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jueves, 29 de enero de 2009

Benedicto XVI levantó la sanción sobre cuatro obispos y se desató la polémica

Siguen ejerciendo ilícitamente como tales; "conversarán" con Roma sobre doctrina.

El pasado día 21 el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto para la Congregación de los obispos, por encargo del Papa y con su autoridad, firmaba el decreto que levanta la excomunión a los 4 obispos ilícitamente ordenados por el arzobispo Marcel Lebebvre en 1988. La noticia se filtró por el blog de Francisco José de la Cigoña (que mantiene fluidas relaciones con el cardenal Re), y el sábado 24 el Vaticano lo confirmaba mediante una nota de prensa. El decreto oficial que levanta la excomunión puede leerse aquí en italiano:


¿Quiénes son los excomulgados y por qué lo estaban?

En junio de 1988 y contra la voluntad expresa de Juan Pablo II, el arzobispo Marcel Lefebvre consagró como obispos a cuatro sacerdotes de la Sociedad San Pío X (SSPX): Bernard Fellay (suizo), Bernard Tissier de Mallerais (francés), Richard Williamson (inglés) y Alfonso de Galarreta (español).

El Código de Derecho Canónico (apartado 1382) decreta claramente que "el obispo que confiere consagración episcopal sin mandato pontificio, así como quien la recibe, incurre en excomunión latae sententiae", es decir, automática, sin necesidad de sentencia pública. Pero para que no hubiera dudas, Juan Pablo II mediante un "motu propio" llamado "Ecclesia Dei" decretó su excomunión mencionando a los prelados.

¿Qué ha hecho ahora el Papa Benedicto XVI?

El Papa ha confirmado que aquella excomunión fue válida (cosa que los lefebvrianos niegan), pero la levanta porque el actual líder lefebvriano, Bernard Fellay, lo pidió en una carta del 15 de diciembre de 2008, asegurando que "siempre hemos estado firmemente determinados en nuestra voluntad de permanecer católicos", "aceptamos las enseñanzas de la Iglesia católica romana con piedad filial" y "creemos firmemente en el Primado de Pedro y sus prerrogativas".

El Papa, dice el decreto, levanta la excomunión "paternalmente sensible" y "confiado en el empeño expresado en esa carta de no ahorrar esfuerzos para profundizar en la necesaria conversación con las Autoridades de la Santa Sede".

Por lo tanto, Benedicto XVI ha sido generoso: ya hace más de un año permitió la misa por el misal de 1962 en todo el mundo, como pedían los lefebvrianos, ahora ha levantado estas 4 excomuniones y además se muestra abierto a seguir las conversaciones.

¿Cómo han respondido los lefebvrianos?


Bernard Fellay hizo público un comunicado como superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que agrupa a los sacerdotes lefebvrianos, en el que apunta que «nosotros siempre negamos» la excomunión de 1988. Eso sí, Fellay expresa «nuestra gratitud filial al Santo Padre por este acto», que, en su opinión, «representará un beneficio para toda la Iglesia».

A continuación, ofrece los servicios de la Fraternidad para «ayudar siempre al Papa a remediar la crisis sin precedentes que sacude actualmente al mundo católico», crisis que usando palabras de Juan Pablo II, califica de «apostasía silenciosa». El líder tradicionalista también se congratula de que el decreto «juzgue necesarias la realización de reuniones con la Santa Sede», las cuales permitirán a la Fraternidad lefebvriana «exponer las razones doctrinales de fondo que la Fraternidad estima ser el origen de las dificultades actuales de la Iglesia». El comunicado finaliza expresando su «firme esperanza de arribar pronto a un reconocimiento de los derechos de la Tradición católica».

¿Cuál es la situación actual de los lefebvrianos?

