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viernes, 30 de marzo de 2012

Dar… lo que cuesta


Cuando se ama …todo parece poco para agasajar a la otra persona. El amor, cuando existe, no conoce más medida que el darse por sistema.

Eso es lo que encontramos en estos tres días que preceden al Triduo de la Pascua: ternura y amistad. En medio de los abrojos y de las espinas que crecieron en torno a la figura de Jesús; en el entorno de un mundo que no entendía y cerraba los ojos al señorío de Jesús…..surge, en este lunes de Semana Santa, una mujer como excepcionalidad y oasis en medio del desierto.

Tal vez en sus últimas horas, Jesús, quiso arroparse del cariño y de la cercanía de los suyos. Y, éstos, le ofrecieron lo que simbolizaba su lealtad y su amistad, su aprecio y su confianza: ¡PERFUME EN ABUNDANCIA, PREÁMBULO DE SU UNCIÓN PRÓXIMA!

Aquella que derrochaba amor y admiración por Cristo… no quiso poner precio a un perfume vertido a los pies de Jesús

Pudieron más los gestos que las palabras: arrodillada a los pies del Maestro, su esencia, era presagio de la muerte anunciada.

Aquel que selló de palabra y de obra la venta de Jesús… puso, antes y después, plata a su entrega. ¡30 monedas eran poco comparado con la riqueza que regalaba María a los pies del Nazareno!

Y… ¿NUESTRO PERFUME?

Acostumbrados a tasar las cosas y las personas… nos cuesta ofrecer gratuitamente el aroma de nuestro servicio a los demás.

Mediatizados por la competitividad… corremos serios riesgos de “vender” en vida la fama y la credibilidad de prójimos que nos rodean

Empujados por el máximo beneficio… medimos con cuentagotas la calidad para los demás y en sobreabundancia lo que es para nuestro bien personal.

Educados para la palabra… se nos hace difícil entender gestos como el de María: se desprendía de lo más caro y valioso que tenía en su casa.

Condicionados y justificados por el ambiente… buscamos mil excusas para que sean siempre los demás los que tengan que hacer frente a los grandes dramas del mundo (pobreza, hambre, enfermedades…) mientras procuramos guardar con mimo la bolsa de nuestra personal riqueza.


JESÚS VIENE A NUESTRA CASA

Antes de iniciar la Pascua, el Señor, viene a la casa de cada uno de nosotros. Hemos vivido muy de cerca de El en este tiempo de Cuaresma y, ahora en contraprestación, parece como si fuera a despedirse de aquellos que supieron estar a su lado. ¿Lo hemos estado nosotros?.

Ojalá, que en estas vísperas de la Semana Santa, sepamos volcar lo más caro y mejor de nosotros mismos sobre El.

Ojalá, en estos días que se acercan, sepamos contagiar el ambiente con nuestra FE pública como lo hizo el Nardo que María echó a los pies de Jesús.

Ojalá, en estas horas de juicio y de condena, seamos hombres y mujeres firmes en nuestro amor a Dios y en nuestra lealtad a su Hijo.

Ojalá, todas nuestras casas como cristianas que son, se llenen del aroma de una vida cristiana que en Semana Santa se tiene que consolidar, fortalecer, purificar y derramar.

Ojalá, aunque sea caro el perfume de nuestro tiempo, seamos capaces de ofrecerlo en abundancia a los pies clavados de Jesús:

Velando con El en la noche de Jueves Santo.

Besando sus pies al ser crucificado en Viernes Santo

Y quedándonos asombrados porque, de su pasión, lo único que quedó fueron sus llagas y cicatrices en manos, pies y costado.

Javier Sacerdote
SOLO DESDE EL AMOR PONEMOS A LAS PERSONAS POR ENCIMA DE LO MATERIAL

(fuentes: encuentra.com; www.mercaba.org)

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