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viernes, 28 de marzo de 2014

¿Hace cuánto que no te confiesas?


Ofrecemos diversos recursos para promover, en familia o en comunidad, el sacramento de la reconciliación.

1. Para iniciar el diálogo

(Este momento es muy importante y conviene que se le dé la duración necesaria, ya que en él salen a relucir las inquietudes de cada miembro de la familia o comunidad).

· ¿Hace cuánto que no te confiesas?
· ¿Qué sentimientos tienes sobre la Confesión?
· ¿Recuerdas cómo te sientes después de confesarte?

2. Dios también dialoga con nosotros

(En este momento estamos atentos a lo que Dios nos dice; es conveniente guardar un momento de silencio después de leer el texto, para meditarlo).

Del Evangelio de san Juan (20, 19-23): Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

3. Para reflexionar juntos

¿Qué es la Reconciliación?

Comencemos diciendo que la Reconciliación es el nombre apropiado del Sacramento de la Confesión.

“Los que se acercan al Sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a la conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LG 11). ) (CEC 1422). Así nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre este Sacramento instituido por Cristo como un signo de su amor.

El Bautismo nos perdona no sólo el pecado original, que no es personal, sino también todos los pecados cometidos antes del Bautismo, en el caso de los que lo reciben después del uso de razón. Los pecados los perdona Dios por los méritos de Jesús, no por nuestros méritos por grandes que puedan ser. El perdón es una gracia, es un regalo, es totalmente gratuito de nuestra parte porque ya Jesús pagó por nosotros.

Lo ideal sería que después del Bautismo ya no volviéramos a pecar, pero somos humanos y desgraciadamente somos pecadores. San Juan dice: “Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante el Padre: Jesucristo, el Justo.” (1 Jn 2, 1)

Si volvemos a pecar ¿podremos bautizarnos de nuevo? ¡No! Porque ese Sacramento imprime carácter, nos marca para siempre, y no es necesario volver a bautizarnos.

Entonces, ¿qué hacemos para recibir el perdón de nuestros pecados cometidos después del Bautismo? Pedir perdón a Dios.

“Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”, nos dice el Papa Francisco. Cuantas veces pidamos perdón, Dios, que es Padre, nos perdonará; no porque lo merezcamos, sino por la gracia de Jesús.

El Sacramento de la Reconciliación significa y realiza el perdón de Dios de una forma efectiva. Cuando me confieso con verdadero arrepentimiento y propósito de enmienda, puedo estar seguro de haber sido perdonado por Dios y puedo sentir la alegría de mi liberación.

El sacerdote no perdona en su nombre, perdona en nombre de la Trinidad Santa por el poder que Jesús quiere darle como una prueba más de que nos ama. Él quiere poner en manos de la Iglesia el poder de reconciliar a los miembros de la misma Iglesia. El sacerdote no perdona porque él es santo, perdona porque Dios nos ama.

El Sacramento de la Reconciliación, de la Confesión, no debe darnos miedo; debemos amar ese Sacramento que nos libera y nos permite experimentar una y otra vez la misericordia incansable de nuestro Padre del Cielo.

4. Compromiso familiar/ comunitario

La Iglesia tiene un mandamiento que dice: “Confesarse por lo menos una vez al año, por la Cuaresma” y nos obliga si somos católicos.

Como familia (o comunidad) acudamos al confesor y vivamos juntos la alegría de la reconciliación y del perdón.

En el Cielo hay fiesta cada vez que nos confesamos.

(fuente: www.desdelafe.mx)

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