El arzobispo Lefebvre, que murió en 1991, sigue excomulgado. Los cuatro obispos "desexcomulgados" son reconocidos como miembros de la Iglesia católica. Su ordenación fue ilícita, pero válida. Realmente, han recibido el poder del Espíritu Santo para convertir a un hombre en un obispo (un sucesor de los apóstoles) o en un sacerdote (con poder para convertir pan y vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristio, y de perdonar los pecados). Tienen ese poder: pero no tienen permiso para utilizarlo.

El estado de los cuatro obispos lefebvrianos (y el de sus 490 sacerdotes) se parece al del clero de la Iglesia patriótica china. No están en comunión ni obediencia real con Roma y actúan sin permiso. Aún falta bastante para su pleno retorno a Roma.

¿Cuáles son los puntos de roce entre Roma y los lefebvrianos?

Pese al liderazgo claro de Bernard Fellay, dentro de la SSPX y entre sus feligreses hay muchas tendencias. La nota de Fellay ha sido cuidadosamente redactada. Por ejemplo, escribir "creemos en el Primado de Pedro" no significa admitir que Benedicto XVI sea realmente el heredero de Pedro. Algunos lefebvrianos pueden defender que el Papa actual no es válido, aunque probablemente la mayoría sí admiten a Benedicto XVI. Casi todos son muy hostiles al Concilio Vaticano II, afirmando que estableció herejías o enseñanzas erróneas. Otros lefebvrianos prefieren decir que las enseñanzas del Vaticano II no eran magisterio de la Iglesia, sino sólo consejos pastorales opcionales y, en cualquier caso, confusos.

Especialmente conflictiva es la enseñanza respecto a la salvación eterna de aquellos que no son católicos. ¿Salva Jesucristo a aquellos que no se han acogido a los sacramentos que Él estableció? Otro tema de roce es la liturgia: todos los lefebvrianos creen que el misal de 1962 es "el mejor", pero muchos van más allá y creen que la misa a la que van el 99% de los católicos actuales es inválida. De esto tendrán que hablar con el cardenal Antonio Cañizares, que como Prefecto de la Congregación para el Culto Divino es la mayor autoridad de la Curia en temas de liturgia.

Por último, está por ver en qué condiciones la SSPX y sus seguidores se integran en la organización de la Iglesia. Declaran "aceptar las enseñanzas de la Iglesia católica romana con piedad filial" pero... ¿aceptarían, por ejemplo, jurar fidelidad o acatar las enseñanzas del Concilio Vaticano II? Alguien que ha ejercido de obispo o de sacerdote en la SSPX en cisma con Roma ¿debe seguir ejerciendo como tal al volver a la plena comunión?

¿Todos los tradicionalistas son lefebvrianos?

No, con los años muchos tradicionalistas han ido abandonando los entornos lefebvrianos. En 1988, el mismo año que eran excomulgados los cuatro obispos cismáticos, doce sacerdotes y muchos seminaristas seguidores de Lefebvre decidieron seguir unidos con Roma. Juan Pablo II los acogió como Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, con el carisma específico de ofrecer los sacramentos según la liturgia de 1962. Así, durante 20 años, se ha demostrado que era posible ser católico tradicionalista y ser fiel a Roma y el Papa.

Con un seminario en EE UU y otro en Alemania, cuentan hoy con 200 sacerdotes y más de cien seminaristas en 50 diócesis de todo el mundo. Celebran la misa según el ritual de 1962 en 168 templos distintos y 11 parroquias les han sido encomendadas bajo la fórmula de «parroquias personales», la última en Roma el pasado marzo. Tienen a su cargo obras misioneras en África, organizan grupos de jóvenes «scouts» y ordenan una docena de sacerdotes cada año. En una nota publicada el 24 de enero expresan su alegría por los pasos que se están dando hacia el retorno pleno de los lefebvrianos. Y hay otros grupos más pequeños con los que ha pasado algo similar.

Todos los católicos deberían alegrarse de los pasos que se dan para la vuelta a la comunión plena de los lefebvrianos, pero no parece muy justo tratar igual a los tradicionalistas que han estado 20 años en cisma que a los que se han mantenido fieles dentro de la Iglesia, a veces pese a la incomprensión de obispos locales "progresistas" o simplemente hostiles al "uso antiguo".

