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viernes, 30 de octubre de 2015

¿Sabes cuál es el valor de tu alma?

Santo Tomas de Aquino afirma que todo el mundo creado no iguala el valor de una sola alma inmortal, así de valioso eres para Dios.

Todo el dinero, posesiones, casas, montañas, océanos, animales, toda la creación en sí tiene mucho menos valor que tu alma inmortal. Tu alma inmortal tiene un valor infinito. Nadie en el mundo puede sondear plenamente las profundidades del valor de una sola alma inmortal.

¿Cómo sabemos esto? Jesús nos explica esto con mucha claridad: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su alma inmortal?” (Marcos 8,36)

San Ignacio de Loyola lanzó ese pasaje bíblico como una flecha de fuego al joven, orgulloso y autosuficiente Francisco Javier, desafiando el futuro patrono de las misiones para hacer los Ejercicios Espirituales. Xavier hizo los Ejercicios Espirituales que transformaron su vida.

Sin embargo, fue esa ardiente y penetrante flecha de la boca y Sagrado Corazón del Señor Jesús, que rompió la resistencia de Xavier- "¿De qué aprovechará al hombre si gana todo el mundo, y pierde su alma en el proceso?"

El Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, reitera el mismo mensaje. Aquino afirma que todo en el mundo creado no iguala a una sola alma inmortal.

Por un momento, entra en la contemplación natural, en la belleza de la naturaleza. Los hermosos cielos azules, las nubes color blanco puro, las hojas multicolores que florecen en otoño, las montañas cubiertas de nieve blanca, el brillante y luminoso arco iris que cruza el horizonte, olas poderosas y eternas estrellándose contra la costa, el águila majestuosa volando en las alturas, y el cielo pintado con una multitud de luces chispeantes. Todas estas bellezas y fenómenos naturales son un mero atisbo de la majestuosa belleza y grandeza de un alma inmortal. Un alma inmortal trasciende en grandeza a cualquier belleza natural que a simple vista se puede contemplar. Por esa razón, una vez a Santa Catalina de Siena le fue concedida una visión de un alma en estado de gracia y ella cayó de rodillas en éxtasis, aturdida por su belleza deslumbrante.

Otra prueba de gran alcance para comprender el valor infinito de un alma inmortal es el celo apostólico que motivó a los santos en su trabajo, sacrificios, sufrimientos y su muerte. Los siguientes son algunos ejemplos de los santos y su hambre insaciable por la salvación de las almas que se encontraban extraviadas.


El Cura de Ars:

¿Por qué el Cura de Ars (San Juan María Vianney) pasaba de 13 a 18 horas en el confesionario día y la noche, en el frío del invierno y la humedad y calor abrasador del verano, confesando a los pecadores? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Por una simple razón: ¡el amor a Dios y el amor por lo que Dios más ama, la salvación de las almas inmortales! ¿Por qué iba a comer dos o tres papas al día, dormir tres horas batallando constantemente con el diablo en las noches y llorar lágrimas copiosas? Una sencilla razón: el amor a Dios y el amor por las almas inmortales. El patrón de los párrocos conocía profundamente el valor de un alma reconciliada con Dios por medio de la Sangre de Cristo aplicada cada absolución


San Pio de Pietrelcina

Una vez más, explícame por qué San Padre Pío de Pietrelcina, de buena gana aceptó los estigmas en 1918, mientras que estaba absorto en la oración. Sus manos y pies fueron perforados como los de su Amado y crucificado Señor y Salvador. El costado del Padre Pío fue traspasado, como lo fue el de Jesús traspasado el Viernes Santo por la lanza, del cual brotaron sangre y agua. Jesús prometió a este santo moderno que iba a tener esto estigmas durante cincuenta largos años y luego, al final de su vida desaparecerían. ¿Por qué el Padre Pío aceptó este dolor insoportable de los estigmas? Una vez se le preguntaron si le dolía, el santo respondió secamente que no eran decorativos. Padre Pío sufrió los estigmas imitando a su amado Salvador, al Señor Crucificado, pero también en reparación por los pecados y por la conversión de los pecadores. En otras palabras, San Pío ofreció de buena gana este sufrimiento por la salvación de las almas inmortales. ¡Él pagó un alto precio!


Los tres pastorcitos de Fátima

Más aún ¿por qué los tres pequeños pastores niños de Fátima (Lucía, Francisco y Jacinta) voluntariamente aceptaron sacrificios constantes que conllevaban un gran sufrimiento, a pesar de que no eran más que niños? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? La respuesta es la misma: su amor por el Sagrado Corazón de Jesús y por el Doloroso e Inmaculado Corazón de María y por amor a lo que Jesús y María más quieren en este mundo: las almas inmortales. La lista de los sacrificios a los que estos niños se sometieron a tan temprana edad hace tambalear la imaginación y muestra el poder del Espíritu Santo en la vida de las almas generosas.

Vamos a considerar simplemente los sacrificios de Jacinta Marto, la más joven de los tres videntes de Fátima. Lo que transformó radicalmente a los 3 niños, pero especialmente a Jacinta, fue la visión gráfica del Infierno, que recibieron el 13 de julio de 1917. Al ver las almas lanzadas a él sin ningún tipo de equilibrio, como las olas en el mar, al oír sus gritos desesperados que nunca serían aliviados, al ver horrible animales traspasando las almas (los demonios) causándoles un tormento eterno, provocó en la pequeña Jacinta una profunda conversión del corazón y de la vida. La pequeña Jacinta, pequeña de estatura pero gigante en el amor por las almas, estaba dispuesto a ofrecer todo lo que tenía para la salvación de las almas inmortales.

Una vez, en un día de verano abrasador, los tres de los niños estaban muriendo de sed, y Lucía fue a buscar agua con una jarra de un vecino. Pero tanto Jacinta como Francisco imploraron a Lucía verter el agua en el suelo para que pudieran sufrir la sed ¿Por qué? Una vez más, para ofrecerla por la salvación de las almas inmortales. Debido a esta extraordinaria generosidad y el amor de Jacinta, cuando el Beato Papa Juan Pablo II beatificó a la niña la llamó un "una pequeña alma víctima”.

En el Diario de la Divina Misericordia, Jesús reveló a Santa María Faustina Kowalska su amor por las almas. Sin embargo, Jesús señaló que el amor por la salvación de las almas se mide por la voluntad de sufrir por estas almas. Cuanto más se ama más se está dispuesto a sufrir por los que ama.


Tu vales la sangre de Jesús.

Por último, la Palabra de Dios nos enseña más conmovedoramente el valor de las almas, relacionándolo con la Preciosa Sangre que Jesús derramó por todos y cada uno de nosotros individualmente en el Calvario ese primer Viernes Santo.

“Ustedes saben que fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto” (1 Pedro 1, 17-19).

En resumen, tu alma individual fue salvada por la Sangre Preciosa que Nuestro Señor y Salvador Jesucristo derramó por nosotros en el Calvario ese primer Viernes Santo. De hecho si fueras la única persona creada en todo el universo, Jesús tendría que derramar hasta la última gota de su Sangre Preciosísima para salvar tu alma inmortal. ¡Cuán preciosa y valiosa en verdad es tu alma ante los ojos de Dios Todopoderoso!

escrito por Fr. Ed Broom 
(fuentes: Catholic Exchange; pildorasdefe.net)

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