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miércoles, 14 de octubre de 2015

Una carta para Francisco aumenta las intrigas en el Sínodo

Revelan que 13 cardenales escribieron una misiva al Papa con varias críticas de fondoROMA.- Fiel reflejo del clima de batalla que reina en el sínodo de obispos sobre la familia, donde unos temen cambios de doctrina y otros apuntan a soluciones de misericordia para los heridos, salió ayer a la luz una carta que 13 cardenales conservadores le escribieron al Papa para manifestar su desacuerdo en varios temas.

Los purpurados critican la nueva metodología de la asamblea, que les da más importancia a las discusiones de los 270 padres sinodales en grupos lingüísticos (círculos menores); la composición de la comisión de diez personas para el informe final, y el documento de trabajo, el Instrumentum Laboris (IL). Además, no ocultan su temor a que pueda haber cambios ante el "problema teológico-doctrinal de la comunión para los divorciados vueltos a casar".

La carta fue publicada en el blog de Sandro Magister, vaticanista italiano muy crítico de Francisco, a quien la Santa Sede le retiró la acreditación.

El retiro de la acreditación de Magister ocurrió en junio pasado, luego de que el vaticanista difundió el texto de la encíclica Laudato Si', pese a un embargo.

La epístola le fue entregada al Papa el lunes de la semana pasada, cuando comenzó el sínodo, por el cardenal australiano George Pell, a cargo de la Secretaría de Economía y miembro del G9 (el grupo de nueve cardenales consultores). Punta de lanza del sector conservador, en las intervenciones de ese mismo lunes a la tarde Pell también desafió públicamente a Francisco por los mismos temas.

Fue por eso que al día siguiente, el martes pasado, el Papa inesperadamente tomó la palabra en el aula sinodal para poner los puntos sobre las íes y explicar las reglas del sínodo. Dijo claramente que el IL era el documento de trabajo oficial y reafirmó que nadie, ni en el sínodo del año pasado ni en éste, estaba poniendo en duda la doctrina católica sobre el matrimonio.

En esa misma intervención, como trascendió un día más tarde, también pidió a los padres sinodales no caer en "teorías conspirativas".

Más allá de la ya conocida enorme división en dos temas -los divorciados vueltos a casar, que no pueden acceder a los sacramentos, y los homosexuales presentes en las familias del mundo de hoy-, la salida a la luz de la carta puso de manifiesto un clima de intrigas que los vaticanistas más veteranos cuentan que también existió durante el Concilio Vaticano II.

De hecho, en la conferencia de prensa cotidiana en el Vaticano, el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, advirtió ayer que había que tomar con pinzas la carta de los 13 cardenales.

"Lo que puedo comentar es que de las 13 personas firmatarias hay dos que dijeron explícitamente que no firmaron nada similar: el cardenal Scola [arzobispo de Milán] y el cardenal Vingt-Trois [arzobispo de París]. Así que tengan cuidado de lo que toman como bueno", advirtió.

Poco más tarde, también negaron haber firmado la carta-desafío al Papa el cardenal húngaro Peter Erdo, relator general del sínodo, y el italiano Mauro Piacenza, penitenciario mayor.

Según el blog de Magister, de los 13 cardenales "rebeldes", la mayoría son europeos: están los ya mencionados Erdo, Scola, Piacenza y Vingt-Trois; Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia; el holandés Willem J. Eijk, y el alemán Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Además, están el canadiense Thomas C. Collins, arzobispo de Toronto; Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, y el ya mencionado Pell. Hay dos africanos: Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban (Sudáfrica), y el guineano Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino. También hay un latinoamericano, el cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas.

Más allá de los cuatro que ayer dijeron no haber firmado, LA NACION pudo saber de buenas fuentes del Vaticano que la carta es auténtica. Y pudo saber, también, que la lista verdadera de firmatarios incluye a los cardenales Daniel Di Nardo (vicepresidente de la conferencia episcopal de Estados Unidos), al kenyata John Njue, al italiano Elio Sgreccia y al mexicano Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México. Estos cuatro nombres misteriosamente no aparecieron en el blog de Magister, pero si se ponen en lugar de los cuatro que desmintieron haber firmado (Scola, Ving-Trois, Piacenza y Erdo), suman el fatídico número 13.