¿Son antisemitas los lefebvrianos?

No tienen por qué. Creen que los judíos deberían convertirse al cristianismo y aceptar a Jesús como Dios y Señor, pero eso es una enseñanza común desde los Apóstioles, no antisemitismo. El obispo lefebvriano inglés, Richard Williamson, en una reciente entrevista en la televisión pública de Suecia, dijo que él no cree que los judíos exterminados en el Holocausto fueran 6 millones, sino que piensa que fueron unos 300.000 y que no se usaron cámaras de gas. Esto puede ser mala historia, pero no es motivo para la excomunión, igual que no lo es opinar que la tierra es plana o romboide.

Mientras la prensa mundial sacaba fotos de manifestantes acusando a Israel de nazismo por bombardear Gaza, hay sectores del judaísmo progresista interesados en sacar portadas como la de El País del 26 de enero: "El Papa reabre la herida judía" y "retira la excomunión a un obispo que niega el Holocausto". La estrategia de acusar de antisemitismo al Papa alemán (vía lefebvrianos, en este caso) hace años que se viene dando. Hay cierta izquierda israelí o judía (y también pseudocatólica) interesada en decir "genocidio no es Gaza, sino la Iglesia Católica", y para ello usan falsas historias sobre Pío XII, sobre Benedicto XVI, lefebvrianos o lo que haga falta.

Por lo pronto, una nota oficial de los lefebvrianos en inglés ya ha negado todo racismo o antisemitismo, recuerda que tienden adherentes de todas la etnias en varios continentes y que se adhieren plenamente a la enseñanza antirracista de Pío XI en su encíclica "Mit Brennender Sorge", dirigida contra el racismo nazi.

¿Son muchos los lefebvrianos?


Se calcula que el movimiento incluye a 1.128 clérigos, entre sacerdotes, seminaristas, monjes y monjas, incluyendo algunos de ritos orientales (por ejemplo, hay 30 seminaristas católicos ucranianos de rito bizantino). Si se incorporaran plenamente a la Iglesia, ésta se reforzaría con 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 117 monjes, 164 religiosas y 5 conventos carmelitas. Sería un apoyo en 31 países, con 6 seminarios, 2 universidades, 88 escuelas y 159 prioratos. En su entorno quizá sólo habría unos 100.000 feligreses, pero siendo un clero dedicado y con vocaciones, la unión con Roma permite prever un florecimiento de comunidades y fe, especialmente en países descristianizados como Suiza, Francia o el Reino Unido. Por otro lado, es posible que muchos no quieran seguir a Fellay hacia la reunificación o que se empeñen en no aceptar las condiciones de Roma. Quizá muchos vuelvan a la comunión con la Iglesia mientras otros siguen en el cisma.

¿Por qué Benedicto XVI pone tanto empeño en ellos?

En cierto sentido, además de su deseo como Padre y Pastor de buscar la unidad, lo que pase con los lefebvrianos es un campo de pruebas. Las soluciones litúrgicas y disciplinarias que se adopten con ellos, afectan a otros casos.

Por ejemplo, a los 400.000 fieles de la Comunión Anglicana Tradicionalista que en 2008 pidieron su unión con la Santa Sede. Son anglicanos conservadores, que mantienen el rito latino antiguo, de antes de Trento, pero en inglés. ¿Pueden aceptarse sus obispos como obispos católicos sólo por pedirlo? ¿Y sus sacerdotes, y su liturgia? En cualquier caso, no podía hacerse antes con fieles llegados del anglicanismo que con tradicionalistas que han insistido durante décadas en ser católicos.

Y está el camino de cercanía hacia los ortodoxos. El caso ruso está lejos, incluso si sale elegido Kiril de Smolensk como nuevo Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero hay casos mucho más cercanos a la amistad y comunión con Roma: los armenios, los georgianos, algunas Iglesias de Oriente Medio... No se les podía ofrecer un itinerario claro hacia la unidad sin antes resolver el caso lefebvriano.

(fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=12859)


El enojo de los judíos

La comunidad judía ha reaccionado vehementemente una vez conocida esta noticia. Oded Weiner, Director General del Rabinato de Israel, emitió un comunicado en donde condenó duramente esta última medida del Papa y advirtió que la relación entre el judaísmo y la Iglesia Católica se suspende indefinidamente.

Benedicto XVI levantó la excomunión a Williamson, hoy al frente del Seminario Nuestra Señora Corredentora en La Reja, partido de Moreno, y a otros tres obispos de la Fraternidad de San Pío X. Williamson hizo públicas sus dudas acerca de la dimensión de la matanza de judíos a manos de las tropas alemanas al mando de adolph Hitler; afirmaciones como “Existe evidencia histórica abrumadora que niega la posibilidad de que seis millones de judíos hayan sido asesinados en cámaras de gas por orden de Adolf Hitler” ó “Es cierto que entre 200 mil y 300 mil judíos murieron en campos de concentración nazis, pero ni uno solo murió en una cámara de gas” enardecieron a la comunidad judía.

Por su parte, Sergio Widder (Representante del Centro Simon Wiesenthal para América Latina), declaró: "La intención de Benedicto XVI de trabajar por la unidad de la Iglesia no es una decisión que podamos juzgar negativamente. Sin embargo, el precio es demasiado elevado porque está reincorporando a un grupo de personas que defienden barbaridades como la negación del Holocausto y la idea promovida por el obispo rehabilitado, Richard Williamson, del deicidio, es decir, la acusación de que los judíos asesinaron a Cristo".

Es doloroso saber que hayan personas que no tengan la capacidad de perdonar a los demás. Es doloroso saber que hay personas que siguen albergando sentimientos de rencor, odio y deseos de venganza.

Como sucede en casos controversiales como éste, aparecen los oportunistas de siempre para desinformar y generar mas odio hacia Nuestra Madre Iglesia. Es casi unánime la condena de la prensa internacional sobre Benedicto XVI. De todos los que se empeñan en criticar, poco y nada les importa la Iglesia Católica; solo pretenden amoldarla a sus caprichosas exigencias.

Esperemos que la gente se informe más al respecto para poder enriquecer su propia opinión sin apresurarse a juzgar. Roguemos por la unidad de Nuestra Madre Iglesia y pidamos al Todopoderoso que la siga guiando y protegiendo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente!! siempre con temas de actualidad!!Mil felicitaciones, a alguien desinteresado que se brinda a traves de su blog!!!!Saludos Sil

Anónimo dijo...

¿EXCOMUNIÓN ES SINÓNIMO DE EXPULSIÓN?

Me he visto en la necesidad de recopilar información sobre este tema en particular, ya que es evidente que existe una ignorancia generalizada entre católicos y no católicos, que rápidamente saltan a opinar con prejuicios e inconformidades en cuanto a esta figura, que es en realidad, desconocida por la gran mayoría. Esta figura encuentra su fundamento y sus vestigios en el Nuevo Testamento, (cfr. 1 Cor 5), por lo que no es un invento caprichoso de la Iglesia, tal cual hubiese sido sacado de la manga, en este texto se puede atestiguar un caso de excomunión en los albores de la Iglesia primitiva, por parte de San Pablo y la comunidad de Corintio, a un hermano que comete el delito de incesto con su madrastra.

* Pero antes unas breves precisiones:

- Concepto: la pena impuesta por ley canónica por la que un católico es parcialmente excluido de la vida de la Iglesia.

- El catecismo en el numeral 1463 nos dice: “Ciertos pecados particularmente graves están sancionados con la excomunión, la pena eclesiástica más severa, que impide la recepción de los sacramentos y el ejercicio de ciertos actos eclesiásticos, y cuya absolución, por consiguiente, sólo puede ser concedida, según el derecho de la Iglesia, por el Papa, por el Obispo del lugar, o por sacerdotes autorizados por ellos. En caso de peligro de muerte, todo sacerdote, incluso privado de la facultad de oír confesiones, puede absolver de cualquier pecado y de toda excomunión.”

