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lunes, 31 de enero de 2011

Don Bosco escritor y editor... comunicador

Hoy el mundo celebra la festividad de San Juan Bosco, padre y maestro de la juventud. En cada casa, escuela, centro salesiano hay fiesta. Su vida es una guía que queremos seguir.

Celo, creatividad y tantas otras cualidades configuran la intrepidez apostólica de Don Bosco. Intrepidez y esfuerzo que supo transformar en un espíritu emprendedor especial y bien original, al servicio de Dios y de los jóvenes.

Los salesianos deben sentirse hijos de un santo que, entre otras cosas, fue también encuadernador, impresor, tipógrafo, periodista, escritor, editor, etc. Cada iniciativa suya editorial tenía como objetivo, no un provecho, sino el servicio eficaz y moderno de los jóvenes y de la Iglesia. A fin de alcanzar este objetivo, Don Bosco no dudó en gastar lo que fuese con tal de situarse a la vanguardia. El “comercio” que él hacía era el de las almas: “Da mihi animas caetera tolle”. Este “caetera”, lo demás, estaba en función de su objetivo de educación y evangelización de la juventud. Y también esto lo soñó: “¡Vais a ver, tendremos una tipografía, dos tipografías, diez tipografías! Ya veréis!

Nadie, entonces, lo tomó en serio. Era una de sus extravagancias que daba a entender un plan preciso, un objetivo claro y muy bien trazado, una realidad virtual entonces, pero real al cabo de poco. En 1884, en la exposición universal de Turín, se presentó con un stand bien equipado que mostraba el ciclo completo de la producción editorial: desde el papel, a la prensa. Fue de los más visitados y premiados.

¿Pero cuál era el pensamiento de Don Bosco sobre la industria del libro?

He aquí una síntesis válida también para nuestro tiempo:

1-Prensa e industria del libro representan un servicio importante e insustituible para la misión juvenil y popular.

2-Promoción editorial puesta al día y a la vanguardia popular, pero de calidad.

3-Industria del libro al servicio de la Iglesia, para la evangelización y la promoción humana y cultural, en el apartado preferencial de la educación.

4-Una industria concebida como instrumento para la formación integral, espiritual y humana del joven y, por ello, gran variedad de producción encarnada en el vivir cotidiano del hombre.

5-Preparación del personal salesiano para asumir responsabilidades editoriales.

6-Profesionalidad y exclusión de toda improvisación y tendencia al más o menos.

7-Implicación de cuantas más fuerzas, mejor.

8-Realización de intercambios y colaboraciones.


Antes de ser editor, Don Bosco fue autor. Escribió sobre temas de hagiografía, historia sagrada y de la Iglesia, educación, religión, formación en general. Son 1174 sus escritos impresos. También fue periodista. En 1877 fundó el Boletín Salesiano y colaboró en él hasta su muerte. El Boletín Salesiano, Don Bosco lo entendió, y así se le concibe aún ahora, como un instrumento de unión y de animación de la gente de buena voluntad en la promoción y difusión del bien.
(fuente: www.sdb.org)

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