En la epístola, los cardenales criticaron "secciones problemáticas" del IL, que para ellos "no puede servir de manera adecuada como texto guía o fundamento de un documento final".

"A un determinado número de padres les parece que la nueva metodología está configurada para facilitar unos resultados predeterminados sobre cuestiones importantes que son objeto de controversia", también denunciaron, acusando virtualmente al Papa de querer manipular la asamblea.

Finalmente, y como el tema "más urgente", indicaron que "varios padres han expresado su preocupación de que un sínodo planificado para afrontar una cuestión pastoral vital -reforzar la dignidad del matrimonio y la familia- pueda llegar a estar dominado por el problema teológico-doctrinal de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar por civil".

"Si así fuera, esto inevitablemente levantaría cuestiones aún más fundamentales sobre cómo la Iglesia, en su camino, debería interpretar y aplicar la palabra de Dios, sus doctrinas y sus disciplinas a los cambios en la cultura", alertaron.

Respuesta

La respuesta del Papa a estas cuestiones llegó a la mañana siguiente. Después de que el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, volvió a explicar el funcionamiento de la asamblea, el Papa dejó en claro que el documento de trabajo base era el IL, resultado del informe final del sínodo del año pasado y otras consultas, y destacó la importancia de los círculos menores.

Además, no sólo recordó que no se estaba poniendo en discusión la doctrina tradicional de la Iglesia Católica y pidió no reducir el sínodo a la cuestión de la comunión a los divorciados vueltos a casar, sino que también llamó -en algo que se supo al día siguiente- a no caer en "teorías conspirativas".

Ahora bien, la salida a la luz de la epístola, menos de una semana más tarde, dejó en claro que hubo quienes no escucharon. Y que los "complots" están a la orden del día, ya que publicar el contenido de esa carta es un claro ataque al Papa.


La Carta

Santidad,

Mientras inicia el sínodo sobre la familia, y con el deseo de verlo servir provechosamente a la Iglesia y a usted en su ministerio, respetuosamente le pedimos que tome en consideración una serie de preocupaciones que tienen otros padres sinodales y que nosotros compartimos.

Si bien el documento preparatorio del sínodo, el Instrumentum Laboris, tiene puntos admirables, también tiene secciones que se beneficiarían de una sustancial reflexión y reelaboración. La nueva metodología que guía el sínodo parece asegurar una excesiva influencia sobre las deliberaciones del sínodo y el documento sinodal final. Algunos ambientes considerarán que a la nueva metodología sinodal le faltan apertura y genuina colegialidad. En el pasado, el método de presentar propuestas y votarlas tenía como valioso fin saber la posición de los padres sinodales. La ausencia de propuestas y de las correspondientes discusiones y votaciones parecer desalentar un debate abierto y limitar las discusiones a los "circoli minori"; por consiguiente, nos parece urgente que se restablezca la redacción de propuestas que deberán ser votadas por todo el sínodo. Votar un documento final llega demasiado tarde

Además, la falta de participación de los padres sinodales en la composición del comité de redacción ha creado un notable malestar. Sus miembros han sido nombrados, no elegidos, sin consulta previa. Del mismo modo, cualquiera que forme parte de la redacción de cualquier texto a nivel de los "circoli minori" debería ser elegido, no nombrado.

A su vez, estos hechos han creado el temor de que la nueva metodología no siga el espíritu tradicional y la finalidad de un sínodo. No se entiende la necesidad de estos cambios en la metodología. A un determinado número de padres les parece que la nueva metodología está configurada para facilitar unos resultados predeterminados sobre cuestiones importantes que son objeto de controversia.

Por último, y es tal vez lo más urgente, varios padres han expresado su preocupación de que un sínodo planificado para afrontar una cuestión pastoral vital -reforzar la dignidad del matrimonio y la familia- pueda llegar a estar dominado por el problema teológico/doctrinal de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar por civil. Si así fuera, esto inevitablemente levantaría cuestiones aún más fundamentales sobre cómo la Iglesia, en su camino, debería interpretar y aplicar la palabra de Dios, sus doctrinas y sus disciplinas a los cambios en la cultura. El colapso de las iglesias protestantes progresistas justifica una gran cautela en nuestras discusiones sinodales.