- Existen figuras jurídicas como la excomunión latae sententiae, la que consiste en mas o menos una excomunión automática, que no requiere de declaración formal y pública y se produce ipso facto por la comisión de un delito, delitos tales como la apostasía, herejía o cisma y casos como el procurar o participar en un aborto o la cooperación necesaria para que un aborto se lleve a cabo (CIC 2272; Ley Canónica 1398).


¿La excomunión es lo mismo que la condenación eterna?

No. La excomunión ciertamente pone en peligro mortal al alma del excomulgado, pero en realidad, la excomunión tiene un sentido de misericordia. Es una forma en que la Iglesia hace ver al fiel cristiano la gravedad del delito que ha cometido, tan grave que al cometerlo se ha excluido de la comunidad eclesial. Pero la excomunión no es irreparable, si el fiel cristiano toma conciencia de la gravedad del delito, se arrepiente, da muestras sinceras de este arrepentimiento y pide volver al seno de la Iglesia, el Obispo del lugar le puede levantar la excomunión y la persona pude volver a ser recibida en la comunión de la Iglesia, es decir, como miembro de la comunidad que es el cuerpo místico de Jesucristo.

Es importante ver la excomunión como un medio de misericordia, como una especie de castigo medicinal ,que finalmente su objeto y finalidad no es castigar, sino es un medio de último recurso que busca llevar al pecador, que al verse privado de la comunión con la iglesia, para recibir los sacramentos y participar de manera activa en la Iglesia, lo lleva a darse cuenta de su carencia y por lo tanto, busca llevarlo a una reflexión profunda del hecho deplorable que ha cometido, buscando su arrepentimiento y en última instancia la salvación de su alma. Es importante recalcar que es el pecador y no la iglesia quien rompe con la comunión.

Un caso típico de la vida cotidiana puede ayudarnos a ejemplificarnos la esencia de esta figura. El caso del hijo drogadicto y borracho que esta arruinando su vida, el Padre lo ha reprendido numerosas ocasiones y el hijo obstinado no puede ver mas allá de su pecado. El Padre preocupado por la situación de su hijo se ve compelido a utilizar medidas extremas para llevar a la reflexión a su hijo, le dice: -“hijo mío si tu persistes en esta actitud, ya no puedes vivir más en esta casa”. El hijo persiste y como consecuencia el Padre viene y lo expulsa de su casa. El hijo ya envuelto en esta situación empieza a ver todas las carencias que le representa ya no vivir más con sus padres, se torna más difícil la situación y lo llevan a reflexionar más hondamente con respecto a las reprimendas del padre y sus errores ¿Por qué he merecido semejantes retahílas y sermones? Finalmente es evidente y lógico pensar que el padre no ha cerrado las puertas del hogar de manera irrevocable, ya que ama a su hijo. En consecuencia el hijo arrepentido puede acudir en cualquier momento a la casa, ya que las puertas de la casa nunca se cerraron, están abiertas para el hijo que quiere vivir conforme a las reglas de una vida sana, una vida fructífera y no disoluta.

En conclusión el fin de la excomunión es una forma medicinal, de expiación, ya que la Iglesia no puede restringir el alcance de la misericordia de Dios, pero si puede manifestar su discordancia con las actitudes y comportamientos que destruyen al ser humano.

Por eso protesto: Que no me digan la próxima vez que la Iglesia esta llena de prepotentes e impone su despotismo sobre los “pobres fieles”, la Iglesia somos todos y una cosa es tolerancia y otra relativismo, porque es más propio del hermano que ama a sus hermanos, reprender al que por senderos torcidos se dirige, porque “el amigo ama del amigo sólo el bien” (S. Agustín).

Erick Rodrigo Spiegeler Herrera, 23 años.

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