos tres modos.

* (Las buenas obras) Si la calidad de las obras se mide por la calidad del objeto al que tienden y por las disposiciones subje tivas del sujeto que las realiza, en María el objeto de sus obras fue siempre Dios, al que se alcanza por las virtudes teologales que Ella poseía en grado máximo; del mismo modo sus dispo siciones subjetivas eran de adhesión constante e incondicional a la voluntad de Dios. Luego, las obras de María le obtuvieron un aumento de gracia y en mayor grado que a cualquier hom bre.

* (Los Sacramentos) La Penitencia nunca la necesitó; el Orden esta reservado a los varones; el Matrimonio se celebró según el rito de la Antigua Ley; la Unción de los Enfermos no la necesitó; la Confirmación no la necesitó, pues recibió en forma plena sus efectos el día de Pentecostés; el Bautismo tampoco lo necesitó por el privilegio de su concepción inmaculada; lue go sólo queda la Eucaristía y es doctrina común que Ella la recibió.

* (La oración) La eficacia de la oración depende de tres cosas: la humildad, confianza y perseverancia con que se pide. En María estas tres cualidades se dieron en grado supremo, lue­go, su oración era sumamente eficaz.

escrito por Juan Gustavo Ruiz Ruiz
(fuente: www.encuentra.com)

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