Santidad, le ofrecemos estos pensamientos en un espíritu de fidelidad y le agradecemos que los tome en consideración.

Fielmente suyos en Jesucristo
.


El Vaticano busca que el escándalo no opaque al sínodo

En un intento de calmar el revuelo, Lombardi calificó como "positivo" el clima de la reunión de obispos; desmentida de varios cardenales

ROMA.- Como no podía ser de otra manera, el "lettergate", como algunos bautizaron el revuelo que causó la salida a la luz de una carta al Papa de 13 cardenales conservadores "rebeldes", opacó ayer los trabajos del sínodo, donde no se hablaba de otra cosa.

El padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, se vio obligado a comenzar la conferencia de prensa diaria leyendo una declaración en la que aseguró que quien difundió la carta, que era reservada, había cometido "un acto de disturbio que los firmatarios jamás buscaron".

Intentando calmar las aguas, Lombardi también aseguró que, más allá de todo, quedaba en claro cuáles son las reglas del sínodo y que "el clima general de la asamblea es positivo".

Lombardi precisó que el cardenal australiano George Pell, quien le entregó la carta al Papa el lunes de la semana pasada, declaró públicamente que "la carta al Papa era reservada y debía quedar reservada". Por otro lado, recordó que Pell, prefecto de la Secretaría de Economía y miembro del grupo de cardenales consultores de Francisco, hizo saber que el texto y las firmas difundidas por el blog del vaticanista Sandro Magister "no correspondían" exactamente con la carta que él le había entregado al Pontífice.

Lombardi destacó además que los cuestionamientos presentes en la carta "fueron reportados en el aula" y recordó que él mismo había hablado de las dudas y objeciones en cuanto a los nuevos procedimientos del sínodo. Y que justamente por ello el martes de la semana pasada tanto el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, como el propio Papa, habían intervenido para responder esas dudas y aclarar el funcionamiento de la nueva metodología sinodal.

"Por eso, quien difundió la carta cumplió un acto de disturbio que los firmatarios no buscaban, y no hay que dejarse condicionar por ella", agregó. Lombardi también dijo que no debía sorprender que hubiese "observaciones" sobre la nueva metodología del sínodo y destacó que una vez que ésta quedó aclarada, "los padres sinodales se comprometieron a ponerla en acto". Intentando apagar la tormenta, también hizo hincapié en la "gran colaboración" que hay entre los obispos y el clima general "positivo" de la asamblea.

No obstante, el revuelo por la carta dominó la jornada de trabajo de los 270 padres sinodales, que hoy presentarán sus informes sobre el segundo capítulo del Instrumentum Laboris. De hecho, el cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México, uno de los 13 cardenales firmantes, difundió una nota en la que desmintió haber sido partícipe de la epístola. Lo mismo hizo el cardenal italiano Elio Sgreccia, presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida. Tanto Rivera Carrera como Sgreccia no aparecieron en la lista difundida por Magister, pero, según buenas fuentes del Vaticano, sí forman parte del grupo de cardenales "rebeldes" que firmaron la carta.

Sus desmentidas se sumaron a las hechas el día anterior por los cardenales Scola, Piacenza, Ving-Trois y Erdo, que, según las mismas fuentes, no firmaron al epístola.

Causaron bastante perplejidad, por otro lado, las declaraciones de otro firmatario, el cardenal alemán Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al Corriere della Sera.

"No voy a decir si firmé o no. El escándalo es que se haga pública una misiva privada del Pontífice. Éste es un nuevo VatiLeaks", clamó Müller, en alusión al escándalo por filtraciones que sacudió el último tramo del pontificado de Benedicto XVI. "La intención de quien ha querido esta publicación es sembrar litigios, crear tensiones. Quien difundió el texto quiere dividirnos", agregó, mostrándose una víctima.

Otro cardenal, el sudafricano Wilfrid Fox Napier, si bien tampoco desmintió haber firmado la carta, sí negó públicamente haber dicho al sitio norteamericano Crux que cuestionaba el derecho del Papa de elegir a los diez miembros de la comisión para el informe final del sínodo. "El cardenal Napier me pidió que corrigiera eso, afirmando exactamente lo contrario", dijo Lombardi.

por Elisabetta Piqué
para Diario La Nación

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